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Inside. » l.
Historia terminada Inside. (ATP)
Por SoraineDiggory
Escrita el Martes 17 de Abril de 2018, 22:04
Actualizada el Martes 17 de Abril de 2018, 23:46
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l.

Capítulos
  1. l.
Él quería olvidar, eso era por lo que trabaja día a día.
Pero bien dicen que no siempre obtenemos lo que deseamos.

Tal vez era el karma, pues desde que era un bebé, Draco Malfoy había tenido todo lo que quería en un abrir y cerrar de ojos. Nadie le decía que no, ya fuese por su físico, su personalidad manipuladora, su dinero, su estatus social o su popularidad.

Pero siempre había una primera vez para todo y para Draco ésta había llegado cuando tenía 13 años. Después de dos años de estudiar en Hogwarts , habían pocas cosas por las que se sentía amenazado.

Bueno, con la excepción del Cara Rajada, pero eso era otro tema...

Harry Potter lo había humillado y el corazón de un Draco de 13 años aún lo resentía por ello, además de que sus encontronazos habían seguido ocurriendo de forma usual y Potter siempre estaba acompañado de sus dos idiotas.

Weasley lo irritaba en la justa medida de ser un traidor a la sangre y un tipo sin clase, pero había un problema aún más grande y tenía nombre y apellido: Hermione Granger.

Le molestaba todo de ella, desde su estado de sangre hasta su parloteo incesante. Pero en el fondo, sabía que la razón por la que la había odiado tanto era que en realidad no lo hacía, solamente le frustraba que alguien compitiera con él en las clases, que fuera más inteligente que él, que no lo determinara como las demás chicas, solamente le dedicaba su atención para insultarlo.

¿ Y quién diablos se creía ella? Lo que más le irritaba era que pensara tanto en eso, que le diera vueltas una y otra vez, mientras fingía escuchar a sus amigos en el desayuno cuando en realidad miraba el cabello de la chica,  del que tanto se burlaban las chicas de Slytherin, y como Hermione parecía reír por cada idiotez que Potter y Weasley decían.

Un nudo en la garganta se formaba cada vez que la veía, pero esto venía pasando desde el final de Segundo Año, después de que la encontraran petrificada. No sabía por qué, cuando el mismo había presumido que quería que ella fuera atacada, se pasaba los últimos días de su Segundo Año tomando el camino de la enfermería solo para ver si obtenía noticias.

Claro, jamás se las darían a él, no cuando ese mismo año la había llamado sangre sucia, pero no pudo soportar ver como ella lo desmeritaba, no cuando se colocaba al lado del inútil de Weasley, que no había sido capaz ni de defenderla como merecía...

Espera, qué?

No, él no pensaba que ella merecía algo. No, él no encontraba interesante la melena castaña y los ojos miel. No, él no soltó un suspiro de alivio cuando la vio sana y salva. No, el no esperó por el Tercer Año para poder seguir compitiendo con ella.

Y mientras se sumía en un estado de negación, el detonante llegó.

La había visto mirarlo con rabia muchas veces en el pasado, pero no sabía si era porque se veía extrañamente tierna cuando tenía las mejillas rojas de rabia, pero él se quedó de piedra cuando después de actuar como un imbécil (como siempre) ella se acercó a él como una fiera y sin más, lo golpeó.

Claro, se quejó, la insultó frente a sus amigos y la miró con "odio" lo que quedó del Tercer Año, pero en su mente ya había descifrado la maraña de pensamientos que tenía sobre ella. El puño había sido lo más cerca que había estado de tocarla y que su corazón saltara y se retorciera no podía significar si no una sola cosa.

Y supo que estaba perdido. Así que nunca lo dijo, ni siquiera pensó las palabras que sabía que eran verdad, pues desde ese día se dio cuenta de que sus sentimientos eran imposibles y ridículos.
Hermione no estaría nunca con alguien como él, además sus amigos primero lo colgarían de los aros del campo de Quidditch antes de que eso pasara.

Y bueno, no lo culpen por tener la peor idea de la historia, pero decidió que sí era era imposible que lo viera como un chico normal, se haría notar de otra forma.

"Claro Draco, ser aún más desagradable con ella hará que te quiera muchísimo. Por Merlín, sabes que a ella no le gustan los idiotas"

Pero el Cuarto Año llegó y mientras él pensaba en hablar con cuentas francesas pudiera (alguna tenía que ser mejor que ella... cierto?), se dio cuenta de que tal vez si le gustaban los idiotas.

No sabía que clase de instinto asesino lo poseía cada vez que veía como Hermione estaba cerca de ese idiota de Krum. Seguramente ese bárbaro idiota se aprovechaba de que ella era menor que él para engatusarla, pero él aún confiaba en que a ella le quedaba algo de ingenio.

Y claramente se equivocó cuando la vio aparecer junto al búlgaro, luciendo como una princesa, sonriente y más feliz de lo que había visto en mucho tiempo.

"No, Granger, ese debería ser yo"

Muchos estudiantes igualmente la miraban, aumentando su mal genio hasta el cielo. Ese año la Gryffindor había cambiado muchísimo y todos se encargaban de resaltar que para muy bien

El Quinto Año fue el peor en ese aspecto, pues sentía que su corazón se aceleraba ante la sola mención de la chica, que se estaba metiendo en muchos más problemas ese año. Ahora la observaba en clases, en el comedor, en Hogsmeade y en los pasillos. Intentaba que sus miradas se cruzaran, pero ya ni siquiera le dirigía miradas molestas. Era como si ella estuviera en una burbuja que se iba alejando más y más con el soplar del viento.

Y así pasaron los años y con estos, las desgracias. Sus problemas escalaron a límites que el nunca creyó posibles. Así pasaron los días en que su padre y luego Voldemort lo obligó a hacer cosas terribles que el no quería, así pasaron las noches en su cuarto replanteando todo lo que alguna vez le habían enseñado y escuchando a su madre llorar.

Acaso los padres de los hijos de muggles eran tan crueles como el suyo? 
Lo dudaba mucho, su padre no tenía compasión con nadie, ni siquiera con su propia sangre.

Y lo peor de todo; tuvo que ver como la chica que hacía sus días menos miserables era torturada en el suelo de la sala en la que algún día había tomado el té con sus padres.

Verla otra vez después de muchos meses de no verla debido a que ella no regresó al colegio fue lo más duro que tuvo que hacer en su vida.

Verla casi irreconocible por la madurez que le habían otorgado las experiencias de la guerra y el cansancio de las múltiples batallas borrando casi todo rastro de la chica de mejillas rosadas que bailaba riendo en un vestido azul. Pero él la había observado desde siempre y aún veía la determinación de sus ojos, obligándolo a mentir por Potter a su tía, aunque al final de nada sirvió.  Su único consuelo era que había salido viva, pero aún así la incertidumbre de no saber como estaba le quitó el sueño por días enteros.

Y así se desarrolló la historia como ya sabemos: triunfó el lado del bien y personas como él, quedaron marginadas por apoyar a Voldemort.

Sin embargo, sin las amenazas de su padre él fue capaz de limpiar su apellido, de formar su empresa sin ningún tipo de corrupción e incluso, de formar una familia.
La manera en que se sentía cuando veía a Hermione en el pasado había quedado enterrada, porque Astoria era una buena esposa, lo apoyaba, era la madre de su hijo y Draco la apreciaba mucho.

Y gracias a sus logros sociales, estaba yendo en ese instante a una Gala con lugar en el Ministerio, acompañado de su hijo. Scorpius era muy parecido a él cuando joven, pero tenía la bondad de Astoria.

E irónicamente, era el mejor amigo de Rose Weasley Granger. Porque al final Hermione se había quedado con el amigo que la había acompañado en todas las aventuras, como muchos supusieron, y ahora tenían una familia de hijos exitosos, trabajos muy bien pagados y reconocimiento.

Los dos rubios llegaron al evento, a lo que su hijo empezó a buscar a alguien con la mirada. Pocos minutos después, una chica pelirroja como el fuego se acercó a los dos con alegría y sin decir nada, abrazó a su hijo.

Tras ella apareció, si embargo, su sueño y su pesadilla a la vez: Hermione Granger.

Ella miraba a Scorpius y a Rose sonriendo, mientras alzaba una ceja (a Draco tampoco le pasaba desapercibida la mirada que su hijo le tenía reservada sólo a la chica). Parecía que aún no lo había visto, puesto que después de que los chicos se despidieran, se giró a verlo y se sorprendió notoriamente.

Luego le dirigió una sonrisa pequeña. Y no sabía como describir las ganas de querer vomitar y salir corriendo que lo inundaron como un volcán, pero con dificultad, le devolvió el gesto.

-Hola Draco.

Tragó grueso y se agarró disimuladamente de la mesa que tenía al lado. Habían pasado más de 24 años desde que había escuchado su voz a parte de las veces que salía en la radio y 19 desde que ella había aceptado sus disculpas después de la Guerra...

¿Como era que aún se sentía como un adolescente por ella? 

"No lo enterraste lo suficientemente hondo, hurón"

-Hola, Granger.

-Me puedes decir Hermione- ella rió. Se veía preciosa, ya quisieran muchas de las adolescentes de ese entonces verse así. Su cara no tenía muchas arrugas e incluso portaba una sonrisa que antes no tenía. Sin poder evitarlo, vio como el vestido negro se ajustaba con elegancia a su cuerpo y como ella se comportaba como toda una dama. Ella era toda una dama- ahora que nuestros hijos son mejores amigos, creo que sería algo raro.

-Claro- el asintió y sin saber de donde, empezó a hablar con ella.

Su valentía floreció y logró que hablaran de temas triviales por al menos media hora. Se sentía feliz, contento de que ella se mostrara tan natural con él. Era como si el pasado no hubiera ocurrido y se estuviesen conociendo por primera vez. Claro, que el aún recordaba que le gustaba desayunar cuando era joven, pero eso está fuera de tema.

Mientras la veía hablar sintió el arrepentimiento como nunca antes lo había sentido. Por ser un idiota en su época escolar y por escoger el camino fácil pero equivocado en la guerra, pues al menos si hubiese escogido bien, habría tenido más oportunidades con ella.

"No le puedo hacer esto a Astoria" pensó, preocupado.

"No le harás nada, tontito. Ella tiene un esposo, sabes? Y solo está hablando contigo por cortesía, esto no quiere decir que se vayan a escapar juntos" le recordó su conciencia.

Y supo que siempre estaría ese sentimiento en un pedazo de su corazón. Quería a Astoria, pero la había conocido demasiado tarde, ya había escogido a Hermione como la mujer de su vida.

Incluso aunque a los ojos de todos y de ella misma, no lo fuera. Pero dentro de él siempre sería así y lo único que podía hacer era ayudar a su hijo para que pudiese conservar a la chica que quería.

-Mamá- un niño pelirrojo y de ojos miel se acercó a los dos- hola, señor Malfoy.

Lo saludó, viendo anonadado como los ojos miel eran iguales a los de Hermione. Se parecía mucho a Weasley, aunque era obvio que tenía mucho más tacto que su padre cuando joven y tenía la nariz de Hermione, al igual que Rose.

-Mamá, quieren que des tu discurso en diez minutos- informó el chico. Claro, ella era la Jefa del Departamento de Cooperación Internacional- Rosie me dijo que estabas por aquí con el señor Malfoy y papá me ha dicho que el señor Malfoy se puede sentar en nuestra mesa si quiere.

Hermione rió al ver que se sorprendía.

-Muchas cosas han cambiado, Draco- le dijo ella, y sonrió.

Pero sonrió de manera diferente, como nunca antes. Y eso hizo que sus alarmas se encendieran.... acaso sería posible?...

No pudo pensar más, pues ella se fue y se quedó con Hugo, quien lo guió hasta la mesa. Pero él solo intentaba descifrar que significaba esa sonrisa, si eran alucinaciones o era real.

Cuando al fin llegó y se sentó después de un corto saludo con Weasley, se resignó a que sus sentimientos siempre se quedarían dentro de él, simplemente el destino no quería que pasara. Pero definitivamente viviría su vida un poco más feliz al tener una minúscula ilusión dentro de sí.

Ahora le gustaban mucho más las fiestas del Ministerio.


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