Historia al azar: confucion
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19 años después » Problemas
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Problemas

El ambiente era tenso en el ala femenina de Gryffindor. No era para menos, después de todo, Ginny peleaba bajo el instinto de lanzarle una maldición a Parvati, siendo solo reprimida por Hermione y sus intentos de evitar conflictos durante ese trimestre, a pesar de ser ella la más disgustada con ella.  Elizabeth fingía demencia mientras cepillaba sus cabellos en una trenza, y Demelza se metió a ducharse en cuanto Parvati abandono el baño. Hermione fingía leer un libro para rehuir miradas y Ginny terminaba sus deberes silenciosamente. Beth miro de reojo y se sonrojo un poco al ver la marca rojiza en el cuello de Hermione. No la cicatriz que le cruzaba en medio, ya se había acostumbrado a verla a pesar de lo llamativa de esta. No. Lo que atraía su atención era el chupetón que había ocasionado que la prefecta perfecta fuese mandada a detención junto a su novio, y a la tarde estaría castigada.

Curiosamente, no solo a Patil le parecía que McGonagall había sido demasiado blanda con ellos dos a pesar de haber sido atrapados actuando de "forma indecorosa" durante sus rondas de prefectos, por llamarlo de algún modo. Claro, a diferencia de la trigueña, ella no había hecho ningún comentario al respecto.  Fue gracias a ella y su hermana gemela que McGonagall se enteró de aquello, aunque parecía más feliz por la pareja que molesta por la falta en el código de conducta. Claro, Minerva no dejaba de ser una profesora justa que se apegaba a las reglas, por lo cual Hermione y Ronald tendrían que ayudar a la limpieza de salones distintos durante la tarde, pero no era gran cosa al lado de lo que se solía hacer en aquellos casos. Allí las verdaderas intenciones de Patil habían salido a la luz, reclamándole a la mujer su decisión, ganándose un castigo por su cuenta por estar deambulando por los pasillos sin permiso tras el toque de queda. Al menos la penitencia de Padma y Parvati había sido distinta a la de Hermione, hubiera sido incomodo verlas convivir a solas después de las asperezas.

- ¿Qué me ves, Patil? - Ginny estaba irritada, y la mirada atenta de aquellos ojos negros empeoraban su humor.

-Nada. ¿Es verdad el rumor? Porque si sí, no se nota nada- apunto a su vientre, y dado a su tono, vio que no era una pregunta inocente.

-Mantente en tus propios asuntos, Patil- su tono parecía una amenaza más que una recomendación-. Yo que tu no sería una soplona buscando problemas…

- ¿Buscando problemas? ¡Yo no soy quien se anda revolcando con su novio por los pasillos de la escuela! En ti no es novedad, pero que nuestra prefecta perfecta lo haga…

-… ¡Como lo hacía tu mejor amiga! ¡Ademas, no es tu problema! No herimos a nadie. No es nuestra culpa que estés sola…

- ¡GINNY! - regañó Hermione al ver que estaba tocando una fibra sensible en la chica. Merlin, Ginny se parecía a su hermano en eso de no pensar cuando se enojaba. Patil soltó una carcajada.

-Todavía que te defiende, la regañas…-se burló.

-…Cuida que no suelte mi boca. Es lo que hacen las amigas. ¿Dónde están las tuyas?

- ¡Recuperándose, idiota! ¡Apenas y habla!  - todas se quedaron calladas tras recordar el incidente de Lavender Brown, como Greyback casi acaba con su vida, dejándola destrozada tanto física como psicológicamente. De los ojos de Parvati brotaban gruesos lagrimones y Ginny se sintió mal. De todos modos, ¿Qué le iba a hacer ahora?

-Si, y la persona a la que no has dejado de tratar mal le salvo la vida, por si no sabias…y lamento lo que le paso. Espero que se mejore y pronto puedan volver a estar juntas, sanas…- Ginny terminó de recoger sus cosas y, junto a Beth y Demelza, salió rumbo al desayuno. Hermione estaba lista para seguir a su pelirroja amiga cuando Parvati la llamo, su voz demasiado quebradiza como para simplemente ignorarla e irse.

- ¿Es cierto lo que dijo Ginny? - Hermione asintió suavemente, mientras Parvati buscaba aclarar su voz.

-Si, pero lo hubiera hecho por cualquiera. Lamento lo que le paso, y créeme, lo que sea que haya podido hacer que te molestara, no fue intencional…

-Nunca es intencional. Supongo que tampoco fue intencional meterte en la relación de Lavender durante sexto grado…

-…Yo nunca…

- ¡Déjame acabar! - Hermione suspiró con frustración mientras asentía-. Si Ronald no la quería, no debió usarla para herirte, y claro, tu no le quitabas los ojos de encima a pesar de que ya era el novio de una de tus compañeras. Yo trate de hacerle ver que estaba equivocada al creer que una come libros como tu sería capaz de quitarle el novio, pero tras lo del hospital y al verlos ahora…No lo veo justo. Ustedes dos se quieren, sin duda, pero al parecer se quieren tanto que les importa una mierda herir a los demás, ¿Es que no les basta con ustedes mismos? …-Hermione no supo que responder. No se esperaba una respuesta así.

-Parvati…

-…Perdón. No es tu culpa. No es culpa de nadie. Quizás no debí regresar…Lamento lo de tu castigo…

-No estoy molesta. Y no digas eso, Hogwarts es un segundo hogar para todos. Entiendo que hiciste lo que creíste que era correcto para con Lavender, pues es tu mejor amiga, y yo soy la primera en pensar que lo que le hizo a ella fue repudiable, pero créeme, nuestra intención jamás fue lastimarla…

-Gracias, Granger…-Patil decidió quedarse un rato más en la habitación, y Hermione se encaminó a él Gran Comedor, sentándose al lado de Ronald, quien le sonrió tímidamente mientras se sonrojaba, recordando la posición comprometedora en la que les habían encontrado anoche en la torre de Astronomía. Hermione se sentó a su lado, también sonrojada y le saludo con un suave beso en la mejilla, preguntándole si había dormido bien y por donde estaba Harry.

-Dijo que bajaría en un rato. Estaba escribiendo una carta. ¿Todo bien, enana? - preguntó Ron mientras devoraba su desayuno, a la vez que Hermione saludaba a Neville, quien parecía más relajado que los últimos días mientras tomaba asiento al lado de la pelirroja menor.

-Si, solo… ¿No notan a todos algo extraños? - susurró mirando a su alrededor. El comedor estaba más callado que de costumbre, eso era verdad, pero quizás era porque se habían levantado más temprano que de costumbre.  Tan solo se escuchaban murmullos.

-No sé, Ginny. Pero véanlo por el lado amable, no hay que hablar a gritos- apuntó Neville, bostezando mientras bebía algo de café.

-Si, ademas, quizás sea que todos tienen sueño- continuo Hermione, negándose a pensar que quizás la gente sabia del incidente de la noche anterior. Ron parecía sospechar lo mismo, pero como su novia, se negaba a siquiera pensarlo.

 

 

 

 

Hannah, a pesar de haber regresado a estudiar a su amada escuela, trabajaba como de costumbre. Aquello había llegado a un punto en el que se sentía extraña cuando no tenía pendientes, siempre demasiado enérgica para el gusto de cualquiera, ocasionándole accidentes por no estarse quieta y olvidarse de ver por donde pisaba. No que se quejara, ella sabía que hubiera sido rastrero seguir cobrando tanto durante tiempos tan desesperados, pero dar asilo y alimento a fugitivos de la cacería de impuros les había dejado algo endeudados, y desde luego, nadie podía ni quería ayudar a los Abbott. Eso sumado a los gastos funerarios había hecho que todos empezaran a aportar su grano de arena a la economía familiar: la edad ya no era excusa. Josephine, por ejemplo, había empezado a trabajar provisionalmente para la revista "Corazón de Bruja", motivo por el cual le había encomendado vender cierto volumen de ediciones durante la semana. Había vendido bastantes en el pueblo, pero todavía le hacían falta, razón por la cual comenzó a vender a sus compañeras, quienes en vista de que McGonagall había cortado relación con aquella editorial para inicios de año (un incidente sobre un rumor fuerte que había llegado muy lejos), le habían comprado a escondidas a Abbott sin rechistar. Era casi un motivo de suspensión, pero nada malo tendría que pasar si no se enteraba. Lo que hacían algunos por enterarse de los chismes más recientes del momento. Claro, Hannah no solía leer tan seguido aquellas burdas revistas, así que ni siquiera se molestó en leer lo que decían. Claro, ese fue su primer error. Enserio, ella tratando de llevarse bien con las amistades de Neville y sin saber estaba vendiendo uno de los medios que más las difamaba. En su defensa, de haber sabido habría mandado a su prima por un tubo. ¡Merlin, Morgana y Circe, que no se enterasen!

Hannah Claire Abbott, relájate. Nadie de ellos parece saber que la revista llegó a la escuela. No parecen del tipo de persona que leerían aquello. Además, ¿Qué es lo peor que puede haber en una revista de cotilleo más allá de algún rumor bobo o fotos fuera de contexto?  Quizás si le daba una ojeada se sentiría más tranquila...Digo, para saber a qué se enfrentaba. Además de que no podía negar que ella de vez en cuando si leía esas cosas.

Por detalles como esos es que jamás les agradarás...

No sabía si preocuparse o no sobre que su conciencia fuese tan negativa a la hora de plantearle situaciones. Digo, asumiendo que escuchar una voz como conciencia fuese normal, claro está.

Le sorprendió ver que Harry y Ginny no fuesen la portada, ya que aunque si se les mencionaba, era otra pareja quienes acaparaban con su foto. Reconoció a Draco, el nuevo exiliado, pero le sorprendió ver que no era Pansy Parkinson quien se había escapado de la escuela para ir a ver al joven rubio, sino una tal Astoria Greengrass. Si McGonagallse enteraba que una jovencita había escapado de la escuela para ver a un exiliado era capaz de expulsarla. No sabía que Daphne Greengrass tenía una hermana pequeña, pero sus ojos verde azulados, idénticos a los de la rubia prepotente de nula expresividad, la delataban. Se veía más pequeña que Ginny, pero al igual que su hermana, era hermosísima, parecía una muñeca de porcelana, pequeña y menuda. Eso, rumores sobre los héroes de guerra y listas sobre el atractivo de estos rezaba tener esa edición. Merlin, quizás debería preocuparse más por la reacción que tendría Daphne a la nota de su hermanita, pues a pesar de su apatía constante, la rubia era irse a la yugular contra quien hablaba mal de alguien de su círculo. Igual Astoria ni figuraba en su círculo, en el mejor de los casos, para ella desde luego. Eso y el absurdo rumor del embarazo y compromiso de Ginny con Harry asegurarían una titular. Quería que la tierra se la tragase en ese momento…

- ¿Todo bien, Hannah? - preguntó Finch-Fletchley al ver a su amiga algo pálida.  Smith también parecía preocupado por lo que le ocurría a la rubia, pero lo disimulaba mucho mejor que Justin.

-Si, no se preocupen. ¿Todo bien, Smith? ¿Por qué esa cara larga?

-Nada, mi prima no deja de insistir en que conozca a su mocoso…

- ¡No le digas así! Es tu sobrino- regañó Justin-. O eso creo. El hijo de tu prima es tu sobrino, ¿no, Hannah?

-No sé, Josephine no ha tenido bebes, pero supongo que sería su tía…No sabía que no te gustaban los niños, Zack…

-No soy fan de ellos, pese a no odiarlos. Lloran sin cesar y son asquerosos…

-…Lo bueno es que no los odias- se burló Hannah.

-Ademas, nunca me agrado Liz. Siempre fue muy rara, ¿saben? Eso sumado a que ese bebe ni siquiera tiene padre…Ella no ha querido decir nada de él, al menos. Conociéndola, me imagino una historia tras ello que haría que mi tío Michael se retorciera en su tumba…

-No seas tan malintencionado con tu propia sangre, Zack. Ademas, Liz siempre fue muy buena y dulce, y estoy seguro de que haya ocurrido lo que haya ocurrido, es feliz con su hijo. Deberías al menos considerarlo…-recomendó Justin.

-En verdad, mira la cara que puso al imaginarse al pequeño vomitándole encima. Como si conociéramos a Zack, es normal que no se lleve bien con Liz: ¡Son polos opuestos! Ahora, es un alivio que después de tanto tiempo sepas de tu prima. Pudo pasar algo terrible…- dijo Hannah mientras untaba mantequilla a una tostada.

- ¡Pasó! ¡Desde cuándo tener un bebe a los 19 es algo bueno! - exclamó él haciendo ademanes algo dramáticos.

-Tu estas siendo negativo. Preocúpate cuando ella se queje, y cuando te pida algo. Si no, no es tu problema…- cortó Hannah, y él asintió enfurruñado, sabiendo que ya había hartado a la rubia. Ella conocía a Zacharias, y sabía que más preocupación por su prima, estaba avergonzado de lo que podría pensar la gente de su familia por tener a una joven madre soltera entre ellos. Eso, aunque le parecía repudiable por parte de él, era evidente que iba a ocurrir, y en parte, su preocupación podía ser justificada debido a que eran descendencia directa de la gran Helga Hufflepuff, fundadora de su amada casa y figura histórica intachable. Eran una familia, que aunque no era ni la más famosa ni las más rica, era importante por su peso histórico, y por ende, tenía esa carga bajo sus hombros. Zacharias adoraba saberse importante, alimentaba su personalidad ególatra y agigantada. De no haber sido por su sangre, pensaba Hannah, hubiese encontrado su hogar en cualquier casa menos Hufflepuff, pero los tejones habían aprendido a tomarse aquellos defectos de él con humor y a apreciar sus virtudes, a la vez que él había aprendido a querer a sus compañeros de casa.

Hannah, tras apenas comer un poco para disgusto de Justin, se dispuso a acudir a su clase. Para evitar roces entre los alumnos, los horarios de este nuevo semestre hacían que apenas Gryffindor tuviese clases con Slytherin, en especial las violentas, después de todo, Slytherin quiso entregar a Harry a los mortifagos en medio de su desesperación. Harry no parecía guardarles rencor alguno, estaba demasiado distraído con Ginny como para siquiera dirigirles una palabra, pero no querían arriesgarse, ademas, sus amigos y compañeros, por otro lado, si recordaban aquello con resentimiento. Hasta ella lo recordaba y le daban ganas de abofetearlos. Tendrían pociones, con Slughorn, con Gryffindor.  Saludó a Ginny, quien le hizo una disimulada seña de tomar su lugar al lado de Neville, quien saludo alegremente a Hannah, quien se sonrojó levemente pues hacía varios días que no hablaba con el castaño, que también parecía algo penoso al lado de ella. Tras su pequeña discusión apenas y habían hablado estando a solas.

Realmente apenas ponía atención a Slughorn. No que tuviera algo en contra del anciano, desde luego, o su clase. Neville la tenía distraída. Cuando su padre le dijo que no tuviera novio en la escuela pues se iría a distraer, ella de verdad creyó que lo decía por sobreprotegerla, no que en verdad fuera a pasar.

- ¿Qué estarán pasando allá atrás? - Hannah agradeció que Neville no notase su mirada constante en él, pero curiosa, volteo a ver a donde había dicho. Merlin, que la tierra me trague…

Pasaban de mano en mano la revista, aprovechándose de lo distraído que estaba el anciano explicando el tema. Hannah sabía que su nerviosismo era ridículo: nadie sabría como aquella cosa había llegado allí. Pero se sentía culpable, no podía evitarlo. Y el movimiento nervioso de sus manos se había vuelto frenético conforme se acercaba a donde ellos estaban. Con suerte, la insistencia de Hermione de sentarse hasta el frente los salvaría de que llegase a ellos. pero claro, Hannah no era ni jamás seria conocida por afortunada.

-Arnold, tranquilízate- susurró Ginny a modo de consuelo a la pequeña criatura amoratada y peluda que yacía en su hombro. Según Neville, Ginny y su pequeño Arnold estaban aún más unidos que antes, y a Hannah le causaba gracia ver a aquella cosilla chillando emocionada con cada cosa que veía-. Discúlpalo, Hannah. Es muy impresionable- se rio suavemente cuando se acurrucó más en el hueco de su cuello-. En fin, ¿Qué tanto ven allá atrás?

-Ni idea- dijo Hannah fingiendo desinterés. En la mesa de al lado, Hermione los mando a callar con un gesto, mientras que Harry reía al escuchar los ya familiares sonidos de la pequeña mascota de su chica, Arnie. Ron, para sorpresa de todos menos Hermione, ponía atención a lo que decía el maestro sin siquiera darse cuenta de lo que hacían los demás. Sabría Hermione que Ron se estaba esforzando, pues a pesar de todo, seguía sin creerse digno de volverse auror, para su pesar. Sabría ella que él era capaz de eso y mucho más…pero a veces, era inútil tratar de hacerlo cambiar de parecer. Al menos, de un modo u otro, esto no le hacía daño, al contrario, lo centraba en algo, como a Ginny lo hacia el Quidditch. Como el tiempo le había enseñado, los Weasley eran personas indomables emocionalmente hablando, asique cualquier forma de canalizar su luto e ira era más que aceptada por ella.

- ¿Y Luna? - preguntó Neville preocupado. El semblante de Ginny se ensombreció un poco.

-Se sentía mal. La lleve a la enfermería y quede de verla en cuanto acabasen las clases. No me mires así, me pidió que no te dijera pues no debes faltar a esta clase. Iremos saliendo-Neville asintió preocupado, mientras que Hannah le miraba con pena. Si que se preocupaba por Luna, esperaba que no fuera nada grave-. ¿Otra de estas cosas? Parvati tenía una en la mañana. ¿De dónde demonios la obtienen? Un momento, ¿No es este Malfoy? - Ginny, muerta de curiosidad por quien parecía ser la pareja del hurón, leyó un poco en busca de la nota. Claro, hasta que Slughorn se volteó y al verla leyendo otra cosa fuera de la clase le bajo puntos y le arrebato la revista, ocasionando una sanción por ser aquello algo prohibido. Ginny trato de alegar, pero al final desistió al ver que no había punto, tomándose con humor la situación a pesar de encontrarse disgustada.

-Al menos te hare compañía, Herm- terminó la pelirroja mientras se dirigían a su siguiente clase, despidiéndose de Hannah, quien a pesar de sentirse culpable por lo que paso, agradecía que no se hubieran dado cuenta. Joyce le debía una grande después de aquello.

 

 

Daphne, a pesar de recién haber despertado de un largo sueño, se sentía cansada a más no poder, hasta el punto de desear brincarse un par de clases de las primeras horas del día, siendo las gemelas quienes le ayudaron a desistir de la idea al recordarle que ya tenía un par de faltas acumuladas. Trató de ignorar la mirada que atraía su aspecto desaliñado mientras consumía lo poco que su falta de apetito le permitía comer. No era para poco su aspecto demacrado, ni su cansancio abrumador producto de un sueño inquieto e irregular. Se sentía furiosa, impotente e incluso, lastimada. Astoria salía con Draco. "Esto no me puede estar pasando", pensó ella clavando con violencia el tenedor en la comida. De Draco, aunque corroerle, no le sorprendía del todo. A él jamás le había gustado que le dijeran que hacer, o que le quitasen sus juguetes antes de estrenarlos. Quién le sorprendía era su hermana, después de todo, ¿por qué la pequeña y dulce Astoria le mentiría para estar con un delincuente? ¡Todo estaba mal! La pobre estaba tan atolondrada, que al devolver el espejo no se encargó de no dejar rastro de a quien había hablado por última vez y cuando. Sus padres la matarían por no haberlo evitado, eso si ella misma no lo hacía antes. Quería castrar a Malfoy, cachetear a Astoria... ¿Es qué su hermana no podía confiar en el consejo de su hermana? ¡Quién más querría lo mejor para ella! ¿Es que no se daba cuenta que a la única persona en ese lugar que daba algo por ella era su hermana? ¡Mocosa malagradecida! Pero eso le pasaba por querer jugar a ser la hermana comprensiva. Astoria era la hermana comprensiva y sumisa. Ella era impetuosa que se salía con la suya. Estuvo mal querer arrebatarle el papel...Mocosa ingenua, si tan solo supiera.

- ¿De verdad irás a Historia? Yo pensaba faltar, si lo que temes es que te encuentren sola- sugirió Pansy a su amiga, mientras bebía a sorbos pequeños su café humeante.

-Me temo que no puedo, Pansy, pero tranquila, te invento alguna excusa con Binns- la castaña se encogió de hombros y asintió suavemente-. ¿Han visto a mi hermana? Quisiera hablar con ella...- preguntó pretendiendo sonar casual, cosa sencilla debido a su naturaleza inexpresiva.

-Después de lo que hizo, no me sorprendería que no baje, Daphne- la rubia miró confundida a Blaise, quien parecía divertido con la situación.

- ¿Se puede saber que hizo que le tenga que avergonzar? - Blaise apuntó a Hestia y Flora, quienes parecían leer atentamente una burda revista. Lo que capturó su atención fue ver la fotografía de su hermana en la portada, siendo besada de forma poco apropiada por Draco en algún lugar muggle. Pansy dirigió su mirada a donde apuntaba el moreno, y su expresión reflejaba lo que Daphne sintió en ese momento: rabia e incredulidad.

-Esa no es Astoria- declaró Daphne con la tranquilidad que no sentía.

-¡No salgas con eso! Si es más que evidente que es tu hermana...- el moreno lamentó su comentario en cuanto vio la mirada glacial de la rubia.

-Espera a que mis padres les suelten un par de galeones a los editores de esa mierda, a ver quién tiene razón- exclamó antes de levantarse de golpe, en busca de explicaciones, arrancando de las manos de las chicas los ejemplares que veía.

-Con una hermana tan resbaladiza como Astoria, yo ya hubiera perdido la cabeza. Un buen golpe es lo que se merece esa idiota, ¡Abriéndole las piernas a un exiliado! - alcanzó a escuchar a Pansy mientras abandonaba la habitación. Daphne ni siquiera se sentía de humor de ir a defenderla. Astoria sufriría las consecuencias de su imprudencia. Lamentaría haberla desobedecido. Y Draco...sabía que eso no procedería como infracción a su exilio a menos de que Astoria o sus tutores declarasen que fue forzada a ello. Si un mago o bruja voluntariamente accedían a convivir con un squib por exilio, no sería crimen a menos que declarasen alguna agresión o sometimiento. La pena era cadena perpetua o muerte, dependiendo el caso. Y aunque una parte de ella no quería llegar a ese extremo, la rabia que la inundaba no le permitía pensar bien. Pero tenía clases a las que atender. Debía tranquilizarse mientras pudiese. Se encaminó al aula de Historia y sin pensárselo mucho se sentó al lado de Nott, quien aunque sorprendido trató de permanecer tranquilo.

- ¿Daph? ¿Estás bien? - preguntó preocupado una vez noto su palidez.

-Desde luego, Nott. ¿Por qué no lo estaría? Me encuentro de maravilla- respondió mientras abría su libro, no para leerlo, sino para rehuir su mirada.

-Al menos procura que el libro no esté al revés si fingirás leerlo- comentó mientas fingía escribir algo en un pergamino.

-Y tu al menos procura que la pluma tenga tinta si fingirás escribir- sonrió triunfal al ver de reojo él sonrojo del joven, escondida tras el grueso libro de historia.

-Te gusta tener la última palabra- declaró él, sin obtener respuesta debido a la llegada del profesor al aula. Daphne parecía prestar atención a lo que decía, así que supo que sería inútil tratar de distraerla.

Daphne trataba de distraer su rabia en la aburrida lección de Binns, sin resultado alguno. Theo notaba su malestar, más conociéndola, ella lo negaría de nueva cuenta. Había aprendido con él tiempo que ella podría estar muriéndose y seguiría diciendo que estaba bien. Nunca luciría como si estuviera bien. Podía contar con una mano las veces que la había visto sonreír verdaderamente, y le sobraban dedos al hacerlo. Ella era la princesa de hielo, después de todo. Por eso le había sorprendido de sobremanera el descubrir que su hermana menor, Astoria Greengrass, era la persona más expresiva del mundo, fácil de leer hasta para la persona menos intuitiva. No que pensase que los hermanos fuesen similares, pero jamás creyó que fuesen tan distintos, después de todo, algo se debían contagiar el uno al otro. Al parecer, aquello era opcional.

-Muy bien, clase, eso ha sido todo por hoy. El ensayo queda como tarea para la próxima clase. Tengan un buen inicio de semana- se despidió él profesor cordialmente mientras abandonaban el aula. Él maestro la abandonó durante el lapso que había entre clases, dejándole encargado a Daphne que limpiase el pizarrón debido a sus faltas. Ella, con tal de distraerse, lo hizo sin magia, bajo la atenta mirada de Nott. Me podría ayudar el muy idiota, pensó a regañadientes.

-Greengrass- llamó Theodore antes de que la rubia abandonase la habitación. Ella le volteó a ver desconcertada por ser llamada por su apellido, sin perder su semblante altivo y despreocupado ni por un segundo.

-Theodore será entonces, supongo. No sé. Siempre te llamo Nott- respondió ella con ironía.

-Salgamos juntos la próxima ida a Hogsmeade...Cenemos juntos- ella encarnó una ceja.

-...Si lo pides así...-él entornó los ojos ante lo cortante en su voz-. Ademas, sabes que no ceno...

-...Yo tampoco. Cenemos- ella suspiró largamente.

-No estaré de humor, pero gracias por la invitación. Si querías invita a alguien más, tengo entendido que un chiquilla de cuarto no te quita los ojos de encima- antes de que se pudiera ir, él la tomó suavemente del brazo-. ¿Tengo que repetirte mi respuesta? - ella tampoco hizo mayor intento por zafarse. Ella sabía que él sería incapaz de hacerle algo. Pretendía saber cuál había sido tu intención con aquello.

-Explícame, Daphne, ¿Qué pretendes con todo esto? Sabes que me gustas, demasiado para mi propio gusto. Sé que te gustó, o al menos, que te guste en el pasado. Y sigues aceptándome de vez en cuando. ¿Qué ganas con esto? ¿Qué tengo que hacer?

-Nada. No tienes que hacer nada. Mira, la verdad es que no creo que me estés mintiendo. Y por eso seré sincera: me gustaste, demasiado para mi propio gusto. Y la paso bien contigo cuando no insistes con el tema. Pero ambos sabemos que no funcionamos bien, Nott. Además, ahora tengo otras cosas en la cabeza como para preocuparme por ser la novia de alguien, menos de alguien como tú - respondió mientras le miraba atentamente a los ojos, oscuros a diferencia de sus ojos claros.

- ¿Alguien como yo? - preguntó sosteniéndole la mirada.

-Intenso- aclaró ella, apenas notando como parecían acercarse más él uno al otro.

- ¿Intenso? - ella asintió, sintiendo como su espalda chocaba con la pared.

-Ya sabes, sintiendo. Puedes ser un terco, además de eso- continuó ella, mientras que él castaño aprovechaba la cercanía para acariciarle el contorno del rostro con el dedo, acomodándole el cabello tras la oreja.

- ¿Soy todo eso? ¿Tan malo es? - ella se estremeció apenas al sentir su aliento cálido rozarle el cuello, mientras le hablaba al oído-. Porque yo creo que te da igual, Daphne- murmuró acercándose a sus labios. Merlin, se había vuelto adicto a aquellos labios carmesí, a esa lengua que sabía jugar con la suya.

- ¿Quieres morir? Atrévete a hacerlo- él chico trago grueso al escuchar aquella voz glacial amenazarlo, varita en mano apuntando muy peligrosamente a su entrepierna. Su rostro permanecía imperturbable, mientras lo empujaba lejos de ella con suavidad. Daphne notó como sus ojos se llenaban de rabia mientras la volvía a tomar del brazo con más firmeza.

- ¿Qué sucede contigo?

- ¿Conmigo? Nada. No finjas sorprenderte por mi actitud.

- ¡Al menos yo se sentir! No como tu y tus dramas de "chica difícil" …-se arrepintió al percibir un titubeo en su mirar.

- ¿No se sentir? ¿Quieres pasión? No la busques conmigo. Nos vemos luego-cortó empujándolo con más violencia, yéndose rumbo a su siguiente clase, agradeciendo que al menos aquella no la tuvieran en común.

 

 

Espero que todo marche bien en la escuela hasta ahora. Teddy está bien, gracias por preguntar: adora el juguete que le enviaste, es lo único que le calma un poco ahora que le empiezan a salir sus primeros dientes, ¡Merlin, el tiempo pasa volando con un bebé en casa! Ahora entiendo a Molly y su crisis del nido vacío. La pobre, al menos cuidar de Teddy de vez en cuando le ayuda a distraerse. Supongo que después de siete hijos es difícil tener la casa para ellos solos. Lyall también te envía saludos, junto con algunos libros que cree, te podrían servir para los EXTASIS, con eso de que el estudio algo relativamente relacionado a el Departamento de Aurores y Leyes. Sé que al principio puede resultar extraño, más créeme, Lyall no es nadie de quien preocuparse. Al igual que yo, solo quiere pasar tiempo con su único nieto. En fin, más allá del dolor por sus dientes, Teddy está alegre como siempre. Si es como si madre, más temprano que tarde comenzará a parlotear.

Con cariño y deseándoles lo mejor, Andrómeda.

P.D: Prometo que veré el modo de que puedan verlo antes.

 

Harry sonrió mientras leía la carta de Andrómeda, sintiéndose en especial optimista ante la posibilidad de ver a su ahijado antes de las navidades. Se sorprendía a sí mismo de pensar en lo rápido que se había hecho a la idea de cuidar de un pequeño, y lo mucho que la situación le iba gustando. Sabía que, desde donde quiera que estuviesen, Remus y Tonks estarían felices ver que su pequeño creciese tan alegre y sano. ¡Ya tendría dientes! ¿De verdad había pasado tanto? El tiempo parecía volar desde que llegó a la escuela, una vez se acostumbró a la monotonía de las clases. Después de pasar medio año huyendo, su cuerpo se había acostumbrado a estar alerta, por lo cual aquella tranquilidad de saberse a salvo era algo a lo que se aferraría mientras pudiese. Sabía bien él que luego lo tocaría encargarse de que nadie de sus seres queridos perdiese aquella sensación de seguridad que tanto les había costado conseguir. No se lo podía permitir.

Guardo la carta de Andrómeda con cuidado, mientras que acariciaba a Errol, quien a pesar de su torpeza, había podido cumplir bien con su tarea de mensajero esos últimos meses. Su mirada se dirigió a él montón de cartas que rezaban ser de su primo Dudley, cartas que, a la vez que le intrigaban, le generaban sentimientos encontrados. ¿Qué quería decirle? ¿Como sabía que seguía con vida? ¿Como habían llegado a la Madriguera?

 

 

Ni siquiera sé cómo empezar esta carta, o si la leerás, o si siquiera la recibirás. Ya ha pasado tiempo desde que abandonamos la casa, y hasta yo sé que sea lo que sea a lo que te hayas enfrentado, estarás mal. Solo quiero saber si estas bien, nada más. Créeme que la conciencia no me ha dejado tranquilo desde entonces. Se que quizás no te sirva de mucho, pero cualquier cosa en la que pudiera ayudarte, solo hace falta pedirlo. Agradezco que, a pesar de cómo te tratamos, te hayas preocupado por nuestro bienestar. Cuídate, Harry.

Dudley.

Siguió leyendo, decidiendo que tendría tiempo de cuestionarse después. Entre muchas cosas, la carta decía que sus tíos habían vuelto a Cokeworth, donde habían rentado una casa a las afueras de aquella pequeña comunidad, recordándole con cierta melancolía que justo a las afueras de ese pueblo, siete años atrás, se habían hospedado en hotel para tratar de evitar las mil y un cartas de Hogwarts, sin éxito alguno.

Dudley también mencionaba haber terminado la escuela y desear estudiar finanzas, cosa que aunque veía complicada, no le extrañaba de su primo, futuro dueño de Grunnings. Se alegró de saber que se encontraban bien, a pesar de que hablar de él o de la magia se había vuelto algo terminantemente prohibido por tío Vernon tras verse obligado a abandonar su casa y compañía por "culpa suya". Al parecer se había vuelto El Innombrable de los Dursley, a pesar de que ni Dudley ni tía Petunia estaban de acuerdo con aquello. Por lo cual escribirle, desde luego, ya era romper una gran regla. Harry se alegraba de que su primo aprendiese a actuar bajo su criterio, después de todo, ya eran adultos. Además, ¿Alguien podía culparlo por alegrarse de saber que tenía algo que ver con la reciente rebeldía de Dudley? Bueno, el primer acto de rebeldía no idiota de Dudley. Según dictaban sus cartas, planeaba mudarse a la capital para estudiar, además de así poder alejarse un poco del ambiente tenso que sus tíos generaban últimamente. Incluso llegó a mencionar que parecían considerar el divorcio, pero que a él no le importaba. Harry sabía que aquello último era mentira, pues Dudley, a diferencia de él, si había crecido con la idea de una familia modelo y que, en el fondo, le afectaría y mucho. No que pudiera hacer mucho al respecto. ¿Quería hacer algo al respecto? ¿Debía acaso? También reiteraba su preocupación y sus buenos deseos, dejando a Harry con una extraña sensación en el pecho. No odiaba a Dudley. Odiaba cómo le habían tratado, pero en todo caso, odiaba a sus tíos por incentivarlo a ello. ¿Cómo era posible que aquel niño mimado que solía usarlo de saco de boxeo pudiera escribir aquello? ¿Era el mismo que le había abrazado al despedirse y le había dejado té antes de marcharse?

No lo es. Ya es adulto. Somos adultos...

¿Era validó su rencor, o debía tratar de estar bien con aquello? ¿Como debía sentirse al respecto?

- ¿Puedo pasar? - escuchó a la dulce voz de su pelirroja preguntar, mientras asomaba su cabeza desde ese umbral. Le era casi imposible permanecer desanimado con ella cerca, y aquella ocasión no iba a ser una excepción a la regla.

-Ven aquí- ella también sonreía, y se acomodó a su lado casi al instante de que terminase de pronunciar aquello. Él rio ante la efusividad que siempre encontraba en ella. ¿Quién hubiera pensado que terminaría con alguien así?

- ¿Todo bien? Lucías algo serio. No sabía si querrías estar solo, por eso pregunté antes de pasar- cuestionó suavemente, mientras que el chico guardaba su correspondencia en un cajón. 

-Tranquila, no era nada. Mira, Meda envío esto- le mostró una fotografía del pequeño Teddy jugueteando con sus peluches. Ginny rio suavemente mientras tomaba en sus manos la foto.

- ¡Es tan chiquitito! Míralo, si es que se parece a ambos. Aunque te extrañaré, al menos podrás pasar más tiempo con él una vez te gradúes- susurró con ternura.

-Si, eso espero. También envía otras cosas- apuntó a los cuatro tomos gruesos por parte de Lyall-. Quizás a Ron le interesen. Últimamente lee mucho...

-...Lo sé. Y yo que pensé que sería al revés: que Ron influenciaría en Hermione. Cosas que pasan, supongo...

-Está estresado. De verdad quiere pasar los exámenes...- Ginny asintió.

-Lo sé. Y lo hará. Si tan solo se viera un instante como es...Dejaría de presionarse tanto- Harry noto verdadera impotencia en el semblante de Ginny al decir aquello, pero como siempre, se recuperó casi instantáneamente-. En fin, al menos está enfocado. Además, es temporal. Se sentirá el doble de orgulloso cuando apruebe...Y después, volverá a ser el mismo Ronnie de siempre- aseguró fervientemente.

-No lo dudo. Hasta entonces, al menos el Quidditch y Hermione lo tienen relativamente distraído- Harry noto como Ginny agachaba algo la mirada al mencionar lo último- ¿Dije algo malo?

- ¡Claro que no! No es eso, Harry, es solo, bueno, había un motivo por el cual vine además de verte- aclaró apenada-. ¿Recuerdas el absurdo incidente con Slughorn? - Harry rio sin poder evitarlo-. ¡No te rías! ¡Fue injusto!

-Lo sé, pero fue muy estúpido. Además, era Slughorn, no se lo tomara a mal...

-...No, pero si se vio obligado a castigarme, te recuerdo. Limpiar el aula de pociones. Hoy, durante la práctica...Bueno, durante la mitad de la práctica. Si me apresuro, igual y llego a la última hora…Lo siento- Harry le acaricio la mejilla tratando de no reírse de la preocupación de Ginny.

-No te disculpes. Con todo lo que ya has hecho por tu cuenta, creo que nos vendría bien una hora para ponernos al corriente contigo- ella rio suavemente, sonrojada por el halago-. También deberías relajarte tú, Gin. Ya eras excepcional en el Quidditch, te estas superando: si ese puesto no es tuyo no podría ser de nadie más-ella suspiró encantada al sentir las manos de su novio masajearle los hombros.

-No sé qué tan relajante sea limpiar un aula, pero bueno, algo es algo…-antes de que Harry pudiese responder, Ginny se volteó y comenzó a besarle con ahincó, terminando a horcajadas de él. Harry respondía con el mismo entusiasmo que ella, aprovechando aquel extraño momento de soledad absoluta. Ginny sobre él, sus manos perdidas en su cuerpo, colándose por debajo de la ropa. Estaba a punto de alcanzar su varita del buro para conjurar un muffilato y cerrar la cortina de su cama cuando la puerta de la habitación se abrió de repente.

- ¡Maldito Flitwick! De haber sabido que nos explotarían, no regresaba este año…-bramó Seamus azotando la puerta tras de sí, botando las cosas que traía encima, casi golpeando a Ginny con una libreta. Volteó a ver a la pareja y su rostro rápidamente se enrojeció de vergüenza-. Lo siento, chicos…Yo ya me iba…-se disculpó torpemente con la pareja, tratando de tomar rápidamente lo que buscaba sin mirar de más las piernas de la pelirroja. Harry estaba completamente colorado, ¡ya decía él que todo estaba saliendo demasiado bien! "Pudo ser peor, pudo ser Ron" pensó casi inmediatamente. Ginny, en cambio, soltó una risita antes de darle un besito en la punta de la nariz y zafarse de su agarre, acomodándose el uniforme antes de encaminarse a la puerta.

-No te preocupes, Seamus, de todos modos debía irme. ¡Nos vemos al rato!

 

 

 

-Sinceramente me parece raro que después de tantas pesadillas a Luna aparte le de fiebre. Al menos Pomfrey ya dijo que está bien…-suspiró Ginny a Hermione.

-…No tiene nada que ver una cosa con la otra, Gin. Aunque bueno, bien dijiste, al menos estará bien. Neville se quedó a cuidarla junto con Hannah- Ginny asintió mientras entraban aula que Filch les había indicado, les tocaba limpiar. Las dos se quedaron sorprendidas al ver que ya se encontraba una tercera chica, castaña y menuda, quien acomodaba las cosas del escritorio del profesor torpemente. La pueta se cerró tras ellas y sabían perfectamente que no se abriría hasta que el aula estuviera limpia, después de todo, para eso le habían encantado. Hermione, aunque tardo, la reconoció como Astoria Greengrass, la chica que Ron y ella habían encontrado inconsciente en el bosque. Esto la sorprendió de sobremanera, en parte porque creyó que no volvería a cruzarse con ella, por otra porque no parecía ser alguien que se metiese en problemas. Seguramente ella podía pensar lo mismo de ellas, aunque Ginny no parecía tan sorprendida de verla. No recodaba aquellas marcas de uñas en su rostro, como si apenas hubiera sido arañada. Parecía cabizbaja y nerviosa, y Hermione se preguntó si alguna vez dejaría de parecer temerosa.

-Bueno, creo que esos van allá. Deja te ayudo- comentó Ginny al ver que Tori no parecía saber dónde poner aquella pila de gruesos libros de historia-. Ginny Weasley, un gusto- se presentó con una de sus amplias sonrisas, aquellas que Harry adoraba pues eran capaces de contagiar a quien sea que las viese. Astoria no era la excepción, devolviéndole la sonrisa. Ginny casi se quiso reír al notar que la aparente chica de Malfoy no tenia nada que ver con lo que alguna vez pensó, seria su tipo: castaña, pecosa y de enormes ojos color del jade. Parecía una muñeca, su rasgos aniñados y delicados, su piel de un rosa pálido. Era atractiva, eso parecía ser un patrón entre la aristocracia, pero aparte de ello, era bonita. No daba miedo como Pansy o Daphne, cada una por sus razones, o acaparaba de forma molesta como la belleza inhumana de su cuñada Phlegm. Debía dejar de llamarla así, lo sabía. En fin, Astoria parecía confiable y adorable.

-Astoria Greengrass, el gusto es mío. ¿Hermione, verdad? Soy mala con los nombres- la castaña asintió suavemente, mientras Tori peinaba su cabello en una coleta. En efecto, esas marcas de uñas eran recientes, pensó Hermione preocupada, tratando de evitar pensar en algo malo, aunque claro, ¿Qué hacia ella allí en primer lugar?

-Lamento que hayamos llegado algo tarde- se disculpo Hermione la ver que ya llevaba una buena parte y lo había hecho ella sola. Tomó un paño y una escalera para empezar a limpiar las ventanas, no sin antes ayudar a la pelirroja a acomodar los libros en el estante-. Te vas a caer, o peor, tiraras el librero si sigues intentándolo. Si no alcanzas toma un banco o dime…

-…Discúlpame por intentarlo. Mejor limpio el piso, me queda más cerca-ironizó Ginny algo molesta, haciendo que Hermione entornase los ojos y Astoria riese suavemente-. Espero que hayas dejado peor a la persona que te hizo eso - hizo una seña a su mejilla lastimada, tomando a la castaña por sorpresa.

- ¡Ginny! No seas entrometida-regaño Hermione sin sonar convincente. Astoria no parecía disgustada, solo sorprendida.

-…Tu también te mueres de curiosidad, ademas, si no quiere hablar de ello puede no responder. A mi me enseñaron que, aunque debía evitar la violencia, si alguien se atrevía a ponerme mano encima, le dejase inútil la mano. A todos…

-Fue mi hermana, asique tampoco pude hacerle gran cosa- las dos se quedaron mudas al oír aquello, mas por la serenidad con lo que lo había dicho.

- ¿Por qué crees que mis padres me dijeron eso? ¡Mis hermanos de niños eran feos! Una patada y se calmaban…- Hermione abrió los ojos como platos. Ella siendo hija única nunca se había visto en la necesidad de pelear por un juguete, o por un puesto. Lo consideraba raro, pero bueno, quizás eran cosas de crecer con màs niños a tu alrededor. Hasta Harry tenia esas cuestiones con su primo, solo que de un modo en el que no podía defenderse sin salir perdiendo.

-No quería agravarlo más. Ademas, no la deje ganar. Supongo que, como todos, ya han de saber sobre la nota. Se enojó. Daphne nunca ha sabido lidiar con emociones, por algo las suele disimular.

- ¿Qué nota? - preguntó Hermione curiosa. Ginny volteo a otro lado para ocultar su incomodad. Mas que un simple rumor de mal gusta, aquello había perjudicado a alguien.

-La que sacaron de mi con Draco. Y pensar que esa foto tiene semanas, ojalá fuera reciente, pero no lo he visto. En fin, como se podrán imaginar, ser la "amante" de alguien como él no es exactamente lo más prudente ahora. Me castigaron por la pelea y vendrán mis padres por la nota…

-… ¿Los citaron por tu relación con Malfoy? - Ginny trato de disimular su desagrado al mencionar al rubio. Vaya que detestaba a ese hombre, a toda su familia, de hecho. Tendría que preguntarle a Harry porque voto por no encerrarlos algún día.

-Por escaparme de la escuela, pero se enterarán de todos modos. Ni siquiera escribieron bien mi nombre. Asteria…- entorno los ojos al decir aquello-. Al menos no me expulsaran…- Ginny se mordió la lengua antes de decir que su posición social y económica tenía mucho que ver con la decisión tomada por el Ministerio.

-Bueno, a la otra escríbele. Estoy segura de que McGonagall solo actúa bajo protocolo: realmente no la veo expulsando alumnos, menos si realmente no se deseaba hacer algo malo- mintió Ginny.

-Le escribiría si pudiera. Con eso de que interceptan su correspondencia. Me imagino que no le dejaran recibir cartas amables- se lamentó mientras enjugaba un paño. Hermione sintió un dejo de culpa, después de todo, no se lo deseaba a nadie, no poder hablar con su pareja. Su futura situación con Ronald no era nada al lado de aquello-. Aunque agradezco al menos poder hacerlo, y verlo. Le debo una grande a quien haya abogado por ellos…- comentó ella un poco menos triste.

- ¿Salían de hace mucho? - preguntó Hermione al ver que hablar de Draco parecía alegrarle.

-Empezamos a vernos a principios de Junio, aunque realmente hable con él hasta mediados de Julio. No me creerán, pero en verdad es muy dulce conmigo, podría hablar con él durante horas. Claro, lo conocía de antes, de lejos, pero hasta ahora me doy cuenta de ello. Se que no les agrada, pero bueno, no es mentira lo que dice la nota. ¿Exagerado? Bastante. Pero, en esencia, es verdad.

-No me imagino a Draco con pareja, sinceramente. Para eso debe de ser, como mínimo, educado. Como ya sabes, no es que seamos sus personas favoritas, por obvias razones…- dijo Hermione con honestidad, pero manteniéndose amable.

-…y es mutuo…-aclaró Ginny, que aunque se mantenía dulce y amable, era honesta, casi imprudentemente honesta. Se parecía más a sus hermanos de lo que reconocía. Astoria asintió, pero parecía mas bien risueña.

-Y aun así son amables conmigo, lo cual aprecio. Ya van varias personas que me miran raro y llaman de cosas como si no escuchase. Jamás creí que por salir con alguien me llamarían zorra, ¿saben? Menos que lo permitiría mi hermana. Esta igual toda mi casa, supongo que será peor en el resto del colegio- eso ultimo lo dijo en un sollozo. Ginny recordó la vez en que Ron la había encontrado besándose con Dean, como su rabia casi lo hace cruzar la línea y llamarla una cualquiera por simple rabia. Digo, ella se había vengado a costa de Hermione, hiriéndole mucho màs de lo que Ron pudiera haberlo hecho, pero igual era una sensación horrible la de verse así de traicionado por tu sangre.

-…Bueno es que eso es una reverenda estupidez por la cual deberían suspenderlos a ellos. Tienes que mencionarlo, Astoria, para que tampoco quede sin consecuencias. Eso y darles a probar de su propia medicina. Nadie tiene derecho a llamarte…así…Y si fue alguien de Gryffindor prometo ver que la paguen de algún modo- consoló Hermione tomando asiento al lado de ella-. Y no tienes que apreciar nuestra amabilidad. Es lo mínimo que mereces.

-Mira, por experiencia te digo que los hermanos son idiotas. Supongo que las hermanas también lo serán, pero peor, pues saben dónde dar para herir a la persona. Pero nada puede lastimarte a menos de que lo consientas, venga de quien venga. Te vengues o no. Sí nos fuésemos creyendo lo que la gente dice de nosotros, ¿Dónde quedaría nuestra confianza? ¿Si o no, Herm? Ademas, si en algo soy buena es en poner gente en su lugar, si es que a ti aún no se te da…

-Exacto.  ¿Qué clase de amigas seriamos si no te ayudásemos con el asunto de los insultos? Sabre bien que, aunque a la larga tonto, es un fastidio como para tolerarlo…

- ¿Sin nada a cambio? - ambas sintieron algo de pena por la castaña de ojos verdes, que parecía desconocer el concepto de amistad. Eso no era verdad. Había tenido una amiga. Y murió antes que poder hacer algo la una por la otra.

-Nada. Quizás contarnos un poco sobre Draco como novio. No ofensa, enserio, solo que es todo muy raro…-Astoria negó divertida mientras se desprendía un poco la corbata. Sentía calor, cosa rara pues era invierno. Quizás se estaría enfermando. ¿Qué mas daba? Enferma estaba siempre, pero rara vez se topaba con chicas dulces, y la pasaba bien. No se iría por ello.

- ¿Raro él? ¿Saben lo extraño que es ver a tu hermano y a Potter tan sonrientes y embobados? - las tres sonrieron tristemente al pensar que lo raro era verlos a los felices y enamorados. Valía la pena hablar de ello.

 

 

-Señorita Delacour, entregue esto al señor Campbell en cuanto regrese. Comuníquele que necesito su reporte para más tardar mañana por la tarde- se dirigió el señor Smith con educación, aunque Fleur notaba que de vez en cuando su vista se despegaba de su rostro para descender a su escote, haciéndola sentir incómoda. Eso sin contar lo necio que era en llamarla por su nombre de soltera a pesar de saber perfectamente de su matrimonio con William, había estado allí después de todo.

-Pog supuesto, señog Smith. Tenga un buen día- se despidió cordialmente, sin despegar la vista de sus anotaciones y procurando no dar pie a más charla.

-Lo tenga usted, señorita...

-...Señoga Weasley, si no me equivoco. Madame es señoga, ¿verdad? - corrigió rápidamente, fingiendo de forma evidente demencia sobre el tema.

-Me alegra que su inglés siga mejorando, señora Weasley. Bueno, nos vemos- se despidió con una sonrisa forzada, evidentemente molesto por la interrupción de la rubia.

Ella seguía trabajando de medio tiempo en Gringotts, siendo la barrera del idioma y su naturaleza veela su principal obstáculo para aspirar a algo más. Hacia secretariado de manera oficial, además de asesorar a los encargados de romper las maldiciones. De acuerdo con William, ella debería estar oficialmente en ese puesto, pero bueno, su querido esposo no era el encargado de asignar tareas allí, a pesar de ser el mejor de su generación. Al menos le tocaba trabajar con él, el amable señor Campbell y el afable señor Finley. Pocas mujeres trabajaban en esa área del banco en otros cargos que no fueran de oficina o administración, lo cual, aunque de esperarse, hacía que muchos hombres bajo su efecto veela tratasen de que coquetearle mientras su marido no estaba, y dado a su poca vergüenza en rechazarlos sin más se había conseguido la fama de ser una mujer frígida, altanera y malvada.

"Vergüenza les debería dar a ellos, tratando de involucrarse con una mujer fuera de su alcance y tratando de hacer ver su obvio rechazo cómo un acto de maldad, ¡scélérats!".  Aunque por obvias razones no le comentaba nada de aquello a Bill: no necesitaba que la defendiese o que se armasen pleitos por simples intentos de hombre y sus habladurías absurdas. Su William era alguien de fácil rabiar y lo último que quería era que se tomase aquello personal. Ella ya sabía cómo moverse a pesar de aquello, y adoraba ayudarlo a él y los demás con lo que sus conocimientos le permitieran, lo cual sin afán de sonar presuntuosa, era bastante. Adoraba poder pasar tiempo con él, después de todo, Bill ademas de su esposo y amante, era su mejor amigo: podía pasar horas tan solo hablando con él y seguir maravillándose de lo interesante que era el hombre que tenia su lado. Eran muy distintos. Aunque claro, adoraba su lado pasional.

-Mon amour, ¿Llegarags tagde hoy? - preguntó Fleur mientras se acodaba los cabellos en un moño. Sonrió al sentir las manos de su marido en su cintura, su nariz rozando cariñosamente su cuello-. Aunque quisiega quedagme, debo volveg a trabajg, William…

-Lo sé. Creo que sí. No podemos ir a Grecia sin resolver unos últimos detalles. Lo siento, bonita…- se disculpo honestamente. Tampoco le gustaba dejarla sola en casa.

-No impogta, Bill. Podríamos tomagnos unos días extras en la isla, ya sabes, para pasar unos días juntos-murmuró ella en su oído antes de darle un tierno beso en el puente de la nariz-. Tengo que ig al Ministerio a veg algo con mi cuñado, Pegcy, y una tal Augdey. Cosas de la señoga D… ¡Que haguian sin mí, sincegamente!

-Nada, preciosa. Esa cabecita tuya, tan brillante. Si nos tomaremos unos días. No será tanto tiempo, pero te debo ese viaje- los dos recordaron su inusual boda, y dadas a las circunstancias, tampoco hubo luna de miel. Ella le acaricio la mejilla con ternura. Sintió un pequeño mareo, aunque disimulo ante su pelirrojo a sabiendas que seria capaz de mandarla al hospital sin màs. Debería dejar de saltearse comidas.

-Suena pegfecto. Nos vemos en la cena, entonces- se despidió con un beso más antes de salir a su último encargo del día. Al menos el trabajo la mantenía entretenida. Percy, a pesar de todo lo que dijera su William de él, le agrado por no ser tan payaso como los otros (a pesar de que poco a poco aquello dejo de parecerle un defecto).

 

 

 

 

Su pequeño Oliver ya tenía poco más de tres meses con ellos, meses que, aunque catastróficos en cuestión de orden y descanso, habían sido los más felices de su vida. Wood y ella llevaban relativamente aquello, siendo él quien se levantaba la mayoría de las veces durante la noche a calmar sus llantos, o a cambiar sus pañales. Katie agradecía que cumpliese con tanto fervor su tarea de padre, siendo la bella imagen de sus dos chicos amados la que más le había robado sonrisas bobas y suspiros de ternura. Con ella, Wood había sido cariñoso y comprensivo, tratándola con cautela debido a sus constantes cambios de emoción durante el día, producto de sus hormonas y cansancio. Él no quería volver a herirla de forma tan grave, no cuando se suponía que era en él en quien ella podía contar cuando se sintiera sola. No planeaba dármela espalda, aunque fuese inadvertidamente. Eran un equipo, ella era su más grande tesoro, ella y su pequeño campeón, quien a pesar de las complicaciones al nacer, se mostraba fuerte y alegre. De acuerdo con quienes lo habían visto, Oliver era una copia de su padre, aunque este veía mucho de su Katie en sus vibrantes ojos mieles. Todo marchaba bien: no como antes, pero él se encontraba feliz en donde estaba. Podía ver en Katie que ella sentía lo mismo.

-Lástima que todavía es demasiado pequeño para pedir dulces, ¿Puedes creer que dentro de poco tendremos que acompañarlo? Por cierto, debemos comprar dulces para los niños que vengan a pedir dulce o truco, no vayan a lanzarnos cosas o algo. Y decorar un poco la entrada - comentaba Katie entusiasmada mientras terminaba de secar al pequeño, quien para variar, se había comportado mientras que su madre le bañaba. Siempre solía ser desastroso, pero con Wood entreteniéndole en el proceso parecía haber ido mejor que de costumbre.

-En la semana vamos al callejón Diagon a conseguirlos. Todavía quedan un par de días, después de todo- ya vestido en su pijama, el pequeño Oliver fue puesto en su cuna y arropado en sus frazadas. Todavía recordaban lo obsesivos que eran al principio al hacerlo por miedo a que le ocurriese algo, y aunque todavía prevenían, ya era mucho más fácil y automático,

- ¿Qué hora es? - preguntó Wood mientras salían de la habitación de su hijo.

-Te queda hora y media antes del entrenamiento- respondió ella una vez dentro de su habitación. A pesar de ser menos desastroso que otras veces, Oliver sí que le había empapado bastante la ropa y necesitaba cambiarla por el frío. Busco en sus cajones una blusa nueva mientras desabotonaba su camisa, ignorando olímpicamente la mirada hambrienta de su esposo hacia su cuerpo.

¡Merlin, extrañaba él hacerle el amor! Debido a todo lo ocurrido con su complicado embarazo y estado emocional, no le había puesto la mano encima desde que cumplió el quinto mes, de eso casi seis meses ya, una eternidad para cualquiera, en especial teniendo a una tentación andante como esposa. Claro que, fiel a su palabra de esperarla y llevar las cosas despacio, no había insinuado nada más allá de lo que ella empezaba, además de que con un bebé en casa era casi imposible un momento de tranquilidad, mucho menos de intimidad. Quizás tenía sus ventajas aquello, ya que ninguno de los dos se encontraba de humor como para discutir una vez Oli se quedaba dormido: pasaban un rato juntos haciendo cualquier cosa antes de ir a dormir un par de horas.

- ¿Wood? - preguntó sonrojándose una vez notó a dónde iba dirigida la mirada de él. Wood se aclaró la garganta tratando de aparentar estar tranquilo, a pesar de querer ser tragado por la tierra allí mismo. ¡Parecía un puberto! Y bastó con ver a dónde se dirigía la mirada de ella para saber que, desde luego, ya había reaccionado otra parte de su cuerpo a la imagen de ella, quien torpemente se cubría el torso con sus brazos.

- ¿Sabes? Voy a ir a ducharme antes del entrenamiento- ella asintió todavía algo consternada.

-Estaré en la cocina- él asintió antes de encerrarse en el cuarto de baño. Katie terminó de ponerse lo primero que encontró y se dirigió a donde había dicho que iría, después de todo y dado a su prolongada incapacidad, no tenía más que hacer además de dedicarse a su hijo y ayudar a su esposo. A pesar de que Oliver había nacido bien, la realidad era que era pequeño incluso para su edad, ese siempre había sido un problema, y ella no le gustaba la idea de dejarlo tan vulnerable siendo el tan frágil, todavía tenía muy fresco el miedo de perderlo que la había acompañado durante el embarazo y el trabajo de parto. Trató de apartar el recuerdo de esa fea experiencia y concentrarse en la merienda que estaba preparando. Wood, en cambio, debía regresar a trabajar, cosa que aunque era razonable, todavía no le terminaba de agradar. En parte porque extrañaba hacerlo, también porque gracias a ello no había estado con ella como debía hacerlo.  "Prometí darle otra oportunidad. Quiero darle otra oportunidad. Lo amo y él a mí. No debo rendirme...No puedo".

Y era verdad. Ella amaba a Wood. Lo había hecho por muchos años, él la amaba, se lo demostraba lo más que su naturaleza poco romántica y torpe le permitía. Y la deseaba, a pesar de los cambios que el embarazo había traído a su cuerpo y su aspecto desaliñado. Y ella a él, ¡Casi seis meses sin intimidad la tenían loca! Y al parecer, a él también. Quiso reírse al pensar en ello, sintiéndose culpable por avergonzarlo. No pudo disimular su sorpresa al saber que todavía la deseaba. Sus humores incluso la habían hecho pensar lo peor sobre el tema cuando encontraba su punto más desesperado. Pero resultaba que él la necesitaba tanto como ella a él. Y ahora se encontraba apenado y resolviendo su problema bajo la ducha como adolescente. Al menos ella podía disimular cuando sus hormonas se alteraban al verlo andar sin camisa por la casa. Su sonrojo podía excusarse con el frío o vergüenza.

"Es el mínimo castigo que podría darle por los malos ratos que le hizo pasar, debía ganársela" había sido uno de los muchos pensamientos que la habían hecho tomar la decisión de someterlo al celibato, olvidando que ella también era carne y se torturaba junto a él. "Podría ir a sorprenderlo a la ducha y acabar con este calvario de una buena vez" fantaseó dejándose guiar por sus deseos reprimidos. Pero debía terminar la merienda y él tenía que ir a trabajar. Suspiró con fuerza mientras terminaba de acomodar todo para que Wood pudiera llevárselo consigo. Al menos el verlo la había hecho desistir de sus pensamientos vengativos.

-Gracias, Katie- comento él mientras ella le entregaba la comida, huyendo de dirigirle la mirada-. Mira, lo siento por lo de…

-No estoy molesta, Oliver. Es normal. Mírame, ¿parezco ofendida? - él se alivio de ver que lucía risueña, con aquella sonrisa traviesa y mirada sincera.

-Tengo que irme. Nos vemos en la cena…- se despidieron con un beso, el cual fue prontamente interrumpido por el llanto de Oli, quien parecía haber despertado antes de tiempo de su siesta. Bueno, al menos los llantos del pequeño la distraían de su pequeño problema…



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