Historia al azar: Lagrimas del corazon
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19 años después » Ella
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Ella

Astoria contemplo su reflejo en el espejo enorme de su habitación por ultima vez, pues se negaba a salir siendo un desastre, rasgo que había heredado de su extravagante madre y egocéntrica hermana mayor. Alisó las ligeras arrugas de su vestido amarillo pálido. Por un segundo dudo si salir de su casa vistiendo aquel vestido tan aniñado, pero al final decidió que era lo mejor si quería ir a ver a Narcissa, quien siempre valoraba el que una señorita vistiese de forma recatada.

- ¿A dónde crees que vas, mi niña? - pregunto Daliah con su usual tono entre lo dulce y el desdén. No malinterpreten, Astoria amaba a sus padres. Simplemente que odiaba ciertas actitudes de ellos con las que no podía estar de acuerdo, ademas, lo último que quería era explicar a donde se dirigía.

-A ningún lado- respondió con toda la dulzura que le fue posible, aunque no pudo conseguir una sonrisa que no luciera como una horrible mueca.  Daliah gruño por ello, después de todo, Astoria debería procurar no faltarle al respeto a su mamá.

-Aunque solo sea ir a "ningún lado" debería acompañarte tu hermana. Eres muy pequeña aun como para salir sola. ¿O acaso te tengo que recordar lo que le paso a tu amiguita Thalia por desobedecer las indicaciones de su padre?

-Lo que le paso fue por bastardos desesperados porque Voldemort no los matase. Ojalá se pudran en Azkaban…

- ¿Dónde es "ningún lado"? - pregunto nuevamente la mujer, haciendo rabiar a la castaña.

- ¡Tori, que te había dicho sobre esperarme! - de repente llego Daphne, quien si sabía hacer el papel de niña mimada de mamá-. Madre, no te sulfures. Toire iba a acompañarme a ver a Pansy. Con el arresto de su padre, la pobre está muy acongojada…

- ¡Que desgracia! Aunque se lo tenia muy merecido. Aquel sujeto solía ultrajar jovencitas a escondidas de su esposa. Aristides y yo jamás entendimos como no le remordía la conciencia, ¡tendrían la edad de su propia hija!

-Y es justamente ella quien necesita de sus amigas, ademas, a Tori le vendría bien salir un poco. Prometo que estaremos aquí antes de la cena- aseguro ella haciendo el mayor esfuerzo por convencer a su madre. La mujer miro atentamente a sus hijas antes de suspirar cansinamente.

-Esta bien. Pero el permiso es solo para la casa de los Parkinson, ¿quedo claro?

-Si madre…

-Si mamá…-Daliah estaba a punto de corregir a su hija menor. "No es mamá, es madre, no seas insolente" se les decía a los niños sangre pura a modo de que no perdiesen el respeto a los mayores. Pero no podía evitar reconocer que le gustaba escucharlo. Su Astoria, una eterna niña pequeña. De por si no solían llevarse tan bien, ¿Por qué corregirla por algo que en realidad no era malo?

Daphne y Astoria salieron de la casa tras despedirse, viéndose en la necesidad de ir por sus sombrillas a la vez que Daphne tomaba el transportador de su familia, osease, un anillo de esmeralda. Vaya que la aristocracia de los magos no sabia que hacer con tanta joya, pensó Astoria, pero no dijo nada.

-No pienso acompañarte a ver a Pansy. A ella nunca le he agradado, y a mí tampoco me hacía gracia verla todos los veranos. Lo siento-la rubia rodo los ojos. A veces se preguntaba como era posible que estuviesen emparentadas.

-Ni yo pienso ir a verla, mucho menos contigo de acompañante. Lee esto- le extendió un pergamino perfectamente enrollado. Las iniciales "P.P" lucían en el sello de cera plateado. No se necesitaba ser un genio para acertar de que era una carta de Pansy Parkinson.

Querida Daphne

No sabes lo avergonzada que me siento… ¡como demonios pudo hacernos esto! Mi madre y yo jamás podremos mostrarnos en sociedad sin ser relacionadas con él. Y pensar que, en otras circunstancias, pudimos ser tu o yo. En fin, por favor no me vengas ver. De hecho, pídeles a los demás que ignoren mi existencia un rato. Me refiero a Theo, pues ya sabes lo sensiblero que resulto ser…

Deseándote lo mejor, Pansy…

- ¿Entonces a dónde vas, Daphne? - pregunto Astoria confundida. Noto entonces que su hermana se había esmerado en su apariencia mas de lo usual, con aquel vestido guinda que dejaba a relucir su estilizada figura.

-Podría decirte y preguntar de paso a donde te diriges. Pero prefiero fingir que de verdad vamos donde los Parkinson y ahorrarnos las preguntas molestas- sugirió con aquel usual tono que Astoria reconocía de cada vez que Daphne planeaba hacer algo que sus padres considerarían inapropiado para jovencitas de su edad. Astoria en si haría algo que ellos catalogarían como inapropiado para una joven. Pero aquello era el primer acto de complicidad que tendría con su hermana en mucho tiempo. No iba a negarse.

-Por mi esta bien, pero creo que para usar transportadores se necesita ser mayor de edad o ir con mayor de edad. Yo tengo 16 aun- murmuro apenada, temiendo echar a perder sus planes.

-Por eso es por lo que te voy a prestar mi varita. Yo soy mayor de edad, o sea, no te va a rastrear pues para ellos la que se va a aparecer soy yo, no tú. Yo usare el transportador…

- ¿Segura? - pregunto Astoria, cohibida pues ella en su lugar jamás prestaría su varita a nadie. Daphne asintió, conteniendo la risa ante la actitud de su hermana.

-Solo promete estar aquí cinco minutos antes de las seis. Mamá debe vernos llegar juntas, asique no antes ni después, ¿entiendes?

-Si, no te preocupes- ¿Cómo le haría para estar cuatro horas en la mansión Malfoy? Pero bueno, ese no era problema de su hermana. Sin más, la mayor de las Greengrass desapareció. Astoria solo pudo suponer que fue lejos, pues de no haber sido así, ¿Por qué no solo se aparecía sin más?

Un par de movimientos de varita y ya se encontraba en la residencia Malfoy, donde al parecer ya no estaba lloviendo. Suspiro mientras cerraba el paraguas y tocaba la puerta. Por un segundo se arrepintió de llegar sin más, actitud que para algunos podría llegar a ser maleducada. Lo ultimo que deseaba es ser mas imprudente de lo que sospechaba, ya era. Pero antes de que pudiera marcharse a correr, la elfina domestica abrió la puerta, disculpándose repetidas veces por la tardanza.

-No se preocupe… ¿Cómo te llamas? - pregunto Astoria dulcemente mientras entraba a la enorme casa. en ese recibidor podrías construir toda una casa pequeña, pensó la joven, sorprendida por la riqueza de aquella familia. Y creía que su casa era inmensa para cuatro personas, ¡y pensar que en aquella solo vivían dos!

- Mimsy, señorita. Mil perdones otra vez, señorita… ¡ni siquiera la he presentado como es debido! ¡soy un fiasco! - Astoria le detuvo antes de que esta pudiese golpearse asimisma. La elfina la miro acongojada-. La señora Narcissa ya me había dicho que no me golpeara. ¡Por que no soy capaz de seguir una simple…!

-Astoria Greengrass. Mi nombre es Astoria Greengrass, asique solo preséntame y deja de insultarte. Me haces sentir muy mal, Mimsy. Por favor, solo encárgate de esto y haz caso a tu ama sobre no dañarte. Me duele verlos así, a todos los elfos…- le tendió un pañuelo para que secase sus lágrimas, cosa que la elfina acepto entre muchas reverencias y agradecimientos.

-Gracias, señorita Greengrass. Espere aquí en lo que le comunico a la ama Narcissa de su presencia.

Mimsy abandono el recibidor, dejando a Astoria sola merced de su curiosidad. No pudo quedarse quieta por mucho tiempo, razón por la cual empezó a explorar aquel inmenso cuarto. Tantas obras de arte, retratos de lo que, por sus rasgos, pudo intuir que se trataba de antiguos miembros del clan Malfoy. Esculturas de mármol, muebles finos. En fin, parecía un castillo en forma de mansión. Pero pese a la belleza siniestra de todo aquello, solo pudo sentir lo segundo. Todo le parecía demasiado siniestro como para ser bello. ¿Por qué no abrían las enormes ventanas y se limitaban a la leve luz de los candelabros?

 Draco Malfoy, quien hasta ese entonces se la había pasado encerrado en su habitación sin ánimos de hacer nada, se quedo asombrado al encontrarse con aquella extraña husmeando por los rincones de su casa. Decidió no terminar de bajar los escalones y contemplarla desde la distancia, después de todo, no se encontraba en la mejor versión de si mismo en ese momento, despeinado y con aspecto cansado de tanto tiempo sin conciliar el sueño.

Bonita. Por mas que odiaba lo cursi que podía sonar la palabra, era perfecta para calificar a aquella intrusa desvergonzada. Tan angelicalmente bella con aquellos andares alegres y vestidos de tela delicada que dejaban ver con disimulo su preciosa figura. Deseo entonces que se volteara para corroborar si su rostro era tan bello como el resto de su persona. ¿Por qué tanta curiosidad por aquella muchacha? Y más importante aún, ¿Qué hacia ella allí?

- ¡Astoria, querida! ¡Dichosos los ojos que te ven! ¡Que sorpresa verte aquí! ¿Qué te trae aquí, si se puede saber?

-Disculpe el presentarme aquí sin invitación o aviso. Realmente no me trae aquí nada en particular. Ya sabe, una bibliófila siempre buscara libros nuevos, y en casa ya me acabé todos…luego recordé que usted solía mencionar que aquí había una biblioteca. Venía a preguntar si me permitía tomar unos libros prestados en lo que convenzo a papá de adquirir tomos nuevos. Ademas, siempre me agrado su compañía…

-Mi niña, eres bienvenida aquí siempre que quieras. Te entiendo, mi padre tampoco solía permitirme leer cuando tu edad. Siempre fue de la idea de que tantas ideas eran peligrosas en la mente de una jovencita, volviéndolas rebeldes y soñadoras. Fue hasta que me case con Lucius que el mando a construir nuestra pequeña, pero muy completa biblioteca…- suspiro melancólicamente, recordando a su marido. Astoria se sintió mal de repente, pues si bien se alegraba de que los mortifagos cayesen, odiaba ver a alguien tan amable y centrada como Cissy triste por la pérdida de su marido-. En fin, me alegra y siempre apoyare a quien quiera aprender, o porque no, solo entretenerse con un buen libro, en especial si se trata de alguien tan adorable como tú…

-Gracias, señora Malfoy. Quizás vine por libros, pero si tiene tiempo libre me gustaría, no se - de repente se apeno, pensando que ella quizás lo había dicho por mera cortesía en aquella ocasión-hablar con usted. Se que probablemente no lo recuerde, pero de verdad agradezco su apoyo en ese entonces. Se que para el resto Thalia no era la gran cosa, pero era como una hermana para mi…

Thalia. Muerte. Dolor. Tortura. Esas tres palabras golpeaban en la conciencia del rubio, haciéndolo estremecer del miedo. La ley, según muchos, no lo había castigado como se merecía, entonces, ¿seria el karma quien se encargaría a ponerlo en donde merecía? Pues recordando el como le había dado la espalda a su amiga durante su encierro, simplemente se podía imaginar el karma como ella. Él tenia y seguía teniendo plena conciencia de las atrocidades que le habían hecho allí. Jamás se unió, pero lo permitió, al igual que con muchos otros impuros y traidores que tuvieron la desgracia de terminar en el infierno que había resultado su inmenso sótano. ¡          Hasta se sentía mal por Granger, a quien odiaba con todo su ser! Bellatrix, su tía, había mostrado tan solo un poco de su sadismo en ella. Era un alivio para todos que ya no pudiera desatar mas caos.

Narcissa simplemente miro enternecida a aquella jovencita que, pudiendo estar tranquilamente en su casa, había ido a visitarla. Todavía recordaba lo dolida, pequeña e indefensa que aparentaba ser en el momento en que dieron a su amiga por desaparecida, aun peor cuando se dio la "buena noticia" de que la habían atrapado. No es que ahora luciese fuerte, pero ahora era mayor, mas serena y segura de sí misma, cosa que imponía respeto. Como se lamento no haber aprendido a ser así de joven, no que ahora era obligada a estar sola sin su marido.

-No te preocupes, Tori. ¡Que mas quisiera yo que algo de alegría y juventud en esta casa! mi pobre Draco, tiene 17 pero ya ha pasado, por tanto, lo cual se nota en su actuar. Si su aura se pareciera, aunque sea en lo mínimo a la tuya, sería más feliz…

Como se lamento Draco de que su madre se expresase así de él. ¿Qué se supone que debía pensar? Su propia madre le veía débil, justo cuando él deseaba cuidarla de la sombra que había dejado caer Lucius en su hogar. Como odiaba a su padre por aquello. Deseaba de todo corazón que su vida se acábese pronto, así podía liberar a su madre de ese estúpido compromiso de matrimonio y a él de la desgracia que había acarreado a su apellido.

-Por cierto, discúlpame con tu hermana y sus amigos por la actitud que tuvo mi hijo cuando vinieron a verlo. Dado a que el resto de los compañeros de el ni siquiera fueron para dar la cara, puedo asumir que para bien o para mal, ellos tres son los únicos amigos de verdad que le quedan a mi pequeño. No me gustaría que los perdiese por una faceta que no durara mas allá de un par de semanas…

-Daphne lo entiende. Asumieron que, en cuanto el quisiera, les hablase. Desean hablar con él, en especial mi hermana por mas que se empeñe en demostrar lo contrario. Pero a la vez creen que necesita estar solo…

- ¡Mi Draco, como no se cansa de estar solo! Hasta su vieja madre agradece la compañía- dijo consiguiendo una pequeña risa de la castaña. Entonces Draco por fin tuvo una visión perfecta de su rostro, y desde el ángulo en el que se encontraba sería muy difícil que la jovencita se diese cuenta de que tenía un espectador.

Preciosa. Su rostro, fino y delicado, parecía el de la mas bella de las muñecas de porcelana, muy distinto del de su hermana. Sus lindos ojos enormes eran de un extraño color entre el verde y el azul, enmarcados por unas tupidas y rizadas pestañas, largas y oscuras como la noche misma. Su piel clara y apenas sonrojada, de haber estado maquillada no hubiese sido capaz de percibir las pequitas que se esparcían en sus mejillas y nariz. Debía ser veela, pues si no era incapaz de explicar el porque de que se sintiese tan embelesado por ella.

-Cada persona es un mundo. A mí también me gustaría estar sola la mayoría del tiempo, pero cuando se trata de las penas…en fin, valoraría la compañía de quien sea…

- ¡Ay, mi vida! Ven, vamos, que el té esta listo- suspiro Narcissa adelantándose al salón.

Astoria entonces volteo sin saber porque para encontrarse con la mirada de unos ojos grises. El rubio, apenado, se maldijo cuando sintió sus mejillas sonrojarse. Es muy guapo, pensó ella al mirarlo, aunque le causo gracia que la estuviese espiando. Le guiño el ojo y tras dedicarle una débil sonrisa siguió a Narcissa, dejando al joven gratamente intrigado.

Deseaba poder volver a verla, aquella pequeña traviesa que lucia tan alegre. Y se alegró de saber que estaría viniendo muy seguido a partir de ese día…

 

 

Percy suspiro cansinamente. Aquel era su primer día de trabajo desde el fin de la guerra. Eso lo alegraba y a la vez lo agobiaba terriblemente. No quería fallar en su profesión, pero también estaba la recién tomada decisión de pasar mas tiempo con su familia. Tampoco podía permitirse fallar en ese aspecto. Pero por ahora tenia la ayuda involuntaria de Ron y Ginny, quienes al ser menores que ni siquiera habían terminado sus estudios permanecían en casa junto con sus respectivas parejas. Deseo de corazón que por el momento aquella fuera suficiente compañía para su sentimental madre y entusiasta padre.

-Buenos días, Percival, ¿Cómo estás? ¿Por qué tan pálido? Esta bien que hay que llegar temprano, pero no te saltes el desayuno- saludo Kingsley alegremente, tomando por sorpresa al pelirrojo, quien todavía no se acostumbraba a la actitud alegre y calmada de su nuevo ministro.

-Buenos días, señor Kingsley. Estoy bien, no se preocupe. Veo que las cosas siguen siendo algo…-no supo muy bien que palabra emplear para describir las oficinas. Gente iba y venia sin cesar, pero para Percy eso ya era algo. Casi un mes paralizados…era normal que ahora todo fuese muy rápido.

- ¿Caótico? - aventuro con una sonrisa-. Yo solo espero que sea solo cosa del inicio. No sabes lo mucho que agradezco de tu pronta reasignación al área laboral, en especial dadas tus circunstancias. De nueva cuenta y como ya he dicho al resto de tu familia, lamento que tu hermano se halla ido tan pronto. Solo el tiempo curara del todo el dolor de aquello, y aunque me sorprende lo distinto que pueda ser del resto de tus hermanos, espero que en el trabajo encuentres la distracción que necesitas…

-Gracias, Kingsley- comento algo aturdido. Recordó momentáneamente el inerte cuerpo de su hermano, a Ron llorando desconsolado y a George destruido. Quizás le costaría un poco mas de lo que creía acoplarse a estar sin él, por mas que se lo había ganado por tanto tiempo de ignorarle-. ¿Usted tiene idea sobre si Hogwarts estará en pie para el siguiente curso? Todavía recuerdo lo lleno que estaba, ademas, ahora parece mas un cementerio que otra cosa- comento con cierto dejo de tristeza. ¿Cómo no sentirse melancólico al recordar su antigua escuela?

-Hogwarts resurgirá de sus cenizas, cual Fénix. Y sí, creo que conseguirá hacerlo a tiempo para que sus hermanos completen sus estudios sin atrasarse demasiado, aunque en el caso de Ronald y Harry solo seria el primer trimestre, pues la Academia de Aurores retoma sus clases a partir de enero. Tan solo presentaran sus EXTASIS, pues es el único requisito que les faltaría…

-Gracias, señor. Debería avisarles, pues conociendo a ambos es vendría muy bien que fueran estudiando desde ahora…

- ¿De que hablas? Todavía les quedan casi 6 meses antes del examen. ¡tiempo les sobra!

-Si habláramos de Hermione, estaría de acuerdo. Pero hablamos de Ron y Harry, quienes probablemente olvidaron todo lo visto que no hayan anotado en algún lado…

-Tienes razón. Avísales de mi parte, Percival. Ahora si me disculpas, tengo cosas que ver con el Consejo…

-Que tenga buen día, señor ministro. Éxito con el consejo- Percy no creía en la suerte, pero de existir realmente deseaba que estuviese del lado de aquel hombre tan amable que, parecía, seria un muy buen ministro.

-Igualmente, Percy- todos miraban asombrados como el nuevo ministro tenia la facilidad de charlar con el resto empleados de la misma forma que hablaría con cualquier otro miembro del consejo, o mas impresionante aun, que empleaba el mismo respeto con todos, ¡incluso con los seres y elfos!

Percy suspiro mientras se dirigía a su oficina. Era muchísimo mas amplia que la anterior, esto debido a que le habían ascendido y esta vez había sido por sus esfuerzos, cosa por la cual se sentía mas que orgulloso.

El día fue largo, emocionante pero agotador. Deseaba llegar a casa y descansar, razón por la cual se quedo un poco mas de tiempo en el Ministerio para terminarlo todo y así, según él, poder disponer de toda la tarde-noche para estar tranquilo.

- ¡Buenas tardes, Phoebe! - saludo Percy amablemente a la casera, quien solo le sonrió mientras cerraba su revista.

- ¡Hola, Percy! ¿Cómo te fue? Luces muy animado- comentó la joven alegremente mientras le daba un sorbo a su taza de café. Phoebe era una chica joven y preciosa, que tras heredar una enorme casa con ubicación privilegiada la había adaptado para transformarla en departamentos aptos para magos y seres semi-humanos no peligrosos. Desde que Percy había conseguido independizarse vivía allí, en el cuarto 137, antes rindiéndole cuentas a los señores Adler, y ahora a su simpática hija. Si que era una enorme casa por dentro.

-Fue un buen día. Toma, de una vez adelanto lo de el mes que viene. Ademas, te traje esto- le tendió un pastelillo, recordando el drama que había hecho hacía semanas porque, según ella, nadie le invitaba nada. Ella sonrió anchamente mientras anotaba que, como siempre, Percy adelantaba su pago del alquiler. A ese sujeto no le gusta quedar a deber nada, pensó ella con ternura, pues le había agarrado cariño con el tiempo.

- ¡Espera! - llamo ella, recordando lo que tenía que decirle-. Tienes nuevos vecinos, de hecho, una, es solo una chica. pago la renta de los próximos 6 meses, asique supongo que esta es definitiva. De una vez digo, lo lamento. Te juro que de haber podido acomodarla en otro…

- ¡Ey! ¿Qué tan mala puede ser? Ademas, no me vendría mal una vecina…

-Tu no la conociste. Me cayo bien, pero no es exactamente tu tipo de persona…

- ¿Y cuál es mi tipo de persona, si puedo saber?

-Ya sabes, eres tranquilo. ¡No lo digo como algo malo! - aclaro al verlo fruncir el ceño-. Simplemente eres tranquilo. Agradezco de verdad tener gente tranquila aquí. Los magos solemos ser más excéntricos. Pero si en algún momento te llega a sacar de tus cabales, solo dime y la cambio. No creas que aquí no hay preferencia a quienes llevan mas tiempo aquí, ademas, eres mi amigo y se que te gusta tener tus horas de sueño…

-Gracias, Phee. Pero enserio, ¿Qué puede ser lo peor? Ya compartí casa con 6 hermanos, esto será pan comido.

Percy se despidió antes de proceder directo a su departamento, que pese a no ser lujoso era muy cómodo y ordenado, justo como él siempre se imaginó su futura casa. Sin poder evitar su rasgo de trabajador compulsivo, corroboro una vez más lo que había hecho en el ministerio. Le dieron las 10:30 de la noche, así que decidió irse a dormir tras prepararse una rápida cena. Se ducho y justo cuando se disponía a dormir, hubo un ruido que lo interrumpió. Gruño al percibir que venía justamente del cuarto de enfrente. Fastidiado golpeo la puerta con propósito de pedirle que le bajará a lo que sea que aquella mujer escuchará, pues debía reconocer que debía ser de pésimo gusto pues aquella cantante parecía tener muy mala voz. No recibía respuesta.

Lo que me faltaba, alguien que no tiene consideración por la hora.

Por un segundo le recordó a Ginny, quien en plena noche escuchaba sus discos sin importarle que a su hermano no le gustase el rock. Ese pensamiento, quizás, fue lo que provocó que sin pensárselo dos veces conjurase un Alhomora y entrase sin permiso al departamento. Gran error que recordaría el resto de la semana.

Entro al lugar encontrándose con que aquel lugar era muchísimo mas lujoso y elegante, delatando que aquella chica tenia dinero. Claro, luciría mas hermoso si estuviese recogido, pues aquel lugar era un desorden, incluso pudo ver una botella de vino casi por terminar y varias copas vacías. Una alcohólica, o por lo menos, alguien que bebe con frecuencia. La música estridente le aturdía y la voz de aquel intento de cantante le taladraba los oídos. Encontró el estéreo y cuando se dispuso a bajarle el volumen algo le interrumpió. El grito agudo de su nueva vecina.

Por primera vez la vio, y no sabia se desear haberla conocido en otras circunstancias o agradecer a la "suerte" por semejante mujer que tenia enfrente. Era hermosa, con su desordenada melena castaña junto con su piel bronceada (la cual probablemente no duraría mucho en Londres). Sus ojos grises y enormes le dejaron maravillado, sin contar aquella sinuosa y estilizada figura que relucía en aquel camisolín de encaje negro. Cuerpo de infarto y un rostro precioso, ¿pero porque debía ser de las que escuchasen música a todo volumen en plena noche?

¡En que estas pensando, Percival! Es tu vecina fastidiosa, y tu solo viniste a pedirle que pare con su ruido, no a admirarla como idiota embobado.

- ¿Quién eres y que haces en mi casa? - grito ella furiosa, mientras le apuntaba con la varita. Sin dejar de mirarlo y soltar su postura amenazadora, busco con su mano libre algo con que cubrirse. Percy, apenado de repente, se volteo dándole privacidad, a lo que ella agradeció débilmente.

- ¡Percy Weasley, vecino de enfrente! Vine a pedirte que le bajaras a la música, pero no me escuchabas asique…

-Asique irrumpiste en mi casa sin mi permiso- completo ella iracunda, a lo cual solo pudo asentir algo apenado-. ¡Eso es ilegal! ¿Es que no te enseñaron a pedir permiso antes de entrar? ¡En especial si se trata de una mujer que vive sola! Ahora estaba semi-vestida, ¿pero que tal si no, pervertido? ¡Y mírame cuando te hablo!

- ¿Y que acaso a ti no te enseñaron a respetar a los demás? ¡Todavía que fuiste tu la que se puso a escuchar música a todo volumen a las 11!

- ¿Y eso que, anciano? La mayoría estamos despiertos a esa hora.

-Los que trabajamos, no. Y nuevamente, lo siento por entrar así, pero eso no te da motivo de insultarme. Vergüenza te debería de dar, recién llegada y ya fastidiando a tu único vecino…

- ¡No me lo recuerdes! El que no trabaje no implica que no estudie. Estaba haciendo investigaciones y me ayuda la música a concentrarme…

- ¡Quien se pone a escuchar alaridos a las 11! Al menos ten la decencia de usar hechizos silenciadores…

-Entras a mi casa SIN MI AUTORIZACION en plena noche, ¿y todavía tienes el descaro de venir a criticar mi forma de cantar? Nada más porque ame mi departamento, si no me cambiaba ahora mismo...

- ¿Y que te detiene? ¡Yo llevo más años aquí, si alguien se mueve eres tú!

- ¡Nadie se va a mover, mucho menos si me alzas la voz! ¡LARGO DE MI CASA, AHORA! Y que sepas muy bien que por un vecino amargado no voy a dejar de hacer las cosas que acostumbro, así que vete haciendo a la idea o cámbiate de piso. A mi no me interesa. LARGO...

- ¡Pondré hechizos, pero si aun escucho prometo ir a quejarme con la casera, que a ella tampoco le agradan los ruidosos!

- ¡Mira como tiemblo, si la casera es antigua amiga mía de la escuela! ¡Largo!

- ¡Ya me voy!

- ¡Y vuelves a entrar sin permiso y tendrás un miembro menos el cuerpo! ¡Lo juro como que me llamo Audrey Hart!

- ¡Ni que quisiera volver a entrar!

Dos portazos en seco se escucharon hasta el propio cuarto de Phoebe, quien ya había previsto aquel enfrentamiento desde el momento en que llego su vieja amiga Audrey en busca de un lugar donde vivir tras la ruptura de su compromiso. Tan opuestos, pensó, pero era el único espacio libre que sabía que podía cumplir con las expectativas de aquella niña neoyorquina. Deseo entonces que, con el tiempo, fuesen capaces de enfriar su relación, pues con dos titanes como lo eran ellos, ¿Quién ganaría la pelea definitiva por el piso?

 

 

 

- ¡Correspondencia! - llamo Molly a los muchachos, quienes seguían algo adormilados en sus respectivas habitaciones, osease, Harry en la habitación de Ginny y Hermione en la de Ron. Los señores Weasley eran conscientes de aquello, pero conocían a Harry y a Herm de tanto tiempo que sabían que serian incapaces de faltarle el resto a su casa. Allí no pasaba nada. 

Los cuatro bajaron de golpe, ansiosos por ver si habían recibido algo, a excepción de Hermione quien no se esperaba la gran cosa. Desde que dormía con su pelirrojo las pesadillas no molestaban más, y de hacerlo sabía que al despertar estaría Ron para consolarla, lo cual la mantenía de muy buen humor.

-Dos de la Academia de Aurores. Tomen chicos. No saben lo orgullosa que me siento de ustedes- dijo Molly emocionada mientras les entregaba los sobres a sus muchachos, quienes le sonrieron mientras devoraban el desayuno que la mujer les había servido-. Aquí hay una para ti Gin, de Katie Wood…

- ¿Katie Wood? Querrás decir Katie Bell, ¿no? - pregunto confundida mientras tomaba la carta, aun mas al ver que era cierto. Katie Wood… ¿acaso seria…?

-Había escuchado que la habían aceptado en las Arpías, aunque bueno, los partidos de Quidditch tomaran bastante en rehacerse- comento Hermione desinteresadamente mientras agradecía a la señora Weasley por la comida.

- ¡Ya estuvo que no paso! ¡Piden EXTASIS! -se quejo el pelirrojo al leer los requisitos. Hermione lo miro con cierta ternura, aunque odiaba la inseguridad que aun seguía sintiendo Ron de vez en cuando.

-Tanto tu como Harry cuentan conmigo para estudiar. Nada debería interponerse para que sean Aurores, menos un simple examen- aseguro ella tomándolo de la mano. Ron amaba eso de Herm, pues, aunque las cosas habían cambiado drásticamente entre ellos dos algunas cosas seguían siendo lo mismo. Seguía siendo la misma castaña sabelotodo que obligaba a sus amigos a estudiar por mas que estos renegasen de ello, con la diferencia de que ya no habría porque renegar.

-Gracias, Herm- agradecieron los dos a su castaña favorita a la vez que la señora Weasley los miraba con ternura. Crecen tan rápido, pensó melancólicamente.

-Te voy a extrañar- suspiro Ginny abrazándose al costado de su novio, quien simplemente le dio un dulce beso en la frente.

-Yo más, Gin. Pero mejor no pensemos en eso aún. ¿Qué ocurre con Katie?

-Pues nada, lo usual. Se caso con Oliver…- todos se quedaron anonadados. Si bien, ellos ya se veían casados, lo hacían viendo hacia un futuro cercano, no un presente. Pero bueno, ¿Quién no se veía venir algo entre aquel par de apasionados jugadores de Quidditch? -Creo que esta embarazada de 6 meses. ¡Merlin, Morgana y Circe! ¡Que si se quieran y no haya sido por él bebe!

-Fue por el bebe. No digo que no se quisieran-aclaro Ron ante la mirada iracunda de Hermione y su madre-, pero el que este embarazada solo le agrega prisa al asunto…

-Eso explica algunas cosas. Me refiero, estuvo en la Batalla, pero Wood parecía sobreprotegerla demasiado.  Al principio supuse a que se debía a que, bueno, ¡era su novia! Pero esto…tendría entonces 4 meses- dijo Hermione sorprendida.

-En fin, salúdalos de mi parte. Les deseo lo mejor a ellos y al bebe en camino…- comento Harry, todavía un poco impresionado.

-Ella parece feliz- murmuro Ginny tranquila, sabiendo que Katie estaría bien. Ademas de ello, le había mandado información respecto al equipo de las Arpías, al cual Ginny deseaba entrar y al cual Katie había hecho el favor de recomendarla. Pero de eso no se debían enterar hasta que hubiese algo seguro.

El resto de la mañana la pasaron tranquilos, hablando de trivialidades y riéndose con las ocurrencias del señor Weasley, pues al ser fin de semana el había pasado el día en casa. En momento, ya en la tarde, las parejas nuevamente se fueron cada uno por la suya.

-Te amo, Harry- suspiro Ginny dulcemente mientras repartía pequeños y cortos besos.

-No había pensado en lo mucho que te extrañaría, Gin- murmuro el débilmente, enterneciéndola.

-Yo también te extrañare, Harry, pero finalmente nos veremos en vacaciones. Por ahora aprovechemos que estamos juntos…

- ¡Y pensar que volveremos a separarnos! Nada mas porque ser auror me apasiona, si no…- Ginny lo beso para callarle.

-Tarde o temprano iba a ocurrir esto. Harry, nos amamos demasiado, pero también tenemos otras cosas en mente. No creas que no se lo mucho que te ilusiona convertirte en auror, y por lo mismo no me interesa tener que esperar meses si al final se que te tendré en mis brazos. A mí me gusta pensar que tu harías lo mismo…

-Gin, de aquí en adelante prometo jamás interferir para que alcances lo que sea que te propongas. Cuentas conmigo para lo que sea, pues no creas que se me pasa de vista que mi brujita tiene algo planeado entre manos…

-Digamos que mamá no le gustara y que George será el primero en felicitarme. Quizás el segundo, pues me estas dando a entender que el primero serás tu…

- ¿Qué quieres que diga? Soy tu fan numero uno, Ginny. Si hay alguien capaz de conseguirlo todo, esa eres tú.

-Harry- llamo Ginny, poniéndose seria de repente-. Ya que tú sabes que serás el primero en todo lo que respecta conmigo- Harry sonrió de lado al ver la mirada traviesa en aquellos ojos mieles que amaba-quisiera saber si yo puedo decir lo mismo contigo- esto ultimo lo agrego con una timidez poco propia de ella. Harry no tardo en entender, riendo débilmente sin poder de evitarlo. Ginny lo miro ofendida y con intención de irse, pero Harry la detuvo antes de besarla con todo el amor y pasión que ella le transmitía.

-Te amo y eres la primer y única mujer en mi vida y en cada aspecto de esta…

- ¿Entonces Cho no…? - Harry la interrumpió acariciándole la mejilla.

- ¿Por qué no llegaste a nada con Dean o Michael? - pregunto Harry suavemente.

-Porque no eran tú. A ti te amo…

-Lo mismo conmigo. Se que no es lo usual, pero creo que nunca he sido el más normal de todos…

- ¡Tonto, te amo tanto! - se lanzó a besarlo sin cesar. El resto del día fue tranquilo para todos, como lo habían sido todos los días en la madriguera. Quizás para algunos seria aburrido, pero el estar tranquilos y juntos era el mejor regalo que esos cuatro chicos habían recibido.

 

 

 

- ¡Se lo diré una ultima vez! Ella llego aquí, pago por una semana uno de nuestros cuartos, pero al tercer día salió y no regreso. De allí yo ya no tengo idea de donde pueda estar, lamento no ser de mas ayuda- Hannah se encontraba fastidiada por más de una razón. En primera, odiaba ayudar en el Caldero Chorreante, básicamente porque no recibía ni un knut a cambio, pero tenía que tratar con un sinfín de gente. Y ahora y como segunda razón, se encontraban los aurores, quienes no hacían mas que bombardearla de preguntas a las que ella no sabia como responder.

-Discúlpenla, señores, ya saben cómo son los jóvenes de incontrolables- se disculpó su tía, quien parecía muy empeñara en no quedar mal con ningún cliente-. Hannah, linda, ¿Por qué no atiendes a ese hombre de por allá? Yo me encargo de los caballeros…

-Si, tía- respondió de mala gana mientras se acercaba a aquel extraño hombre en la barra. Es muy atractivo, pensó, pero no era su tipo. Debía tener a lo mucho 23 años, y a diferencia de la mayoría de allí no parecía enviciado a algo ni malvado. Seria el ultimo cliente que atendería, asique se forzó en poner buena cara y ser amable.

-¿Gusta pedir algo?- pregunto la rubia tomando sorpresa a aquel extraño joven de cabello oscuro y piel oliva.

-Solo zumo de calabaza. Gracias- dijo el, un poco cohibido-. ¿Aquí ofrecen hospedaje?

-Si, pero le soy sincera, aquí solo quédese si es cuestión de un par de días. Por su maleta puedo suponer que planea quedarse aquí mas tiempo. Las camas son duras y viejas, y no nos hacemos responsables de si un hombre lobo pulgoso durmió allí…

-Yo conocí un hombre lobo muy bien arreglado. Creo que le ofendería que se refiriese así de los suyos…- se quejo el sujeto consiguiendo que Hannah entornase los ojos en lo que servía el jugo.

-El único que conocí bien arreglado esta muerto desde hace tiempo. La mayoría solo vienen a romper las cosas. Tome- le sirvió el vaso de jugo sin más, pero ella quería seguir hablando-. En fin. Si se quedara por un par de días le puedo conseguir la mejor habitación de aquí, pero si ya es mas largo el periodo de espera le recomiendo las casas de alquiler Adler. Están en el barrio de Westminster. La encontrara fácil, pues es aquel enorme edificio que los muggles no ven…

-Gracias…

-Hannah. ¿Qué dibujas? - curiosa e imprudente tomo la libreta. Vio unas criaturas extrañas deambular al alrededor de una joven rubia. No era ella, no tenia tanta suerte. Pero le recordaba a alguien.

-Ni idea. Un día desperté viendo esas cosas. Temo volverme loco- reconoció con simpleza-. Esta chica... ni idea de quien sea. Esta libreta no es mía, la herede de mi padre que en paz descanse. Estos trazos estaban sin acabar, yo solo definí todo y detallé el rostro…

- ¿Sabes? Busca a los Lovegood. Xenophillus Lovegood tiene una hija rubia que se la pasa hablando de criaturas extrañas. No digo que sean respuestas, pero te la pasarías muy bien con ellos.

-No tengo dinero de aquí. ¿Sabes cuantas dracmas costaría el jugo?

-Ni idea, pero no pienso cobrarte por un simple jugo. Míralo como un comité de bienvenida…

-…Rolf Scamander -se presento con simpleza, dejando unos cuantos "dracmas" en la barra-. Solo para que los tengas de recuerdo, Hannah. Ojalá no sea la ultima vez que nos veamos. Y creo que tienes público- dijo apuntando discretamente a un joven castaño, quien al percatarse de que había sido atrapado se sonrojo hasta las orejas. Hannah también se sonrojo, antes de procesar bien la información recién dada.

- ¿Eres pariente de Newt…? - ya se había ido. Que extraño sujeto. Ya eran las cuatro en punto. Ya dejaba de trabajar, y aunque normalmente se largaba en cuanto podía de allí, decidio acercarse a donde Neville estaba entado.

-Hola Neville…

- ¡Hannah! ¡Que gusto verte! - exclamo, tratando de simular que nada de loa anterior había ocurrido. Hannah decidió seguirle el juego.

- ¿Puedo sentarme? Se que nunca fuimos exactamente cercanos, pero con todo esto lo único que necesito es estar con un rostro conocido. No han parado de preguntarme sobre asesinatos y desaparecidos…

- ¿Qué te parece si mejor vamos a otro lado? Te podría invitar un helado- ofreció algo avergonzado. A Hannah le parecía lindo. Nunca entendió porque tanto atractivo a los misteriosos o duros, pues a ella siempre le había parecido atractivo un chico lindo, dulce…

-Solo si prometes que el siguiente lo invito yo- Neville asintió feliz. No solo había podido entablar conversación con Hannah, aquella chica que siempre le había intrigado por sus asombrosos dones para curar heridas, ¡sino que habían quedado para otra ocasión! Aunque solo fuese amistad, pero deseaba hablar con alguien de lo que fuese y donde fuese, sin saber que eso era justamente lo que Hannah también deseaba. Alguien con quien hablar.



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