Regístrate | Recupera tu contraseña
     
     
Menú




 
¿Quién ha añadido esta historia a sus Favoritos?
19 años después » Causa-efecto
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
[ Más información ]

Causa-efecto

-Señorita Astoria Diantha Greengrass, espero que entienda la gravedad del asunto y porque ha sido citada- comenzó McGonagall su cátedra con tono sepulcral. La castaña trago grueso al escuchar su nombre completo. Siempre que la habían llamado así era porque problemas se le venían encima. Tampoco ayudaba la mirada fría de sus padres o los aurores que le miraban con mil interrogantes. Y encabezando la lista, su hermana, quien a pesar de todo, juraba estar allí para defenderla. A veces decía la verdad, así que aceptó que entrase deseando que no mintiera. De todos modos, sola le hubiera ido peor.

-Huí del colegio sin autorización para reunirme con mi pareja, estuvo mal y me arrepiento de haber faltado tan deliberadamente el reglamento, Directora McGonagall. ¿Va a expulsarme? -  preguntó temerosa, pero harta de la incertidumbre. Sus padres rabiaron al escuchar la palabra "pareja" de su boca, mientras que los hombres solo se miraron confundidos.

-Su pareja, como bien habrá de saber, es un tipo que por poco no terminó en Azkaban acusado de mortifago, junto con todos los crímenes que esa palabra encierra, Señorita Greengrass…- aclaró un auror mientras su compañero murmuraba un claro desagrado ante los Malfoy. Ambos parecían coléricos por su libertad, asqueados.

-…Por lo cual deberemos hacerle una serie de preguntas, solo para confirmar si hay consentimiento por parte de sus tutores legales y usted misma o si procedemos a la retención…-Astoria abrió los ojos como platos ante lo último, aterrada. McGonagall la miro con pena mientras sus padres se miraban cómplices.

-…Ademas de que claro, confirmar los detalles de su encuentro. Como sabrá, el señor Malfoy tiene prohibido cualquier intento de hacer magia, siendo la cadena perpetua inmediata el incumplimiento de esta condición…

- ¡Él no me forzó a nada! Es más, fue mi idea ir a verlo. Se los juro -dijo a sus padres, quienes parecían imperturbables.

-Pero nosotros no estamos de acuerdo en que te veas con criminales tan deplorables como los Malfoy, jovencita. Tienes dieciséis años, todavía careces del derecho consentimiento y por lo mismo…

-…Madre, padre, con todo respeto, Astoria ya está suficientemente mayor como pare decidir que le conviene o no. Ademas, antes de ser los "criminales despreciables" que son ahora, los Malfoy eran nuestros amigos. Conozco a Draco y ustedes también. Sería capaz de mucho, pero créanme que no de abusar de Astoria o algo por el estilo…-interrumpió Daphne con tranquilidad.

- ¿Quién hablo de abuso? ¡Tu hermana…! ¡No insinúes cosas así, Daphne!

-Es por lo que lo pueden mandar a encarcelar. Sería un titular aún más escandaloso que el que ya se dio. Por más que aclaren, nadie perdería esa nota. Todos lo sabrían y entonces sí que, lamentablemente, Astoria quedaría injustamente arruinada, incluso siendo la víctima. Saben que sus posibles pretendientes no conocen de víctimas… -Astoria miro a su hermana azorada, y esta le hizo un gesto de permanecer callada. Sus padres se miraron dubitativos, mientras que McGonagall miraba horrorizada a la rubia tras sus crueles palabras. Crueles pero sinceras palabras.

-Bien. Solo interróguenla sobre la magia, y McGonagall, castíguela con toda la fuerza y creatividad que se le ocurra, pero no la expulse. Es una joven atolondrada y que no piensa lo que hace pero que le aseguro se dedicada a estudiar. ¿Quedo entendido, señorita? - Astoria asintió levemente, tratando de hacer contacto visual con la directora a modo de causarle algún dejo de empatía. También buscaba evitar las miradas acusadoras del resto de adultos en la sala.  La mujer suspiró. No podría expulsarla ni aunque lo desease, sus padres habían hecho arreglos con el Ministerio.  Y tampoco deseaba expulsarla, si era sincera. Ella también había sido una joven enamorada del amor, atolondrada. Ademas, la señorita Greengrass, a diferencia de su hermana, jamás había presentado otro problema de conducta. Daphne Acantha Greengrass era, sin duda, un caso completamente distinto.

-Señorita Greengrass, usted también tiene un castigo- dijo dirigiéndose a la rubia, quien la miro claramente confundida-por las actitudes hostiles hacia su hermana, desde luego. No permitiré riñas. 

-Creí que mi castigo había sido cubrir a Filch…

-…Junto con Pansy seguirán con su sanción hasta que lo considere prudente- Daphne entorno los ojos, pero se abstuvo de decir algo. No quería empeorar su situación.

-No se preocupe, directora McGonagall. Tome las medidas necesarias para enderezarlas- sentenció el señor Greengrass. Astoria suspiro, buscando calmar sus nervios para la subsecuente interrogación que le impondrían.  Al menos no tenía nada que temer, no había hecho nada malo. Aunque claro, pareciese que haberse fijado en él ya era algo malo en sí.

- ¿Me puede decir por que Pansy no está aquí? Digo, si tanto le molesta su sanción mínimo…

-…Se sintió mal. Nauseosa. Firmo por ella, me lo pidió. ¿Me recuerda su segundo nombre? Es que desde pequeñas me prohibió llamarla así. Creo que se me olvido…

-Pansy Antoinette Parkinson, señorita Greengrass. No se preocupe, no es necesario.

 

 

 

-Audrey Hart-Addair, oficina del señor Strafford de Asuntos Internacionales. No se encuentra en este momento, ¿Desea dejarle un mensaje? - algo que odiaba de todavía estar estudiando era la inestabilidad de los trabajos que le ponían a hacer, pues si bien estos no salían de su departamento, eran desde documentación a hacer de secretaria. Anotó la traducción del portugués con precisión antes de colgar ese intento de teléfono que los magos usaban-. Tenga un excelente día.

Mientras tanto seguía con lo que la señora Dumbledore le había dejado. Y de paso investigaba un poco sobre Adeleide, pues le era inconcebible que el apellido Dumbledore fuese común. En fin…Aquello sería más fácil si Percy la ayudase. En general si la ayudasen, pero Percy seria perfecto.  Pero no se podía, él trabajaba, después de todo.

-Hart, ve al área de comercio y busca…-la verdad dejo de prestar mucha atención. Iría al área de comercio, ¡Igual veía a Percy! "No, no te alegres, infiel de mierda".

-Como diga, señorita Lovell. El señor Lingoot dejo esto para usted- le tendió el ramo de flores con su respectiva nota romántica, viendo risueña como se sonrojaba hasta las orejas.

-Gracias, señorita Hart. Tenga buen día- Cassandra le agradaba, pues aunque seria, resultaba ser una mujer muy dulce. Al menos lo era más que Donna.

Antes de partir, Audrey abrió su cajón donde guardaba sus cajas "jugo". Un poco de vodka rebajado en jugo de frutas siempre le ayudaba cuando se empezaba a sentir algo estresada en el Ministerio. O aburrida. O nerviosa. O en general. Tras tomarse uno de golpe y perfumarse un poco, se encaminó.

-Pase- escuchó la voz seca de Percy tras haber tocado. Este pareció apenas inmutarse ante la llegada de la castaña, quien disimulo su molestia lo mejor posible y se limitó a entregar la documentación que le habían encargado. Notó que parecía llamar la atención de todos en la sala salvo la de él. Supuso entonces que seguía molesto, y que se notaba que ella tampoco estaba cómoda.

- ¿Te encuentras bien? - pregunto Percy al notar que no se iba. Ya era el colmo que ni la mirase al hablar.

- ¿Disculpa?

-Luces terrible- respondió él, sin ser consciente de lo grosero que sonaba fuera de su cabeza. Al parecer todos también lo notaron. Y Audrey, bueno, furiosa quedaba corto-. Me refiero…

-No importa. Igualmente. Con permiso-cortó ella herida. Salió tras despedirse cordialmente de los compañeros de Percy. A pesar de lamentarse, Percy no fue a disculparse como lo hubiera hecho en el departamento. Siguió trabajando, evitando las miradas interrogantes de sus compañeros.

Audrey se dirigió a los baños entre murmullos de maldiciones, y una vez allí, busco en su reflejo aquello que estuviera fuera de lugar. ¡Nada! Percy era un idiota. Y sin embargo, se sentía dolida. ¿Realmente que había hecho ella? No era como que ella fuera grosera con él.

-Toma, siempre llevo estos. A veces los tacones duelen- dijo ya una vez calmada a una mujer que batallaba con su calzado y el daño que este le hacía en el tobillo, tendiéndole una bandita.

-Gracias…

-…Audrey, no te preocupes…

- ¿Eres la nueva de América? ¡Merlin! Lo disimulas…Digo, no suenas extranjera…

-Tengo familia aquí. ¿Y tú eres?

-Penélope Clearwater, un gusto.

-El gusto es mío, Penélope.

- ¿Con quién discutías? Digo, es que recuerdo que cuando recién llegue había algunos que explotaban a los recién llegados…

-…No, no te preocupes, era el idiota de mi vecino…Nada nuevo… ¿Cuánto tiempo llevas aquí? No te había visto, ¡Solo hay mujeres que me llevan diez años en mi departamento! Es algo aburrido…

-Poco, de hecho. Como tú, termine mi formación en otro lado, Australia en mi caso. Aunque las cosas son tan recientes allí, en cuanto organización, y la guerra recién acabo, ocuparan personal aquí. ¿De qué departamento eres?

-Seguridad Mágica, segundo piso.

- ¡¿Eres auror?!- exclamó sorprendida. Lucia muy menuda para serlo. Ella rio mientras negaba.

-No, soy de los Servicios Administrativos del Wizengamot. Mas relacionado con lo tuyo que otra cosa.

-Me asustaste. Los aurores en general me dan mala espina. Tengo hambre, ¿Qué hora es?

-Mi hora del almuerzo, las 12…

-… ¡Merlin Santo, gracias! ¿Vamos? También es mi turno. Quiero pastel…- la rubia rio suavemente mientras se acomodaba el cabello.

-Vamos entonces. Si bien recuerdo, aquí hay quien se lo acaba el solo- comento recordando a su expareja Percy y su gran apetito. ¿Qué sería de él?

Ambas chicas salieron parloteando hasta por los codos rumbo a el comedor, dejando helado al pelirrojo que apenas iba de camino allí mismo a disculparse con la castaña. ¿Penélope? ¿Qué no se había ido a Australia, razón por la que terminaron? Y de todas las personas, ¿Por qué tendría que justamente haberse ido a juntar con Audrey, su "algo" con quien se había besado?

 

 

 

¿No debería tener nada de malo, verdad?

Ellos no eran los únicos que habían sufrido. Ella misma seguía viviendo un infierno. Solo que no se parecía al de ellos. ¿Por eso le era invalido sentir lastima por si misma? Ella no lo creía.

El único motivo por el cual había accedido a regresar a recursar su último año había sido huir del drama legal que su padre había ocasionado. Anthony Vincent Parkinson, visionario, emprendedor y destacado ministro de magia, actualmente preso por mortífago y proxeneta infantil.

Había sido un giro calamitoso en su vida trivial a la vista de cualquiera, pero por más que desease ocultarlo, no le había conmocionado tanto como a la mayoría. Era cuestión de tiempo, si se permitía ser sincera, que la verdad saliese a la luz. Le era un alivio.

 A pesar de todo, se sentía abrumada por los recientes rumores que rodeaban su vida. La gente podía ser desalmada a la hora de divulgar noticias sobre gente que despreciaban. Más si esa gente, a simple vista, no tenían más problemas d ellos que ellos mismo se buscaban.

Meditaba respecto a todo aquello mientras Madame Pomfrey le atendía por tercera vez en la semana. Estaba casi segura de que la mujer ya se había hartado de su cara, a pesar de que había verdadera preocupación tras sus preguntas protocolarias.

- ¿Qué me ves, Lunática? -preguntó cortante mientras bebía la amarga poción para las náuseas.  La rubia no pareció molestarse por el insulto, mientras se acercaba a ella a paso ligero. Antes de que Pansy pudiera decir algo más, colocó su mano sobre su frente, dejándola anonada. Los ojos celestes de la paliducha joven irradiaban pena, y de repente Pansy se vio incapaz encararla, abrumada por lo vulnerable que la había dejado en cuestión de segundos.

-…Deberías descansar, Pansy. No te sientes bien…

-…Es evidente, sino no estaría en la enfermería- murmuró tratando de sonar impaciente, pero en su lugar fue un patético balbuceo asustadizo.

-...No me refiero a lo físico. Deberías ir a casa…-la castaña sintió un nudo en su garganta, mientras que dejaba escapar un silencio llanto de gruesos lagrimones.

- ¿Tu qué haces aquí?

-Parecido a lo tuyo, pero también tiene que ver mi tiempo en cautiverio y lo que sea que me ponían en las comidas. Me siento fatal. No puedo dormir, o comer, o concentrarme. Solo me he sentido bien rodeada de mis amigos, pero sinceramente, no he de acapararlos mientras tratan de sanar sus propias heridas. O dibujando, también me distrae. Extrañó a papá…

- ¿Te hicieron mucho daño? - se atrevió a preguntar.

-No recuerdo. Dormía mucho. No comía, no tenia energía, por ende dormía más de lo que debería…

-Lo lamento…Lovegood…

-No lo hagas, Parkinson. Al menos no por mí. Descansa-la castaña asintió mientras se secaba las lagrimas y se presionaba en recuperar la compostura. Agradeció apenada y tras tomar sus medicamentos se dirigió a su dormitorio aprovechando el pase de inasistencia que le habían brindado. Poppy Pomfrey observaba a Luna algo confundida, pues era la primera vez que veía a la señorita Parkinson en una actitud tan dócil, dejándose ver vulnerable, hablando sin un dejo de soberbia.

- ¿Desde cuándo son amigas? - no pudo contener su curiosidad. Ella conocía a cada alumno como si de un hijo se tratase. Aquello no cuadraba.

-No lo somos. Pero se veía tan sola…se que no es agradable estarlo. Y cansada, no físicamente, pero pareciera que le costase andar. Una nube negra la rodeaba

Poppy solo asintió mientras seguía escribiendo la carta al Ministerio sobre la salud de la señorita Lovegood, a quien habían pedido que observara con cuidado. Era una sobreviviente de las mataderos de la guerra, después de todo. Ademas, a muchos les llamó la atención durante sus interrogatorios, la actitud desviada de la joven, como si estuviera ida. Por eso ultimo es que se había tardado en comunicarlo, de hecho, pues temía que la ingresasen en el psiquiatra. Luna siempre le había parecido un alma infantil, y como los niños, tenia una sensibilidad extraordinaria a cosas que quizás algunos no podrían ver de otro modo, y quizás su encuentro con Parkinson sea una prueba veraz de aquello que sospechaba…

 

 

 

George despertó con escalofríos, agitado, solo para encontrarse con que estaba en su habitación, a salvo, sin su oreja izquierda. Solo. Fred no dormía en el cuarto de al lado, si no que yacía en los terrenos de Hogwarts desde hacia meses. Estaba solo. Y vaya que odiaba estarlo. ¿O lo estaba? Sintió una presencia a su lado, y corroboro que Angelina dormitaba de forma serena. Ambos estaban vestidos y realmente no recordaba que hubiera pasado algo la noche anterior. Sudor frio le calo hasta el hueso al dudar de lo que pudiese haber pasado, en especial al recordar los malos hábitos que había adquirido. "Mierda" …

-Lina- susurró agitándola suavemente del hombro.

- ¿Estas bien? - murmuro ella preocupada.

- ¿Tú estás bien? ¿Qué haces aquí?

-No estabas bien anoche y me pediste que me quedara. Apestas a alcohol, por cierto, ve a ducharte- se quejó ella cubriéndose con la sabana.

-E igual dormiste aquí…

-…Cuando se tiene sueño, hasta en el piso. Te hubiera mandado al sofá…

-Al piso, a ver si así se me quita. Lo siento…

-…No pasa nada. ¿Estas bien? Hare café, si no te molesta. Ayuda…

-Estas en tu casa- tomo ropa del armario y se encamino a la ducha. Angie suspiro mientras se estiraba dolorosamente en la cama, maldiciendo sus maltrechas piernas. Se levanto tras mucho vacilar y se encamino a la cocina.

- ¡Tu madre envió una carta! - escuchó lo que supuso fue una afirmación.

- ¡Envía muchas! Charlie esta de visita. ¡Él nunca visita, siempre con sus dragones! ¡Cuándo la familia actuará normal! ¡Casi agradezco que los enanos estén en Hogwarts! - exclamó enfurruñado.

- ¿Por qué estas de malas? ¡Tu hermano esta aquí! Deberían ir a cenar con tus padres…

- ¿Para qué lloren al verme? ¡Merlin, es que ni porque esta muerto deja de llamarme Fred!

- ¡GEORGE! ¡CALLATE! - grito ella embravecida por la mención de Fred para tan cruel frase.

- ¿Qué? ¿Ahora qué dije?

-Se que el luto lo llevamos todos a distinto ritmo- empezó más calmada-y esta bien que te desahogues. Es sano. Pero tu familia te necesita, y sinceramente, tu también a ellos…

-La gente enferma no sana con enfermos. Los tristes no consolaran con tristes…- respondió secamente. Angie sentía que el corazón se le desgarraba. Ese no era su George: su George adoraba a sus padres, consentía a su madre, jamás despreciaría la compañía de un hermano.

-Tienes razón- se limitó a responder.

George salió tan solo para encontrarse con que Angie se había ido, dejándole el desayuno servido junto a la carta.

"Maldita sea…"

Odiaba estar solo. Odiaba pensar tan mal de sus seres queridos. Odiaba haberse permitido que ella lo viese así. Odiaba saber que Fred se o reprocharía. Odiaba que Fred no pudiera reprochárselo. Simplemente odiaba.

 

 

 

- ¿Te siguen fastidiando del Ministerio? - preguntó Ron sintiendo un poco de pena por su amigo, quien miraba agobiado el montón de cartas de extraños que le habían llegado.

-Creo que Kingsley lo hace en lo mínimo, pero la gente sigue con interrogantes…

-…Más que nada se le puede dividir en dos tipos de personas: los chismosos de las revista de espectáculo y los historiadores, después de todo, no solo derrotamos a Voldemort, sino que concluimos con unos de los conflictos bélicos más sangrientos en la historia de la Magia, considerando que empezó en los 70's…- agregó Hermione como argumento-. Deberías considerarlo. Para el segundo grupo, me refiero…Se que odias hablar, pero creo que es lo correcto. Eleonora Rose. No me suena. Pero es quien escribió…

-…Lo sé, lo sé…La invitación también es para ustedes…-la pareja lo miró incrédulo, la chica deseando no haber abierto la boca. A ellos tampoco les hacia gracia hablar de aquello.

-Tiene todo el sentido del mundo. Los tres fueron a cazar Horrocruxes y vivieron la peor parte de la persecución. No sé por qué, pero tengo un buen presentimiento al respecto, ademas, como dice Hermione, es necesario- agregó Ginny. Harry asintió rendido. Él ya sabia que en algún momento tendría que enfrentarlo, pero una parte de él realmente deseó que después de tantos meses y con tantas historias trágicas y nombre corruptos saliendo a la luz…quizás, solo quizás, podría ahorrarse aquello. Casi se sentía igual de buitre que esos reporteros cotillas, encontrando beneficio en la desgracia ajena, pero era tan simple como que le angustiaban.

- ¿Saben por qué había aurores en la mañana? - curioseó Harry para cambiar el tema. Era un hecho de que irían con esa tal Eleonora Rose, al menos lo hacia con fines educativos. Pensar que sus hijos leerían de todo aquello en el futuro, le causaba nauseas. Pero en el fondo comprendía bien que era inevitable. Mejor era no pensarlo.

-Tengo entendido que interrogaron a una alumna que escapo de la escuela en una salida…-Hermione y Ginny intercambiaron una mirada: esa debía ser Astoria-. ¿Dije algo malo? - preguntó Ron al notar el gesto entre las chicas: realmente no quería fastidiar.

-No- respondieron las dos a la vez, esta vez hasta Harry lo noto, y eso que el era distraído-. Si, Ron, fue eso. Escuché a McGonagall mencionarlo. Al menos no escalo a mayores, seguirá aquí…- continuó Hermione mientras que Ginny bebía un buen sorbo a su chocolate.

-… ¿La conocen? - Harry estaba confundido. Hermione normalmente no estaría contenta con un alumno saliéndose con la suya al romper reglas, menos bajo su guardia. Aquello era extraño. Ron parecía pensar lo mismo.

-Es la chica que se desmayo en el bosque, Astoria Greengrass- Ron se sonrojó al recordar su cita "en el bosque", aunque se recompuso antes de que Ginny lo notase y se empezase a burlar. O quizás Ginny estaba demasiado ocupada disimulando su quemazón de lengua como para decir algo.

- ¿Ella? pero su lucía tranquila…

-…La hallaron desmayada, Ron…

- ¡Ya! Pero hablamos con ella después y no parecía del tipo que sería interrogada por aurores…- Hermione asintió con la cabeza dándole la razón a su novio.

-…Pues si se parece a su hermana…-empezó Harry recordando a la rubia glacial que hacia de dama de compañía a Parkinson. Ese era otro caso.

-…De hecho, es todo lo contrario. ¿Desde cuando huir provoca la llegada de aurores?

-Fue a ver a su pareja…-se limitó a decir Ginny. Ni Ron ni Harry parecían atar cabos o saber algo al respecto, y hasta ahora no sabían si Astoria querría que lo dijeran. No que fuera un secreto, pero sus novios eran distraídos en ese aspecto. Rasgo preocupante en futuros aurores, pero bueno, querían creer que con el tiempo cambiaría.

-… ¿Qué? ¿Un exconvicto o por qué…? - Harry se quedó callado y tras meditarlo unos segundos, razono. Después de todo, ¿Qué otro tipo de más o menos su edad podría ser tema de interés para los aurores? Ademas, debía ser de la edad de Ginny o menos. No la veía estando con otro que no fuese…

-… ¿Malfoy? - preguntó Ron sin poder disimular el desdén al pronunciar el nombre. Harry también frunció el ceño, y él que deseaba darlo por olvidado. Hermione volvió a asentir mientras desviaba la vista de Harry-. ¿Y la conocen? Digo, hablan de ella como si…

-… ¿Cómo si fuese nuestra amiga? Pues no, apenas la conocimos hace poco, pero si algo se es que no es para que se pongan así…-defendió Ginny interrumpiendo a su hermano.

-No es ella, Gin, Ron acaba de decir que le pareció amigable. Es Malfoy…

-…Pues disimúlenlo, la pobre ya la pasa mal como para que se unan a los que la tratan mal…-Hermione dijo en un tono que bien podría indicar una petición o una advertencia. Ron asintió sin importarle mucho lo que fuese, ademas, realmente no se veía tratando mal a una chica por algo así. Hermione bostezó haciéndolo reír suavemente, mientras la acomodaba mejor entre sus brazos-. Si me quedo dormida, te tocara subirme cargada…- advirtió ella adormilada.

-… ¿Y el castigo en eso esta? - ella iba a responder pero otro bostezo se le adelanto-. Vamos, también tengo sueño…descansen- Hermione sonrió orgullosa de ver que Ron poco a poco dejaba de lado esos celos de hermano y empezaba a consentir que Ginny y Harry estuviesen a solas. Se lo recompensaría en cuanto pudiese.

Ginny se acurrucó al costado de Harry, quien la abrazó mientras se cubrían con una manta. El otoño había llegado especialmente frio ese año.

-Me parece genial que tu y Astoria se lleven bien, y que la defiendan. Me imagino que ha de ser más fácil irse al cuello con ella que con alguien que no está- Ginny asintió levemente, su mirada perdida en el fuego de la chimenea.

-No debí ponerme así con Ron, lo sé. Se que se referían a Malfoy. ¡Merlin, con lo que lo odio, tampoco me hizo gracia! Es solo que su situación…Su propia hermana permite que la llamen de todo…- Harry asintió mientras que Ginny suspiraba.

- ¿La conocieron en el castigo?

-Si, te juro que nada que ver con el séquito de estiradas que es Slytherin. De hecho me pareció gracioso. En fin, sobre lo de antes, no hagas algo con lo que no te sientas cómodo, amor. No le debes nada a nadie…-Harry agradeció escuchar esto, aunque sabia que la explicación si la debía.

-No hay que preocuparnos por ello, es hasta vacaciones. Sabes, entre todas las cosas, llego una carta del Ministerio, Relaciones Internacionales: al parecer tener una orden de Merlin te vuelve invitado a los bailes del Ministerio. Claro, planeaba no ir, pero considerando que mencionaste que te gustaría salir a bailar a algún lado y que tienes un novio que desconoce la vida nocturna londinense como para poder llevarte a algún otro lado…

- ¿Lo dices enserio? - el rostro se le iluminó casi al instante de que lo dijo, derritiendo el corazón del azabache al segundo.

-Muy enserio. Me dio entender, de hecho, que la invitación al alumnado que luchó en la guerra. Es un baile tanto de año nuevo como de conmemoración a la restauración de la escuela…Entonces…

- ¿Sí?

- ¿Irías al baile conmigo? - preguntó galantemente, su sangre merodeadora y por ende conquistadora a relucir. La sonrisa de su pelirroja pecosa se ensancho y se arrojó a besarlo con ganas, quedando recostada encima suyo. Él vivía por verla sonreír, aquella era de las sonrisas más sinceras desde hacia meses, y se adjudicaba responsable de la mayoría de estas. Ella era feliz con él y eso le bastaba para sentirse pleno.

-Claro que sí. Aunque practica un poco, me dolió ver como bailabas con Patil y pensar en sus pies- Harry la miró ofendido y ella soltó un risita.

-No es mi culpa que Neville me haya dejado la vara tan alta en ese aspecto…- ella siguió riendo, mientras le besaba dulcemente.

-Realmente dude si alguna vez podría ir a un evento así contigo. Mi yo de trece años estaría pegando brincos por todo Hogwarts- Harry sonrió enternecido al imaginarse aquello. Ginny podría ser toda una mujer fiera y audaz, pero siempre habría un poco de aquella niña tímida y adorable en sus gestos.

- ¿Y tú yo de ahora?

-Creo que de no estar ahora contigo, estaría brincando por todo Hogwarts. O contándole a Herm o Luna mil veces hasta hartarlas. Esto es mucho mejor- dijo aferrándose a su cuerpo. Harry rió suavemente, jugueteando con su cabello-. Siempre haces eso…

-… ¿Qué?

-…Jugar con mi cabello, ¿de verdad te gusta tanto?

-…Demasiado, tendrás que acostumbrarte. Pareces un pequeño fuego- al principio se sintió tonto por dejar salir aquello, pero ella pareció encantada.

- ¿Te subo la temperatura, Potter? - susurró coquetamente, antes de besarlo lenta y tortuosamente.

-Gin, tu hermano apenas y esta dejando de hacer meucas al dejarnos solos. Si baja y ve esto-ella hizo un pequeño puchero, pero termino dándole la razón. Volvieron a su posición inicial, solo que ella ya se encontraba totalmente recostada a su costado, mirando el fuego.

- ¿Harry?

- ¿Si, Gin?

-Te amo mucho- ella rio suevamente ante lo meloso de su comentario, pero lo dijo sin pensarlo demasiado. Le pareció lo correcto. Era lo que sentía, simplificado. Harry, gracias al cielo, conocía de lo poco verbalmente emotiva que solía ser, y encontraba aquello adorable.

-También te amo, Gin.

 

 

 

Astoria salió de aquel interrogatorio algo…confundida. Sabia que los aurores les habían entrenado para exprimir hasta la ultima gota a quienes interrogasen, pero aquello la había dejado noqueada. Pareciera que fuese culpable hasta que se demostrase lo contrario. Era una suerte que de hecho no tuviese que ocultar. Salió temblando de la sala, ignorando las miradas frías de sus padres. Ya la perdonarían después.

- ¿Qué quieres, Daphne? - preguntó Astoria, harta de la mirada ofuscada de su hermana.

- ¿Por qué me mentiste?

-Le hubieras dicho a mamá y a papá…

-… ¡Por supuesto que lo hubiera hecho! ¿Es que no piensas? ¡Un exmortifago!

-TU AMIGO, DAPHNE. No se te olvide que Draco te considera su amiga. Tu misma lo dijiste, los Malfoy antes de ser la escoria que son ahora eran nuestros amigos…

-…No empieces a querer usar palabras en mi contra, pues se bien su contexto. Lo dije para evitar que los refundiesen en la cárcel, donde de hecho deberíamos todos estar. Ahora, si fuese mi amigo no se hubiera involucrado contigo como le pedí, asique la conciencia la tengo más que tranquila…

-… ¡Él no tiene que andarte obedeciendo ni tu andar dándole ordenes, loca! ¡Eso es lo que eres, una loca insensible!

- ¡Al menos yo no avergüenzo a la familia con cada acción que hago! ¡Merlin, con razón madre y padre deseaban educarte en casa! ¡Maldigo el día en que abogue por lo contrario!

- ¡Una familia de delincuentes, Daphne, eso es lo que somos! Más bajo no se puede caer, ¿verdad?

-Empezando por ti, la zorrita de los Malfoy. ¡Es que ni por tu bien velas! ¡Idiota!

-Al menos yo no me vendo en subastas…

-… ¡Tengo acaso alguna otra maldita opción! - gritó Daphne enfurecida. Astoria ahora si tenia miedo. Quizás había tocado una fibra sensible-. ¡No! la respuesta siempre ha sido no. Soy la mayor, la heredera. Tengo responsabilidades, expectativas que deseo cumplir, obligaciones a las que no he de huir…En cambio tú…Tú siempre has sido libre en ese aspecto. Mientras no hagas estupideces como convivir con impuros o acostarte con repudiados, madre y padre apoyarían lo que decidieses: casarte o no, trabajar en lo que quisieses, viajar.... Conmigo nunca ha sido tan fácil. Debo velar por nuestros bienes, por el apellido… ¡Asique no te vuelvas a atrever a mencionarlo, mocosa mimada! Libre y haciendo estupideces hormonales, ¡Podría odiarte! ¡Debería de odiarte! - Astoria cerró los ojos esperando el golpe al ver a Daphne alzar su mano. Pero esta se detuvo en el acto. Al abrir sus ojos pudo ver que estaba llorando, de rabia e impotencia, observando horrorizada su mano derecha.

-Daphne…-susurró mientras la rubia bajaba el brazo.

-…Cállate. Me tienes harta. Los dos. Tú por idiota, él por traidor. Que sepas que es la primera y ultima vez que los defiendo. Y no creas que padre y madre les darán la bendición. Si deseas seguir revolcándote a escondidas, perfecto. Pero no te atrevas a llegar llorando después…Descansa, hermanita.

Aquello no era normal. Astoria lo sentía, su hermana aunque fría jamás hubiese dicho eso. Nada de aquello era ella. Y a pesar de saber aquello le había herido profundamente, dejándola reducida a un mar de lagrimas y sollozos siendo la luna su única compañía.

 

 

 

-Por mucho que me encante estar en tus brazos, mis compañeras no estarán tan contentas con el espectáculo…-susurró Hermione adormilada pero risueña. Ron rio suavemente antes de dejarla en el suelo.

-… ¿Todo bien? - preguntó suavemente el pelirrojo. Ella sabia a lo que se refería. La tensión entre las chicas de su grado era evidente, y se temía en parte responsable de aquello. Eso sumado el estrés que su novia llevaba encima sin necesidad de la inquietud de sus compañeras.

 -Si, nada que una pequeña charla no arreglase. Considerando que me acompañaran todo el año y que ustedes dos estarán lejos, quizás sea mejor llevarnos bien…

-… ¿De verdad tienes que quedarte todo el año, Herm? - se animó a preguntar a modo de ruego, sintiéndose mal casi al instante al ver la expresión lastimera de ella.

-Tampoco es que no quiera verte, o estar lejos tanto tiempo, es solo…quiero hacer las cosas bien. Acabar con este ciclo como debe ser. Se que después de todo lo que ha pasado desear por normalidad es banal pero…-empezó a excusarse torpemente, bajando la mirada avergonzada.

-…Pero es lo que quieres y lo que necesitas. Y yo no deseo otra cosa que no sea verte cumplir tus metas, Mione, no lo dudes…-dijo mientras la envolvía entre sus brazos. Ella asintió abrazándose a él con fuerzas. El pelirrojo acuno su rostro entre sus manos para verla a los ojos, enjugando las pocas lagrimas que surcaban su rostro con sus pulgares, acariciando sus mejillas. A veces se sorprendía de lo natural que le resultaba ser tierno con ella, dejando a relucir un lado de él que incluso a él le era ajeno. Simplemente no podía evitarlo, tanto tiempo amándola a la distancia, cuidando de ella sin poder sincerarse sobre sus motivos. Era tan liberador, poder besarla o tocarla de forma tan natural, y saber que ella lo amaba, que la hacia feliz. A pesar del dolor, en ella hallaba motivos suficientes para ser feliz-. No pensemos en esto ahora. Estas cansada, y sinceramente, también podría necesitar unas horas extra de sueño…

-…Les ira bien mañana. Quizás no sepa mucho del tema, pero lucían más que listos para darle una paliza a Slytherin en el juego durante la practica…-aseguró la castaña amorosamente, acariciándole la mejilla-. ¿Tienes todavía poción?

-Si, ¿ocupas? - preguntó angustiado. Ella se apresuró a negar, tranquilizándolo al instante. La poción para dormir sin soñar se había vuelto indispensable para poder conciliar el sueño. En el caso de Ron, imágenes del cuerpo inerte de su hermano y los gritos desconsolados de su castaña a lo lejos, una y otra vez, le despertaban en llanto. Hermione simplemente recordaba su tortura con Bellatrix, las imágenes crueles que su mente conjuraba mientras el dolor en su cuerpo la reducía a gritos, con la diferencia de que Ron no estaba allí para ayudarla a seguir en su juicio, ni salían del calabazo a rescatarla, dejándola a merced de Greyback. Tan solo pensar en lo que aquel monstruo planeaba hacerle…le daba arqueas.

-Buenas noches, Ron. Descansa- le dio un suave beso en los labios antes de dirigirse a su habitación. Ron se sentía intranquilo, y juraba que la había sentido temblar. Sabia perfectamente lo que la atormentaba en sus pesadillas, esa escena también lo torturaba. Como deseo haber matado a aquella perra de Bellatrix o ese desgraciado de Greyback. Él modo en el que el caníbal miro a su pequeña Mione, tan lasciva…le causaba nauseas. Como deseaba haber sido él quien acabase con su miserable vida. ¿Era normal que desease haber asesinado? Desde luego que no. le asustaba, pero negarlo era estúpido. Suspiró mientras hacia un esfuerzo en alejar su mente de deambular en aquellos oscuros pensamientos. Quizás solo tenía que descansar. Hermione estaba sana y salva a metros de distancia, no había que temer. Se encargaría de que ella jamás tuviera que temer a algo otra vez hasta el ultimo de sus días. 






No tengo otra excusa que no sea exceso de estrés escolar y problemas familiares. Disfruten el capitulo. Deseo volver con ganas, aunque por ahora aquí esta este <3


« Problemas Comenta este capítulo | Ir arriba Noticias »


Potterfics - Harrylatino
Potterfics es parte de la Red HarryLatino

contacto@potterfics.com

Todos los derechos reservados. Los personajes, nombres de HARRY POTTER, así como otras marcas de identificación relacionadas, son marcas registradas de Warner Bros. TM & © 2003. Derechos de publicación de Harry Potter © J.K.R.