Historia al azar: Rosas rojas y cielo azul
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19 años después » Navidad Parte 1
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Navidad Parte 1

La Madriguera, siempre llena, ahora rebosaba en especial de invitados. Teddy gateaba y reía encantado de ver a todos, cambiando su cabello a cuanto color observaba, enterneciendo a más de uno que lo veía juguetear con los juguetes que Harry hacia levitar a su alrededor. Andrómeda parloteaba desinteresadamente con su consuegro, Lyall, quien aunque claramente seguía sin sentirse del todo pleno en aquel lugar tan ajeno, al menos parecía fascinado con su nieto. Angelina había accedido pasar la Nochebuena donde George, con la promesa a sus padres de regresar a celebrar la Navidad con ellos en el almuerzo, el pelirrojo acompañándola por primera vez a donde sus padres. La idea tanto la emocionaba como la ponía de los nervios.

 

- ¡Tu tranquila, linda Lina! ¡Tus padres me adorarán! Y si no, al que van a apedrear es a mí, no a su princesa…

-…Solo te pido que seas paciente, mi papá es MUY sobreprotector, y mamá le hace competencia. Y no menciones que empezamos a salir en la escuela: se supone que no podía tener novio…

-…Eso explica tantas cosas raras de salir contigo, Johnson…-la chica hizo un puchero indignada, haciéndolo reír antes de besarla.

 

Por otro lado, Charlie parloteaba alegremente con Bill, e intentaba con Fleur charlar con Fleur al ver que ninguna de las chicas se le acercaba demasiado, y aunque educada, todos la notaron en especial callada. En otro tiempo Ginny hubiera hecho algún comentario, pero le era imposible ser enojosa con ella en ese momento. Ademas, mucho le habían dicho Harry, Ron y Hermione sobre su ayuda a ellos. Y Bill, su hermano favorito, la amaba. Y Teddy estaba allí, y aunque bebé, no quería que la viera ser grosera. Ademas, lucia triste, quizás extrañaba su casa. Por motivos distintos, pero sabía que la melancolía estaba en la habitación debido a la primera ausencia de tantos seres queridos por esas fiestas, y no podía no ser empática.

- ¡Ron! ¿Podrías ir por un poco más de leña? - todos los demás hermanos suspiraron aliviados de no haber sido llamados a trabajar, él menor separándose de donde su novia a regañadientes mientras respondía con un muy forzado "¡Si, má!", maldiciendo las risitas burlescas de sus hermanos mayores. Crookshanks no tardo en acomodarse en el lugar dejado por el pelirrojo para encimarse a su dueña, quien solo rio suavemente ante el entusiasmo de Teddy por el gato. Quizás de las pocas ocasiones que había visto uno, sino que la primera.

- ¿Cuántos somos, amor? - preguntó Molly, claramente calculando cuanta comida iba a necesitar.

- ¡Ya los cuento, caramelito mío! Somos 12…14.

Todos voltearon a ver al ruido en la chimenea, una chica castaña se asomó curiosa, tomada de la mano a su tercer hijo, Percival, quien parecía tan ajeno en la casa que fue su hogar alguna vez, sus hermanos mirándolo de manera juzgona y glacial. Todos menos Charlie, quien se limitó a saludar.

- ¡Hola, Audrey! No pensé que Percy fuera tan inteligente para traerte, ¡Buena esa, hermanito! - la chica rio suavemente, mientras lo saludaba alegre de al menos tener alguien aparte de Percy de su lado en la casa. Percy, ruborizado, se tragó las ganas de insultar a Charlie por avergonzarlo pues sabía que no era inteligente pelearse con el único de sus hermanos que no parecía fúrico con su presencia.

-Hola, Percy- saludo Artur, tratando de disipar un poco la tensión que el pelirrojo había generado. Odiaba ver a sus hijos peleados entre sí, y lo último que quería era que la actitud fría de sus hermanos cortase de tajo sus intenciones de volver a casa-. Y Audrey, al parecer…

-Audrey Hart-Addair, un gusto señor…es- agregó una vez Molly se asomó a ver el porqué de que el ruido cesara significativamente en la sala. La mujer parpadeo varias veces, claramente incrédula de ver a Percy en el lugar. Su expresión era casi ilegible más allá de la sorpresa, sin dejarles saber si estaba contenta o molesta.

-Un placer, querida. La cena estará lista en unos minutos, Harry y Ginny ayúdenme a poner los platos, Herm por favor ve a hablarle a Ron para que se apure…

- ¡Si, señora! - dijeron los tres menores al unísono.

Audrey reía de los chistes bobos que George hacia a costas de quienes, al parecer, eran los menores en la inmensa familia de pelirrojos. "Ron y Ginny", se recordó asi misma, después de todo, no quería que tuvieran que volver a presentarse a ella si llegaba a necesitar hablarles. "Bill era el de las cicatrices en la cara, Charlie el de las quemaduras, George era el que no tenía una oreja, Ron era el más alto, y Ginny la única chica más chica" se repetía para acordarse, enfocándose más en ellos pues según entendió, la única "oficial" allí de las parejas era la rubia, Fleur, con quien rápidamente había podido entablar conversación ya que aparte de Bill, ella era la única que le entendía largo y tendido en francés, haciéndosele más fácil que pensar cada oración y traducirla con el resto. De todos modos, ella recordaba con quien iba, manteniéndose siempre al lado de Percy, quién agradecía el gesto pues le hacía sentirse menos en la mira de sus hermanos, quienes aunque más relajados por la comida y la charla, seguían viéndole como intruso, más la "pequeña" de la casa. De lejos se notaba que esa pelirroja era terca, quizás la más terca de los seis. Y parecía tener a "El Elegido" comiendo de la palma de su mano. Seria triste si ella no luciera igual de embelesada por él que él por ella. En general todas las parejitas lucían en pleno periodo de luna de miel donde todo iba bien porque estaban enamorados y eso era lo único que importaba. Se sabía joven, pero sabía que aunque se encontraba feliz, jamás podría volver a sentirse tan cómoda. Ed le había robado eso, al igual que otras cosas. No era melancolía, era rabia lo que teñía aquello.

- ¿Todo bien, Drey? - preguntó Percy al notarla distraída, preocupado. Era raro verla callada por mucho rato, era una de sus virtudes y defectos dependiendo su humor, pero sin duda era preocupante verla asi, con la mirada ida-. ¿Quieres salir? ¿Qué te traiga algo? ¿te llevo a casa?

- ¡Tranquilo! Estoy bien, solo…estas fechas te dejan pensando, es todo. Qué lindo que te preocupes…

- ¿Lindo? ¡Claro que me preocupo! Fuera más…Lamento que hayas tenido el placer de conocerlos de malas…

- ¿Bromeas? ¡No me había reído asi en un buen rato! ¿Es tu sobrino? - preguntó al ver al bebé reír graciosamente en brazos de Ron, quien parecía nervioso mientras su hermana le enseñaba a como acomodarlo, la castaña que ubicó como su novia sonriéndole enternecida desde el sillón.

-No precisamente. Es el ahijado de Harry, y al parecer Ginny lo adoptó- explicó, avergonzado de no saber el nombre del pequeño siquiera, pues "Teddy" parecía más un apodo que otra cosa.

-Esta juventud, me hace sentir una inmadura. Yo entraría en pánico de cuidar a un bebé, por más bonito que sea este- confesó apenada, mientras bebía un poco de su ponche. Percy asintió, de acuerdo con ella. la verdad es que él se había amargado prematuramente por decisión propia, pero a sus hermanos los habían tratado como adultos prematuramente, solo esperaba que no les diera secuelas con los años. Ron se ofreció a subir al bebé a una cuna que tenían pisos arriba para que descansara, Hermione subiendo ya sin siquiera molestarse en excusarse.

- ¡Cuidado con lo que hacen con un niño en la casa, enano!

- ¡Cállate, George! - se quejó Ron, la castaña solo pudo sonrojarse antes de correr escaleras arriba, agradecida de que los señores Weasley estuvieran distraídos con Andrómeda.

-En mis tiempos eso no pasaba. ¡Ay de nosotros si llegábamos a meter a una chica a nuestros cuartos! ¿O no Bill? ¿Percy?

-Se ablandaron con los años, al parecer. La suerte de algunos…- concordó Bill, recordando la santa regañada que le habían metido a Charlie alguna vez por meter a Tonks a escondidas en el cobertizo. Fue una suerte que en ese entonces ella gustara de llevar el cabello largo y rubio y que por ende, no la recordaran con el pasar de los años.

- ¡Ya va a ser Navidad, el intercambio empezará!

- ¿Intercambio? ¡Percy, me hubieras dicho! Hubiera traído algo aparte de las galletas- se quejó Audrey avergonzada.

-Yo no sabía de intercambios…

-…Empezaron el año antepasado, zoquete, idea de los gemelos- dijo Ginny ponzoñosamente. A Harry no le caía especialmente bien Percy si era sincero, pero igual no quería ponerse en sus zapatos en ese instante. Su pelirroja podía ser dura cuando quería-. No te preocupes, Drey, siempre ponemos varios regalos demás, no es raro que lleguen invitados de improvisto en esta casa, es más bien la regla.

-La mitad son regalos en sí, comunes y corrientes, la otra mitad son regalos de broma…-explicó George a los invitados, quienes se acercaron con renovado entusiasmo al hogar y el árbol.

-Idea suya tenía que ser, ¿Qué les costaba un intercambio normal? - se quejó Bill.

- ¡Tortolos, pues, bajen! ¡O se quedan sin regalos! - llamó Charlie a las escaleras.

-…Ron ya le estará dando el suyo a Hermione…- comentó George, ganándose una mirada por parte de su madre, quien antes no le hubiera dado un manotazo de tenerlo más cerca. El resto de los hermanos rieron a carcajadas a costa de su hermanito, que bueno era que no estuviera.

Ambos se unieron al resto, la enorme cantidad de medias en la chimenea llenándose de dulces en el instante que el reloj marco las 12 y oficialmente fuera 25 de diciembre. Deseos de felices navidades, abrazos y besos inundaron la sala, prontamente por las risas cada que un regalo sorpresa era seleccionado al azar por un pobre incauto, Ginny casi quedándose sin cejas al abrir uno explosivo.

- ¡No sé supone que te rías! ¡Casi te quedas con una novia sin cejas! - se quejó Ginny una vez se recuperó del susto, enfurruñada de ver a Harry carcajearse con Ron-. ¿Quién fue el chistoso?

- ¡Cálmate, enana! Es anónimo por algo- la pelirroja les hizo una seña tal que fue un alivio que sus padres no la vieran, siendo estos unos intolerantes a las palabrotas. Basto con ver a Andrómeda empezar a colocar los regalos de "Santa Claus" para el pequeño Teddy Lupin para bajarle el enojo a la pelirroja, quien recordó emocionada que tenía justamente un regalito para él en su cuarto, subiendo para ir por el peluche. En realidad todos al saber de la presencia del pequeño para las fechas le habían traído un pequeño regalo, siendo él el único menor en la casa a quien podían dar el gusto. Arthur y Molly soñaban con pronto tener màs pequeños retozando en la casa. Una vez la euforia festiva se fue disipando y el sueño empezó a vencerles, cada uno partiendo ya fuera a sus habitaciones o a sus casas, Andrómeda yendo a donde dejaron a Teddy pues había acordado de quedarse con ellos. francamente en su casa llena de recuerdos melancólicos de su pequeña y marido se hubiera ahogado en su propia tristeza. Cada que lo veía, aunque se alegraba de tenerlo, veía en él a su pequeña que ya no estaba y moría un poco más por dentro. Teddy no merecía aquello.

- ¿Qué Harry? - preguntó Ginny con curiosidad una vez noto la mirada esmeralda de s novio atenta en ella. Harry le beso la punta de la nariz fugazmente, antes de levantase de la cama a buscar algo en su mochila. La chica miró por encima de su hombro a su dirección desde su lugar en la cama, buscando su varita en la mesita de noche, apagando las luces a excepción de la pequeña vela que tenía en la dicha mesa, después de todo Arnold necesitaba la oscuridad para dormir pero ella quería ver qué era lo que buscaba tan impaciente.

-Cierra los ojos- ella rio suevamente al notar la emoción en su voz, obedeciendo. Se sentía agotada. Había sido un día feliz, sí, pero también de constantes recuerdos de Fred. Él jamás volvería a pasar las fiestas con ellos, se había ido para siempre. Decidió apartar ese pensamiento de su cabeza antes de romper en llanto, sin mucho éxito. Sintió algo frio rodearle el cuello, una cadena. El hibrido de una risa y un sollozo salió de sus labios carmín, abriendo los ojos una vez sintió al pelinegro alejarse. Un pequeño rubí adornaba la cadena, a modo de collar. Era precioso, pensó conmovida, e incapaz de decir algo por el momento simplemente lo abrazó con todas sus fuerzas. Harry correspondió el abrazó con delicadeza, acariciando su espalda a modo conciliador. Sabía que para ella sería un día duro, pero su pelirroja como siempre sabia mostrarse fuerte para quienes la necesitaba asi. Ella confiaba en él lo suficiente como para dejarse ver asi, y él no se había sentido más honrado en su vida.

- ¡Yo también tengo un regalo para ti! - se acordó ella después de un rato, alzándose de la cama a buscar en su baúl-. No es la gran cosa, pero es que jamás espere que me dieras algo asi…-empezó a excusarse avergonzada. Harry la detuvo con un beso.

-En verdad Ginny, no te lo di esperado algo…

-…Lo sé, lo sé…- aceptó ella, dándole la caja mediana que guardaba lo suyo. Harry la abrió, notando que había más de un objeto-. Recordé que me constaste sobre ese grupo muggley que te quejabas de que jamás podrías escucharlos porque los Dursley jamás te comprarían un disco, jamás te dejarían usar la radio y la radio mágica no la usaba o vendía…tuve que pedirle a Hermione que me acompañara a Londres muggle. Los centros comerciales dan miedo…en fin, ya que vivirás solo, dudo que tengas problemas con escucharlos…-Harry sonrió levemente, enternecido de que la pelirroja recordase cosas tan insignificantes de él. Rara vez tenía conversaciones triviales con alguien que no fuera Ron, a veces con Hermione…con Ginny se soltaba como con nadie. Y era escuchado-…lo mismo con el libro. Dijiste que en la escuela un libro tenía un fragmento de un cuento que te gusto, más nunca habías podido leer el final. Ojalá haya valido la pena la espera…un gorro tejido por mí, me quedo bien para que tejer no sea lo mío…y una carta. Las palabras no son lo mío, pero creo que mejore desde la primera. Leela cuando estés solo de todos modos… - pidió apenada, mirando sus pies con interés. Esa chica lo enternecía como nadie.

-Te amo, Ginny Weasley- se limitó a decir.

-Y yo a ti, Harry Potter. No sabes cuánto…-ambos se acostaron, terriblemente exhaustos pero con el corazón más liviano a como lo habían tenido.

- ¿Crees que fui muy dura con Percy? - la escuchó preguntar adormilada, claramente arrepentida.

-Pienso que no puedes forzarte a perdonarlo de golpe. Él te hirió, los hirió, y es normal que tengas tus reservas…pero lo quieres ¿¡verdad?

-Claro que sí. Es mi familia.

-Me gusta que para ti sea asi de fácil, pero para mí jamás fue sinónimo ser familia para querer. pero como ese es tu caso…entonces el tiempo lo curara. Mi consejo, si lo quieres, es que no le niegues las oportunidades que encuentre de querer acercarse un poco.

-Tu familia está aquí. Tu familia es quien te quiere, no solo la sangre. Y aquí siempre serás bienvenido.

-Y por eso siempre estaré agradecido.

-Durmamos, ¿sí? no siento los pies…

-…Descansa, Gin.

-Igual, Harry.

 

 

 

Hubo una vez en que las navidades fueron su fiesta favorita.

Navidad fue, durante muchos años, el único día donde la luz brillaba en su casa. Su padre no estaba de tan mal humor, su madre no lucia tan ida, sus tíos se distraían con ellos y traían con ellos a sus primitos, con quienes jugaban y desenvolvían obsequios divertidos, comiendo dulces y en general, pasándola bien como rara vez se les permitía. Recordaba con nostalgia a Sirius corretear por los jardines blancos mientras huía de las bolas de nieve que le arrojaban Meda y Bella en su equipo, a Regulus haciendo ángeles de nieve junto a ella alejados de aquella guerra de nieve, pues siempre detestaron la actividad física.  Recordaba como cantaban villancicos para el fastidio de la mayor, o cuando Sirius metió pirotecnia en los regalos de Walburga, quemándole las pestañas, para las risas de todos. Aquellos habían sido buenos tiempos, muy alejados del tormento que se había convertido su vida familiar con el pasar de los años y las discordias entre los antes muy unidos primos de la casa Black. Desde la deserción de Andrómeda, nada jamás fue lo mismo. Maldecía mil y una veces aquello: no solo al impuro, sino más bien a cómo ellos lo habían tomado.

E inevitablemente, quien siembra vientos, cosechará tempestades. Ese fue su caso.

Las cosas solo se volvieron más complicadas una vez cruzó caminos con Lucius, en aquel entonces su prometido. Él era tan…cerrado. Debía reconocer que no lo amó de inmediato, pero una vez lo hizo, cayo perdidamente por él. Y ese fue el comienzo de su agridulce relación. Bailes del ministerio donde más que compañía, se sentía objeto a presumir por las miradas de los hombres sobre ella, alejada de su hermana y primo para las fiestas, rodeada de gente que le era apenas tolerable, personas que sabía, eran asesinos como él. Aquello cambio cuando llegó Draco.

Todavía recordaba la alegría que sintió la primera vez que le vio correr rumbo al árbol, emocionado de ver lo que Santa le había traído. Incluso desde que era un bebé que apenas y podía hacer mucho, ya había devuelto la luz a aquella tormentosa casa, incluso en aquellas terribles circunstancias. Y así fue, hasta que creció y, poco a poco, fue alejándose de ellos. Si algo jamás se perdonaría habría sido no haberlo alejado cuando pudo de todo aquello, temerosa del precio que huir pudiera costarles. Nunca se perdonaría el haber sido tan cobarde.

Y ahora su realidad era confusa: Lucius estaba lejos, en Azkaban, y eso le rompía el corazón; Bellatrix, Sirius y Sirius llevaban muertos ya un tiempo, no podía volver a hablarles ni aunque lo quisiera hacer, y Meda pasaría las navidades donde los Weasley y Potter, pues Teddy extrañaba a su padrino; Draco, antes entusiasta, ahora parecía ajeno al tiempo, siempre en lo suyo. La Mansión Malfoy que tanto le había costado aceptar como hogar nuevamente se había convertido en una prisión ensimisma, donde se ahogaba en soledad. Y sabia, era lo que ella había sembrado.

- ¿Ama Malfoy? - la rubia volteó a ver a él elfo que se asomaba por la puerta de la biblioteca, bandeja con té en mano. Narcissa dio seña de que pasase-. Tienen visitas, mi señora. Vienen a ver al amo Malfoy.

- ¿Enserio? ¿Quiénes?

-Los jóvenes Nott, Zabinni, y la señorita Parkinson.

Aquello la tomó por sorpresa. Principalmente viniendo de Pansy Parkinson, expareja de su hijo. En sus tiempos eso era sinónimo de no verse las caras a menos que fuese estrictamente necesario. Claro, de eso décadas, por más que le doliera reconocerlo. Quizás las cosas habían cambiado. Ademas, su hijo necesitaba compañía, ¿Quién era ella para negársela?

- ¡Extrañaba esta casa! - Pansy se botó en el sofá de una de las salas sin más, estirándose sin recato. Blaise la miró risueño, mientras alzaba sus piernas para hacerse lado en el asiento, colocándolas en su regazo. Pansy arqueó una ceja, pero se dejó sin más. No le generaba desconfianza.

-Como que se les olvido que era mes de fiestas, ¿no es así? - bromeó Theo con desinterés, mientras pedía a uno de los elfos que les trajera hidromiel, para entusiasmo de los otros dos.

- ¿Creen que el mocoso se enoje si no le trajimos regalo? - cuestionó Blaise, haciéndolos reír.

-Yo planeaba ponerle un moño a Greengrass chica y ya está, pero ustedes dijeron que era mejor no traerlas…-acusó Pansy, a lo cual ambos se encogieron de hombros-. Luego la que va a salir mal parada soy yo, imbéciles. A la otra mi voto vale doble.

-Daph va a querer ahorcar a Draco cuando lo vea- se limitó a argumentar Theo, sabiendo que a la rubia no la tenía nada contenta la relación de Astoria con Draco.

-…Y este hombre todavía está babeando por la futura novia…- Theo le enseñó el dedo de en medio a Blaise, pero no se atrevió a negarlo. El agudo aguijón del amor…a veces Pansy se sentía afortunada de no haber sido picada por aquello.

-…Lo dices como si ver a Daph queriendo ahorcar a Draco fuese algo malo o raro. Es más, que amargado resultaste ser, Nott.

-…Ademas, Pansy, creo que la pequeña Greengrass ya le pertenece como para regalarla…-la castaña pego una risita ante lo dicho por el moreno. Theo solo negó divertido, no le gustaba que hicieran burla de Astoria, pero al menos parecían estar bien por ahora.

- ¿Ustedes qué hacen aquí? - los tres se levantaron de golpe al escuchar la voz de Draco. No fue hasta ese momento que el no haberlo visto en meses les golpeo realmente. Lo habían extrañado. Jamás lo habían visto tan…mal. Lucia más pálido que de costumbre, delgado, y su aspecto era muy desalineado. El cabello, normalmente pulcro, estaba revuelto, y la barba apenas le había crecido desprolija. Era…extraño. No parecía molesto, a pesar de la desfachatez con la que había soltado la pregunta. Lucia realmente sorprendido de verlos allí.

Lo siguiente que remplazó a la sorpresa fue la culpa. Culpa por no haber siquiera vuelto a intentar tener contacto con él desde su primer intento fallido de visita y las pequeñas charlas mediante objetos, breves ya fuera por los humores volubles del grupo o por miedo a meter en problemas a Draco, bueno…más de lo que en los que ya estaba sin necesidad de ellos.

- ¡Felices fiestas! - dijeron los tres dudosos, aunque se aliviaron al verlo sonreír después de un rato.

-No deberían estar aquí…

-… ¿Ya nos echas, Malfoy? - él rubio negó, mientras se echaba en el sillón. Casi se caen de donde estaban sentados al verlo agradecer levemente con un ademan a uno de los elfos que seguía sirviendo. Si que le había afectado la soledad para que fuera amable con los elfos, y Theo sospechaba que también tenía que ver la pequeña Greengrass y sus extraños modos.

No paso mucho para que la tensión inicial se quebrara y comenzaran a parlotear bobamente de lo que había acontecido en la escuela, ignorando conscientemente el hablar de cualquier tema serio, pues querían distraerse. Narcissa sonrió al escuchar las risas a través de la puerta del salón. Su hijo necesitaba eso, contacto humano, amigos. Ella era consciente que en un círculo tan cerrado y de oscuro proceder amistades convencionales eran algo imposible a lo cual aspirar, pero también sabía que con eso bastaba. Y con que él estuviera bien, ella tenía más que suficiente.



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