Historia al azar: Amigos
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19 años después » Retomando
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Retomando

- ¡Audrey Hart-Addair! ¡Sal de allí ahora mismo! - empezó a llamar una muy molesta Phoebe Adler a la puerta de su amiga, ignorando por completo el hecho de que para los demás ella solo era una casera y Audrey una residente. La mayoría no sabía de su amistad y veían aquello extraño. Y bueno, incluso los que sabían, veían raro que las amigas se pelearan.

Lo que no se imaginaba es que le hablaba a un departamento vacío. Y no, no se encontraba en el departamento de Percy, ¡Qué más quisiera ella poder estar allí con su apuesto vecino pelirrojo! Pero no. estaba, en su lugar, ayudando a su otro vecino, Rolf Scamander, con sus cajas, ya que a pesar de llevar allí semanas, él apenas y había desempacado y ella, al ver el desastre bestial que aquel joven mago tenia, no pudo más que ofrecerse a ayudarlo. Ella también era desordenada, pero hasta ella tenía límites. Ademas, sabía perfectamente que pronto Phoebe le vendría con esa escena, y pensó que sería conveniente esperar a que se calmara para encararla. Jamás se imaginaria que estaba con Rolf, quien era amable y no hacia preguntas sobre el escándalo.

- ¿Qué es esto? - pregunto curiosa acomodando una maceta extraña con flores plateadas/azuladas. Le parecieron muy lindas, pero por precaución no las toco directamente.

-Syreni lacrimae, o "Lagrimas de sirena". Crecen en Grecia. Sirven para pociones curativas…

- ¿Lagrimas de sirena? -pregunto extrañada por el nombre-. ¿No es literal, verdad?

-Sí, pero no como tú crees. Las semillas se encuentran en el mar mediterráneo, custodiadas por las sirenas mitológicas de esas tierras…Fueron un regalo a mi abuelo, Newt. Unas cuentas semillas. Él tiene la planta, yo tengo un brote…

-Wow…Son lindas… ¿Qué edad tienes, Rolf? - pregunto incapaz de creer que aquel chico tan sensato y sereno fuese de su edad. Le causaba cierto escozor ser, al parecer, la única que no tenía control sobre sus actos y sentimientos.

-Diecinueve años…- Tres años le sacaba a ese chico, y parecía que ella fuera aun una adolescente. Se sintió furiosa, pero se reprimió. Él no tenía la culpa de tener juicio-… ¿Por?

-Creí que eras mayor…

-Es lo que pasa cuando eres el mayor de los hermanos. Te envejeces quieras o no… ¿Tienes hermanos?

-Muchos. Soy la segunda mayor…Somos siete en total…

- ¿Siete? ¿Qué clase de Weasley eres? - bromeo sin mala intención, haciéndola fruncir el ceño confundida-. Ya sabes. Los Weasley, ellos…Son una familia inmensa. Siete hijos, bueno…Ahora seis…- ¡Claro! Percy los menciono brevemente aquella noche en la que casi lo hicieron. Se sonrojo al recordar aquello, pero agradeció que Rolf no preguntase.

-Percy apenas los menciona, ¿Cómo que ahora son seis? - Rolf se removió algo incomodo, era increíble que no lo dedujera por si sola. Igual su cerebro simplemente no quería llegar a la obvia conclusión que aquella oración indicaba. Se negaba a ello, pues pensarlo ya era triste.

-Uno falleció durante la guerra. Yo…yo no convivo con los Weasley. Lo más cercano a un Weasley con el que trate es Percy, pero nunca los menciona. Supongo que es aún muy reciente. En fin, lo sé porque uno de ellos está en la boca de muchos…Ron, creo recordar. Y toda esa familia, por lo menos aquí, siempre ha sido importante de un modo u otro, es lo que tiene ser tan antigua. Ahora son vencedores de la guerra…Y víctimas de ella…- hablaba con cautela, como casi siempre. Él cuidaba mucho no herir la sensibilidad de nadie, no molestar, era muy cortes.

-Merlin, no tenía idea…-comentó ella sintiendo unas ganas terribles de correr donde Percy a abrazarle. A ella le dolía el simple hecho de estar lejos de sus hermanos a pesar de saber que les volvería a ver para las fiestas, pero él, que sabía que jamás le volvería a ver…Tomó aire para calmarse.-.Todos son tan amables y alegres conmigo que a veces olvido que aquí hubo una guerra hace menos de un año…- comento sentándose un rato, agradeciendo que Rolf, al notar su conmoción, le había servido un poco de té para los nervios. Era demasiado atento con todos.

-Lo sé…Parece imposible su optimismo…- Audrey lo miró confundida.

- ¿No estuviste aquí? - pregunto extrañada. Él negó algo avergonzado.

-Nuestro abuelo insistió. Veras…Mi papá, que en paz descanse, fue de los primeros en caer durante los ataques de mortifagos. Eso destrozo a mis abuelos, era su hijo después de todo, el más pequeño…Se volvieron un poco paranoicos, no nos querían allí, en medio de una guerra. Ellos ya habían vivido una, y de verdad deseaban jamás tener que vivir otra. No querían que corriéramos su misma suerte. Después de enterrarlo, partimos a Grecia con una de mis tías. No me mires así, Drey- dijo al ver la pena en sus ojos-. Algo bueno salió de todo aquello. Pude empezar de lleno como naturalista. Grecia es fascinante…

-Lo sé. Ya he ido…-dijo ella con una sonrisa, admirando todas las plantas a su alrededor. Logro ver una hoja moverse, entonces recordó que él también era magizoologo. Todo un personaje-. Viví allí una pequeña temporada…Con mi mamá y su esposo, Lachlan…Fue divertido…Siempre pasaba las vacaciones y fiestas con mamá y mi papá Lachlan…Y siempre era un lugar distinto…Con mis hermanos, Henry, Lydia y Declan… -él sonrió mientras le tendía un pañuelo sin hacer preguntas, el cual acepto sin rechistar para limpiar las pocas lagrimas que resbalaban por sus mejillas.

-Gracias por la ayuda, Audrey. Toulouse te lo agradece…-dijo sosteniendo a una cría de Kneazle, un cachorrito que jugueteaba con lo que parecía ser un escarbato bebe.

- ¡Aw! Cositas bonitas…-exclamó enternecida mirando a los animalillos-. De que, Rolf. Cualquier cosa que necesites, no dudes en pedirla y veré el modo de ayudar. Nos vemos…

-Nos vemos, Drey…-se despidió el alegre, volviendo a sus libros. De no ser por ella y aquel muggle de contrabando en el departamento, se aburrirá mucho. Le había venido bien la compañía de tanta gente extraña.

Audrey salió sonriente, feliz de ver que Phoebe ya no estaba. Quien si estaba era Percy, quien la miro con suspicacia, arqueando una ceja. No lo podía culpar, cualquiera que no conociera tanto a Rolf y la conociera bien a ella podría malinterpretar la escena. Y Percy no tenía la mejor impresión de como ella se comportaba con sus vecinos cuando estaba a solas en un departamento.

- ¿Qué era ese escándalo que tenía Phee? ¿Qué hiciste? - Audrey pareció interpretar molestia en su voz. Claro, el ruido sin sentido no era del agrado de casi nadie, y Percy no era la excepción.

-La verdad no sé. Phee suele aceptar mis defectos y quererme por lo que soy, no armarme un concierto de gritos…No escuche mucho. Estaba ocupada…

- ¿Te distrajo mucho Rolf? - pregunto con sorna, haciéndola rabiar antes de sonreír con satisfacción, orgullo. El pomposo, frio y siempre correcto Percy Weasley estaba celoso. Celoso por ella. era gratificante, digo, por un momento pensó que ella era la única loca que celaba a quien no era prácticamente nada de ella, si acaso, un interés romántico más casual.

-Nos vemos, Percy. Hablamos cuando estés más tranquilo…-comentó ella dejándolo colgado. No quería empezar un pleito, pero tampoco sabía cómo responder a aquella abrumadora situación.

Percy gruño molesto, pero no pudo detenerla antes que entrase a su casa. Demonios, ¿Por qué sentía ese nudo en el estómago? ¿Por qué le daba escozor y rabia pensar que Audrey podría encontrar a alguien más con quien estar? ¡Si hasta hace poco un descanso de ella le hubiera hecho feliz!

Algo en su cabeza le hacía insinuar que podrían ser celos, pero, para ser sinceros, el jamás había sido celoso. Con Penélope jamás lo fue, la verdad, asique no sabía exactamente a que se parecía. Solo sabía que deseaba, de verdad, poder pasar más tiempo con ella. No quería acapararla, verdad, pero Merlin, odiaba pensar en que ella pudiese disfrutar más de estar con alguien más, más que nada porque él no encontraba mejor persona con quien pasar las tardes aburridas que con ella. Él sabía que él era por lejos el más aburrido en ese edificio, quizás en todo Londres, pero ella de verdad había parecido disfrutar de estar con él. Claro, todo eso sin mencionar el incidente del sofá. Jamás había sentido aquello, como si todo su ser ardiera con la chispa que irradiaba ella, se sintió tan…vivo. Jamás había hecho cosas sin pensar…Ahora apenas y podía pensar racionalmente. Todo gracias a Audrey Hart-Addair…

 

 

 

Angelina Diane Johnson…

La chica que le había robado el corazón desde su tercer grado, la misma que siempre le alegraba el día con sus sonrisas, la misma que yacía dormida acurrucada a él en esos momentos. "Linda Lina" solían llamarla Freddie y él, el primero como una broma cariñosa, y él, como una cursi afirmación disfrazada con humor. Linda, bella, hermosa, bonita…todos esos adjetivos describían a la perfección a su morena de ojos brillantes y andares cantarines, a pesar de que rara vez se atrevía a confesárselo. Merlin, como le costó no besarla en ese momento, teniéndola tan cerca de él, con sus carnosos labios apenas entreabiertos, tentadores como siempre.

Angelina Johnson, básicamente, la mujer que había marcado un punto y aparte en su vida. La única que lo ponía nervioso, y a la vez, la única con la que podía sentirse en paz pues sabía que no le juzgaría. Era con la única que se había permitido pensar en cosas a futuro, a pesar de ser jóvenes y no tener nada claro. La única que jamás había celado y anhelado para él, solamente para él. En pocas palabras, ella era a la única mujer que había amado. La mujer a la que aun amaba con todo su ser. ¡Merlin, Morgana y Circe! ¿Por qué a pesar de estar seguro sobre sus sentimientos todo aquello era complicado?

Quizás, en primer lugar, aunque sonara ridículo, estaba el hecho de que no sabía exactamente que eran en ese momento. Pero en su defensa, jamás habían sido estables en ese aspecto. Siempre habían sido amigos, siempre lo serian, jamás podría dejar de tenerle ese amor pasase lo que pasara, jamás se permitiría perderla del todo. Pero como ya había mencionado, el no deseaba ser su amigo. Él había sido destinado a ser de ella, y ella a ser de él; su corazón no podía estar equivocado tras todo lo vivido a su lado. Habían sido pareja por un breve momento…O sea, más bien, habían sido algo oficial por poco tiempo. Antes fueron algo cercano a amantes, claro, que recordaba aquello y se reía de sí mismo y de ella. Habían sido los amantes más lentos y empalagosamente románticos que la sala de menesteres pudo conocer. Se sonrojó un poco al recodar aquello. De hecho, teniéndola así, tan cerca de él, dormida sobre su pecho, recordaba aquellas noches con demasiada lucidez. ¡Merlin! Tenía la calidez de su corazón con él, pero como extrañaba la tibieza de su piel contra la de él, la calidez de su cuerpo…pero entonces, todo cambio. Se separaron por bastante tiempo, sin siquiera despedirse, sin saber del otro, ignorando su recuerdo tan solo para evitar pensar en lo peor…Y todo acabo. Fred murió, y con él, una parte de él que jamás regresaría…y quizás esa era la respuesta a su predicamento.

Él ya no era el mismo hombre del que ella se enamoró. Parte de él había muerto, por más que se esforzaba en sonreír y seguir siendo optimista por su familia, que tanto lo amaba y se preocupa por él, y por ella, quien no merecía estar al cuidado de un George deprimido, como si ella no tuviera demasiado duelo encima. Y por eso, quizás, se negaba a arrastrarla con él.  No podía apartarla de él, desde luego, pues aquello no solo le destrozaría a él, sino que le dolería a ella, haciéndola creer que había hecho algo malo, cuando ella era lo mejor que tenia en ese momento. Pero, por lo mismo, querer volver a lo que fue antes le hacia creer que la perdería. Le aterraba la idea de que el hombre en el cual se había convertido no fuera suficiente para mantener el amor de Angelina. No era digno de su amor, desde luego, no lo merecía. Pero pensar en el rechazo inminente le partía su ya deshecho corazón…No quería perder a nadie más…

…Fred, ¿Qué debo hacer? ¿Por qué…por qué me dejaste?¡Merlin, como necesito de tú consejo!

-… ¿Qué sucede, George? - la dulce voz de Angelina lo saco de sus crueles pensamientos. Sonaba angustiada, cosa rara para haber estado tranquilamente dormida hacia poco. Y entonces, lo noto. Quizás por recordar a Fed, quizás por imaginarse a ella alejándose de él, o probablemente por ambos pensamientos, habían comenzado a brotar unas solitarias lagrimas de sus ojos. Se sintió patético y algo avergonzado, nunca le había gustado ser visto llorando si había una alternativa a ello. Cuando volteó para evitar su atenta mirada, ella lo detuvo tomándolo suavemente del rostro, enjugando las solitarias lagrimas de sus mejillas con sus pulgares.

-Lina…-susurró él sin saber que responder, mientras ella le transmitía toda su ternura y apoyo con su mirada dulce y conciliadora. Ella, sin pensárselo mucho, le dio un suave en la frente, dejándolo anonado. Angelina se sonrojó, avergonzada por su impulso, pensando en que tonta e inconsciente había podido ser aquello.  Justo cuando iba a alejar sus manos apenada, George las tomo y, sin poder resistirse más, la beso.

Angelina tardo un poco en corresponder, demasiado sorprendida por aquello. Pero cuando pudo reaccionar, lo hizo con entusiasmo, con todo el amor contenido durante meses teniendo que limitarse a ser su "amiga". Que por él, ella seria lo que el necesitase, y ella le daría lo que él quisiera de su parte. Pero poder por fin dar rienda suelta a su corazón era un alivio, a pesar de que la preocupación por él seguía torturándole. Rodeo con sus brazos se cuello, abrazándose a él mientras profundizaban el ya de por si desesperado beso, hasta el punto en que Angelina en busca de apoyo se recostó de nuevo en el sofá, quedando debajo del cuerpo de George. Los dos se tuvieron que separar para recuperar el aliento, sonriendo tímidamente, alegres de ver el rubor en las mejillas del otro. Angelina, a pesar de sus notorios nervios, decidió romper con aquel sepulcral silencio.

-Entonces… ¿Qué somos ahora, Weasley? - procuro sonar relajada, a pesar de que su corazón parecía querer salírsele del pecho. Tembló al sentir la vibración de la socarrona risa de él sobre ella. ¿Qué era tan gracioso? Aunque bueno, prefería que se riera de ella a que llorase.

-Te recuerdo, Lina, que jamás terminamos realmente…Lamento si se dio a entender aquello- esta vez fue quien rio, más relajada al saber que era correspondida.

- ¿Asi que llevamos todo este tiempo juntos y yo ni en cuenta? ¿Cómo pude olvidarme de algo así?

-Tu memoria jamás ha sido tu mayor encanto, Lina…- ella lo miro con gesto de jamás haber roto un plato, como si fuera una niña que evidentemente había hecho algo "malo".

- ¿Me perdonas? - preguntó de forma regalona, ambos sonreían bobamente.

-Tendrás que convencerme…- ella rio antes de volver a unir sus labios en otro beso desesperado en sus labios.

 

 

 

Katherine Wood de verdad se derretía de amor y ternura cada vez que veía a su marido cuidando de su pequeño Oliver. Solía quedarse en el umbral de la puerta de habitación del leoncito, viendo como Wood mecía y arrullaba al pequeño que tenia poco más de mes y medio con ellos.

Eran principios de octubre, había pasado semana y media desde que Wood y ella habían decidido darse una segunda oportunidad como matrimonio. Desde entonces, él apenas y se había apartado de su lado, ayudándole con el Oliver en todo lo que estuviera en su alcance y mimándola siempre que el momento fuera oportuno. Katie adoraba a ese Wood tierno y cariñoso, a ese padre y esposo dedicado y amoroso que podía llegar a ser. ¿Y cómo no? ¡Si ella amaba a su Wood!  Lo hacia desde ya varios años, cuando lo admiraba en el colegio. Su amado Oliver Wood… ¡Si ese pequeño era fruto del amor que ellos se tenían!

Tanto era su amor que a pesar de todo seguían juntos, seguían vivos y ahora tenían a esa pequeña lucecita alumbrando hasta sus días más tristes. Y por ellos, sus chicos, los amores de su vida, ella estaba dispuesta a darle otra oportunidad a Oliver.  Aunque eso sí, la chica le había pedido ir despacio con ella, en parte por la cuarentena obligatoria de celibato tras el parto, y por otro lado, su deseo por saber si aquel había sido arrepentimiento real o solo un intento desesperado por recuperar a su chica segura, después de todo, él sabia que ella estaba perdidamente enamorada de él, que era vulnerable a él y sus caprichos. O al menos, eso era lo que ella creía que él creía. No podría estar más equivocada…Wood siempre la vería como su más grande hazaña, su tesoro más preciado, su única mujer…

-Trate de dormirlo, pero creo que tiene hambre, Bell. Lo siento…-comento apenado de tener que levantarla tan tarde, pero ella lo miro con ternura mientras extendía los brazos para tomarlo.

-No te preocupes, Wood. Mi niño lindo, necesita a su mami…- murmuró ella con dulzura mientras se acomodaba para alimentar al bebito, bajándose un tirante del camisón mientras seguía murmurándole cosas lindas a su pequeño a modo de arrullo, mientras besaba su cabecita con amor, acariciando la pequeña matita de cabello castaño/rubio que apenas había empezado a crecer recientemente.

Wood miró embelesado la imagen, sin acostumbrarse a la belleza que emanaba su mujer y su pequeño hijo, quien mamaba hasta saciarse mientras Katie le miraba con una pequeña sonrisa dibujada e sus sonrojados labios. ¡Merlin! Ella era tan hermosa…tan preciosamente suya. Extrañaba tanto hacerla suya, tenerla entre sus brazos…

-Wood…-murmuró ella apenada al sentir la mirada devoradora del hombre. El parpadeo varias veces saliendo de su trance y, apenado, se ofreció a dejar al niñito en su cuna, cosa a la que ella accedió sin decir nada más. Se dirigió a la habitación del pequeño y lo acurruco en su cunita, besándole la frente y tapándolo muy bien con su frazada ornamentada en los colores de Gryffindor. Su pequeño leoncito. Sin duda aquel bebito sería el primero de su pequeño equipo de Quidditch que siempre había soñado, claro, en un futuro no tan cercano. Todavía debía hablarlo con Katie, ademas, ninguno de los dos deseaba seguir yendo demasiado rápido. Las cosas iban despacio, para bien o para mal. Quizás era simplemente lo mejor.

Llego de nuevo a su habitación, donde la encontró tranquilamente dormida apoyada en su costado derecho, apenas envuelta por la manta. Wood suspiro con ternura al ver que apenas se removía en sueños, inquieta como siempre. Con lo tranquila y relajada que llegaba a estar ella entre sus brazos, después de estar juntos. Aunque eso sí, alguna que otra patada de ella ya le había tocado desde que compartían lecho. Era parte de amarla, y había aprendido a reírse de aquello. La tapó bien, aprovechando para acariciar su tersa pierna expuesta, besando dulcemente su hombro, jugueteando inocentemente con el fino bretel del pijama, haciéndola reír suavemente. Él sonrió contra su piel, aliviado de que no estuviera enfadada.

-Lo siento, Oliver- comentó ella adormilada y culpable, aunque contenta de tenerlo a su lado. Extrañó tanto el calor que emanaban sus dos cuerpos envueltos en una misma cama, acurrucados.

- ¿Qué sientes, preciosa? Mírame, ¿Parezco molesto o fastidiado? Katie, te amo…Y seré feliz con lo que tu puedas y quieras darme…No llores, amor- pidió el abrazándola contra su pecho protectoramente, mientras ella trataba de tranquilizarse.

-Es que…Ya no soy la misma, Wood, yo también te extraño, pero… ¿De verdad me amas? - pregunto ella entre sollozos.

-Más que a nada…No llores, princesa. Durmamos, ¿sí? - pidió él besándola en la frente, mientras ella asentía relajándose entre los besos y caricias dulces de su marido-. No me gusta verte así, Katie, ni quiero que lo estés por mi culpa…-susurraba él mientras ella empezaba a quedarse dormida. Arrullándola, terminó por quedarse dormido, agradeciendo que Oliver no se despertase en toda la noche.

 

 

 

Hermione Jean Granger, como siempre, se había quedado hasta tarde en la sala común haciendo deberes, pues a pesar de todo, seguía siendo la misma alumna modelo de los años anteriores. Se encontraba sola debido a que tanto su chico como sus amigos habían llegado agotados de la practica Quidditch, yéndose directamente a dormir tras despedirse de ella y desearle buenas noches. Crookshanks era su única compañía, y eso que el gato mimado también dormía tranquilamente al lado de su cariñosa ama, quien lo acariciaba de vez en cuando mientras escribía en sus pergaminos. Ya era de madrugada cuando decidió que era hora de dormir también, y entre bostezos llego a su habitación, donde esperaba poder caer dormida tan solo al tocar el colchón. Pero antes de que pudiera proceder a ello, Ginny salto de su cama con cautela de no hacer ruido y le indico cerrar el dosel de la cama para, tras un muffliato, poder hablar bien, o sea, tendría que esperar un rato para dormirse.

-Herm… ¡Merlin! Bueno…Es que me da pena, pero…-empezó a decir la pelirroja atolondradamente.

- ¡Tranquila, Ginevra! Respira. No te avergüences, ¿Cuándo te ha dado pena antes contarme tus cosas?

-Desde que hay que contar…-replico Ginny todavía algo nerviosa. Hermione casi pudo ver su sonrojo a pesar de la penumbra-. Veras, a tu amiga se le ocurrió la genial idea de ir a ver su novio en las duchas aprovechando que él suele ducharse hasta al ultimo para quedarse a solas en el vestuario…

- ¿Harry y tú…? - preguntó anonada. Sabia que eran cercanos y que lo raro es que siguieran vírgenes a este punto, pero igual le tomó por sorpresa.

- ¡No! Bueno, casi, pero no. La verdad es que de no ser por el riesgo a que en cualquier momento Ron entrase a buscarle o que preguntasen por nosotros, probablemente tendría más que contarte…Pero el sentido común nos ganó… ¡Y de verdad lo agradezco! Herm, ¿Tendrás de causalidad poción anticonceptiva? Por si acaso llega a pasar algo de nuevo…

-Yo…Si, espera-fue a buscar el frasco que su cuñado, George, le había dado en aquel vistazo en la madriguera-. Aclaro, no la he usado, Ginny…

-Lo sé, Herm. Pera bien o para mal, sabré cuando tu y mi hermanito avancen, pues estamos en las mismas de que tú eres lo más cercano a una hermana que jamás voy a tener. Y por ello, te cuento hasta lo que preferirías no saber…

- ¿Tu mamá y tú ya han hablado al respecto? Ya sabes…sobre sexo y precauciones…

-Desde que tuve a mi primer novio. Claro, jamás pensé a cruzar esa línea con Michael ni con Dean. Ambos son amigos, mas nada más que eso. En cambio, con Harry…-suspiró enamorada, sonriendo bobamente para gracia de Hermione-. ¡Ey! Yo no me burló de como te pones con mi hermanito…Que por cierto, por algo George tomo la sabia decisión de regalarles algo de pócima anticonceptiva, ¿o no?

- ¡Ginny! - regaño sonrojada, pero risueña. La pelirroja reía bobamente, feliz de saber que su hermano por fin se había dado cuenta de lo mucho que amaba a Hermione. Y, ¿Quién sabe? Quizás más temprano que tarde serian hermanas políticas...

- ¿Qué procedió con la chica del bosque? ¿Y qué hacían en el bosque? Eso nunca lo explicaron…

-La chica se llama Astoria Greengrass, y diferencia de la hermana, parece un amor de persona. Estábamos de paseo, solo eso…

- ¿De paseo? ¿En el bosque? ¿Dónde NO HAY NADIE? Si fuera mi madre, les regañaría por ser tan descuidados. Pudieron cazarlos…PERO, no soy mi madre. Y te digo de una vez que yo soy la reina antes de que me crea a que aquel fue un paseo inocente…

-Pues serás la reina, porque eso fue. Un paseo que terminó en drama…Pero al menos está bien. Es lo importante- "y que no dijo nada" pensó ella para sus adentros.

-Si como no, te creo, mentirosa. Pero la gente hace mal creyendo que los fogosos somos Harry y yo, QUE SI, pero no somos nada comparados a Ron y tú…Después de todo, los que se pelean, se desean, y tu Ronnie peleaban mucho los años anteriores…Sabre yo que se desean-comentó al final con una sonrisa malvada, tomando a Hermione desprevenida.

- ¿De qué hablas, Ginny? - pregunto nerviosa y confundida.

-Pues, dejémoslo en que hablas dormida…

-… ¡GINNY!

Ambas chicas siguieron hablando entre risas toda la noche, a pesar del cansancio y que el tiempo se pasaba, seguían emocionadas y alegres de poder hablar bien después de días ajetreadas. Y la mañana siguiente, cuando las vieron a ambas con ojeras pero contentas, supieron que ambas habían tenido una entretenida y hermosamente ordinaria, noche de chicas.





Antes que nada, y mejor tarde que nunca, ¡Feliz Navidad!
Gracias a todos los que han comentado, a los que han dado favoritos y en general han apoyado a esta historia, de verdad les deseo lo mejor estas fechas. Un abrazo en especial a Azu y Nicki, por todo su apoyo tanto en esta como en otras historias. Besos desde México <3




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