Historia al azar: La casa del gran mago.
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19 años después » Hogar
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Hogar

-No estoy molesta, estoy… desconcertada- pronunciólapalabra con dificultad mientras daba su aclaración, pero su semblante era el mismo: dolorosamente distante, claramente perdida en sus lúgubres pensamientos. Se abrazaba a si misma en la cama mientras su esposo, claramente igual de perturbado que ella, buscaba voz para responderle-. Alterada. Y francamente, decepcionada.

Todo había ocurrido tan pronto que sinceramente, todavía lo seguía procesando.

Habían ido a Grecia como habían acordado, y había sido encantador. Como habían acordado y una vez acabado su trabajo en el lugar, ella y él habían alquilado una bella y acogedora casa en la costa, los mares turquesas y clima cálido completamente distintos a su hogar. Su sonrisa desencajo brevemente con sus lágrimas mientras recordaba lo felices que habían sido, haciendo el amor en cada rincón y visitando lugares turísticos encantadores, siempre acaramelados y de la mano, dándose vida de pareja como pocas veces se les había permitido desde que se casaron. ¡Merlín, todo había sido perfecto! Él había sido lo mejor de todo, como siempre. Saberse amada por William siempre era lo mejor de todo desde que lo conocía. Pero desde luego, no estaría llorando en la cama si las cosas hubieran terminado allí. No, aunque lo hubiese deseado de ese modo.

Llegaron después de una semana, tomando los trasladores del Ministerio justo como habían hecho para llegar en primer lugar. y fue entonces cuando empezó. Fleur sintió un dolor en el vientre muy intenso, tanto que la detuvo en su andar necesitando apoyarse en Bill, quien preocupado busco donde sentarse un rato. Fleur, en medio de sus cólicos agudos sintió un tirón antes de sentir que le había llegado la regla. O al menos, eso creyó.

 

- ¿Qué ocurre, amor? - cuestionó Bill claramente alterado. Fleur trato de tranquilizarse antes de responder.

-Oui mon amour. Vamos a casa, ¿sí? - se aferró a el brazo de su marido, y este los hizo aparecer en el refugio sin rechistar. Fleur le agradeció mientras subía a cambiarse tratando de escabullirse de los constantes intentos de ayuda a moverse de su marido. Jamás le había gustado "sentirse invalida", para su disgusto.

- ¿Fleur? ¿Todo bien? - toco levemente la puerta del baño al notar que ya había tardado en salir. Al escuchar otro quejido de dolor, esta vez màs fuerte, decidió entrar. Podría aguantar un regaño de su mujer si con eso se quitaba de encima el peso de no saber que la aquejaba. Y cuando abrió la puerta supo que había hecho lo correcto.

Fleur se encontraba tirada en el suelo, abrazándose a si misma con las manos en el vientre, llorando del dolor. El pequeño pero preocupante charco de sangre que se había formado solo lo aterro más, sabiendo a la perfección que aquello no era normal, tanta sangre no era normal, menos el dolor, en especial siendo que su Fleur jamás se había quejado por cólicos en el tiempo que se conocían. Sabía que algo malo ocurría.

-William…je serai bien …-dijo a dudas penas antes de volver a quejarse. Tardo unos segundos en atender, pero cuando lo hizo se apresuró a alzarla en brazos con delicadeza, encarrerandose a la chimenea para llevarla a San Mungo de inmediato. Fleur solo escondió la cabeza en su pecho, lloriqueando confundida. Eso no podía ser un sangrado normal, un periodo normal.

Y no lo fue. Había perdido un bebé el cual ni siquiera tenían idea que esperaban. Al parecer era normal, trato de explicar el doctora a la conmocionada pareja, dado al viaje por traslador a tan larga distancia y dadas a sus circunstancias. Fleur la miró confundida,

- ¿Qué circunstancias? - cuestionó Fleur al borde del llanto. No sabía como sentirse. Ni siquiera había tenido oportunidad de alegrarse de haber concebido, de ilusionarse. Ya no había motivo.

-El cuerpo es sabio, señora Weasley. Probablemente algo venia mal con la criatura, o le haría daño a usted en el futuro. Suele ocurrir en parejas como ustedes: los licántropos nacen de licántropos, no suele salir bien ni para el bebé ni para la madre en caso contrario…

- ¿Licántropos? Mi esposo fue atacado por uno, pero apenas muestra secuelas…-dijo Fleur confundida. La expresión de Bill se ensombreció. Él había estado evitando aquella conversación por miedo a su reacción, después de todo, una cosa era su relación y otra muy distinta era la perspectiva de arruinar sus posibilidades de ser mamá. No había forma de que no lo dejase, o en la que él la culpase por ello. Y ahora, las cosas habían caído por su propio peso. Fleur conocía a su marido y su expresión al lado de su silencio solo le confirmo que ella era la única ignorante de aquello.

- ¿No les habían dicho de la capacidad hereditaria? Es dominante, señores Weasley.  Y así permanece hasta la cuarta generación. No digo que sea imposible que conciban o tengan descendencia, siempre hay posibilidad de que no pasen la maldición o bien, que se atienda y se llegue a término, con sus riesgos pero bueno, todos los embarazos llevan sus riesgos. Siento que no es el momento de discutirlo, de todos modos. Lamento su perdida, señores Weasley, de verdad. Ya atendimos lo inmediato y no pareciera quedar nada que expulsar, lamento que suene tan duro pero no hay mucho modo de suavizarlo. Con lo que le administramos y reposo, mañana mismo debería sentirse físicamente mejor, pero cualquier complicación venga de inmediato. Nuevamente, lamento la noticia. Les dejo para que se cambie y se serenen un poco, tome su tiempo cuide que no haga nada brusco- se dirigió directamente a William en lo último, a lo que él, todavía demasiado en shock por la situación, atino a asentir, abrazando protectoramente a su mujer, quien ya a sola por fin se había permitido romper en llanto.

 

- ¿Lo sabias o no?

-Si.

- ¿Hace cuánto?

-Unos meses apenas. Siempre lo sospeche, pero lo confirme con una carta de Gin.

- ¿Y cuándo planeabas decirme? - preguntó por tercera vez-. No planeabas hacerlo, ¿verdad?

-Si, desde luego, Fleur. No encontré como…- se sorprendió cuando la vio golpear ligeramente el espacio al lado de ella en la cama, indicándole que se sentara a su lado. Hasta entonces el solo la acompañaba en la habitación, pero con su distancia, pensando que en cuanto se calmara probablemente lo escarmentaría merecidamente por aquello.

Desde luego que él la prefería molesta con él que llorándole a su bebé o culpándose por aquello, que era lo que más le dolía, su rubia no dejaba de mencionar que debió haber sabido que se encontraba embarazada y demás cosas que claramente no eran su culpa, ella era quien junto con él más lo sufría como para culparse. Obedeció la petición de si mujer, sentándose a su lado y rodeándola con su brazo otra vez, después de todo, jamás la había visto tan frágil. Ella no correspondido, pero tampoco se alejó.

- ¿Por qué?

-Por egoísta-lo dijo con tanto autodesprecio y sinceridad que Fleur sabia que no buscaba darle lastima, sino que solo decía lo evidente. O bueno, lo que él veía como evidente. Ella negó con la cabeza inconsciente.

-Tu eres todo menos egoísta. Quiero saber, por favor- normalmente su Fleur hablaba hasta por los codos, por lo cual verla hilar pocas oraciones a la vez era raro. Le dolía. Solo podía limitarse a obedecer sus peticiones, no le podía negar nada.

-Odio mi condición, Fleur, lo sabes. Pensar que por mi culpa nuestros niños tendrían dificultades de siquiera poder ser concebidos me afectó…-Fleur lo tomó de la mano al escuchar su voz quebrarse. No podía ser dura con él, había perdido un hijo también-. Y me temo que saco lo peor de mí. Temí perderte, y por razones màs que justificables. Mereces poder de formar una familia, no debías sufrir esto…jamás me perdonare que haya permitido que esto te ocurriera…

-Nos ocurriera, William. Estamos juntos en esto- corrigió severamente-. ¿No he hecho suficiente para probar que te amo mas que a nada? Me quede cuando las cosas no podían estar peor y me seguiría quedando, pero no puedo hacerlo si sigo siendo puesta en duda cada que algo malo pase, Bill. Yo nunca he dudado de ti…-el pelirrojo sintió como si el mundo se le estuviera cayendo encima, lo cual en cierto modo, era realidad. Sentía que le había fallado a la persona que mas amaba, y sabia que era la verdad. no merecía otra cosa que perderla.

-Lo siento, Fleur. Mas que nada, lo juro. Si pudiera cambiar las cosas, haber actuado distinto, lo hubiera hecho. Pero no puedo…

Se sentía una falla. Le había fallado a su Fleur. Había fracasado como marido, como hombre… y como padre.

- ¿Me amas, verdad?

-Mas que a nada, Fleur. Eres lo mas preciado que tengo, todo lo que he hecho desde que te conocí, malo o bueno, ha sido pensando en protegerte, en no perderte…Y sé que termino de la peor manera en que pudiera haber terminado…Si pudiera cambiar lugar con él, lo haría…- ella termino por romper en llanto con lo último, correspondiendo por fin al agarre de su marido.

-Ne me laisse pas partir…-suplicó la rubia entre sollozos. William la acunó entre sus brazos, dispuesto a no fallarle más de lo que había hecho. Ya había pasado por mucho, lo único que podía hacer era consolarla y penar con ella.

-…Nunca, Fleur. Estoy aquí para ti, siempre.

 

 

 

- ¿Mamá sigue molesta conmigo, papá? - preguntó Astoria suevamente, temerosa por la respuesta. Tan solo el señor Greengrass había ido a recoger a sus niñas, avergonzando levemente a la mayor por sus efusivas muestras de cariño a las chicas. Pareciera que él jamás seria capaz de verlas como las mujeres que ya eran, o al menos, que Daphne era. A Astoria lejos de molestarle la conmovió.

-Un poco, mi niña, pero ya la conoces, es un poco más iracunda siempre. Se preocupa por ti, Tori, eso no lo olvides…-pidió Arístides mientras ordenaba a los elfos llevar las maletas a los respectivos cuartos.

-…Ademas, no es como que no tuviera motivos para ello. Casi se agarra a golpes con tu suegrita, hermanita. Hablando de familias complicadas- se burló Daphne ganándose una mirada reprobatoria de su padre, quien no encontraba para nada gracioso el incidente.

- ¿De qué habla la loca? - preguntó Astoria confundida.

-De un pequeño altercado que tuvieron tu bella madre y Narcissa Malfoy. ¿Tu cómo te enteraste, Daph?

-Pansy me conto que Blaise le dijo que su madre le había dicho, sepa como se entero Vittoria, pero bueno, conociéndola seria raro que no…- explicó Daphne con obviedad. Astoria quiso no reírse, era grave, pero de imaginarse a su siempre decorosa madre a punto de pelearse con la siempre prudente Narcissa le hizo reír. Arístides, claramente avergonzado, les pidió que se calmaran.

-La señora Malfoy, Narcissa, es una mujer excelente, siempre sensata y serena, una antigua amiga mía que aun tengo en estima. Su madre, bueno, sabrán ustedes lo que pienso de ella: es una mujer con carácter-la mirada de enamorada de su padre al decir aquello dejaba claro que no era una queja eso de "mujer con carácter"-. Y que hayan tenido sus diferencias no es nada grave, mucho menos jocoso, ¿entendido?

-Si, padre.

-Si, papá.

- ¡Bien! Muy bien, princesas, suban a descansar un poco. la cena estará lista dentro de poco, ¿Verdad, Ejder?

-Si, amo Greengrass. Como pidió, hicimos la comida favorita de la señorita Daphne y el postre favorito de la señorita Astoria. ¿Gusta que hagamos algo más para su señora, ama Greengrass?

-Si, por favor, su gusto dista bastante del de nuestras niñas- fue lo último que escuchó Astoria decir a su padre antes de encaminarse a su alcoba. Una vez allí se boto a la cama cansada pero feliz de que al menos su padre se mostrase eufórico por su regreso. Ella siempre pensó que ella se parecía más a él en carácter, pues su padre de ambos era el afectuoso y mimador. Su madre, aunque la amaba, era más bien fría y exigente. Daphne era más afín a su mamá, desde luego, ya que gracias a todo lo bueno tenían opiniones similares en lo vital. Hubiera sido un caos el caso contrario.

Pero, de algún modo, sus padres funcionaban bien juntos, y se amaban con locura. Creíble o no, la realidad es que aquello era extraño en los matrimonios de la aristocracia: buscaban su compatibilidad económica, no precisamente entre los conyugues. Y la pureza, desde luego. Eso los unía a todos. Matrimonios falsos, pero puros, que darían sucesión. Los varones, una bendición. Las niñas…Solo sus padres, en especial su padre, las llamaban así, lo cual era triste. Pero de nuevo, era su realidad.

- ¿Astoria? ¿Podemos hablar? - su madre se asomó por la puerta. Astoria asintió suavemente, sentándose en la cama para poder hablar con ella de frente-. Mi Astoria, luces muy bien. Preciosa, desde luego, pero tu hermana nos hizo pensar que te encontraríamos delgada y paliducha. Me alegra ver que se equivocaba…- le acaricio con cariño, una expresión aliviada y amorosa en sus usualmente fríos ojos.

-…Mi hermana es dramática cuando quiere. Hola, mamá. Me alegra tanto verte- la abrazó con fuerzas, dándose cuenta por primera vez en semanas de lo mucho que le había afectado imaginarse a su madre enojada con ella. Le dolía solo pensarlo. Su intención jamás había sido herir a nadie con sus actos.

-A mi también, Toria. Tu padre esta eufórico como no lo veía en meses. Siempre resiente su ausencia demasiado…

-…Si, papá nos extraña mucho…

-Yo también, querida- aclaró seria-. Solo que sé que su ausencia es con propósito. Debo decir que estoy impresionada, mejoraste en casi todo. Quitando tu incidente de conducta, todo resulto bien este trimestre. Felicidades, Astoria. Sigue dedicando tu atención a la escuela, ¿sí?

-Si, mamá.

- ¿Algo que quieras preguntar? Te conozco, querida. Las parí a las dos, te recuerdo. Ocultarme cosas jamás ha sido la mejor idea, te recuerdo.

- ¿Quién gano la disputa entre la señora Malfoy y tú? - la mujer abrió la boca sorprendida, claramente desprevenida de la pregunta de su hija, quien la miraba con su mejor gesto de inocencia.

-Por argumentos, yo, desde luego. Claro, en su casa, no tenia muchas ventajas, querida. Ademas, muy propia y lo que quieras pero ella es una Black, hermana de la loca salvaje de Bellatrix y la traidora, también salvaje, de Andrómeda. Solo digo, los genes no dan para mucha diferencia… ¿Te parece gracioso, señorita? - regañó pobremente Daliah. Francamente, demasiada burla le había hecho su marido para como ahora tolerar la de sus hijas.

-Un poco- reconoció cínicamente-. Yo quiero estar de tu lado, pero supongo que no se pelearon por cuestiones de jardinería o decoración, ¿verdad?

-No querida. Le pedí de la manera más atenta que alejase a su engendro de mi niña, gracias. claro, olvide que a esa mujer no se le puede decir lo mínimo de su criatura sin que arda Troya…

-…Ella tiene razón, ¿sabes? Yo iba porque quería. Y aun lo quiero…

- ¿Es una amenaza?

- ¿Te escuchas? ¿Desde cuando querer a alguien seria amenaza?

-No te conviene, amor.

-Si Daphne fuera la que es pretendida no le pondrías tantas objeciones al asunto…

-…Para empezar, tu hermana pudo haber sido esa Parkinson. Es mucho màs bella que ella. La niña màs bella de su generación…

- ¿Gracias?

-Tu eres de otra, bobita. No me interrumpas.

-Ok, sigue.

-Pero al final no fue así, y sabes, fue lo mejor. Los Malfoy serán la cúspide la m pirámide, pero por lo mismo su caída antinatural fue la peor. Y ahora, son lacras. Siempre lo fueron, con sus excepciones, pero ahora lo son públicamente. ¿Y sabes que ocurre con quienes se juntan con lacras?

-Ilumíname, madre.

-Se vuelven lacras por asociación. Después de todo, ¿Qué persona decente se juntaría con un exmortifago, si no es que alguien igual o peor? Mis hijas merecen mejor. Punto. Ademas, tienes un corazón frágil que no aguantaría las penas que las mujeres sufren por relacionarse con esas víboras. He visto mujeres quebrarse por ellos. Y a ellos les da igual. Busca alguien màs sensato y estable, ¡Como tu padre! O Nott. O Zabini…

-…Zabini es todo menos eso….

- ¡Obviamente! Conozco a la zorra de su madre. La manzana no cae lejos del árbol, ¿sabes? En fin. Es que ni el dinero salva a los Malfoy ahora. Es triste por Narcissa, no era tan maldita. Debería disculparme por carta…- razonó para ella misma.

-Mamá, no voy a escondérselos más. Estoy saliendo con Malfoy. Y no voy a terminarlo por ustedes. Y no, no sé si duraremos mucho o poco o lo que sea. Se que lo quiero, y él me quiere…

-…Ellos no conocen lo que es querer. ¿No viste como ese señor, Lucius, destruyo a su familia, a quienes supuestamente amaba, por su egoísmo? Lo Malfoy y los Black son de los que quitan sin dar nada a cambio, hasta que obtienen lo que quieren. Él es ambas. No le crees a tu hermana, ¿Pero y a mí? ¿Tu propia madre? ¿Quién màs te adora en esta vida?

-Mamá, por favor. Podrán decirme que me lo dijeron, en todo caso. Pero por favor, no pido su apoyo, rara vez lo tengo. Solo les pido que respeten mi derecho a elegir con quien convivo…En el fondo saben que los Malfoy, por lo menos que siguen medianamente libres, ya tocaron fondo. Y que hay potencial de bondad en ellos…Papá lo sabes…

-Tu padre ve bondad en todos- recrimino ella. al instante cayo en la ironía.

- ¿Lo digo?

-No. no es necesario. A veces olvido que eres Arístides pero castaña…- ambas rieron suavemente, un poco menos tensas-. Por cierto, toma. Creí que te ayudarían- le dio un frasquitos de lo que reconoció como pócima anticonceptiva, dejándola muda y sonrojada.-. Son cada quince días.

-Ok, pasamos de no aceptar mi relación a…

-… ¡ASTORIA DIANTHA GREENGRASS! ¡NO! ¡DE ESO NO IBA LA COSA!

- ¡PERDONAME! Cálmate. Error de boba. Ya, perdón, me desubique…

- ¿Cómo sabias lo que era? ¡DAPHNE!

-Mamá, tranquila, Daph no me la enseño- mintió-. Lo vimos en clase-mintió otra vez.

-Tu no tomas nada que no te recete un sanador o que yo te dé, pues lo consulto con ellos. luego ustedes se meten cada cosa mal hecha, dañina. Es para tus periodos irregulares. Es la más débil, en realidad, pero según la sanadora debería ayudar. Me preocupo tu carta…

-…A mi también. Haciendo las cuentas, aquella era la primera vez que me bajaba en 8 meses. ¿Menstruare una vez al año? nada mas porque soy virgen, si no me hubiera asustado… Yo soy irregular, pero eso era demasiado.

-Prométeme que no cometerás tonterías por ese imbécil…

-… ¡Mamá!

- ¡Prométemelo!

-Si, mamá.

-Bajemos a cenar, princesa. Tu padre y hermana nos estarán esperando.

 

 

 

Estimada señorita Granger

Espero con sinceridad que se encuentre bien. Me alegra comunicarle que todo apunta a que sus padres se encuentran sanos y salvos en Sidney, más específicamente en Manly, donde Wendell y Mónica Wilkins trabajan en una pequeña clínica dentista. Todo apunta a que llevan una vida más bien tranquila, con algún otro incidente de ver "magia". Eso seguro consecuencia de tantos años de vivir con usted, señorita, nada grave. De hecho, es bueno que tengan esa sensibilidad. Facilitará el proceso de recuperación de la memoria, que suele ser tardado en muggles.

Haciendo arreglos con el Ministerio de Magia de Australia y tomando en consideración su petición de no demorarlo más de lo necesario, acordamos que la mejor fecha sería el 29 de diciembre, si a usted le parece apropiado.

Debo serle franco: en cuanto mencione al ministro el caso deseo ahorrarle el aparatoso trayecto y tedioso proceso, mando a gente del departamento correspondiente a aquello a investigar y ejecutar de poderse, descubriendo así que por las circunstancias dadas a la hora de efectuar el hechizo, lo más prudente es que usted realice el encantamiento de restauración de memoria, con supervisión de profesionales, desde luego. Esto debido, en parte, por las alteraciones que su estado anímico, clara y obviamente alterado a la hora de realizar el hechizo, y su deseo de protegerlos de cualquier tipo de amenaza, funciono como lo harían los sellos de sangre, siendo solo su sangre, usted, la que seria capaz de recuperar sus recuerdos perdidos sin causar daño irreversible. Su trabajo fue brillante y complejo, señorita Granger, y aunque lamento las circunstancias que la orillaron, he de recocer que es admirable, en especial en alguien tan joven cuya sangre mágica es nueva. No es una exageración que la llamen la mejor bruja de su generación y cada día me entero de más pruebas de ello.

Mi recomendación es que se relaje lo mejor que pueda y vaya a conseguir una varita que le corresponda, para evitar cualquier complicación. El viaje se prolongaría, a lo mucho, dos días, a menos que claro, se presente alguna situación que amerite lo contrario. Usted y quien decidiera acompañarla en todo caso serian, desde luego, escoltados por orden mía por un auror, no podemos exponerlos a algún peligro, en especial dadas su condición de blancos para los mortífagos prófugos. Jamás los expondría a más peligro innecesario. Eso y lo que el Ministerio de Australia encuentre prudente seria no solo para protegerlos a ustedes, si no que a sus padres. Cualquier secuela que pudiera presentarse será atendida de inmediato con la mayor urgencia, es lo mínimo que se le debe a usted.

Por mi parte, es todo. Cualquier duda, observación, sugerencia, petición, estaré al pendiente y dispuesto a responderle con la mayor urgencia.

Kingsley Shacklebolt.

 

-Entonces, ¿El 29? - pregunto Ron para confirmar, después de todo, su novia había leído aquello apurada, claramente tratando de evitar emocionarse. Una vez paso el miedo de que le comunicara una desgracia, Hermione se había prohibido adelantarse a los hechos y alegrarse de más. No estaría en paz hasta tenerlos con ella.

-Si, no sería capaz de atrasarlo más…-él pelirrojo asintió, sin saber que más decir. Lucía abrumada y no quería decir algo insensible.

-Tenías razon- dijo después de un momento de silencio, muchas más tranquila, sonriendo. Ron arqueó la ceja, curioso por saber a lo que se refería.

-Por más que me guste escucharte decir eso, no tengo idea de a lo que te refieres…- confesó, haciéndola reír. Bueno, al menos había cedido un poco en eso de no emocionarse. Entendía el motivo para ello, pero bueno, sentirse feliz era natural y algo que a él le aliviaba ver en ella.

- De que estarían bien. No tenías porque tener razón, pero la tenías…

-… ¡Ah, eso! Pasa que si tenía motivos. Si alguien pudiera conseguir hacer aquello, esa eras tu…

-…Ronald…- trató de rechistar algo apenada, pero basto con verlo para saber que hablaba enserio. Ginny le había dicho que había "sensibilizado" a su hermano, y aunque en el momento le pareció una exageración, si que era cierto que Ron se sentía mucho màs cómodo reconociendo sus sentimientos. No fuera algo malo, al contario, disfrutaba de la nueva confianza y abertura que se iba forjando entre ellos-. Extrañaba aquí- por fin se acomodo al lado del pelirrojo en su cama, pues la carta la había leído dando vueltas por la habitación, claramente inquieta. Ron descubrió que su castaña tenia una fascinación por estar lo más cercana a él posible, cosa que no le molestaba, pues el deseaba lo mismo. Ahora mismo llevaba puesto uno de sus suéteres Weasley de grados pasados, que si bien a él ahora le quedaban cortos, a ella le quedaban lo suficientemente largos como para envolverse cómodamente en ellos. Sonrió conmovido, realmente parecía feliz con tan poco-. Me volví la novia que roba la ropa, ¿verdad? - bromeó notando a donde la mirada de él, haciéndolo reír.

-Esta bien, te quedan mejor a ti- la chica rio en el beso que él le había dado. Si, quizás había sido demasiado dura consigo misma hacia rato, podía permitirse estar feliz-. Conociendo a mamá, ya te estará haciendo uno que te quede mejor.

- ¿Enserio? - preguntó claramente ilusionada, emocionada ante la idea. Ron se sonrojó hasta las orejas antes de responder.

-Eres de la familia, Herm. Tan sencillo como eso- ella asintió, realmente conmovida. Era sencilla su respuesta, pero a la vez, significativa. Se sentía agradecida de estar rodeada de personas tan maravillosas y caritativas. Ron en si siempre le pareció admirable por su espíritu amable y proveedor para con los demás. Si él tenia algo, por más "poco" que fuera, siempre lo compartía. Si él podía ayudar, lo hacía, y si no, buscaba el modo. Si había peligro, el buscaba proteger a los demás antes que a él mismo. Él buscaba protegerla antes que a él mismo, siempre. ¡Merlín, había sufrido tanto estos meses, y seguía siendo ella su prioridad-. ¿Qué ocurre, Mione? - la castaña no noto que sus ojos se encontraban llorosos, claramente producto de todas las emociones que había tenido en cuestión de minutos.

-Si, descuida. Estoy sintiendo muchas cosas a la vez…pero por ahora me enfocare en la alegría y la gratitud-Ron sonrió suavemente al escucharla un poco más tranquila, con una sonrisa, y su alegría lo fue más cuando lo beso. Los besos de Hermione se habían vuelto todo para él. Quizás, de no haber sido por el llamado a cenar de su mamá aquello hubiera escalado, pero bueno, ya era la hora de la cena y debían bajar antes de que mandase a alguien a buscarlos.

-Bajare primero. Supuestamente subías a cambiarte- se burló el pelirrojo, avergonzándola levemente.

-Me distraje en el camino…

-…Ese es mi trabajo, Mione- ambos rieron con lo último, antes de que Ron se adelantara escaleras abajo. Nada los delataría más que llegar a la vez. Técnicamente, las reglas de convivencia en la casa sobre las parejas no casadas eran las mismas: no debería estar en el cuarto de Ron, por más cómoda que se sintiera allí.

Hermione fue a su habitación (de Ginny, pero también suya) y se cambió rápidamente, después de todo, tenia que ser congruente con su excusa.

- ¿Por qué tan apurada, Herm? - casi se tropieza en la escalera del sobresalto, pero segundos después reconoció a Harry, quien se reía de su susto. 

-Por nada, Harry. Muy chistosito…

-…Ya, perdona. Pero enserio ya enserio, ¿todo bien? Vi el sello del Ministerio en la carta…-preguntó claramente preocupado por ella. Ella sonrió mientras asentía, dejándolo mucho más tranquilo y claramente contento por ella-. ¿Tú no tienes novedades? - preguntó sin poder contenerse. Ginny no le había dicho nada y aun no veía el anillo, pero perfectamente podría estárselo guardando como sorpresa.

-Luna te dijo, ¿verdad? - adivinó el chico, después de todo, Hermione era mala mintiendo. Solo cuando era de vida o muerte podía hacerlo, por lo demás, era evidente. O quizás la conocía demasiado para creerle una mentira.

-Se le escapo, no te enojes con ella…

-… ¿Bromeas? Creo que seria incapaz de enojarme con Luna. Menos ahora. Pero sobre eso, no, y tendrás que esperar como el resto a saberlo…

- ¡Malo! - se quejó ella con un dejo de infantilismo, haciéndolo reír. Ella bufó, haciéndolo callar. Ambos bajaron al comedor, donde Ginny, Ron, y sorprendentemente George ayudaban a su madre a poner la mesa, Angelina ayudando con la comida.

- ¡Cuñadita, cuñadito! Hasta que llegan…Y a ti te la dejare pasar esta vez, que estamos de buen humor, ¿Verdad, Lina? - se dirigió a Harry, quien tragó grueso mientras palidecía. Solo entonces noto que tanto como Ginny como Harry llevaban el cabello húmedo, y dado a que las regaderas no eran muchas en la casa…No cuadraba. Al menos los señores Weasley y Ron parecían no haber atado los cabos.

-Si, Georgie, déjame ayudar con eso…- pidió apenada de ver como buscaba desguindarla de ayudar.

-… ¿Cómo crees? Eres invitada ahora, ya hiciste suficiente. Gracias por venir- eso ultimo se lo dijo más bajo, claramente sin intención de que los demás escucharán y más serio en tono. Ella lo miro con ternura mientras sonreía.

-Cuando quieras. Ademas, ¡Luce delicioso! Hacia ya un rato que no comía algo con tan buena pinta- felicito a la señora Weasley, quien miraba agradecida a su dirección. Sabía que algo había tenido que ver ella en la repentina reaparición de su hijo en casa, y por eso estaba más que contenta de recibirlos a ambos. Se notaba a leguas que su hijo la quería demasiado, y viceversa.

-Son bienvenidos cuando gusten, querida. Aquí siempre hay espacio para alguien más, ¿no es así, amor? - Arthur asintió igual de contento de tener a sus hijos en casa.

-Antes de que se me olvide…Katie y Wood van a apadrinar a su bebé el lunes y me pidieron que los invitara a la pequeña ceremonia, que aunque pequeña son bienvenidos…-anuncio Angelina contenta, a lo que la sala se llenó de exclamaciones de sorpresa y en general buenos deseos hacia el hasta ahora desconocido hijo de sus excompañeros de casa y equipo. Harry se quedó algo confundido, después de todo… ¿Si era el padrino de Teddy? O sea, lo era, pero realmente no sabia si era algo oficial. Luego le preguntaría a Meda. Seguro que ella sabía.

- ¿Quiénes son los padrinos? - cuestionó Ginny emocionada de saber más del bebito. Katie y Wood eran sus amigos, después de todo, y ese niño era de la edad de Teddy. Con suerte se conocerían y todo.

-Pues el hermano de Wood, Jonah, y yo…- más felicitaciones por parte de los no enterados. Angelina se limitaba a agradecer y sonreír a aquello-. Es un honor, no entiendo el porqué, pero quiero al niño y tratare de hacer lo mejor…

-…Claro que ibas a ser tú, ayudaste a ese niño a llegar al mundo, ¿Quién mejor que tú? -  dijo George como si fuera lo más lógico del mundo, a la vez que pasaba la salsa a su padre. Angelina palideció un poco al recordar los gritos de Katie y la sangre.

-Si, me quitaron las ganas de ser madre. Parecía que la estaban matando…- se le escapo el comentario, asustando a los demás pero haciendo reír a los señores Weasley. "Ella pario 6 veces, y una de esas, eran gemelos" recordó Angelina lo obvio, de repente sintiendo más admiración por la mujer matriarca de la familia.  Bueno, eso y que había oído que Bellatrix había encontrado su final con ella. Una mujer fuerte daba hijos fuertes, tenia sentido para ella.

-El parto no es nada lindo, pero es un rato de dolor por una vida llena de alegrías- le quito importancia-. Que bien que todo haya salido bien con el nene, me quede con el pendiente desde que lo mencionaron aquí más nunca dijeron más…- recrimino a Ginny, quien era la que más en contacto estaba con Katie.

- ¡No me había dicho! Ademas, ya oímos que está bien Oliver Jr. Todo va bien, ¿verdad? - Hermione sintió las miradas de todos sobre ella.

-Las noticias vuelan rápido en esta casa, querida- explicó el señor Weasley apenado.

-…Si, hasta yo me entere y voy llegando…- secundó George, ganándose un leve codazo de Angelina, quien también se había enterado en el rato que llevaba de la noticia.

-…Aunque incompletas…- se quejó Ginny mirando a su hermano.

-Yo no les dije y no les iba a decir nada. Son cosas de Hermione, punto, enana…

- ¡No me llames enana, larguirucho!

-…Vimos la carta en tu mano y no pudimos razonar otra cosa, cielo, una disculpa si es inoportuno- explicó la señora Weasley apenada. Hermione solio rio. No podía enojarse con ellos, estaba de muy buen humor para siquiera fingirlo.

-Mis papás están sanos y salvos, y con suerte, para enero ya estarán conmigo…

-… ¿Enserio? ¡Qué bueno, Herm! - todos empezaron la enhorabuena, brindando un poco en honor a ello (George con jugo, para disgusto de él, pero Lina tenía razón: la poción quitasueños en altas dosis con el alcohol no era buena mezcla, menos tras meses de haber abusado de este).

- ¿Cuándo regresan? - preguntó el señor Weasley de buena fe, claramente contento por ella.

-En realidad, me veo en la necesidad de ir yo a hacer el encantamiento. Es más seguro así, dijeron. De hecho, planeaba aprovechar alguna salida al Callejón para remplazar esta cosa- apuntó a la varita de Lestrange-. Es un milagro que haya pasado el trimestre con ella…- se quejó.

-Te quedaste sin varita y dominaste la magia sin ella. la mayoría sin varita no hacemos mucho, velo por ese lado- dijo Harry a modo de calmarla. Era la verdad, su hermanita era brillante, después de todo. Y talentosa.

-Kingsley no te mandaría sola, ¿verdad, mi niña?

-Aurores me acompañarían- trato de evitar el tema de que Ron planeaba hacer lo mismo en la mesa. Sería mejor hacerlo después, a solas, pensó.

La cena continuo y al rato George y Angelina se habían excusado para retirarse.

-Los padres de Angelina son como ustedes: mientras la señorita viva bajo su techo, sus reglas, y para ellos su niña debe estar en casa a estas horas…

-… ¡No te burles, Georgie! Con gusto me quedo y después me acompañas a explicarles porque no llegue a la hora…- amozó burlesca, haciendo que el alzase las manos en un gesto de inocencia. Los señores Weasley rieron, contentos de ver a su hijo actuar un poco como antes.

- ¡No gracias! Valoro mi vida lo suficiente aun para no tentar la suerte, ¡Duerman bien! ¡Por favor, duerman! - se dirigió a las parejitas, haciéndolos enrojecer de enojo y vergüenza, antes de desaparecerse con su novia al departamento.

Ron y Harry jugaban una partida de ajedrez mientras que Hermione leía un poco y Ginny jugueteaba con Arnold y Crookshanks. Curioso como el gato no trataba de cazar a la criaturita, si no que jugueteaban alegres con la pelirroja, quien mucho cariño les había agarrado tras meses de compañía cuando su dueña se había ido con Harry. Trato de alejar su cabeza de esa temporada tan gris. Poco a poco iban subiendo a acostarse. Primero Harry, tras ser derrotado por Ron, quien había ido por otra ración de pastel para celebrar, y después de Ginny, quien al ver a su mascota roncar decidió ir a dejarla en su jaula y descansar. y para cuando fue a ver, Hermione se había quedado dormida en el sofá leyendo, haciéndolos reír a los tres suevamente. Ron no había visto a sus padres de tan buen humor desde hacia mucho tiempo. Quizás era buen momento de retomar el tema de Australia, después de todo, quedaba poco para ello. Retrasarlo era casi que imposible. Y no lo haría a escondidas. Eso no era lo correcto. Hermione lo necesitaba, y ellos deberían entenderlo.

-…Pobrecilla- la voz de su mamá lo distrajo de sus pensamientos, mientras que ella le acomodaba una manta encima-. Ha pasado por tanto estos meses. Ya merecía saber algo de ellos. Pero ¿tenía que ser ella? ¡Merlin sabe que si pudiéramos, la acompañábamos, pero Charlie viene para año nuevo! Y Fleur me escribió pidiendo poder pasar las fiestas acá, la pobre, parecía triste… Pero viajar hasta allá, sola…- Ron lo sintió como el puente que necesitaba.

-Si, eso pensé. Tampoco quiero que vaya sola. Seria demasiado. Mione es fuerte, lo sé bien, pero de todos modos no debería enfrentarlo sola…-su madre quizás no, pero Arthur ya veía a donde iba su hijo. No parecía molesto, más bien seria orgulloso de ver a su hijo menor actuar de forma madura respecto al tema. Eso le termino de convencer de seguir-. Pensaba en ir con ella.

Molly se quedo callada por un rato, y de hecho Ron pensó que quizás no había escuchado. Pero luego respondió.

-No te voy a decir que me agrada a idea de que ambos vayan tan lejos, menos en estos momentos- su marido le dio la mano en un gesto de apoyo, invitándola a relajarse antes de continuar-. Pero sé que no hay modo de que te pida que la dejes sola. La amas demasiado como para dejarla…- dijo sin más, aunque se notaba que le dolía pensar en separarse de su hijo otra vez.

-…Tendríamos cuidado, lo juro. Y volveríamos en cuanto podamos- trato de calmarla, después de todo, sabia que no sería fácil para ella acceder a eso. Ya había sufrido demasiado justamente por su ausencia como para ceder tan fácilmente a ello otra vez.

-Lo sé, mi niño… ¿Arthur?

-Creo que los dos saben cuidarse el uno al otro, y que Hermione merece ser acompañada en un momento tan complicado para ello por alguien que la quiera y vele por su bienestar en todo aspecto. Nuestro hijo puede ser ese apoyo para Hermione…Y si promete no hacer nada imprudente, ya he demostrado ser lo suficientemente maduro y capaz para eso y más…- Ron miro agradecido a su padre, quien quizás sea de las pocas personas que en realidad podían conocer a su madre de algo. Ella asintió y suspiro resignada.

-No harán nada imprudente, ¿sí?

-Lo prometo- su mamá lo abrazó, tomándolo por sorpresa, pero le correspondió para calmarla. No le gustaba verla tan angustiada. Así dieron por cerrado el tema.

-Llévala a dormir donde Ginny, ¿sí? Le dolerá la espalda si la dejamos dormir aquí. Descansa, hijo- Ron asintió y siguió la indicación de su padre, tomando a Hermione con cuidado en brazos para subirla a su habitación. Arthur se quedo a calmar y consolar a su mujer, a quien todavía le costaba aceptar que sus niños ya habían crecido en hombres (y una mujer) de bien. 



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