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19 años después » Basorexia
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Basorexia

- ¡GRYFFINDOR HA GANADO! ¡330 a 100! - exclamó Seamus Finnigan eufórico, desatando la ovación del campo. Luna, quien portaba su traje de león con orgullo, fue la primera en empezar con los chiflidos ante la escena que habían montado Harry y Ginny, besándose sin mucho pudor una vez descendieron del cielo.

Hermione notó a una mujer sentada donde los profesores, con apariencia relativamente joven y atlética, quien sonreía con aprobación mientras hacía anotaciones en su libreta. Debía venir por parte de las Arpías de Holyhead, notó, aunque era difícil de asegurar. De serlo sería perfecto, pues Ginny arrasó durante el partido: sin duda sería imposible descartarla como futura jugadora de haberla visto así, tan libre y feroz en el viento, como si ella lo dominase todo. Sin duda su amiga tenía talento, pensó. Sería una injusticia no tomarla en cuenta como mínimo. Busco a su novio con la mirada, aunque supuso que se había adelantado a las duchas entre el barullo. ¿Sabía acaso que ella había estado allí siquiera? No podía ser tan distraído, pensó. De todos modos, Luna no la dejo deambular demasiado en sus pensamientos, hablando con entusiasmo sobre el partido. Hermione agradecía ver a su amiga entusiasta, extrañaba esa faceta de ella, cada vez más rara de ver, por ende no la ignoró. Luna podría ser introvertida, más para nada tímida. Ella era la viva muestra de la sutil diferencia entre ambos términos.

-Gryffindor triunfando como siempre, ¡Y Slytherin que se joda! -escuchó decir a alguien a lo lejos, haciéndoles reír mientras iban adelantándose a la Sala Común, sabiendo el desmadre que todos esperaban poder hacer con la excusa del partido. Se había prometido asimisma hacerse de la vista gorda por la noche, ante todo solo querían pasar un buen rato. Se sintió observada solo para notar a Daphne Greengrass escudriñándola a lo lejos, mientras decía algo a su incondicional, Pansy. No había casi tenido que cruzar palabra alguna con ellas desde su regreso, afortunadamente. Casi ignoraba que se encontraban en el castillo. Algo que dijo la rubia pareció causarle gracia a la morena, haciéndola rabiar. Nada bueno podría salir de aquellas lenguas bífidas. Luna, por su lado, rio sin malicia.

-Aunque me alegra verla sonreír, es triste que sea de ese modo. Pero asumo que les es entretenido, de algún modo que no entiendo. Hablar mal de otros- aclaró ante la expresión de Hermione.

-Casi olvide que estaban aquí, pero si Astoria aún está aquí claro lo está su hermana. ¿Nos alegramos por…?

-Pansy. Se que no es tu persona favorita, pero antes siquiera podía fingir la sonrisa. Dudo que alguien pueda en sus circunstancias. -Hermione sintió una punzada de pena al recordar los titulares, no queriendo estar en esa posición jamás-. No le quita lo arpía, pero bueno, si se distrae…Es bueno que apenas las recordases. Quieres decir que apenas piensas en ello…

-…No tengo tanto tiempo para riñas con niñatas mimadas. Jamás lo he tenido…

-Ahora lo tienes, pero está bien que no lo hagas. ¿Es raro? Tener todo el tiempo del mundo e igual sentirse a prisas. No me malentiendas, hay buenas formas de sentirse a prisas. Harry me mostro el anillo que planea darle Ginny, por ejemplo. Está ansioso, pero asumo que está esperando el momento para dárselo. Y eso es bueno…

- ¡HARRY TIENE UN ANILLO PARA GINNY! - exclamó Hermione sorprendida, agradeciendo segundos después el que estuvieran solas en el dormitorio de Luna. La chica había querido cambiarse a algo más cómodo antes de partir a la fiesta, y estaba en ello cuando el hecho de que Hermione no sabía la golpeo. Había hablado de más. - ¿Desde cuándo? - preguntó más "tranquila". Lo más tranquila que podrías estar sabiendo que tu hermanitos planeaba proponérsele a tu mejor amiga, quien llevaba soñando con eso desde tiempos inmemorables.

-Asumo que desde que recupero todo lo heredado por los Potter, que en paz descansen, pues mencionó que le perteneció, al parecer, a su mamá. Creí que sabias, lo juro. Me dijo que quería que fuese una sorpresa para la familia, pero no el tipo de sorpresas que lo mandarían al hospital, de allí que no lo hiciera de inmediato. Asumo que con familia también se refería a ti, al parecer, con eso de que prácticamente son cuñados y de que te ve como a una hermana…Y yo lo arruine…

-No seas así contigo, Luna. No diré nada, lo prometo. Es solo que estoy tan feliz y eso que aún no ocurre…-aclaró entusiasmada. Luna salió del biombo con un vestidito colorido pero bonito, medias blancas con patrón y una torerilla de gasa amarillo chillón. Lucia adorable, pensó, en especial al notar sus pendientes de girasol. Ya no le parecía tan estrafalario como al principio, por costumbre quizás. La verdad es que Luna era adorable, usase lo que usase.

-Lo sé, yo también lo estoy. Es muy bonito, la verdad, aunque yo no sé de anillos como para juzgar…Si me llegan a proponer, querré uno con piedras de colores…-ambas siguieron su camino parloteando alegremente, Hermione demandado detalles de lo que fuese. ¡Harry se propondría! Casi sentía nostalgia, de hecho. Su hermanito planeaba casarse, después de todo. Aquello era una gran alegría, un enorme paso a dar.

 

 

 

- ¡Mi pobre padre! Kingsley no deja de fastidiar con el mismo asunto, y pues, ¿De verdad tiene otra opción que acatar? Es que resulta hasta insultante. Eso sí, se esa tomando el tiempo del mundo a posta, a ver si eso les enseña…

-…Me imagino, Daph. Pensar que creía que los habían matado…- coincidió con su amiga.

-Tengo entendido que Él había ordenado capturarlos y destruirlos…Pero bueno, supongo que nunca debes dejar que otros hagan lo que deseas…-terminó la rubia sin más-. Mi papi tiene cosas más importantes que hacer de buscar a un par de impuros que bien podrían estar muertos, más si Granger fue quien los mando lejos en primer lugar. Para mí que se buscó a pulso estar huérfana…

- ¿Cómo nos fue? - preguntó Astoria curiosa.

-Nos ganaron, obviamente. Tienen a Potter, a los Weasley…-empezó Millicent solo para ser callada por la mirada cortante de Parkinson y Daphne. Astoria asintió algo preocupada, su casa nunca había sido buena para recibir la derrota, menos hacia Gryffindor, menos hacia Potter y sus amigos. Aunque bueno, era su Draco quien en realidad había plantado aquella semilla de discordia en la mayoría años atrás. Ojalá y su legado no perdurase en ese aspecto. No los conocía, pero estaba segura de que Potter y los Weasley mucho no habían hecho para merecerse tanto desprecio. Al menos sabía que Ginny era un amor de persona.

-Como quiera el Quidditch es una tontería. Solo fuimos por salir de esta tétrica Sala- completó Pansy, echándose en uno de los sillones-. ¿Tú que hacías, pequeña Greengrass? ¿Slytherin es demasiado poco como para que salgas a siquiera fingir apoyarlo?

-No es eso, Pansy. Me sentí mal. Ademas, de verdad nunca he entendido el Quidditch, solo me ataranta escuchar a los comentaristas.

- ¿Ya fuiste con Madame Pomfrey, Astoria? - curioseó una de las gemelas Carrow.

-No, Hestia, no es para tanto. Son solo cólicos, siempre son terribles, ¿no es así? Pero nada que un té no arregle- era increíble como las reconocía al instante, cosa que ni siquiera los señores Carrow podían presumir.

- ¡Ah, entonces no estas embarazada! Tan solo hinchada, asumo. Espero…- Astoria sabía que Pansy era hostil por naturaleza. Casi que ni lo controlaba. No caería en pleitos infantiles, menos cuando su estadía en la escuela pendía de un hilo. Y si los rumores no mentían, tampoco es que tuviera que aguantar aquello por mucho.

-Esperemos. Aunque me puedo permitir ganar un poco de peso, según los medimagos. Hasta bien me vendría, más no la gula, ¿Gustan? - ofreció un poco del pastel que comía, sintiéndose algo llena como para seguir.

-No gracias, Toire. Dime, ¿Serás dama de honor en la boda de Daph? ¿O el arresto domiciliario se extiendo a ti?

- ¿Dama? En unos años, espero. ¿Por qué la pregunta?

- ¿No le has dicho, Daphne? ¡Ay, pero que distraída soy! Pudo ser peor. No esta Nott, quien me imagino, también lo ignora.

-No Pansy, al parecer se me paso. Gracias por recordármelo- parecía del todo menos agradecida, un brillo asesino en su mirada-. Como escuchaste, hermanita. Estoy comprometida, padre lo arregló hace unas semanas. Azarius Leventis, su nombre. Pasaremos el verano en Grecia, al parecer, y desde luego que serás la dama de honor, se vería terrible que no lo fueras después de todo. Deberías ir buscando a alguien quien si te pueda acompañar al evento, pues a cómo van las cosas a Draco no le quitan su nuevo arresto domiciliario en muchos años, y que vergüenza ir sola…

-Pero te gusta Nott. Y a él le gustas tú. Padre entendería si se lo explicas, Daphne, es muy injusto…- empezó Astoria afligida por la noticia. Las gemelas Carrow y Millicent miraron incrédulas a la castaña, después de todo, les parecía una tontería muy estúpida decir que Daphne tenía sentimientos hacia Theo. Pansy, en cambio, solo no se creía que fuese tan sin filtro para algunas cosas. Y el que Daphne se halla sonrojado ligeramente ante sus palabras solo lo agravó, después de todo ella, como buen ser de sangre fría, no hacía eso jamás.

-No hay que explicar nada. Yo pedí a padre que quien sea que me desposara bajo su decisión fuese alguien lo más ajeno a la guerra y que no desease descendencia tan pronto. Azarius, incluso, no pone objeción a que conserve mi apellido. parece un buen sujeto y me alegra ser su prometida…

-…Ahora dilo para que te lo crea- retrucó molesta-. Mi hermana jamás permitiría que la vendiesen cual yegua, eso es seguro.

-Mi hermana no me ocultaría cosas, así que estamos a mano. Ademas, sabes perfectamente que así se hacen las cosas aquí. O tienes un primogénito varón a quien por las malas convertir en tu retrato, o una bella hija a quien casar. No te metas.

- ¿Y por qué no le has dicho a Nott, entonces?

-No me ha preguntado. ¿Draco te ha preguntado si estas prometida a otro? Es una pregunta extraña, cosa rara pues esto es común en nuestros círculos…

-No lo estoy- respondió segura. Aunque a decir verdad ni ella se lo había planteado-. No soy primogénita. Para bien esta vez, lo que haga no importa mucho…

-…Bueno, si sigues provocando tanto escándalo a tu alrededor, igual y hasta se lo plantean. Y de ser así, dudo que quieras perder a la única que podría abogar por ti solo por entrometida.

-Es un error. Te dejare en paz, pero que sepas que yo no seré parte de eso. Esta…mal.

-No todo va a estar bien en el mundo con esos quisquillosos ojillos tuyos, hermanita. Te sugiero no amargarte la vida con ello y aprender a ver la luz al final del túnel, enfocarte en tus múltiples problemillas.

 

 

 

 

 

- ¿No debería el capitán del equipo estar celebrando con los demás? - cuestionó Ginny risueña, dejándose arrastrar entre besos y risas por los pasillos de la escuela.

- ¿Quieres que regresemos? - preguntó burlesco, riéndose al sentir las manos de Ginny descender por s espalda-. ¿Quién te conociera así, Gin?

- ¿Asi cómo? Es tu culpa, eres tú quien me está arrastrando a rincones oscuros…- respondió antes de contemplar por el rabillo del ojo una puerta ajena al pasillo. Estaban en el séptimo piso y juraba que se trataba de la hasta ahora desaparecida Sala que Viene y Va-. Creí que la habían destrozado durante la Batalla…-se separó del beso, aunque lo guio de la mano hacia el lugar que atrajo su atención.

-Créeme, tampoco sabía. Merlin sabe que Ron y Herm probaron varias veces suerte en activarla…-Ginny rio ante la ocurrencia de su chico.

-…Al menos no los resiente. Leí que la bruja que lo creo era una rencorosa…-comentó de la nada-. La magia es tan vieja que el humor del creador altera el hechizo…

- ¿Y cómo es que sabes aquello?

-Herm traga libros de a decenas. De vez en vez le robo los que me llaman la atención, y la magia antigua siempre es interesante…-respondió con suficiencia-. Vamos…-sonrió ampliamente al ver la euforia en los ojos verdes de su amado Harry. Desde que era una niña que desconocía la profundidad de sus sentimientos hacia él, aquellos ojos ya la habían cautivado. Adoraba saberse parte de la luz en ellos.

La habitación que la Sala de los Menesteres les había proyectado era en realidad muy pequeña, cálida y acogedora. Le recordaba en cierto punto a La Madriguera, pensó Harry, aunque también reconoció aspectos de Grimmauld Place en ella. Era familiar, pero a la vez completamente ajena. Era perfecta.

-Asi se podría ver, una vez vivamos al completo allá- aseguro Ginny entusiasta-. Sera tétrico, pero el encanto femenino en una casa siempre la vuelve un hogar…-medio bromeo ella, siguiendo el mismo hilo de pensamiento de Harry. Él se acercó a besarle, siendo gratamente impresionado con el entusiasmo voraz de su leoncita. Ginny no era alguien que se dejase llevar, ella era una líder nata, al mando de cualquier situación y su relación estaba lejos de ser la excepción a esa regla. Él jamás querría que lo fuese, después de todo. Adoraba ese fuego vivaz que ella era. Eso sí, no pudo evitar sorprenderse al verse empujado al sillón tras de sí, la pelirroja se había montado cómodamente en su regazo, sus manos jugueteando con su salvaje cabello azabache.

- ¿Me detengo? - se burló Ginny antes de que el joven la devolviese a su tarea. Agradeció internamente que el sillón no se hubiese transformado en una cama: todavía no deseaba perder la virginidad, no así, por más perfecto que Harry hiciese cada momento. Tantas veces en el pasado lo hubiesen hecho por desesperación, por miedo a perder al otro en cualquier momento de forma violenta, pero ahora estaban en relativa paz tras la tormenta. Podían tomarse su tiempo. Quería tomarse su tiempo en descubrir aquella nueva faceta de su relación, de descubrirse el uno al otro. Sin prisa, pero sin pausa. Si bien le había pedido la pócima a Hermione a escondidas por cualquier cosa, dudaba mucho usarla aquella noche. Eso no significaba que no fuera a disfrutar. Ella llevó sus manos para tirar de la camisa del chico, quitándosela para regresar sus atenciones a tal ardiente beso que habían estado compartiendo. Harry no se quedó atrás, empezando a desabotonar aquel bonito vestido de mezclilla que se había colocado tras el partido. Se sorprendió al descubrir que tan solo llevaba la parte inferior de la ropa interior, ella se encogió de hombros.

-Una ventaja de no tener tanto es que si no llevo nada apenas se nota-dijo con un puchero, su tono de resignación claramente fingido-, espero no te moless…Agh, Harry-gimió suavemente al verse interrumpida por una ligera mordida en algún punto tras su oreja, indicando que el recorrido de besos iba a descendiendo. Ginny trato de relajarse, después de todo, aquello era terreno ya explorado.

-Eres preciosa- susurró el mientras besaba el especio entre sus senos-. Me encantan así-los cubrió con sus manos, disfrutando de la expresión de su chica-…Pienso dedicar un buen tiempo a besar cada una de estas pecas…

-…Ni idea de porque te gustan tanto, pero que yo también deseo explorar…- murmuró contra la piel de sus hombros, besándola. En algún momento Harry había ganado terreno colocándose encima de ella. adoraban sentirse tan cercanos al otro. No tardaron mucho en deshacerse también de su ropa inferior. Ambos se sonrojaron, si bien no era la primera vez que se veían desnudos pues cierta pelirroja se había colado más de una vez en las duchas para sorprender a su chico, sí que era la primera vez que se sabían completamente solos, sin temor a que en cualquier momento Ronald o quien sea fuese a buscarlos extrañado de su tardanza. Tenían tiempo, y sin embargo su expectativa los apuraba en sus acciones. Harry volvió a sus labios mientras que sus manos seguían el trayecto por el pecoso cuerpo de su amada, entreteniéndose en jugar con los pequeños y sonrosados pezones de Ginny, los cuales se encontraban erguidos para él. Tras mirarla a los ojos en busca de permiso y encontrarse con una sonrisa sincera y enamorada, se permitió bajar al hasta entonces intacto sexo de su pelirroja, quien gimió fuertemente ante la novedosa sensación a la vez que scon una mano se aferraba a su crespo cabello, arrastrándolo otra vez a un beso. Parecía que esa noche no se cansaría de ellos.

- ¡Allí! Justo allí, amor- suplicó Ginny moviendo sus caderas al tacto con su mano al sentir que había dado con el lugar exacto. A cada roce de su mano se sentía al borde del orgasmo, pero no quería llegar a la cima sola, quería brindarle el mismo placer. Decidida en ello, bajo su mano suavemente hasta llegar a su miembro, el cual hasta entonces se había estado rozando contra sus muslos con cada movimiento de sus caderas, haciéndolo gruñir placenteramente-. Dime cómo hacerlo…

Pronto la habitación se llenó de gimoteos y suspiros entrecortados. Se unieron en un solo grito antes de sumirse en el silencio cómodo post-orgasmo, en lo que recuperaban el aliento, sonriendo bobamente.

- "Te amo" - susurraron a la vez, acomodando una manta sobre ellos antes de quedar profundamente dormidos.

 

 

 

 

 

 

-Ama Narcissa, ha recibido una visita. Madame Daliah Greengrass- ambos madre e hijo se quedaron helados, sorprendidos por tan inusual visita. No podía ser nada bueno.

-Gracias, Mimsy. Di que en un momento la recibo. Ofrécele algo, que no digan que el encierro nos volvió descorteses- la criatura asintió, y tras una reverencia, partió a donde había dejado a la visitante. Ambos rubios se miraron el uno al otro, claramente consternados.

-Tu quédate aquí, mi vida. dudo que quieras conocerla en estas circunstancias, con todo tan reciente. Daliah siempre ha sido una mujer difícil, no me imagino lo que será sulfurada. Nada que ver con su marido, Arístides…Creo que nuestra linda Astoria salió a él.

- ¿Y sugieres que te deje con una mujer así por ti misma?

-Contigo estará más enojada. Ademas, Daliah y yo éramos cercanas durante la escuela. Se sintió cuando tu padre eligió comprometerte con Pansy antes de que con Daphne, pero dudo que eso siga en su memoria…

-Padre es un pésimo casamentero, pero hasta yo agradezco que no haya sido Daphne…-comentó recordando el carácter de la rubia, siempre altiva y a la defensiva.

- ¡Draco! - regañó Narcissa ante su imprudencia.

-… ¿Qué? Da miedo. Es mi amiga y la estimo, pero las cosas como son…

-Si, será mejor que acuda sola, no vayas a ofenderla aún más. Vuelvo enseguida- se despidió Narcissa contundente, antes de abandonar la habitación. Draco espero lo que creyó, sería un tiempo prudente antes de salir el mismo y buscar de donde espiar la conversación. En su defensa, probablemente estarían hablando de él, merecía saber que decían, ademas, el encierro de verdad aumentaba su necesidad de socializar de algún modo. Pudo ver momentáneamente a la mujer, castaña como su Astoria pero por lo demás, una versión más adulta de Daphne. No parecía molesta, pero de nueva cuenta, Daphne tampoco era muy expresiva.

-Querida Narcissa, años sin vernos- saludo Daliah amistosamente, abrazándola levemente. Su pobre madre mucho no había podido disimular su sorpresa ante la efusividad de la mujer, pero correspondió gratamente-, la verdad y por sobre todo me alegra que estés bien. no puedo ni imaginar lo que ha de ser estar en tu posición en este momento, en especial tú que siempre has sido una mujer ejemplar entre nosotros…

-Gracias, Daliah, por tus dulces palabras. Ven, dudo que hayas realizado el trayecto hasta acá tan solo para halagarme un poco. ¿Ya te ofrecieron algo?

-Si, supuestamente me traerán té. Elfos, ya no son lo de antes, si supieras lo holgazanes que se han vuelto los míos…

-Ven, vamos al salón. Seguro que Mimsy no tarda mucho más. Igual Draco le pidió algo y la tiene atareada…- defendió sutilmente a su servidumbre. Daliah asintió mientras se dejaba guiar por su anfitriona.

¡Merlin, pero quería escuchar!

-Tristana- llamó a otro de sus elfos, otra elfina a quien recurrían menos pues sus labores lo eran en la lavandería. La criatura dio una reverencia y pregunto extrañada el motivo de que le hablasen-. Ve al Salón. Que no te vean y una vez acaben, regresas a decirme de que hablaron, ¿entendido?

-Pero ama Narcissa no aprobara…

-…Pero te lo estoy ordenando yo, Tristana. Tu lugar es obedecer…-cortó fastidiado. La elfina se disculpó por el atrevimiento y se dirigió a acatar órdenes. Ahora solo quedaba esperar. Se dirigió a su alcoba donde se dispuso a leer melancólico las recién adquiridas cartas de su Astoria, las cuales habían sido retenidas durante meses para que no le llegasen.

Querido Draco:

La verdad no sabía cómo empezar la carta, ¿Muy formal, no? Pero funciona. Me temo que esto es solo una excusa para decirte lo mucho que te echo en falta, los días me parecen eternos y el invierno pareciese muy alejado. Aquí apenas y hago algo, mi hermana me vigila los pasos como nunca. Quiero pensar que su intención es buena, pero sus modos me abruman. Todo por unas jaquecas, ¿Quién haría tanto drama por un poco de dolor? Al parecer, mi hermana. No me gusta hablarte de magia, pero me ha ido bien en clases, desde que Snape se fue me ha ido bien en pociones, ¡Saque excelencia! Mejor que mis aceptables si son…

¿Cómo están por allá? Espero de corazón que bien, la verdad. Me muero de ganas de verlos otra vez, ¡No se desharán de mí una vez salga, nada más aviso! Espero y puedas responder, la verdad no sé cómo funcione el asunto de correspondencia en tu situación. Con que las leas me doy por contenta, te quiero. Trata de distraerte, ¿sí? No está bien que te la pases encerrado.

Te quiere y extraña, Tori.

Astoria no dejaba de conmoverlo con sus atenciones. Cada carta ella se encargaba de recordarle lo importante que era para ella y lo entusiasmada que estaba de verle, lo mucho que le preocupaba su estado y sus buenos deseos. ¡Merlin, que quería verla! Jamás creyó poder extrañar tanto a alguien.

-Amo Malfoy, Tristana ha de cumplir con sus órdenes, si se me es autorizado hablar…

-…Habla, pues…

-La señora Greengrass al principio se enfocó en ponerse al día con ama Narcissa, pues parecían no coincidir en años. Le comentó sobre el reciente compromiso de su primogénita, la señorita Daphne Greengrass, con un sangrepura griego. De allí siguieron conversando hasta que su madre, ama Narcissa, preguntó por la señorita Greengrass- Draco se quedó boquiabierto al saber que su madre había sido quien dio pie a una posible confrontación. No conocía ese lado de ella-. Y entonces se tensó la conversación. No pelearon, pero parecían querer hacerlo…Menciono planes de comprometerla para enderezarla. Narcissa entonces le deseo suerte, pues bien sabia lo difícil que era la situación. La señora Greengrass entonces le recrimino que quizás no sería tan complicado si su hija no hubiese sido víctima de difamación, a lo que ama Narcissa respondió que no sabía de lo que hablaba. Acto seguido dijo que difamación no había sido del todo, después de todo, la señorita Astoria se mostraba más que contenta en compañía de usted amo Malfoy, cosa que pareció enfurecerla. Le pidió a ama Narcissa que le dijera que dejase en paz a su hija, pues no merecía a alguien cuyas intenciones fuesen malas, o habría consecuencias, a lo que la ama Narcissa respondió con pedirle que se largara, pues no la insultarían en su casa…-Draco se quedó pasmado. Su madre no peleaba, pero sabía perfectamente que la criatura no tenía potestad para engañarle.

-Puedes retirarte, Tristana- la criatura dio una ligera reverencia antes de desaparecer.

"¿Debería temerte? Lo siento, pero pareces un chiquillo confundido, aunque si quieres pretendo que me dejaste pasmada, si preguntan…"

Como había despreciado a Thalia por haber dicho eso casi que al instante de conocerse, pero como deseaba que la gente no le viera como una amenaza ahora. Astoria, en efecto, no debería verse afectada por aquella sombra que el apellido Malfoy llevaba arrastrando tras de sí desde tiempos inmemoriales, sombra que yacía más oscura ahora que nunca, tragando cualquier luz a su paso. Sangre de inocentes había manchado cualquier rincón de aquella antigua casona, pensó en amargura. Incluso las rosas y girasoles que su bella Tori había plantado crecían en una tierra regada en carmesí. Pensarlo le repugnaba.

-…Maldita vieja arpía, ¡Cínica! Todavía se atreve a acusar a mi propio pequeño de lo peor, ¡Pregúntele a su hija, maldita sea! ¡No que prefiere soltar estupideces de esa magnitud! Escúchenme bien, tienen PROHBIDO que vuelva a poner un pie en esta casa, ¡Y ay de aquel que me desobedezca! ¿ENTENDIDO? ¡Que atrevimiento el de venir a acusar! ¡Hipócrita!

-Si, ama Narcissa- respondieron todos los elfos de la mansión temerosos. Si bien no era ninguna benevolente hacia ellos, sí que era cierto que jamás se les dirigía tan alterada y vaya que había tenido excusas en el pasado para querer desquitar su rabia en su servidumbre.

Quizás era el encierro el que tenía tan mal a su madre. O la ausencia de su padre, sin esperanza realista de volverlo a ver. O el verse repudiada por la sociedad que ates de la adoraba, adulándola banalmente, y por quienes había renunciado a cualquier vestigio de individualidad muchos años atrás. Quizás era simplemente la represión a la necesidad maternal de defender a sus hijos. El tiempo lo diría. La verdad es que le resultaba interesante aquella faceta de su madre, de tener que hallarle algo positivo. Quizás por fin comprendería aquella parte de su ser que la hacía afín a la turbulenta alma de su tía Bellatrix.

Contemplo tras la ventana el paisaje otoñal, sabiendo con amargura que ni la magia de los elfos sería capaz de salvar a las rosas del crudo invierno que se acercaba.

"¿La marca? Papá tenía una. Muchas veces solo significa no saber decir que no, o no poder. Dudo que con 16 ya tengas TANTO odio contigo como para unirte al genocidio de gente que ni conoces…"

No sabía que tanto habían influido la una a la otra, pero sabía que su Astoria de Shafiq habían sido inseparables. Y Shafiq había encontrado la muerte en el sótano. ¿Tenía razón Daph? ¿La terminaría arrastrando a todo ello? Sonrió al percibir el dominante aroma de las rosas. Su madre, quizás aprovechándose un poco de su posición como única jefa de familia, había no solo mandado a abrir de par en par todos los cortineros, sino que también llenar todos los floreros. Decidió cambiarles el agua por miedo a que llevasen demasiado tiempo allí, pues no las había notado. Recordaba a Tori meses atrás parloteando alegremente con Narcissa, mientras justamente plantaban esos rosales. Era la primera vez que Narcissa de hecho actuaba tan amable hacia una chica que le presentaba, no que hayan sido muchas, pero si era un dato que destacar.

"Besos. Llevamos tiempo sin vernos. Cuando volvamos a hacerlo, quiero que me llenes de besos…" Recordó la dulce petición que Astoria le había hecho mientras acariciaba uno de los suaves pétalos que ya habían desistido, comparado su suavidad con la finura de su piel, de sus rojizos labios. Lo único que deseaba a ese punto era poder tomarle la palabra con creces.

 

 

 

-Angelina, ¿Puedo hablar contigo? - la morena asintió mientras dejaba de charlar con Verity, sintiéndose de repente algo nerviosa por lo que pudiese decirle George. Desde su pequeña discusión apenas y se habían dirigido la palabra, y siempre para fines del negocio. Se contuvo de decir algo cuando la guió escaleras arriba, a modo de que no les escucharan los chismosos de sus empleados. Los quería, pero eso eran.

- ¿De qué quieres hablar, George? - preguntó fingiendo demencia. Era algo cruel, sabía perfectamente que el ignorarlo o tratarlo así tras una pelea era lo peor que le podía hacer, pero igual era lo que hacía. Se notaba en su modo de andar y en sus ojos que, en efecto, no estaba del mejor humor.

- ¿Cómo que de que, Angie? Lo siento si te hice enojar, ¿está bien? De verdad lo siento.

-…Lamento haberme ido nada más…- concedió ella, aunque su tono indicaba que todavía estaba algo molesta, cosa que desesperaba al pelirrojo. La sensación de estar peleado con alguien en serio jamás le había agradado.

- ¿De qué tengo razón?

- ¿Disculpa?

-Eso dijiste antes de irte…

-…Ahhh, sobre lo que dijiste. Creí, entendí, que era una forma de echarme. Sabes que, jamás tanto como tú, pero sufro la perdida de Fred como cualquiera que le haya querido. Si tu idea de sanar es apartarte de los tristes, déjame decirte que solo te dejara solo-ablando su tono al notar la tristeza en su mirada, tampoco quería herirlo- yo no quiero dejarte solo. No quiero estar sola, tampoco. Creo que es lo que menos necesitas. Tengo entendido que siempre iban a comer donde sus padres los domingos, sin importar que. Han de extrañarlo, y francamente, han de extrañarte a pesar de que a ti si te tienen. No digo que lo hagas ahora, pero al menos tenlo en cuenta…

-Jamás te echaría- aclaró él seriamente, como si aquello fuera vital que entendiese-. No vuelvas a pensar eso. Y si vuelvo a decir algo que te haga a sentir así, en lo mínimo, cállame, hazme el favor de callarme. Lo último que deseo…-la voz ya le salía entrecortada a ese punto, claramente contendiendo el llanto. Angelina lo interrumpió abrazándolo, susurrando un "lo entiendo" antes de besarlo suavemente. No podía seguir molesta con él viéndolo así, y francamente tampoco deseaba estarlo.

-Te quiero tanto, George Weasley-murmuró contra sus labios.

-Yo a ti, Angie. - continúo besándola, siendo el ruido de abajo lo único que impidió que llevasen aquello a la habitación. Sonrojados pero con mejor humor se dispusieron a bajar a donde el deber les llamaba.

 

 

En realidad no sabían cómo habían llegado allí, perderse entre sus palabras y gestos era común últimamente. Habían estado en la Sala Común con los demás, donde la música estaba a tope y los ánimos eran de fiesta. Pero en algún momento se habían apartado del barullo y se habían encaminado a la torre de Astronomía, uno de sus lugares favoritos desde la reconstrucción de Hogwarts. Su sesiones de besos y las largas noches que charlaban mientras miraban las estrellas y la luna habían endulzado de nueva cuenta ese lugar a pesar de las tragedias que habían acontecido años atrás.

-Toma- ofreció Ron su campera, colocándosela por los hombros. Estaban sentados en una las barandas que la rodeaban, el viento frio del otoño rozándoles la piel ardiendo. La chica se acurruco a su costado, inhalando suavemente del aroma de su Amortentia. Mucho se había burlado de Harry por ello, pero era cierto: Ron tenia un aroma que le era sedante, único en su tipo, ¿Pensaría lo mismo de ella?

- ¿En qué piensas, Ron? - susurró alzando la vista para verlo a los ojos. ¡Merlín, adoraba esos ojos azules! Tan azules como el cielo, desde antes de saber que se encontraba perdidamente enamorada de él le parecían encantadores.

-En como las cosas han ido sorprendentemente bien estos meses. Me refiero, la escuela ha sido un respiro de todo el caos de hace unos meses… ¡Merlin, de hace años! - ella rio con cierta nostalgia. No que extráñese eso, pero finalmente aquel caos les había unido más-. Hubieras visto a Harry y a Neville, ¡Estuvieron asombrosos! ¡Seguro que obtuvieron excelencia en la prueba!

-…Me hubiera gustado verte a ti, resentí demasiado las reglas por ello. Neville y Harry me dijeron algo parecido sobre ti…- dijo ella

-Lo hice bien, creo- reconoció algo sonrojado, pero con cierto orgullo en su voz al notar verdadera admiración por parte de Hermione. Que la bruja más talentosa de su generación se mostrase sinceramente impresionada claro que le daba motivos de sentirse orgulloso.

-…Pensar que los tres estarán juntos en la Academia. De verdad me sorprendió de Neville, pero supongo que lo llevaba en la sangre…-dijo Hermione recordando la vez que lo mencionó. En realidad Neville era no solo un gran mago sino que había demostrado poder ser un gran líder y guerrero durante la batalla, de allí que rápidamente le hiciese sentido.

-Si, pensé lo mismo. Aunque enero todavía esta lejos, no veo sentido en pensar mucho en ello…- la abrazó un poco más al escucharla suspirar tristemente.

-...Si, a mi tampoco me fascina pensar en ello tanto- respondió tratando de apartar su mente de la idea de estar sin él durante meses. Aquello no era similar a lo ocurrido en el bosque y aunque su parte racional lo comprendía perfectamente, una parte dentro de ella no concebía el separarse por tanto tiempo-. ¿Qué ha dicho tu madre respecto a Australia? No quiero que se moleste por pedirte que me acompañes, en especial considerando que pasarías el año nuevo fuera…

-…Creo que seria mejor pedirle permiso en persona, aunque seria más un aviso que una petición: no hay modo en que te deje ir sola tan lejos. Y no me mires así, dudo que me lo negasen incluso si fuera a pedir permiso: eres familia, necesitas apoyo y ellos no serán quienes te lo nieguen…

-A veces siento que me brindas tanto y yo en cambio no puedo ofrecer tanto…-confesó tomándolo por sorpresa. Él pensaba lo mismo pero al reverso: ella era tan extraordinaria, cariñosa y entregada, pidiendo tan solo cariño a cambio. ¿Seria acaso que los dos fueran igual de tontos de pensar aquello?

-No digas eso, Mione. Me das el mundo estando a mi lado…-hasta él se sorprendió y enorgulleció de si mismo al ver como aquello le había iluminado la mirada. Le encantaba poder soltar lo que se le ocurriese sin tener que disimular sus emociones.

-Te amo, Ronald Weasley- dijo firmemente, mirándolo directamente a los ojos antes de besarlo. El beso se hubiera tornado más abrasador de no ser de en donde se encontraban: a metros del suelo donde un paso en falso sería un trágico final. Normalmente Hermione y su pánico a la altura jamás le hubiera permitido estar sentada allí en primer lugar, pero sabia perfectamente que Ron no permitiría que nada malo le ocurriese. Lo corroboro al ver como muy a su pesar bajaba de tono el beso para recobrar el equilibrio.

- ¿Crees que la Sala de los Menesteres todavía este en pie? - susurró a su oído, haciéndola temblar de excitación. Pero debía controlarse. Le había prestado la pócima anticonceptiva a Ginny. En fin…Igual y la ocupaba más ella.

-No sé, pero de estarlo dudo que este libre. Una pena- Ron rio suavemente antes de unir los puntos. No recordaba haber visto ni a Harry ni a Ginny entre el gentío de la Sala Común. Fue el turno de Hermione de reír al ver la mueca de disgusto en su novio, sus orejas rojas del enojo.

-Voy a matarlo cuando lo vea…-sentencio tras calmarse un poco, incrédulo al verla reír tanto-. ¡No es gracioso, Mione!

-Si lo es. Ron, sabes perfectamente que Harry adora a tu hermana, y que van enserio…- "…Tan enserio que Harry hasta anillo ya tiene, que igual se lo dio" pensó, mas no dijo-. Nadie mejor que él sabe que van enserio sobre el proteger a su hermanita…

-Ya, esta bien, tienes razón. Igual no quita que la enana sea muy pequeña…

-… ¡Confía en su juicio!

- ¡Juicio que se va cada que mencionan a Potter! Desde los once…

-Ay, vamos, a todos se nos endulza el mundo estando enamorados. No quita que sepa cuidarse sola, que la curtieron bastante ustedes como para que caiga en cualquier cosa. Y por último pero no menos importante, Harry es tu mejor amigo, que se confiarían la vida, ¿Por qué no el corazón de Ginny? Que el pobre no había hecho nada y ya se lo había ganado…

- ¿No hay modo de que gane esta, verdad? - preguntó ya de mejor humor, un tanto resignado.

-Me temo que no, Ronald. Son felices. Imagínate que Harry de la nada empezase a meterse contigo por cada beso que me des, pues soy como su hermana y bien que podría agarrarse de esa como ustedes…

-…Siempre lo has visto como a un hermano, ¿No es así? - preguntó tímidamente, tratando de alejar de su cabeza la imagen de ella y el besándose que el Horrorcrux había conjurado para torturarle. Sabia que aquello no era real, pero de vez en cuando aquella inseguridad le atacaba mientras trataba de conciliar el sueño.

-Supongo que siempre quise uno y en Harry lo encontré. ¿Por qué preguntas? - cuestionó extrañada.

-Por nada, Mione. El viento no hace más que empeorar, regresemos antes de que te resfríes- le ayudo a levantarse y abrazados fueron de regreso a la fiesta, donde los ánimos poco o nada habían bajado y recibieron con gusto y a coro al guardián Weasley que había sido clave para la arrolladora victoria de los leones sobre las serpientes. Parte de Hermione se alegro de poder remplazar el amargo recuerdo de Lavender con su propia velada al lado de su pelirrojo. Quizás llevo tiempo, pero agradecía justamente eso, pues ahora sentía que estaban lo suficientemente bien como para realmente perdurar y seguir creciendo de la mano. Eso anhelaba. 



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