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19 años después » Australia: El trayecto (Parte 1)
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Australia: El trayecto (Parte 1)

Era muy temprano en la mañana cuando se levantaron.

En realidad Hermione apenas habia dormido, su varita sirviéndole de luz mientras leía y releía sobre casos parecidos al de sus padres, Ron fingiendo dormir a su lado para no molestarla o hacerla sentir mal de mantenerlo despierto con su luz y suaves movimientos al pasar de un libro a otro. No recordaba cuando, pero el sueño lo venció en algún punto, pues se habia despertado.

-¿Dormiste algo, Mione?-preguntó genuinamente, pues no recordaba haberla visto parar. La castaña sonrió levemente, conmovida por su preocupación. Notó las ojeras en sus ojos sabiendo sin necesidad de verse en el espejo que ella tendría unas igual o peores tras su sesión de estudio nocturna.

-Algo si, desperté. Lamento si no te deje dormir bien…

-…No hay cuidado. ¿A qué hora debemos estar donde Kingsley?

-A las 7. ¿Terminaste de empacar?- preguntó bostezando, estirándose en la cama.

 Era raro el silencio en La Madriguera, normalmente siempre habia ruido: ya fuera el cantar de Ginny haciendo alguna tarea dada por su madre, o la radio que el señor Weasley escuchaba a todo volumen mientras resolvía algún crucigrama en el periódico, o la poderosa voz de la señora Weasley dando órdenes a los menores. Incluso Harry habia aprendido a dejar de ser callado cual ratón para hacer ruido de ambiente en el ajetreado hogar. Pero claro, a las 5 ni siquiera la señora Weasley se habia levantado a empezar con el desayuno.

-Aun no, ¿Tres días, verdad?

-Si todo sale bien, así es. Iré a ducharme, ya vuelvo- le dio un beso en la mejilla antes de salir del cuarto.

Ron no recordaba haberla visto tan callada y nerviosa como ahora. "Merlín, que todo salga bien" pensó, queriendo apartar la cabeza de lo que fuera que pudiera salir mal en su viaje. Hermione era fuerte, sí, pero no sabía si podría con alguna mala nueva para sus padres. Si la vida era justa, cosa que él se aferraba a creer a pesar de todo, los señores Granger recuperarían a su vida y Hermione a sus padres. Sí, eso pasaría. Y él conocería a sus suegros, y eso era bueno. Alejó el nerviosísimo que el solo pensamiento trajo consigo.

¿Lo presentaría como su novio en primer lugar? Sintió grima ante la palabra, no porque le avergonzara serlo (más bien era de sus mayores logros), sino que le parecía casi infantil y pequeña para lo que eran, pese a serlo técnicamente; quizás ella querría esperar a que se volvieran a acostumbrar a su vida en Londres. ¿Qué les diría a sus padres cuando preguntaran en dónde se había estado quedando en su ausencia, por poner un ejemplo? ¿La verdad?

"Sí papá ,vivo con Ron y su familia desde hace meses".

No conocía a los señores Granger, pero si se parecían en algo a los magos sabía que no les haría gracia: una cosa es ir a pasar el verano con amigos y otra muy distinta era vivir con una pareja desconocida. Palideció de solo imaginarlo: llevar un problema a la vez sería lo mejor para todos.

Hermione por su parte tenía sus propias dudas e inseguridades al respecto: ¿Lograría el conjuro siquiera? Habiendo tantos magos y brujas competentes y con mayor experiencia en el tema, ¿Por qué debía ser ella misma? Por cosas es que la magia, aun con todo su estudio, le seguía pareciendo un experimento del azar. Debía hacerlo bien y aparte, esperar lo mejor y eso la agobiaba. Sí lo lograba no era una victoria completa: ¿Cómo se lo tomarían tras un año de vivir como Wendell y Mónica Wilkins? Un año sin una hija bruja y todos los problemas que eso tenía…¿Serían realmente más felices así? Casi pudo escuchar la risa de Bellatrix torturándola en sueños con ese pensamiento: en verdad temía que tuviera razón. ¿La perdonarían por haberlo hecho en primer lugar? Ni ella misma se terminaba perdonar aquello, ¿Por qué tendrían que hacerlo ellos? Ellos, quienes eran las principales víctimas de todo eso, a quienes había borrado la memoria, a quienes había mandado lejos, a quienes podría haber causado daño permanente en sus brillantes mentes sin querer por protegerlos de un peligro que ni siquiera los hubiera amenazado de no ser por tenerla a ella como hija…

-¿Ron, eres tú? ¿Te tragó el drenaje o por qué tardas tanto? Me quiero duchar -Hermione se forzó a calmarse para que su voz no delatara su llanto a Ginny.

-De hecho soy yo, ya voy…

-…¿Herm, estás bien?- preguntó angustiada. No fue su mejor actuación, era verdad, pero esperó poder engañarla c0n el ruido del agua.

-…Sí, no te preocupes. No tardo en salir…

-…No te apures, solo bromeaba. Te veo abajo…

Hermione rio suavemente ante el cambio de actitud repentino de la pelirroja, ¿es qué les costaba algo a los hermanos el ser amables el uno con el otro, o nada más no les salía? En fin, cosas que no entendía. Escuchó a Ginny alejarse, una voz masculina, quizás Ron, quizás Harry, diciéndole algo que no llegó a entender del todo pero que, a juzgar por la risa de ella , nada tenía que ver con ella y su llanto. Cerró el agua de la regadera y procedió a vestirse con lentitud, esperando que el tiempo extra calmase la rojez e hinchazón de sus ojos y poder culpar por su rostro rojo al clima frio en Devon.

-¿Qué hora será cuando lleguen allá ? - les preguntó Harry curioso una vez estaban desayunando en la mesa, los unic0s no en pijama siendo Ron, Hermione y el señor Weasley, pues al ser entresemana debía ir al trabajo. Irían al Ministerio juntos.

-Las 6 de la tarde más o menos…- contestó Hermione con simpleza-.Supongo que empezaríamos al día siguiente para ellos…

-…Mira, nos ajustó: dormimos algo, que esto me madrugar no se me da…-la castaña asintió, sintiendo que le podría venir bien unas horas de descanso antes de la prueba de fuego. Debía reponerse antes de que sus propios nervios la sabotearan.

-Queridos, sé que se saben cuidar bien, pero por favor no hagan nada que los aurores no les autoricen….

-…Tranquila, mamá. Dudo que haya mortifagos en Sídney…- empezó Ron a replicar, pero Hermione deseo componerle para tranquilizar a la señora.

-…De todos modos ya sabe que así será, señora Weasley. De nuevo gracias por dejar que me acompañaran Ron, y por ayudar con mi casa…-los últimos 3 días entre navidad y el 29 (o sea hoy) habían ido y venido a la casa de los Granger a restaurar lo mayor posible para su regreso.

Habia sido un proceso tan divertido e interesante como agotador: Harry y Hermione se reían de las reacciones de los Weasley a un "hogar muggle", en especial el entusiasmo infantil del señor Weasley cada que volvía funcionar algún electrodoméstico: jamás habia visto a alguien tan emocionado con un tostador, lo tendría presente para las próximas fiestas. Para Harry y Ron fue especialmente gratificante conocer el hogar de su hermana y novia respectivamente conforme iban restaurando cada cuarto. Para Harry, aquello era lo que no tuvo en su vida entre los muggles, un hogar, y para Ron, una muestra más de lo afortunado que era de haberla conocido a pesar de venir de contextos tan remotos. Casi se atrevía a decir que no habia sido casualidad, si es que el destino realmente hacia esas cosas.

-No hay de que, querida. Solo espero que no extrañen tanto lo que se tuvo que quitar- espejos y demás superficies reflejantes habían sido confiscadas por el ministerio para su investigación, siendo estos conductos perfectos para maldiciones de todo tipo. También se habían llevado alguna que otra joyería de plata que servía para lo mismo. Lo habían quemado.

-…Lo que sea para evitarlos. Seguro comprenderán…

-…Y ya sabes, una vez se acostumbren devuelta, ellos son igual de bienvenidos que tu para venir cuando apetezcan…¿Verdad, Ronald?

-Desde luego- confirmo él, algo apenado pero con sinceridad. La castaña les sonrió encantada, probablemente imaginándolo. Valía la pena un poco de vergüenza y risas de Ginny si la hacía sonreír así.

-Y ellos estarán encantados: siempre han tenido curiosidad sobre los magos. Vamos, yo seré bruja, pero dado a las reglas y a mi edad, creo que jamás me han visto conjurar algo siquiera, ¡Y en el Callejón no veían nada! - incluso Harry se asombró, y aunque era lógico, les sorprendió pensar que los señores Granger desconocieran de lo capaz que era su hija, la bruja más competente de su edad. Ojalá ya no fuera el caso y pudieran conocer bien el mundo al que ahora Hermione pertenecía.

Errol llegó y entregó la correspondencia, cartas tanto de extraños hacia Harry como de amigos deseándoles las fiestas a todos llegando una a una.

-Recuerden tomarse aunque una foto en el baile, casi me da pena que no podamos ir…-se quejó Hermione infantilmente mientras contemplaban la invitación que llego a los Weasley por tener a un trabajador del Ministerio. Recordó con nostalgia como bailó con Ron en la boda de Bill y Fleur, uno de sus recuerdos favoritos en su corta vida pues fue casi de ensueño. En medio de una boda imprudente pero bella y un imprevisto ataque en esta, aquel instante entre los dos, sus brazos rodeando su cintura, sosteniéndola…¿Cómo fueron tan bobos para no ver que se amaban mucho antes?-.No pase horas ayudándola a elegir algo para no verlo…

-¡Eso hicieron cuando se fueron!- razonó Ron haciendo memoria de cuando, durante las remodelaciones a la casa Granger, ambas chicas desaparecieron por horas.

-Si, genio, ni modo que usara el de tercer grado…

-…Pues seguro aun te queda, enana

-…He crecido más de lo que crees, larguirucho. Solo que tu no lo notas …

-¡No peleen!- cortó la señora Weasley al instante, dejándolos cruzados de brazos y mordiéndose la lengua para callar. No querían provocarla.

-Lamento interrumpir, pero creo que ya es hora- todos voltearon a ver el reloj en cuanto el señor Weasley dijo aquello. 10 para las 7. Debian irse yendo para no llegar tarde.

La señora Weasley hizo desaparecer los platos vacíos al fregadero al instante, todos dirigiéndose a la chimenea. El señor Weasley seria quien los llevaría al Ministerio, del resto se despedían en La Madriguera.

-Es raro no acompañarlos esta vez…-confesó Harry, aunque pareja relajado-.Suerte. Enserio. Cuídense- Harry miro más bien a Ron cuando dijo eso, como si en vez de un "cuídense" quisiera decir un "cuidala". Y lo que tanto le costó comprender ahora le parecía más que obvio: Hermione era su hermana, la procuraba como tal. Harry sabía perfectamente que Hermione era capaz de cuidarse sola (sino que la más capaz d los tres de hacerlo, francamente) al igual que él sabía que Ginny, pese a su edad, sabia pelear mejor que muchos mayores que ella. Era no solo cuidarla de lo físico sino que de todo, más ahora que no estaría él para ser su paño de lágrimas.

-Ven acá- Hermione lo abrazó con ternura, aunque también parecía algo conmocionada por la idea. Ron también lo estaba si era sincero: Harry fue el pegamento para ellos dos durante años, su hermano, mejor amigo y compañero de batallas y viaje. Era raro-.Diviértanse por nosotros dos…y suerte a ti- lo ultimó lo murmuro muy apenas para que Harry oyera, sospechando él porque su no precisamente festivo amigo había accedido a ir a un evento tan grande del brazo de Ginny.  Ron y Harry se abrazaron levemente, ambos no siendo tan expresivos pero a la vez, ¿Si no podías abrazar a tu mejor amigo, a quien más podías?

-¡No digas eso! Veras que todo saldrá bien y hasta podrán conocer la ciudad en año nuevo. Tengo un buen presentimiento, al igual que Luna. Ella no se equivoca en estas cosas, ¿saben?

-Ojalá tengas razón, Gin…- la castaña abrazó a la pellirroja con cariño, antes de que esta hiciera lo mismo con su hermano, quien correspondió como si fueran los mejores hermanos del mundo.

La señora Weasley no dijo nada, muda como pocas veces en su vida, limitándose a abrazarlos, primero a Hermione con cariño y después a Ron, a quien tardó un poco más en soltar, pocas lagrimas surcando su rostro rollizo. Fue esta vez Ron quien, abrumado por la imagen de ver a su mamá tan sensible, trato de reconfortarla diciéndole que tendrían cuidado y que nada malo les pasaría. Ella solo asintió entre sollozos, su marido despidiéndose de ella con un beso como siempre solía hacer antes de irse, la pareja detrás de él. Las llamas verdes los envolvieron, y en un parpadear llegaron a la entrada del Ministerio, donde brujas y magos iban y venían atareados, cada uno en sus asuntos. Arthur, quien aunque más tranquilo que su mujer igual lucia algo preocupado, los guio en relativo silencio por el primer piso, saludando cordialmente a quien lo reconocía. Ron y Hermione reconocieron a Audrey, quien los saludo alegremente, lo relevante de ellos siendo su compañera, quien lucía muy similar a Penélope Clearwater, la exnovia de Percy que lo habia dejado por irse a justamente Australia años atrás. Al ver como las miraban, el señor Weasley preguntó al respecto, sorprendido por la respuesta de su hijo.

-¿Enserio es ella? ¡Que pequeño es el mundo!

-…Nada más porque hablan, no parecen parecidas en nada- una sobria y la otra extravagante, Hermione no podía estar más en lo cierto.

-¿Sabrán lo que tienen en común?- Hermione miró mal a Ron, aunque también le daba curiosidad saberlo.

-Pasado pisado, hijo. Aplica a todo- sermoneó Arthur. Tenía razón, y en el mejor de los casos a su edad ya les era irrelevante ese tipo de cosas. Las perdieron de vista en cuanto llegaron frente a la puerta de la oficina de Kingsley. La secretaría, apenas visible detrás de una pila de papeles, les dejo pasar después de un rato, su humor mucho menos indiferente en cuanto leyó el asunto al punto de desearles suerte, volviendo a sus asuntos al instante.

-Buenos días, Arthur, chicos- los tres saludaron educadamente, la tensión antes olvidada volviendo en cuanto notaron a los aurores, imponentes y compuestos en su uniforme-. Les presento a el Capitán Rowley y a la Teniente Monroe, quienes los escoltaran por parte del Ministerio en Australia.

-Aunque no creo que quienes pelearon una Batalla contra Él necesiten protección extra, será un honor- dijo la mujer mientras les saludaba con una sonrisa inusual en los uniformados. Aunque bueno, claro está, Nymphadora habia encajado con ellos, no todos podían ser protocolo y austeridad.

-¿Weasley? Asumo que eres uno de los que entran a la Academia en unas semanas, ¿verdad? Vi las listas- Ron asintió, cohibido-.Interesante. Quedo muy alto, señor Weasley. Sin duda el campo es mejor que cualquier lección de Hogwarts. ¿Y usted señorita? No recibí su solicitud como la de sus compañeros…Ustedes dos con Longbottom acabaron con Greyback y salvaron a una joven…A Él con Potter…hubiera sido increíble ver un escuadrón con los tres…

-…Ser auror no es lo mío, me temo. Lo último que deseo es seguir peleando, comprenderá- respondió algo encogida, claramente incomoda con la mención de ese sujeto. Neville y Ron se habían enfrentado a un malherido Greyback que aun así habia sido duro de roer…Aturdido por ella. para él aquello era un logro, pero Hermione, aunque no lo lamentaba, prefería no mencionarlo. "Solo quise salvarla" habia dicho Hermione cuando Eleonora Rose la cuestionó al respecto, Ron la habia rodeado con el brazo en todo momento al verla temblar de miedo.

-No, no lo comprendo, pero si no es su vocación se hace un favor. Haremos 2 paradas, por seguridad, pues nunca es bueno viajar tantos kilómetros de golpe: la primera en Alemania, la segunda en Tokio, con espacios de una hora en el Ministerio de cada país en caso de cualquier complicación o descompensación física durante el trayecto y por burocracia.

Los dos asintieron, solo quedándoles despedirse del señor Weasley con un breve abrazo y un "suerte" por parte del hombre, quien se fue a trabajar. Kingsley hizo en resumen puntual de todos los datos sobre el caso, aunque ninguno de los dos presto demasiada atención pues iba más dirigido a los oficiales que a ellos.

-…¿Seguro, señor Ministro? Con el respeto que le debo y tengo a su juicio, ella es algo joven para hacerlo…

-…Palabra de San Mungo, Monroe. No soy nadie para contradecir a un especialista en su área.  Confió en que, de ocurrir algo, sabrán manejarlo. Por algo el capitán la eligió a usted, teniente.

-Como ordene, señor.

-Bueno, será mejor ir yendo. En Tokio son especiales con las horas, mismo en Berlín. Ministro, señor- se despidió, haciendo un gesto a que lo siguieran. Los cuatro fueron a las red flu internacionales, dejándose guiar por los mayores entre las chimeneas multicolores, banderas ondeando en ellas como pista del destino más allá de las placas que ya lo especificaban. Ministerio Alemán de Magia y Hechicería, rezaba la placa dorada tanto en el idioma como en inglés. Y aunque sabía perfectamente que se habían ahorrado alrededor de 20 horas de viaje, no quito que sintieran pesadas las casi tres horas en lo que hacían escalas, una hora extra debido a un bajón de presión por parte de Hermione en Tokio debido al constante aparecer y desaparecer.

-Gracias- dijo la castaña mientras aceptaba el vaso con agua que Ron le ofrecía, ambos sentados frente a una de las fuentes del Ministerio japones. Era bello si omitían el hecho de no comprender nada de lo que se hablaba o lo que decían los letreros de las paredes, algunos locales mirándolos con supuesto disimulo, después de todo, cada que hablaban sobresaltaba entre el japones y el silencio.  Eso y que estaba segura de que Ron llamaba la atención, los pelirrojos ya eran raros en su país, casi imposibles en Asia. Eso sin contar que era atractivo, pensó de mala gana al notar la mirada de una joven obre él, quien parecía muy distraído en los cerezos para darse cuenta. No necesitaba entender el idioma para leer gestos.

-¿Mejor? Ofrecieron seguir a mediodía si así lo preferías…o bueno, a las 8…-contempló el cielo, todavía era de día, pero se acercaba el anochecer.

-No, entre antes mejor. ¿Te harán aprender a lidiar con esta cosas? Viajar de golpe, burocracias internacionales…

-…No sé. Creo que primero nos llevara años controlar a los mortífagos y cómplices locales antes de ir tras los extranjeros-ella asintió, hallándole sentido-.Aunque sería divertido. Jamás pensé que saldría de Inglaterra, y aunque sea unas horas, ya estuve en otros dos países…

-…Berlín se veía precioso desde las ventanas. Y bueno, este no se queda atrás. Casi queda mal que al nuestro se entre por los baños para ir al subsuelo…

-Le da personalidad- Hermione rio suavemente, risilla que se volvió una pequeña carcajada al escuchar su estómago gruñir-.Si quieres podemos esperar una hora más. Yo también tengo hambre. ¿O crees que pase algo si comemos algo pequeño?

-Jamás creí que me estarías ofreciendo romper las reglas en nombre de la comida, ni tener que decir que no. Lo último que ocupamos es dejar nuestro estomago olvidado en algún punto del mar…

-…Exagerado-se burló, pero no insistió. No quería averiguar si lo que decía se cumpliría o no. Monroe los intercepto cortésmente, y una vez corroboro que ambos se encontraban sanos y estables siguieron su trayecto. Algo cambio que desinhibió un poco a Hermione a pesar de la presencia de los oficiales, tomándolo de la mano al andar, cosa que obviamente el no objetó.

Llegaron a Australia , el reloj de Ron marcando las 10:00 a.m. a pesar del evidente ocaso en el cielo, las 21:00 p.m. marcadas en el enorme reloj en el centro de las oficinas de migración solo confirmándole que aquello sería un martirio para acostumbrarse. A pesar de que para ellos solo habían sido unas horas de viaje y que técnicamente ni era mediodía, su cuerpo resentía el viaje como si hubiere recorrido aquello a lo muggle, haciendo que no desearan más que llegar a donde fuera que los mandasen a dormir para seguir en la mañana.

El Ministro de Magia de Australia, Kenneth King, los recibió con entusiasmo, cuestionándoles por muchas cosas en pocos minutos, casi mareándolos. El capitán Rowley lo distrajo con sus propias preguntas, cosa que agradecieron, mientras tomaban asiento en la oficina del cazador, a juzgar a por las criaturas colgadas en el lugar, pesadilla de cualquier naturalista o magizoologo.

-…Kingsley y yo fuimos amigos en nuestro tiempo en la Academia, ¡Por supuesto que ayudaríamos con esto! Y cualquier cosa que el gobierno australiano pueda hacer por sus hermanos británicos, capitán, solo solicítenlo en el departamento que responderemos. Ya hicieron mucho por su cuenta…¿Ustedes viajaron con Potter, verdad?

-Si, señor- respondieron a la vez.

-Jóvenes talentosos, desde luego. Dumbledore, que en paz descanse, sabía sacar joyas de sus generaciones de alumnos…Encondió bien a sus padres, señorita. Aunque raro, hay muchos Wilkins en Australia…

-…¿No los encontró?- preguntó angustiada. Él se apresuró a negar.

-Pasa que pocos tuvieron que hacer arreglos para ejercer ortodoncia en Australia con un título inglés. Dos Wilkins casados con Mónicas, uno Wendell y otro William, más o menos de las mismas edades y bueno, al menos los dos hombres tienen títulos de odontólogos, ¡Que cosas! ¿No?- ambos jóvenes asintieron sin mucha emoción, más bien algo perturbados con la idea de que alguien pudiera ser tan semejante sin tener nada que ver contigo.-…pero no se descartó a William pues perfectamente pudo cambiarse el nombre. Son muggles, esos trámites son ajenos a mi control y las autoridades muggles de acá son muy celosas de la información de sus ciudadanos.

-Yo creo que es más probable Wendell, señor Ministro. Cambiarse el nombre es una cosa rara, costosa, y tardada.

-Pensamos lo mismo, pero es que Wendell y Mónica Wilkins tienen un detalle que la señorita no menciono en su descripción…

-…¿Qué fue, si se puede saber? - cuestionó Hermione algo irritada. Ron solo esperaba a que no terminase en riña con el ministro.

-Tienen un hijo, un infante. 


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