Historia al azar: La Pelea de los Fundadores
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19 años después » ¿Qué somos?
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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¿Qué somos?

Ron y Hermione yacían dormidos, con él abrazándola de costado. Cuando despertó, no pudo evitar contemplar la belleza del perfil sereno de su novia, quien parecía seguir profundamente dormida. Preciosa.

Ron no podía terminar de creerse la suerte que tenia de tener a aquella mujer entre sus brazos. La amaba, de eso no tenía duda, pero ¿Cómo no amarla? Era increíblemente hermosa y genuina en todos los aspectos. A veces creía que no la merecía, que alguien tan perfecta como ella merecía a alguien que tuviera más que ofrecerle, alguien mejor, alguien digno de su admiración.

 Pero el simple hecho de imaginarla con alguien mas le partía el alma, lo llenaba de rabia. Era demasiado egoísta como para dejarla, ademas, ella parecía feliz a su lado, por más extraño que pudiera sonarle a algunos. Él la amaba y ella a él, ¿Cómo podía negarle a ella y a él mismo esa felicidad? Acaricio su cabello mientras lo acomodaba de modo de que dejase su cuello expuesto. Delineo sus facciones suavemente, sin poder resistirse a darle un delicado beso en la mejilla. Fue entonces cuando Hermione no pudo fingir más estar dormida, sonriendo al sentir el roce de los labios del pelirrojo en su piel.  Este rio enternecido mientras continuaba repartiendo besos por el rostro de Hermione, quien reía suavemente, feliz de lo cariñoso que podía ser Ron cuando estaban solos. Poco a poco descendió a su cuello, provocando en ella suspiros de placer que le enloquecieron. Regreso a su rostro para por fin besarla como era debido. Fue un beso largo y apasionado, capaz de despertar sensaciones hasta el momento desconocidas para ambos. No querían detenerse.

Poco a poco el pelirrojo se coloco encima de ella, quien lo abrazó por el cuello mientras enredaba sus piernas a su cadera. Los dos gimieron al sentirse tan pegados el uno al otro. Una ola de deseo los invadió en ese instante. Hermione sintió algo duro rozando su muslo, a la vez que Ron se sonrojaba terriblemente.

-Herm, yo…-se quiso disculpar avergonzado, pero para su sorpresa esta lo beso con más ganas mientras acariciaba su espalada, sorprendiéndolo gratamente. Pero él no era tan tonto, y por instinto atino en continuar con sus besos mientras la ayudaba a quitarse su camisa.

-Yo también te deseo, amor. Quiero que mi primera vez sea contigo, Ron. Hazme tuya…-dijo sonrojada pero segura. Él le dio un suave beso en la frente antes de continuar con su pasión.

Él mismo empezó a acariciar por encima de la ropa de su castaña, quien no pudo evitar gemir débilmente el nombre de él en su oído. Ron. No Krum, no McLaggen. Era SU nombre el que era suspirado por aquellos labios, una y otra vez…

Empezó a tirar de los breteles del camisón de la muchacha, besando el contorno de su apenas pronunciado escote, con intención de quitárselo para poder obsérvala semi-desnuda por primera vez…

-Ronnie, dice mamá que bajes a ayudarla con…-George, siempre prudente, había entrado sin tocar, topándose con semejante escena. Ron reacciono cubriendo a Hermione de la vista del muchacho, quien tuvo un ataque de risa-. ¿Qué tenemos aquí? Prefecto y prefecta acostándose a escondidas de los demás, ¡que escandalo!

- ¡CALLATE, GEORGE! Pueden oírte…

-…por favor, no digas nada…-rogo Herm apenada, cubriéndose hasta la cabeza con las sábanas.

- ¿Qué no diga nada de qué? De que RON ESTABA TENIENDO SEXO CON HERMIONE EN CASA DE SUS PADRES…

- ¿Qué dijiste, tesoro? ¡No te oí bien, repítelo! - respondió Molly, quien en su inocencia no tenia ni idea de la situación que se presentaba a pocas habitaciones de distancia. George encarno una ceja en un gesto malvado a aquella pareja de sonrojados, quienes lo miraban suplicantes.

- ¡Que Ronnie y Herm están saliendo! - los dos suspiraron aliviados, pues entre todo aquello resultaba hasta inocente de decir.

- ¡Eso no es novedad, mi vida! ¡Llevan así varias semanas!

- ¿Llevan así varias semanas? - pregunto travieso sonrojándolos aun más de lo que creyeron que se podía.

- ¡Ya baja, George, que es de mala educación dejar a tus visitas esperando! - el pelirrojo sonrió de lado al recordar a el pedazo de mujer que se encontraba a bajo.

- ¿Sigues saliendo con Angelina? - Hermione quiso matar a Ron en ese momento, ¡que estaba a punto de irse antes de que abriese la boca! Pero no pudo evitar sentir curiosidad también. Ella creía que Angelina había sido novia de Fred, no de George, pero a la vez sabía que George seria incapaz de salir con la chica de Fed. George suspiro en una mezcla de la frustración y anhelación antes de continuar.

-Te lo podre responder en unas semanas. Ahora, un regalo para los novios- se burlo el cantarinamente mientras conjuraba algo. Era un papel y una pequeña botella con un liquido liliáceo.

La castaña, curiosa, leyó un poco para darse de cuenta de que se trataba de una lista de pociones y hechizos anticonceptivos, y aquella pócima lila era la más eficiente de estas. Los dos lo miraron azorados, y George no podía con su risa en ese momento.

- ¿Qué? ¡Agradézcanme, par de lujuriosos ingratos, que a mí nadie me ayudo! - los dos no pudieron evitar reír un poco ante el tono "dolido" de George, quien se mostraba un poco mas alegre desde la ultima vez que lo vieron-. Me alegra que por fin te hayas conseguido una novia que valga la pena. No lo arruines…y bienvenida a la familia, Herm…- se despidió dándoles por fin algo de privacidad.

Los dos se miraron muy avergonzados de repente. Hermione no podía creer lo que le había dicho hacía unos instantes, el modo en que él la había acariciado y besado, como si supiera la manera exacta de hacerla perder el sentido común. Ron simplemente se encontraba extasiado y algo abrumado, pero por sobre todo feliz.

-Ron, yo…-se encontraba demasiado avergonzada como para hablar con claridad, enterneciendo a su pelirrojo, quien le acarició la mejilla.

-Si quieres hablamos luego, ¿esta bien? Que creo que George ha sido demasiado generoso como para ser é y no deberíamos confiar en que permanecerá así si no estamos abajo pronto- Hermione asintió agradecida antes de darle un delicado beso en los labios.

-Te amo- murmuró ella dulcemente antes de levantarse para dirigirse a su habitación a ponerse más presentable para la visita. Ron suspiró embelesado, fascinado por el aroma del perfume de la castaña, el cual estaba impregnado en su ropa y sábanas, embriagándolo.

Una vez bajaron, Angelina, Ginny y Harry los miraban sin poder evitarlo, mientras que George reía por lo bajo. Los señores Weasley no entendían del todo la actitud de los chicos, quienes a diferencia de ellos si habían escuchado lo que había dicho George hacia rato. Ron le dirigió una mirada asesina a George, mientras Hermione se sonrojaba a la vez que le rogaba a Ginny para que dejase de mirarla de ese modo, tan curiosa.

- ¿Qué ocurre, chicos? - pregunto Arthur extrañado mientras que Molly servía el último plato para Angelina, quien seguía disculpándose por su visita de sorpresa.

-NADA- respondieron los 4 más jóvenes al unísono de forma sospechosa, enterando duda en la pareja, mas no dijeron nada. Fue Molly quien decidió romper el silencio.

-Bueno, al menos ya bajaron. No te preocupes, querida. Sinceramente yo le pedí a George que me dijera sobre ti, después de todo, recuerdo lo preocupados que estaban el y Freddie tras tu desaparición. Me alegra que estés bien… ¡y que mejor manera de enterarme que tenerte aquí!

-Gracias, señora Weasley- volteo a ver a George, quien había mirado a otro lado algo apenado de repente. Sonrió con ternura, recordando las pocas veces en que George se había mostrado tímido, siempre al interactuar con ella.

El resto del desayuno fue tranquilo, entre risas y charlas triviales que ayudaban a deshacer la poca tensión que había en el ambiente. Angelina veía contenta como su hasta entonces algo sombrío George reía y pasaba el rato con su familia, quienes a su vez parecían felices de verlo mejor. No se arrepentía de haber aceptado la invitación a la icónica Madriguera Weasley.

 

 

 

-Entonces, ¿te llama la atención la Herbologia? - preguntó Hannah curiosa. Neville asintió emocionado-. A mí también, ¿sabes? Pero la mayoría de las personas que conozco les parece aburrida. Siempre me pareció fascinante como una linda flor puede ser mortal y una hierba un antídoto…

-Entonces te llama la atención su uso medicinal, ¿no? deberías ser medimaga.

-Con las calificaciones que tengo jamás seré medimaga. Pero sanadora quizás. Solo quiero abandonar el Caldero Chorreante en cuanto me gradúe…

-Yo creo que con talento y dedicación se puede lograr ser cualquier cosa, sin importar lo demás…-ella se sonrojo débilmente mientras jugueteaba con su cabello deseando que Neville se diera cuenta de que le gustaba.

-Entones, ¿Qué te gusta de las plantas? Su uso en medicina, en pociones…

-Creo que todo. Solo me gusta cuidarlas y estudiarlas. Si encuentro en el futuro un trabajo que permita eso, asume que lo tomare…

-Se profesor- comento ella haciéndolo reír-. Hablo enserio. La gente necesita a alguien como tú para que enseñe…

- ¿Alguien como yo? - pregunto curioso. Ella se sonrojo antes de responder.

-Noble e inteligente, con verdadera pasión por lo que enseñe- esta vez fue Neville quien se sonrojo. Hannah se levanto de donde estaba sentada, tendiéndole la mano como ayuda para levantarse.

Casi todos los días desde aquella ocasión en el Caldero Chorreante ellos se reunían por las tardes después de los turnos de Hannah en el local o por las mañanas, cuando a ella le tocaba servir en la tarde. A veces iban a dar paseos por Londres, otras simplemente platicaban mientras tomaban un helado o aprovechaban las bebidas gratis que su empleo les proveía en el lugar. El punto era estar juntos, cosa que a los dos les había estado gustando demasiado.

- ¿De verdad odias tanto ese lugar? me refiero, sigas trabajando allí- y, de hecho, se dirigían justamente allí, pues ya casi le llegaba la hora de trabajar.

-A mamá le gustaba trabajar allí. Nunca entendí el porqué, pero estar allí en cierto modo me recuerda a ella, ademas, no es que tenga muchas opciones cuando papá y tía me obligan, ¿o sí? -dijo ella dulcemente. Neville la miro apenado.

-Nunca pude darte el pésame por lo de tu madre. Se lo que lo que se siente no tener una, no imagino lo que ha de ser extrañarla…lo que quiero decir es…- Hannah lo detuvo posando un dedo sobre sus labios. Le acarició tímidamente la mejilla antes de habar.

-Lo sé. Gracias, Neville- murmuro ella avergonzada de repente por no haber podido controlar sus impulsos. Ya a unos pasos de su destino, le soltó la mano. Neville se sintió algo triste de soltarla, y a la vez sorprendido por haber sentido lo anterior-. Nos vemos pronto, Neville…

-Eso espero- murmuro el acomodándole el cabello tras la oreja. Hannah suspiro a la vez que entraba al viejo edificio, siendo interceptada por su prima Josephine, quien la miraba risueña.

- ¡Hannah tiene novio! - se burló la muchacha haciéndola sonrojar hasta mas no poder-Y es guapo además…

- ¡Joyce, mejor cállate que no respondo! Ademas, es solo mi amigo- comento mientras se colocaba su delantal.

- ¡Mientes! ¿O que clase de amigo te regala una flor nada mas por qué sí?

- ¿De qué flor estás…? -pero se quedó muda al ver una bella rosa entre su cabello, justo donde el la había acomodado. No tenia espinas y era muy hermosa, de un brillante rojo escarlata. En ese instante no pudo mas que ir a ponerla en agua a pesar de las risas de su prima, quien había ganado la pelea esta vez. se encontraba perdida por él. Y, ¿Quién sabe? Quizás él por ella también…

 

 

 

Astoria era consciente de que Draco la estaba observando, como solía hacer de lejos cada que ella iba a su casa, no por algo ella se arreglaba con esmero en cada ocasión de tal manera que podría sacar suspiros hasta a él más frío, osease, el rubio.

Pese a ser contadas las ocasiones, cuando hablaban parecía que sus diferencias desaparecían por completo, riendo y charlando por lo que podrían ser minutos u horas. Astoria amaba eso de sus escapadas a la mansión, ver como por instantes Draco se transformaba en alguien realmente interesante, alguien genial con quien estar. Alguien que no merecía ser un exiliado.

- ¿Qué lees? - Astoria lo callo, haciéndolo fruncir el ceño, a la vez que ella le hacia una seña de que se relajase y que esperara un segundo. Al poco rato, ella lo cerro tranquilamente mientras se levantaba del sillón a acomodarlo en la estantería.

-Alicia en el País de las Maravillas, por Lewis Carroll- comento ella enseñándolo antes de guardarlo-. Vi algunas páginas garabateadas…

-Mi madre solía leérmelo de chico. Según yo, estaba coloreando los dibujos- Astoria rio consiguiendo de él una sonrisa. ¿Acaso su hermana le había mentido sobre él? Se supone que él no reía, y desde que ella lo veía reír seguido.

-A mi también, de vez en cuando, cuando mamá era, bueno, una mamá amorosa. Cuando era niña me imaginaba lugares bellos y exóticos donde todo fuera posible…Magia de la de verdad…

-Es curioso que una bruja sueñe con magia, ¿sabes? Casi irónico.

-Hablo de la magia que tiene lo desconocido, lo bello. Hasta los muggles pueden recrearla y vivirla, sentirla… ¿Hable mucho? - dijo algo apenada.

-Quizás, pero me gusta que hables. Eso es magia para mí, ¿sabes? Todo lo que dices. Me es ajeno, pero bello…

¿Cómo negárselo si era evidente que aquella castaña lo tenia prendado desde el primer día? Astoria se sonrojo, mas le sonrió débilmente, mostrando que le había gustado lo que había oído.  ¿Dónde había estado aquella chica durante la guerra? ¿Cómo es qué aquella joven irradiaba tanta bondad, tanta ilusión, tras una guerra tan devastadora?

La ingenuidad no es algo se pierda en un día. Recordaba esas amargas palabras todos los días, viendo como hasta los "buenos" habían perdido sus buenas intenciones y sus buenos presentimientos de las demás personas durante la guerra. Nadie confiaba ni en su sombra, nadie dormía tranquilo y todos luchaban contra los demás con tal de defender a sus excepciones, sin importarles la sangre de quien se derramase en el proceso. En todo eso el se identificaba, y sabia que hasta cierto punto también lo harían los Weasley, quienes se negaban a tener algo en común con él, quizás la única idea que compartiría con ellos. También lo haría Potter y lo hubiera hecho cualquiera en esa posición…pero veía a Astoria y miraba a aquellos ojos verdes, sabiendo que ella no lo haría. Ella era demasiado buena. Demasiado intacta…demasiado diferente a él.

-...A mi me gusta que me escuches- murmuró ella débilmente, mientras se acercaba a él despacio. Él no pudo evitar retroceder un poco, avergonzándola-. Lo siento. Si quieres me voy…- se sintió a morir al escuchar el tonito triste en la dulce voz de la castaña, tan distinto a su usual felicidad.

Pero antes de que ella se pudiera ir, Draco la detuvo del brazo, acercándola a él mas de la cuenta, dejando sus rostros a milímetros de distancia.

-Tori, no hagas nada de lo que después te arrepientas- dijo él en un murmullo, sin la suficiente fuerza de voluntad como para soltarla.

- ¿Es una amenaza? - ¿Es qué no se daba cuenta del efecto que tenían esas palabras cuando las arrastraba? -. Draco, solo necesito saber si lo quieres. Suéltame y me voy-no podía. Por más que el no hacerlo lo volviese un desconsiderado, no lo haría. Tori sonrió de lado-. Eso creí.

Y lo beso

Pese a lo sensual y provocativa que pudo haber sonado al hablar, aquel beso demostraba su inexperiencia, su dulzura. Draco no podía con esa dulzura…

Astoria no podía creer lo que estaba haciendo. ¡Estaba besando a Draco Malfoy! Estaba rompiendo y masacrando todas las reglas que su madre y padre le habían impuesto, estaba arriesgando lo que tenia con el rubio, ¡y jamás se había sentido mas feliz en su vida! Su beso, pese a empezar con inocencia y dulzura, se había tornado a apasionado, a la vez que sentía como las manos de Draco acariciaban tímidamente su cintura, la cual se encontraba expuesta debido a la blusita corta que traía. Él rubio suspiró fascinado. La piel de ella se sentía cálida, tersa y suave, a la vez que Tori suspiraba sorprendentemente complacida ante aquella nueva sensación. Estuvo a punto de acorralarla en una pared, cuando Toire retorno con la ternura del inicio, hasta que se separaron por falta de aire. Era la segunda vez que lo veía sonrojado, siendo la primera aquella ocasión donde lo sorprendió mirándola desde la distancia. Ella se encontraba en las mismas condiciones, con la respiración agitada.

-Te gusta estar conmigo, me gusta estar contigo, ¿tiene algo de malo? - murmuró ella acariciándole la mejilla.

-No quiero que te ilusiones- comento él tomándole la mano. Al principio planeaba apartarla sin más, pero no pudo evitar acariciar el dorso de esta. Era débil, siempre lo había sido y siempre lo seria…-. No me conoces lo suficiente. No sabes como soy. En cambio, basta con verte para ver que te voy a lastimar. No quiero lastimarte. Me importas lo suficiente para tener esa decencia contigo…

-Odio que asuman cosas, Draco, ¿entiendes? No soy tan frágil…

-Lo bello es frágil- argumento él ignorándola, haciéndola suspirar con frustración.

-Tu eres frágil, entonces- el no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa ante el tono de autosuficiencia de aquella castaña-. Y sobre las ilusiones, debiste soltarme. Ahora estoy más que ilusionada. Quiero conocerte, que me conozcas, porque nos gustamos y eso puede volverse más fuerte y no pienso perder la oportunidad de intentarlo. No me la quites Draco. Eso si me lastimaría y mucho…

¿Cómo decirle que no? ¡Como si él pudiera negarse!

Estuvieron a punto de unirse en un beso otra vez, cuando Narcissa entro de sorpresa, sobresaltándolos. Esta los noto extraños, mas no quiso inferir nada.

-Astoria, querida, ya es algo tarde y deberías regresar a casa- comento la mujer con dulzura, a la vez que Draco ponía expresión de niño regañado. Astoria rio por lo bajo a la vez que le daba un dulce beso en la mejilla, cerca de la comisura de sus labios.

-Gracias, Narcissa, tiene razón, la veo pronto. Buenas noches Draco- sin mas se fue a la chimenea, donde despareció a base de red flu. Draco, quien seguía con un ligero rubor en las mejillas, no pudo evitar tocar aquel punto donde había dejado aquel coqueto beso. Narcissa arqueo la ceja.

- ¿Todo bien, mi vida? -pregunto extrañada. Draco tardo un poco en responder.

-Todavía no lo sé…



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