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Harry Potter Después de la Guerra » Prólogo
Harry Potter Después de la Guerra (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:07
Actualizada el Miércoles 16 de Enero de 2019, 21:12
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Prólogo

Prólogo

 

El trío salió vacilante y cansado del despacho del Director. Bajaron al Gran Comedor o, mejor dicho, lo que quedaba de él y se encontraron con todos los alumnos: malheridos, agotados; algunos tristes por perder a algún amigo, y otros con una gran sonrisa al saber que todo el mal había acabado por siempre. Ron al ver a su familia, corrió con desesperación hacia ellos, aferrándose del primer brazo que tenía a su alcance: el de Ginny.

Harry vio cómo se su amigo se alejaba y por unos segundos, dudó en hacer lo mismo, pero alguien llamó su atención: junto a los Weasley se encontraba una mujer con un bebé en brazos, a la que reconoció perfectamente como a la madre de Tonks y por supuesto que ése pequeño bebé debía ser su ahijado, Ted. No se animaba a ir, se sentía muy culpable por la muerte de todos, y pensar en el pequeño Ted que había perdido a sus padres como él, eso era algo que no podía perdonarse. Tenía la esperanza de que al menos uno de ellos se salvara, pero no sucedió. Comenzó a pensar con qué cara miraría otra vez a aquella familia que desde sus once años le habían dado tanto amor y que, por su culpa, habían perdido a un hijo. Miró a su amiga, ésta le regaló una sonrisa triste y, de a poco, se acercaron a los Weasley. El ojiverde, con cautela, analizó el rostro de todos y comprobó que George era el que estaba peor. Cuando se unieron al círculo, la castaña posó su mano en el hombro de Ron, el cual soltó a su hermana y, para su sorpresa, la abrazó con todas sus fuerzas. Sólo bastaron unos segundos para que rompiera en llanto, un llanto demasiado silencioso, que lentamente comenzó a cesar mientras se acurrucaba en su cuello.

Ginny observó a Harry y, tímidamente, le rozó la mano con sus dedos. El chico sentía como el contacto con ella se estaba terminando a medida que sus dedos acababan el recorrido de su mano y, para evitarlo, la sujetó con fuerza. Esto hizo que ella se acercara más a él y, por fin, pudiera descansar su cabeza en su hombro. Unos minutos después, el silencio fue interrumpido por un anuncio de la profesora McGonagall:

―Sé que es un momento muy difícil para todos. Hemos perdido a muchas personas valiosas, personas que lo dieron todo para defender a este castillo y sobre todo para que el mundo en el cual estábamos viviendo sea incluso mejor a lo que era antes. Queremos honrar a cada uno de ellos, y… ― Dijo mirando a sus colegas. ― … y lo que les proponemos es hacer un velatorio en conjunto, en el santuario que construiremos aquí, en Hogwarts, para nunca olvidar su gran esfuerzo, valentía y honor que tuvieron al enfrentarse contra Voldemort, defendiendo sus principios, su lugar, su libertad y, sobretodo, sus derechos. Nos sentiríamos muy honrados que ustedes estuvieran dispuestos a dejar aquí a sus seres queridos.

Tras esto, pasaron unos segundos en los cuales todos los presentes decidían que hacer, y finalmente, aceptaron la propuesta.

         ―Bien. En unos minutos comenzaremos con la ceremonia. ― Finalizó la profesora.

         Molly se acercó a Harry, quién parecía no haberse dado cuenta de su presencia, y lo estrechó con toda la fuerza que fue capaz.

         ― ¿Te encuentras bien, querido?

         ―Señora Weasley yo… en verdad lo siento.

         ―Gracias, Harry.

         ―No quería que esto terminara así… Fred no debía estar allí. No tenían que hacer esto… realmente lo siento mucho.

         ―Él sí quería estar ahí, Harry. ― Lo interrumpió George. ― Le tocó a él, pero debes saber que todos estábamos dispuestos a esto. Y ahora…

         ―Fue muy noble por su parte pelear esto y él es un héroe de guerra. ― Sentenció el azabache. ― Todos lo somos y siempre estará…

         ―Presente en nosotros. ― Completó Ginny, entre lágrimas.  

         El azabache abrazó a George, y al resto de la familia. Cuando terminó de abrazar a Arthur, Ginny lo apartó y le susurró al oído:

         ―Creo que alguien quiere conocerte, Harry.

         El chico miró hacia donde ella le indicaba y vio que sus amigos hablaban con Andrómeda Tonks, mientras que Hermione sostenía a un pequeño bebé. Con cuidado se acercó y por primera vez, vio a su ahijado. Tal como lo había dicho Lupin, era metamorfomago como su madre, ya que tenía el pelo tan amarillo como el sol que había salido hace unas horas. Andrómeda en cuanto lo vio, entre sollozos, le dio un fuerte abrazo.

         ―Señora Tonks… lo… siento.

         ―Nos has librado, Harry. Nos has librado de una vez por todas. Es una desgracia que terminara de este modo, pero debes saber, que ambos quisieron participar. Nunca te dejarían solo en algo como esto, muchacho. —Dijo un poco más calmada. —Lo único que puedo ofrecerte es un simple gracias, porque por ti, y por Nymphadora y Remus, Ted podrá tener un futuro mejor.  

         ―Y usted debe saber que cuenta conmigo para lo que necesite y, si me permite, estaré siempre con Ted.

         ―Gracias, Harry. Yo también estuve de acuerdo con que seas el padrino de mi nieto. ¿Quieres conocerlo? ― Propuso con una débil sonrisa.     Hermione, quien estaba a sus espaldas, se situó a su lado.

         ―Y éste… es Teddy Lupin. Teddy, te presento a tu padrino, Harry. ― Con cuidado se lo pasó y el azabache sonrió.

         ―Hola Teddy. Tienes los ojos de tu padre y las facciones de tu madre. Sé que tu vida no será como la de los demás niños, pues por mi culpa te has quedado sin padres y si algún día quieres culparme por eso, lo…

         ―No, Harry. ― Negó la mujer. ― No es tu culpa. Nymphadora siempre fue así, nunca estuve de acuerdo con la profesión que eligió, pero eso la hacía feliz y contra eso no hay nada, lo sé por experiencia propia. Quería apoyar a su marido y así lo hizo. Así que te pido, que no le digas eso a Teddy por favor.

         ―Está bien. ― Mirando nuevamente al bebé, siguió: ― Siempre estaré contigo, Teddy. Así como mi padrino estuvo conmigo y me apoyó cuando pudo, yo lo haré contigo. Tus padres no estarán físicamente, pero te acompañarán en todo momento. — El bebé lo miraba como si pudiera entender cada palabra que decía. — Lo sé, porque los míos también me acompañan, ahora y siempre. Serás feliz, Teddy. Te lo prometo. ― Se acercó a la cabecita del niño y le depositó un suave beso en la pequeña frente.

         ―Ya es hora. ― Anunció la profesora. ― Ayúdenme, por favor.

         Con movimientos de varitas y con sumo cuidado, elevaron todos los cuerpos y siguieron a los profesores quienes dirigían a la muchedumbre. En el camino, Harry recibió innumerables felicitaciones y, sinceramente, no se sentía a gusto con ellas. Eran muchos los que se habían ido a causa de esa Batalla, y justamente era lo que menos quería. Pronto, comenzaron a adentrarse en el Bosque Prohibido hasta llegar a un claro, lugar del que sólo los profesores conocían hasta ese entonces. Era muy bello y espacioso, había hermosas flores de diferentes colores, hasta la hierba era más clara, el sol iluminaba todo a su paso y le daba al lugar más vida.

De repente, detuvieron la marcha y todos los profesores sacaron sus varitas y comenzaron a hacer una hermosa construcción, muy amplia, de un  blanco brillante e inminente, con varias columnas y en el centro decía lo siguiente: "Aquí descansan los Valientes de Hogwarts". Luego dejaron con mucho cuidado los cuerpos con sus respectivas placas y la profesora dio un pequeño homenaje a todos los caídos. Después de eso, realizaron un largo silencio.

Al finalizar la ceremonia, todos se fueron al castillo, quedando allí solamente Ginny, Ron, Hermione y Harry. Éstos últimos querían apoyar a sus amigos. Los hermanos aún no caían en la cuenta de lo que había pasado. Todo había sido tan rápido, no podía ser que una vez que todo se había calmado y que podrían disfrutar de una vida tranquila, uno de los hermanos más alegres ya no esté. Ginny se aferró al brazo de Harry y entre sollozos pidió:

― ¿Podemos irnos? Esto es muy difícil, ya no lo soporto, por favor.

Harry entendía perfectamente cómo se sentía, ya que él había pasado muchas veces por esos sentimientos de tristeza, y ahora lo hacía de nuevo. El chico sólo asintió con la cabeza, la abrazó y se la llevó al castillo. Él estaba muy cansado, pero trataba de no demostrarlo. Antes de irse, su mirada se cruzó con la de su amiga. Ella asintió, dándole a entender que estaba bien que se retiraran.

Después de unos minutos, Ron se dio cuenta de que todos se habían ido, pero rápidamente notó que una persona seguía allí, acompañándolo en su dolor, entendiendo su silencio. Era ella, la chica que más quería. Él sólo pudo levantar la cabeza y su amiga entendió todo. Apresuradamente lo abrazó y así permanecieron por unos minutos, hasta que el chico  pudo emitir un pequeño "gracias". Fue lo único capaz de decir, las palabras no le salían. Hermione quería darle más afecto, más cariño, pero no podía. No se atrevía ni siquiera a besarle la mejilla, estaba completamente avergonzada por lo que había hecho en la Sala de los Menesteres, pero a pesar de eso, sabía que él la necesitaba en ese momento tan difícil, por lo que decidió tomarle la mano y llevarlo a un lugar en donde a ambos les gustaba ir para pensar, aclarar sus ideas, tener un momento de paz: el lago.

Se sentaron a orillas del mismo. Ron afirmó su cabeza en el hombro de la castaña y lo único que hacía era llorar. Le dolía mucho ver así a su pelirrojo, pero era necesario, tenía que sacar toda esa tristeza que tenía dentro. Ella lo único que hacía era acariciarle dulcemente la mano y no dejaba de repetirle "Todo va a estar bien". Después de unos diez minutos, el silencio fue interrumpido.

―No es justo que esto pasara.

―Lo sé Ron, lo sé.

―Sabes, él tenía muchos planes. No sé cómo nos vamos a recuperar de esto. Creo que… a pesar de saber que todos corríamos con un gran peligro, no estábamos preparados para lo peor.

―Ron, sé que es difícil, pero ya vas a ver como todo de a poco va a mejorar. Sé que nunca será igual, por supuesto, pero saldrán adelante…saldremos ― Aclaró rápidamente y dándole un leve apretón de manos. ― Siempre estaré contigo, vamos a ayudarnos, no te dejaré solo.

Hubo otro silencio, algo incómodo.

―Eres increíble. ― Susurró, creyendo que ella no lo había escuchado.

― ¿Qué dijiste? ― Preguntó extrañada.

―Que eres increíble ― Repitió, pero esta vez, con mucha seguridad. ― No sé cómo agradecerte por estar aquí conmigo, es increíble cómo me haces…

―Ron, no tienes nada que agradecerme, sabes que siempre voy a estar — lo interrumpió. — para eso son los amigos, ¿lo sabes, no?

 No dejó que terminara su oración, sabía que si lo dejaba continuar, esto último la haría hacer o decir algo que no debía hacer, y eso no podía pasar. No hasta que su situación se aclarara. La castaña ahora tendía a obedecer más a sus sentimientos que a sus pensamientos, totalmente opuesto a lo que solía hacer.

―Sí, a-amigos. ― Titubeó, clavando su vista en la punta de sus estropeados zapatos. ― Yo también estaré para ti.

Hermione le dio un fuerte abrazo, una vez más. Apoyó tímidamente su cabeza en el hombro de él, y seguidamente, la rodeó con su brazo derecho. Permanecieron así un largo rato, pasando largos minutos de silencio y cortos hablando. Ambos estaban exhaustos, por lo que decidieron ir nuevamente al castillo para asearse, ya que seguían vistiendo de la misma manera desde que escaparon del dragón hace tan sólo dos días.

Cuando subieron al séptimo piso, la señora Gorda no estaba.

― ¿Señora Gorda? ― Inquirió el chico. ― ¡Señora Gorda!

― ¡Oh, Weasley! ― Gritó la mujer desde otro cuadro. ― Estamos festejando, ahora bajo. ― Una vez que llegó, preguntó: ― ¿Contraseña?

―No la sabemos. ― Respondió la castaña. ― Pero creímos que…

―Lo siento. Sin contraseña no pasan.

― ¡Pero sólo queremos…!

― ¡Ya, Weasley! ¡Es una broma! Potter subió hace rato, con tu hermana. No parábamos de felicitarlo. ― Comentó. ― ¡Son nuestros salvadores! Cuéntenme, ¿es cierto que irrumpieron en Gringotts?  Nigellus Black dijo que…

―Señora Gorda… ― La interrumpió la castaña. ― ¿Puede dejarnos pasar? Estamos algo…

― ¡Oh! Claro, lo entiendo. Lo siento mucho. ― Dijo avergonzada. ― Pasen.

Ambos entraron y cada uno se dirigió al cuarto correspondiente. Luego de asearse, volvieron a bajar a la Sala Común. Como era obvio, estaban agotados y ojerosos, pero aún así, se quedaron sentados en los polvorientos sillones.

―Es una suerte que la torre no esté demasiado dañada. ― Comentó la chica.

―Es verdad. ―Reconoció él. ― Harry duerme como un tronco. Deberíamos hacer lo mismo, ¿no?

―Ginny no está. Seguro ya bajó y… no quiero dormir, de hecho… quería ayudar a reparar un poco el castillo o… a la señora Pomfrey.

―Sí… cierto. Hay muchos heridos. Oye… ― Dijo entrecerrando los ojos. ― ¿qué tienes en tu brazo?

― ¡Ah, esto! Sólo es un raspón. ― Reconoció, restándole importancia al moretón rojizo de su brazo izquierdo.

― ¿Te duele? ― Inquirió, acercándose hacia su amiga para examinarla mejor.

―Un poco, no mucho en verdad. ― Ahora tenerlo cerca, la incomodaba.

―Creo que… deberíamos bajar y que te pongan una venda.

―No Ron, no es nada, enserio.

―Herms… bajemos. Sólo será una venda. ― Insistió.

Sin conseguir zafarse, la castaña obedeció y una vez abajo, buscaron a la señorita Pomfrey, la cual estaba muy atareada con todos los heridos.

 ―Señorita Pomfrey… Hermione tiene una herida, ¿podría curársela?

― ¡Señorita Granger! ―Exclamó la enfermera. ― ¡Señor Weasley! ¡Están demasiado delgados!

―No hemos estado comiendo muy bien los últimos días. ― Reconoció Ron. ― ¿Podría ponerle algo…?

―Sí, escuché a la primera Weasley. ― La mujer con mucha rapidez, pasó una especie de gasa sobre la herida, sin antes ponerle una crema apestosa. ― Eso te curará pronto. No saben cuánto me alegro que estén bien. ― Dijo regalándoles una sincera sonrisa. ― Parece que tú también necesitas un poco de esto, Weasley.

―No, estoy bien.

―La sangre seca que tienes en tu cabeza no dice lo mismo.

Rebuscó entre los bolsillos de su sucio uniforme, el sonido de los frascos chocando unos contra otros sonó por un par de segundos, hasta que sacó uno con un líquido rosa. Empapó un poco un trapo rasgado y se lo pasó por la herida del chico.

―Mucho mejor. ― A continuación, siguió examinando al resto de los heridos.

―Vaya que es genial, eh ― Comentó el pelirrojo. ― Ahora te calmará el dolor.

―Ron, no me dolía mucho. Y ¿qué hay de tu cabeza? ¿Te sientes mejor?

―Ni siquiera me di cuenta que lo tenía. El dolor físico no es primordial para mí  ahora. ¿Quieres comenzar a ayudar o…?

―Sí, claro.

Ambos comenzaron a poner en orden el Gran Comedor. Repararon ventanas, elevaron las velas, repararon los relojes de las casas incrustando cada piedra preciosa, ayudados por Neville, Ginny y Luna. Las horas pasaron y pronto sería la cena. El atardecer se veía hermoso, por lo que decidieron ir nuevamente al lago para disfrutar, si se podía decir, del primer atardecer sin la existencia de Lord Voldemort.

Pasaron la tarde entre silencios y minuciosas charlas, hasta que anocheció por completo y fue hora de volver al castillo con sus amigos. Inconscientemente, Ron le tomó la mano y así, entraron al lugar. Mientras caminaban, notaron que el Gran Comedor había sido ligeramente restaurado, más desde que se habían ido. Esto no fue lo único que los sorprendió, todos los alumnos que se encontraban allí estaban mezclados entre sí y no organizados como de costumbre en las mesas de sus respectivas Casas. Habían alumnos de Ravenclaw con alumnos de Gryiffindor en una mesa, otros de Hufflepuff con alumnos de Ravenclaw, otros con Gryffindor, pero no había ningún alumno de Slytherin. A lo lejos, pudieron divisar a sus amigos: Ginny, Harry, Neville, Luna, Seamus y Dean. Los chicos estaban idolatrando a Harry por cuarta vez al parecer, y trataban de entablar una conversación cuando McGonagall pidió silencio:

―Alumnos, debido a lo que acaba de ocurrir, el colegio permanecerá cerrado hasta el siguiente curso, ya que ha sufrido  innumerables daños. Dos meses serán de duelo, y los restantes para su reconstrucción. Quiero proponer un brindis por todos ustedes, por los que se han ido y que permanecerán en nuestros corazones por siempre y por Harry Potter.

Se hizo un gran brindis, seguido de muchos aplausos y esto dio por finalizada la cena.

Todos los alumnos fueron a sus respectivas Salas Comunes, las cuales estaban un poco destruidas, pero estables; para descansar y, por fin al día siguiente, partirían a sus hogares.

En la sala común de Gryffindor, todos fueron a dormir, inclusive Harry, quien seguía muy agotado. Ginny fue al cuarto de las chicas, antes dándole un tierno beso en la mejilla al azabache, y un fuerte abrazo a Hermione y a Ron. Éstos últimos siguieron en la Sala Común, en silencio. Ron miraba a la nada, tenía los ojos rojizos por llorar, pero estar con Hermione lo hacía sentir un poco mejor. Luego el silencio fue interrumpido:

― ¿Cómo te sientes? ― Preguntó Ron

―Podría decirse que bien, ya se terminó todo.

―Sí, así es. Espero que esto dure. ― Hermione lo miró confusa y él se dio cuenta que no había entendido, por lo que explicó: ― Quiero decir, ya que se terminó todo, se supone que todo va a ser mejor, más tranquilo. Esa tranquilidad es la que espero que dure.

La castaña cambió su mirada al escuchar eso. Ella pensaba que se refería a la relación no formalizada que tenían, era obvio que lo que sucedió en la Sala de los Menesteres había sido muy esperado por parte de ambos, o al menos ella sintió eso, pero eran muchas emociones por ese día y no era adecuado hablar de eso… por ahora.

―Tienes razón. ¿Vamos a dormir, Ron? Mañana seguramente saldremos temprano a la Madriguera.

―Sí, claro. ― Aceptó no muy convencido. Cuando estaban a punto de separarse, preguntó: ―-¿Hermione?

― ¿Qué sucede?

―Si en la noche no pudiera dormir, puedo… ¿Puedo venir a buscarte? Si no te molesta, claro. ― Estaba un poco nervioso por su petición. ―  Es que estando contigo me siento… mejor.

―Claro que si Ron, sabes que no hay ningún problema. Hasta mañana.

 Acortó la distancia entre ellos y le dio un cálido beso en la mejilla izquierda. Ron no pudo evitar sonrojarse y él también le besó la mejilla. Se separaron, se miraron intensamente y luego fueron a sus respectivas habitaciones para descansar un poco después del agitado día que habían tenido.  



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