Historia al azar: Carta a un amor imposible
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19 años después » Ajustes para y de rutina
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Ajustes para y de rutina

- ¿Todo bien, Phee? - pregunto Percy al ver a su amiga algo distraída, raro en ella, quien al ser una mujer de negocios estaba siempre alerta. Ella asintió de manera poco convincente mientras fingía revisar unos papeles. Percy lo noto, razón por la que frunció el ceño. Quizás también al ver a aquella vampiresa beber sangre de un vaso a su lado también favoreció su molestia. Odiaba a los vampiros.

-Excelente, Percival, así es como estoy. Me alegra que todos estén bien, ¿Por qué no estar bien? - contesto mientras cerraba con violencia los cajones de su escritorio. Algo pasiva-agresiva. Así, pensó él, daba más miedo que la chupasangre.

-Como tú digas. Si necesitas ayuda con algo, no dudes en pedirlo…

-…De hecho, si te voy a pedir un favor. Por favor, entrégale esto a Drey. Su lechuza cayo rendida antes de llegar a su balcón. Windy, la lechuza en cuestión está en mi apartamento, durmiendo.  Esta es su correspondencia. No me mires así, no quiero subir escaleras- replico ella haciéndolo encogerse de hombros. ¿Para qué se ofreció si se iba a quejar?

-Está bien. Nos vemos. Relájate, ¿sí? - ella asintió suspirando. Percy tenía buenas intenciones, no podía ser dura con él.

-Nos vemos, Weasley- se despidió ella ablandando su voz. Incluso Marchesa, la vampira en cuestión se despidió de él con una sonrisa, la cual quizás se hubiera visto más linda de no ser porque su perfecta hilera de dientes se hallaba teñida del rojo de la sangre que bebía. Pese a la repulsión, Percy correspondió el saludo cortésmente forzándole una sonrisa devuelta, antes de irse con prisa del recibidor.  A Phoebe, a diferencia de él, la sangre no le importaba. Marchesa era agradable a su forma, con interesantes historias que contar sobre la época victoriana. Pero lo que le llamo la atención, aparte de su inusual silencio, fue su expresión. Parecía estar olisqueando algo como si fuera un sabueso. Los sentidos de alerta la invadieron cuando vio como sus ojos se tornaban rojizos y oscuros, además de que sus colmillos se asomaron amenazantes. Eso solo ocurría o cuando tenían hambre (que no era el caso, pues acababa de comer), o, cuando había una presa perfecta cerca (o sea, un indefenso muggle).

Dudley pensó con pánico. ¡Si había un muggle indefenso entre ellos!

-Buenos días, Phoebe, ¿todo bien? - pregunto justamente él, bajando las escaleras al verla tan pálida. Aunque bueno, Phoebe no era nada comparada con aquella mujer que bebía un "extraño jugo muy rojo", pensó él. Ella parecía cera de vela.

- ¡Buenos días! Bien, muy bien de hecho, ¿ya te vas? - pregunto curiosa, más bien ansiosa. Él, a pesar apenas le hablaba o veía, le ponía de nervios. Era como un bebe en medio de una jungla llena de depredadores, en este caso, vampiros, hombres lobo, veelas, magos algo raros…Un muggle no sobreviviría allí.

-Sí, es martes por la mañana. Voy a clases, como siempre- dijo él extrañado de que aún no se acostumbrada. El caso es que se le había olvidado que, debido al turismo, muchos vampiros venían esa época del año. Detalles…-. ¿Qué haces? - pregunto bruscamente al sentir a alguien olisquearle el cuello. Antes de que Marchesa podía hundirle los colmillos, Phoebe se abalanzo para empujarla, quedando accidentalmente colgando del cuello del tipo, que no había visto nada de lo anterior.

-Lo siento, no era… ¡Demonios, perdón! - había empezado a disculparse, olvidando por completo que seguía abrazada al cuello del rubio. Este estaba muy colorado, entre la molestia y la vergüenza, muy confundido por lo extraña que estaba siendo su mañana, demasiado rara para la mañana de un Dursley. Por un momento recordó a su primo Harry. Aquella situación se acoplaba más a su mundillo de rarezas…

-No hay problema, Phoebe- atino en decir mientras ella se separaba lentamente. No estaba molesto con ella, solo curioso. ¿Tanto drama por una extraña huele-cuellos? -. Y tú, ¡no vuelvas a hacer eso! ¡Rara! - exigió a la rubia, quien también parecía muy angustiada. De hecho, estaba al borde del llanto.

- ¡Lo siento tanto, señor! Normalmente puedo controlarlo…

- ¡Controlar que! - Por favor que no le diga, estoy muerta pensó Phoebe casi catatónica como la chica.

-Lo siento, soy muy joven para ir a Azkaban, ¡no me denuncie! No lo vuelvo a hacer…

- ¿Azkaban? ¡Está loca! ¿Qué es eso?

-Por favor- seguía rogando ella desesperada. Dudley rodo los ojos, mas asintió.

-Pero no lo vuelvas a hacer. Por cierto, tienes algo en el diente- comento al ver un especie de coagulo rojo en su diente (probablemente de la bebida, que no era tan liquida), además de que toda la dentadura en si estaba algo rojiza, como el borde de su labio. Ella se cubrió la boca apenada.

- ¡Esto es lo que pasa cuando se bebe en vaso o bolsa y no directamente del cuello! ¡Un desastre! - dijo todavía cubriendo débilmente su boca mientras iba al baño del recibidor, dejándolos a los dos muy confundidos.

Dudley no entendía, ¿Cuello? ¿Qué se bebía de un cuello? Y en el caso de la pelinegra, ¿Cómo carajo encontraría una excusa creíble para esa situación? Quizás podría hacer compañera de celda de Marchesa en Azkaban, se consoló internamente.

- ¿Qué demonios acaba de ocurrir? - le pregunto Dudley sin poder evitar sonar brusco, pues todo eso le era familiar a todas las cosas absurdas que le ocurrían a su primo, con la diferencia de que el ya no tendría que pasar por aquello-. ¿Qué es eso que bebía? Apesta a metal… ¿Es sangre? ¡Dijo cuello, no me lo niegues! - estaba algo paranoico. Se notaba que no era tan incrédulo, de hecho, ataba cabos muy rápido para ser muggle. Demasiado rápido para su conveniencia…

- ¿Estas insinuando que sea vampira, Dudley? - pregunto con la voz más incrédula y hasta retadora que pudo. El rubio se sonrojo hasta las orejas, sonaba más estúpido dicho que en su cabeza, y eso que allí no era su deducción más sensata.

-Insinuó que aquello fue muy raro, y yo sé de cosas raras. ¿Por qué dijo cuello? ¿Por qué te asustaste? ¿Qué viste?

-Te diré un secreto, más no lo escuchaste de mí. Ella es extranjera, aspirante a modelo. Aunque imita bien nuestro acento, aun confunde palabras, lo sé porque me ofrecí a enseñarle un poco. Ayer le enseñe partes del cuerpo, anteayer, comidas. Creo que debería repasar con ella otra vez, pues evidentemente se confundió. La pobre, cuando come, en realidad solo bebe estas cosas. Son licuados raros con todos los nutrientes, según ella claro. No sangre. Por eso actúa tan raro, es nueva, esta desorientada, no seas duro con ella, ¿sí?

¿Algo demasiado exagerada? Quizás. ¿Creíble? Dependiendo de cada uno. ¿Buena excusa? La mejor creada para un lapso de segundos.

- ¿Sigues creyendo que es sangre? - dijo al ver que el hombre seguía mirando el vaso con recelo. Ella suspiro mientras tomaba valor para lo que iba a hacer. Tomo el vaso y, disimulando el asco, bebió un poco. Sabía a metal concentrado por el hierro y estaba caliente. Tuvo que contenerse para no devolverlo-. Es remolacha y otras cosas turbo concentrada. Esta asquerosa, pero no es sangre. Tranquilo, nadie morderá ese cuello sin tu consentimiento- ambos rieron un poco, pero él seguía avergonzado.

-Fue estúpido lo que dije. Lo lamento…

-…Cosas más raras he escuchado. Me hiciste el día- comento ella dulcemente, sonriéndole. Era muy linda, pensó el, y ya no solo se refería a lo físico. Había algo en ella, muy distinto a lo que el había visto en otras chicas.

- ¡La hora! ¡Me tengo que ir! Gracias, nos vemos luego- ella se despidió con un gesto, y suspiro con alivio al verlo irse sano y salvo.

Había estado muy cerca aquella vez. Ufff, ¡Qué asco! Vio en el espejo como sus labios se habían pintado de rojo, como los de Marchesa. La vampiresa salió del baño ya un poco más tranquila, pero temerosa por lo que le fuera decir Phoebe, quien pese a ser agradable era maga, y las reglas de los magos. Podrían llevarla a Azkaban.

-Marchesa, debo hablar contigo…-ella también podía ir a Azkaban si ella decía que Dudley era un muggle. Debía negociarlo.

- ¡Phee, por favor, no digas nada! ¡Estúpidos nacidos de muggles, apestan a sus padres! Los magos huelen distinto, normalmente por ello no los ataco, pero los impuros me confunden aun…

- ¿Impuros? - preguntó incrédula. ¿Sera posible que no haya notado que era muggle? La haría una completa distraída y pésima cazadora, pero bueno, ¡las salvaba a ambas! Viva a la ignorancia.

-Él era impuro. Apestaba a muggle, tarde bastante en detectar algo de magia, y parecía tan superficial, como si solo lo rodeada…No puedo ir a Azkaban, son terribles con los míos. Fue un accidente. No volverá a pasar…

-Tranquila, linda, nadie ira a la cárcel. Un error lo comete cualquiera, ¿no? Los errores nos hacen humanos y no hay nada imperdonable. Pero tendrás que prometerme que ni tu ni tus compañeros le hundirán el colmillo jamás, ni en chiste, ¿entendido?

-Gracias, Phoebe. No todos los magos son ególatras terribles como decían. Descuida, a partir de ahora, él es mi protegido, ¡no platillo! Por cierto, ¿le tomaste? Luces pálida…-

-Nauseosa, estoy nauseosa. Esta super concentrado y fuerte esa cosa, quitando el hecho de que sangre y yo no la necesito, la evito de hecho- la rubia rio sin malicia antes de retomar su vaso.

-Entonces descansa. Lo siento mucho. Te dejo. Cualquier cosa, dime, ¿sí? Te debo una enorme.

Phoebe se quedó allí un buen rato. Había, pese a todo, caóticamente divertido. ¿Quién lo diría? Un muggle coexistiendo con magia. No era tan descabellado, a pesar de aquella extraña de normalidad que Dudley tenía. Para ella, lo normal era extraño en medio de tanta rareza.

Percy, tras terminar de acomodar las cosas de su armario, recordó la correspondencia que debía entregarle a su vecina, Audrey. Le llamo la atención ver que no tenía solo un apellido, como el resto del mundo, sino que su apellido era Hart-Addair. También que las cartas venían de distintos lugares del mundo, unas de Estados Unidos, otras de Canadá, y unas ultimas de Australia. Incluso llego ver una de Italia. ¿Cuánto había viajado Audrey en su vida? Toco la puerta y espero pacientemente a que la chica abriera. Tras unos minutos de espera, Audrey abrió sorprendiéndolo con una linda visión de ella con un sencillo y delicado vestido blanco suelto, el cual dejaba ver un poco de su generoso escote. Su cabello se encontraba mal trenzado, cosa que en otras circunstancias le hubiera dado gracia. Iba descalza, dejando ver su esmalte rojo escarlata, el cual combinaba con el de la mano. ¿Por qué no podía dejar de mirarla, maldita sea? ¡Se sentía como un adolescente baboso por una chica! Y vaya mujer la que podía ver…

-… ¿Qué traes contigo? - pregunto algo a la defensiva al ver su nombre en aquellas cartas-. ¡Y Windy! ¿Dónde esa mi lechuza? Mi bebita…

-Phee la cuida. Me dijo que te entregara lo que Windy traía…-Audrey lo miro dubitativamente, cuestionándose si le creía o no. Pero termino por sonreír.

-Gracias, Percy. De verdad llevo esperando por ellas un rato- Percy se las entrego. Eran 8 en total. Ni él, con toda la familia que tenía, recibía tanto de tantos lados-. ¿Gustas pasar? Te debo un café, además, hoy es día libre. A menos claro que mis rostro ya te haya cansado…

- ¿Tu rostro? ¿Cansarme? - pregunto él tomado por sorpresa.

-Evidentemente no lo ha hecho mi escote…-continuo ella pícaramente haciéndolo sonrojar. ¿Qué se supone que debía responder? ¿Por qué las mujeres eran tan complicadas? ¡En su vida había conocido a una tan directa!

-El día libre lo será para ti, que eres novata. Yo entro a trabajar en una hora. De hecho, solo venia a entregarte eso- ella se cruzó de brazos algo contrariada, ¿Por qué se hacia tanto del rogar? ¡Él la deseaba, o al menos, eso parecía! ¡Hombres! Y ella quería divertirse…

-Pues será en otra ocasión. Gracias, señor Weasley. Lo veo pronto- dijo en un extraño tono condescendiente que le dio gracia.

-De que, señorita Hart-Addair- ella iba a detenerle pero él ya había avanzado mucho y le dio pereza.

 

 

 

Para los cuatro la primera noche había sido complicada, cada uno por sus distintos motivos.

Empezando por la castaña, extrañaba la voz de Ron distrayéndola de los malos sueños, sus brazos rodeándola y sus caricias indiscretas. Se sonrojaba de solo recordarlo. Ginny, por su lado, se sentía completamente extraña en la cama que antes le había pertenecido a Lavender Brown, quien debido a su delicado estado de salud no había regresado a cursar el año escolar como el resto de sus compañeras. De hecho, en el cuarto solo estaban Hermione, Patil, Demelza, y una compañera de ella llamada Elizabeth Farrell, una chica muy dulce pero demasiado tímida como para hacer algún ruido que la distrajera. Se sentía ajena, cosa rara en ella, quien normalmente se sentía cómoda con facilidad si de estar con gente se hablaba. Quizás, para bien o para mal, por fin entendía a Harry, quien para variar simplemente extrañaba la compañía de su pelirroja. Ron, en cambio, no se había dado cuenta de lo mucho que Hermione también le ayudaba a distraerse de las preocupaciones y malos sueños. La extrañaba…

-Herm, ¿estas despierta? - dijo Ginny en voz baja.

- ¿Qué ocurre, Gin? - respondió ella en el mismo tono. Hablaban bajo por respeto a sus compañeras y su sueño. ¿Qué culpa tendrían ellas de que no pudieran dormir?

-Nada, tengo sueño. No puedo dormir. Es un calvario.

-Lo sé, pero así son las cosas. Veras que pronto nos acostumbraremos, no te preocupes por eso.

-Me siento rara aquí- confeso ella nuevamente-. Se que soy joven y me falta mucho por vivir, pero tras toda la guerra siento tan raro saber que solo estudiaremos para graduarnos y hacer algo de nuestras vidas…Siento que no estoy haciendo nada ahora.

- ¿Estancada? Ginny, por eso luchamos. Merecemos una vida normal, preocupaciones normales. ¿Sabes lo distorsionado que tenemos el concepto de normalidad? ¡Mi instinto es apuntar con la varita a quien me despierte de golpe! Casi le lanzo un crucio a George por ello…

-Supongo que es falta de costumbre. Debo asimilarlo…Herm…

- ¿Si, Gin?

-Fue muy noble lo que hiciste, salvar a Lavender. Me acorde porque, bueno, ¡estoy dormida en su cama! No estabas obligada a hacerlo, ¿sabes? Muchos, en tu posición y en las circunstancias desesperadas, jamás se hubieran detenido a ayudar a alguien más…

-Puede que no fuéramos amigas, pero de allí a dejarla hay un abismo de diferencia. Espero que se recupere pronto…

-…Y que no termine como Bill- concluyó ella amargamente, recordando la conversación que habían tenido con Meda ella y Harry. El pequeño Teddy, era increíble el siquiera pensarlo-. Buenas noches, Herm.

-Buenas noches, Ginny. Descansa bien.

A la mañana siguiente la primera en despertar fue la castaña. Casi podía asegurar que las ojeras se marcaban en su rostro, luego fue Parvati quien se lo corroboro. Ella todavía lucia triste por no tener a su mejor amiga con ella ese año, razón por la cual Hermione le tenía tanta paciencia a pesar de sus continuas quejas, ¿Cómo estaría ella sin Ginny? ¿O sin Harry, su hermano del alma? También se sentiría muy sola y amargada. En la sala común vio, para su sorpresa, a Luna, quien charlaba animadamente con su incondicional amigo Neville y su recién nuevo mejor amigo, Dean.

- ¡Hola, Herm! ¿Estás bien? No luces muy bien, ¿Ocurre algo malo? - preguntó Luna mientras que ella tomaba asiento, con la brutal honestidad que solía usar al hablar-. ¿Dije algo malo? - pregunto ella al ver Dean la miraba negando con la cabeza divertido.

-No, solo, no cambies, ¿sí? Con razón te juntabas tanto con ella, Neville. Es un caso- a Hermione le alegraba ver los tres tan contentos. Luna seguía siendo la misma de siempre, a excepción de alguna que otra cicatriz en sus brazos, pequeñas quemaduras de cigarro. Era mejor ni preguntar. Neville parecía alegre, y casi no quedaban rastros de aquel niño que había intentado detenerlos hacia años, ya era mucho mayor y los años le habían cambiado bastante, y a decir verdad, había sido uno muy bueno, aunque ella seguiría viéndolo como aquel tierno niño al que ayudo con su sapo perdido. Y Dean, ¿Qué decir de Dean? Era imposible para ella no alegrarse al verlo, después de tanto, tranquilo y feliz, siendo el mismo chico amable de siempre.

-Estoy bien, Luna, algo cansada. ¿Y Ron? - pregunto ella escuchando una risa tras ella. Era Harry, quien también bajaba con claras señales de tampoco haber dormido muy bien, pero eso en el estaba lejos de ser una novedad.

- ¿No puedes estar 8 horas sin él sin extrañarlo? - se burló sin malicia, haciendo reír al resto mientras ella se sonrojaba hasta las orejas.

- ¡Ni tu sin Ginny! Y tú estás peor, pues llevas así meses…-respondió ella a la defensiva, consiguiendo que se encogiera de hombros.

-Pero eso ya todo mundo lo sabe. Eres la novedad, hermanita, te guste o no. Esta desayunando, y él está peor, por poco no va a despertarte.

-Gracias, Harry- comento sentándose al lado de Luna, básicamente para no ser tan obvia yendo de inmediato al comedor. Pero ganas no le faltaban.

-Hablando de Weasleys- comento Dean risueñamente mientras que Neville le pegaba un codazo todavía riendo. Ginny bajaba las escaleras entre bostezos pero claramente alegre, mientras que el azabache suspiraba embobado al ver como su falda se movía ligeramente por el naturalmente sutil contoneo de sus caderas-. ¡Herm tiene razón, estas perdido! ¡Se te cae la baba! - se burló el moreno, consiguiendo una ceja encarnada de la pelirroja.

-Al igual que a ti con Farrell, Dean, asique no te burles- retruco la pelirroja callándolo al instante, completamente sonrojado.

- ¡Estaba jugando! - todos rieron de la repentina vergüenza de Dean-. Me alegra que estén juntos de nuevo. Y también que tú y Ron estén juntos. Ahora, creo que sería bueno que vayamos con Ron y Seamus, a menos claro que quieran tener las primeras horas en ayunas…

- ¡Ni loca! Vamos- anuncio Ginny tomando a Harry de la mano, para alegría de la rubia, quien tampoco parecía saber del regreso de ellos dos.

-Yo los veo hasta después, chicos, no tengo hambre, además, no comería con ustedes de todos modos. Creo que no hay problema con quedarme aquí, ¿verdad? - pregunto Luna con simpleza, tomándolos por sorpresa.

- ¿Todo bien, Luna? - pregunto Harry, evidentemente preocupado. En su alegría ni siquiera había reparado en las marcas de la chica. ella asintió con una sincera sonrisa.

-Si, solo que no quiero ver a ningún Slytherin por ahora, menos así- apunto a su brazo, dejándolos confundidos-. Sus padres lo hicieron, y prefiero que se burlen de mí que de esto…

Los chicos la miraron con pena, deseando poder viajar en el tiempo para cambiar aquello, en especial Neville, quien además de ello se sentía culpable de no haber podido evitar que la secuestraran en aquella ocasión. ¿Cómo es que parecía tranquila a pesar de aquello?

-No digan nada- pidió al ver que buscaban que decir-. Estoy bien, solo no les quiero dar ese gusto. Además, Ravenclaw es aburrido este año, ¡lo que es tener amigos en otra casa! Pero no quiero dramas. Ya paso. Estoy bien, enserio- Harry asintió débilmente, sin saber que más hacer.

- ¿Sabes? Yo tampoco tengo tanta hambre, además, no te salvaras de escuchar de mis "asombrosas" vacaciones con mi abuela- dijo recalcando las comillas, haciéndola reír débilmente. ¿Qué? Ella dijo que quería seguir siendo su amiga, y él jamás dejaría a su amiga sola. El resto se fue más tranquilo, sabiendo que Neville era, de entre ellos, el mejor para distraerla un rato.

 

 

 

-Daphne, ¿todo bien? - pregunto Theo Nott al ver a la rubia fruncir el ceño.  Ella rodo los ojos, ¿Qué se supone que se responde a aquella pregunta?

-No, Theo, no está bien. Pásame el pan- corto ella con molestia mientras miraba de reojo a su hermana, quien, cual niña pequeña, comía waffles con leche achocolatada. Era tan infantil que le molestaba. Blaise rio ante la cara de su amigo, quien obedeció algo cohibido por la brusquedad de Daphne.

-La pone de malas su hermana, Weasley y Lovegood. Hay 2 de tres cosas en esta sala-  explico Hestia mientras picoteaba la fruta en su plato. La rubia la miro iracunda.

- ¿Cómo me podría poner de malas mi hermana? ¡Es Granger! ¿De qué te ríes, Nott? - él chico rio al escuchar el reproche de Daphne.

- ¡De ti, por supuesto! Te creía más lista como para amargarte el día cosas tan insignificantes como la sangre sucia esa. Se merecen entre ellos. Punto. No se van a ir, y por lo que veo, somos de los pocos no hipócritas que les siguen detestando. Por primera vez creo que es más conveniente pasar de ellos…

Ella le miro con desdén pero no dijo nada. Muy en el fondo y para su pesar, sabia que Theo tenia razón, o al menos, tenia un punto. La gente en general les molería a palos ya no solo por ser hijos de presos, si no también por odiar a el trio de oro, y considerando que la gran mayoría del grupo había interactuado al menos una vez con los mortífagos directamente, no les convenía el odio en masa, lastimosamente teniendo de ejemplo al intocable Malfoy, ahora exiliado. Si eso le había ocurrido a un Malfoy, ¿Qué no les harían a ellos? Incluso ahora, furiosa con ambos, Daphne sabia que Draco no hubiese cuestionado de la decisión de Theo, pues ellos se veían como iguales, aun cuando ella sabia que Theo era más listo y Draco era más bien insistente en sus ideas.

Sin más que pensar ella se levanto de la mesa y se fue sin decir palabra alguna, mientras que Parkinson se burlaba de ella a lo lejos. Juro que Zabini también reía un poco, pero no regreso la vista para corroborarlo.

- ¡Daph! - llamo Theo cuando la alcanzo en los pasillos, los cuales al ser la hora del desayuno estaban prácticamente vacíos. Ella solo le presto atención cuando la alcanzo, tomándola del brazo, deseando lanzarle una maldición por el atrevimiento.

- ¿Qué quieres? Porque no tengo ganas para más de lo de la semana pasada. Soy increíblemente sexy, lo sé, tu lo sabes, ya me tuviste, ¿No te basta con eso, imbécil? - se quejo ella rabiosa, pero sin hacer intento de irse o soltarse de su agarre. Él sonrió de lado al recordar aquello, ¡y claro que no le bastaba! Ella era fuego, y el amaba a las mujeres que eran así, un desafío. La mayoría de las Slytherins se volvían prácticamente sumisas una vez las habías tenido entre tus brazos, pero Daphne no, ella seguía altiva y orgullosa: preciosa.

- ¿Y yo que te dije la semana pasada? - pregunto él, haciéndola suspirar.

-Me preguntaste si quería ser tu novia…

-… ¿Y qué me dijiste?...

-…La verdad, que no estoy de humor de novios…

-… ¿Y luego…?...-ella sonrió con suficiencia al recordar la última parte.

-…Me rogaste, prácticamente de rodillas e igual dije que no. Y tú me dijiste que no te darías por vencido… ¿Es esto acaso tu forma de pedirme ser tu novia otra vez? Porque, enserio, no estoy de humor para novios…

- ¿Y cuándo estarás de humor, si se puede saber? - pregunto él sin perder la paciencia. Hasta cierto punto le gustaba aquello, por más desesperante que le hubiera parecido en un pasado.

-Ni idea, pero- se acerco a él para hablarle al oído-si estoy de humor para divertirme, si con eso te basta…

-Mientras sea conmigo…-comento receloso, haciéndola sonreír con suficiencia. ¿Con quien más, si él era el único que le atraía? Claro que eso él no lo sabía.

-…Lo será mientras lo hagas bien…- sentencio ella antes de, por fin, desprenderse de él y dirigirse a la Sala Común. No tenía intención de ir a clases Herbologia y mancharse sus uñas con tierra y lodo. En su lugar se quedo pensando en Theo, a quien en otras circunstancias habría dicho que si al instante. ¿Pero como tener novio con la responsabilidad y carga que representaba su hermanita Astoria? Era una culpa constante al verse al espejo y ver aquellos ojos que ambas habían heredado. Se odiaba a si misma de vez en cuando…

 

 

 

Querida Ginny:

¿Cómo estás? Espero que todo les salga bien a ti y al resto. Disfruten mucho de su ultimo año en Hogwarts, créeme, extrañaran más de lo que esperas. En fin, se que esperas ansiosa la respuesta de las Arpías, y… ¡Felicidades, te tienen en cuenta! Pero dejaron claro que tendrías que acabar con tu año escolar completo, para evitar polémicas, etcétera. También dice que una de ellas ira en alguna ocasión a un juego de Hogwarts, para verte en acción, pero no me dijeron cuando ni quien. No seré yo, básicamente porque te conozco y no quieren que te "ayude" (aunque no lo necesites), además de que mi bebe me tiene muy ocupada. Creo que mi regreso al equipo llevara más de lo que estime. ¡Es tan lindo y pequeñito! Ya quiero que lo conozcan. En fin, creo que es todo. Suerte y entrena con ganas, ¿sí?

Con cariño, Katie Bell

¿Katie Bell? ¿Por qué no Wood? ¿Se le habría olvidado o…? Decidió que lo mejor era no sacar conclusiones pues así empezaban los rumores. Estaba eufórica, completamente, feliz. ¡Las Arpías irían a verla! Y ella estaba lo suficientemente segura de si misma como para saber que quedaría, lo sabía. Además, ¡el bebe había nacido! No podía siquiera imaginar lo emocionante que debía ser tener un bebe…

- ¿Qué ocurre Gin? - pregunto Harry alegre al ver la sonrisa radiante de su novia. Ella lo pensó un poco, pero decidió entregarle la carta para que la leyera, después de todo, se daría cuenta en unos meses.

- ¿Y? ¿Qué opinas? - pregunto ella como si fuera una niña pequeña en busca de aprobación. Harry la miro sorprendido pero atino en besarla con ahínco, abrazándola de manera tal que la alzo del suelo.

-Opino que las Arpías son afortunadas de tenerte a ti entre sus postulantes. Les patearas el trasero a todas…-murmuro él en el beso, haciéndola sonreír. La mayoría miraba sorprendidos como Harry tan efusivo con Ginny, pero recordando su primer beso era de esperarse que no les apenaran las muestras de cariño en público. Eso sí, nadie alcanzo a escuchar el motivo, razón por la cual se iban a disparar mil y un rumores sobre la carta en las próximas semanas, pero eso es problema del los Harry y Ginny del futuro. Ahora, solo seguían el camino a sus segundas horas de la mano, lo único bueno era que ahora cursaban el mismo grado y, por ende, pasaban más tiempo juntos, aunque fuera callados en clase.

A Hermione le sorprendía ver a Ron tan atento en ellas, por cierto. Se notaba que se estaba esforzando por sus EXTASIS, cosa que, a su parecer, el tenia merecido pasar. Le daba ternura cada que él le preguntaba algo a ella por pena de preguntar al profesor, también algo avergonzado pues creía que no entendía algo muy básico. Ella le explicaba con dulzura, lo cual curioso de ver si eras de aquellos que habían tenido la oportunidad de ver o escuchar las discusiones de ellos dos. Pero aquello, para la inmensa mayoría, era más tolerable. A menos claro que fueran de aquellos que lo encontraban algo gracioso, entonces era insoportable.

Y así transcurrió el día, los 4 chicos se ponían al corriente en clases y con las vidas de sus amigos. Era divertido, después de todo, ya no había un Voldemort del cual preocuparse. Tenían meses por delante y se sentían optimistas al respecto.



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