Historia al azar: The Vampires vs. Human
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19 años después » Con el tiempo se suele dar
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Con el tiempo se suele dar

Katherine Wood soltó un gritillo de miedo en el momento en que sintió que su bebe pateaba con fuerza, haciéndola sentir tonta de repente. Debía ser la peor futura madre del mundo, pues por mas que trataba de acostumbrarse, seguía sintiendo pavor cada vez que aquel pequeño se movía, lo cual ocurría muy a menudo.

- ¿Todo bien, Kate? - pregunto Oliver preocupado. Kate. Ella sintió ganas de llorar al sentir el tono distante de su actual esposo, sintiendo aun mas cariño de parte de él recordando el como la llamaba tan solo Bell durante sus años escolares.

 Pero no podía culparlo. Él había tenido planes que suspender con tal de cumplir con su obligación de padre, y casi podía asegurar que de no haber ocurrido aquello del embarazo no estarían casados.

-Nada. El bebe se mueve y patea mucho. Sera jugador de Quidditch como sus papás- murmuro ella risueña consiguiendo del castaño una débil sonrisa-. Aun no me acostumbro del todo…

-No me quiero ni imaginar. ¿Eh, pequeño? ¿Molestando a tu mamá? ¡Ya quiero verlo en su primera escoba!

-Esperemos a que nazca y aprenda a caminar, ¿sí? -el gesto infantil de Wood le enterneció. Todavía recordaba lo aterrados que se sintieron en el momento en el que ataron cabos sobre su embarazo.

Ellos, a punto de luchar en una Guerra, y sin saber que Katie casi cumplía 4 meses de tener un hijo en su interior. Si algo le debían agradecer a la vida era eso, poder estar vivos y completos. Y ahora tendrían un hijo que, planeado o no, les cambiaria la vida. mucho que sobrellevar para unos jóvenes de 19 y 20 años.  Pero era lo que tenia ser descuidado.

-Las Arpías te envían esto- comento Wood extendiéndole una carta de sus compañeras, quienes le deseaban lo mejor y que, tras su recuperación, volviese al equipo más fuerte que nunca-. Y esta es de Ginny…

-Gracias, Oliver. ¿Ocurre algo? - pregunto tímidamente, al ver que el no dejaba de mirar de forma extraña el apenas formado vientre de 6 meses.

-Todavía sigo pensando en lo que dijo el medimago. Tienes seis meses, pero no aparentas mas de tres…

-Me siento bien. Créeme, a mi también me preocupa y he tratado de subir de peso, pero cada vez que toco la comida me dan arcadas…lamento haber dicho eso. es asqueroso…

-Lo único que me molesta de lo que dijiste es que te ocurra a ti. ¿Te parece si mañana volvemos a ir? Quizás puedan darte algo. No sé, no tengo idea de embarazos…

-Yo tampoco, no te preocupes. Estaría bien ir. Todavía no supero el haber peleado embarazada. Debí saberlo, y si en algo le llegase a afectar al bebe no me lo perdonaría…

-Debimos-corrigió Wood suavemente-. Debimos haberlo sabido. Fuimos irresponsables y he aquí las consecuencias. Yo tampoco me perdonaría si por nuestra culpa nuestro bebe sale perjudicado. Anoche no dormiste bien, Bell. Deberías descansar…-sin mas se fue, no sin antes acomodarle uno de los cabellos tras la oreja y apenas acariciarle la mejilla.

¿Consecuencias? ¿Eso era su matrimonio y su bebe para él? ¿Una consecuencia? ¿A qué se refería?

-Tranquilo, pequeño. Mami comerá algo y después dormirá un rato, ¿esta bien? Lamento no ser tranquila como el resto de las mamás- murmuró ella a su bebe. Era un habito que había adquirido: hablar con el pequeño Wood-Bell, quien parecía entenderle pues siempre respondía con pataditas y movimiento.

Me sigue llamando Bell aun siendo su esposa. Pensó ella amargamente, no pudiendo asegurar si era algo bueno o algo malo.

 

 

 

- ¡Buenos días! - saludo Angelina alegremente llegando al local en que desde hacía semanas había estado trabajando. Mia y Henry, dos trabajadores del lugar, saludaron alegremente a la "chica nueva", quien siempre sabia sacarle una sonrisa a su siempre melancólico jefe, George.

-George está en su despacho- comento la muchacha alegremente, haciendo sonrojar a la morena quien reía para apaciguarlo. Ya era costumbre que George y ella se pasasen el día juntos.

-Gracias, Mia. Te mandan esto, Henry- comento entregando un pequeño, pero muy bonito ramo de flores con una nota escrita por una chica que trabajaba en una floristería cercana. Mia no tardo en hacerle burla, y el chico en sonrojarse.

-Gracias, Lina. ¡Ya cállate Mia!

- ¿Qué? Me cae bien ella. Enviándole flores a su princesa…

-Como a ti nadie te hace el favor…

- ¡Vas a ver…!

Angelina reía mientras se encaminaba a donde estaría el pelirrojo, quien, en efecto, se encontraba probando algún artefacto que próximamente vendería.

- ¡Abajo! - grito George antes de que algo en su escritorio explotase dejando consigo una inmensa capa de humo multicolor. La chica, siempre ágil, alcanzo a hacerlo a tiempo, mas el pelirrojo no pudo evitar mancharse de azul y violeta ciertas partes del rostro, haciéndola estallar en carcajadas.

- ¿Osas a reírte de tu jefe, Lina? - comento el "indignado", consiguiendo de ella una dulce expresión de jamás haber roto un plato. A George le pareció adorable, mas procuro no abandonar su semblante.

-Lo siento, Georgie- dijo ella con una sonrisa, acercándose a el con la excusa de quitarle aquel polvo multicolor, acariciando disimuladamente su rostro. George no pudo evitar sonreír de lado a la vez que se sonrojaba un poco. Hubo un punto en el que se encontraban muy juntos, apenas unos centímetros entre sus rostros, con ella acariciando dulcemente su mejilla, a la vez que el acomodaba su denso cabello negro tras la oreja. Sus miradas no abandonaban a los ojos del otro, deseando percibir algo del amor que habían sentido hacia pocos años.

Ninguno se atrevía realmente a hacer nada. George por su lado se sentía abrumado, el jamás era de ponerse a pensar tanto el como actuar, mucho menos el como hacerlo ante una chica. Pero Angelina lo superaba; lo que el sentía por ella no había cambiado en nada, en cambio ella parecía haber cambiado junto con el resto del mundo que les rodeaba. Angelina por su parte sentía que nuevamente era una adolescente hormonal incapaz de derretirse ante aquellos ojos celestes que ahora la miraban atentamente. George, su amor de los años escolares, su eterno niño bromista…

- ¡Buenos días! ¡Traje algo para…! -Vee se sintió realmente mal por interrumpir, pero ya era un viejo habito entrar sin tocar al despacho donde antes estaban sus dos jefes. Los dos se separaron levemente al instante, mas había algo entre ellos, la misma "conexión" que habían tenido al mirarse-. Lo siento…

- ¿Sentirlo por qué? ¡Gracias a ti es que como bien! ¿Qué desayunamos hoy?

-Pastel y café. Traje para todos, si gustas- ofreció ella dulcemente, a lo cual Angie no pudo negarse pues el "no madrugar" hacia que se levantara tarde, y por ende, no desayunar bien. Aunque bueno, pastel tampoco era lo que se llamaba desayunar bien.

- ¿Qué hice para merecerte, Vee? Sam es afortunada por tenerte a su lado- comento el pelirrojo emocionado ante la idea de comer pastel, haciendo reír débilmente a las dos chicas.

Los cinco compartieron del pastel y el café con rapidez antes de que diesen por abierta la tienda. Angelina se sorprendió al ver la enorme clientela que se acumulaba en el local, ¡y eso que no era el horario más lleno!

-A los muggles siempre les llamara la atención lo que no pueden comprender. Si es lindo, divertido y llamativo, no harán preguntas, pero quienes las hacen tratan de encontrarle una razón científica… ¿es que no saben que lo mejor no tiene una razón? - comento George risueño y un tanto orgulloso al ver todo desde el segundo piso. Angelina sonrio al verlo tan feliz.

-Eres un genio- comento ella sinceramente.

-Eso no lo voy a negar- ella rio, lamentándose por alimentar su ya enorme ego-, creo que a Fred le hubiese gustado saber que el local tuvo éxito…

-Eso no lo dudes- comento ella acariciándole el dorso de la mano, la cual la tenia apoyada en el barandal-. Te extrañe, George…

- ¡Jefe, necesito su ayuda con esto! - pidió Henry, quien al ser un squib, no comprendía del todo a los micropuffs.

-Extrañaba hablar contigo, Angie. Pero el deber me llama- comento al ver como Henry era atacado por aquellas pelusas osas y moradas. Era una suerte que los muggles no viesen nada-. ¿Qué te parece si nos vemos luego?

- ¿A hablar? - comento ella burlona.

-A lo que usted quiera, bella dama- comento galantemente haciéndola sonrojar cuando el tomo su mano para besarla, antes de irse a socorrer a su buen Henry de aquellos pequeños engendros.

- ¡Se ligo al jefe! - se burló Mia mientras cobraba algunas cosas, haciendo reír a quienes oyeron (incluyendo al jefe) y avergonzando a la aludida.

- ¡Cállate, Mia!

 

 

 

Hermione leía tranquilamente lo que, se suponía, debían haber visto en séptimo grado pues deseaba no ir en ceros. Se encontraba sentada entre las piernas de Ron, quien contemplaba tiernamente lo concentrada que podía estar a la hora de estudiar, haciendo un sin in de gestos sin que ella misma se diera cuenta. Habían decidido ir al enorme campo que tenían por jardín y decidieron acomodarse bajo la sombra de un árbol.

-Debe ser aburrido para ti, ¿verdad? Lo siento, ni te he dicho nada -se disculpó Herm apenada tras media hora así, extrañando al muchacho-. Por suerte ya acabé, no te preocupes…

- ¿Aburrido? Herm, me gusta pasar tiempo contigo, así sea viéndote leer, estudiando algo que no entiendo o fingiendo no saber tocar el piano…

- ¿Sabías tocar el piano? - pregunto ella al recordar lo exhaustivo que había sido conseguir que tocase algo aquella vez hacia unos meses. Ron se puso un tanto nervioso, pues a pesar de los años seguía sin identificar cuando estaba enojada o sorprendida.

-Charlie me enseño a los 10 años. Desde entonces me enseño a leer partituras y, cuando podía, tocaba. Tampoco es que sea experto…Se que probablemente hubieses preferido pasar tu tiempo en otra cosa, pero insisto, siempre me ha gustado estar contigo…

Hermione cerro su libro y lo miro por encima de su hombro.

-También me gusta estar contigo, Ron- dijo ella sonriente antes de besarlo dulcemente. Ron simplemente mantenía sus manos en su diminuta cintura-. No puedo creer que estemos así al fin…

- ¿Cómo? - pregunto extrañado mientras acariciaba distraídamente los caireles de su castaña.

-En paz, tranquilos, juntos y felices. Si te soy sincera lo deseo desde tercer grado. Y ahora que por fin ocurrió es mejor de lo que imaginaba…Eres muy dulce, Ron, eso sí me sorprendió…

- ¿Ya no soy una cuchara de té? - pregunto el haciéndola reír suavemente.

-Lo eres, menos conmigo- admitió ella risueña.

- ¡Que no lo diga todo el tiempo no significa que no te ame! - se excusó el dejándola atónita. El no entendió la actitud de su novia y temía haber dicho algo malo-. Herm…

- ¿Me amas? - pregunto ella con un hilillo de voz, tímida de repente y con una ilusión conmovedora mientras se acomodaba para quedar frente a él y a su atura, pues el seguía sentado. Entonces comprendió: el no le había dicho que la amaba. Se sintió realmente idiota de repente, pensando en que tan distraído debía ser como para olvidarlo, pero en su defensa, el había dado por pensado que ella, quien lo sabía todo, ya lo sabía.

-Más que a nada, Herm- aseguro el mirándola fijamente a los ojos. Ella se abalanzo a besarlo con fuerzas, terminando los dos recostados con ella encima de él.

-También te amo, Ron- murmuro contra sus labios antes de volver a besarlo. El pelirrojo no podía mas que responder con el mismo ánimo, acariciando suavemente la espalda y cabellos de su amada, quien suspiraba sin poder evitarlo ante tan agradable sensación.

- ¡LA CENA ESTA LISTA! - el grito de la señora Weasley apenas se llego a escuchar en donde estaban, haciendo que agradecieran el que nadie los hubiera visto desde la distancia.

-Sera mejor que vayamos- comento Herm sonrojada mientras se levantaba, a la vez que su novio la seguía alegre y risueño. Los dos caminaron tomados de la mano, y cuando llegaron donde la matriarca Weasley y amigos estos se sorprendieron de ver que llevaban semanas sin discutir .

-El noviazgo les sienta bien- comento Harry haciéndolos sonrojar-. Al menos así dejan de meterme en sus peleas…- Ginny reía mientras picoteaba su plato. Se encontraba un poco nerviosa por lo que le fuera comunicar Katie sobre el equipo. Pero debía disimular para no extrañar a nadie.

-Ya ni siquiera preguntamos, ¿Cómo les fue con Teddy? - pregunto Hermione curiosa mientras se sentaba en la mesa, agradeciendo de nueva cuenta a los señores Weasley por la comida. Pudo adivinar por sus expresiones que no había ocurrido nada malo.

-Es diminuto y adorable, les gustaría verlo- aseguro Ginny enternecida.

- ¿No se les cayo? - pregunto Ron haciendo reír por lo bajo a Harry. Ginny se sonrojo apenada al recordar que casi se le cayo por el susto del trueno, pero bueno, Ron no debía porque saberlo.

-No, es muy tranquilo. Se parece a Remus- comento Harry nostálgico, provocando un pequeño silencio en la mesa. No era incómodo, simplemente significativo. Fue el señor Weasley quien lo interrumpió.

-Entonces no hay problema en que lo traigan aquí cuando quieran. Todavía recuerdo como era Nymphadora de niña…

- ¿Conocieron a Nymphadora de niña? - pregunto Ron sorprendido. Sus padres asintieron, confundidos al ver el escepticismo del resto de jóvenes en la mesa.

-Tonks tenia la edad de Charlie, chicos. No digo que fuéramos cercanos, pues ella ni nos recordaba, pero si la conocimos. Era un pequeño demonio multicolor, pero si es pequeño y tranquilo Teddy puede venir causando lo quieran traer…

-Que pequeño es el mundo- comento Herm sin más, concluyendo con el tema-. En fin, estoy ansiosa por regresar a Hogwarts…

- ¿Tu si cursaras todo el año? - pregunto el señor Weasley curioso, sin poder evitar notar un atisbo de tristeza en su hijo.

-Si, creo que para mi será lo mejor. Quiero normalidad a partir de ahora, eso incluye graduarme en un año como todos. Lo único que lamento es no hacerlo con ustedes- miro a Ron y a Harry-pero bueno, al menos estarán Ginny, Neville, Luna y el resto…

-Ustedes dos échenle ganas. Merecen ser Aurores y si estudian no habrá problema con ello- aseguro Arthur mientras ayudaba a su mujer a poner servir el postre.

- ¡Dejemos de escuela! ¿Quieren normalidad? A su edad todos odian la escuela y aman el pastel-comento la señora Weasley haciéndolos reír a la vez que agradecían por todo.

Los cuatro lavaron los platos y, dado a que era aun temprano, decidieron ir a jugar en un lago cercano a los terrenos de la Madriguera. ¡Qué verano más divertido!

 

 

 

-Bienvenido a Departamentos Adler. Phoebe Adler, para servirle. Rentamos departamentos de todos los tamaños y precios por el tiempo en que usted lo necesite con todo lo necesario para vivir bien. ¿Usted es?

-Rolf Scamander- comento el joven, algo cohibido ante la mirada de unos ojitos grises pertenecientes a una preciosa muchacha quien fingía leer una revista-. Necesito un departamento sencillo, solo para mi y de preferencia con ventanas…

- ¿Le parece un balcón? Aunque es un poco más caro…

-Con que halla luz natural. Tengo plantas que la ocupan. El dinero no es problema.

-Claro, plantas. ¿Tiene animales?

-Bastantes, pero están aquí- apunto su maleta, dejándola algo extrañada-. Soy zoólogo. Pero juro que no habrá problemas.

-Como usted diga. Tenga su llave y espero que encuentre aquí un pequeño hogar. Cualquier duda o sugerencia diríjase directamente conmigo.

-Gracias, Phoebe.

- ¿Rolf Scamander? - pregunto la ojigris levantándose del sillón de la recepción y pestañeando con coquetería-. Audrey Hart, una de sus vecinas al parecer.

- ¡Ah, un gusto! - comentó el mientras firmaba, pero cuando iba a voltearse para verla bien no pudo evitar prestar atención en las pequeñas criaturas que la rodeaban, palideciendo al instante.

- ¿Estas bien, Rolf? ¡Parece que viste a un fantasma! - comento Audrey tratando de sonar despreocupada.

- ¿No los ves? ¡Están alrededor tuyo! - pregunto confundido. Phoebe considero si echarlo de una vez o esperar a la posibilidad de que estuviera bromeando.

- ¿De qué hablas? - pregunto la castaña mirando a su alrededor angustiada. Rolf suspiro.

-Lo siento, Audrey. No quise asustarte…

-No me asuste…

-En fin, nos vemos- se despidió apenado mientras subía sus cosas.

Phoebe entonces noto lo preciosa que lucia su amiga, quien evidentemente planeaba salir a algún lado. Llevaba un vestido champagne corto y ceñido que dejaba ver su escultural figura, el cabello suelto en un tirabuzones y tacones de aguja que daban vértigo.

-Era guapo, pero raro. Todo un Scamander: extravagantes. Pero será divertido tenerlo como vecino, al menos este loco no es neurótico aburrido…

-No hables así de Percy…

-¡Me dijiste que era bueno!

-Y lo es, es un buen hombre. Es solo que es un poco anticuado…

-Es un anciano atrapado en el cuerpo de un joven atractivo. Una perdida nacional, en pocas palabras…

- ¿Atractivo? - pregunto Phoebe sorprendida.

-No era nada feo. Pero su personalidad le resto todos sus puntos- comento desinteresadamente mientras jugueteaba con su cabello-. Quiero salir mas no conozco nada de aquí, pero entonces pensé, ¿Por qué no ir de fiesta con mi vieja amiga Phee?

-Quizás porque debes de estudiar y yo trabajar- comento ella mientras ordenaba unos papeles. Audrey entonces se puso a suplicar.

- ¡Por favor, solo hoy! ¡Necesito despejar mi cabeza! ¡Puedes,puedes,puedes…!- lloriqueo con su mejor tono suplicante, consiguiendo hartar a Phoebe.

-Dame media hora. Mientras tanto, ve y entrégale esto al departamento 42A- le entrego unas bolsas de sangre pues allí vivían un par de vampiros que solían cazar por el barrio en ausencia de Phee. A Audrey le asqueaban, pero acepto de mala gana.

- ¡Si me atacan y me vuelvo una de esas cosas te juro que te convierto yo a ti! - sin más subió, dejando a su amiga en sus asuntos.

Phoebe esperaba una media hora tranquila: terminar de acomodar, cerrar y arreglarse con magia para ir a celebrar la llegada de su antigua amiga como era debido. Pero entonces llego un sujeto más.

Era joven, 18 o 19 años quizás, robusto y fornido, rubio y con la apariencia de cualquier chico adinerado de fraternidad universitaria: mimado y algo tonto. Sin embargo, no le repelió, por el contrario, le llamo demasiado la atención. No era raro, pero era raro para un mago.

-Buenas noches. Vi anuncios de que aquí se rentan departamentos…

- Bienvenido a Departamentos Adler. Phoebe Adler, para servirle. Rentamos departamentos de todos los tamaños y precios por el tiempo en que usted lo necesite con todo lo necesario para vivir bien. ¿Usted es?

-Dudley Dursley. Ocupo uno en lo que obtengo una residencia estudiantil, ¿4 meses quizás?

- ¿Estudiantil? - rara era justamente la palabra para describir la situación-. Entonces, ¿solo eres tú?

-Si. No tengo especificaciones ademas de esa. No muy cara pero tampoco barata…

- ¿Qué le parece esta? - le mostró la información de uno, extrañándola cuando pregunto cual era el precio. ¿Es que no era claro cuántos galeones?

- ¿Va a pagar con dinero muggle?

- ¿Muggle?

-Esto es en euros, ¿le parece? - dijo anotando la cantidad tratando de notar algún acento extranjero. Pero nada, era de Inglaterra. Algo malo estaba pasando.

-Claro, lo tomo- dijo el, contento de cerrar el trato de una vez-. ¿Me da la llave? - le costaba, pero trataba de ser amable con los demás. Quizás también ayudaba el hecho de que aquella muchacha era muy bella como para ser altanero con ella.

-Claro. Disfrute su estadía y ojalá encuentra aquí un segundo hogar…

Un momento. ¿Sería él…?

Si alguien no sabe que es un muggle, ¡es porque probablemente sea uno! Su corazón se acelero hasta el punto en el que se tuvo que sentar para respirar bien. ¿Cómo era posible que viese los letreros? ¿O que diera con el lugar? ¡Solo se podía hacer eso con magia!

O si tienes contacto con parientes o seres mágicos por mucho tiempo. Tras un año, es imborrable…

Pero si era muggle… ¡Había metido a un muggle a un lugar lleno de magos, vampiros, y demás cosas peligrosas para él y fuera de su comprensión! ¡Debía echarlo lo antes posible!

Pero si se corre la voz, irás a prisión o como mínimo te cerraran el negocio…

Esa voz de cabeza llamada razón no dejaba de atormentarla. ¡La que se había armado ella sola! Quería llorar, ¡no sabía que hacer!

-Phoebe, ya lo hice, ¡Vamos! - dijo Audrey alegre bajando por la escalera, aunque al ver a su miaga tan alterada le bajo el ánimo al instantes-. ¿Todo bien, Phee?

En otras circunstancias había roto a llorar a su habitación, mandando al diablo los planes de esa noche. Pero ella también deseaba desguindarse de responsabilidades esa noche, asique en un movimiento de varita se arreglo y cerro el lugar.

-Demasiado trabajo por hoy. Ahora es tiempo de chicas…

- ¡Esa es mi amiga!



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