Historia al azar: Jose abril y el vuelo eterno
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La hija de Voldemort (LVP) » Prólogo
La hija de Voldemort (LVP) (R15)
Por eagle
Escrita el Viernes 28 de Diciembre de 2018, 18:03
Actualizada el Sábado 19 de Enero de 2019, 11:36
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Prólogo

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Prólogo

 

Sábado, 7 de Junio de 1997

 

Lord Voldemort daba el cierre de la primera reunión del mes de Junio, realizada en la mansión de los Malfoy.

El próximo mes debía acabar con Harry Potter para así poder impedir lo que decía la profecía. Necesitaba terminar con ese muchacho lo antes posible. Sin dudas quería un triunfo seguro, y ese niño junto con la profecía le daban aires de desconfianza.

No, no le preocupaba en lo más mínimo, porque sabía que él era el mejor mago que jamás había existido en la tierra e indubitablemente era capaz de terminar con un insignificante muchachito de dieciséis años, aunque debía admitir que tenía cierta valentía que no veía desde hace ya mucho tiempo. Pero aun así, no dejaba de ser un mocoso entrometido que se dejaba llevar por lo que todos decían sobre él: "El niño que vivió".

Recordar esa noche de octubre lo ponía de mal humor. Si esa asquerosa sangre sucia de Evans se quitaba del medio, en ese momento seguramente estaría gobernando toda Gran Bretaña y no escondiéndose en aquella mansión. Le daba demasiada impotencia no haber podido terminar con su cometido aquella noche, llevándolo a su casi destrucción. Si bien tardó años en poder volver con una figura humana, no dejaría que le arrebataran la oportunidad de ser el amo de todos una vez más, pero ahora sería diferente; esta vez, sería para siempre.

Exhausto de estar rodeado de tantos inútiles sin talento, a excepción de algunos, se dirigió hacia una ventana de la sala con su preciada Nagini colgada en su cuello.

―Tranquila, amiga mía. Todo saldrá bien, ya verás. ― Decía mientras acariciaba a la serpiente, la cual disfrutaba al máximo del contacto con su amo. ― Sí, lo sé. Ya verás cómo acabo con Potter el próximo mes. Deberé preguntarle al cretino de Ollivander cómo terminar con el muchacho sin tener problemas con mi varita. Curioso, ¿no es cierto? He acabado con tantos, pero con Potter se rehúsa. 

El sonido de la puerta abriéndose hizo que callara. El aroma delató al nuevo integrante de la sala: Bellatrix Lestrange.

Sentía cómo sus tacos irrumpían el silencio del cuarto. Creía haber dejado en claro que quería un momento a solas para reflexionar. Odiaba cuando lo desobedecían de esa manera. Pero era Bellatrix, seguramente algo importante tendría para decirle, de otra forma, no se atrevería a incumplir su petición tan estrictamente impuesta.  

―Mi Señor. ― Dijo la mujer, aproximándose. ― Lamento molestarlo, pero quería agradecerle una vez más la oportunidad que nos da de tenerlo aquí. Es una gratitud inmensa que eligiera este lugar como punto de reunión.

―No creo que los Malfoy piensen lo mismo. ― Volteó a verla, mientras dejaba que Nagini se deslice por su brazo hasta llegar al suelo. ― ¿Acaso es molesta mi presencia para ellos? Porque de ser así, deberé asignarles algunas misiones para ver cuál es el grado de lealtad que tienen hacia mí.

―No mi Señor, claro que no. ― Negó rápidamente. ― Sólo están ansiosos por lo que ocurrirá. Cada vez falta menos, mi Señor.

―Sí, falta menos para nuestro triunfo. Luego de matarlo, todos quedarán tan devastados al ver cómo su única oportunidad de salvación se ha desvanecido… y ésa es nuestra perfecta ocasión para entrar en el Ministerio y así tomar el poder en la comunidad mágica. Después de eso, todo será más fácil.

―Desde luego, mi Señor.

―Dime, ¿a qué has venido esta noche, Bellatrix?

―Pues… lo noté un poco agotado en esta velada y… me he tomado la libertad de traerle un poco de vino. ― Confesaba mientras llenaba una copa.

― ¿Crees que estoy agotado, Bellatrix? ― Preguntó, alzando el tono de voz. ― ¿Crees que no soy capaz de soportar una reunión con los incompetentes de tus compañeros?

―Mi Señor, jamás dudaría en lo absoluto de sus capacidades. Sólo quería que brindemos.  ― Llenó otra copa.

― ¿Brindar?

―Por nuestro futuro triunfo y por la futura muerte del asqueroso sangre sucia de Harry Potter.

―Creo que esta vez estoy de acuerdo contigo, Bella.  ― Aceptó, tomando la copa que le ofrecía su seguidora y alzando la misma, siguió: ― Por nuestro gran triunfo, por una comunidad mágica limpia de sangre sucias y traidores, y por la muerte de Harry Potter.

Y así, ambos brindaron y tomaron un buen sorbo de vino de Saúco.

Sólo bastaron un par de segundos para que Voldemort comenzara a sentirse extraño. Su vista comenzó a nublarse y perdió el equilibrio por un momento. Sintió cómo la mujer lo sujetaba del brazo y lo ayudaba a mantenerse en pie. Y fue allí cuando la vio: sus labios carnosos estaban pintados de carmín, su espesa melena negra de rizos caía incontrolablemente sobre su largo vestido oscuro de seda.

Lo miraba diferente que otras veces, parecía como si lo deseara. Él comenzó a observarla detenidamente, sin pasar por alto ningún detalle de su cuerpo que antes ni siquiera se había detenido a mirar. Era una hermosa mujer, a pesar de tener el rostro un poco deteriorado, no dejaba de ser bella.

Sin pensarlo muy bien, se acercó a la mujer como nunca antes lo había hecho. Ella lo miró con estupor, pero no lo rechazó. Posó una mano en su cintura y con la otra, le corrió un mechón de cabello que tenía sobre su rostro. Luego pasó a rozar los labios carnosos con la yema de sus dedos, muy delicadamente. Ella estaba sorprendida y largó un corto suspiro.

―Mi Señor…

No esperó más y comenzó a besarla con ferocidad. Le apretaba la mandíbula con fuerza, no quería que ella se alejara en lo absoluto. La acorraló contra la pared mientras seguía besándola con ímpetu, apretando su rostro entre sus dedos y tratando de levantar su vestido con la mano libre. Bellatrix no opuso resistencia y lo ayudó a elevar su vestido, dándole libre acceso a su intimidad. Como pudo, se posicionó entre sus piernas y tomándola de las caderas con fuerza entró en ella una y otra vez, mientras mordía su cuello sin darle importancia a sus súplicas y quejidos de dolor.

Sus jadeos y gemidos se escuchaban cada vez con más fuerza en la habitación, pero nadie podía oírlos gracias al hechizo que la mujer hizo previamente en el marco de la puerta.

Al fin estaba con el hombre que había deseado desde hace tanto tiempo. Se sentía exquisito tenerlo en su interior y cómo gritaba su nombre sin cohibiciones. Era simplemente perfecto y anhelaba que ese acto de amor tan esperado por su parte se repitiera tantas veces como diera lugar, pero sabía que eso no podía suceder. No se arriesgaría una segunda vez. Si todo marchaba de acuerdo al plan, después de terminar, con mucha nostalgia le borraría la memoria, haciendo que esa escena permanezca por siempre sola y únicamente en su memoria, un recuerdo muy valioso que jamás dejaría ir. 



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