Historia al azar: Simple Juego
Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
Harry Potter Después de la Guerra » 3- Australia
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Miércoles 16 de Enero de 2019, 21:12
[ Más información ]

3- Australia

―3―
Australia

Cuando ya se iban a dormir, Ron se despidió de su, ahora novia, como siempre, evitando levantar sospechas, ya que su hermana se encontraba en el cuarto. Se dirigió a su habitación, y apenas entró, Harry lo interrogó:
― ¿Y? ¿Ya se lo dijiste?
― ¡Sí! ¡Todo resultó perfecto! Más de lo planeado.
― ¡Te felicito amigo! Al fin están juntos. Cuida bien de mi hermana. ― Lo felicitaba, mientras le daba un abrazo.
―Sabes que siempre lo he hecho.
―Sí, lo sé.
―Harry, hay algo que tengo que decirte. Lo diremos mañana, pero tienes que saberlo ahora. En unos días iremos a buscar a los padres de Hermione, están en Australia.
― ¿Qué? ¿¡Cómo no nos dijo nada!?
―Quiere que descanses y pretendía que me quede con mi familia y la dejara ir sola. Aún no se da cuenta cuánto me importa, ¿puedes creerlo?
―Sí, ella es muy independiente y sabemos que es capaz.
―Sí, pero igual, no la dejaría sola.
―Lo sé. ¿Cómo sabe dónde están? No creía que fuera posible encontrarlos tan pronto. Me refiero a que Australia tiene varios lugares y…
― ¡Hey! Estamos hablando de Hermione, sabes lo lista que es. Me dijo que transformó un anillo de su madre en un localizador, así es como los encontró.
― ¡Vaya! Eso no debería sorprenderme, pero… Ron… hay un problema.
― ¿Qué cosa?
―Ella dijo que había implantado una realidad distinta a esta y… por lo menos, que yo sepa, no hay un contrahechizo para eso.
La cara del pelirrojo comenzaba a transformarse en preocupación.
¬― ¿Cómo que no hay? ¿Estás seguro de lo que dices?
―Sí, al no ser que ella conozca alguno pero…
― ¡Por Merlín! Y… ¿Qué haremos?
―No tengo idea amigo. Tal vez, pedirle ayuda al Ministerio no lo sé.
―Amigo no lo creo. Confío en el Ministerio de ahora, pero hasta no saber quién es el próximo Ministro…
―Tal vez en la biblioteca haya algo, ¿no crees? Después de todo, sabemos que si tiene alguna duda va allí.
―Sí… tienes razón. Pero conociéndola, seguramente buscó en cada  estante y, si ella no encontró nada, dudo que yo pueda hacerlo. -Se lamentaba.- Buenas noches Harry.
―Buenas noches Ron. ― El pelirrojo estaba comenzando a dormirse, pero Harry lo interrumpió: ― ¿Ron?
― ¿Eh?
―Ya que tú te le declaraste a Hermione… pues… yo quiero lo mismo con Ginny y…
―Harry… ¿qué ― que tratas de decirme? ― Preguntó entre bostezos. 
―Sólo quería saber si… no te molestaba o…
―No, claro que no. Eres mi amigo y sé que cuidarás bien de ella. Ella te quiere mucho, lo sabes, ¿no?
―Sí creo que… sí.
―Adelante entonces, no te preocupes. No tengo por qué enfadarme. Eso sí, si la llegas a lastimar sabes que tiene hermanos mayores. ― Comentó divertido.
―Está bien. Gracias, creo.
―No digas eso.
Ambos comenzaron a reír.
Mientras, en el piso de abajo, Ginny interrogaba a su amiga en su cuarto:
― ¡Hey! ¿A dónde fuiste con mi hermano? ¿¡Y por qué iban tomados de la mano!? ― La mirada de la castaña desbordaba de felicidad.
― ¡Ginny! ¡Se me declaró! ¡¡Lo ha hecho!!
―¡¡Al fin!! ― La pelirroja daba saltitos y gritos de felicidad. ― ¡Cuéntamelo todo! ¿Cómo fue? ¿¡Qué hizo!?
―Fue cuando te fuiste, ¡lo confesó! Y fue… fue muy dulce y… ¡tierno! Realmente no me lo esperaba, ¡no creía que lo fuera a hacer!
―Wow, creo que no es tan bobo después de todo.
―Y me ha dicho lo que hacía en las noches. ¿Es verdad que lloraba?
― ¡Sí! Varias veces lo escuchaba bajar, y como te dije, una vez fui y estaba llorando y me echó, no quiso que lo ayude. Lo hizo muchas veces.
―No creí que se sintiera así. Es decir… me sorprende. 
―Bueno, al menos te lo contó. Yo sospechaba que era por ti porque susurraba algo y la verdad que pensándolo un poco, sonaba como tu nombre, pero no lo sé.
―Eso me dijo, susurraba mi nombre y se maldecía.
―Bueno, al menos así aprendió la lección, ¿no? Eso le pasó por no actuar.
―Sí, puede ser. Y… ¿tú y Harry?
―Bueno, no lo sé. Aún no ha pasado nada, pero está más cariñoso que antes.
― ¿A qué te refieres?
―Bueno… nos abrazamos más seguido, hablamos muchas horas, a veces me toma de la mano. ― Comenzaba a ruborizarse lentamente. ― Pero no ha dicho nada.
― ¡No te preocupes! Ya lo hará, estoy segura.
―Eso espero. Herms. Dime, esto con mi hermano… ¿cambia algo en tu viaje?
―Lo cambia todo en verdad. ― Ambas soltaron unas risitas a la vez. ― Quiere ir conmigo, así que mañana sacaremos su boleto y le contaremos todo a tus padres.
― ¡Me parece perfecto! Yo no quería que vayas sola de todas formas.
―Por algo ustedes son hermanos.― Susurró.
― ¿Por qué lo dices?
―Él me dijo lo mismo… buenas noches Ginny.
―Que descanses Herms.
Al día siguiente, en la mitad del almuerzo, Ron cruzaba miradas con la castaña quien estaba sentada a su lado. Ella asintió y el pelirrojo se paró y dio el anuncio:
―Familia tengo que…que comunicarles algo. ― Finalizó un poco nervioso.
― ¿Qué sucede hijo? ― Inquirió Molly preocupada.
― Hermione y yo somos… novios. ― Estaba notablemente muy nervioso y ruborizado.
― ¡Chicos! ¡Felicitaciones! Nos alegra muchísimo. ― Felicitaba Molly mientras agitaba su varita sirviendo zumo de calabaza para todos.
― ¡Muy bien hijo! ― Secundó su padre.
―Pues ya era hora. ― Comentó Ginny graciosa.
― ¡Bien hermanito! Creía que no te aceptaría. Con Fred…. 
Con la mención del nombre, se produjo un silencio. George no podía evitar hablar de su hermano, no se acostumbraba a su ausencia y siempre recordaba las cosas que hacían juntos. 
― Con Fred ―Siguió. ―, habíamos apostado a que nunca te le declararías. ¡Bien hecho!
―Bueno, ¡hagamos un brindis por la nueva pareja! Querida -Molly elevó su copa y miró a Hermione. ―, siempre has sido de la familia, lo sabes. Pero ahora… ¡lo eres oficialmente! ¡Por Hermione y Ron!
― ¡Por Hermione y Ron! ― Dijeron al unísono.
―Gracias Sra. Weasley. ― La castaña estaba muy ruborizada. ―Y….hay algo más que debemos decirles.
― ¿Qué sucede, querida? ― Preguntó su suegro.
¬―Tendremos que viajar a Australia en cuatro días, iremos a buscar a mis padres.
―Oh, está bien, pero deben cuidarse mucho, el mundo sigue un poco revuelto. ― Respondió Arthur.
―Tal vez sea mejor que un grupo de aurores vaya, ¿no te parece querida? ― Sugirió Molly un poco preocupada.
― ¿Cómo que está revuelto? ― Inquirió Ron con asombro.
―Sí, en el Ministerio, Kingsley se está haciendo cargo de todo. No hay un Ministro aún, pero él está ayudando muchísimo y se dice que podría ser el próximo.  Si bien el Señor Tenebroso ha sido vencido, todavía quedan mortífagos, aunque creemos que están escondidos. Kingsley está tratando de capturarlos junto con un grupo de aurores, por eso deben tener cuidado.-les explicaba el Sr. Weasley.
―Por eso querida, ¿no crees que sería mejor que un grupo de aurores vaya por ellos? ― Preguntaba Molly tratando de persuadirla.
―Mamá hemos estado en una misión muy importante todos estos meses, vencimos a Voldemort y ¿no crees que somos capaces con un par de mortífagos?
― ¡Ronald! ¡Ten un poco de respeto a tu madre! ¡Sé que son capaces, pero no quiero que les pase nada! ― El tono de Molly era amenazador.
―Sra. Weasley, creo que mejor voy sola, no hay problema. ― La castaña quería tranquilizar la situación.
―Claro que no irás sola. ― Protestó Ron. ― Mamá debo acompañarla.
―Lo decidiremos con tu padre ahora mismo.
Después de varios minutos de plática, Molly se fue a lavar los platos y dejó que su marido diera la noticia. Ella no estaba nada conforme. Sabía que eran capaces, pero temía que les pasara algo y terminaran como Fred.
―Chicos. ― Comenzó Arthur mirando a su hijo. ― He convencido a tu madre. ― Ron empezaba a esbozar una sonrisa y al ver esto, Arthur agregó con dureza: ― PERO deben cuidarse. No sabemos dónde se encuentran. Por el momento están escondidos, pero podrían atacar en pequeños grupos. Deben ser precavidos. 
―Papá no te preocupes, estaremos bien. Te enviaré un patronus para que sepan que estamos bien, ¿sí?
―De acuerdo hijo, pero tengan cuidado.
A la tarde, los chicos fueron al Aeropuerto de Londres a sacar el pasaje para Ron. En el camino de vuelta, el chico le presentó sus dudas a la castaña.
―Hermione…he hablado con Harry y me ha dicho que no hay un contrahechizo. ― Comentó preocupado.
―Ya… ya lo sé Ron. He estado leyendo muchos libros y ninguno dice nada.
Hermione comenzó a llorar sin que pudiera evitarlo. Su novio la abrazó dulcemente.
―Tranquila, ¿sí? Ya hallaremos la forma de hacerlo.
―He estado pensando que…si no podemos hacer que tengan la vida de antes, por lo menos quiero verlos. ― Pedía entre sollozos.
―No Herms, no. ― El chico seguía abrazándola. ― Eres Hermione Jean Granger, la bruja más inteligente y capaz que conozco, eres brillante, perfecta, la mejor en hechizos y en todo lo que te propongas. Y tengo que volver a decir que eres muy inteligente. ― Repetía mientras le besaba la frente. ― No pienses en eso, hallaremos la forma juntos.

Llegó el día del viaje. El avión salía a las once de la mañana; la Sra. Weasley quería que utilizaran la poción multijugos, pero no tenían ninguna provisión y tampoco había tiempo para prepararla. En los días anteriores, pudieron encontrar al señor Ollivander, al cual le pidieron dos varitas: una para Hermione, quien seguía teniendo la de Bellatrix y no estaba a gusto con esta y otra para Ron. Se despidieron de todos en La Madriguera y se aparecieron en un callejón, a pocas cuadras del aeropuerto. Cuando entraron, algunos muggles los miraban extrañados. Por lo general, cuando ellos viajaban, llevan infinitos equipajes y los chicos sólo tenían un bolsito de cuentas y una mochila. Ron quiso ser más precavido y llevó  una bolsa repleta de comida que estaba en el bolsito de cuentas junto a varias botellas de zumo de calabaza. No estaba dispuesto a pasar hambre otra vez como lo habían hecho en su anterior viaje. 
Mientras esperaban el vuelo, Hermione le explicó cómo funcionaba la nave y lo dejó maravillado. Finalmente subieron al avión y después de quince horas de viaje, llegaron a Victoria, un Estado de Australia. Según el localizador, los padres de la castaña vivían allí. Guiados por un mapa, fueron al Parque Nacional Errinundra, les pareció el mejor lugar para acampar. Apenas llegaron, el pelirrojo comenzó a armar la tienda de campaña que Bill les había prestado, mientras que Hermione ponía encantos protectores alrededor de la misma, sólo por si acaso. Como llegaron a la madrugada y estaban demasiado cansados, decidieron que lo mejor sería descansar y comenzar con la búsqueda a la mañana temprano.
 Al día siguiente se dirigieron a un restaurante en donde estaban almorzando los padres de la castaña.
― ¡Mira Ron! ¡Están allí!
― ¿Esos son tus padres? Ya había olvidado cómo se veían.
Los padres de la chica estaban ubicados en una mesa que tenía vista a la calle, Hermione era igual a su madre, pero tenía el mismo color de cabello que su padre.
― ¡Sí son ellos! Ven, vamos a sentarnos. ― Invitó la castaña.
Se ubicaron dos mesas detrás de ellos. La chica quería observarlos, deseaba ir a abrazarlos pero no podía, sería raro que una extraña los abrace sin razón. Si tan sólo supieran lo mucho que le hacían falta.
― ¿Puedo tomarles el pedido? ― Preguntó un joven mozo.
―Sí. Yo quiero una eh…carne asada con una gaseosa por favor. ― Respondió Hermione.
― ¿Y usted qué va a pedir?
―Yo eh….lo mismo que ella. ― El pelirrojo no conocía nada de los muggles.
―Muy bien.
Los chicos se quedaron hasta que los Sres. Granger se fueron. Los siguieron unas cuadras hasta que llegaron a su casa, ya que la castaña quería seguir viéndolos. Eso era lo único que podían hacer. 
―Creo que viven ahí Herms.
―Sí, creo que sí. Bueno, espero que pueda hacerles recordar todo, no he planeado nada aún. Volvamos a la tienda Ron.
Los chicos se dirigieron al parque, mientras pensaban en cómo devolverles la memoria.
― ¿Cómo haremos Herms?
―Bueno… he leído mucho y... ― Sacando un libro de hechizos de su bolsito de cuentas, continuó. ― aquí dice que cualquier gran mago o bruja puede devolver la memoria a aquel que se la han sacado pero no dice nada más. En casi todos dice algo parecido. 
― ¿Con que cualquier gran mago o bruja, eh? Pues, yo creo que eres una gran bruja y sé puedes hacerlo. ― Opinaba mientras la abrazaba de la cintura.
―No lo sé, no lo he hecho con nadie.
Ya casi llegaban, el pelirrojo iba muy atento, observando los lugares que pasaban: las tiendas, los muggles, entre otras cosas. Unos minutos más tarde notó que alguien los estaba siguiendo. Lo notó unas cuadras después que dejaron la casa de los Granger, pero quería creer que estaba equivocado. Tenía que contárselo a su novia.
―Herms, no quiero preocuparte, pero creo que nos están siguiendo. No mires hacia atrás.
― ¿Estás seguro?
―Eso creo…
Llegaron a la entrada del parque, no habían señales de muggles, puesto que ya era un poco tarde. Los chicos sentían las pisadas a sus espaldas. Eran rápidas, fuertes hasta que en un momento se detuvieron. Quedaron extrañados y de repente escucharon una voz muy familiar.
― ¡Ha! Pero miren quiénes están aquí, ¡nada más y nada menos que la sangre sucia y su noviecito, el traidor a la sangre!
― ¡Típico de los Weasley!¬.-chilló otra voz.
― ¡Protego! ― Gritó la chica con rapidez. 
Se giraron de inmediato y comprobaron que sus dudas eran concretas: eran Travers y Selwyn. Los identificaron al instante, eran los mortífagos que habían ido a inspeccionar la casa de Xenophilius Lovegood cuando éste quiso entregar a Harry.
― ¿¡Qué quieren malditos!? ¡Ya todo terminó! ― Bramó Ron.
― ¡Sí! Pero no para nosotros. ¡Por culpa de tu amiguito y tu noviecita el Señor Tenebroso nos castigó severamente al no encontrarlos en la casa de ese viejo loco! ― Se quejaba Travers.
―¡Te vimos a ti, sangre sucia, y a Potter, pero él no nos creyó!¡Y ahora nos vengaremos! ― Declaró Selwyn. ― ¡Impedimenta!
Éste rebotó a causa  del hechizo protector de la castaña, pero ya se estaba terminando y era hora de luchar.
― ¡No la llames así! ¡Desmaius! ― Gritó Ron apuntando a Selwyn, logrando que éste cayera.
Mientras él hacía esto, Hermione lanzaba un hechizo al otro mortífago:
― ¡Petrificus Totalus! ― Travers logró esquivar el hechizo.
― ¡Desmaius! ― Contraatacó Travers apuntando a la castaña.
Ron fue más rápido y se lanzó sobre ella, haciendo que el hechizo diera contra él. Esto hizo que volara por los aires, golpeándose fuertemente contra un árbol.
― ¡Obscuro! ― Esta vez, la chica logró darle a Travers, bloqueándole la visión. Corrió hacia el pelirrojo quien estaba tirado varios metros atrás. ― ¡Ron! ¿Te encuentras bien? ― Exclamó acariciándolo dulcemente.
―Herms, bórrales la memoria, hazlo o los mataré, lo juro. Y no te preocupes, estoy bien. ― Afirmaba jadeando mientras le besaba la mano. La chica asintió y fue hacia los atacantes.
― ¡Petrificus Totalus! ¡Petrificus Totalus!
Con esto, dejó a ambos mortífagos inmovilizados. No estaba segura si sería la mejor opción, pero Ron se oía demasiado seguro de lo que podría llegar a hacer. Entonces, tomó aire y siguió con lo acordado:
― ¡Obliviate! ¡Obliviate!
Su novio se encontraba ya a su lado. Sujetaba su brazo izquierdo con fuerza, daba la sensación que si dejaba de sostenerlo, se le caería y lo perdería completamente como el brazo de un juguete. Sin dudas estaba muy lastimado.
― ¡Incarcerous! ¡Incarcerous! ― Gritó el chico, haciendo que unas cadenas ataran a los mortífagos. ― Si bien les borraste la memoria, debemos entregarlos al Ministerio, ¿no te parece? Tendríamos que avisar a Kingsley. O podríamos…
―Estaría bien entregarlos. Los están buscando. ― Opinó.
La cara del chico se estaba transformando mientras hacía muecas de dolor.
―No, tengo una idea mejor. Vamos a llevarlos cerca de la tienda, confía en mí.
― ¿¡Qué!? ¿Estás consciente de lo que estás diciendo o el golpe te afectó la cabeza? ¡Ron! ― Gritó al ver brazo del pelirrojo. ― ¡Oh Dios mío! Déjame ver…
Se sentaron en una piedra que había cerca y le examinó el brazo dañado. Con mucho cuidado, le sacó la cazadora y pudo ver cómo los huesos amenazaban con salir. Se había quebrado el brazo, era casi una quebradura expuesta, le asombraba que él estuviera parado, haciendo solamente muecas y no gritando de dolor.
― ¡Ferula! ― Exclamó la castaña apuntando el brazo, formando una tablilla con varios vendajes. ― Cuando lleguemos a la tienda trataré de mejorarlo, ¿está bien?
―Gracias Herms. ― Ella lo besó. ― ¡Mobilicorpus! 
Ron hizo que los mortífagos se elevaran, para luego llevarlos cerca de la tienda que habían armado, tal como él lo propuso. La castaña no estaba muy convencida de esto, pero tal vez, él tenía alguna idea brillante.



« 2 - El Escondite Comenta este capítulo | Ir arriba 4- Experimentos Indeseables »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.