Historia al azar: El Enfrentamiento
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19 años después » Un error lo comete cualquiera
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Un error lo comete cualquiera

20/08/1998

Katie estaba más que nerviosa. Estaba a unos días de cumplir los 8 meses de embarazo, y para su alivio y el de su marido, su estado de salud había mejorado bastante. Si bien su vientre aun no correspondía al tamaño esperado para su etapa de embarazo, ya era mucho menos preocupante que el de hacía un mes.

-Quédate- susurro ella deteniéndolo por el brazo. Wood había retomado su trabajo, cosa que, aunque le alegraba, la dejaba completamente sola por las tardes.

-Por más que quiera, no puedo- dijo él mientras se soltaba del agarre con suavidad-. Recuerda estar tranquila, pues cualquier cosa podría afectar al bebé…

-No tienes que recordármelo a cada rato- corto ella algo molesta. A Oliver no le paso desapercibida aquella molestia, pero decidió no indagar mucho en ella. Quizás se debía al embarazo.

Vio como se vestía y se iba todavía acurrucada a la almohada, incapaz de ponerse cómoda. Se levanto después de un rato con lentitud, contemplando su distorsionada imagen en el espejo de cuerpo entero que tenían. Ella en si no había cambiado, seguía teniendo su contextura atlética y figura casi bien definida. Lo único era aquel vientre hinchado que pese a tener 32 semanas aparentaba solo 21.

Se metió a la tina y decidió tratar de relajarse. Todo iría bien. Wood regresaría en la tarde y podría pasarla bien junto a él y Angelina, quien al enterarse del estado de su excompañera había prometido pasar a visitarla durante el día. El pequeño Wood-Bell parecía tranquilo para variar y, si todo salía conforme a el plan, nacería a finales de septiembre o inicios de octubre. A Katie ni siquiera se le había pasado por la cabeza que en menos de 2 meses tendrían a su bebe con ellos. ¿Qué haría? ¡En su vida había tratado con un bebe, maldita sea!

Suspiro mientras acariciaba su vientre. ¿A quién se parecería?  Salió de la bañera y se secó y vistió con tranquilidad. Peino su sedoso cabello en dos trenzas y bajo a la cocina, lamentándose por no tener nada dulce que comer, después de todo, tanto ella como Wood solían comer muy sano. Lo que hubiera dado ella por una chuchería.

Odiaba a las malditas hormonas, las cuales se encargaban de mantenerla melancólica o enojada. Detestaba estar sola, extrañaba a su Wood con locura. Pero él desde hacía unos meses que apenas la besaba, ni hablar de tocarla. Al principio justificó aquello a la impresión de el embarazo, luego a su barriga, pero esa última excusa parecía tonta cuando él era el principal preocupado por que creciera. ¿Seria, acaso, que ya no la amaba como antes?

Relájate, Bell, que el estrés daña a el bebe. Eso y otras cosas recordaban de sus idas a San Mungo, pero pensar en ello solo la preocupaba más…

Escuchó unos golpecitos en la ventana. Una lechuza llevaba una edición del profeta, y tras pagarle se dispuso a leer el periódico.

Era terrible. Asesinato tras asesinato, números que no se asemejaban a los de capturas. Hombres y mujeres de todas las edades, niños y ancianos, tanto muggles como impuros como traidores, algunos cometidos por bestias semi-humanas fuera de control, otras por mortifagos sueltos. Quizás ese era otra de sus mayores preocupaciones: Oliver estaba solo allá fuera, lo cual lo hacia vulnerable a aquellas situaciones. Pero seria mejor que dejase de pensar en ello.

Se dispuso entonces a ver aquel aparato muggle que, desde hacia unas semanas, se había vuelto su único distractor: la televisión. Lo hizo así hasta quedar profundamente dormida, arrullada por el ya familiar sonido de la máquina. Todo hasta que un ruido la despertó. Alguien llamaba a la puerta. Por la hora casi pudo asumir que era Oliver, quien de por si ya venia llegando tarde. Pero el nunca olvidaba su llave, y de ser así podría usar un Alhomora sin problemas. Entonces recordó a Angelina. Tras corroborar que su aspecto no era tan desaliñado, se dirigió a abrir la puerta.

- ¡Hola, Angie! Lamento si tarde en abrir, me quede dormida - la morena simplemente sonrió al ver a su amiga Katie de nuevo. Si bien durante la guerra en si ella había estado ausente, pudo participar en algo durante la batalla, al igual que Bell y Wood. Jamás hubiera imaginado que aquella feroz bruja estuviera esperando un bebe.

-No hay problema, Katie. Harry y Ginny te mandan esto. Recuerdo que eran tus favoritos- dijo mostrándole una canasta llena de dulces, entre ellos calderos de chocolate. Fue entonces cuando recordó su antojo y sintió hambre.

- ¡Ay, que lindos! ¿Qué estoy diciendo? ¡Pasa, te estas mojando! - Angelina rio mientras entraba a la pequeña pero bella casa de los Wood-Bell. Se seco con un movimiento de varita, a la vez que acompañaba a la anfitriona al comedor, donde dejo la canasta-. ¿Gustas algo?

-Un poco de agua, gracias- Katie asintió mientras tomaba una varita de regaliz de la canasta-. ¿Ya saben que va a ser? - pregunto aprovechando la poca distancia del comedor a la cocina.

-Decidimos que fuera sorpresa, aunque los dos estamos seguros de que será niño. Y si no dudo que a la campeona le molesten las sabanas azules, ¿verdad? - las dos rieron a la vez que Katie le tendía el vaso y se sentaba con ella-. Ni siquiera hemos pensado en nombres…Es una suerte que todavía nos quede un mes de espera…

-Me alegro mucho por ustedes. ¡Un bebe! Me refiero, nadie se lo esperaba. ¿Cómo lo tomaron las Arpías? Oí rumores de que eran estrictas sobre la maternidad y todo eso…

-Pues no hubo mucho problema, después de todo, no fue durante la temporada, o sea, no es como que haya cometido la imprudencia de embarazarme en plena época de competencias. Me sorprendió un poco no saber nada de ti en ninguna lista de audición, Lina, considerando tu pasión y talento al Quidditch. Hasta Ginny va a presentar pruebas en cuánto se gradué…

-…No puedo hacerlo…

- ¡Vamos! Tu eres muy talentosa, seguro que le patearías el trasero a muchos…

-En verdad no puedo. Veras, durante la batalla, aunque resulte prácticamente ilesa, una estructura que me cayo en la pierna, destrozándola. Madame Pomfrey y después medimagos hicieron todo lo que pudieron, pero me dijeron desde el vamos que brincar, correr, o recibir golpes en la rodilla podría ocasionar daños peores, pues mi hueso esta frágil. No entiendo lenguaje médico, pero básicamente tengo un mal de rodilla terrible. Mis días sobre la escoba acabaron…

-…Lo siento tanto, Angie- murmuro cabizbaja, lamentándose por haber tocado el tema.

-No te preocupes. Todo pasa por una razón, incluso cuando esta nos sea incomprensible o cruel…-dijo ella conciliadora, al ver como sus ojos se humedecían.

- ¡Malditas hormonas! - se quejó ella haciéndola reír-. Ya poniéndome algo seria, y espero que no este siendo impudente otra vez, ¿Cómo esta George? Ni siquiera pude darle el pésame por Fred- Katie vio como la simple mención de el fallecido ensombrecía el semblante de su amiga.

-Sera mejor que ni se lo des. El por ahora esta en negación, o algo así leí. Trata enfocarse en otras cosas, y mencionar a Freddie le hace daño, ¿ok?

-Supongo que también te lo debo dar a ti- Angelina la miro curiosa-. Fred y tu eran muy unidos…

-Si, también me duele aún. Él fue mi mejor amigo, siempre fiel y dulce- Katie la miro extrañada.

-Creí que tú y él habían sido algo más- esta vez fue Angelina la confundida-. Ya sabes, fueron al baile juntos. Se veían muy felices…

- ¡No, no, no, no, no! No. Fred y yo solo fuimos eso, amigos. Los mejores amigos. Lo ame como amigo y le extraño como tal. Mi corazón ya le pertenecía a alguien más cuando el me pregunto por el baile, y él lo sabía, al igual que sabia que mi enamorado no me había invitado. Él no quería que su amiga fuera sola, por eso me invito, ademas de que quería fastidiar a su hermano…

- ¿Es George de quien hablabas? - Angelina se sonrojo avergonzada, asintiendo levemente. La mayoría de la gente asumía que era Lee Jordan-. Una vez te vi besándote con uno de los gemelos. Asumí que era Fred. Creí que George salía con tu amiga, Thalia…

-Era al revés. Fred salía con Thalia y yo con George. Aunque de eso ya hace mucho tiempo. No vale la pena mencionarlo…

- ¿Ya no salen, entonces? - pregunto curiosa, pues el tono de enamorada que su amiga empleaba al mencionar a George le hacia pensar que aquello no era de hacía tiempo.

-No… ¿sí? ¡No lo sé! No estamos de humor para parejas. El trabaja y yo le ayudo en la tienda, pues sé que él no es bueno estando solo, ¡menos ahora!

-Deberían intentarlo otra vez. Se necesitan. Siento que, por lo que me dices, la única persona que podría realmente empatizar con él eres tú. Y tu lo necesitas a él. Aunque sea solo una amistad…

-Ni en mil años renunciaría al cariño de George, sin importar el tipo de este… ¿Estas bien, Katie? - pregunto alarmada al verla fruncir el ceño. Si había notado que la joven parecía sentir molestia en el vientre de vez en cuando, pero hasta el momento había decidido asumir que con semejante bulto seria normal el cansancio. Pero aquella vez si la asusto.

-Sí- suspiro ella disimulando un quejido-. Ya es tarde. Wood debería haber llegado de la practica…

-No te estreses. Seguro que viene en camino-no era experta, pero sabía que la preocupación no era buena para nadie, menos para una embarazada.

-Es solo que no quiero que le pase nada. ¿Viste El Profeta? ¡Estuvimos allí, en la batalla! Se de lo que son capaces esos monstruos, en especial con los sobrevivientes…

-Tranquila. Wood es fuerte, ademas, se va a aparecer. Todo va a estar bie…- no pudo evitar palidecer al notar un liquido extraño que había formado un pequeño charco debajo de su amiga. Katie también se asustó, pero cuando trato de levantarse, pego un grito, aferrándose a la esquina de mesa al sentirse caer.

-No puede ser. No esta pasando, no está pasando…

- ¿Qué no esta pasando? Katie, cálmate y responde. Quiero ayudarte…

- ¡Trae a Wood!

-Lo hare, pero dime que hacer contigo, ¿qué significa eso?

-Me dijeron que tendría contracciones muy leves, luego rompería aguas y empezarían unas fuertes cuando el parto comenzara. Pero eso seria a los 9 meses, ¡no a los 7!

- ¡Tranquila, por favor! - rogo Angelina aterrada. Katie se quejo de nuevo al sentir la presión en su vientre, contracciones-. Te voy a llevar a San Mungo…

- ¿Y Wood?

-Katie, no hay tiempo. Mira, le hablare y estoy segura de que llegara pronto, pero por ahora lo que importa eres tu y el bebe. ¿Tienes chimenea? Por que no puedes aparecerte por otro lado que no sea red flu…

-Si, en la sala. Vamos, ayúdame por favor- Angelina no tenia idea de que hacer, pero si podía ayudar a su amiga, intentaría lo que fuera.

- ¡San Mungo! - dijo Angelina con voz fuerte y clara, a la vez que dejaba caer los polvillos. Apenas llegaron ella corrió a pedir ayuda de algún sanador, a la vez que Katie se quejaba aun mas fuerte. De allí no supo que pasaba, simplemente vio como la acostaban en una camilla.

-Por favor, no te vayas Angie. Si Wood no llega no quiero estar sola…-le rogo ella entre lágrimas, a lo cual Angelina solo pudo asentir anonada. ¿Cómo decirle que no? Aunque debería quedarse en sala de espera al no ser familiar, llenando los papeles con los datos de su amiga. Le envió un patronus a los señores Wood y a los señores Bell, quienes tras un buen rato llegaron apurados, muy asustados pero emocionados. Él único que no respondía y no llegaba era Wood.

Pasaron horas, horas. Amaneció, pero Angelina seguía allí, algo traumada al escuchar los alaridos de dolor de su fuerte y nada quejumbrosa amiga Bell. La señora Bell entro con ella al parto. Angelina quería matar a Oliver, quien jamás apareció, razón numero uno por la cual había tardado tanto, pues su amada esposa estaba aterrada por su paradero. Pero Angelina sabia que lo mejor era que no se apareciera ahora, pues iba a gritarle y mucho. Pese a su estado somnoliento y su ira desbordante, no pudo evitar levantarse de su asiento emocionada al ver a la señora Bell salir con una sonrisa en rostro.

- ¡Es un niño! - grito emocionada, a la vez que todos hacían fiesta. Angelina no se dio cuenta de que estaba llorando de felicidad-. ¿Eres amiga de Katie? ¿Sabes algo de su esposo?

-No realmente. Yo la traje…

- ¡Ese Oliver! ¡Pero se las va a ver con nosotros, no se preocupen señores! - sentencio el señor Wood, antes de dirigirse a Angie-. Qué lindo que nuestra nuera tenga amigas tan buenas como tú. Muchos entran en pánico…

-Lo hice, pero Katie me necesitaba. Ella hubiera hecho lo mismo. ¿No hubo problemas? Me refiero, era prematuro…

-Solo es algo pequeño. Hasta eso, venia algo grande para ser de casi 8 meses, pero si es más pequeño que los demás. Esta en un aparato muggle, incubadora le dicen…Es idéntico al padre- dijo la mujer con un dejo de molestia-por eso, Katie decidió ponerle Oliver. La pobre esta aterrada…

-Teme que le pasase algo a Wood. Él no se perdería algo tan importante como el nacimiento de su hijo, y no creo que hubiera algo tan importante como para dejar a su esposa así como así, ¿no? - trato de justificar dentro de todo al muchacho mientras agradecía el café que le ofrecía el señor Bell.

Pero entonces, a lo lejos, pudo ver algo que casi la hace tirar el vaso. En una nueva edición de El Profeta que vendían allí, en la sección de Deportes. Puddlemere United gana juego contra Las Flechas de Appleby 346-250.Oliver yacía en la foto, celebrando junto a sus compañeros y compañeras de equipo, los cuales se encontraban muy lejos de donde el le había dicho a Katie que iba a estar.

"Katie no puede ver esto ahora" pensó Angelina, dispuesta a comprar todos los periódicos del puesto de ser necesario. Pero hubo algo con lo que no contaba: todas las mesillas de desayuno a los pacientes incluían una edición del periódico y revistas de cortesía. ¿Qué como lo supo? Pues…

- ¡ESTAS MUERTO, OLIVER WOOD!

Aquel grito de rabia desentonaba por completo con la esencia de un hospital, en especial en el área de maternidad. Pero aquel grito había declarado una sentencia: se había acabado la buena racha de Oliver, para bien o para mal.

 

 

 

Audrey Hart siempre había tenido una cabeza dura. Cuando juzgaba a una persona rara vez cambiaba de opinión, cosa que aunque sabia que era malo, era así. Pero quizás (solo quizás) Percy Weasley era su bendita excepción.

¿Irritable? Si. ¿Pomposo? Bastante. ¿Amargado? Casi todas las mañanas. ¿Malo? Para nada. De hecho él era todo un caballero con ella, cortante, pero respetuoso. Phoebe tenia razón, Percy era un buen hombre, para variar.

Pensaba en todo aquello mientras ataba su pelo en una simple coleta. Lucia divina, aunque su antes bronceada piel había perdido el color que había adquirido en Santa Mónica durante sus vacaciones a Los Ángeles, recuperando su natural tono claro, aunque seguía siendo saludable. Se vistió rápidamente mientras acomodaba sus cosas para salir a la calle, más específicamente al Ministerio de Magia, donde empezaría sus prácticas en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Estaba muy emocionada. No pudo evitar preguntarse si habría un código de vestimenta allí, pero ¿Qué más daba? Aunque corto, su vestido era recatado y sutil. Era su figura la que la hacia lucir tan sensual, pero ¿acaso eso era su culpa? Ella se vería de ese modo llevase lo que llevase. Pero al menos no perdía la elegancia.

- ¿Te ayudo, Rolf? - pregunto ella al verlo cargar con mucho. ¿Qué? Si ellos eran caballeros, ¿Por qué ella no podía ser amable?

- ¿No te molesta? - preguntó algo apenado. Ella negó divertida mientras tomaba la maceta que peligraba por caer. Una curiosa flor multicolor yacía en ella-. Es venenosa. No la toques…

-Pero es tan bonita- dijo incrédula, haciéndolo sonreír de lado.

-Lo más bello es lo más letal- aseguro él mientras abría la puerta de su apartamento con un Alhomora.

- ¿Aplica a todo? - pregunto ella curiosa, a la vez que dejaba a su carga en una mesilla. El departamento de Rolf era tan distinto al de ella, con sus plantas y alimento para animales, sus ventanales grandes sin cortinas y sus muebles sencillos.

-Ajam, pero para mi suerte a mi solo me parece extraño…

- ¿Y lo extraño es bello, entonces?

-Lo único, Audrey. Para mí, lo es lo único. Y como estas hay muchas en Latinoamérica. No son únicas…

-Hasta lo más común puede ser único si lo miras con otra perspectiva- murmuro ella, aun maravillada por las bellas plantas que colgaban del techo.

-Es lindo que pienses eso. Gracias por la ayuda, Audrey…

- ¡Cuando quieras! ¡Lindo día!

Se apareció en el quinto piso, a su departamento, para dirigirse a su sección: La Oficina de la Ley Mágica Internacional, donde trabajaría de asistente de los de mayor experiencia, casi como una becaria. Pero entonces, mientras se dirigía a su apartado, lo encontró. Su excepción, Percy Weasley, se dirigía en dirección contraria, razón por la cual se vieron de frente. El parecía igual de sorprendido que ella, pero la castaña ni siquiera se imaginaba el carril desatado de pensamientos que su presencia había desatado en la mente de el pelirrojo.

Deseo poder pensar en cualquier otra cosa, pero su cabeza y mirada tan solo se enfocaba en lo increíblemente bien que se veía. Pese a no ser nada realmente provocador, aquel colorido vestido hacia justicia a aquella figura de infarto que ella tenía. No malentiendan, el no solía devorar con la mirada a cualquier chica que se le pasase enfrente, no era un pervertido (aborrecía a ese tipo de "hombres"), pero ¿Cómo no mirarla?  Hermosos ojos, labios carnosos, cuerpo esculpido con unas kilométricas piernas expuestas por el largo de la prenda. Aquella visión podía con el autocontrol de cualquiera, incluso del de él. O al menos lo hizo por unos segundos.

- ¿Qué haces aquí? - dijeron los dos a la vez, sonrojándose en el acto-. Responde- continuo la chica apenada, pero manteniéndole la mirada. No estaban molestos, pero sus voces sonaban a la defensiva.

-Trabajo aquí. ¿Tú qué haces aquí? - pregunto el sin bajar el tono. Ella rodo los ojos.

-Te dije que yo apenas estoy empezando. Estoy en la Oficina de la Ley Mágica Internacional. ¿Eres de este piso o estas de paso? - comento ella ablandando su voz. No quería ser hostil. Él pobre ya debía sentirse hasta acosado por ella a ese punto.

- Cuerpo de Normas Internacionales de Comercio Mágico. Si es este piso, pero por allá- apunto él a su destino. Audrey lo miro sorprendida.

-Suena interesante. Muy interesante, de hecho- ¿Qué? Ella se lo imaginaba en un puesto aburrido como el resto de su persona. Él pareció un poco ofendido por el tono incrédulo de la joven, pero se esforzó en disimular.

-Lo es, excepto cuando hay problemas. Entonces es un fastidio lidiar con tanta gente y tantos acentos raros- ella rio débilmente, lo cual si bien no lo esperaba, no le molesto. Ella la única que se reía con él por que sí.

-Me lo imagino. Creo que me tendré que acostumbrar, ¿no? Me metí en política…

-Al menos allí procuran disimular su enojo. Una vez me lanzaron una maldición por no aprobar el comercio de un huevo dragón congelado a un museo de rarezas muggle, ¿a quién se le ocurre que sería buena idea? …

- ¿A qué hora se almuerza aquí? No desayune y me muero de hambre- Percy no pudo evitar entornar los ojos al recordar al estomago andante de su hermano Ron. Era una suerte que su altura y atletismo le permitieran estar en forma, por que si fuera por como come…

-A las 11. Todo el departamento es así y es de media hora…

-Entonces nos vemos a las 11. Estoy sola yo conozco a nadie. Espero y no te moleste que te acompañe…

-Para nada- dijo después de un rato. ¿Por qué? O sea, Audrey no era molesta, pero por su bien era preciso dejar de ver su diminuta cintura y su recatado escote. ¡Pero al demonio! Servía que el resto de los compañeros de trabajo a su alrededor se contenían de devorarla con la mirada como lo harían si anduviera sola. Aunque bueno, en ese momento muy a su pesar lo hacían, importándoles un bledo que fuera el de ella. ¿Qué era el de ella?

Soy su vecino y, a partir de ahora, su compañero de trabajo. Se respondió a si mismo al instante,.

-Y Percy, no me molesta que me mires. Con que me respondas en cuanto te hable, ¿está bien? Nos vemos al rato- le guiño un ojo divertida mientras avanzaba a su oficina, dejándolo anonado. ¿Tan malo era fingiendo desinterés? Pero no parecía enojada. Él, en cambio, se moría de vergüenza, así que decidió dirigirse rápido a su oficina, desando cualquier situación capaz de disipar sus pensamientos por ella. Al menos, pensó, tendría con quien distraerse durante los descansos para de los problemas.

 

 

 

-Esta gigante para tener tan solo 4 meses- comento la señora Weasley sorprendida-. Ademas, actúa algo mayor…

-Los licántropos tienden a actuar como bebitos mayores cuando son muy pequeños. ¿Verdad, Teddy? Eres muy inteligente, mi amor- dijo Andromeda con cariño mientras le entregaba el biberón a Molly. Tanto Harry como Ginny y la señora Weasley la miraron sin comprender.

-Pero Teddy no es licántropo, ¿verdad? - pregunto Harry confundido, sin poder evitar el dejo de preocupación en su voz. Vaya, ser licántropo no era lo peor del mundo, pero finalmente era una maldición, la misma cruz que había tenido que llevar su padre, la cual le había amargado la vida durante muchos años.

-Si y no. Déjenme y les explico, ¿esta bien? No se preocupe- dijo Andromeda aun alegre, lo cual transmitía algo de paz ante todo. Si ella no se preocupaba, ¿Qué era lo peor que podía pasar? -. La licantropía tiene dos tipos. Activa e inactiva. Los licántropos activos son aquellos que nacieron de padres activos o que no recibieron un tratamiento eficaz a tiempo contra el veneno de la mordida o rasguño. Remus fue un ejemplo de lo último. Estos como ya sabemos se transforman cada luna llena. Los inactivos son aquellos que, o bien fueron tratados a tiempo o que por genes dominantes no nacen con la capacidad de transformarse. En este caso, Teddy es licántropo, pero a la vez es metamorfomago, y debido a esto es que no se transformara a menos de que active su maldición, cosa que no pasara jamás, estoy segura…

- ¿Entonces Bill también es licántropo? - comento Molly con un hilillo de voz, a la vez que Ginny le acariciaba el hombro de forma conciliadora. Andromeda asintió, de repente triste por ser ella quien diera la noticia.

-Me temo que sí. Esta maldición, aunque inactiva, está allí y es hereditaria a las primeras cuatro generaciones de la familia, a menos claro que ambos padres sean licántropos, entonces es infinito hasta que se rompa esa cadena, como ya paso en ambos casos. No van a sufrí de transformaciones, pero si tiene sus consecuencias. Por ejemplo, esta noche este bebe no duerme, ¿verdad, mi vida? Por eso es por lo que está algo irritado. Normalmente ya estaría dormido a esta hora. Pero de eso a sufrir dolores de transformación hay un abismo de diferencia…

- ¿Cómo se activa? Digo, dices que Teddy jamás lo hará. No quiero que Bill cometa el error de acabar con lo que Greyback empezó- pregunto Ginny curiosa. Andromeda palideció.

-Se activa asesinando a alguien. Como verán, Bill fue de los pocos que salió con las manos limpias de esta guerra a pesar de todo. Pero si algún día, ojalá nunca, llegase a ocurrir, comenzara a transformarse…

-Entonces no hay problema, mi hijo seria incapaz de hacer algo tan atroz- comento Molly más tranquila. Harry, extrañado, no pudo percibir la misma seguridad en su pelirroja, quien tan solo asintió levemente.

-Igual y le diré a Bill, para que lo tenga en cuenta la próxima vez que se peleé con alguien- comento ella desinteresadamente, haciendo que la matriarca frunciera el ceño.

-Ginevra, no vuelvas a insinuar algo así de tu hermano. Es un buen hombre, incapaz de cometer algo que en principio le garantizaría una estadía en Azkaban…

-Lo sé, mamá. Es solo que, bueno, en circunstancias concretas, cualquiera hace lo que sea. Él ya no puede darse ese lujo…

Fue entonces cuando alguien toco la puerta. Era extraño, pues Grimmauld Place era invisible para la mayoría, ademas de que ninguno de ellos esperaba visitas. Fue Ginny quien se adelantó a abrir, seguida Harry, ambos con varita en mano, para angustia de Molly. La pelirroja observo tras la mirilla de la puerta (la cual recién habían agregado), encontrándose con un hombre ya de edad avanzada, ropa de segunda mano y apariencia algo cansada. Harry también observo, incapaz de reconocerle.

- ¡Abran, por favor! - pidió el hombre a la vez que tosía. Lucia agitado, pero eso solo les genero desconfianza.

- ¿Quién es usted? - pregunto Harry a la defensiva, pero procurando mantener la calma. El hombre no respondió.

- ¡No le abriremos si no responde! ¡Y hay de usted si no se va en este instante…! - empezó a amenazar Ginny haciéndolo palidecer.

- ¡Lyall Lupin! Me dijeron que el heredero de los Black vivía aquí, y que él era el padrino de mi nieto, Ted. Soy padre de Remus Lupin. ¿Es cierto lo que dije? -pregunto algo asustado. Los dos se miraron confundidos, sin saber exactamente que hacer. Se esperaban cualquier otra respuesta.

- ¡Meda! - llamaron los dos algo asustados. La mencionada llego corriendo, armada y dispuesta a maldecir a cualquier extraño que se encontrada en frente. Gracias al cielo, el señor seguía afuera.

- ¿Qué ocurre, queridos? Parece que vieron un fantasma, ¿tía Walburga por fin pudo abandonar su feo cuadro? - pregunto buscándolo con la mirada. Los dos se apresuraron en negar.

- ¿Te suena el nombre Lyall Lupin? - pregunto Harry. Ella asintió extrañada.

-Era el padre de mi yerno. Nunca supe mucho de él, Remus no hablaba mucho ni de él ni de su difunta madre. Solo se que está lejos, ¿por?

- ¿Entonces sigue vivo?

- ¡Por supuesto que sigue vivo! Hablamos de que Remus murió a los 38, ¿Qué creían, que sus padres morirían a los 50? ¿Pero por qué…? - tardo un poco en atar los cabos de la situación-. Esta afuera, ¿no?

-Creo que lo amenace un poco- admitió Ginny algo apenada, a la vez que Meda se apresuraba a abrir la puerta. La parejita de jóvenes le miro algo avergonzados con una sonrisa, tratando de reflejar inocencia.

- ¡Lyall! ¿Cómo estás? Soy Andromeda, Remus era mi amigo de mi primo, Sirius. Lo vi alguna vez, en la boda de Lily y James. No importa. Soy abuela de Teddy. Él está en la sala, ¿esta bien? ¡Pasa, que te vas a empapar! ¿Cuándo empezó a llover? ¡Ni lo note!

- ¿Harry Potter? - pregunto él, a lo cual Harry asintió apenado-. Los pocos que no te conocían por tu cicatriz ahora lo hacen por la fortuna que heredaste. Deberías andar con cuidado… ¿Quién me amenazo hace un rato? ¿Fuiste tú? - pregunto notando la presencia de Ginny, quien suspiro asintiendo.

-Ginny Weasley. De verdad lamento aquello, espero que entienda que en estos tiempos ni abrir la puerta es seguro…

-… ¿Es qué los Potter no pierden el gusto por las pelirrojas? - comento algo melancólico, sonrojándolos. Ni siquiera se habían percatado de que se habían tomado de la mano. Ya era un acto reflejo: no podían estar juntos sin ansiar algo de contacto, por más inocente que este fuera. El hombre les sonrió, ablandando su expresión-. En fin, no hay problema. Me alegra, de hecho, que sean tan precavidos. Los tiempos se prestan para esa inseguridad…Entonces, ¿mi nieto está aquí?

-Si, ven acompáñanos. Lo está cuidando Molly…

- ¿Molly Weasley?

-Ajam… ¿Algún problema? - pregunto Andromeda confundida. El hombre negó, pero a Ginny no le convenció del todo.

Tranquilízate articulo Harry a Ginny, quien pesa a entornar los ojos con molestia, obedeció a sabiendas de que Harry tenia razón. Lyall, les agradase o no, era el abuelo de Teddy. Tenía derecho a verlo.

- ¿Todo bien, Meda? - pregunto Molly antes de percatarse del extraño-. ¿Quién es él?

-El abuelo de Teddy, padre de Remus. Quiere ver a su nieto… ¿ya se acabó el biberón? - pregunto asombrada a la vez que Molly limpiaba los restos de leche de la boquita del pequeño.

-No sabía que seguía con vida, sin ofender, claro- comento la mujer mientras le tendía al bebe en brazos-. Tardó mucho en ver a su nieto…

-Estaba en Asia poco antes de que el cierre comenzara, mucho antes de que naciera mi nieto…

- ¿El cierre? - pregunto Harry confuso, aún más al ver que todos en la habitación sabían a que se refería Lyall.

-Poco después de la boda de Bill y Fleur, se decreto una "ley" que dictaba que nadie podía entrar o salir a las tierras gobernadas por el Ministerio de Magia. Asi, los impuros y perseguidos no tenían a donde huir, ni países externos podrían ofrecernos ayuda. Creo que, hasta cierto punto, también afecto a los muggles, pero de eso no estoy muy segura- le explico Ginny con amargura, recordando lo duro que fue para muchos que tenían familia afuera. No se quería imaginar lo que habrían sentido su cuñada y familia..

-El cierre dejo de existir a partir del 5 de mayo. Como han de esperarse, se llenaron todas las vías de ingreso y salida, después de todo, no es tan fácil solo aparecerse en tierras extranjeras sin cometer algo ilegal. Apenas hace un mes que pude entrar a Inglaterra, ¡y eso que yo soy nativo! Supe de mi nieto por cartas de mi hijo y mi nuera. Lamento mucho su perdida, Andromeda. Parecía una buena mujer…

-Lo era. También lo fue su hijo. Me dolieron los dos- aseguro ella, incapaz de mencionar a su marido sin romper en llanto-. Teddy es metamorfomago- aclaro al ver la expresión de sorpresa del hombre al ver como los cabellos de su nieto se tornaban rosados-. Suele ocurrir cuando mencionan a su mamá. Lo único que no cambia son sus ojos, los ojos de Remus…

-Hola chiquito. Soy tu abuelo, ¿sabías? No he podido estar contigo hasta hoy, pero prometo que serás el niño más feliz del mundo. Serás feliz, como lamentablemente no lo pudo ser tu papá de niño…- la voz del señor se quebró, a la vez que el pequeño le sonreía débilmente. Después de un rato meciéndolo, Lyall recupero la compostura-. Me alegra saber que no tiene el problema de mi hijo, pues se que a él le alegraría. Pero esta inquieto, no duerme hoy, ¿verdad?

-No, me temo que no. Se pondrá de mal humor en un rato. ¿Por qué nos reunimos aquí en primer lugar?

-No sé, Meda. Fue tu idea…-la mujer no entendió del todo el comentario de Harry. Pero, en vez de hacer mas preguntas, se limitó a reír.

- ¡Ah, ya recuerdo! Espérenme, ¡Kreacher! - el elfo se apareció de repente, terriblemente molesto.

- ¡Solo me aparecí porque en sus venas corre la sangre Black, maldita traidora! ¿Qué quiere, maldita zorrr…?

- ¡Acabas la oración y te largas al maldito infierno, Kreacher! - sentencio Harry furioso, sorprendiendo de sobre manera a todos los presentes. A ver, que sabían que tenia carácter, pero normalmente quien actuaba así era Ginny, quien simplemente agradecía de que la gritadera no interrumpiera la paz de Teddy, quien aunque molesto, no había roto a llorar.

-Lo siento, amo- aquella declaración sorprendió a Harry, extrañado de ser llamado así.

-Tu heredaste esta casa, Harry. Oficialmente, eres el dueño de esta casa y de todos sus residentes…- aclaro Lyall. Andromeda se partió de risa, burlándose infantilmente del elfo.

- ¡Tendrás que servir a alguien que ni siquiera es Black! ¿Cómo se sentiría tía Walburga por esto? ¿Vamos a preguntarle? - Kreacher maldecía y lloriqueaba, disculpándose con miembros de la casa Black a quienes no conocían. Era casi cruel que Meda se riera, su lado más Black fríamente hablando-. ¿Qué?  Ese elfo y la arpía de su ama me insultan de se modo y sin censura desde que tengo 13 años, háganme el maldito favor. Esto es karma y lo estoy disfrutando a mi modo. En fin, no te hable para ver tu linda cara, como es evidente Kreacher. Necesito la llave de los cofres del ático, más específicamente las de mi primo Sirius. Tráela…

- ¿Le obedezco, amo Potter? - pregunto deseando para sus adentros que se negara.

-Por favor, Kreacher, hazle caso. Y llámame solo Harry, ¿está bien? Lamento haberte gritado- aclaro el apenado. Él odiaba ser grosero, pero tampoco iba a permitir que ofendiera a nadie en su presencia.

-Yo no podría ser tan descortés, amo Harry. No tiene que disculparse, yo actué mal, prometo no insultarla más…Enseguida las traigo- se despidió con una reverencia antes de desaparecer. Al instante apareció de nuevo, y tras unos chasquidos bajo un cofre-. El resto los deje en el cuarto del amo Sirius. Aquí esta uno, a ver si a estos se refería…

-Gracias, Kreacher. ¿Qué querías mostrarnos? - le pregunto a la mujer, quien parecía seguir burlándose para sus adentros de la desgraciada criatura.

-Bueno, aquí Sirius guardo muchos recuerdos de sus años estudiantiles, más bien me pidió que los guardara para evitar que algo les pasase. Algunos más que recuerdos son objetos que Lily y James guardaban con mucho cariño. También allí están unas llaves a la casa Potter, que aunque es tuya y prácticamente no seria allanamiento de morada, seria mejor no tratar de romper encantamientos. En fin, ¡realmente no recuerdo que guardo! Pero es tuyo, junto con todo lo demás, claro…

-Gracias, Meda. De verdad- ella le miro con ternura.

-No hay de que, Harry. Te lo mereces…

-Ya es algo tarde- comento Molly, con la vena matriarcal latiendo en ella. Andromeda la entendía, nunca se dejaba de ver a los hijos como niños, asique la apoyo a pesar de las miradas expectantes de los muchachos.

-Si, es tarde…

-Si quieres quédate aquí, digo, para que Lyall pueda pasar mas tiempo con Teddy, ademas, se ve que a el le gusto este lugar…-comento Harry algo asustado, después de todo, le daba algo de pena el anciano, quien lucía alegre jugueteando distraídamente con su nietecito.

- ¿Verdad? Ni idea de porque le gusto. Yo nunca pude sentirme cómoda aquí…pero no me perdería la oportunidad de fastidiar a Kreacher por nada en el mundo. Prometo no ser cruel. Yo soy la ultima en apoyar el maltrato a los elfos, pero Kreacher me puede…

-Buenas noches, entonces. Adiós Teddy- se despidió Harry cariñosamente. Ginny le lanzo un beso haciéndolo reír, mientras que su cabello se tornaba pelirrojo, del tono exacto Weasley. Era un bebito muy expresivo, quizás porque su propia abuela era muy fan de hacerle caras y modificar el timbre de su voz al hablarle. Se metieron a la chimenea y para antes de que lo advirtieran llegaron a la madriguera. Ron se encontraba comiendo un pedazo de tarta, mientras que Hermione leía distraídamente un grueso libro de historia muggle. Arthur ponía la mesa mientras que George, con su básico pero útil conocimiento en la cocina empezaba con la cena para ayudar a su madre, quien regaño a Ronald por adelantarse con el postre. Harry y Ginny estaban cansados, felices de ver a su ahijado, pero cansados. Subieron al cuarto de la joven a escondidas, después de todo, era un secreto a medias que dormían juntos. Nótese que dormían, solo eso, pero bueno, hasta aquello estaba más que prohibido.

- ¿Qué miras, Potter? - "regaño" ella al verlo mirar "disimuladamente" mientras que ella se quitaba la blusa dándole la espalda.

-Tus pecas, bonita…

- ¿Te gustan? - el joven asintió-. Que bien, pues tengo por todas partes. No me molesta que las veas- comento descaradamente mientras se volteaba. El torso de su novia tan solo estaba cubierto con delicado brasier rosado pálido. Unas coquetas pequitas adornaban el apenas pronunciado escote de su novia, que junto al borde en encaje de la prenda dejaba a Harry sin aliento.

-Vas a matarme- comento con la voz entrecortada, haciéndola sonreír de lado.

-Te amo- se acerco ella a besarle seductoramente, mientras se sentaba a horcajadas a él, quien ni lento ni perezoso empezó a acariciar su espalda y cintura, haciéndola suspirar.

-También te amo, Gin- murmuró el entre beso y beso. No tardo en terminar encima de él, acostados, besándose tan apasionadamente que era casi una pregunta cómo le hacían para respirar. Las manos del joven recorrían el cuerpo de su amada, quien no tardo en empezar a desabrochar la camisa del joven a la vez que repartía besos por su cuello. Harry, extasiado, desabrocho la prenda de la joven, dejándola finalmente desnuda de la cintura para arriba. La miro fijamente, era simplemente hermosa, perfecta…

Ginny le sonrió dulcemente mientras le besaba. Cuando por fin pudo desprender la camisa de su chico casi pierde el aliento al ver el marcado abdomen del elegido. Bendito sea el Quidditch y su acondicionamiento físico…los dos se acariciaban deseosos, queriendo descubrir el cuerpo del otro, conquistarlo…

- ¡Chicos, bajen a cenar! - aquel llamado los interrumpió vertiginosamente, sobresaltándolos y dejándolos muy agitados. Ginny bufo a la vez que maldecía por lo bajo.

-Amo a mi familia- murmuro con molestia, haciendo reír levemente a Harry. Se besaron dulcemente, a la vez que Ginny se cubría con su brazo. Harry la miro con ternura, a la vez que le acariciaba la mejilla. Los dos se vistieron con tranquilidad, y una vez corroboraron que su apariencia no gritase a los cuatro vientos lo que habían estado haciendo. Bajaron tomados de la mano, y lo único extraño en su conducta era lo extremadamente cariñosos que se encontraban, incluso demasiado para lo que eran ellos. Llego la hora de acostarse, y una vez el intercambio de roles se dio, Ginny y Harry pudieron estar a solas…

-Harry, sobre lo de hace rato…-empezó la pelirroja algo apenada. Harry le sonrió con ternura, a la vez que le acomodaba el cabello tras la oreja.

-Se repetirá ahora o en meses, cuando tu quieras. No te presiones, estoy bien con lo que quieras darme…

-…Es solo que quisiera esperar a poder hacer algo especial. Lo sé, pero en algo debía ser cursi, no te rías…- reprocho ella al escuchar su risita.

- ¿Cursi? Más bien tierno, Gin. Yo solo quiero que seas feliz, ¿esta bien? Para mi será especial sea como sea, mientras sea contigo…

-Te amo, Harry- comento ella mientras se acurrucaba en su pecho, ya acostados. Harry hundió su cabeza en el cabello de su pelirroja. Aquel aroma floral le embriagaba. Era una suerte poder tenerla entre sus brazos-. Pronto regresamos a clases...

- ¿Enserio? ¡Lo había olvidado! - rio al sentir un pequeño golpe en su brazo. Ella fingió un puchero-.Perdí la noción del tiempo tras mi cumpleaños...

- ¡Qué pena que no hayamos estado libres ese día ! Hubiera hecho algo especial ese día

- ¿Por qué eres así, pelirroja? - ella rio divertida antes de besarlo-. Juegas con los pobres sentimientos de tu sapo en escabeche- comento recordando aquel poema que la pelirroja había escrito hacia unos años. Eso ella no se lo esperaba.

- ¡Tenia 11 años! ¡Di que rimo! - reprocho ella avergonzada. Harry rio sin poder evitarlo, haciéndola rabiar-. ¿Cómo es que aún lo recuerdas? Era un estúpido poema…

- ¿Estúpido? Disculpa, pero fue la primera carta de amor que me dio una chica. por supuesto que lo guarde, ademas discúlpame, pero tu con 11 años eras toda una poetisa…

-Tonto- se quejó ella infantilmente, cruzándose de brazos.

-Te amo- murmuró el besándole el hombro, abrazándola contra él.Ella cedió finalmente, devolviendole el abrazo.

-Yo también. Descansa…



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