Historia al azar: Los Portadores de la Luz
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19 años después » Sentimientos encontrados
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Sentimientos encontrados

- ¿Qué te ocurre, Nott? ¿Por qué esa cara larga? - se mofó Pansy haciéndolo bufar cansinamente.

Se encontraban en su sala común, Pansy recostaba perezosamente en el sillón, con las piernas en el regazo de Zabinni, quien leía tranquilamente, ajeno a la posición de su compañera, quien también parecía muy distraída contemplando el techo ensimismada en sus propios pensamientos.

-Es de mala educación preguntar lo que de antemano se sabe, Pansy. Creí que tú eras quien nos enseñaba modales- la voz de Blaise, siempre arrogante y altiva, también se tiño de un tono burlón mientras apartaba la mirada de las paginas de su libro para enfocarse en Theo, quien en efecto, lucia desganado y frustrado. Ella soltó una risita boba, como las que solían salir de su boca a la hora de chismorrear con las gemelas Carrow, quienes observaban la escena con disimulo mientras se enfrentaban en el ajedrez.

-Sigo siendo la más civilizada de la sala, neandertal pedante. Por cierto, ¿Qué lees? - la curiosidad le gano mientras trataba de revisar el nombre del tomo que tan absorto le tenia desde ya varios días.

-…Nada que vayas a entender, Parkinson- ella rodó los ojos. "Hombres". Si hasta ella por mucho que odiase reconocerlo sabia que la más estúpida de ellas le ganaba en combate. Claro, pero eso mancillaría su frágil orgullo masculino y ella prefería infundirle seguridad falsa a su beneficio. Destruirla cuando le generase provecho. Eso era más útil y entretenido-. ¿Cómo esta tu cuñadita, por cierto? Por poco no se la tragan las bestias. La sangre pura suele atraer esos bichos como si fuera una luz y ellos fueran polillas…

-…No le he visto, por cierto. Digo, no es que se note mucho su ausencia en realidad, con lo callada y mojigata que es. Pero bueno, normalmente se le puede ver por aquí… ¿Saben algo, Carrows?

-Ni idea. Últimamente ha actuado más extraño de lo que acostumbra. Apenas y la veo por los pasillos…- empezó la que creyeron que era Flora, por la sutil diadema plateada en su cabeza.

-…Hay veces en que ni siquiera la ven llegar a dormir, según me dijeron sus compañeras…- continuo Hestia, quien a diferencia de su hermana siempre llevaba el cabello en una coleta alta. Pansy rio con sorna mientras Zabinni arqueaba la ceja, incrédulo de lo que decían las gemelas.

-Igual no están mojigata como pensamos. Podrías probar suerte con ella, Nott. Quizás esa hermana Greengrass baje la guardia más rápido…

-… ¿Te puedes callar, Parkinson? De verdad, no estoy de humor como para discutir con nadie, menos contigo- ella se quedo algo aturdida por lo que dijo, pues solían llevarse así entre ellos. Normalmente allí la fastidiaría con cualquier chico de la casa, acusándola de ser una trepadora convenenciera, y ella le diría que desearía estar con ella y que ya tenía fortuna suficiente para comprar su casa. Nunca hablando enserio, claro está, pues realmente no se llevaban mal. De hecho, se consideraban amigos, después de tantos años juntos y tras todo lo vivido de la mano los unos con los otros. Pero ahora lucia genuinamente afectado.

-Lo siento- las gemelas casi se caen de sus sillas al oírla disculparse tan sinceramente. Zabini y Nott, en cambio, parecían ya conocer esa faceta de ella, rara, pero existente-. ¿En verdad no es joda lo de Daphne, o simplemente te sientes frustrado porque se haya resistido?

- ¿Tu qué crees, Pansy? - dijo él sin un atisbo de brusquedad. Ella se controló lo suficiente como para no quedar boquiabierta de la impresión. Pero estaba muda. De verdad pensó que terminarían en las risas, como casi siempre. Ya nada iba a ser lo mismo. Ya lo sabía, no era estúpida, pero a veces lo olvidaba, o más bien, deseaba ignorarlo.  

-Estas jodido, Nott. En buen plan, créeme, no me estoy burlando. Pero bueno…Daphne es como es. Si ya se metió en la cabeza algo, no lo va a dejar de pensar tan fácil. En eso se parecen ellas- apunto a Pansy, quien asintió sin vergüenza pues era verdad-, son tercas. Con la diferencia que Daphne suele tener la lengua más afilada a la hora de insultar…

- ¡Eso no es verdad! Te hice llorar en segundo grado, Zabini, y si no quieres que me explaye en ello, retráctate…-dijo Pansy ofendida. Él se revolvió algo apenado de recordar aquella ocasión en la que se atrevió a decir que Granger la superaba en encantamientos. Era claro como el agua, pero con aquello se ganó incluso la predicción de la causa de su muerte. Era una niña muy intensa. Ambas, a su distinto modo lo eran: niñas intensas y mimadas. Con la diferencia de que mientras que Pansy era cobarde, impulsiva y fácil de caer en provocaciones leves (como Draco, de hecho), Daphne siempre se había mostrado más escéptica, fría y calculadora, siendo mezquina con tanta gracia y porte que parecía más bien un halago. Contadas eran las veces en que los roles se habían invertido entre ellas.

-…Lo que quise decir que ella siempre ha sido más fría que un cubo de hielo. En mente y alma. La respeto por eso, pero puede ser un dolor en el trasero si lo que quieres es convencerla de algo en lo que no esta interesada en primer lugar. Y nunca he siquiera tratado de ablandarla. Sinceramente, jamás entenderé su maldito problema…Mimada desde niña, bien parecida, virtuosa…

-… ¿No crees que hablas mucho de ella, Blaise? Con la reputación que te precede, no te recomendaría mirar de tan de cerca al encaprichamiento de tu amigo. Aunque bueno, al menos dejaste de ver el culo de la chica Weasley, para variar. Vas mejorando…

- ¿Celosa, Parkinson? ¿Dónde queda Draco?

-Yo termine con él, te lo recuerdo. Ya quisieras que estuviera celosa, Blaise, con eso de que desde que Potter y Weasley son héroes de guerra y nosotros somos parias todas las chicas con un de materia gris en la cabeza se fijan en ellos…

- ¿Sera tu caso? - retrucó él, haciéndola gruñir. Pero no tardo en recuperar su sonrisa torcida.

-Nada más horrible que la desgracia y la mala suerte. Y la arrogancia sin motivo aparente, Zabini, te estoy aconsejando. Limítate a lo que sabes o te destruirán. Y si no, con gusto te abriré los ojos como la buena amiga sincera que soy…

-… ¿De qué hablas esta vez? ¿Qué no sé? ¿Qué no conozco que tu si, según tú?

-A Daphne- hubo un silencio sepulcral por un rato. Entonces Zabini notó que Pansy estaba parpadeando demasiado. ¿Estaba por llorar, acaso…? No lo hizo, pero parecía del todo menos tranquila. Esa no había sido su intención. Se sentía hasta mal. No estaban en calidad de permitirse separarse. Pero tampoco se sentía tan cómodo con las disculpas, menos en público.

Astoria entró de repente a la sala común, sintiendo la tensión en el ambiente. Se sentía incomoda. Pero sobre todo preocupada al notar el aspecto tan alterado de Pansy. No la había visto así desde…bueno, desde nunca. De haber sido otra persona, extraña o amiga, se hubiera apresurado a tratar de consolarla. Pero Pansy parecía odiarla, igual y la maldecía si hacia algún comentario….

-… ¿Qué me ves, Astoria? - le preguntó fastidiada, notando la mirada apenada de ella. Lo que le faltaba, la brújula moral antisocial sintiendo lastima por ella. Ella se sobresalto sin querer ante el tono helado de ella.

-…Nada, Parkinson. Que lo que sea que tengas, se te pase pronto…-dijo sin más, dirigiéndose rumbo a su dormitorio. Nott la retuvo llamándola-. ¿Qué ocurre, Theo? - a pesar de lo irritada que la había dejado Pansy, Theo le simpatizaba lo suficiente como para ser gentil.

- ¿Has visto a Daphne? Estuve buscándola…- ella suspiró con cierta pena. La tenían en el dilema de estar del lado de Nott pero a la vez tener que apoyar a su hermana en sus decisiones.

-…Creo que menciono ir a la biblioteca. Ya sabes, Daphne batalla un poco con historia…En fin, pero sinceramente y sin afán de desanimarte, no creo que le guste que le acompañes a menos de que sea en calidad de amigo o tutor...no de pretendiente…-sintió sus mejillas colorearse y sus manos juguetear nerviosamente.

-…Tranquila, Astoria, no voy a molestarme contigo. ¿Por qué eres tan penosa?

"Quizás por que hasta ahora jamás me habían hablado para bien" pensó frustrada. Le era fácil ser extrovertida y alegre con casi todo el mundo, salvo con los remilgados amigos de su hermana.

-…No lo seria tanto si no me sintiera tan azorada con su amabilidad. Nunca han sido exactamente amables. Entiendo que gustas de mi hermana, pero no tienes una obligación conmigo…-también era muy sincera. Theo la miró tomado por sorpresa por su respuesta.

-No la tengo, pero sinceramente creo que no tenemos la calidad moral como para tratarnos mal los unos a los otros, como miembros de la casa, y en particular tú, por ser la hermanita de Daph. Lamento si pude ser grosero, pero quiero llevar la fiesta en paz…Independientemente de o que pase o no pase con Daphne. Pareces, de hecho, una buena chica. No me sorprende que tanto Draco como Pansy te despreciaran, con tu actitud tan ingenuamente bien intencionada…Sin ofender, me parece una virtud de hecho…

"¿Qué? Draco… ¿Draco siquiera me notaba antes?" Y la idea lejos de emocionarla, la irritaba. ¿Despreciarla? ¿Por qué? ¿Qué había hecho? Aunque bueno, ella tampoco lo había tenido en la mejor imagen antes…Pero al menos ella tenía justificación. Era amigo de alguien que era cruel con ella, incluso fueron amantes y pareja por un tiempo. Era clasista, pedante, arrogante, violento, frívolo… ¿Pero ella que había hecho de malo? ¡Ni siquiera le había dicho nada como para provocarlo!

- ¿Astoria? ¿Te encuentras bien? - preguntó Theo preocupado al percatarse de que ya no le prestaba atención a sus palabras.

Algo en su expresión debió demostrar su estado de cólera. Estaba furiosa y herida. Había cosas que simplemente no eran tan fáciles de dejar pasar, menos cuando tienes el recordatorio andante de que no eres ni serás la única nunca en su vida, peor aun si te enterabas cosas que reabrían heridas que tenia apenas cicatrizadas. Pero, siguiendo el consejo de su hermana ante como reaccionar a los disgustos, se forzó a permanecer fresca e intacta.

 -Si, lo siento. Tengo sueño, Theo. Y gracias…

-No agradezcas, estoy siendo sincero. Yo estuvo bien de lanzarnos veneno los unos a los otros, ya mucho tenemos con el que nos tiran las otras casas…

-…Si, hasta a mí me tratan mal, y eso que yo en mi vida he tratado con Potter. Casi me hacen despreciarlo nada mas por eso…-él rio sin poder evitarlo-. Por cierto, Astoria es muy largo. Tori está bien, después de todo, yo no te llamo Theodore a cada rato, ¿o sí? parece regaño- era más parlanchina de lo que creyó, más elocuente. A su modo, compartía el carisma de Daphne.

-Descansa entonces, Tori. Aunque sea solo un rato, pues aún estamos en horario clases…

-…Siempre hay una primera vez para todo, ¿no? Dudo que me pierda de mucho si falto un día a Adivinación. Ni siquiera se porque me metí en primer lugar…Nos vemos en la cena…

Ella sentía la sangre hervirle en las venas. ¿Qué mierda hablaban de ella?

Una cosa es que pasaran de ella, pues ella pasaba de ellos. Pero ¿enserio? ¡Ella jamás los mencionaba!

Le dolía la cabeza y aquel era el momento en el que normalmente dejaría el enojo pasar. Pero es que, Merlin, quería golpear algo. Quería retarlos, pedirles una explicación…Pero no lo haría. No podía. Debía tragarse la rabia mientras tanto. Merlin, pero era tanta la rabia…Se odiaba por ser tan infantil, por no simplemente dejarlo para sin más como lo haría su hermana o probablemente lo haría Pansy. Pero es que estaba acostumbrada al ignoro, no al ataque. Termino por quedarse dormida mientras unas cuantas lagrimas resbalaban por sus mejillas, lagrimas tanto de rabia como de decepción, pero sobre todo, de impotencia. Impotencia por no poder ignorarlo, por no saber que hacer, que pensar, si debería fingir o retar a Draco, si valía la pena o no aquello…

 

 

 

Harry trataba de concentrarse en su ensayo sobre Conjuración, trabajo kilométrico que McGonagall había encargado a los alumnos próximos a graduarse con motivo de obtener los créditos para ello de forma más rápida, pero a la vez, justa para con los dos demás estudiantes. A él le había tocado esa rama, a Ron en cambio le había tocado la Destransformación y a Neville le tocaba de Permutación, y así se habían sorteado los temas entre todos. Hubiera preferido la Transformación en sí, después de todo, en su corta vida había visto lo suficiente como para orientarse bien en los temas de transformación humana, conociendo en persona tanto a animagos, metamorfomagos y hombres lobos lo justo como para redactar un trabajo. Pero bueno, no todo podía ser fácil. Al menos la Conjuración no era la rama más complicada. Lo complicado era concentrarse.

No se quejaba, ¡Para nada! Pero, bueno, era extraño preocuparse tan solo por obtener buenas notas para graduarse y empezar con sus estudios para convertirse en auror junto con Ron. Normalmente balanceaba su vida estudiantil y ambiciones con el peso de Voldemort sobre sus hombros. Y a pesar de saber que todavía había mucho por resolver, no podía evitar sentirse más feliz y optimista que nunca. Era extraño, pero vaya que disfrutaba aquello. Por fin podía permitirse pensar en que era joven y que le quedaban muchos años por delante, bajar la guardia y simplemente vivir el día con tranquilidad, dormir sin pesadillas, soñando con el futuro que su adorada pelirroja le concedía, la familia que formarían…Ella era todo para él. Y ella era justamente su mayor distracción en ese momento. De verdad pensaba que quería matarlo de un infarto. Toda ella era vida, era pasión…Ella era todo lo que siempre soñó, pero jamás imagino llegar a tener. Su preciosa pelirroja… ¡Merlin, jamás pensó que ser un idiota enamorado se pudiera sentir tan bien! Su pequeña traviesa, era esclavo de sus besos, de aquel cuerpecito pecoso lleno de espíritu…tan hermosamente suya...

-Gin, estoy seguro de que así no funciona ese juego…- comentó risueño al sentir que sus manos como que cubrían por encima sus ojos, pero sin llegar a bloquearle la visión en lo absoluto, mientras ella trataba de sorprenderlo por detrás. Ella hizo un puchero mientras el besaba sus manos. Ella tomó asiento frente a él.

-…No quería estropearte los lentes…- esos pequeños gestos, torpes, pero que a él le enternecían hasta el punto de no reconocerse a si mismo.

-No me quejo, pero se puede saber que haces aquí, bonita- ella pareció recordar el motivo de su vista, y de su bolsillo le tendió un par de cartas. Él la miro confundido.

-Recuerda que las cartas que te mandan llegan a la Madriguera. Ya luego Errol las trae aquí… ¿Puedo ayudar en algo? - pregunto al ver el montón de trabajo que le quedaba a su novio por hacer. Él negó, a pesar de mostrarse agradecido, mientras acariciaba sus manos por encima de la mesa, rasposas por sostenerse tanto de la escoba. Como adoraba las caricias que ella le brindaba, llenas de amor y devoción, la misma intensidad con la que él la mimaba a ella.

- ¿De quién son?- preguntó curioso, mientras cerraba los libros por un momento.

-No sé. No quise mirar, igual era algo que iba para ti, ya sabes…-Merlin, él podría contarle todos sus secretos, y sin embargo ella todavía respetaba su privacidad. ¿Podía ser más perfecta?

-Veamos…carta de Andrómeda. Una carta de Kingsley. Una… ¿De Dudley? - exclamó sorprendido. Si bien habían terminado en buenos términos, jamás creyó volver a cruzar caminos con él. Menos que él lo buscara. Ginny también parecía extrañada, pues sabía bien la relación que Harry guardaba con sus tíos y primo. También sabia que su dulce Harry había decidido dejar las cosas por la paz por ellos, pero eso no quitaba que ella les tuviera un poco de hostilidad por todo lo que le habían hecho pasar a su chico. su Harry, ¿Cómo es que alguien, en especial su sangre, pudo ser tan cruel con él? No sabia ni le importaba. Nadie lo volvería a hacer.

- ¿Todo bien, amor? - él sonrió débilmente al escuchar el tono mimoso de su chica. Jamás creyó llegar a ser de esas parejas que se ponían apodos, pero seria una vil mentira que negar que adoraba escucharlos de su bonita pelirroja.

-Si, Gin, no te preocupes. Me sorprendió, eso es todo… ¿Alguna novedad? -preguntó tratando de desviar la conversación del tema de Dudley, pues ni el sabia como sentirse al respecto. Ella lo entendió perfectamente y le siguió el juego, después de todo, no quería presionarlo.

-No realmente. George volvió con Angelina, Charlie está de visita unas semanas y vendrá a Hogsmeade el próximo fin para vernos a mi y Ron antes de volver a Rumania. Mi madre sigue demasiado agobiada con no tenernos a Ronnie y a mi en casa, como lamentablemente me esperaba. No me quiero ni imaginar su angustia, la de ambos, pero mi mamá…-Harry acaricio suavemente su mejilla, donde una fina lagrima había comenzado a descender traicionando su semblante sereno. Ella le sonrió agradecida, mientras imitaba el gesto que antes Harry había tendió con ella, besando el dorso de su mano con cariño-. En fin, Harry…

- ¿Sí?

-…Me tengo que ir. Tengo clases…-ella rio sin malicia al ver la expresión afligida en sus ojos verdes, como si le arrebataran su juguete a un niño pequeño.

-Gin…

- ¿Sí?

-Te quiero- ella sonrió enternecida por tan dulces palabras, inclinándose para besarlo con todo el embelesamiento que ella sentía hacia su cariño. Una vez se separaron, partió rumbo a su destino antes de que decidiera saltarse la hora para quedarse con Harry. Le gustase o no, volvieron a la vida escolar y faltar era lo único que podía acarrearles problemas en ese momento, faltar y no cumplir con los deberes. Aunque monótonas, sabían que esas semanas era predecesoras a otra larga temporada sin verse. Debian aprovecharlas lo mejor posible.

 

 

Sentía frío. Demasiado frío. Le calaban los huesos y no podía hacer nada más allá de abrazarse a si misma apelando a su casi nulo calor corporal. No quería levantarse, no podía levantarse. No sabía a ese punto si se encontraba entumecida por el frío o por los moretones que solo habían empeorado con los días. Las semanas pasaban y ella ya veía sus días contados, después de todo, veía como gente iba y salía de ese terrible lugar casi a diario. Siempre salían muertos, o como mínimo, deseando estarlo. Y pronto lo estarían. No sabia si reír o llorar al sentir sus costillas, las cuales eran dolorosamente evidentes incluso por encima de la ropa. Doloroso, si, pues los hematomas también yacían en las piel sobre ellas. No podía dormir, no después de ver lo que le hacían a las pobre incautas que perdían la conciencia tras los infructuosos interrogatorios con tortura. Apenas lo hacía por pocas horas al día, y era un sueño ligero. Tampoco es que la dejasen dormir mucho, menos cuando lo que te despierta es el ardor de un cigarrillo sobre tu piel, dejando marcas que sabias bien, no se irían tan fácil después de muchas veces marcado el mismo punto. La garganta le ardía, por gritar, por que el frío y la falta de higiene la hacían enfermar. Sabia que incluso en ese hoyo, era afortunada: su intención no era matarla de a primeras. Lo que le remordía era pensar en el precio que tenía la posibilidad de volver a ser libre: sus amigos. Y hasta eso, lo más probable es que si su padre seria a sus manipulaciones, terminasen muertos los cinco, pues ella y él dejarían de serles útiles. Todo llevaba a la muerte.

- ¿Qué día es? - preguntó una muchacha que, por su apariencia miserable, parecía llevar mucho tiempo allí. Había estado inconsciente desde que ella llegó, despertando apenas unos segundos para volver a quedarse dormida entre temblores. Casi nunca lograba articular oraciones decentes. Aquella era una de esas extrañas ocasiones, y se sentía mal de no poder darle una respuesta.

-Diciembre veinti-algo. Quizás ya haya pasado navidad…-luchó por no dejar en evidencia sus ganas de llorar al pensar en su padre, quien estaría solo y desconsolado sin ella. Era lo que más le dolía, su padre lo era todo para ella, y sabía que ella era su mundo entero. Sabía que se encontraría desesperado. Sabía que estaría débil y le tocaría enfrentar aquello solo. Ella sabia lo feo que era estar solo.

-7 meses. Ya llevo aquí siete meses- sollozó ella sin creérselo del todo, mirando hacia las palmas de sus manos como si estas fueran a decirle algo. Ella se encontraba evidentemente peor que ella, con los huesos pegados a la piel, marcas de golpes y de ataduras, el vientre ligeramente abultado probablemente por los parásitos en la escaza comida que de vez en cuando consumía. Su cabello pelirrojo lucia descolorido a pesar de la naturaleza vivaz que el color por si solo poseía. Sus ojos, los cuales a pesar de la poca luz se veían que eran verdes, estaban idos e inyectados de sangre, ademas de que parpadeaban en tics como consecuencia del encantamiento Cruciatus, el cual desde hacía mucho había comenzado a hacer estragos en su salud mental. ¿Cuánto tardaría ella en verse así?

- ¿Cómo te llamas? - preguntó ella tratando de distraerla de su llanto. Ella parpadeo varas veces y tardo en verla a los ojos.

- ¿Cómo me llamo? ¿Cómo te llamas tú?

-Luna Lovegood- la pelirroja alzó las cejas curiosa, mas no dijo nada-. ¿Y tú, como te llamas?

-Me llamo… ¿Lia? - parecía confundida, y de la nada le entraron arcadas y sin ser capaz de moverse termino vomitándose encima, llorando aun más fuerte que antes, mientras que Luna trataba de poder ponerse en pie para consolarla, pero no podía. La pelirroja se disculpaba mientras hipeaba, mientras se cubría la cara de vergüenza.

-No pasa nada, Lia. Toma, no quiero que te enfermes- "más de lo que ya estas". La chica acepto la ligera frazada, mientras que con un harapo se limpiaba a ella misma.

-Luna…Un lindo nombre. LU-NA. Luna Lovegood, ¿Por qué me suena? -empezó a divagar perdidamente, Luna en cambio sabía que estaba delirando y que no faltaba mucho para que ella se quedara "dormida" otra vez.

Entonces alguien de apariencia extraña entro, y sin más preámbulos la tomo de los cabellos arrastrándola fuera del lugar. Luna trato de levantarse hacer lago, pero le habían atado con cuerdas. "Lia" hizo un intento de gritar, pero termino desmayándose en medio del jaleo. Se cerro la puerta y Luna nuevamente se quedo sola. Lia no volvió. Se había ido. Luego llegaron Griphook, Dean…Pero esos meses estuvo sola. Sola…

 

 

Luna despertó siendo un mar de lágrimas, sus compañeras de cuarto yacían preocupadas alrededor de ella. No respondió a las preguntas que le hacían y salió disparada a la Torre de Gryffindor, de la cual de antemano ya sabia la contraseña. Si bien no tuvo el valor de subir al ala masculina para despertar a Neville, si que se hizo un ovillo en el sofá que había en la Sala Común, lloriqueando en silencio.

- ¡Les digo! Ustedes dos son peores que empalagosos. ¿Quién lo diría? Hermanito, esta bien que los apoye, pero verlos manoseándose no me apetece mientras como. Ademas, deberías estar trabajando…

-…Única razón por la que no te estas agasajando con Harry, Ginevra, asique mejor ni te quejes…-se defendió pobremente Hermione, haciéndola reír cínicamente, mientras Ron fruncía el ceño.

-Y más le vale a Harry que se mantenga a raya. Esta bien que me alegre por ustedes, pero de allí a dejar que…-no termino la oración al notar la pequeña figura ovillada de Luna, quien se limpió rápidamente las lagrimas en cuanto escucho las voces alegres de sus amigos-. ¿Luna? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué lloras? - ambas chicas se acercaron rápidamente a ver a su amiga y consolarla, mientras que Ronald la miraba con preocupación sincera en sus ojos, sintiéndose frustrado de no saber que decirle para calmarla. A veces desearía no tener un rango emocional de una cucharilla de té, o la sutileza de un martillo. Quizás así seria una mejor persona, un mejor amigo, y más importante aún, alguien digno de su Mione, quien rápidamente había conseguido hacer sonreír a Luna, quien aseguraba estar bien, mientras que Ginny la abrazaba efusivamente, haciéndola reír mientras se acurrucaba más a la almohada del mueble.

-Estoy bien, no se preocupen. ¿Me puedo quedar? Digo, ya que son los prefectos…-preguntó ella con cierta suplica en sus ojos.

- ¡Claro que puedes! Luna, aquí también es tu casa…-dijo Ron atolondradamente, haciéndola reír sin malicia. Hermione asintió rápidamente mientras que Ginny le limpiaba las pocas lagrimas que aun yacían en sus mejillas. Ron y Hermione no tardaron en tomar asiento en el sofá de dos plazas que allí había, mientras que Ginny termino dormida junto a Luna en el más grande. Risueña, Hermione hizo aparecer una manta sobre ellas, mientras se acurrucaba más al costado de su chico, adorando la cercanía y la calidez que emanaba su pequeño cuerpo junto a la fuerte figura de Ronald, quien ni lento ni perezoso había colocado su mano en el pequeño hueco de la cintura de ella y la aferraba a él casi posesivamente, mientras hundía su rostro en el frondoso cabello de su chica, inundándose de su embriagante fragancia. Era su sedante, toda ella lo hacia sentir de forma intensa y abrasadora. Ninguno de los dos se hacia una idea del efecto que tenían en el otro, pero vaya que estaban decididos a seguir con aquello hasta donde los llevase.

- ¿Qué es ese trabajo que menciono Gin, Ron? - él no pudo evitar reír ante el tono mandón de Hermione. Con el tiempo había aprendido amar aquello de ella, incluso hubo varias ocasiones en que la hacia enojar nada más para ver esa mirada intensa y ceño fruncido. Siempre le pareció parte de su atractivo. Le parecía sexy aquella actitud tan dominante. Oh, su preciosa Hermione Jean Granger…

-Un trabajo que McGonagall nos encargo a los que nos vamos antes. Creo que es su modo de tratar de disuadirnos de nuestra decisión…

-…Los va a extrañar. Todos lo haremos…-dijo ella en un murmullo, tratando de no pensar en la inminente despedida. Él le besó en la frente con todo el amor y ternura que su pequeña castaña le transmitía. Ella adoraba aquello de él, pues aunque quizás su pelirrojo no seria bueno con las palabras como medio para comunicar sus sentimientos, sus acciones profesaban todo el amor que él sentía hacia ella. defendiéndola, abrazándola, protegiéndola, acariciándola y besándola con tacto y ternura tan ambiguas a él. Ella vivía por ese lado de él, por todo él. Decidió cambiar de tema, no quería verla llorar, menos cuando él se sentía igual o más miserable al respecto y no había ideado el cómo mantenerse fuerte para consolarla.

-En fin, ya llevo la mitad. Mañana mismo lo acabo y el domingo lo corrijo…- ella no pudo disimular su sorpresa, pero era grata. ¿Desde cuándo Ron era de adelantar trabajos? -. Está siendo una buena influencia en mí, señorita Granger…

-…Siete años, señor Weasley. Tardo siete años…

-…Las cosas con nosotros siempre han ido lentas, te recuerdo…

-…Dolorosamente lentas, pero supongo que es parte del encanto de lo nuestro. Me encanta haber llegado a donde estamos ahora…- ver el sonrojo en sus mejillas mientras decía aquello conmovió a Ron de sobremanera. La tomo con delicadeza del mentón para forzarla a verle a los ojos, para acto seguido besarla. Sintió las saladas lagrimas en el beso, y no tardo en enjugarlas repartiendo pequeños besos por su rostro. Ella sonrió débilmente mientras se abrazaba al pecho de él, dejándose acariciar tan dulcemente-. Lo siento…

-No lo sientas, Herm…

-…Es solo que ahora estamos juntos y amo estar contigo y se que en unos meses ya no nos veremos y yo no quiero volver a estar lejos de ti…Te lloré mucho, Ron. No quiero…

-Lo sé, Mione, ¿Crees que no lo he pensado? Se que no suelo decirlo mucho, pero podría hacer el juramente inquebrantable de que ocurra lo que ocurra, estés donde estés, mi corazón esta contigo. ¡Merlin, te pertenece! -Hermione se relajaba al sentir el estable palpitar del corazón de Ron, inundase en la sensación de sentirse protegida entre sus fuertes brazos. "Me pertenece" pensó Hermione, sintiendo de repente tranquila, como si todos los temores de la distancia se hubiesen disipado momentáneamente para perderse en la sensación de sentirse parte de él…

-Es mío…-susurró ella inconscientemente, tomándolo por sorpresa, después de todo, él siempre solía asumir que ella lo sabía todo y le extrañaba que se viese tan sorprendida por cosas que según él, eran evidentes, pues él no se consideraba un ser complejo-. Eres mío. Y yo soy tuya… ¿Siempre ha sido así, verdad? ¿Por qué habría de cambiar?

-Te amo, Mione- comentó él con evidente emoción en su voz. Ella quiso llorar otra vez, pero esta vez de felicidad, de conmoción. Ron era un detonador de su lado más pasional y emocional, haciéndola sentir con intensidad hasta la más mínima sensación, ya sea la ira, la tristeza, la alegría, o como en ese caso, el amor lo que él le profesaba.

-Y yo a ti, Ronald

 

 

Al mal paso, darle prisa, ¿verdad?

Pensaba Andrómeda mientras se armaba de valor para cometer, lo que podría ser, el peor error en su nueva vida, o bien, una oportunidad para su pequeño nieto, quien recientemente había descubierto sus piececitos y adoraba juguetear con ellos graciosamente, calmando momentáneamente a su abuela con su tierna inocencia. Nadie puede ser tan cruel como para odiarlo…Menos Cissy.

Claro, pero a su madre la odio apenas supo que estaba en su vientre…

No quería que su pequeño creciera en una familia arruinada, teniendo de enemigos a gente con quien compartía sangre. No quería marcar su camino de tal modo, ella no tenia remedio, pero él todavía tenia opciones. A él, hasta cierto punto, no le habían hecho nada…

Su gente mato a mi marido, a mi yerno. A mi hija…A su madre…

Sabia que era irracional odiar a todos por lo que hizo uno, más a sabiendas que lo que motivaba a los Malfoy, más allá de sus ideologías, era su temor por ser cazados. Ella podía empatizar con aquello, en las guerras estas de un bando o del otro, y cuando naces en uno es difícil poder imponerse sin terminar siendo repudiado o asesinado. Su primo era un gran ejemplo de ello, ambos hermanos Black, de hecho. Ella incluso, sin querer, había condenado a su familia a aquello. Nada de eso hubiese ocurrido si hubiera aceptado desposar a su primo, pues estaría del lado sádico, y por ende, se habría salvado de lo peor. Pero no se arrepentía. Ted y Dora eran lo mejor que jamás había tenido, y gracias a ello tenia a su Teddy, el bebito más perfecto que jamás hubiese conocido. Se habían ido, pero le habían dejado algo por lo cual vivir. Y ella deseaba que por lo menos él viviese en paz…

- ¿Cómo está mi pequeño Teddy? - él pequeño soltó un gritillo de alegría, mientras se apoyaba en los barandales de su cuna para pedir que se le alzara en brazos-. Mi niñito, que grande te pones todos los días… ¿Tienes hambre? - él pequeño se abrazo a su pecho, limpiándose el hilillo de baba que descendía de su boquita torpemente, haciéndola reír. Todavía recordaba las primeras semanas en las que Teddy no podía ser cargado por una mujer sin buscar alimento en ellas, después de todo, Dora le había alimentado el poco tiempo en que lo tuvo junto a él y le había costado adaptarse a otra mujer que no fuera su madre. Su pequeño, a pesar de ello era el bebito más adorable y tranquilo que jamás habían visto sus ojos.

Le dio su biberón mientras cambiaba su blusa, tratando de no lucir tan cansada. Suspiró, jamás se lo reconocería a si misma en voz alta, pero vaya que se notaba que había nacido siendo una Black. A pesar de su estado miserable, de su edad, de su cansancio, de su evidente bajo peso, seguía viéndose bella. Era una hermosura agonizante, pero hermosura finalmente. Confiaba en que llevar a Teddy en brazos le daría un aspecto más alegre. Le puso algo abrigado y, tras preparar el bolso con las cosas que pudiera necesitar con Teddy, se apareció en Wiltshire, y distraída entre los balbuceos infantiles de su nieto y la belleza antigua del lugar, se encamino a la enorme mansión que destacaba alejada de todo el pueblo. La Mansión Malfoy.

Era casi ilegal lo que hacía, de hecho. No la meterían a ella a Azkaban, desde luego, más bien, el castigo iría para con ellos. Pero ella no iba a ocasionarles problemas. Se sorprendió de lo fácil que era entrar a los terrenos, pues pensó que seria una odisea, o incluso, imposible. Él pequeño hizo un pequeño berrinche al no poder ir a jugar con los pavorreales que por alguna razón seguían en el patio. No se imaginaba a Narcissa cuidando de ellos, menos a un chico tan joven como Draco. Excentricidades que hacia mucho había dejado de comprender, más específicamente, tras conocer a Ted y darse cuenta de que todo eso era insignificante en un hogar, que lo importante era la calidez del amor familiar. Esa casa parecía un tempano de hielo.

- ¿Te gustan, mi amor? Todavía estas muy pequeño para jugar con ellos, podrían picotearte. Pero cuando crezcas, lo harás. No llores, ¿sí? - él pequeño, pese a que evidentemente no entendía a su abuela, se calmó al escuchar el tono conciliador de su dulce voz. Sus cabellos habían adquirido los tonos azules y verdes de las plumas de las aves, haciéndola reír-. Eso es, mi niño lindo. Vamos. No quiero que te resfríes…-le beso su rojiza nariz de botón, haciéndolo reír con entusiasmo. Le alegraba que fuera un niño tan feliz. Su pequeño niño arcoíris…su bebito. Llamo a las enormes puertas pesadas de madera, esperando impaciente que sele abriera. Sabia que Narcissa odiaba dejar esperando a quien los visitara, deseado o no, esperado o no. Jamás había entrado a esa casa, por cierto. Jamás había cruzado palabra con Lucius desde sus años escolares. Ni siquiera sabia si Narcissa le había amado después de todo, a pesar de todo. Lo único que sabia es que su hermanita jamás se había imaginado lo que seria vivir en decadencia moral. Era la vida poniéndolos en su lugar, lo sabía, pero no dejaba de parecerle algo cruel, aunque jamás lo admitiría en voz alta.

-Disculpe la tardanza, ¿Cómo la presento, señorita? - una elfina la recibió entre lamentaciones y reverencias. Teddy miraba con curiosidad todo lo que le rodeaba y termino escindiendo su carita en el pecho de su abuela. Lo entendía, ese lugar daba algo de miedo si lo comparabas a su cuarto colorido y las casa hogareñas a las que él estaba acostumbrado. Al menos no había roto en llanto, era un bebé muy calmado en ese aspecto.

-Andrómeda Tonks. Vengo a ver a mi hermana- "hermana". La palabra le sonó extraña. La criatura la miró incrédula, pero siendo su naturaleza la de obedecer a un mago, desapareció para ir a comunicarle la visita a su ama Narcissa, quien estaría leyendo en su biblioteca. Y en efecto, después de unos cuantos minutos llegó Narcissa al recibidor, visiblemente apurada y sorprendida. Sintió una pequeña opresión en el pecho, ¿Era esa mujer ante ella su hermanita querida de sus recuerdos? ¿Dónde quedo su apariencia mimada y rica? ¿Tanto la había carcomido todo? ¡Ella todavía tenia a su hijo con ella, maldita sea! Y su esposo seguía con vida. ¿Qué sabia ella de pasarla mal?

-Meda…-dijo ella con la voz temblorosa, mirándola atentamente a los ojos. La mencionada huyo de los ojos azul hielo de su hermana, no deseaba ser manipulada apenas llegando. Narcissa lo notó, y herida, decidió enfocar su atención al pequeño bebito que yacía en brazos de su abuela, quien a diferencia de esta la miraba atentamente con sus enormes ojos dorados.

-Narcissa…- devolvió el saludo con el mismo temor en su voz.

- ¿Cómo se llama? - preguntó curiosa.

-Edward. Teddy, de cariño- él pequeño bostezo levemente y Andrómeda lo acurruco en su mullida carriola para que descansase de ir en brazos. Teddy solía preferir ir en brazos de su abuela a todos lados, contemplar el paisaje mejor y poder abrazarse a ella cuando algo le asustaba o reír junto con ella, pero tenía sueño.

-Acompáñame. ¿Gustas algo? Té, agua…-empezó a sugerir cortésmente, escuchándola bufar.

-Narcissa, sinceramente, si acepto algo necesitare algo más fuerte…-ella suspiró risueña. Misma sutileza de siempre.

-Whisky, entonces- Andrómeda asintió mientras la acompañaba con Teddy a la gigantesca biblioteca, y tomaba asiento en los mullidos sillones de terciopelo que se encontraban en medio. Le sorprendió ver que, lejos de ordenárselo a la criatura doméstica, ella sirvió las copas y atizo el fuego de la chimenea al verla temblar un poco. Contrastaban demasiado como para ser hermanas.

Una tenía una frondosa cascada rubia, la otra un rebelde cabello azabache. Una tenia los ojos descoloridos, y la otra de un azul hechizante. Una vestía ropajes de seda y joyas exuberantemente finas, la otra, iba en jeans y chaqueta de cuero. Ambas eran hermosas, en efecto, pero se notaba a leguas que habían escogido caminos más bien opuestos en la vida. Sin embargo, ambas lucían exhaustas.

- ¿Cuántos meses tiene? - Narcissa mecía la carriola con suavidad a modo de arrullo, contemplando al pequeño bebé somnoliento. Se sorprendió de ver como su cabello, hasta ese entonces negro como el de Meda, se torno rubio como el de ella, con un azul eléctrico en las puntas-. Me alegra que no sea lo mismo que su padre…- comentó sin evitar sonar un tanto despectiva, cosa que no le pasó inadvertida a Meda, quien frunció el ceño.

-Licántropo. Su padre era un licántropo, y aun con esas, uno de los mejores hombres que jamás he conocido…- Narcissa se mordió la lengua para reprimir sus ganas de rebatir aquello. No quería discutir con su hermana, no más.

-Discúlpame, entonces. Pero si reconoces que es una virtud que tu hija le concedió… ¿Nympha, verdad?

-Nymphadora. Tonks. Incluso ya casada, prefería Tonks. O Dora. Nunca entendí porque no le gustaba su nombre. Yo quería que fuera único, como ella…especial-Narcissa asintió mientras se atrevió a acariciarle la carita redondeada a Teddy, quien se dejaba hacer. Él pequeño se sobresalto un poco al sentir el frio anillo de matrimonio que llevaba Narcissa en su dedo anular.

-En lo personal si me parece un lindo nombre. Nymphadora. Suena a un nombre que le darías a alguien que amas-lo comentó sin una pizca de hostilidad o mentira. Sintió los ojos picarle con ganas de llorar, pero se contuvo lo mejor que pudo. No iba a hacer una escena.

- ¿Y Draco? No lo he visto desde…Bueno, desde que estabas embarazada de él. Dieciocho años ya, ¿verdad? Todo un hombre, me imagino… ¿Cómo esta? ¿Como lleva lo de Lucius y Bellatrix? - su voz sonaba llena de odio y rencor al recordar a esa maldita perra. A ella si la odiaba y hubiese deseado que el infierno lo viviese en vida, bajo su mano, sin importarle condenarse a si misma.

-Con ira. Rabia e ira. Siento que es su modo de no sentirse triste o culpable. Mi hijo…Él admiraba y amaba a su padre, casi tanto como nosotros a él, cada uno a su modo. Siento que le destrozaron…Y trata de canalizarlo todo en él debido a que se siente decepcionado…Yo era así, al menos. De joven. Si en algo se parece Draco a mí, sería en esto…Sobre Bella…-trago grueso. Claro, ellas a pesar de todo si se habían mantenido como hermanas-. Era su única tía. Le temía, como cualquier persona racional al conocerla, pero sabes…Ella le tenía cierto cariño. Más por ser mi hijo que por otra cosa, pero era cariño al fin y al cabo. Lo protegía, a veces mejor que yo, a su modo. Sabes que Bella siempre hacia las cosas a su modo…Lamento que se haya desatado también en tu hija, Meda, y lo sabes. No me mires así. yo no obré mal, hice lo que debía y lo que podía, como todos…-esa fue la gota que colmo el vaso. ¿Se atrevía, acaso, a intentar que sintiera lastima de la desgraciada que le arrebató a su hija?

-Tú, hermanita, fuiste una maldita racista, y tu familia, unos cobardes. ¿No obraste mal? ¿Cómo se supone que se califica a la persona que permitió que su casa fuera un matadero? ¿A una persona que maltrata a lo que sea que considera estúpidamente inferior a ella? ¿A alguien que odió y despreció a una bebita, deseándole lo peor tan solo por quienes eran sus padres? ¡Su propia sobrina, sangre de su sangre, maldita sea! ¡Quien llamó zorra impura a su hermana y permitió que le azotaran por el error de haberse enamorado de la persona equivocada! ¡Quien defiende a una asesina! Asesina, de su propia sangre. Sirius, Dora… ¿Tan insignificantes eran para ti, Narcissa? Porque créeme, yo no los hubiera hecho nada, a ninguna de ustedes, menos a quienes aman, quienes no tienen la culpa de sus actos. Tampoco Sirius, pues él solo quería alejarse de toda la mierda y estar con sus seres amados en paz. Tu gente jamás les permitió eso. ¡Ustedes destrozaron a nuestra familia, ustedes eran las traidoras! Y Bella esta ardiendo en el infierno y de lo único que me arrepiento es de no haberla mandado yo…

Narcissa se quedo paralizada. No era rabia. No era ira. Era un peor el sentimiento que la invadía en ese momento, más destructivo y consumidor. Era vergüenza. Jamás llegó a pensar que llegaría a sentir vergüenza de lo que había hecho. Pero al ver a ese pequeño, quien había roto en llanto al escuchar los gritos, y pensar que ella había sido parte de quienes le arrebataron a su madre, su sobrina, a quien desprecio sin siquiera conocer…Sentía vergüenza, teniendo a Meda enfrente, sabiendo que no había modo de justificar la estupidez que había dicho.

-Lo siento tanto, Meda. De verdad…lo siento…yo…-la mujer la miró incrédula mientras mecía a su niño, tratando de consolarlo sin mucho éxito.

-No lo sientas. Nunca lo sentiste. No es necesario. De hecho, ya es tarde e inútil. Jamás entenderás el dolor de perder a un hijo…Ni te lo deseo. No se lo deseo a nadie. Cuida a Draco. La gente lo va a odiar sin siquiera conocerlo y tendrás que sufrir su dolor. Tendrás que vivir con ello. Pero lo tienes contigo, Cissy, y eso lo que importa. Lo único que debería preocuparte, en vez de sentir cosas…-dijo más calmada, ya se había desahogado un poco. Un poco, esa rabia, odio y dolor siempre estarían allí, carcomiéndola. Pero se había, momentáneamente, liberado. Narcissa lloraba sin advertirlo, sin importarle, sin desear generar lastima. Meda siempre había sido brutalmente honesta. Sirius también… ¿Qué casualidad, verdad? Los traidores eran los únicos no hipócritas…Que tarde se había dado cuenta.

- ¿Madre? - ambas se sobresaltaron al escuchar la angustiada voz de Draco, quien al escuchar los gritos de una extraña insultando a Narcissa había ido corriendo a ver que ocurría y defender a su madre. Él también se llevó un susto de muerte al ver a aquella mujer tan parecida a su fallecida tía Bellatrix. Se calmó cuando empezó a notar las diferencias entre ambas mujeres, pero volvió a alterarse al ver las lagrima surcar silenciosamente el rostro de su madre-. ¿Quién carajo se cree para atreverse a venir a nuestra casa a insultar a mi madre! ¡Lárguese en este instan…! - se calló al ver al bebé, quien aunque no lloraba, parecía angustiado por tanto ruido. ¿Veía mal o tenía el cabello verde?

-No, Draco, querido, esta bien. No te sulfures, y por favor, discúlpate por hablarle de ese modo…Ahora-agregó severamente, tomándolo por sorpresa. Rara vez le ordenaba a hacer cosas, más de ese tipo.

-No le pidas eso, Cissy. Defiende a su madre de una extraña. Se ve que te quiere. Me creo su hermana mayor, Draco. Tu tía, Andrómeda Tonks. ¿Has escuchado de mí?

-Muy poco…-reconoció, extrañado. Sabía de ella. Sabía que era una traidora a la sangre de la peor calaña.

-…Supongo que nada bueno. Vine a ver a mi hermanita. Los hermanos solemos hacer eso, pelear, más nosotras siendo tan distintas, ¿Verdad, Cissy?

-Exactamente. Draco, ella es tu tía. Le debes respeto por ello…

-… ¿Desde cuándo? Padre y tú me prohibían mencionarla…-comentó irritado ante la idea de respetar a una traidora. Narcissa lo fulminó con la mirada. Andrómeda sonrió de lado en un gesto muy Sirius, en opinión de Narcissa.

-Desde luego lo hicieron. Y no espero que me veas como tu tía, niño, pero no me vuelves a alzar la voz y me conocerás…-se notaba que Nymphadora había heredo su carácter fuerte e imponente de su madre. Ella pareció escrudiñar sus ojos atentamente, como si estos de verdad fueran las ventanas de una relativa alma. Acto seguido sonrió, con cierta picardía que le puso de los nervios, más aún cuando pareció intentar cederle al pequeño en brazos, haciéndole retroceder algo aprensivo. Ella termino por reír-. Vamos, es solo un bebé. Tu sobrino, de hecho…-Draco arqueó una ceja mirándola escépticamente, para después buscar respuestas en la aun algo débil mirada de su madre.

-Es cierto, mi vida. Edward "Teddy" Lupin, mi sobrino, tu sobrino. Hijo de tu prima Nymphadora, que en paz descanse…

 Sintió como si un balde de agua helada le hubiese caído de repente. Su prima Nymphadora. Misma que había muerto a manos de su tía Bellatrix, que descanse algún día, y que había dejado, al parecer, huérfano a un pequeño lobito por ello. Bueno, al menos eso pudo inferir por sus ojos dorados. Un pequeño bebé sin padres. Una simple consecuencia de guerra. Sintió arcadas al recordar aquella cínica frase que usaban para justificar atrocidades.

-…Cárgalo. No están difícil, enserio. Pon los brazos como los tengo yo…-él obedeció torpemente para su agradable sorpresa, sintiendo de repente el ligero peso de Teddy en sus inexpertos brazos-. Solo procura sostener bien su cabeza. Bien, muy bien Draco. ¿Ves que no era tan complicado?

Draco, para su sorpresa, no se sentía para nada incomodo a pesar de la ambigüedad de la situación. Contemplo al pequeño con curiosidad, casi tanta como la que irradiaba de sus enormes ojos dorados que le miraban con atención. Él bebito torno sus cabellos completamente rubios, idénticos a los del hombre que lo sostenía, estirando sus bracitos entre risas tratando de tocarle el rostro. Para sorpresa de ambas mujeres, Draco esbozo una pequeña sonrisa ante el gesto de su pequeño sobrino, mientras que sumido en su propio asombro, delineaba los rasgos del infante con su dedo, dedo que el pequeño atrapo en sus diminutas y suaves manos de forma que le pareció graciosa. Tardo varios segundos en notar la mirada incrédula de su madre y tía, sintiéndose de repente abrumado por la sensación. Andrómeda parecía mirarlo con menos hostilidad que al inicio, mientras tomaba al niño con cuidado y lo devolvía a su carriola. Narcissa también esbozaba una tierna sonrisa, conmovida con la imagen de su pequeño cargando al bebé con tanta delicadeza. Por un segundo logro ver como el aura de rabia que él emanaba se evaporaba, efecto que hasta entonces, solo había conseguido la pequeña Astoria Greengrass. Al parecer tenia cierta debilidad y afición con todo aquello que era puro e inocente.

Draco entonces noto algo extraño en el reflejo de uno de los platos de plata que yacían en la mesa. ¿Era acaso Theo y Blaise a quienes veía? ¿Sería eso posible? Y de ser así, ¿Podría condenarlos?

-Me disculparan. Debo subir. Con su permiso, madre, Andrómeda…-ambas asintieron extrañadas, mas aun cuando se llevo uno de los platos sin dar explicación alguna-. Nos vemos luego, Teddy. Eso espero…- él pequeño balbuceo alegre, y con una pequeña sonrisa abandono la biblioteca, dejando a ambas mujeres de un mejor humor para variar. Quizás la relación entre ellas estaba demasiado lastimada, quizás jamás sanarían, pero por sus niños, ellas eran capaces de bajar la guardia y sonreír.

Draco se encerró en su habitación, y en efecto, eran Blaise y Theo, y junto a ellos estaban Pansy, Daphne y Goyle. Le sorprendió este último, pues a ese punto debería odiarlo por la muerte de Crabbe. También ver a Pansy, pues pese a que terminaron en buenos términos y como amigos, sabia perfectamente que junto a él se había ido lo que ella había idealizado durante muchos años como un futuro prometedor. No podría culparla por realmente odiarle.

- ¿Qué hacen aquí? Bueno, allí. ¡Carajo, me entiende, no se rían! - Daphne rodó los ojos antes unirse a las risas de sus compañeros.

- ¿No te alegras de vernos, ingrato? Debes estarte muriendo de aburrimiento por ti solo…-bufó al escuchar la relajada voz de Zabini diciendo aquello, más que nada porque no podía negarlo.

- ¿Qué parte de que me prohibieron la magia no entendieron? ¿O es acaso su intención mandarme a Azkaban de una vez?

-Relájate, rey del drama. Esto es completamente legal desde que Pansy fue quien te invocó…-explicó la rubia como si aquello fuera obvio.

-…No puedes usar magia, pero como con los muggles, si te comunicas con magos son ellos quien hacen la magia, no tú. Ademas, nadie de aquí va a ir contando por allí sobre esto. Debes de adaptarte y buscar mejorar tu posición, Malfoy- dijo Theodore haciéndolo rodarlos ojos. Como ellos seguían siendo magos…

-… ¡Ay vamos! Quita esa cara. Tú padre no se está pudriendo en Azkaban por si solo para que tú estés amargado. ¿Dónde quedo Malfoy? Él sabría superarlo con la poca dignidad que le quedase… - preguntó Pansy en lo que a simple viste se podría ver cruel. Pero Draco la conocía de toda la vida. lo estaba obligando a alzar la moral, por su bien. lamentablemente esto lo analizo hasta después. De momento, se dejo guiar por el sentimiento inicial.

-…Yo no fui el que convoco la imagen de su expareja para joderle un rato. ¿Tan mal te ha ido como para que tengas que recurrir a la compañía de un exiliado? Y yo que creí que encontrarían algo que hacer…-supo en el momento que vio la ira en sus ojos negros que había cometido una estupidez. Pero antes de que pudiese retractarse, Daphne había tomado lo que sea en lo que se estuviese reflejando, alejándolo de ellos.

-Al parecer el Huron despertó de mal humor. Necesito hablar con él a solas, de todos modos…-escuchó un gruñido que solo podía venir de Nott, y la vio bufar cansina-. Madura, Theo…

- ¿Qué ocurre, Daph? - preguntó una vez noto que estaban a solas. No sabia a donde había ido, pero no se escuchaba ni un alma.

-Primero que nada, el hecho de que tu vida este en la mierda ahora mismo no te da derecho de ser un desgraciado, menos cuando tu conoces a Pansy y sabes que la llevo a hacerlo, maldita sea…

-…Ya lo sé. Me hubiese disculpado si…

-…No, no lo hubieras hecho. Nunca lo haces. Y a este punto es ridículo que te cueste tanto de verdad lamentarlo, disculparte. Nosotros te conocemos, y como nosotros nadie te va a soportar. Pero pareces empeñado en quedarte solo…

- ¿Eso era lo que querías decirme Daph? Porque yo ya se que merezco estar donde estoy. No necesito recordatorios…

-No, pero se relaciona bastante, de hecho. Sabes que aquí, aunque hipócritas, no nos andamos con rodeos. Nunca lo hemos hecho, al menos no tú y yo…

-…Excepto ahora, al parecer…-ella sonrió de lado ante la ironía y verdad en sus palabras.

-Como tú digas. ALEJATE DE MI HERMANA, Hurón…

-… ¿Disculpa? Te recuerdo que…

-No me recuerdas nada. Ella no merece esta mierda y lo sabes. Ten decencia. Es una niña en más de un sentido y me importa un bledo tus deseos de desvirgarla, donde le pongas una mano encima…

- ¿Ya hablaste con ella sobre tu ridícula petición o…?

- ¡NO ME INTERRUMPAS! - él se quedo sorprendido ante el tono autoritario en su voz. No le gustaban las ordenes, pero sabia que no tenía alternativa a obedecerla-. Haz y deshaz a tu antojo con quien quieras. Pero yo te conozco. Se que no eres malo. Pero no eres digno de ella y mucho menos merecedor. Y lo sabes, Merlin, la viste. Déjala. Por respeto a nuestra amistad, por respeto a ella. por decencia, insisto. Y por tu bien…

Antes de que pudiera indagar en con que lo amenazaba, ella le corto. Suspiró, sintiendo la ira correr en sus venas. Sentía que se iba a sofocar. Sentía vergüenza, sentía rabia…Pero sobre todo, impotencia. Sabia que Daphne, como casi siempre, decía la verdad. Astoria, por el bien de todos, le debería ser prohibida.

Aunque claro… ¿Cuándo alguien le había prohibido algo?



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