Historia al azar: Los Ojos De Evans
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Harry Potter Después de la Guerra » 9- La Gran Noticia
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Martes 19 de Febrero de 2019, 12:02
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9- La Gran Noticia


—9—

 La Gran Noticia

 

Llegó el día de partir. Los chicos mientras caminaban a la salida del castillo, hablaban sobre sus exámenes:

—Espero que me haya ido bien en mi EXTASIS —Comentó Luna un poco preocupada.

—Seguramente lo hiciste bien, no te alarmes. La animó Neville.

— ¿Fueron muy difíciles? — Preguntó Ginny.

—No mucho, pero creo que me equivoqué en Pociones — Dijo Seamus alterado.

—Bueno, pero ya está, ¡seguro aprobarán! — Hermione les daba muchos ánimos a sus amigos.

—Espérenme un momento, ya vuelvo. — Interrumpía Ginny, quien comenzó a correr cuando ya habían llegado a la salida de Hogwarts.

— ¿Qué le sucede? —Preguntó intrigado Dean.

—Va a despedirse de Fred, siempre lo va a ver pero nunca quiere que la acompañe. — Se lamentaba la castaña.

   ¡Oh! Está bien, esperemos. —Afirmó Neville.

Luego de unos quince minutos apareció la pelirroja.

—Ya está. ¿Vamos? —La chica tenía los ojos un poco rojizos.

— ¿Estás bien Ginny? — Preguntó Luna examinándola.

—Sí, muy bien, ahora vamos o nos dejarán las carrozas. — Pidió para evitar tocar el tema.

Los chicos subieron a las carrozas, llegaron a Hogsmeade y abordaron el escarlata que estaba a punto de partir.  Se sentaron todos en un compartimiento y hablaron durante todo el viaje acerca de lo que querían hacer en sus vidas.

— ¿Y tú Neville, que harás? —Preguntó la castaña con interés.

—Yo…bueno…desde que entré aquí, mi materia favorita ha sido Herbología. Y aunque no lo creas, ¡en la Batalla fue muy útil! A sí que….lo pensé bastante tiempo y quiero especializarme en eso. Es lo que me gusta. Y… ¿quién sabe? Tal vez termine dando clases.

— ¡Genial Neville! — Lo felicitaba la pelirroja. — ¿Y qué hay de ti, Luna?

—No lo sé. Aún no lo sé, creo que ayudaré a papá con sus cosas, primero quiero quedarme un tiempo con él y luego veré que hago. ¿Tú que vas a hacer Seamus?

—Yo quiero entrar al Ministerio, en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Realmente espero poder hacerlo, ¡sería emocionante! — ¿Y tú Dean? ¿Ya pensaste en algo?

—Pues…no lo sé, primero tengo que terminar Hogwarts, todavía no lo he pensado.  — ¿Qué hay de ti Ginny?

—Yo al terminar, espero entrar a "Las Arpías de Holyhead", es algo que quiero desde hace mucho.

— ¡Espero que logres entrar Ginny! — La animaba Neville.

— ¿Y tú Herms? —Inquirió Luna.

—Yo estudiaré Leyes Mágicas, quiero hacer un cambio en…

—En los elfos domésticos, ¿no?  — La interrumpió Seamus. — No quiero que te molestes, pero lo veo un poco bastante difícil — Dijo haciendo énfasis en las últimas palabras.

—Bueno, eso ya lo veré. — Contestó con mucha naturalidad.

Al llegar a Londres, se despidieron de sus amigos que aseguraron que a pesar de estar separados seguirán en contacto. La Sra. Weasley le había dicho a Ginny que no podría ir a buscarlas porque estaba muy ocupada con una reunión que quería hacer Bill, el cual le avisó a último momento. Aprovechando esto, Hermione le pidió a Ginny que la acompañe a la Oficina de Correos para avisar a sus padres que la primera semana se quedaría en La Madriguera y luego iría a visitarlos, pues quería pasar tiempo con su novio. La carta decía lo siguiente:

Mamá y papá:

Acabo de llegar a Londres. Quería avisarles que esta semana me quedaré en la casa de Ginny y en la próxima iré a verlos. No se preocupen por mí, estaré bien. No respondan porque el cartero no sabe la dirección de la familia Weasley, nadie la sabe en realidad. Espero que no se molesten y que tengan una Feliz Navidad.

Hermione.

Finalizada ésta, la envió y se dirigieron a La Madriguera muy ansiosas por ver a los chicos. Cuando estaban llegando, éstos salieron corriendo a su encuentro. Los cuatro se dieron un gran abrazo, y al separarse, las chicas comenzaron a examinarlos: Harry tenía la nariz un poco torcida, el cabello más largo de lo habitual y varias heridas asomaban por debajo del abrigo que llevaba. Ron tenía un aspecto totalmente diferente a la última vez que lo vieron. El chico al igual que su amigo, tenía el cabello bastante largo y al caminar lo notaron un poco rengo y una tupida barba cubría todo su rostro. Las chicas no esperaban dichos cambios.

— ¿¡Qué demonios les pasó!?  — Preguntó muy asombrada la pelirroja. Los chicos se miraron extrañados entre ellos.

—Pues, nada. ¿Por qué lo dices? — Preguntó su hermano con naturalidad.

—Pues nada. — Lo imitó su novia. — ¿A caso no se han visto? ¿Por qué cojeas cuando caminas? ¿Y esa barba? — La chica no entendía como no vieron sus notables cambios.

— ¿Y esas heridas que tienes? ¿Por qué tu nariz está así? — Ginny examinaba a su novio e inspeccionaba sus heridas.

— ¡Niñas! ¡Qué bueno que han llegado! — Los interrumpió la Sra Weasley. —Disculpen por no haber ido, es que Bill está bastante sospechoso y ha querido organizar una reunión. ¿Pueden creer que me avisó ayer por la noche? ¡Por Merlín este chico no cambia! Y como si fuera suficiente vendrán los padres de Fleur. ¡Suban rápido y ayúdenme con lo que falta por favor! —La Sra. Weasley se veía muy desesperada, y dándole una mirada de reprobación a su hijo agregó. — ¡Te dije ayer que te sacaras eso de la cara Ronald! ¡Ve a hacerlo ahora mismo o no habrá tiempo! — Diciendo esto último entró a grandes zancadas a la casa.

Las chicas se alegraban que estuvieran bien, pero ese aspecto era lo menos que esperaban. Cuando entraron a la habitación a dejar sus cosas, seguidas por los chicos, comenzaron a preguntar.

— ¿Se puede saber por qué se han dejado el cabello tan largo? — Hermione fue la primera en hablar.

   En el Departamento todos nos dijeron que nos quedaba bien, ¿qué opinas Herms? — Contestaba su novio con una sonrisa.

— ¡Oh claro! ¡Les queda de maravilla! —Ironizó. Ron no lo captó.

—Gracias mi pequeña…

— ¡Y la barba ni qué hablar! —Siguió. Ron entendió. — Ven aquí ahora mismo Ronald. —El chico obedeció como un niño pequeño al que estaban reprendiendo y se sentó en la silla que le señalaba la castaña. — ¡Accio tijera!!

— ¿Tijera? —Preguntó alarmado. — ¿Qué vas a hacer? ¡No! ¡Aleja eso de aquí! — Exclamó, agitando los brazos.

— ¡Claro que no Ronald! ¡Quédate quieto! — la chica trataba de cortarle el cabello y sólo logró cortar algunos mechones, lo cual le quedó peor de lo que estaba antes.

Mientras tanto, Ginny y Harry observaban la escena y ella no se quedó atrás.

— ¿Por qué tu nariz está chueca?

—Eso ha sido en uno de los entrenamientos pero… Ron dice que me queda bien, que mi aspecto es más rudo y hasta me hace ver mayor y… — La pelirroja ya estaba con su varita en mano cuando…

— ¡Episkey!

— ¡Diablos! —Harry volvía a tener la misma nariz ordinaria que siempre.

— ¿Por qué le haces caso a mi hermano? Si sigues sus concejos terminarás como él — Decía mientras señalaba el cabello alborotado de su amigo.

—Ron ya he comenzado así que será mejor que termine. —La castaña siguió con su tarea y volvió a dejarlo como antes, ahora sólo restaba la barba.

— ¡Creí que te gustaba como lo tenía! —Exclamó un poco molesto. — ¿Y qué me dices de la barba? — Preguntó inocentemente.

—Espero que para el almuerzo te la hayas sacado Ronald. — La chica le hacía acordar a su madre de la manera en que lo estaba regañando.

—Está bien. — Aceptó aun estando en desacuerdo. La cara de su novia ligeramente seria, hizo que inevitablemente quisiera algo. — ¿No puedes darme un beso?

—Después de que te saques eso. — Dijo divertida, mirando su barba, para luego salir con prisa de la habitación.

— ¿Con qué te lastimaste tanto, Harry? — Ginny seguía inspeccionando el brazo a su novio.

—No podemos contártelo Ginny. —Intervino su hermano.

— ¡Oh! Veo que ahora hay dos Harry en la habitación. —Comentó enfadada. — Y tú también deberías cortarte el cabello. — Advirtió mirando a su novio mientras le acariciaba la cara. Le dio un ligero beso y salió de la habitación.

Los chicos ante tal escena sólo se quedaron mirando.

         —Mujeres. — Dijo Ron, poniendo los ojos en blanco.

Para cuando los chicos bajaron, la mesa para comer estaba lista, las chicas acomodaban las últimas cosas cuando Percy y George llegaron por la chimenea.

— ¡Hola familia! — Saludaron los recién llegados.

— ¡Hijos! Llegan a tiempo. —Molly besó la mejilla de sus hijos seguido de un fuerte abrazo.

— ¿Papá dónde está? — Preguntó George.

—Fue a buscar a los padres de Fleur. — Les explicó su madre. —Creo que allí vienen. — Dijo mientras se asomaba por la ventana, al divisar el auto que bajaba de entre las nubes.

Hermione se acercó al pelirrojo y en voz baja le preguntó:

— ¿Por qué andas rengo? —Insistió.

—Porque hace unos días me quebré la pierna en la última misión. Kingsley me dio crece-huesos pero tengo que seguir tomándola un poco, no hace mucho efecto todavía.

La chica lo miró muy preocupada y pudo comprobar que los escalofríos que tenía constantemente era porque su pelirrojo no estaba bien como le decía en las cartas.

—No sé qué se trae entre manos este Bill. —Comentó extrañado George en voz baja acercándose a ellos, sacándola de sus pensamientos. — Nunca hace este tipo de cosas.

Los padres de Fleur y el Sr. Weasley no venían solos, también estaban con los organizadores de aquella extraña reunión. Cuando por fin todos se sentaron en la mesa y comenzaron a comer, Bill y Fleur se levantaron de sus asientos y todos los presentes los miraron con ansias para que les expliquen el motivo de estar allí reunidos.

—Familia, ahora que nos hemos reunido todos -exceptuando a Charlie- seguramente se preguntarán el por qué. — Comenzó Bill muy sonriente.

—Bill, no empieces con tu discursito de precalentamiento y larga ya lo que tienes que decir, ¡sabes que nos tienes muy intrigados! —George estaba muy impaciente.

—No te alteres Geogge, es algo aggadable. -Lo tranquilizaba Fleur.

—Bien, iré al punto. La razón por la que los hemos reunido aquí es porque… ¡Fleur y yo seremos padres!

Todos se sorprendieron muchísimo por aquella maravillosa noticia y comenzaron a felicitar a los futuros padres:

— ¡Que hermoso! —Exclamaron Ginny y Hermione a la vez.

— ¡Hijo felicitaciones! — Gritó Arthur, mientras se paraba de la mesa para luego darle un beso en cada mejilla a la nueva madre y un abrazo muy fuerte a su hijo.

— ¡Seré abuela! —Exclamó Molly emocionada.

— ¡Mi niña nos daggá un hegmoso bebé! —Comentaba la madre de Fleur.

— ¡Oh mi hija! ¡Ya segá madgue! — El padre de Fleur estaba tan emocionado como Molly.

— ¡Seremos tíos! —Percy, Ron  y George corrían a abrazar a su hermano y a su cuñada.

— ¡Muy bien Bill! —Lo felicitaba Harry.

Luego de un gran brindis, la Sra. Weasley preguntó:

— ¿De cuánto estás querida? — Molly aún tenía lágrimas en el rostro de la emoción.

—Estoy de cuatgo meses, Molly. Fuimos a San Mungo hace dos meses, pogque seguía con las descompostugas y Bill estaba muy pgeocupado. Luego de unas pguebas que me hiciegon, llegagon gecién el mes pasado ¡y decían que estaba embagazada! Clago que yo tenía mis sospechas, pego hasta que no estuviegan esas pguebas, no podía decig  nada.

— ¿Y por qué se tardaron en decirnos? — Preguntó Percy.

—Porque queríamos que estén todos. Aunque falta Charlie, pero él casi nunca puede faltar a su trabajo. Así que esperamos a que salgan de vacaciones para decirlo.

— ¡Es hermoso hermanito! ¡Seré tía! Creo que voy a malcriar a ese pequeñín. —Decía Ginny muy emocionada.

— ¿Y cómo estás con esas descompostugas hija? —Preguntaba la madre de Fleur.

—Muy bien mamá, ya pasagon  pog suegte. Nos dijegon  que seguian los pgimegos meses, y así ha sido.

—El único problema que tenemos es que no podemos aparecernos como antes, le haría mal a nuestro pequeño o pequeña. —Comentaba Bill. — Por eso tengo que aprender a usar los vehículos muggles, papá dice que lo hago bien.

 

El almuerzo fue muy placentero, todos estaban felices por aquella maravillosa noticia. La pareja se fue, seguidos por los padres de la chica quienes pasarían un tiempo con ellos. La Sra. Weasley y las chicas terminaron de limpiar a órdenes de sus varitas, mientras Percy les alardeaba a sus hermanos y a Harry sobre cómo ayudaba a Kingsley desde que asumió como Ministro, lo cual era bastante irritable. Luego, la Sra. Weasley le cortó el cabello a Harry y Ron se sacó la tupida barba de su rostro y al fin, sin que su madre lo viera, pudo besar a su novia como tanto quería. George decidió subir a su cuarto y se quedó encerrado allí por horas, no quería que nadie lo acompañara.

La Nochebuena llegó. Había mucha nieve acumulada y La Madriguera estaba muy cálida como siempre, dando aires acogedores para todos y se festejó como casi todos los años: Molly preparó diversos platos deliciosos como siempre. La mesa estaba repleta de aperitivos. Pero la ausencia de cierto pelirrojo se hacía notar demasiado. La Sra. Weasley trataba de mantener al máximo su cabeza ocupada con todos los preparativos que aun debía terminar para no pensar en su hijo que, por primera vez, no iba a estar con ellos en la Navidad. Sí, pasaron siete meses. Perdió a sus hermanos, pero nada se comparaba con el inmenso dolor de la pérdida de su hijo. Cinco meses, y aun no eran suficientes para reparar su dolor, ese hueco que sabía, nunca se llenaría.

Se sentaron a la mesa. Toda la familia Weasley estaba presente. Comenzaron la cena, y a pesar de que intentaban que todo sea alegre como los años anteriores, se podía notar una pesada nostalgia en el aire. George tenía sus ojos rojos, éstos delataban el llanto que había tenido momentos antes. Hubo conversaciones aquí y allá. Pero nada podía hacer que ésos rostros tristes escondidos detrás de falsas risas y carcajadas se desvanecieran. Los más afectados eran los Sres. Weasley, George, Ginny, Ron y Harry. Éste último tampoco podía dejar de pensar en la ausencia de los miembros de la Orden, e inconscientemente en Severus Snape. 

Hicieron un brindis y George que no soportó más la situación, dedicó unas palabras para su hermano y Harry lo siguió, hablando sobre sus amigos, Lupin y Tonks. Al parecer, hablar sobre lo que los afectaba era la solución  y la respuesta para que el dolor se haga más ligero que antes, puesto que terminado aquello, todos pudieron finalmente sonreír con sinceridad y pudieron seguir con la celebración. Todos recibieron su jersey, hasta el bebé tuvo uno: era pequeño de color amarillo. La pancita de Fleur se notaba levemente sobre su túnica. Sin dudas, era la Navidad casi perfecta para los Weasley, con ese nuevo pequeño integrante creciendo.

Al día siguiente, los chicos decidieron ir a las Tres Escobas a festejar. Al entrar, se toparon con muchos magos y brujas que los saludaban y vitoreaban, lo cual les incomodaba un poco. La señora de la taberna les ofreció cervezas de mantequilla gratis, según ella, era lo menos que podía hacer por ellos. Las aceptaron con un deje de culpa.

—Es increíble lo de Bill y Fleur, ¿no? —Decía Ron mientras tomaba un sorbo de su cerveza de mantequilla.

—Sí, no puedo creerlo. Ni me lo imaginaba. Ahora creo que tendré que tratarla diferente a como lo venía haciendo. —Comentaba su hermana con una leve risita pícara. —Aunque seguramente seguiré llamándola Fleggrr. —Ante esto, los tres comenzaron a reír, menos Harry, quien estaba hundido en el mar de sus pensamientos.

— ¿Recuerdas en tu cumpleaños Ginny? ¡Ése era uno de los síntomas! — Descubría Hermione.

— ¡Tienes razón! —Concordó el pelirrojo. — ¿Harry, te sucede algo? —El azabache estaba muy callado.

—Es…ya sabes el por qué…

— ¡Oh! Cierto, no dejes que eso te preocupe amigo, ¿sí? Ya sabes que lo resolveremos.

— ¿A qué se refieren? —Intervino Ginny mirándolos a ambos.

—Lo siento, pero no podemos contártelo Ginny. — Le aclaró rápidamente su novio.

— ¡Eso es injusto! — Se quejó Hermione. — Si no nos van a decir las cosas, tengan la precaución de no hablar de eso por lo menos, así no nos dejan intrigadas. ¿A caso no los conocemos bien para no enterarnos de algunas cosas?

—Lo siento Herms, pero son órdenes de Kingsley y juramos seguirlas. —Le aclaró Ron. —Además, tu misma me dijiste que siga sus órdenes ¿lo recuerdas?

—Eso lo dices cuando te  conviene Ronald.

— ¡No me digas así! Ven aquí —El chico comenzó a hacerle cosquillas, haciendo que la chica se retorciera y riera muy fuerte.

— ¡Basta Ron! ¡Ya… ya entendí!

—Miren quién acaba de entrar. — Los interrumpió Harry, clavando sus ojos esmeralda en la nueva persona que acababa de entrar a la acogida taberna.



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