Historia al azar: LAS MEMORIAS DE LUNA LOVEGOOD
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19 años después » Cita… ¿Cita? ¡Cita!
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Cita… ¿Cita? ¡Cita!

- ¿Por qué accedí a esto? - se preguntó Katie más para sí misma que para el castaño a su lado, quien encarno una ceja ante el comentario de la chica.

Ambos se encontraban en un parque cercano a su casa, contemplando el bello paisaje que el otoño había traído consigo, paseando al pequeño Oliver en su carriola. Cualquiera que no conociera sus circunstancias actuales, pensaría que tan solo eran una joven pareja paseando a su bebe, jamás pensaría que ellos estuvieran en malos términos.

-Vamos, Katie. Si quieres me voy…-comento Oliver con un dejo de tristeza. Ella no pudo evitar sentirse mal al ver la tristeza en su semblante, así que antes de que pudiera irse lo detuvo del brazo, tomándolo por sorpresa.

-No. Tranquilo es solo…es tu tiempo con Oli. Nuestro tiempo con él, ¿verdad, mi amor? - dijo ella mirando al pequeño con dulzura. Sus enormes ojos mieles miraban todo con curiosidad, enterneciendo ambos jóvenes.

- ¿Segura? - pregunto algo temeroso. Ella asintió sin pensarlo. Él bebé entonces empezó a llorar, alarmando a Wood, quien pese a tener buena mano, todavía no sabía del todo como tratar a un bebé. Ella se sonrojó sin poder evitarlo, pidiéndole que se calmara.

-Es solo que a esta hora le toca comer, tiene hambre- explicó mientras tomaban asiento en una banca. Ella cargo al bebito y cubriéndose empezó a amamantarlo.

Katie no había encontrado el momento adecuado para hablar con él sobre su separación, después de todo, las cosas no eran tan fáciles como solo irse de la casa y ya está, no con un acta de matrimonio de por medio. Pero a la vez sabía que el castaño no accedería tan fácil, cosa que no sabía del todo si le alegraba o agobiaba. Quería resolver las cosas de una buena vez. Wood también deseaba hacerlo, claro, por un medio distinto al que ella imaginaba. Él deseaba estar con ella, besarla, tenerla nuevamente entre sus brazos. La quería como mujer, como su mujer, la madre de su hijo, la dueña de todo su ser…

-Te amo, Katie…-murmuro el de forma audible, mirando embelesado como acomodaba al bebé en la carriola. Esto tomo por sorpresa a la rubia, quien se giró a verlo sin evitar ver a sus ojos, los cuales demostraban arrolladora honestidad en sus palabras.

-No me digas eso- rogo ella con simpleza, tratando de huir de la mirada de aquellos ojos mieles.

-Dime que no me amas y prometo dejar de hacerlo…

-No me pidas eso- volvió a pedir. Wood la tomo del mentón, obligándola a verlo directamente. Su ojos eran difíciles de descifrar, a diferencia de su mirada de perdido enamorado. Era tan hermosa…

- ¿Me amas? - volvió a preguntar, algo temeroso de conocer la respuesta. Ella no pudo mentirle, no viéndolo así. Wood no pudo resistirse y se acercó de a poco a su rostro, y al ver que no se apartaba se animó a besarla como tanto había deseado desde varias semanas. Fue un beso tierno y dulce, pero no por eso menor en significado. Al acariciarle la mejilla, Oliver se percató que estaba húmeda por las lágrimas que empezaban a desbordar sus ojos- ¿Por qué lloras? - pregunto algo angustiado, con tanta ternura que hasta el mismo se sorprendió.  Le beso la frente y los parpados, mientras ella se abrazaba a él.

- ¡Tú por qué me haces esto! - sollozo ella, furiosa, pero sin soltarlo-. ¿Por qué eres así conmigo ahora? ¿Por qué no fuiste así antes? ¿Por qué justo cuando por fin decido hacer algo por mí misma vienes tú a querer confundirme? ¡Claro que te amo! Pero no es suficiente. Prometimos estar juntos, en la salud y enfermedad, en la felicidad y en la tristeza… ¿Tú crees que yo tenía planeado quedar embarazada a los 19? ¿Crees que no me afecto saber que todos nuestros planes se irían por un tubo? Bueno, ¡más bien mis planes! Me sentí tan sola, y no solo hablo del parto que te perdiste, en general, como si tu estuvieras molesto y créeme, al menos tu no tenías que cargar el peso de las consecuencias en tu vientre. Porque así lo llamaste, consecuencia, como nuestro matrimonio…

-Lo siento tanto, Katie, no tienes ni idea…- Wood estaba desesperado, no quería perderla-. Se que actúe mal, lo sé, y no sabes cómo me lamento no haberte tratado como merecías. La situación me supero, ¿Sí? Se que no es una excusa, de hecho suena hasta ridículo al lado de lo que tuviste que haber sentido, pero fue lo que paso. Pero te juro que tú y Oli son lo mejor que me paso, ¿sí? y no quiero perderlos, no quiero perderte…Renuncio a lo que quieras- ella se sorprendió al escucharlo decir aquello-…ningún trabajo, ningún partido, es más importante que ustedes, y créeme que no me quiero perder más momentos importantes…

-No digas eso, Oliver. Tu jamás me harías renunciar a mis sueños, ¿me crees capaz de pedirte que renuncies a todo lo que te ha costado conseguir? No me estas escuchando entonces, pues jamás...

- ¡Me pediste que renunciara a ti! - exclamo con la voz rota-. A lo que más me ha costado tener a mi lado…lo que me sigue costando mantener a mi lado. nada me hizo más feliz, Katie, que el día en que aceptaste a salir por primera vez conmigo…y nada me ha hecho más infeliz que verte llorar y que sea por mi culpa, que no poder besarte o tenerte entre mis brazos…

Esta vez fue Katie quien lo beso, con todas las emociones que sentía haciendo una tormenta en su interior. Fue largo e intenso. Se separaron tan solo por falta de aliento, pero siguieron unidos por el abrazo que la rubia había conseguido al rodear su cuello con sus brazos.

-No te hare renunciar a nada. Jamás ha sido mi intención. Solo quiero que nos pongas por encima de las otras cosas. Porque yo hago eso, por eso no puedo herirte, no quiero…-suplico ella volviéndole a besar.

-Lo juro, lo juro…-murmuro el entre besos. Ella se sentía en paz, cosa que no sentía desde que vio a su pequeño bebe por primera vez en sus brazos. Todo estaría bien.

-Pero es tu última oportunidad, Wood. No pienso volver a llorar por ti…

-Ni yo hacerte llorar, Bell. Ahora, ¿Qué te parece si seguimos con nuestro día familiar? - dijo al notar la mirada curiosa de aquel pequeño de ojos miles. Katie rio sin poder evitarlo. Su adorado bebito, pensaron los dos. Los tres eran una familia. Eso nada lo iba a cambiar.

 

 

 

-Drey, esto es ridículo…

-Shhh. Calla Phee. No es ridículo…

-Son un par de ridículos…

Audrey no había salido de su departamento desde que aquella noche con el pelirrojo. Salir implicaba poder encontrárselo, o en el pasillo de enfrente, o en el vestíbulo…en cualquier lado. quería postergarlo hasta que fuese estrictamente necesario, o sea, el lunes en el trabajo. Aun no tenía fuerza de voluntad para verle. No si con tan solo mencionarlo evocaba en memoria el recuerdo de sus manos recorriendo su cuerpo, sus labios sobre los suyos en un beso apasionado…si, quizás debiese cambiar de trabajo. No lograría concentrarse tan fácilmente con él a unos metros de distancia.

- ¿Un par? - pregunto Audrey notando el detalle.

-Él también ha estado más raro que de costumbre. Claro, no esperaba que el motivo fueses tú. Entonces, si yo no hubiera llegado, tú y él…

- ¡Si! - corto Audrey algo sonrojada. Phoebe rio sin malicia pensando en aquello-. ¿Qué? - se quejó avergonzada.

-Nada, no me rio de ti, es solo…no me imagino al prefecto perfecto de Percy Weasley teniendo sexo casual con su compañera de trabajo, que aparte es su vecina…- dijo con incredulidad-. Pero claro, teniéndote a ti como vecina, era cuestión de tiempo…

-O sea, ¿Qué a mí sí me tienes bajo la imagen de alguien capaz de tener sexo casual con un vecino, que aparte es mi compañero de trabajo?

-No tiene nada de malo. Ademas, no te hagas la inocente, solo a ti se te ocurre bajar en camisón por la correspondencia justo cuando sabes que Percy iba por la suya, ¡y eso que la tuya llegaba días antes! - Audrey sonrió de lado, con cierta malicia.

-No me iba a arreglar nada más para ir por el correo muggle…

- ¡Cínica!

La castaña rio ante el tono empleado por su amiga, mientras tomaba un sorbo a su café. Ella sabia bien que no era intachable, y aquello le ocasionaba gracia.

-Ademas, no es tan prefecto perfecto si pasaba el rato con la italiana esa…-comento con mordacidad. Phoebe encarno una ceja.

- ¿Donna Bianchi? - pregunto Phoebe recordándola. Según ella y su inocente mente, solo iba a tutorías del idioma. Y prefería seguir pensando eso para poder ver a la cara a su estirado amigo pelirrojo.

- ¿Si es cierto? - pregunto Audrey sin evitar sonar algo irritada-. Y yo que tan solo lo decía jugando…

- ¿Celosa, Drey?

-Para nada, Phoebe. Curiosa es la palabra. Resultaba predecible- se lamentó por sonar poco convincente. Quería golpear algo. Su sangre ardía y deseaba salir y dejarle en claro a aquella mujer que… ¿Qué realmente? Era estúpido si lo hacía. No eran nada. De hecho, si llegaban a ser algo, serian amantes. Pobre Ed…

-Si, como no…

- ¿Cuál prefieres? - dijo mientras hacía levitar dos vestidos desde su armario, haciéndola entornar sus ojos. Y había cambiado de tema…

-El rosa, ¿A dónde vas tan arreglada? - pegunto curiosa. Audrey se fue tras el biombo que tenía, para poder seguir hablando con ella y no perder tiempo. 

- ¿Recuerdas el trabajo que la odiosa de Adelaide D. me encargo de último minuto? - Phoebe asintió, sin entender la mención-. Bueno, me cito para discutir sobre ello…

- ¿Un sábado?

-Hay gente sin vida social a la cual no le importa trabajar los sábados, entre ellas yo en este momento- comento con desinterés saliendo. Se coloco sus tacones y se apresuró a acomodar sus cabellos en una sencilla media cola. Lucia preciosa, como siempre que se esmeraba. Pero le alegro que Phoebe se lo corroborara.

- ¿Ustedes dos y quién más?

-El líder del departamento de comercio internacional- comento desinteresadamente mientras se rociaba un poco de perfume tras la oreja. Escuchó la risa de su amiga, tomándola desprevenida-. ¿Cuál fue el chiste?

-Nada, recordé algo…

-Ajam, miénteme. Yo solo quería reírme contigo…

- ¡Que dramática eres!

-Claro, sin drama la vida aburre. Y si me niegas la risa…

-Nos vemos, reina del drama. Diviértase en su junta laboral…

-Diviértase usted, mala amiga, con su papeleo- respondió imitando el tono solemne, riendo así ambas antes de, por fin, ir cada una a su destino.

Ella se dirigió a su destino, sin evitar mirar de reojo como Phoebe charlaba con aquel extraño sujeto que parecía un par de años menor que ella en el vestíbulo. ¿Le está coqueteando? Pensó al verla acomodarse "distraídamente" su cabello. ¡Qué cosas! ¿No? En lo personal no le parecía nada atractivo, pero para gustos, colores. Luego indagaría bien en ello. Tenía asuntos por atender.

Llego a el café donde la había citado. No tardo en ubicar la mesa donde le esperaban, después de todo, ya conocía al líder del Departamento de Comercio, solo que distraída en sus pensamientos, lo había olvidado. Curiosamente, quien la había distraído era justamente el mismo que yacía sentado conversando cordialmente con una mujer rubia que, apostaría lo que fuera, era aquella importante Adelaide D.

Percy Weasley, ¿Por qué, Merlin, por qué? ¡Estúpida, Phee, con que eso era!

Pero antes muerta que dejar que el notase su vergüenza. Tarde o temprano iba a ocurrir, ¡y al mal paso darle prisa! Después de todo, debía aprender a ser profesional…

 En especial si piensas seguir enredándote con compañeros de trabajo…

¡Maldita conciencia! ¡Ella no era así! Concéntrate, Audrey, concéntrate…

 -Buenos días, lamento tanto la tardanza. Audrey Hart-Addair, un gusto- se presentó amablemente, tratando de huir de la mirada celeste de Percy, quien pareció atragantarse el solo de la impresión al verla.

Tanto rato huyéndole como para encontrársela ahora, en una situación completamente ambigua, con ella tan hermosa y altiva como siempre. Noto receloso como muchos hombres en la sala le miraban embobados, ¿Cómo culparlos? Pero igual se sintió furioso. Deseaba sacarla de allí y tenerla a solas otra vez, por más que eso tentara sus principios. Pero no, estaban trabajando. Debía limitarse con contemplarla como el resto.

-Adelaide Dumbledore, el gusto es mío. No se preocupe, como le decía al señor Weasley, es mi culpa por citarlos de improviso un sábado. Tampoco lo tenía planeado, pero estos últimos meses todo ha sido un caos, como ya han de saber…

-Yo no sé tanto- comento Audrey distraídamente, haciéndole reír. Percy sonrió sin poder evitarlo, parecía que ella no tenía filtro, pero siempre resultaba encantador.

-Claro, usted no es de aquí, no tiene por qué. Lamento tanto involucrarte en esto, pero la señorita Bianchi todavía batalla con el idioma y Lestrade, el líder en si del departamento, todavía se encuentra en delicada salud, fue Kingsley mismo quien me condujo a usted…

-…Y me halaga, señorita Dumbledore- dijo todavía impresionada por el apellido. Dumbledore, según su humilde saber, no era un apellido común, y cuando se hablaba de magos solo conducía a una familia. ¿Pero qué parentesco tendría ella con el emblemático mago? Ella solo le sonrió.

-Señora Dumbledore, de hecho, pero llámenme tan solo Adelaide, por favor. Lamento ser inoportuna, pero me dio la impresión, ¿se conocen de casualidad? - pregunto con curiosidad, tomándolos por sorpresa. Ella sonrió, traduciendo sus gestos a un "si", sonrisa que termino en risita al escuchar las atropelladas respuestas.

- ¡Si/No! - dijeron los dos a la vez- ¡No/Si! - parecía que no se ponían de acuerdo, contradiciendo al otro-. Somos vecinos, pero evidentemente apenas nos topamos en el trabajo- concluyo el pelirrojo mientras Audrey asentía efusivamente, apenas picoteando la tarta que había pedido. El pelirrojo tampoco parecía tener apetito, cosa rara en él, pues n lo poco que lo conocía se había topado con un estomago andante.

- ¡Que bien! Entonces, supongo, no les será difícil lo que les pediré…No es mucho, y aunque sé que se sale un poco de lo que les corresponde, como parte del Departamento de Regulación de Criaturas Mágicas, necesitaba el aporte de ambos departamentos, comercio y ley, antes de presentar el informe a el ministro…Ya saben, es cruel e inhumano lo que les hacen a esas criaturas por sus lágrimas…

-Desde luego, y no se preocupe, de hecho Audrey y yo ya llevábamos algo sobre ello, ¿tiene un plazo? - Audrey rogo para sus adentros que no fuese el lunes.

-Cualquier día de la semana, no hay prisas realmente. La que tiene prisas soy yo, mi traslador me espera, ¡Merlin, que pronto se calmen las cosas! - comento algo apurada.

-Que así sea- pidió Percy de igual forma, algo distante. Ella se limitó a asentir, después de todo, no tenía gran cosa que decir.

-Los dejo, y no se preocupen, yo invito, ¡y no me miren así! es lo mínimo que puedo hacer por hacerlos trabajar un sábado de golpe. Véanlo como un gesto de gratitud- ambos terminaron por sonreír, después de todo, ella lucia muy alegre a pesar de que estaba contrarreloj-. Los dejo, tengan un excelente día, y gracias, de verdad.

-No hay de que, lindo viaje- se despidió Audrey dulcemente, al igual que Percy. Una última sonrisa de aquella rubia de ojos verdes, antes de que partiera dejándolos solos, sin imaginarse las circunstancias de ellos dos. Los dos se sumieron en un profundo e incómodo silencio, sin saber que decir o hacer ademas de terminar con lo que habían pedido. Como siempre, fue Audrey quien decidió tomar las riendas de la situación.

-Hubiera preferido que fuera una maldita para poder quejarme de ella por hablarnos un sábado, pero Adelaide parece ser un amor. ¿Qué relación tiene con los Dumbledore, tu que lo sabes todo? - Percy agradeció que ella rompiese aquel incomodo momento con su curiosidad y voz relajada.

-Ni idea, pero no creo que sea directa a Dumbledore, después de todo, es casada. Seria, en todo caso, su marido…

- ¿Ya la conocías? - pregunto con atisbo de celos, tomándolo por sorpresa. ¿Qué? Adelaide era hermosa, con su rostro y carácter angelical y su buen vestir. Centrada, probablemente millonaria a juzgar a la enorme piedra rojiza en su collar, ¿Cómo no arriesgar su puesto por ella? Claro, su mente creativa e impulsiva olvido el hecho de que Percy parecía tener principios y Adelaide era casada, y por la mirada de enamorada que tuvo al corregir el señorita por señora le hizo saber que probablemente era feliz. Nadie tan joven tomaba bien que le dijeran señora.

-Algo así, ya sabes, con un apellido como ese te vuelves o muy conocido o muy irrelevante. Ella siempre busco lo segundo…pero su amabilidad siempre fue muy notable. No me sorprende que este peleando por la gente del agua, y espero que su influencia le ayude en su cometido…

-Ojalá…-dijo ella también, algo distraída-. Mira, yo quiero que nos llevemos bien, ¿sí? Vivimos al lado, trabajamos en el mismo piso y pareciera que todo se acomoda para que no dejemos de vernos. Centrémonos en llevarnos bien y ya está, lo último que quiero es que…- empezó a explicar torpemente, hasta que él le detuvo tomándola de la mano por sobre la mesa. Ella se sonrojo débilmente, pero supo al instante que aquello había sido un gesto más tirando a lo amistoso.

-Tranquila, Drey. Creo que es lo mejor. Gracias, ¡Merlin! - exclamo aliviado, haciéndola reír.

-Y ahora, vecino, ¿Qué le parece si se queda un rato más a acompañarme? Después de todo, hay que llevarnos bien…-comentó insinuantemente, pestañeando con coquetería sobreactuada. Percy negó divertido.

-Eres increíble…

-Lo sé, ¿verdad? Eso que toca teniendo por compañera a la reina del drama…Nunca te aburrirás…

-Eso me temo- ella rio, antes de seguir con su "junta laboral".

 

 

 

- ¿A dónde nos trajiste? - pregunto Draco curioso. Astoria sonrió, viendo con ternura la expresión confundida de el rubio. Ella se limitó a tomarlo de la mano y guiarlo por el paisaje otoñal. Se encogió de hombros.

-Solo sé que es muggle, espera…- dijo ella mientras sacaba algo de su bolso. Eran un par de galeones. Los alzo en el aire y tras unos murmullos, al caer en sus manos, eran monedas extrañas para el rubio-. Dinero muggle. Solo por si acaso- explico ella guardándolo de nueva cuenta en el bolso. Él miro entre el asombro y la vergüenza-. ¿Todo bien?

- ¿Dónde aprendiste eso? - pregunto tranquilamente.

-Thalia me enseño- comento con cautela, mirando a otra dirección. Para Draco fue como una puñalada de culpa, desde luego que había sido ella-. Y como es sin varita, McGonagall ni nadie se dará cuenta…

-Eres brillante…-comento impresionado, mirándola atentamente.

- ¡Me ofende ese tono de sorpresa! - reclamo ella "indignada", cruzándose de brazos y enseñándole la lengua infantilmente, antes de voltearse a darle la espalda. Él negó divertido antes de abrazarla desde atrás, tomándola por sorpresa. No se esperaba aquello de Draco.

-No es eso, es solo…ya sabes, la magia sin varita, en especial de transformaciones, es complicada…

-Algo, pero me gusta la materia, supongo que ayuda un poco a mejorar mis trucos- dijo ella con simpleza-. ¿Todo bien? - preguntó al ver que Draco seguía extraño. Él suspiro.

-Jamás fui tan buen mago, lástima que ya no pueda aprender trucos…-ella le acaricio la mejilla, y lo obligo a verla a los ojos. Que fácil resultaba herir su orgullo, pensó ella, mas no dijo nada. No quería molestarlo o deprimirlo. Quería hacerlo sonreír.

-No hablemos de magia, ¿sí? Me tienen harta las clases. Señor Malfoy, esto es un parque. Más o menos del tamaño de tu casa, pero es público, y es el mejor lugar que se me ocurrió para estar en el que pudiera orientarme…más o menos. Estamos en Londres, eso sí lo sé…-el rio mientras ella le daba un recorrido del lugar, cuando evidentemente ella tampoco tenía mucha idea de donde estaban. Incluso con ello, Draco la hubiera seguido hasta el fin del mundo con tal de escuchar su risa.

 Él la miraba embelesado, curioso de ver como ella parecía tan alegre, tan distinta a lo que él había conocido. ¿Por qué no se daba cuenta de quién era? Él, una paria, y ella, una joven hermosa que sin duda podría estar pasando el rato con alguien más digno de ella. Se sentía terrible, sabiendo que con cada abrazo o contacto, por más mínimo que fuera, su marca tenebrosa rozaba aquella piel blanca y pura. Se sentía peor al pensar en que pasaría si alguien los viese, su pobre Tori, terminaría igual o peor que él, ella no lo merecía, no merecía ese rechazo. No cuando ella en un dedo tenía más buenas intenciones y deseos que muchos en todo el cuerpo…Su Tori…

"No es mi, no puedo ser tan egoísta, debo actuar bien por una vez en mi vida…"

El problema es que Draco siempre había sido egoísta. Jamás le había importado actuar bien. Y él quería a Astoria. La quería…

-… ¿Te aburro, Draco? - pregunto ella con expresión y tono lastimero. No, no podía dejar de ser egoísta. No podía dejarla ir, menos si al mínimo pensamiento sobre ello ella reaccionaba así.

-Claro que no, Astoria…- ella arqueo la ceja, pero se encogió de hombros.

-Si tú dices… ¡Mira! -exclamo cuál niña pequeña al ver una ardilla, mientras apuntaba a la pequeña criatura que correteaba por los árboles. Ella rio al ver la expresión de Draco-. Ya, perdóname. Pero es muy linda, tan chiquita…pero mi atención está en ti- dijo haciéndolo sonreír al verla pestañear con coquetería.

- ¿No hay nada que no te guste? - pregunto curioso. Le parecía imposible que fuese tan alegre. Ella se detuvo, sorprendida por la pregunta, mordiéndose el labio a la hora de pensar. Draco tuvo que mirar a otro lado, pues aquella visión era tal que sabía que no tardaría a arrinconarla en algún lado y besarla con fiereza. Le quería dar una cita bien, normal para una chica de 16 años. Al menos en eso sería decente.

-No me gusta la música clásica. Es clásica por una razón, pero ¡Merlin! Mamá nos hacía practicarlas tanto que me fastidian. Por suerte yo nunca tuve la gracia de dominar un instrumento, pero Daphne…Todavía alucino con ella y su piano…- dijo ella como recordando algo que le ocasionase jaqueca-. ¡Ahhh! Tampoco me gusta la miel. Es muy dulce…

- ¿Daphne toca el piano? - pregunto sorprendido. Tantos años de amistad y no tenía ni idea de aquello. Ella asintió.

-Lo toca y es muy buena. Claro, también lo odia…

-…Eso suena más a ella… ¿y tú?

-Prefiero cuando toca lo que se le da la gana… ¡Más cuando se puede bailar! - dijo dando una vuelta con mucha gracia y estilo. Aunque claro, ella como buena aristócrata fluía en el mundo con aquello por naturaleza.

- ¿Te gusta bailar?

- ¡Claro que sí! Aunque nunca me han invitado a bailar, o un baile siquiera…ya sabes, yo iba en segundo año cuando hicieron el baile de navidad, y bueno, nunca conseguí ir a otros…- dijo en un suspiro, como si recordase algo-. Y a ti, ¿te gusta bailar?

-Solo lo he hecho en ese baile, la verdad, y más obligado que nada- ella rio sin poder evitarlo.

-Lo siento, es que las caras que pones…- Draco arqueo la ceja.

- ¿Te estas riendo de mí, Greengrass? - pregunto "indignado".

-De sus muecas, Malfoy. Deje de hacerlas y QUIZÁS me dejare de reír de usted…- comentó con picardía, jugueteando con ese inmaculado cabello rubio que por más que arremolinaba, volvía a su lugar. cualquiera se caería de bruces al ver a Draco Malfoy así, permitiendo que aquella chica jugase y coquetease tan descaradamente con él. Pero él jamás podría ser frio con ella, ni él era tan cruel. Mientras ella sonriera, podría ser con él lo que quisiese.

-Niña insolente- murmuró él atrayéndola a él por la cintura.

-Dos años, Malfoy. Solo nos llevamos dos años…-murmuro entre risas al sentirlo besar su cuello. Ella estaba tan feliz, y para los muggles que se encontraban allí tan solo eran un par de jóvenes acaramelados de su edad. No se imaginaban que, para los magos, aquello resultase repudiable. Pero es que, ¿Quién se imaginaria que aquella pareja ya había roto muchas reglas, con tal de darse una oportunidad? ¿Quién podía decir que aquello estaba mal?

 

 

 

- ¿Podemos quedarnos así todo el día? - murmuro Ginny mientras se acurrucaba en el costado de Harry, mientras este la cubría con una manta que hizo aparecer al sentirla temblar levemente.

Estaban en la sala común, acurrucados ante el fuego de la chimenea y aprovechando su soledad para poder besarse y acariciarse a gusto. Ginny reía suevamente al sentir las manos de Harry acariciar directamente sobre su piel, sin llegar a tocar nada "indebido". Él mantenía los ojos cerrados, sintiéndose como si flotara en litros de Amortentia. Adoraba estar así con su pelirroja, pues le hacía sentir paz, desconocida hasta entonces para él.

-Hoy haremos lo que tú quieras- declaro él mientras le besaba la frente. La pelirroja rio antes de montarse encima de él, para poder besarlo como tanto le gustaba hacerlo. Las manos de Harry acariciaban sus piernas por sobre el jean que traía puesto, mientras correspondía con entusiasmo el apasionado beso de la joven. Ginny era fuego, siempre apasionada y viva, cálida y reconfortante, capaz de incendiarlo vivo a él y quien quisiese, y lo peor es que ardería con gusto si el detonador eran aquellos tentadores labios rojizos.

-Te amo, Harry- suspiro ella acurrucándose de nueva cuenta sobre él, distraída al escuchar el firme palpitar en el pecho de este, quien en un gesto amoroso peinaba sus cabellos entre sus dedos-. Deberíamos quedarnos más seguido. Todos los sábados, por ejemplo…- él sonrió al escuchar aquello. ¿Cómo no amar el tiempo a solas con ella?

-No quiero acapararte…-murmuro él, tomándola por sorpresa.

- ¿Bromeas? Harry, después de navidad tan solo te veré los sábados. Hasta entonces, nada me hará más feliz que estar contigo…-y esta vez fue Harry quien comenzó con la apasionada sesión de besos.

 

 

 

Ron y Hermione se sentían extraños, siendo objeto de miradas poco discretas y murmullos evidentes por donde pasasen tomados de la mano. A pesar de ello, ambos estaban decididos a pasar el día juntos. De allí que se encontrasen la Tienda de Té de Madame Tudipié, local que aquel día no estaba tan lleno como en otras ocasiones.

Hermione miraba enternecida como Ron trataba de ser dulce con ella, llegando a ser algo torpe, pero de igual forma ella le sonreía encantada. Hablaban de cómo les había ido en la semana, después de todo, entre clases y tareas Hermione pasaba más tiempo entre libros que nada. Quizás el que debería estar así era Ron, pero en su defensa, le era más fácil concentrarse en lo que le decía ella que lo que dictaba un aburrido libro de estudios.

-Si quieres te ayudo con Aparición…-murmuro ella al oírlo hablar con temor sobre la prueba. No era miedo exactamente, pero después de perder ceja, uñas y parte de su brazo apareciéndose, le tenía respeto.  

-Gracias, Herm. Ya sabes, nunca he sido buen mago, me parece incluso extraño que me consideren como prospecto de auror…-ella lo detuvo acariciando el dorso de su mano sobre la mesa, tomándolo desprevenido.

-No empieces, Ron. Te mereces lo que tienes, y el que no te salgan algunas cosas a la primera no te hace mal mago, solo significa que debes esforzarte más. Y mientras yo pueda ayudarte, lo hare, como tú lo haces…

-Herm, ¿a qué te refieres? - pregunto confundido. Ella suspiro.

-Ron, a pesar de todos los altibajos que hemos tenido estos años, siempre me has cuidado por sobre todas las cosas. Y si bien es cierto que muchos de los peores dolores que he vivido han sido por ti, también es cierto que nadie me sabe consolar y hacer feliz mejor que tu…Incluso ahora que mis padres no están y debería sentirme tan sola por ello, tú me haces sentir bien…-Merlin, Ron no pudo más que besarla con todo el amor y ternura que sentía por ella. Tanto habían peleado en el pasado, tantos celos y disputas absurdas, cuando ella solo parecía demandarle cariño.

- ¿Sabes que no me cuesta, verdad? Yo a ti te amo, y jamás…

-Lo sé. Yo a ti. Mucho. Y estamos aquí para ayudarnos mutuamente, ¿sí? Como siempre…

-Como siempre…-aseguro él, mientras miraba con ternura como se sonrojaba al notar las miradas que su beso había atraído desde la ventana del local.



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