Historia al azar: Los mejores amigos de mi vida
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19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Bill miraba a su esposa salir del baño, camisón ya puesto y el cabello hecho nudos dorados, antes de volver a recostarse en la cama, justo como había hecho los últimos días desde el incidente. Casi una semana, para ser exactos.

En el trabajo le habían dado la semana para recuperarse, tanto física como emocionalmente. "Como si con eso bastara" pensó amargamente mientras tomaba un cepillo y él mismo comenzaba a peinarla con lentitud y cuidado de no fastidiarla en el proceso. Ella se dejaba hacer sin más, claramente muy desganada como para replicar algo. Él casi que hubiera preferido una reacción violenta antes de la apatía que conseguía. La entendía, a pesar de todo, e incluso creía que a ella le había pegado aún peor. No, más bien lo sabía.

- ¿Tienes que ir a trabajar hoy, amor? - preguntó Fleur en un murmulló, como si el pensarlo le doliera, tomándolo por sorpresa. Normalmente él se iba tras asegurarse de que hubiera desayunado, para regresar hasta varias horas después a encontrarla dormida en el mismo lugar.

A pesar de que él no se sentía nada tranquilo dejándola sola, Fleur se negaba a pedir la compañía de alguien: no quería preocupar a nadie diciéndoles que se sentía enferma y menos quería que supieran lo que realmente había ocurrido hace días. Si algo no soportaba la rubia era la lastima. "Dame tiempo para llorar a solas y estaré bien por la mañana" le habría dicho alguna vez durante su noviazgo, y apenas ahora lo comprendía. Él solía hacer lo mismo. La gente los tachaba de "demasiado diferentes" cuando en realidad encontraba en ella muchas cualidades de sí mismo, esa una de ellas. Era irritante, pero no tenía remedio. Al menos a él lo dejaba cuidarla.

-Hoy es viernes, ¿verdad? Me tomare el día si te parece…

-…Solo si no afecta tu trabajo…-pidió ella apenada. Él le sonrió débilmente, acariciando su mejilla.

-Mandare una nota, ¿sí? no me afectara faltar un día, menos después de una misión. ¿Bajamos a desayunar o lo subo acá?

-Te haría feliz que bajara, ¿verdad?

-Solo si tienes ganas, preciosa- ella suspiró mientras se levantaba, envolviéndose con una bata debido al frio. A pesar de los hechizos calefactores, todavía se podía sentir el aire frio colarse por alguna que otra rendija que no había reparado aún.

Los dos parlotearon de temas triviales, Bill contándole lo que había ocurrido en Gringotts durante sus días de ausencia mientras desayunaban lo hecho por el pelirrojo. Fleur quería llorar, se sentía culpable de haber estado tan ausente esos días, pero sabía que era mejor no hacerlo pues lo preocuparía y él ya estaba angustiado por ella sin necesidad de ello.

-Entonces, ¿Pasaríamos cuantos días en la Madriguera? Para ir viendo cuanta ropa me hará falta…-preguntó en medio de la charla, desconcertándolo-. ¿Por qué esa cara? Prometo ser muy amable con tus padres, sé que ya están pasando por mucho sin necesidad de agregarme a sus preocupaciones…

-… ¡No es eso, amor! Y ellos van a ser amables contigo, de antemano te digo. Me refiero… ¿Segura que deseas ir?

-Ya lo habíamos decidido, William. Sabes que si… ¿Por qué lo dudas?

-…Estarán la señora Tonks con su nieto, bonita…-dijo sin darle más ruedas al asunto. No sabía si de repente ver a un bebé le afectaría, o si estaría demasiado sensible para aguantar alguna treta de sus hermanos, quien aunque no malos, eran imposibles de aplacar. No quería mortificarla. Ella se quedó callada varios segundos, meditando aquello, antes de encogerse de hombros.

-Estaré bien, mon amour. Más me afecta no poder seguir adelante, ¡Merlín, he sido un bulto por días…! - empezó a recriminarse, hasta que Bill la paró suevamente.

-…No digas eso, Fleur. Estas…triste le queda corto a cómo te has sentido. Es normal. No te presiones en querer regresar de golpe, ¿está bien?

-Tu ya lo hiciste…- empezó ella, necia en su pensar.

-…Para distraerme, para darte espacio y sobre todo, porque no tengo de otra. Y no desearía que fuera de otro modo. Prometimos ser la roca del otro cuando uno se sintiera mal, ¿no? Ahora te toca a ti poder sentirte mal, amor. Y lo superaras, como siempre. Pero a su debido tiempo…- ella, conmovida, lo besó con suavidad, cosa que no había hecho en un buen rato y que los tranquilizo a los dos.

-…Igual, sigo queriendo ir a la Madriguera. ¡Tu mamá va a creer que yo te alejo de ellos! Y nos vendría bien una de sus enormes comidas caseras y ver a los demás…

-…Como tú digas, amor. Se hará como digas.

 

 

 

- ¿Cuánto tiempo debo venir?

-60 días- Pansy peló los ojos, incrédula ante las palabras de la mujer enfrente suyo, quien al parecer parecía acostumbrada a esa reacción-. Es lo mínimo obligatorio…

- ¿Todos los días?

-Los días hábiles, pequeña, pero si, asique si prefieres que te llame de un modo, llamarme de algún modo, que vayamos a otro lado incluso, siéntete libre de pedirlo. El punto es que no sea un suplicio para ti.

- ¿Y si falto?

-Si lo haces sin motivo de peso mayor, tendríamos que internarte y los días que llevaras no se contarían, empezando de cero, lo cual creo, no deseas que sea el caso…

"¿En qué mierda me metí?" pensó Pansy maldiciendo mil veces a Lovegood y sus rarezas por convencerla de aquello. "Por escucharla igual si mereces ir al loquero, idiota" le reprendía su conciencia mil veces, haciéndola sentir peor.

-No, no quiero que sea el caso. ¿Me van a medicar?

-Si lo veo necesario, si no, solo será terapia. No creo sea necesario, según tu historial, pero de serlo no es nada malo. Malo es no hacerlo.

- ¿Y de qué quiere que le hable?

-De lo que quieras, pero por ahora, ¿Qué era lo que más te estresaba de estar en la escuela?

-Los exámenes, como a todos- se burló mezquina.

-A nadie lo mandan a terapia solo por eso, querida, y nada parece indicar en las notas de tus profesores de antes que te preocuparan tanto…

- ¿Entonces si sabe de mí? Dígame que sabe, y ya veo que le cuento. No vaya a aburrirla con habladuría vieja- respondió de forma cortante y grosera, pero la mujer no parecía molesta.

-Te llamas Pansy Antoinette Parkinson, tienes 19 años, cursabas tu ultimo grado en Hogwarts en la casa Slytherin. Eras prefecta y tenías buenas notas, no perfectas, pero sobresalientes. De las mejores diez en tu generación, es un logro.  Eres hija de Anthony y Posy Parkinson, quienes enfrentan juicios por ser mortifagos…

-…Mi madre no tuvo nada que ver…-corrigió, interrumpiéndola. La mujer se disculpó, cediéndole la razón sin más.

-…Anthony en específico fue arrestado por un cargo muy grave, entre todos los que ser mortífago implicaba , trata y abuso  infantil…- la mujer había suavizado el tono al ver los ojos de la castaña aguarse contra su voluntad-…y mucha gente, cruelmente, empezó a hacer comentarios insensibles al respecto, tanto a ti y a tu madre, siendo que ninguna de ustedes lo merece, menos tú, su hija…- Pansy se rio, pero parecía del todo menos entretenida.

-Bueno, sabe muy bien mi situación…Su pregunta inicial fue para ver si lo desembuchaba, ¿verdad?

-…Yo no estoy aquí para juzgar tu situación, sino que para ayudarte a sobrellevarla. Para escuchar tu versión y apoyarte en base a ella…

- ¿No dirá nada? La demandaré si dice algo…- amenazó, sacándole una risa.

-…No puedo comunicar nada debido a que ya eres una adulta y te respondes a ti misma. Lo único que podría decir es si considero que necesites más tiempo, pero sin dar detalles…

- ¿Podría no grabar o tomar notas? O al menos, deshacerse de ellas una vez acabe el tiempo…Se que no es usual, pero enserio no quiero involucrarme con aurores en el futuro. Los llevo evitando demasiado.

-Como desees, querida.

 

Tras una hora, Pansy salió del consultorio cansada, los ojos rojizos delatando su mar de lágrimas anterior a pesar de sus intentos de aparentar calma. Eso había sido…intenso. Demasiado. Pero se sentía mejor, debía reconocerlo. Esa mujer era mucho más sensata que Daphne, que si bien hacia su esfuerzo por ser buena amiga y escucharla, era fría por naturaleza y mala consejera. La quería así, la adoraba así, pero se entrañaba una opinión más sensible y afectuosa. Y Draco…él ya no era una opción, por más que le doliera admitirlo. Dudaba que quisiera verla. Ademas, ya era de alguien más, le gustara o no.

"Carajo, lo que me faltaba" pensó la castaña al vera Neville Longbottom entrar al área de Salud Mental del hospital. ¡Nadie conocido podía saber que iba allí! ¡La llamarían loca y ni podría defenderse! Trato de esconderse ridículamente, chocando con gente. Neville, curioso, volteó a ver a donde había movimiento, notando que a ese punto, Parkinson ya estaba en el suelo. Una parte de él quería reírse, pero la caballerosidad de le ganó. No podía no ayudarla, eran principios.

-Hola, Pansy, ¿Estas bien? - la chica trato de negarle la mano que le tendía, pero tras perder el equilibrio una vez más, termino aceptándola, a regañadientes.

- ¡Perfecta! ¿Por qué no lo estaría? - cuestionó a la defensiva. Neville suspiró, eso se sacaba por amable.

-Preguntaba por la caída, y por educación…

-… ¿Qué haces aquí? ¿Viniste a ver a tu novia, Lunática? - apuntó a la caja de dulces que llevaba en la mano, su tono tratando de sonar burlón y déspota. Neville agradeció estar de buen humor ese día para no responderle, ademas, por su cara llorosa, entendía que quizás estaba muy susceptible y ese era el motivo de su hostilidad, al menos hoy.

-Regla número uno aquí: no está bien preguntar a que se viene a esta ala, por algo yo no lo hice, la gente puede ser susceptible. Pero vine a ver a mis padres, papá cumple años…

- ¿A tus padres…? ¡Ah! - la chica de repente se sintió terrible, recordando el porqué de aquello-. Lo siento, Neville. No debí burlarme…

-…Eso no me lo esperaba- se le escapó decir a Neville, dejándola confundida-. Que te disculparas- explicó apenado-, solo lo dije por si me ves más seguido, no te escondas. No hago preguntas…pero para que no te extrañes…

-Bueno, es que hasta mi maldad tiene límites…- ironizó, un poco ofendida de que se lo tomara como raro. Aunque bueno, si era sincera, nunca había dado motivos para que se esperara mejor de ella.

-No quise decir eso. Lo siento, Pansy.

-No hay problema. Adiós, Longbottom… ¡Y cuidado con contarle a alguien que vengo acá, oíste! - Neville negó divertido al escuchar el intento de amenaza. Pero se limitó a sonreír.

-Por eso no te agobies, mis labios están sellados. Lindo día, Parkinson.

 

 

 

Harry y Ginny habían ido a Grimmauld Place, dispuestos a ordenar un poco de las cosas allá, con ayuda de Kreacher, desde luego. El elfo domestico ahora mismo se encontraba preparando el almuerzo para sus dos nuevos amos. Y si, Ginny ya era vista como su "ama", a pesar de que esta prefería que no la llamase de ese modo. Era inútil, ya era un hábito para la criatura, quien tarareaba la melodía que sonaba en la radio mientras comenzaba a cocinar. Les hacia sonreír verlo de mejor humor.

Durante su estadía en Hogwarts Kreacher había cuidado muy bien de la casa, como se notaba en los suelos pulidos y esquinas sin polvo o telaraña alguna. Harry ya lo había convencido de aceptar un sueldo (muy a regañadientes, pero aceptó) y un horario de trabajo decente, a pesar de que durante las vacaciones parecía haberse entretenido mejorando la casa. También era su casa, después de todo. Normal que la cuidara con empeño. Y poco a poco la relación con los nuevos inquilinos de la casa y el elfo fluía mejor, incluso con Hermione o Meda, quienes eran en principio de las más repudiadas en sus breves visitas.  Era un gran avance en su conducta.

- ¿Qué es esto? - dijo Harry risueño, contemplando un nudo hecho de muchos lazos de colores en medio de las cajas.

Ginny, quien hasta entonces se encontraba entretenida viendo fotos de su suegra, Lily, con su exprofesor, Severus Snape. Era tan raro verlo así, joven, sonriendo. Más específicamente, sonriéndole a la pequeña chica a su lado. La pelirroja a su lado también sonreía anchamente, y en el movimiento de la foto pasaba de solo posar a su lado a abrazarlo con afecto, la piel pálida del azabache sonrojada al tacto. No parecían estar en Hogwarts, y por el ángulo, la propia chica le había tomado con dificultad en la luz de un farol. Lucían tan… ingenuos. Ella jamás hubiera descrito a Severus Snape con esa palabra, pero era la que encajaba. Su aura, aunque contrastante con la de la chica tan alegre, no era tan oscura como la que había tenido en vida…Casi dolía.

Pero bueno, era un casi. Harry le había contado todo respecto a Snape, su relación con su madre, su propósito de salvarle y protegerlo, mismo que había cumplido a pesar del alto precio. Y sin embargo, no podía olvidar sus malos tratos y crueles modos. Agradecía que Harry pudiera perdonarlo, le haría mejor, y en efecto, le habían faltado años para poder agradecer a Snape por todo aquello. Pero no era olvidadiza. Algo debía haber hecho que arruinase lo que, al parecer, había entre ellos. Y no le sorprendía.

- ¿Qué amor…? ¡Deja eso! - Harry soltó el nudo que trataba de deshacer, algo alarmado. La chica se sintió mal de espantarlo, pero fue sin querer-. ¿No te parece familiar?

- ¿Debería? - la miro con atención-. Se parece a el lazo de Bill y Fleur…-razonó después de un rato. Si bien no era idéntico, la idea era similar: muchos lazos unidos en un nudo-. Algo de magos que no entiendo, ¿verdad?

-Más o menos. A veces olvido que tú y Herm crecieron entre muggles. En resumidas cuentas, es como un acta de matrimonio antigua. Presta- el chico obedeció sin rechistar, viendo risueño la expresión de su novia-. ¿Ves como no se deshace por más que tiro de él? Es porque si se hace bien, el hechizo que lo creo es indestructible, en la vida o en la muerte.

- ¿Bien?

-Con amor y consentimiento de ambas partes. Si no, se desharía y la pareja jamás se casó. Al menos no de forma tradicional, siempre puedes ir al Ministerio de todos modos y sacarte el acta… ¿Te dormiste en toda la ceremonia, acaso? - bromeó, dejando el lazo en su lugar.

-No tenía cabeza para ello, me temo…-dijo sin una pizca de sarcasmo, a lo cual Ginny solo asintió apenada. A veces parecía tan lejano todo aquello, pero la realidad era que no lo era. Faltaba mucho para poder decir que se había superado ese capítulo de la historia.

-Con suerte tendremos oportunidad de asistir alguna más temprano que tarde…- dijo Ginny tratando de volver al ambiente tranquilo de antes.

-… ¿Eso crees? - preguntó Harry risueño mientras terminaba de guardar en una caja aquello que quería bajar del ático para acomodar en la casa. una vez hecho, se sentó y atrajo a su novia a su lado.

-Eso espero. Bautizos, bodas, cumpleaños…Cualquier cosa que celebre los buenos ratos es bienvenida. Seria lindo que se diera en mi familia, pero supongo que depende de los cabezones de mis hermanos…Mejor espero sentada…

-…No les tengas tan poca fe…- trato de defender Harry, pero termino por reírse. - ¿Quién crees que sea el primero en atar el lazo? - bromeó bobamente mientras agitaba el de sus padres. Solo Ginny se reía de sus chistes malos.

-Chistoso, Potter. No sé…Sé que Charlie no. Sin ofender, es más, él diría lo mismo, dudo que este en sus planes siquiera. Quisiera decir que Ronnie- Harry la miro sorprendido, pero la dejo seguir-, pero ya sabemos que ellos llevan las cosas a paso de tortuga, asique seria desear demasiado. Con que sea con Herm, por mí que se lleven el tiempo que ocupen. Percy…lo siento, solo no lo veo consiguiendo a una chica que lo aguante. Quien lo haga será un ángel seguro…pero no lo veo tan cercano. Y George…No está bien como para siquiera pensarlo. No lo culpo. Como ves, es difícil saber con ellos. Si fuera por lógica, seria Percy…es el mayor. Mamá seguro quiere que se casen antes que yo, al menos.

-… ¿Percy? No bueno, a ese paso, mejor espera por que Bill te de sobrinos.

-Lo sé, lo sé. Si algo bueno tiene esa unión es que me dará sobrinos preciosos.

Harry sonrió al ver la disimulada ilusión de la pelirroja a lo último. Si, Ginny adoraba a los niños, pensó Harry mientras jugueteaba con la cajita aterciopelada en su bolsillo. Llevaba días buscando el momento correcto para proponerse, pero simplemente no lo encontraba.

Haber, nervioso lo que se decía nervioso no estaba. Sabía que Ginny lo amaba, que su respuesta no era algo que poner en duda. Solo que quería, por primera vez, poder planear algo lindo para ellos, por decirlo de algún modo. Jamás había tenido oportunidad de ser detallista con ella, la verdad, y aunque sabía que Ginny lo quería sin necesidad de aquello no quitaba que él quisiera mimarla un poco. Y pensar que ella sin querer sacaba ese lado de él que incluso el mismo desconocía en su persona. Como le gustaría tener a quien pedir consejo en esos momentos, pensó con cierta tristeza, observando una de las fotos de la boda de sus padres.  Era curioso como la vida arreglaba la historia para que se repitiera de cierto modo.

-Vamos, Kreacher estará esperándonos con la comida. No me gusta hacerlo esperar.

-Como digas, Gin.

 

 

 

Pig llego emocionado a la Madriguera, orgulloso de no haber hecho un desastre como de costumbre.  La señora Weasley, feliz de ver a la pequeña lechuza, se apresuró premiarla mientras llamaba al menor de sus hijos escaleras abajo para recibir su correspondencia. Después de varios minutos un recién levantado Ronald llego a donde su madre, tratando de ocultar con el cuello de su suéter la marca que su querida novia le había dejado la noche anterior. No que se quejara, jamás se quejaría de los besos de Hermione. Pero se suponía que su madre creía que su relación era de mano sudada, no que dormían juntos todas las noches desde el verano.

- ¿Por qué no puede dejarlas en mi cuarto? ¡Sería más fácil, y allí esta su jaula! - a pesar del reclamo acarició a su mascota, quien correspondió al mimo con entusiasmo.

-No sé, querido, pero al menos pareciera que esta vez no dejo nada tirado por el patio. No seas tan exigente….-pero Ron dejo de escuchar lo que decía en el momento en que leyó el remitente de una de las cartas de su novia: Viktor Krum.

Desde el verano pasado tanto Harry como Hermione habían estado utilizando ya fuera a Errol o a Pig para recibir sus cartas: la castaña siendo que jamás tuvo una lechuza para ella y Harry viéndose incapaz aun de adquirir una nueva compañera plumífera. Y no había problema con ello, la verdad, Ron jamás había tenido problema en compartir lo suyo con ellos. El problema ahora era pretender estar tranquilo entregándole aquello a su chica cuando en realidad quería quemarla antes de que siquiera pudiera leerla. ¿Qué quería ese imbécil con ella, de todos modos? ¡Hacia casi un año que ni se hablaban!...¿Verdad? Sintió como si le hubieran golpeado, el hueco en su estómago cada vez más real mientras que su mente le conjuraba terribles escenarios donde el quedaba como un idiota.  Como el segundón que se sabía y, más importante, como a quien ella dejaba de lado por alguien mejor. Y todo por una maldita carta.

¿Y si no era verdad lo que creía? ¿Qué si llevaban escribiéndose meses, a sus espaldas? ¿Qué le diría? ¡Él la quería a ella, no lo harían idiota diciendo que no, porque él lo había visto verla! ¿Qué si no la había olvidado? ¡Sabría él mismo que Hermione no era alguien que solo se pudiera olvidar! ¿Ella se habría olvidado de él? ¿Del jugador de Quidditch internacional, rico, famoso, atractivo Krum? El mismo que había sido s primera cita, su primer beso… ¡Claro que no!

- ¿Todo bien, Ronald? Luces pálido- cuestionó su madre preocupada.

-Si, ma. No te preocupes- mintió, mientras seguía acomodando las cartas en tres montoncitos: suyas, de Harry y de Hermione. ¿Desde cuándo aquel imbécil le escribía a su novia, de haberle escrito antes?  ¿Cómo no lo noto antes? ¡Ahora lo noto por mera suerte, ni siquiera había estado espiando!

No quería entregarla. Quería quemarla, o esconderla y leerla. Sabía que estaba mal, y sabía que no arriesgaría lo avanzado con la castaña violando su privacidad. Quizás, años atrás, o incluso meses atrás si era sincera, lo hubiera hecho sin pensarlo demasiado. Y aunque aún lo tentaba, sabía que no era lo correcto. Solo esperaba no estarse equivocando.

- ¡Buenos días, señora Weasley! ¿Algo con la que la pueda ayudar? - ofreció la castaña mientras bajaba las escaleras rumbo al comedor. El cabello húmedo dejaba ver que salía de la ducha, y Ron no entendía porque no simplemente lo hacía secar con magia. A veces parecía olvidar que era bruja, cosa que aunque le deba ternura, podía ser inconveniente.

-Te vas a resfriar- regañó suavemente Ron, mientras apuntaba a la melena con la varita, secándola al instante, provocando que se esponjara como nunca lo había visto.

-Gracias, pero por eso no suelo secarlo. Ya es un desastre por si solo como para agregarle más- hizo aparecer un cepillo para empezar a tratar de desenredar sus cabellos, aunque parecía de todo menos molesta con él por su intervención.

-No querida, veo que mi niño ya te ha dado una tarea por su cuenta- las orejas del pelirrojo se colorearon y vergüenza, pero antes de que pudiera replicar, agregó-. Pig llegó con cartas, linda, por si esperabas alguna en específico, allí están.

Los ojos de ella se ensancharon notoriamente, Ron no supo decir si por algo bueno o lo contrario. Tomo su montoncito y tras darle un apresurado beso en la mejilla se volvió escaleras arriba, dejándolo intranquilo.

- ¿No vas a comer? - preguntó la pelirroja sorprendida, su hijo negó apresurado mientras se dirigía escaleras arriba a donde, creyó, la encontraría en su cuarto, solo para notar en el camino la puerta del cuarto de Ginny entreabierta cuando antes había estado cerrada. ¿Por qué iría allí tras semanas de no pisarlo? "¡Al diablo! Si no me está ocultando nada malo, no se molestará que pregunte"

- ¿Ocupada? - la chica se sobresaltó al escucharlo tras ella, antes de sonreír a su dirección.

-No, Ron. Solo respondía una carta…- Ron quiso acercarse y ver por encima lo que escribía, pero cuando llego ya había envuelto el pergamino para colocarlo en un sobre. Gruñó sin notarlo, frustrado, solo dándose cuenta al verla fruncir el ceño-. ¿Qué ocurre?

-Nada- la chica entornó los ojos, mientras se levantaba de la mesilla donde había estado escribiendo.

-Si no quieres decírmelo solo dilo así, Ronald- él chico sintió la rabia empezar a formarse en su interior. ¿Cómo el que ella le dijese Ronald podía generarle tan distintas emociones en base al contexto? ¡Cucharilla de té sus..!-.  ¿Crees que Pig pueda entregarla hoy? Es que no puede esperar.

¡Al diablo que no podía esperar! Usar su propia lechuza para engañarle… ¿Si no, por qué no le decía?

- ¿Bien? ¿Ron?

-Seguro, amor- a Hermione le hirió el tono sarcástico al llamarla así. Pero tras años de ocultar su dolor con la rabia, no fue raro que terminase furiosa con él en cuestión de segundos.

- ¿Me vas a decir que te pasa, Ronald? ¡No tengo porque estas aguantando tus corajes sin razón! ¡Dime, que hice! - Ron no quería reconocerlo. Se sentía patético. Sabía que se iba a enojar. Ya estaba enojada, solo lo iba a hacer peor. ¿Por qué no podía hacer nada bien? -. Bueno, si no quieres explicarte quizás sea mejor que yo…

- ¡Espera! - la interrumpió, desesperado, incapaz de comprender lo rápido que aquello había escalado y temeroso de escuchar lo que pudiera decir. Hermione lo miró expectante-. Espera. Lo siento…solo…no termines de decir eso, ¿sí? No si no lo piensas.

-Solo quiero que me digas que te pasa -pidió más tranquila, sorprendida de verlo tan alterado. ¿Qué creía que iba a decir?

-Vi las cartas. ¡Fue sin querer, y no las leí! Pero si vi…bueno, ¡Vi que te escribió Krum! ¿Está bien? y yo no entiendo lo que aquel uniceja querría estarte diciendo…- Hermione suspiró. Sospecho que sería eso. No Viktor, pero celos.

-Viktor es mi amigo, Ron. Solo eso…

-Él no te quería como amiga, Hermione- recordó con amargura.

-No importa lo que él quiera. Estoy contigo ahora, deberías confiar en eso.

- ¿Por qué no me dijiste? Sentí…casi sentí que lo estuvieras ocultando. Se que no me debes decir todo, no lo espero, pero joder, es como si yo…

-…No vayas allá, Ronald, que Lav-Lav no fue nada tuyo hasta que se revolcaron.

-…Yo no…jamás… ¡Lo haces sonar más grave de lo que fue! No fue anda.

-Viktor me robo un beso una vez, mientras trataba de ignorar el hecho de que quería estar contigo. Hablando de hacer las cosas más grandes de lo que son…

-Lo siento…

-…Lo que iba a decir es seria mejor que yo te dejara solo en lo queta te calmabas antes de hablar. Nada más- basto con ver la expresión de alivio en su rostro para saber que, nuevamente, había pensado lo peor.

-Lo siento, Mione. Por haber actuado…así. Creeme que trate…-ella lo besó, tomándolo de la mano.

-Está bien. Lo sé. La verdad…no te dije, en parte porque temí que te hicieras ideas erróneas, pero principalmente porque me estaba pidiendo ayuda…

-… ¿Ayuda?

-Lleva varado aquí desde la boda de Bill y Fleur. No lo han podido dejar salir, quería ver si conocía con quien dirigirse pues llego de forma…incorrecta, en primer lugar. Y con quien llego, pues…terminó arrestado…

-Mierda.

-Exacto. No quiere terminar en problemas por haber entrado así, pero ya quiere irse con su familia. Sé que es horrible no estar con ellos, y dado a que soy junto a Fleur su único contacto real aquí y de las dos soy la única que para empezar, habla bien inglés, pues…

-Claro. Desde luego que vas a ayudarle…Mierda. Ya hasta me sentí mal…- se quejó, avergonzado de haber siquiera pensado que Hermione podría haberlo estado engañando de algún modo. ¡Incluso se sintió mal por Viktor! ¿Quién no querría a Hermione en su vida, siendo ella tan buena? La pobre no salía de sus asuntos y aun así le estaba ayudando. Estar tan lejos, en un país ajeno donde no entiendes muchas cosas…Pobre.

Era raro sentir lastima de quien tanto te acomplejaba. No se sentía bien.

-No había forma en que supieras. Y técnicamente es un secreto, pero sé que eres bueno guardándolos. Ni quise fastidiar a Kingsley con eso, pensé fastidiar a Percy…

-No creo que sea nueva idea. Es un traidor, yo no lo confiaría nada, y eso que es mi hermano.

- ¿Entonces? - Ron no pudo resistir robarle otro beso tras verla morder su labio, dudosa.

-Podría preguntar a Charlie quien lo trae- Hermione lo miró incrédula, pero decidió no decir nada. No era tan grave, Charlie era inglés y familia-. O sea, si lo lleva a Rumania dudo que no pueda llevarlo a Bulgaria, queda al lado- Hermione rio al escuchar el estómago de su novio, la tensión de antes olvidada-. ¿Sabes? creo que no pensé bien lo de no comer.

-Por supuesto que no, estomago andante. Vamos, también tengo hambre.

 

 

 

Astoria casi pegó un grito de emoción a la hora de ver la báscula. ¡Había subido tres kilos! ¡Al fin tenía un peso normal! Eso no ocurría desde…desde nunca. Quizás de bebé, pero según ella ni en entonces, por más que la cuidaban y procuraban en casa.

-Soy tres kilos más poderosa…-Daphne pareció emocionarse también, mientras terminaba de arreglarse frente al espejo-. ¿A dónde vas?

-A dónde vamos, querrás decir. Necesito ir a probarme vestidos. Para la boda, claro está. Quiero que me acompañes. A menos que tu preciado Malfoy sea más importante…-recriminó, rociándose perfume. Astoria frunció el ceño.

-Por supuesto que no es el caso, Daph, o lo será jamás. Solo…sabes mi opinión al respecto. No deberías casarte con alguien a quien apenas conoces, menos cuando tienes sentimientos por alguien más, por más conveniente que pueda parecer seguir ese camino ahora…-Daphne le indicó que se sentara.

-A Theo lo adoro, pero me temo que no confió en él. Ya no, al menos.

- ¿En Theo? No he hablado demasiado con él, pero parece del todo menos…

-…Justamente por eso, Tori. No has hablado con él lo suficiente.

- ¿Te engañó?

-Podría decirse- sabía que no le sacaría más a ella en ese entonces, asique decidió no presionarla a hablar.

-Mi consejo sigue siendo el mismo. o sea, no te digo que vayas corriendo a Nott, te digo que no te apresures a hacer cosas solo por complacer a nuestros padres.

-Soy la mayor, la primogénita. Honrar a la familia, seguir sus tradiciones…ese es mi deber, y mi deseo. Punto. ¿Irás?

-Compras contigo son compras contigo, sin importar que sean vestidos de novia. Deja me cambio, bajo enseguida- decidió ponerse de su lado, después de todo, no quería pelear tan cercana a Navidad. Se sintió mal, quería ir a ver a Draco, pero su familia, aunque a veces no pareciera, iba primero.

 

 

 

Audrey sonrió mientras agradecía la taza de chocolate que Percy le había preparado. Se había quedado a dormir en su departamento, como solía hacer desde hacía semanas. Ahora mismo se encontraban parloteando distraídamente del Ministerio, Audrey contemplando el cielo gris de Londres por la ventana.

-No nevá tanto como creí que lo haría.

-Sería desastroso si lo hiciera. Las ultimas tormentas de nieve que recuerdo han dejado inútiles las calles por días- ella asintió, de repente nostálgica-. ¿Qué ocurre, Drey? - se sorprendió gratamente cuando ella se abrazó a su costado, acurrucada. Jamás había salido con una mujer tan…cariñosa y efusiva en su afecto. Casi siempre eran frías como él. El cambio, aunque novedoso, resultaba agradable.

-Nada. Extrañaré pasar las fiestas en casa- Percy no supo que decir, no sabía cómo se sentía eso, por más que le avergonzaba reconocerlo-. ¿A dónde iras por las navidades? ¿A Rumania con Charlie?

- ¡No! no iré a ningún lado.

- ¿Tienes a tu familia en Londres? ¡Qué suerte!

-En realidad en Devon, pero desde que me mude que no la paso con ellos.

-No quiero ser entrometida, pero no suena a algo bueno.

- ¿Desde cuándo no quieres ser entrometida? - Audrey rio al notar que no lo decía seriamente, al menos no enojado-. No lo es. Mierda ocurre, uno decide mantenerse ocupado.

-Eso puedo entenderlo. Pero las fiestas son las fiestas, seguro que se tientan el corazón y te reciben.

-Estas navidades ya van a ser distintas a las de años anteriores. Ir…solo lo haría más evidente- Audrey, aunque no por él, sabia a que se refería. A ese hermano que ya no estaba.

-Quizás, pero no por eso lo hará peor…Muchos darían lo que fuera por pasar esas fechas con sus seres queridos…

Percy sabía que Audrey decía la verdad. Fred se había ido y él seguía siendo el mismo imbécil egoísta que renegaba de sus familiares. Pero no tenía el valor de ir, después de todo lo que había dicho y hecho contra su propia sangre, contra su propio padre, su propia madre…su pobre madre…frente a George…frente a Fred, que desde donde estuviera estaría viéndolos.

-No quise se imprudente, lo siento- escucho disculparse a Audrey, quien lo miraba preocupada, tomándole la mano. Solo entonces notó que había empezado a llorar un poco.

-Disculpame tu a mi- trato de recomponerse rápidamente, apenado de haberse mostrado así frente a ella.

-No hay por qué. ¿No te estarás disculpando por llorar, verdad? eso espero, al menos. eres humano. Todos lloramos. Gracias, en todo, caso, por tenerme confianza para permitirte hacerlo. Eso sí, lamento si lo que dije lo provocó.

-No te preocupes. Es…era inevitable, supongo. Tienes razón. Solo…no tengo rostro para regresar, si soy sincero. Actúe mal.

-Dudo que nada imperdonable. Ademas, si no pides, la respuesta siempre será no.

-Eso tiene sentido.

-Claro que lo tiene. Lo dije yo- bromeó levemente, sacándole una sonrisa.

- ¿Querrías…? - la chica lo miró expectante, mientras el tragaba grueso, avergonzado-. Olvidalo. Fue tonto.

-No, ahora me dices, Percival. Nada de lo que dices es tonto. Y aunque lo fuera, ahora quiero saberlo. Como vas…

-Iba a preguntarte si, dado a que no tienes con quien pasar las fiestas, te gustaría ir a la Madriguera…conmigo. Seremos muchos, pero siempre parecen hallar espacio para alguien más- la chica se sorprendió, pero terminó por sonreír anchamente, los hoyuelos de sus mejillas marcándose como nunca.

- ¿Me llevarías, enserio?

- ¿De verdad querrías?

- ¡Claro que sí! ¿He hecho algo que te diga que no?

-No…es solo…-no lo iba a decir. Era horrible reconocer que temió que Audrey, siendo de la familia acomodada de donde venia, lo viera como poco.

- ¿Ellos estarían de acuerdo de que me lleves? - preguntó, preocupada-. O sea, ¿es normal que tus hermanos lleven a sus…?

Se calló en seco. ¿Qué eran, realmente? Amigos…se conocían demasiado bien para llamarse así. No eran una aventura…no, jamás se darían ese término. Se querían demasiado para llamarse así. Él no había hecho la pregunta, y ella tampoco. Ninguno parecía muy preocupado por hacerla, de todos modos. Audrey tenía a su exnovio persiguiéndola por Londres y Percy… ¿Tendría a otras tras de sí? Audrey no lo dudaba, en el sentido de que era joven, guapo y trabajador, un imán a su modo de ver las cosas… ¿Él quería algo serio con ella? hasta ahora solo Ed había querido algo serio con ella…Y él estaba lejos de ser la mitad de honrado que Percy…

- ¿…amigas? - terminó de decir después de un rato, claramente incomoda. A Percy lo delató su sonrojo, el cual era gracioso en su normalmente pálida piel. Se aclaró la garganta antes de responder…

-A veces- recordó a Ron invitando a Hermione…su actual pareja. Quizás era mal ejemplo-. Si quieres ir como mi amiga, yo estaría encantado- se imaginaba las burlas y comentarios en doble sentido que le harían sus hermanos si llegaba con semejante mujer del brazo diciendo que era "su amiga". Quizás solo Bill le tendría piedad, y solo por no tentar la paciencia de su esposa.

- ¿De qué otro modo podría ir? - se atrevió a insinuar dándole el pie a una pregunta. La vida es de los que se atrevían, después de todo, o eso se dijo a si misma cuando su conciencia la empezó a reprender por su impulsividad.

"¡No te quedes callado, imbécil!" la voz de lo que él había empezado a denominar su inconciencia había adquirido muy recientemente el timbre de su fallecido Fred, quien ahora le animaba a seguir. "¿Eres un Gryffindor o no? ¡La tienes enfrente! De estar allí, ya te lo hubiera robado, ¡Por lento!"

Fred querría que viviera el momento, como nunca hizo cuando él vivía, por más que este se lo recomendada a su modo.

-Pudieras ir y presentarte como mi pareja, para eso te tendría que preguntarte antes…- ella alzó las cejas, la tensión de antes olvidada por la súbita respuesta. Trato de fingir indiferencia, aunque sus manos inquietas delataban su entusiasmo.

- ¿Estas asumiendo que diría que "sí"?

-Pudiera apostar a que sí, si eso no me hiciera un imbécil…

-…Lastima que no lo hiciste. Hubieras ganado- Audrey rio al ver como sus ojos se ensancharon, asombrados de que hubiera funcionado. Antes de que pudiera decir algo más, lo calló con un beso intenso, de esos que adoraban y les dejaban sin aliento-. - murmuró en el beso. Percy la alzó en el abrazó, haciéndola reír tontamente. Estaban eufóricos-. Para ti, siempre será sí. 



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