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19 años después » Un nuevo mundo
19 años después (R15)
Por Dinah Wesley
Escrita el Martes 13 de Febrero de 2018, 05:26
Actualizada el Miércoles 20 de Enero de 2021, 22:13
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Un nuevo mundo

Voldemort había caído.

Una alegría vacía inundaba el ambiente. Si bien era un consuelo saber que aquel siniestro mago estaba muerto, era imposible no lamentarse por los héroes caídos.

Familias rotas, el castillo en ruinas y gente herida era el panorama inicial de esa nueva era de paz.

Harry se había ido lejos de todo aquello con tal de aclarar sus ideas, las cuales formaban un maremoto en su cabeza…

Remus, Nymphadora, Snape y Fred en la batalla; Moody y Dobby durante la guerra; Sirius, Dumbledore, Cedric y quien sabe cuántos antes de que siquiera iniciara. Y eso sin contar a los alumnos, de su misma edad o menos, que habían sacrificado sus vidas con tal de luchar junto a él.

Los Weasley, a quienes les debía tanto, debían odiarlo en ese momento, en especial George por la pérdida de su gemelo. Teddy, quien apenas llevaba unas semanas de vida, ya se hallaba solo y desamparado. Ese niño seria como el, crecería sin el amor de sus padres…

La culpa lo carcomía internamente. ¿Por qué no él en vez de todos ellos?

Todo el peso de esas muertes reposaba sobre sus hombros.

Y, por último, pero no menos importante, estaba Ginny.

Ginny, una de las razones por la cual todavía seguía con vida, debía odiarlo en ese momento.

Le dolía en el alma el hecho de pensarlo, a pesar de que ella estaría en todo su derecho de hacerlo. Quizás tan solo ese fugaz beso que le había dado al saber que sus vidas podrían acabar pronto era lo único que le daba esperanza de que tal vez ella le seguía queriendo. Aunque eso había sido antes de la muerte de Fred. Ahora, nada era seguro.

Necesitaba descansar de todo ese desastre, asique decidió ir a lo que quedaba de la que había sido su dormitorio durante varios años. Ignoro los intentos de los demás a su alrededor por llamar la atención, preguntándole una y otra vez sobre que se tenía que hacer, ¿quién lo había nombrado jefe de repente? ¿es que nadie notaba que él tampoco tenía idea de qué hacer?

El deseaba aislarse, que le perdieran de la vista pública, aunque sea por unas horas. Quería pensar en que iba a hacer, y mas que nada, en que le iba a decir a su preciada Ginny en cuanto la viese, pues en algún momento tendría que encararla y sabia que un "Hola, te extrañe y lamento haberte dejado sin despedirme…" no bastaría para convencerla de que aun la amaba, mucho menos para perdonarle.

Por lo que se sintió a morir al darse cuenta de que, en la ya muy destrozada sala común de Gryffindor, se encontraba su pelirroja, quien ni se inmuto ante su presencia. Lucia muy serena mientras contemplaba lo que parecía una fotografía vieja. Unas cuantas lagrimas parecían querer asomarse hasta que se percato de que ya no estaba sola. No parecía enojada, pero el hubiese preferido verla hecha una fiera a como estaba ahora. Le dolía verla en un estado tan vulnerable y le desesperaba sentir que él había ayudado a hacerla sufrir. Algo debió cambiar en su expresión, pues mientras que esos amargos pensamientos cruzaban su mente Ginny frunció el ceño.

-Ni se te ocurra pedir disculpas, Potter. Estoy harta de que la gente sienta lastima por mí. Ven aquí- dijo indicándole que tomara asiento con ella. Él lo hizo sin saber realmente que debía de hacer, ¿estaba molesta o no? La vio temblar por el frio, así que decidió abrazarla levemente, haciendo que ella se acurrucada en su pecho mientras suspiraba. La fotografía en si era un sencillo retrato familiar de cuando Ginny tendría 10 años. Era una foto común, pero el ver a toda su familia reunida y contemplar que eso jamás volvería a ocurrir resultaba en extremo doloroso-. ¿Sabes? Ni siquiera sé que lamento más. Él era tan joven y ambicioso…tenia un futuro planeado, planeado para estar junto a George… él debe estar sufriendo demasiado y lo peor del caso es que no puedo ir a darle animo cuando al tratar de recordarlo termino llorando…- murmuro con la voz entrecortada. Escondió la cabeza en su pecho, Harry mientras tanto acariciaba sus cabellos en un intento de calmarla. Le dio un suave beso en la frente una vez que ella alzo el rostro para mirarle a los ojos.

-Ginny, yo…si pudiera haber hecho algo por él…- algo cambio en los ojos rojizos de la pelirroja. Ella suspiro mientras le acariciaba la mejilla y se acercaba para besarle. Harry no comprendía del todo, pero no era tonto: correspondió a ese dulce beso de inmediato, tornándolo a uno más profundo y duradero.

-Tu no podías hacer nada. Fred, Tonks, Lupin…todos ellos luchaban por sus propios motivos, al igual que tú. Jamás los hubieses convencido de quedarse y mantenerse a salvo, nunca has podido frenar a nadie, por mas que te quiera. Ellos lucharon por los suyos y gracias a ellos es que todos estamos aquí, vivos y sobrellevando las cosas. Lo único que nos queda hacer es darles el honor que se merecen y procurar que su muerte no sea en vano…

La besó. Eso era justo lo que necesitaba escuchar. Por un segundo podía dejar de sentirse culpable y vivir la dicha de estar a salvo junto a los que amaba; el poder luchar para seguir protegiendo a los que estaban y cumplir con los deseos de aquellos héroes que habían caído. Nadie los olvidaría, serian tan o mas legendarios de lo que fue en su momento "Él Niño que Vivió". ¡Podía vivir libre por primera vez en su vida! Había esperanza. La abrazó mas contra a el durante el beso, consiguiendo que eventualmente se sentada a horcajadas. Ginny sonrió de forma juguetona, mientras miraba risueña las manos de Harry, las cuales habían terminado en su cintura. El suspiro suavemente al ver que no estaba enojada, al contrario, le beso de nueva cuenta de forma casta y tierna. Agradeció que la pelirroja disminuyera la intensidad, pues en ese momento y con ella sobre el… si, lo mejor era permanecer dulces pues seguían en un lugar relativamente público. De hecho, era un milagro que se encontrasen solos pues todos querían descansar en una cama y Gryffindor era una de las pocas casas que seguía en pie.

-No sabias que fueras tan atrevido Harry- dijo risueña mientras se levantaba. Le extendió la mano para que le acompañara, haciéndolo reír suavemente.

-Te amo, Gin- murmuro el con ternura mientras la abrazaba con fuerzas. Ginny sintió como su pulso se aceleraba al escuchar tan sinceras palabras. Solo Harry podía ponerla nerviosa diciendo tan poco.

-Y yo a ti, Harry- dijo sin pensarlo antes de besarle por cuarta vez. vaya que se habían extrañado y necesitaban recuperar el tiempo perdido-. Prométeme que no me volverás a dejar- pidió ella tratando de ocultar su vulnerabilidad a la idea de perderlo otra vez. Harry descubrió que no podía con Ginny en ese estado: el odiaba verla triste y decaída, su princesa merecía ser feliz y fuerte, jamás sentirse sola…

-Te lo juro- sin mas se dirigieron a la habitación de Harry a dormir un rato. Se encontraban felices y exhaustos, pero aun así querían pasar tiempo juntos, aunque fuese haciendo nada.

 

 

 

- ¿Ron? - llamo Hermione suavemente, arrepintiéndose en el momento al sentirse torpe y egoísta.

Se encontraban en los terrenos de Hogwarts, en un lugar apartado del bullicio y llanto de las personas a su alrededor. Hermione había estado buscando al pelirrojo por todos lados, pensando constantemente en aquel beso que se habían dado. En teoría, ella lo había besado, pero el correspondió, ademas, su corazón se aceleraba de emoción al recordar como Ron le había defendido llamándola su novia. Quería verle, besarle y hablar con él, pero ella sabía que él se encontraba sufriendo…

- ¿Herm? ¿Qué haces aquí? - pregunto procurando ocultar su voz adolorida y cansada. Le preocupaba el aspecto cansado de la chica, ¿Por qué no iba a descansar un rato? Ademas, no quería que lo viera así de débil. Debía ser fuerte por su familia y amigos, y sobre todo por ella, quien pese a la desgracia seguía firme y con la frente en alto.

-Me preocupe al no verte por ningún lado- murmuro ella mientras se acercaba mas a mirarle. Ron suspiro sin poder evitarlo; si bien tardaría en superar la muerte de su hermano, no podía negar que ver a Hermione sana, salva y a su lado. No pudo evitar sonreír débilmente al recordar que se habían besado hacia algunas horas. El deseaba con toda su alma que no hubiese sido solo un impulso al sentir tan cercana la muerte, pues el adoraba a la castaña, y deseaba estar con ella más que nada.

-Solo necesitaba tiempo para pensar. Se que a Fred no le hubiese gustado que estuviéramos así, ademas, tanto mis padres como George van a necesitar de nosotros mas que nunca…

- ¿Quieres estar solo? - pregunto Hermione con un dejo de tristeza.

- ¡No! No te vayas- reconoció el a modo de petición. Ella se sonrojo mientras se acercaba a acariciarle el brazo. No pudo evitar mirar la enorme cicatriz que le recorría el brazo, sintiéndose mal al no haber podido hacer mucho por el al respecto.

-Lo siento- dijo ella algo apenada, recordando la cicatriz que ella misma tenia en el cuello, pero antes de que se pudiese apartar avergonzada, Ron la acerco a él, besándola en el acto.

A diferencia de aquel beso rápido y desesperado, este fue largo y profundo, tierno y apasionado. Se fundieron en un abrazo, Herm le acariciaba la espalda mientras que el mantenía sus manos fijas en la tentadora curva de su fina cintura.

- ¿Asi que ahora soy tu novia? - pregunto ella con ternura una vez se separaron. Ron rio suavemente, un tanto avergonzado al recordar ese comentario tan espontaneo.

-Si tu quieres- dijo el tímidamente, haciéndola sonreír ampliamente mientras le besaba de nueva cuenta, esta vez de forma más tierna y fugaz.

-Me encantaría- dijo sin evitar un suspiro al sentir las caricias de Ron, quien parecía disfrutar con lo que estaba haciendo-. ¿Sabes? puedes contar conmigo para lo que sea, tú y tu familia en general. No sé cómo, pero si puedo hacer algo para ayudarles…

-Ya haces mucho con estar aquí. Te quiero, Herm - murmuro el dulcemente mientras jugueteaba con sus cabellos. Te quiero. Solo bastaban esas dos palabras para que su corazón latiera como si se le fuese a salir del pecho.

-Yo también te quiero- dijo ella alegremente mientras lo abrazaba con fuerzas. Ron no podía dejar de sentir dolor, pero no podía negar que un te quiero de su Hermione bastaba para hacerle sentir optimista sobre el nuevo mundo sin Voldemort. Deseaba escucharlo nuevamente, besarla, verla sonreír; amaba saber que a su lado ella era feliz.

Te quiero. Dos palabras bastaban para llenar sus jóvenes mentes de ilusión y esperanza por una vida juntos.

 

 

 

- ¡Luna! - llamo Neville apresurado. La joven rubia volteo a sonreírle a su buen amigo, quien parecía ansioso por decirle algo. Vaya que le alegraba ver que no era la única con energía en el castillo.

- ¿Me permiten un minuto? - pregunto Luna dulcemente a la Señora Pomfrey, quien se encontraba atendiendo las heridas leves de los estudiantes. Luna le había estado ayudando con sus "métodos", los cuales pese a ser poco convencionales, habían resultado. En ese momento trataban de arreglar una pierna rota.

-Claro, señorita Lovegood. Agradezco de antemano su amabilidad, pero usted necesita descansar…- dijo la señora, quien agradecía a Merlin el no tener que tratar los huesos rotos con una enfermera tan inusual como Luna Lovegood.

-Nos vemos, Pansy. Que te recuperes pronto. - dijo Luna con dulzura, haciendo rabiar a la lesionada chica. vaya que odiaba a ese bicho raro y su sonrisa estúpida, aun mas al torpe de Longbottom, quien suspiraba como idiota con cada disparate de la rubia.

- ¿Podemos ir a otro lado? - pregunto el algo cohibido ante la presencia de Parkinson, quien parecía esperar a la mínima para burlarse de ellos.

Luna asintió mientras se despedía de los demás, quienes parecían divertidos ante la actitud tan optimista de la chica. La verdad es que se agradecía un poco de alegría en aquel momento gris, en especial por los mas chicos quienes no se salvaron de salir lastimados. Una vez fuera, Neville tomo aire. El momento había llegado. Debía confesarle su amor a Luna lo antes posible, antes de perder la valentía.

-Luna, necesito decirte algo desde hace mucho tiempo…

- ¿Enserio, Neville? ¿Qué es? - pregunto sorprendida, después de todo, Neville le contaba todo. El chico suspiro mientras la tomaba de la mano. La joven parecía un poco confundida, pero no se apartó.

-Luna, tu…-¿Por qué le costaba tanto decirle? Las palabras estaban en su mente, pero no salían de su boca. Luna le miro con ternura, mientras le acariciaba las manos con cariño.

-Neville, hace poco te enfrentaste a Voldemort; eres muy valiente, ¿Qué puede ser más intimidante? - dijo ella de forma conciliadora, siempre con aquel tono ensoñador que la distinguía del resto de personas. Aquel brillo en sus ojos celestes y sus andares desinteresados que hacían creer a la mayoría que vivía en otro mundo; Neville en cambio pensaba que de venir de otro mundo vendría uno mejor, pues ella y su rareza le brindaba a él alegría y esperanza. Bastaba con verla para tener valor para lo que fuese.

-Me gustas, Luna, más bien, estoy enamorado de ti. Te quiero, siempre lo he hecho- lo había dicho. Luna abrió los ojos sin creérselo del todo, haciendo que Neville se pusiese nervioso. Si bien era un alivio haberlo dicho, temía con creces su rechazo. Luna suspiro, haciendo que el quisiera irse, ¡vaya que le dolía la expresión incomoda de Luna, quien parecía esforzarse por disimularlo!

-Neville, yo…

-No digas nada- murmuro el acongojado. Pero antes de que pudiese irse, Luna lo tomo del rostro y lo beso. Fue apenas un roce, revelando la inexperiencia de ambos, pero a pesar de ello, fue muy significativo.

Nada. No era el primer beso de Neville, por lo cual él sabía que por más rápido o seco fuese, un beso siempre transmitía algo siempre y cuando quisieses a quien besabas. Y por supuesto que el adoraba a Luna más que a nada, pero no le había transmitido nada. Luna lo miro con cariño mientras se apartaba, sonriendo débilmente mientras acomodaba su cabello tras la oreja. Parecía igual de alegre que siempre; ella seguía siendo la misma chica extrañamente bella que le había cautivado, solo que ahora no representaba una atracción, mas bien un cariño muy profundo y duradero. Le seguía cautivando y le seguía amando, pero no de ese modo.

-También te quiero, Neville, eres de las personas a las que mas valoro y solo quiero que eso se quede así, que nosotros sigamos siendo lo que somos, ¿esta bien? - había una especie de suplica en su tono de voz que le partía el alma, muy seguramente él podría vivir sin tenerla a su lado.

-Esta bien, Luna. ¡Vaya, que alivio! Me refiero, no era lo que esperaba, pero creo que es mejor- Luna rio suavemente antes de abrazarle con fuerzas. Vaya que había extrañado a su dulce y torpe Neville, quien correspondía gustoso a su agarre.

-Por cierto, Kingsley se la ha pasado preguntando por Harry, Herm y Ron toda la tarde, ¿sabes dónde podrían estar? - dijo ella recordando al muy preocupado hombre preguntado alrededor del plantel.

-Luna, ya casi es medianoche. Dejémosles descansar, creo que todos lo necesitamos- la joven asintió mientras se despedía de él.

Cualquiera diría que le había ido mal aquella vez. pero de ser así, ¿Por qué tenia una sonrisa imborrable en su rostro?

 

 

 

-Chicos, se que es muy temprano y que todo es muy reciente, pero hay algunos asuntos que creo que les corresponden, después de todo, es gracias a ustedes que estamos aquí, vivos y sobreviviendo- los tres se encontraban muy adormilados y en general preferirían estar en cama o desayunando, pero sabían perfectamente que si Kingsley los había llamado era porque a larga les incumbiría.

Harry por su parte se encontraba malhumorado, después de todo, si no fuera por Neville seguiría durmiendo junto a su hermosa pelirroja. En comparación, Ron y Hermione lucían mas relajados, solo que el primero muy hambriento y la segunda muy cansada. Se encontraban en el antiguo despacho de Dumbledore, el cual había sido ocupado por Snape y seria de Mcgonagall en cuestión de meses.  Una vez les ofreció asiento, los jóvenes se acomodaron en un amplio sofá en el que cabían los tres sin problemas. Hermione acurruco su cabeza en el hombro de Ron, quien procuraba no reírse de lo dormilona que había resultado ser. Harry no lo aguanto, consiguiendo una suave patada de la chica, y esta vez los tres rieron. Harry se encontraba feliz por sus amigos, vaya que deseaba que fueran felices juntos. Kingsley sonrió débilmente, vaya que esos chicos habían pasado por mucho: cada uno con sus propias peleas, pero siempre juntos. Iba procurar ser rápido para dejarlos ir a hacer lo que quisiesen.

- ¿Para qué nos necesitan? Me refiero a Ron y a mí- pregunto Hermione, después de todo, Harry era el Elegido, ellos no eran tan importantes.

-Porque el señor Potter me ha dejado muy claro que ustedes fueron de gran importancia en su misión y alrededor de todos estos años…- Herm y Ron le miraron agradecidos, después de todo y aunque hacían eso por mero cariño hacia Harry, les gustaba ser apreciados de vez en cuando. Harry les sonrió, antes de hablar.

- ¿Qué ocurre? Luces preocupado…

-Muchas cosas que arreglar, así que empezare por ustedes. Como ya han de suponer, todos los mortifagos que participaron en esta masacre serán condenados al beso de dementor, o de tener suerte, a cadena perpetua en Azkaban…

- ¿Y si escapan? Yo creo que seria mejor acabar con el problema de una vez- dijo Ron sin poder evitarlo. Hermione odiaba cuando Ron se ponía en ese plan, mas que nada porque ella era fiel defensora de los derechos de todos, pero después de lo de Fred podía comprender el porque de esos sentimientos tan vengativos. Harry parecía meditarlo, era cruel, pero ¿qué acaso no habían sido ellos peores?

-Créame, señor Weasley, yo lo sugerí, pero existen las leyes y hay que seguirlas. Pero son esas mismas leyes las que nos dejan en un debate. - los tres jóvenes parecían confundidos, después de todo, la ley parecía muy clara ante esos caso-. Dolores Jane Umbridge, Narcissa Malfoy y Draco Lucius Malfoy. La primera, pese haber ejecutado de forma corrupta la ley bajo epítetos clasistas, no mato a nadie ni condeno a nadie a cadenas largas. Los segundos simplemente por pertenecer a los mortifagos a los mortifagos, a el patriarca, Lucius Malfoy, se le condeno a cadena perpetua, la duda es si sentenciarles a ellos también de la misma forma o reducirles la sentencia…

-A Umbridge la cadena perpetua- dijeron los tres al unísono, recordando lo sociópata y peligrosa que resultaba suelta. Kingsley asintió, aclarando que aun no se le daba captura, pero que en cuanto se le encontrase se le sentenciaría. Al parecer y dadas las condiciones, la gente no iba aceptar juicios largos, en especial con las cosas tan evidentes.

- ¿Y qué respecto a los Malfoy? Piensen con claridad, después de todo, son vidas las que están en juego…

-Debe haber otra sentencia. Por mas que le odie, no puedo vivir con la culpa de haberle arruinado la vida. por mí, que se les condene como lo que son: cobardes, sin voz ni acción y que, por lo tanto, no han hecho nada ni para bien ni para mal. Su crimen es sumisión, no complicidad…- dijo Hermione evitando la mirada de Ron, quien parecía molesto de repente. Sabia que a el no le iba a gustar, pero bueno, eran sus principios y no dejaría que nada ni nadie le obligasen a traicionarlos.

-Sin intención de llevarte la contraria, yo pienso que la cadena perpetua es lo mejor. Si bien no cometieron ningún asesinato, consintieron y apoyaron genocidios. Tanto merece la pena quien actúa como el que los deja actuar, ademas, ¿debemos de recordar lo que paso la primera vez? los Malfoy salieron ilesos de la Primera Guerra jurando haber sido manipulados. La misma jugada puede ser empleada dos veces si el oponente es débil, y quiero pensar que nos castigaran con delicadeza…

-Un empate, nada nuevo considerando que son personas muy distintas. Por más que odie ponerte en esa posición, es tu decisión, Harry…

Harry sintió que le habían tirado una cubeta de agua helada. ¿Qué se supone que haría ahora? Ambos puntos de vista, aunque opuestos, le parecían lógicos y razonables. El odiaba a Draco, sabia la clase de persona que era y de lo que era capaz…por lo cual también sabia de lo que no era capaz, entre eso, matar a alguien. Tampoco era capaz de dejar que hirieran a su madre, eso hablaba bien de él, ¿verdad? Tenia un alma lo suficientemente noble como para cuidar de los suyos. Recordó a Narcissa, a quien prácticamente le debía la vida. y entonces supo cómo retribuirle: debía devolverle el favor, salvándole a ella y al desgraciado de su hijo.

-Que Ron elija otra condena, pero nada de cadenas perpetuas o muerte. No vale la pena siquiera matarlos- dijo sin más, dejándolos estáticos, inclusive al mismo Ronald, quien parecía algo enfurruñado al saber que los dos se habían puesto del lado de Malfoy.

- ¿Eso es posible? - pregunto Ronald, Kingsley se encogió de hombros.

-Los miembros del Wizangmont y yo estuvimos de acuerdo en cederles esa decisión a los tres. Si la señorita Granger está bien con ello, no hay ningún problema. Hermione suspiro a la vez que asentía. Por mas que le costara confiaría en el juicio de su pelirrojo esa vez. Él pareció pensarlo unos minutos, ante la atenta mirada de los presentes.

-La tercer condena máxima. Pese a ser perpetua, no implica reclusión ni tortura; es lo mas pacifico y justo que se me ocurre para todos…

-Me sorprende que conozca esa condena, señor Weasley. Sera un buen auror- dijo el sorprendido mientras tomaba nota del castigo. Harry y Hermione no comprendían nada…

- ¿En qué consiste esa condena? - pregunto Herm algo asustada, al ver que Harry no hablaba.

-Se les quitara su magia a los Malfoy para siempre. Jamás volverán a entrar a la comunidad maga de Europa y no podrá salir de Inglaterra para poder ser vigilado por nuestro departamento de aurores. A partir del juicio de mañana, Draco Lucius Malfoy y Narcissa Malfoy serán squibs, y a menos de que despose a una joven bruja, el legado puro y mágico de los Malfoy perecerá, justo como ellos lo harán para nosotros…

- ¿Y si hipotéticamente Malfoy se casase y tuviese hijos, sus hijos también serian exiliados?- dijo Harry, incapaz de condenar a alguien que ni siquiera había nacido.

-Si la esposa es una bruja británica y la descendía nació aquí, tanto ella como ellos son bienvenidos a la comunidad. Él incluso puede vivir aquí, pero no cerca de los magos. Él y sus generaciones pasadas son las exiliadas. Jamás le volverían a ver, jamás les podría amenazar, para ustedes, el dejaría de existir si así lo desean, después de todo, ustedes pertenecen aquí, son nuestros héroes, merecen vivir tranquilos…

-Está bien- dijeron los tres al unísono, algunos mas seguros que otros. Parecía lo menos dañino, lo más benévolo que podían hacer por alguien quien tanto les había molestado.

-Ahora, en noticias mas agradables, tengo el honor de entregarles esto- saco un cofre, el cual abierto mostraba unas insignias, bastantes en realidad. Ordenes de Merlin-. Estas- señalo las ocho de plata- son para cada miembro del clan Weasley. Se que jamás compensara su perdida, esa no es mi intención, pero es en agradecimiento a su fiel ayuda, ante todo. Son muy fuertes y valientes y creo que hablo por muchos cuando les deseo lo mejor- Ron agradeció y las guardo en una caja que había cerca. Harry le abrazo levemente y Hermione le acariciaba el hombro de forma conciliadora-. Esta- apunto a una de oro- obviamente es de Fred, a quien siempre recordaremos con cariño y admiración, se lo aseguro.

-Gracias, Kingsley. Esto es demasiado…- dijo recordando que hasta la más débil orden de Merlin, ademas de garantizar respeto en la comunidad, venia con una gran compensación económica.

-No es nada. La Academia de Aurores es costosa y seria una lastima que no entraras por ese pequeño detalle…

Tras agradecer de nueva cuenta, Ron guardo la de insignia de Fred con cuidado, después de todo, debía estar en su sepelio, que todos supieran que había sido grande.

-Señorita Granger, y de nueva cuenta, el señor Weasley- Ron ya ni se podía creer lo que ocurría, en especial cuando vio las insignias de oro en sus manos-. Por haber arriesgado sus cortas vidas salvando la de miles, les otorgó la Orden de Merlin de Oro, primera clase. Pocos magos logran tener una en sus manos, en especial tan jóvenes, así que siéntanse orgullosos y sigan en su excelencia…

Los dos no podían creerlo. Era mucho mas de lo que habían esperado. Hermione se abrazo a Ron con fuerza, mientras pegaba brinquitos emocionada. Ron no podía con ello, una cosa era una Orden por sacrificio… pero por honor. La besó sin importarle no estar solos, alzándola en el acto debido a la felicidad. Kingsley los miro extrañado, después de todo, la ultima vez que los vio peleaban seguido. Harry reía feliz por sus amigos, quienes después de su momento de euforia mostraron pudor y retomaron el asiento, aunque eso sí, nadie los despegaba.

-Y señorita Granger, no olvide que cuenta con todo el apoyo del ministerio para encontrar a sus padres. Me encargare personalmente de ello, y los recuperada pronto- dijo el con amabilidad, haciendo que Hermione se pusiese un poco nostálgica respecto a todo aquello, ¿Qué estarían haciendo ellos? ¿Hubiesen estado orgullosos de ella? ¿O serian mas felices ahora que ya no estaba con ellos?

-Lo agradezco mucho- dijo ella con la voz ronca, mientras unas cuantas lagrimas descendían por sus mejillas. Antes de que el pelirrojo pudiese hacer lago, escondió la cabeza en su pecho abrazándose más a él. No quería hablar, solo quería que la abrazase, cosa que el comprendió e hizo sin rechistar.

-Ahora, Harry, por haber superado aquella profecía, erradicando a Voldemort y salvándonos a todos; por honrar la memoria de tus difuntos padres y salvar el honor del buen Sirius Black; por tu valentía, te otorgo esta Orden de Merlin de Oro. Vive una vida plena y feliz Harry, te lo mereces…-tanto Ron como Hermione le felicitaron, después de todo, era un gran logro. De igual modo, el no dejo de felicitar a sus amigos, por la sabia decisión de estar juntos y por las ordenes.

-Todo ida bien, Herm, te lo prometo- ella agradeció a Harry mientras los abrazaba a los dos. Todo había cambiado. El mundo, la gente, por más mínimo que fuese el cambio, nada igual. Solo ellos tres, el Trío de Oro, los mejores amigos. 



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