Historia al azar: El Libro Mágico
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Harry Potter Después de la Guerra » 2 - El Escondite
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Domingo 28 de Abril de 2019, 20:20
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2 - El Escondite

―2―
El Escondite


     Había pasado mes y medio desde la Batalla. La familia Weasley se recuperaba de a poco, uniéndose más que nunca, pero para algunos, ya era hora de volver a sus respectivas rutinas. Charlie acababa de irse a Rumania, mientras que Percy debía volver al Ministerio, su presencia de nuevo en la familia animó notablemente a la Sra. Weasley.
 Los chicos, por otra parte, habían acompañado a Harry a devolver la varita de Saúco. Él no se sentía bien teniendo esa varita cerca y, aunque Ron le demostraba gran admiración e insistía para que la conservara, estaba decidido a regresarla a donde pertenecía, como se lo dijo a Dumbledore. También fueron a visitar a Dromeda y al pequeño Teddy. Cada vez estaba más grande y hermoso. Según la Sra. Tonks, le gustaba cambiar su color como solía hacerlo su madre. Todos lo cargaron, hasta que se quedó dormido en brazos de su padrino. 
En ese tiempo, ni Harry ni Ron dieron algún paso en sus relaciones con las chicas, lo cual esto les estaba comenzando a preocupar un  poco.
Después de la cena, Hermione se encontraba en la habitación de Ginny. Había decidido ir a buscar a sus padres, pero como lo pensó antes, sola. A la única persona que le avisó de esto fue a su amiga, haciéndole prometer que no dijera nada y ésta aceptó no muy convencida. No quería molestar a sus amigos con sus problemas. Desde que la Batalla terminó, leyó innumerables libros de hechizos para encontrar algún contrahechizo que le permitiera implantarles la realidad a sus padres, pero por el momento, no había ninguno. Tenía miedo. Llevaba un buen tiempo allí, ya estaba comenzando a guardar sus pertenencias en su bolsito de cuentas, cuando alguien llamó a la puerta:
― ¿Si?
―Soy yo, ¿puedo pasar?
―Sí, adelante Ron, pasa. 
 Cuando el chico entró, se encontró con toda la ropa desparramada y libros por doquier. Realmente no entendía nada y no pudo evitar preguntar por el desorden, ya que ese no era su estilo. 
― ¿Qué pasó aquí? ― Inquirió muy sorprendido.
―Eh… nada, solamente estoy ordenando un poco.
―Sí, ya veo. ― Concordó irónicamente, dándole un vistazo rápido por segunda vez a la habitación. ― ¿Quieres que te ayude? Es mejor hacerlo con magia que a tu manera muggle.
―Sí, eh…tienes razón. ― Aceptó dubitativa. 
En realidad quería ver detenidamente qué podía llevar y qué no. El chico notó algo extraño en ella. Estaba nerviosa y trataba de ocultar varias cosas que habían desparramadas.
― ¿Te sucede algo? ― Preguntó mientras comenzaba a ordenar algunas cosas con su varita.
―No, todo está bien. ¿Por qué preguntas?
―Es que te noto un poco… ¿Qué es esto? ― El muchacho comenzó a fruncir el ceño cuando cayó de  unos libros un boleto de avión con destino a Australia, y por la fecha, sería la semana entrante. ― ¿Te irás?
―Ron yo…
― ¿Te pensabas ir sin avisar? 
Empezaba a aumentar su tono de voz. La chica no emitía ningún sonido, no podía hablar al ver cómo estaba reaccionando su amigo.
― ¿Por qué te irás? ¡Y tan lejos! ¿¡Ya no te sientes cómoda aquí!? ¿¡Crees que te estoy incomodando!? ― El chico seguía elevando el tono de voz.
― ¡Ron ya basta! ― Gritó exasperada. ― ¡Deja de gritar por favor! No quiero…
― ¡No quieres que se enteren todos!, ¿¡verdad!? Ahora entiendo por qué tardaste tanto cuando salimos de la casa de la Sra. Tonks…- Mencionó pensativo. ― ¡Era mentira que querías comprar un libro! ¡Y por eso no querías que te acompañe!
― ¡No Ron! Te explicaré todo pero por favor deja de…
― ¡No hace falta que me expliques nada!
― ¿¡Qué sucede aquí!? ― Intervino Ginny¬. ― ¡Se escuchan sus gritos desde abajo!
― ¡Lo que sucede es que se irá! Al parecer, no está cómoda con nosotros. ―Comentó entre dientes. 
―No Ron ― Negó su hermana. ―, no es eso, es que…
―¡¡RONALD BILIUS WEASLEY!! ― Gritó la castaña fuera de sí, haciendo que los hermanos se sobresaltaran. ― ¿¡QUIERES DEJARME HABLAR DE UNA VEZ!? Ginny, déjame a solas con tu hermano por favor.
La aludida se fue mirando con enfado a su hermano. Nuevamente estando solos, la castaña preguntó:
― ¿Vas a dejar que te explique?-decía muy furiosa.
―Sí. ― Aceptó de mala gana.
―Tengo que viajar, Ron.
―Sí, eso ya lo…
― ¡Déjame terminar! ― Se quejó. El chico dejó de resoplar, los ojos de la castaña parecían que iban a asesinarlo. ― ¡Tengo que viajar porque voy a buscar a mis padres!
― ¿¡QUÉ!?
―Sí. Antes de irme transformé el anillo de mamá en un localizador y… ¿recuerdas que los convencí para que se vayan a Australia? ― El chico asintió. ― Pues… ya sé exactamente en qué parte del país.
Ron comenzaba a tranquilizarse y se daba cuenta de la forma estúpida en la que había reaccionado.
― ¿Y por qué no nos dijiste? ― Preguntó más calmado. 
―Porque quiero que descansen. Harry lo necesita y tú debes estar con tu familia y...
― ¿Y tú?
―Y yo tengo que buscarlos. Sola.
― ¡No! ― Gritó con desesperación.
― ¿Cómo que no Ron? ¡Tengo que ir a buscarlos!
― ¡Pero no irás sola!
― ¡Sí Ron! Ya lo decidí. Es algo que ya está tomado y…
― ¡HE DICHO QUE NO!
Y otra vez, los chicos comenzaban a discutir.
― ¿¡Y por qué no quieres que vaya sola!? ¿¡Qué piensas Ronald! ― El chico comenzaba a irritarla.
―Porque… porque… podría pasarte algo. ― Opinó nervioso.
― ¿¡Qué puede pasarme Ronald!? ¡Nada! Ahora sal de aquí ¿quieres? ¡Y ni se te ocurra decirle algo a Harry! 
Mientras le ordenaba salir, trataba de sacarlo con todas sus fuerzas de la habitación.
― ¡No! ¡No me iré!
― ¡Claro que sí Ronald!
Comenzaron a forcejear: Hermione consiguió sacarlo, pero él no estaba completamente fuera para poder cerrar la puerta, mientras que Ron trataba de quedar adentro, pero no quería hacerle daño a Hermione.
― ¡Iremos juntos!
― ¡No Ronald! Te he dicho que…
― ¡TE AMO! ― Confesó.
Esto tomó por sorpresa a Hermione. No podía creer lo que escuchaba. Dejó de empujarlo y comenzó a sentir un calor que se apoderaba de ella. Notó cómo su amigo se sonrojaba, poniéndose casi del mismo color que su cabello.
―Que… ¿qué dijiste? ― No pudo evitar tartamudear. El chico cerró la puerta y continuó:
―Que te amo Hermione.
El pelirrojo deseaba salir corriendo de allí, pero ya se lo había confesado y no había vuelta atrás, tenía que continuar, le gustara o no.
―Siempre lo he hecho y… ¡Por Merlín! Nunca me animé a decírtelo. Siempre quise protegerte, cuidarte, defenderte de todo y de todos. No soportaría que te traten mal o que te hagan daño y…aquel que se atreviera ¡Se las verá conmigo! No… no puedo estar sin ti. Me moriría si algo malo te pasara, no lo toleraría. Hemos estado en tantas situaciones de peligro que… ― Dio un largo suspiro. ― Mi mayor temor era perderte. ¡Te amo desde siempre! Sólo que me costó darme cuenta de las cosas, de lo que eras para mí. Me conoces bien y la verdad… nunca estuve metido en este tema del amor y por eso fue difícil descubrirlo.
Después de la gran confesión, Hermione se quedó inmóvil. Él no sabía qué hacer, le dijo todo y ella no hacía nada. Tal vez se había equivocado al decirle todo tan rápido. Debió esperar más, seguro era eso.
―Perdón Herms, lo tenía guardado desde hace bastante y tenía que decirlo. Podemos seguir siendo amigos si así lo quieres
―No Ron. ― Negó entre sollozos abalanzándose sobre él. ― ¡Yo también te amo! Sólo que no estaba segura si tú también sentías… 
El chico no aguantó a que terminara de hablar y la besó apasionadamente, levantándola un poco, tal como lo había hecho en la Sala de los Menesteres. Ansiaba mucho estar así desde hace tantos años, pero nunca tuvo el valor para decírselo. Ahora jamás querría separarse de ella y estaba seguro que siempre la cuidaría, más que antes, si es que eso era posible. Después de este apasionado beso, los chicos se separaron, se miraron por unos instantes y Ron ofreció nervioso:
―Hermione… ¿quieres… ir afuera a caminar un rato?
―Sí, claro. ― Aceptó gustosa. Con él iría a cualquier parte.
Cuando bajaron, vieron las caras sorprendidas de Harry y Ginny, quienes minutos antes escucharon todos los gritos, pero al verlos con una pícara sonrisa y tomados de la mano, dedujeron que todo estaba más que bien. Seguramente habría sido una pelea más, como solían tener, pero con una rápida reconciliación esta vez. Y… ¿de la mano? Esto sólo le extrañó a Ginny, ya que Harry tenía un poco más de información que la pelirroja. Salieron al jardín, y comenzaron a caminar.
― ¿Adónde me llevas Ron? ― Preguntó extrañada, al ver que se estaban alejando más de lo habitual de La Madriguera.
―No te preocupes, ya casi llegamos. ― Respondió con tranquilidad. ― ¡Lumos!
Estaban llegando a un enrome árbol frondoso, parecía llevar allí un siglo.
― ¡Arletpasum! ― Al terminar de pronunciar esto, se formó en el árbol una especie de puerta mediana. ― ¡Vamos! ― Exclamó. ― ¡Descendo!
Comenzaron a descender hasta llegar a un cuarto.
― ¿Qué es este lugar Ron? ― Inquirió, mirando con detenimiento aquel cuarto muy asombrada.
― ¡Éste es mi escondite! ― Confesó orgulloso. ― Verás, cuando era pequeño, Fred y George no dejaban de asustarme con las arañas. Un día salí corriendo y llegué hasta este árbol, me apoyé en él para descansar y caí por un agujero y… ¡lo descubrí! Nadie sabe de él, excepto Bill y Fleur. Mamá no los dejaba andar por ahí cuando eran novios y se lo mostré a Bill cuando necesitaba estar a solas con ella,  así mamá no los regañaba. Ya sabes, para hablar, no pienses mal. Él me ayudó a mejorarlo, pusimos una contraseña por si acaso, y bueno, todo lo que ves es gracias a él y sus hechizos. ¿Te gusta?
Mientras Ron le contaba la historia, no podía dejar de mirar todo alrededor: el piso era de madera, había una pequeña mesa con un par de sillas y bajo ésta, una alfombra roja y un delicioso aroma de rosas invadía el lugar, casualmente eran sus favoritas. En un rincón se veía un cómodo sofá individual y unas diminutas luces alumbraban aquel lugar en el que sólo podían caber dos personas.
― ¡Me encanta! ― Exclamó muy entusiasmada. ― ¡Me encantan las rosas!
―Lo sé… no es una coincidencia que estuvieran aquí. ― Admitió muy satisfecho.
―Y… ¿por qué me trajiste hasta aquí?
―Bueno…en realidad… te fui a buscar para traerte, pero te vi ocupada y eh… bueno… era para esto… ¡Visibilium! ― Gritó apuntando con su varita a un rincón. 
Luego, apareció un enorme cartel, decorado con varios colores y unas cintas rojas comenzaron a llover. En aquel cartel podía leerse claramente la siguiente frase: "TE AMO ¿QUIERES SER MI NOVIA?"
 Todo era tan sorprendente, que la chica no pudo evitar que unas traviesas lágrimas resbalaran por sus mejillas.
―Hermione Jean Granger… ¿quieres ser mi novia?
― ¡Claro que sí Ron! ― Aceptó muy emocionada. Abrazó lo más fuerte que pudo al pelirrojo, quien no reaccionaba todavía ante su respuesta.
―Ven Herms. ― Dijo luego del abrazo.
La llevó hacia la "sala" y se sentaron frente a frente y tomándole las manos, confesó: ― Siempre quiero estar contigo.
―Y yo contigo Ron. ― Vaciló unos segundos para luego preguntar: ― ¿Desde cuándo te interesaste en mí?
Claramente él no se esperaba esa pregunta.
―Bueno… es difícil… sabes que no descifro estas cosas pero… creo que fue en cuarto año. No soportaba  verte con Vicky. ― La chica comenzó a reír.
― ¡Ron! ¡No le digas así! ―Protestó, mostrando un falso enojo.
―Bueno, en fin, estaba celoso. Nunca había sentido eso por… por alguien y me tomó tiempo darme cuenta de lo que era. Después cuando se fue me alegré en verdad, no quería que estés con él.
―Sabías que podías haberlo evitado…
―Sí, lo sé. Lo siento. ― Reconoció. ― Fue de algo que me arrepentí muchísimo después. Al siguiente año, Ginny me contó que… bueno eh… que te besaste con él y me puse furioso. No podía soportarlo. ¿Por qué lo hiciste?
―Ron eso ya pasó, ¿no crees? 
―Sí, lo siento. Y pensar que eso lo pude haber evitado… Me odio. ―Confesó.
― ¡No digas eso!
―Hermione pude haberlo evitado y no lo hice. ¿Cómo te sentirías si te pasara eso?
―Yo esperaba a que tú me invitaras al baile… ¡pero no lo hiciste Ron!  ¡Me dejaste como último recurso! 
―Lo siento mucho Herms. ― Decía muy apenado. ― Un momento… si esperabas a que te invite al baile… eso quiere decir que… ¿tú estabas…?
―Sí, creo que sí, me estabas comenzando a gustar. ― La castaña comenzó a ruborizarse. ― Sé cómo te sentiste… creo, porque lo mismo sentí cuando salías con Lavender.
―Oh, bueno… lo de ella fue…no lo sé. Sólo quería probar que yo también podía estar con alguien.
― ¿Es enserio?
―Sí, tú y Harry ya habían estado con alguien… y quería probarles que yo también podía. Es lo que pensaba en ese momento ¿sí? Fue algo tonto, lo sé. Y… tú con eso te pusiste… ¿celosa? ―Pregunto con una pequeña sonrisa.
―Sí, lo admito. 
―Somos iguales. ― Comentó, comenzando a reír.
―No es gracioso Ronald. ― Replicó molesta.
―Cuando estabas con Vicky… yo… ―Exhaló un pesado suspiro. ― No lo soportaba. Había algo dentro de mí, algo como… como si fuera fuego, sentía que me quemaba por dentro. Me daban unas ganas terribles de romper todo lo que estaba a mi paso. Creo que nunca me había sentido así, y tampoco creía que alguien hiciera que reaccionara de esa manera. Después de que me enteré que te seguías escribiendo con él… ¡Por Merlín! No había día en que no deseara haber ido contigo a ese Baile de Navidad en cuarto año.

―Ron, ya es tarde y dejé mis cosas por toda la habitación. — Mencionó. No tenía caso que siguieran hablando del pasado. Ya estaba hecho. Lo mejor que pueden hacer, es mirar hacia el futuro. — ¿Vamos?
― ¡Ah, sí, claro! Pero antes… debes prometerme una cosa.
― ¿Qué cosa?
―Que me dejarás acompañarte a buscar a tus padres.
―Sí, está bien Ronnie, puedes ir.
― ¿Mañana damos la noticia o esperamos un poco?
― ¿Cuál noticia? — Inquirió. 
—Sobre el viaje y sobre nosotros. — Respondió un poco nervioso. Hermione sonrió.
—Mañana estaría bien.
Salieron del escondite, Ron la abrazó por la cintura y volvieron a la Madriguera.
―Herms, no te olvides que tenemos que sacar un boleto para mí. ¿En dónde dices que se obtiene?
―En el aeropuerto ― Dijo sonriendo. ― Mañana lo sacamos.
―Está bien.  ¡Espera! ― Pidió, y antes de entrar a la casa la besó otra vez, apretándola un poco.― Tengo que aprovechar antes de que entremos. ― Comentó divertido. ― No me esperaba lo de la Sala de los Menesteres, pero me gustó muchísimo.
―Bueno…te estabas tardando bastante, ¿no crees?
 Ambos rieron y se dirigieron al cuarto de Ginny, quien efectivamente no estaba, a terminar de empacar las cosas de la castaña. Mañana sería un día muy activo, ya que viajarían en cuatro días y tenían que notificar las noticias de su relación, el viaje, empacar las cosas de Ron y…. sabe Merlín cuántas cosas más deberían ordenar.



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