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19 años después » De regreso
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Jueves 14 de Enero de 2021, 11:10
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De regreso

- ¡Levántese! ¿O quieren que los venga a levantar mamá? - pregunto Ginny a Ron y Hermione pegando portazos al cuarto del chico, haciendo reír a su novio.

-Déjalos, no han de tardar- defendió Harry débilmente, haciéndola rabiar. No había despertado de buen humor, para variar.  Al rato salieron ambos, con la castaña por delante, quien se encontraba sonrojada a más no poder mientras que Ron maldecía a su hermana por lo bajo. Era una suerte que Ginny estuviera lo bastante somnolienta como para no escucharlo.

- ¿Todo bien, Gin? - pregunto Hermione preocupada. Ginny suspiro antes de responder.

-Tengo sueño, eso es todo. Pero hoy será un buen día, ¿no? - dijo adormilada antes de bostezar. Harry la miro con ternura.

-Va a ser cansado. Pero ojalá sea bueno. No he visto a Neville desde los entierros- comento Ron optimista pese a lo doloroso que era recordar ese día. Hermione le tomo de la mano de forma conciliadora, y los cuatro bajaron a desayunar, para el alivio de los señores Weasley.

Aunque ese alivio fue momentáneo. Lo que ellos esperaban era un desayuno tranquilo, lo que obtuvieron, en cambio, fue un caos de maletas, cosas levitando, correo llegando y la señora Weasley apurándolos por medio de gritos y gestos desesperados (con Harry y Hermione se contenía, pensaron los pelirrojos con envidia, pero decidieron no decir nada, les convenía). Básicamente tardaron más en bajar que en terminar, para volver a subir a vestirse con rapidez y recoger las ultimas cosas que, obviamente, habían olvidado guardar, siendo la razón de los objetos flotantes. Hasta había tenido la cabeza en otro lado.

Veinte minutos. Tan solo eso tardaron en desayunar, empacar, vestirse y llegar a la estación. Eso era magia, no tonterías.

Una vez en la plataforma 9 ¾, los chicos se despidieron de la pareja de pelirrojos, quienes les recordaban una y otra vez lo importante que era que estuvieran alertas. Molly no pudo evitar lloriquear un poco, mientras que Arthur les pedía que escribieran de vez en cuando. Todavía seguían algo tocados por Fred, atinaron a pensar amargamente. Lo cual era normal, pues, ¡era su hijo! Pero no le quitaba lo triste. Decidieron limitarse a escuchar y asentir a todas sus peticiones. Y fue entonces, ya lejos de los patriarcas, que por fin notaron las miradas sobre ellos.

Al principio quisieron asumir que solo miraban a Harry, como solía pasar siempre, hasta que escucharon sus nombres entre murmullos, haciéndolos sentir raros. No mal, tampoco bien, solo raros. Harry, quien se encontraba algo fastidiado de la situación, se limitaba a ignorarlos. Pero para los demás, aquella no era una opción. Era demasiado nuevo. Pero se esforzaron mientras seguían su camino al tren. Ya una vez dentro, la situación se moderó un poco, quizás debido a lo fácil que seria para ellos darse cuenta de quien miraba a quien (como si no lo hubiera sido en el andén). Se acomodaron en un compartimento, cada uno sentado con su pareja. Ginny, quien todavía se encontraba muy cansada, se acurruco contra su novio y se quedo dormida con la cabeza sobre su hombro. Harry la miro con ternura, lucia tan preciosa, con su cabello pelirrojo reluciendo por la débil luz de sol que se filtraba por la ventana una vez comenzaron a avanzar…

-Esto es extraño- comento el azabache distraídamente, jugueteando con los caireles pelirrojos de su novia. Ron asintió dándole la razón, mientras Hermione cerraba el libro que apenas empezaba a leer.

- ¿Entonces, Ginny cursará el mismo año que nosotros? Digo, porque si es así, no entiendo porque Neville debe repetir año…-pregunto Ron.

-…Por los EXTASIS. Neville quiere presentarlos. Pero, como normalmente se presentan a finales del año, casi nadie alcanzo. Los que fueran a repetir año o que tienen carácter de urgente presentarlo pronto, lo harán en diciembre.  Los que no, como yo o Ginny, nos quedaremos el año completo- Harry rio a carcajada limpia, ganándose un pequeño golpe de Ginny y la consternación de Hermione. Fue entonces cuando noto la expresión de su pelirrojo.

- ¿Te quedas con la enana? - pregunto incrédulo, sin evitar sonar algo dolido. La tenia al lado, pero ya la extrañaba. Hermione le miro con ternura antes de besarlo dulcemente, mientras que Harry seguía riendo-. ¡Tú que, Potter! ¡También se queda tu novia! - se quejó una vez se separaron, pero Harry no parecía cambiar su humor. Hermione lo reprendió levemente.

-Si me hubieran dicho en primer año que terminarían juntos, no me lo hubiera creído. Mucho menos que te pondrías de su lado- replico "ofendido", haciéndolos reír un poco.

-Los quiero- comento Hermione de la nada, acomodándose de nueva cuenta al costado de Ron para leer su libro. Los dos la miraron con ternura, pero antes de que pudieran decir algo, Ginny les interrumpió.

-Chicos, los adoro, pero déjenme dormir y cállense un rato- pidió Ginny groseramente haciéndolos reír.

 

 

 

Oliver llego tan rápido como pudo una vez consiguió desguindarse de las nuevas e inesperadas responsabilidades que ser Guardian le traía, pues si, una tragedia inesperada con el jugador cabecera le dio la oportunidad de que Oliver lo cubriese en el primer partido de la temporada.  Había arrasado, pues a pesar de que el buscador de su equipo no había conseguido la snitch, el trabajo que el había hecho ya les había garantizado la victoria. Claro, él se había ido confiado en que, con tan pocas semanas de embarazo, seria imposible que algo ocurriera con el bebe. No contaba con que existieran los partos prematuros, mucho menos con que su bebe seria uno de ellos. Se sentía miserable, muy arrepentido…Llego a su casa, y se sorprendió de encontrar todo cerrado.

"¡Qué raro!"  Pensó él, al ver que la llave no funcionaba.

- ¡Alhomora! - conjuro él, feliz de que aquello si funcionara. Cuando entro se sorprendió de encontrar regalos al por montón, todos con tarjetas felicitándolos por el nuevo bebe y deseándoles lo mejor. Los listones azules le indicaban que había sido un pequeño leoncito (porque si, él ya lo veía en Gryffindor). ¡Hasta los Puddlemere le habían mandado algo sin que el supiera! Quizás eso no dejaría muy contenta a Katie…

Katie. Ella estaría furiosa, ¡y como culparla! Él mismo sabia que aquello había sido mala idea desde el inicio. ¡Se había perdido del nacimiento del bebito! Su niño, el que él tanto quería. Su pobre Bell, debió sentirse aterrada en el parto, prácticamente sola…

Un ruido lo distrajo de sus culpables pensamientos. Un llanto de un bebe. El más precioso llanto que él había escuchado…

Subió con cautela, dirigiéndose al cuarto al lado de su dormitorio que habían destinado al pequeño. Fue allí cuando la vio.

Katie lucia hermosa, con su cabello cayéndole cual cascada en un de sus hombros, y mirando al bebito con una pequeña y tierna sonrisa en sus bellos labios mientras alimentaba al niñito. En sus brazos se encontraba la criaturita más pequeña y frágil que había visto. Era precioso. Y aquella escena era perfecta, demasiado linda para ser digno de ella. La mujer, quien se encontraba demasiado distraída acariciando dulcemente el rostro de su hijo, parecía no haber notado la llegada de Wood a la casa. Esto hasta que sus sentidos de alerta notaron la mirada de alguien más.

-Creí que cambiar el cerrojo seria un mensaje lo suficientemente claro como para que tu lento cerebro lo captara…-comento fríamente mientras se acomodaba la blusa y acostaba a el bebe en la cuna.

- ¿Qué...? - pregunto el chico tomado por sorpresa. La rubia rodo los ojos sin poder contener un bufido de molestia.

- ¿Te vas tú o nos vamos nosotros? Porque no quiero compartir el mismo techo contigo por más tiempo. - corto sin poder evitar que la rabia saliera por todos los poros de su piel, hasta el punto de no poder contener alguna lágrimas-. ¡Responde! - exigió con la voz rota, obviamente luchando por no romper en llanto desconsolado. Aquello a Oliver le destrozo el corazón.

-Katie, nadie se tiene que ir. Eres mi mujer, es nuestro hijo; somos una familia- comento el con cautela, acercándose poco a poco a acariciarle el brazo-. Yo te am…-pero fue detenido violentamente. Una bofetada limpia que dejaría marca durante mucho tiempo sorprendió al castaño.

-No te atrevas a decirlo de nuevo. No me amas, si no, jamás me hubieras abandonado a sabiendas de lo alterada que me tenia el embarazo. ¿Me amabas enserio? ¿Por qué me sentí tan sola durante el embarazo? ¿Por qué tuve que ir al hospital acompañada de una amiga, como si mi bebe no tuviera padre? ¡Explícame! ¡Convénceme de tu amor! - las últimas palabras las dijo a forma de burla, cruelmente, mientras que de los ojos de Wood brotaban amargas lágrimas.

-Katie, yo…lo siento, ¿esta bien? Metí la pata, lo sé. pero si me das oportunidad prometo demostrarte cuanto los amo…

- ¡Es que no quiero darte otra oportunidad! ¿No lo entiendes? - grito arrojando lejos su anillo de boda, despertando al bebe de golpe, quien lloro asustado. El maremoto de emociones violentas que era Katie ceso en el instante en que escucho al pequeño llorar. Lo tomo en brazos, empezándolo a mecer y arrullarlo atolondradamente. Wood quería gritar romper a llorar, la mujer de su vida lo odiaba y lo peor es que el se lo tenia muy merecido, por descuidarla, asumiendo que un bebe seria lo suficiente como para atarla a su lado-. ¿Quieres cargarlo? - pregunto al ver la mirada de triste anhelo que Oliver le dirigía al pequeño.

- ¿Puedo? - pregunto con la voz ronca por las emociones encontradas que sentía en el momento. Ella asintió mientras le cedía al pequeño en brazos. El bebe no tardo en calmarse en los inexpertos brazos de su padre, quien lo miraba completamente embelesado. Su mundo se estaba desmoronando a pedazos, pero tener a su pequeño hijo en brazos lo relajaba. Katie no pudo evitar mirar la escena enternecida, pero se forzó a si misma a recuperar la compostura.

-Se llama Oliver, pues no se me ocurrió otro nombre en ese instante- comento fingiendo desinterés, aunque el tono Wood apenas y lo noto: se encontraba orgulloso de que su primogénito tuviese su nombre-. Y por supuesto que jamás usaría al pequeño Oliver para vengarme. Es tu hijo, y jamás recordara el modo en que nos fallaste. De ahora en adelante, deberás a amarlo y procurar que él se sienta amado por ti, porque una cosa es fallarle a tu esposa y otra muy distinta es fallarle a un hijo…

-…no quise fallarte, Katie, lo juro por lo que más amo en este mundo…

-Per lo hiciste, me fallaste, traicionaste mi confianza, y eso no lo puedo perdonar. asique, la pregunta prevalece, ¿te vas tú, o nosotros? Pues yo todavía tengo que amamantarlo, no puede quedarse contigo- aclaro ella. él suspiro, sabiendo que aunque aquello no se iba a quedar así, no la convencería en ese momento.

-No pues no pienso dejar a mi esposa e hijo fuera de su casa, en especial cuando este cuarto lo decoramos con tanto cariño para él. Ya veré donde quedarme mientras tanto- dijo con simpleza, a le vez que le daba un beso en la frente al pequeño Oliver antes de devolverlo a su cuna. Katie encarno la ceja.

- ¿Mientras? - pregunto curiosa mientras veía como recogía la sortija que ella misma había tirado hacía unos instantes.

-Kate, te amo. Lo hago y mucho, más de lo que tu jamás podrás saberlo. Lo mejor que he hecho en mi vida fue enamorarme de ti, claro, después de nuestro lindo bebito. Y yo quiero ser una familia contigo, sin importar a lo que tenga que renunciar por ello. Y me atrevo a decirte esto pues se que, muy en el fondo, una parte de ti me sigue amando. Y no pienso renunciar a ti, no de este modo. Nos vemos pronto, preciosa. Cualquier cosa, prometo estar allí…- se despidió el resistiéndose al impulso de besarla, dejándola muda. No podía negárselo, lo amaba. Pero el amor no siempre era lo suficiente, ¿verdad?

 

 

 

Astoria suspiro tristemente mientras bajaba del tren, después de un trayecto en el que estuvo completamente sola. Ella jamás había sido una persona muy social, no por falta de interés de ella por el mundo, sino mas bien por falta de interés del mundo hacia ella, siempre ajena a los pensamientos de la mayoría de gente que la rodeaba, a quienes ella misma justificaba diciendo que simplemente la veían extraña, no era maldad, era miedo a la rareza el motivo por el cual la evitaban. Claro que eso no evitaba que ella se sintiera extraña consigo misma, sola en un rincón, sin saber si había dicho algo malo. Daphne le había dicho que a veces uno debía fingir para agradar, que era algo hipócrita, pero que a la larga funcionaba y que incluso, si lo hacía bien, podía descubrir cosas de ella misma que antes no sabía. Claro que esto ella no lo creía, pues no entendía porque debía cambiar para alguien más. Y aquella idea de ella solo había agarrado más fuerza en el momento en que conoció a Draco…

Draco, aquel rubio de ojos grises con el que había pasado un lindo verano lleno de risas, charlas y besos robados, le parecía injusto y hasta cruel que no estuviera con ella en ese momento debido a su exilio. ¿Por que la vida era cruel con quienes ya habían visto demasiada crueldad en persona? ¿Por qué la paz no podía ser para todos, para variar?

- ¡Astoria, ven, únetenos! - llamo Daphne amistosamente, azorándola. Si bien sabia que su hermana la quería de verdad, jamás la incluía en sus grupos de amigas, quienes también parecían disgustadas por el gesto de la rubia.

- ¿Segura? - logro ver por el rabillo del ojo como Millicent rodaba los ojos. Las gemelas Carrow, Hestia y Flora, la miraron con reproche. Ellas, para que vieran, nunca habían sido malas con ella. De hecho, aunque no eran cercanas, eran lo más cercano a alguien dulce en Slytherin.

-Claro, tontita, eres mi hermana. No estarás sola- dijo ella en un tono que podía calificar como amable. Pansy no había demostrado reacción alguna por la presencia de la castaña dos años menor que ellas, pero conociéndola, no estaría contenta.

- ¡Que linda diadema! ¿O no, Hestia? ¡Astoria, dinos! ¿Dónde la compraste? - pregunto Flora dulcemente. Astoria se encontraba algo dispersa, contemplando el paisaje mientras iban en la carroza. Pero atino a responder.

-Papá me la regalo hacia un tiempo. Gracias, Flora, ¿todo bien Hestia? - pregunto preocupada al verla fruncir el ceño.

-Nada, solo que ya localicé a la escoria- se quejo ella mientras que Flora la reprendía entre risas. Astoria la miro confundida.

- ¿Escoria? - pregunto curiosa. Daphne parecía algo molesta, pero no dijo nada.

-Potter y compañía. Merlín, sé que fue horrible, y aunque me alegro de que haya acabado, lamento que Voldemort no haya acabado con él y su estúpida amiga impura de una vez- explico Pansy con rabia, mientras apuntaba a la carroza que se encontraba un poco frente a ellas-. ¡Como los aborrezco!

-Pansy, no esta bien desearle la muerte a nadie, por más que uno crea que se la merezca- regaño Flora haciéndola rabiar.

- ¡Estarás muy contenta de que por su culpa Draco no esté este año aquí! ¡Si Voldemort hubiera ganado, esos pelirrojos serian nuestros esclavos! ¿No lo ves? Hestia, dile algo a tu hermana…

-Pansy, entiendo que estés molesta, pero le vueles a gritar a mi hermana y tendremos un problema- sentencio haciéndola rabiar.

-Bien. estúpidas hermanas. Me alegra que Astoria y Daphne no se quieran a ese punto tan idiota- las gemelas parecían ignorar lo dicho por Pansy.

- ¿Desde cuando Granger y Weasley están juntos? - pregunto Millicent asqueada. Astoria no entendía el porqué, ¿Qué tenia de asqueroso ver a dos personas enamoradas y felices? Supuso que el problema sería los apellidos…

- ¡Agh! Sangre sucia con traidor. Se merecen el uno al otro…

-Weasley no era feo. Granger al menos podrá asegurar su linaje, con un mago es poco probable que sus bastardos sean muggles como sus padres. Oí que aun no los encuentra- comento Flora risueña, como si hablar de aquello fuera trivial.

-No hay nada más horrible que ser pobre. Y ojalá sus padres nunca la encuentren, ¡les deseo ese bien! Le hubiera ido mejor con Potter, lastima que el no es ciego y la sabe ver como la ardilla que es…

-…Pero la hermana esta con él, ¿no? maldita zorra. Oí que el heredada TODO lo de los Black, ¿pueden creerlo? Creo que eso es más dinero en una bóveda que lo nuestro en todos nuestros bienes, y eso te incluye a ti Parkinson. Si el dinero te atrae…-comento Daphne cizañeramente.

- ¡Ni loca! Prefiero pobre y horrenda que pelearme con esa zorrita pelirroja por un miserable como Potter. ¡Esta maldito!  ¿Verdad, Bulstrode? - esta asintió fervientemente.

- ¿Maldito? Pensé que la maldición que tenía murió con su conexión con Voldemort, ¿o no? - pregunto Astoria, tomando desprevenida a Parkinson, quien le sonrió maliciosamente.

-Pensé que no razonabas. Pero, aunque cierto, no hablo de ese tipo de maldiciones, hablo de aquellas que cualquiera puede tener. Casi es suerte. Mira, linda Astoria, te explicare el panorama. ¿La familia de Potter? muerta. ¿La casi-familia de Potter? muerta. ¡Cedric Diggory lo conoció un año y murió! Y aunque ni Ron o Ginny murieron, lo hizo su hermano, cosa que por lo que se, es peor que la muerte de uno mismo, y con ella castigo a los Weasley en general, por tenerlo como hijo anexado. Probablemente Granger no encuentre a sus padres, pues es su casi hermana. Tendrá que compartir su suerte. Es más, y ya que hablamos de ellos, ¿apostamos quien será el próximo de circulo en morir?

- ¡Pansy! - esta vez regañaron todas, haciéndola encogerse de hombros.

-Solo digo, mucha tragedia en una sola persona como para ser normal. Casi siento que mi odio hacia él me protege…

-Quizás de su maldición, pero todos cargamos con una cruz. A los Parkinson los solicita mucho Azkaban, por ejemplo- comento Astoria haciendo reír a Daphne por lo bajo. Pansy la miro con desdén, pero decidió volver a su sonrisa.

-Si, todos lo hacemos. Es curioso y cierto que tu lo digas…-Astoria la miro extrañada, deseando preguntar el porque de lo que dijo. Pero no podía nada de lo que dijese ella, asique se lo ahorró-. Por eso dejare de ser una Parkinson dentro de poco. eso se los aseguro…

- ¿A quién tienes en la mira? - pregunto Millicent curiosa.

-Pues Malfoy, por más que lo extrañe, ya no es opción. No estaré con un exiliado, seria demasiado humillante. Lástima, era bueno en la cama- Astoria cerro los ojos tratando de borrar aquel ultimo comentario, en especial aquel tono insinuante y las risitas cómplices del resto -. Pero será millonario. Se lo aseguro, ¡y se morirán de envidia, perras! - al parecer aquel era un sobrenombre amistoso, pero Tori se sintió algo insultada. Quizás Daphne tenia razón en que era muy blanda…

Llego y, sin afán de ser grosera, continuo en su soledad, pues no disfrutaba mucho como hablaban pestes de los antes mencionados Weasley, Weasley chica, Potter y Granger. Ni los conocía y ya sabia mil y una formas de insultarlos. Extrañaba a Malfoy, quien pese a todo, nunca menciono a gente ajena a ellos dos. Siempre tenía cosas más interesantes que contar…Pero odiaba pensar que los labios que la habían besado habían recorrido el cuerpo de Parkinson en el pasado. Quizás Daphne había tenido algo de razón, a su pesar.

Lo que no sabia ella era que, a miles de kilómetros de donde ella estaba, había un joven al que le estaba quitando el sueño. Draco, quien todo el día había estado melancólico al recordar sus pasados primeros de septiembre, extrañaba terriblemente a la castaña que había alegrado sus tardes durante semanas.

¿Por qué ir a la inmensa biblioteca, si no sabría que leer al no tener quien le recomendase libros cortos que le entretuvieran? ¿Por qué mirar alrededor si en ningún momento tendría la bella visión de Astoria husmeando en los rincones de su casa? ¿Qué sentido tenia disfrutar de la música, si no había canción mas bella que la que ella tarareaba distraídamente mientras caminaba?

-Me alegra que ayudes a los elfos con el jardín. Tu padre y yo te malacostumbramos mucho en ese aspecto, ¿pero desde cuando te nació, mi vida? - pregunto Narcissa curiosa mientras veía a su hijo regar las rosas.

-Se que te gustan- y a Astoria también.

- ¿A que mujer no le gustan las rosas? Aunque creo que Astoria prefería los girasoles- el rubio no pudo evitar sonrojarse mientras Narcissa reía con complicidad-. La cena estará lista en unos minutos. No hagas esperar…

En unos minutos seria la gran cena en el gran comedor. Todavía recordaba como estúpidamente había deseado abandonar Hogwarts durante su época estudiantil. Que imbécil había sido. Ahora, ni aunque lo deseara con todas sus fuerzas, jamás volvería a ver aquel lugar que tantos recuerdos le traía. jamás volvería a hacer magia. El fin de una era, de su vida como mago. Y todo por esa estúpida marca en su brazo…



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