Historia al azar: Lost
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19 años después » Sábado
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Sábado

Angelina despertó, como de costumbre, antes del que el sol siquiera se asomara. A pesar de haber estado dormida hacia apenas unos minutos, se sentía cansada. Llovía afuera, cosa que pese a ser común en Londres, le resulto incluso molesto. Le dolían los huesos, en especial su maltrecha pierna, por más que eso le hiciera sonar como anciana.

¿Qué haría de su vida?

Esa pregunta no se le había cruzado en la cabeza desde hacia varios años, en sus años de Hogwarts, deseando siempre seguir con el Quidditch. Claro, ahora, eso era imposible. Si duras penas podía correr, ¿Cómo iba a tolerar un golpe en la pierna? Sin contar que, a los jugadores les ponen a entrenar duro, cosa que ella no podía hacer con tanta facilidad como antes. Y ella no estaba para sueños imposibles, jamás había sido así y jamás lo seria. Para eso estaban los gemelos Weasley…

Los gemelos. Fred. George…

Insistió, era absurdo aferrarse a imposibles. Fred no iba a volver. Ya no eran los gemelos Weasley, ahora era solo George. George

Una sonrisa boba se dibujo en su rostro mientras pensaba en él. ¿Por qué todo debía ser tan complicado? ¿Qué pensaría el de ella, tras todo lo ocurrido?

La quería, eso era seguro, la quería y mucho. Eso ya era algo bueno. Se sentía a ese punto de su vida incapaz de vivir sin el cariño de sus amigos. Claro, que de George anhelaba más que su cariño…

Se sentía una egoísta por ello. El pobre debía tener muchas otras cosas por la cabeza ahora que estaba manejando el negocio solo, mas porque eran dos debido a los meses de escasez entre los magos. Ella sabia que el era fuerte, desde luego, pero también sabia que ya no era el mismo. Ella misma había cambiado. Podía asegurar que todos lo habían hecho esos últimos meses. Pero ya era muy debatible si alguien había sufrido como lo había hecho su pelirrojo…

Ese día no trabaja en la tienda. Había pasado la noche anterior donde sus padres, quienes deseaban verla desde hacia semanas. Se sentía feliz de verlos sanos y salvos, felices. Se encontraba también algo nostálgica estando en su antigua habitación, llena de banderines de Gryffindor, fotos y correspondencia tirada.

Contempló la foto de ella y Fred en el baile de navidad de su sexto año, sonriendo sin poder evitarlo.

George siempre fue le más tranquilo de los dos, aunque eso fuera como decir que era el enano más alto, pues ambos eran un caso. Y quizás esa era la razón por la que jamás lleno a sentir nada por Fred, nada romántico. Con George, en cambio…

Suspiro. Debía enfocarse.

-Mi niña- llamo su madre sacándola de sus pensamientos-. ¿Todo bien? Tu padre y yo porque trabajamos, pero tu podrías seguir dormida…

-Estoy bien, mamá. ¿Ya desayunaron? - preguntó bostezando. La mujer rio, como extrañaba a su niña. Desde los once se limitaba a verla en las vacaciones, y una vez graduada, la guerra acecho. Todavía recordó el miedo arrasador que le invadió cuando se dio cuenta de que no estaba en su casa, si no peleando durante la batalla de Hogwarts, muy lejos de su protección.

-No, baja con nosotros. Sirve que comes bien…

-Como bien- se defendió ella. La mujer rio antes de sonreírle.

-Ya lo sé. Pero igual, a tu padre le gustara. ¿Todo bien en tu casa? ¿Te hace falta algo? - pregunto algo angustiada, haciéndola suspirar.

-Mamá, vivo sola desde que me gradué…

-Ya se, pero siempre serás nuestra niña- dijo ella dulcemente. Angie se limitó a encogerse de hombros.

-Los quiero. Ya bajo.

Angelina trenzo su cabello como solía hacerlo hacia años. Bajo y paso la mañana junto a sus amorosos padres, antes de partir. Decidió pasar por el colorido callejón Diagon, a comprar alguna que otra hierba en La Botica de Slug & Jigger, después de todo, recordaba algunos remedios para el dolor de sus clases de Herbologia. Era una suerte que Thalia se empeñase tanto en esa materia, pues si fuera por ella.

-Buenos días- saludo ella amablemente, solo para encontrarse con que no había nadie en el mostrador. Pero estaba abierto y había gente dentro. Probablemente estarían en la bodega. Se adelanto a los estantes. ¿Por qué todas le parecían iguales?

-Descurainia Sophia, ¿Dónde estás, maldita sea? - murmuro con molestia.

-Aquí. Es esta, ¿planeas hacer poción multijugos? - escucho la voz de George tras ella, provocando que saltara del susto.

-No, solo… ¿Qué haces aquí? - pregunto confundida, algo avergonzada por su reacción, sin contar el hecho de que no estaba lo mejor arreglada posible, con sus trenzas revueltas y ropas sencillas.

-Vine por ingredientes para un nuevo producto, el que exploto la otra vez de hecho, lo recordaras. Evidentemente le falta un poco, y digo, este lugar esta a unas cuadras de mi casa. La pregunta es, ¿Qué haces tú aquí, siendo que vives al otro lado de la cuidad, si no es para una poción?

-Solo necesito un cataplasma, eso es todo… - dijo ella quitándole importancia.

- ¿Estas bien, verdad Lina? - pregunto con un dejo de preocupación.

-Si, no te preocupes, estoy perfecta, ¿acaso no se ve? - dijo con fingida arrogancia. Él sonrió de lado.

-De eso cabe no duda, Angie…

-… ¿Y de que va tu nuevo invento, si se puede saber? - pregunto curiosa. Él miraba enternecido aquellos enormes ojos oscuros que brillaban con curiosidad, mientras pestañeaba con cierta coquetería, siempre natural en ella.

-Es sorpresa, Lina- ella le miro con reproche, haciéndolo reír.

-No es justo, Georgie, ¡me dejas con la duda!

-…Como tu ahora, sin decirme que te ocurre…

-Entonces, supongo que ya ganaste- admitió ella, haciendo que el frunciera el ceño. Normalmente aquello funcionaba para sacarle los secretos a la gente. Claro, Angie siempre había sido más intuitiva que el resto. Tantos años con los gemelos habían hecho que no cayese tan fácil-. ¿Sigue en pie lo de ir a tomar algo?

-Después de usted-dijo el galantemente, abriéndole la puerta y tomando las bolsas de ambos con la mano libre. Ella rio mientras avanzaban a la heladería de Florean Fortescue.  No era la primera vez que iban allí, pero si seria la primera vez que no lo hacían con amigos.  Eran solo ella y él, casi una cita. ¿Alguna vez habían tenido una cita antes? No una normal, al menos…pero no podía negar que le gustaba, en especial cuando notaba su mirada atenta en ella, como si no hubiese nada mas a su alrededor. Era lindo estar así con él, a pesar de todo. Lástima que todavía podía ver la tristeza que se teñía en sus ojos cada que mencionaban algo del pasado, su pasado con Fred. Quizás era algo nuevo que debía aprender a querer en él, la melancolía constante en su mirada.

 

 

 

Era sábado. Era salida a Hogsmeade. Y todos tenían sus propios motivos para estar emocionados.

Astoria, por ejemplo, la posibilidad de ver a Draco, claro, si sus cálculos eran correctos y la suerte le acompañaba. ¿Qué? Ella se consideraba asimisma como alguien afortunada a su propio modo. Seguía viva, por ejemplo. A veces pensaba que solo aquello ya era motivo para sentirse optimista.

Claro, no todos pensaban así, como Neville en ese momento.  Los chicos lo habían notado desde el momento en que regreso de su reunión con McGonagall, mas no habían conseguido sacarle respuestas. Ya cuando vieron que ni Luna o Ginny lo hicieron hablar supieron que por ahora no era el momento, quizás se encontraba pensando. De todos, ¿Qué tan grave podía ser? Igual y Neville se estaba ahogando en un vaso de agua y ellos preocupándose por nada. Si, era mejor pensar eso.

- ¡Aghhh, estúpida varita! - se quejó Hermione mientras desayunaban, llamando la atención tanto de su novio como de Harry y Ginny, después de todo, era raro verla tan fastidiada aun sábado por la mañana, mas insultar en voz alta siendo prefecta.

- ¿Sigues sin poder usarla bien? - pregunto Ron de manera algo obvia, pero no iba remarcarle aquello al pelirrojo, pues sabia que no tenía intención de fastidiarla.

-Jamás me ganare la lealtad de esta cosa. Tampoco es que quiera- comento ella mirando azorada la varita de Bellatrix Lestrange-. En fin, supongo que es una oportunidad de mejorar mi magia no verbal… ¿la Pettigrew no es tan necia?

-Considerando que de las tres varitas que he tenido solo una era mía, ya no es tanto problema usar ajenas- dijo Ron con simpleza-. Bueno, igual y durante las vacaciones podrías ir a Ollivanders, igual ya abrió para entonces…

-…Eso espero…

También iba a ser la "primera cita" de Ron y Hermione. Era raro que con el tipo de pareja que eran aquella fuera su primera cita, considerando que ya habían dormido juntos desde hacía tiempo, pero bueno, todas las relaciones de todos eran de lo más raro en ese momento, así que, ¿Qué más daba?

Ron veía de reojo a su novia, quien lucia aun más hermosa aquel día, provocando sus sonrisas y sonrojos. Hermione le había pedido ayuda a Ginny para elegir que usar, pues quería verse y sentirse linda, que Ron la viera linda. Muy para el pesar del pelirrojo, no solo él se percató de lo bella que lucia su chica, razón por la cual fulminó con mirada envenenada a aquel grupo de chicos que miraban de más a su novia, quien al notarlo le tomo de la mano por encima de la mesa, haciendo que olvidada su enojo al instante, nada era más importante que aquello en ese momento.

Ginny rodo los ojos mas no dijo nada, su hermano, aunque menos, seguía siendo el mismo idiota acomplejado. En parte la hacia sentir mal, pero sabia que en algo momento tendría que superarlo. Quizás Herm le ayudaría a ello…

-Harry y yo vamos a quedarnos aquí, chicos, asique no hay excusas, pasen una linda tarde…-dijo Ginny con desinterés, haciendo bufar a su hermano. Harry procuro evitar la mirada iracunda de este, mientras que Herm se sonrojaba un poco.

- ¿Y supones que esté tranquilo sabiendo que tú y él estarán solos en el castillo? - pregunto Ron malhumorado.  Ginny asintió descaradamente.

- ¿Qué? ¡Yo no te digo nada por irte con mi mejor amiga!

Decidieron dejarlo así, antes de discutir, para alivio del resto de alumnos y de sus parejas. En Slytherin los humores eran variados desde el desinterés a la euforia. Y luego estaban las hermanas Greengrass, quienes simplemente parecían tener la cabeza en otra parte, cosa que en realidad era cierto, cada una estaba allí y a la vez ausente. Pero eran distintas cuestiones las que las entretenían.

- ¿Por qué tan linda, Astoria? ¿Acaso hay alguien especial? - pregunto Flora bobamente, mientras que Hestia reía al ver el sonrojo en las mejillas de la mencionada. Ella, a su parecer, iba sencilla, con su minifalda a tablones negra, una blusa apenas ajustada blanca, un suéter largo gris y medias negras debido a que no hacía tanto frio como para ir totalmente cubierta ni demasiado calor como para ir con las piernas al desnudo. Quizás eran los tacones en sus botines, o el hecho de que llevaba el pelo ondeando libre y rebelde de sus usuales coletas altas, pero nadie le quitaba los ojos de encima. Resultaba hasta incómodo. Suerte que Weasley y Granger robasen miradas de igual forma, dándole un respiro.

Claro, al menos a ellas de una u otra forma se les conocía de antes. Ella, en cambio, era una novedad para todos. Siempre la habían eclipsado su bella hermana y amigas. Hubo un punto en el que hasta ella olvido que era bella. Pero, sinceramente, deseaba volver a su anonimato.

-Hermanita, ¿es cierto? - pregunto Daphne curiosa, hasta algo irritada.

¿Cuál es su maldito problema?

-No, Daph, simplemente quise arreglarme un poco, ¿Qué tal? - pregunto fingiendo timidez. Ella no hubiera salido así sin antes corroborar que luciera bien, e incluso lucia bonita.

-Bien para ser tú. A la otra si quieres te presto algo de closet, siempre tuve mejor gusto, más…menos…más acorde a lo que somos.

- ¿Chicas de 16 y 18 años? - pregunto ella haciendo reír a Zabinni y Nott ante su ocurrencia. ¡Ay que era distinta a su hermana! Esta bufo, en especial al ver que Theo se había reído.

-Herederas, Astoria. Parece que le robaste la ropa a una de ellas- comento Pansy harta de la muchacha, apuntando a donde Hermione y Ginny reían ante las ocurrencias de Finnigan-. Al menos, tu no luces ni como zorra ni como ardilla, ¿verdad? - todas rieron ante los gestos de ella, referenciando a los dientes y cabellos de estas, respectivamente. Astoria rodo los ojos y sin acabar siquiera su plato se levanto y se fue, dejándolas anonadas-. ¿Dije algo malo? Joder, tu hermana es…

-…es mi hermana, punto. Le gusta hacerse la brújula moral, eso es todo…- sentencio Daphne antes de que empezase cualquier comentario hacia Tori.

Quien ante todo, merecía estar allí para defenderse a como pudiera si iban a hablar mal de ella.

- ¿Quién es esa? - pregunto Seamus al verla salir, claramente embobado por el movimiento de su falda y sus largas piernas. Hermione rodo los ojos.

-Podrías al menos disimular, ¿no? Se te cae la baba-se burló Ginny, haciéndolo sonrojar-. Ni idea, no es de mi grado…

-Ni del nuestro- comento Hermione. No tenia nada que ver con Parkinson y su sequito. Parecía estar llorando. Ron no pareció notarla, demasiado distraído en su comida como para voltear a otro lado, y Harry…sabia el temperamento de su pelirroja, quien pese a no ser insegura, era celosa como sus hermanos. No iba provocarla mirando de más a una extraña de Slytherin, menos cuando la veía tan linda ese día.

- ¡Miren! Ahí viene Luna- exclamo el pelirrojo alegre, tomando por sorpresa a los demás, pues si bien sabían que la quería, jamás creyeron que se alegraría tanto. Ella al verlo decidieron sentarse donde Gryffindor, aprovechando que McGonagall no se encontraba y los prefectos de su casa no observaban. El resto del desayuno fue entre risas y charlas triviales. Sería un buen día.

 

 

 

- ¿Todo bien, madre? - pregunto Draco al verla distraída, mientras ella suspiraba.

-Claro, mi vida, solo…algo cansada. Hoy, hace muchos años, tu tía Andrómeda abandono la casa de mis padres, tus abuelos, para casarse con Ted Tonks. Fue un día terrible…-dijo con la mirada perdida, tomándolo por sorpresa. Ella jamás mencionaba a su tía Andrómeda, menos con tanta melancolía.

- ¿La extrañas? - pregunto curioso.

-No sé, no recuerdo. Pero me dolió que me dejara, nos dejara…

- ¿Cómo puedes no recordar que extrañas a alguien? -volvió a preguntar. Ella lo miro con ternura, más cuando este pareció avergonzarse de su propia curiosidad. Su pequeño.

-Han pasado muchos años. Ya me acostumbré, supongo. Tendría que verla, pero se que ella no me quiere ver, no tendría porque…-dijo con cierta pesadumbre-. ¡En fin! Estoy muy cansada, Draco. Iré a dormir un rato. Si quieres salir solo recuerda ir a lugares muggles, de preferencia alejados de donde pueda haber magos. Te quiero…

-También, mamá, descansa tranquila.

No supo como decirle que el no tenia ni idea de lugares muggles o de cómo moverse en ellos, pues probablemente ella tampoco tuviera mucha noción en el tema. Estaba encerrado allí, siempre.  El era un mago, o al menos eso fue. Ahora un simple hechizo podría condenarlo. La presión que esto le ponía sobre los hombros lo agobiaba. Odiaba esa casa, lo asfixiaba tanta oscuridad, tantos malos recuerdos.

Decidió entonces ir al jardín, quizás el único lugar que se salvaba de aquello. El lugar que curiosamente Astoria le había enseñado. Poco a poco lucia más vivo, más bello. Aquello le había resultado hasta gratificante, le distraía. Nadie que lo conociera se hubiera imaginado que terminaría así, pues ni el se lo creía. El sol apenas brillaba, pero los radiantes girasoles se acercaban a su luz. Era una suerte que se encontrasen en un invernadero, pues si no, no sobrevivirían al invierno. Le recordaban tanto a la castaña que le había robado el sueño, a quien también veía como algo que no sobreviviría a la frialdad, no alguien tan dulce. Ahora mismo nada requería su atención, así que se limitaba a contemplarlo todo con cierto anhelo, ¿Qué pensaría ella?

-…Bueno, bueno, al parecer le agarraste gusto a esto, ¿no, Draco? - el rubio volteo de inmediato, sin creer del todo lo que había escuchado. Pero en efecto, era la bella y cantarina voz de Tori, quien lucia radiante, simplemente hermosa. Parecía tan feliz de verlo.

Todo ocurrió con rapidez. Draco se abalanzo a besarla con ahincó, mientras ella correspondía con el mismo entusiasmo. Lo rodeo del cuello mientras que él la aferraba a si mismo, abrazándola de la cintura. Era apasionando todo aquello, distinto a todo lo que la joven había vivido hasta ese entonces. Entonces, cuando sintió su suéter caer al suelo y los labios de Draco abandonar los suyos para descender a su expuesto cuello, recordó aquello que se jactaba de saber su hermana.

A ti te gusta él, y a él le gusta tu cuerpo

No es que le creyera ¡para nada! Pero, sentía que aquello era demasiado por ahora.

Sin brusquedad le detuvo, y antes de que pudiera decir algo le dio un dulce y casto beso en los labios. Draco se sintió aliviado, después de todo, creyó que se había ofendido por sus actos, después de todo, oficialmente aun no eran nada y lo último que quería era hacerla sentir incomoda. Ella le sonrió, tímida de repente, mirando sus pies con interés.

-Lo siento, yo…- ¿de verdad se estaba excusando? ¡Él era quien debía estarse disculpando! Su pequeña, se veía tan linda sonrojada…

"No es tuya, no es nada tuyo aun" reprendió su conciencia de inmediato. ¿Por qué no podía tener algo de decencia y dejarla en paz? ¿Por qué no hablaba en vez de quedarse allí mirándola como idiota?

- ¿Cómo es que estas aquí? - pregunto una vez cayo en cuenta de que ella no debía estar allí. Ella le mostro el anillo, explicando a resumidas cuentas su función. Él la miro asombrado, era demasiado inteligente y astuta para su edad, quizás la única característica que justificaba que su casa fuera Slytherin. Antes de que pudiera regañarla por hacer algo que rompía con todas las reglas de la escuela, ella le abrazo, dejándolo mudo.

-Quería verte, ¿te molestó? - dijo ella en un murmullo, dejándolo helado. ¿Cómo negarle que él también había querido verla?

-Me alegra verte- aclaro él, consiguiendo de ella una sonrisa. El mundo era más bello cuando ella sonreía.

-No me descubrió nadie, no te preocupes, no soy tan relevante ni tan tonta- dijo con una sonrisa. Antes de que el pudiese preguntarle de donde había sacado que era irrelevante o tonta, ella le tomo de la mano para sacarlo del invernadero. El paisaje otoñal contrastaba terriblemente con el edén que había en el casa de cristal, pero era igual de bello. Ella parecía feliz, muy feliz.

-Narcissa no puede verme, ¿Qué te parece si vamos a divertirnos? Después de todo, esto me lleva a donde quiera y me regresa cuando le pida regresar…

-Astoria Greengrass, ¿me estas pidiendo una cita? - pregunto risueño, al ver como la simple mención de la palabra la sonrojaba. Si, la mayoría se caería en su asiento al escuchar al frívolo Draco Malfoy hablando con complicidad y calidez.

 -Eso parece. De aquí a que tu me la pidieras…- dijo encogiéndose de hombros-. ¿Es un sí?

-No sé dónde llevarte- reconoció avergonzado. Ella lo miro con ternura, acariciándole la mejilla.

-Y es por eso por lo que yo te invite. Encontrare que hacer-él le cubrió sus expuestos brazos con el suéter que el mismo había quitado al verla temblar un poco. Le acomodo el cabello tras la oreja, y sin poder evitarlo le beso la frente dulcemente, tomándola por sorpresa.

¿Enserio él era un "peligroso exmortifago"? pensó la chica, incapaz de verlo así.

-Vamos…



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