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Como un recuerdo » La balada de la noche fría
Como un recuerdo (R15)
Por NayNnic
Escrita el Sábado 3 de Febrero de 2018, 20:01
Actualizada el Miércoles 10 de Julio de 2019, 01:02
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La balada de la noche fría

Capítulo 2

La balada de la noche fría

 

El viaje en el Expreso resultó ser nada como ella o sus amigos esperaban que fuera. Ocurrieron cosas que… de no ser por Sirius Black, no habrían sucedido. Los guardianes de Azkaban habían detenido y entrado al tren en búsqueda del fugitivo. Aparentemente vagaron por el pasillo, asustando a algunos cuantos estudiantes y no era para menos. Los guardianes eran dementores, criaturas tenebrosas que se alimentaban de la desesperación, la tristeza y sobre todo, del miedo de los humanos.

            Ellos se habían quedado quietos en sus asientos cuando una figura enorme había pasado por la puerta de su vagón. Hablando sólo por sí misma, Tonks había sentido una profunda tristeza extendiéndose por su pecho y formando un nudo en su garganta, pero no pasó de allí. Cuando la luz volvió y el tren comenzó a andar, los tres tardaron un rato en moverse. Henry se aproximó a la puerta y la abrió en el momento justo en que los gemelos Weasley pasaban por allí.

            - Hey, ¡chicos! - Los llamó - ¿Qué ha sucedido? - preguntó. Tonks los escuchó volver sobre sus pasos.

            - Dementores - contestaron al mismo tiempo.

            - ¿Qué? - Henry mustió incrédulo. No era posible.

            - Buscaban a Sirius Black - agregó Fred.

            - Asustaron de muerte a algunos chicos - dijo el otro pelirrojo.

            Y tras eso, ambos hermanos se despidieron para seguir su camino. Henry cerró la puerta y se desplomó en el sitio que había ocupado con anterioridad. Tonks aún miraba a la puerta. La imagen que había visto de Black circulando por todas partes apareció en su cabeza. Nunca le había contado a nadie de su parentesco con el asesino. Nunca había tenido qué hacerlo, porque su madre se había desvinculado completamente de la familia Black cuando se casó con su padre.

            Suspiró débilmente. A lo largo de los años había visto alguna que otra foto de Black entre las pertenencias de su mamá. La mayoría eran de cuando el chico aún era un niño o un adolescente. En algunas de ellas estaba Andrómeda por su lado y había notado que en aquellas en las que sólo los dos estaban, ambos tenían pequeñas y genuinas sonrisas.

            - Sirius era el único que me agradaba - le había contado su madre dos veranos atrás mientras observaban una fotografía de ellos dos. Él tendría quizá quince años y ella era una joven adulta -. Éramos los únicos que queríamos escapar de nuestra familia. Entendíamos lo que el otro sentía.

            Su madre rara vez hablaba de su pasado, excepto cuando se trataba de su padre, así que ella sabía lo mucho que significaba el que le contara algo como eso. Pero el que se lo dijera sólo había conseguido que Tonks detestara más y más al chico de aquellas fotografías. Lo detestaba por no ser lo que su madre había creído que era. Lo detestaba porque probablemente su madre había creído que era la única familia que no la lastimaría, pero no fue así.

            - Creo… - la voz débil de Cheryl llamó su atención. La chica estaba pálida y su mirada estaba fija al frente - creo que sería mejor que nos pongamos las túnicas.

            Nadie volvió a hablar durante el resto del camino al castillo. La cabeza de Tonks seguía situada en aquellas fotografías que su madre cuidaba y guardaba con religioso cariño. Miró por la ventana. Era consciente del frio que hacía, pero no lo suficiente como para que la ventana estuviera congelada. La tocó, resbalando los dedos por la delgada capa de hielo. Volteó hacia sus amigos para mostrarles, pero se abstuvo de hacerlo al ver sus rostros. Cheryl aún estaba pálida. De brazos cruzados, seguía sin despegar la vista del asiento frente a ella. Sus labios estaban ligeramente apretados y Henry, por otra parte, tenía un semblante apagado, casi ido.

            Volvió a mirar por la ventana. Si un par de dementores afectaban de esa forma con tan sólo pasar cerca de las personas, no quería imaginar lo doloroso que sería estar con ellos día y noche en una de las prisiones más grandes y aisladas del mundo.

 

Hogwarts era un sitio único en el mundo. Era una de las mejores escuelas de magia y también un sitio rico de historia, pero había un aspecto en el que no era diferente a cualquier otra escuela que haya existido; los rumores se extendían rápidamente. Para cuando llegaron al castillo, todos sabían que Harry Potter se había desmallado cuando un dementor entró a su cabina y a la de sus amigos. No lo juzgaba por ello… el chico había visto más cosas de las que cualquier persona podría soportar, era normal que las criaturas lo afectaran tanto.

            Aunque seguía sintiéndose un poco incomoda por la visita de los dementores, poco a poco se dejó invadir por la sutil alegría proveniente del gran comedor y caminó dentro de él con sus amigos y una tranquila sonrisa haciéndose espacio en sus labios.

            Escuchó un poco aburrida el canto del Sombrero Seleccionador. Ella estaba más interesada en que la comida apareciera. Desafortunadamente, el canto no era lo único que tendría que soportar, sino también la selección de casas de los estudiantes de primer año. Dejó caer la cabeza sobre la mesa mientras sucedía y se limitó a aplaudir un par de veces cuando algún chico era seleccionado Hufflepuff. Cuando la selección llegó a su final, varios chicos a su alrededor comenzaron a señalar detrás de ella. Al echar un vistazo, vio que se trataba de Potter. El chico lucía ligeramente pálido, pero sólo eso. Caminó con rostro incomodo junto a su amiga hasta llegar al lado del hermano menor de los gemelos y se sentó procurando hacer el menos ruido posible. Intentando no ser tan idiota como el resto de las personas a su alrededor, apartó su mirada de él. Se concentraría en su cena…

            Igual que cada año, Dumbledore se puso de pie para darles la bienvenida. A decir verdad, le hizo sentir bien ver el benevolente y alegre rostro del anciano director. Se sentía a salvo con él allí.

            - ¡Bienvenidos! - dijo Dumbledore, con la luz de la varita reflejándose en su barba -. ¡Bienvenido a un nuevo curso en Hogwarts! Tengo algunas cosas que decirles a todos, y como una es muy seria, la explicaré ates de que nuestro excelente banquete los deje aturdidos. - Dumbledore se aclaró la garganta y continuó -: Como todos saben después del registro que ha tenido lugar en el expreso de Hogwarts, tenemos actualmente en nuestro colegio a algunos dementores de Azkaban, que están aquí por asuntos relacionados con el Ministerio de Magia - hizo una pausa. -. Están apostados en las entradas a los terrenos del colegio - continuó Dumbledore -, y tengo que dejar muy claro que mientras estén aquí nadie saldrá del colegio sin permiso. A los dementores no se les puede engañar con trucos o disfraces, ni siquiera con capas invisibles. No está en la naturaleza de un dementor comprender ruegos o excusas. Por lo tanto, les advierto a todos y cada uno de ustedes que no deben darles ningún motivo para que les hagan daño. Confío en los prefectos y en los últimos ganadores de los Premios Anuales para que se aseguren de que ningún alumno intenta burlarse de los dementores.

            Hizo otra pausa con la que aprovechó para dar una mirada a lo largo de las mesas. Tonks no despegó la vista de él. Lo que decía era muy en serio y todos sabían a qué se debía; Black.

            - Por hablar de algo más alegre - continuó -, éste año estoy encantado de dar la bienvenida a nuestro colegio a dos nuevos profesores. En primer lugar, el profesor Lupin, que amablemente ha accedido a enseñar Defensa Contra las Artes Oscuras.

            Hubo un tibio aplauso en respuesta. Tonks estiró el cuello para poder ver mejor al nuevo profesor, pero no había mucho que pudiera hacer si estaba sentada casi al final de la larga mesa. Cuando el aplauso se apagó, Dumbledore presentó a segundo profesor… y vaya, se trataba de Hagrid, el guarda bosques del colegio. Sonrió alegremente mientras aplaudía efusivamente como el resto de sus compañeros (con la excepción de la mesa de Slytherin). Hagrid era un buen tipo y era querido por muchos. Rió divertida al notar desde esa distancia el sonrojo del gran hombre.

            Y finalmente sucedió. Una vez hechas las presentaciones, la comida apareció frente a ellos.

            - Moría de hambre - Cheryl susurró a su lado. Se alegró al ver que su amiga volvía a tener sus generalmente sonrosadas mejillas y no ese tono blanco que los dementores habían provocado.

            - ¿Cómo es que cabe tanta comida dentro de alguien tan pequeño? - Henry la molestó, risueño.

            - ¿A qué te refieres?

            - A que en el expreso te comiste varias varitas de regaliz y algunos pasteles de calabaza - levantó una ceja en su dirección.

            - Puedo comer lo que sea que yo quiera comer, Henry. Ahora cállate.

            El chico rió por lo bajo. Aunque los escuchaba, Tonks estaba a años luz de allí. El pudin de chocolate era exactamente lo único que necesita en ese momento y no dejaría que nadie se interpusiera en su camino.

            - Ustedes son tal para cual - Henry se burló.

            Si bien el comienzo de la noche había sido arruinado, al final todo había vuelto a su común normalidad. Con los estómagos rebosantes de comida e intenciones de dormir tan pronto como se encontraran en sus camas, los tres chicos se dirigieron a su sala común con el resto de sus compañeros. Henry se despidió de ellas y corrió a las escaleras de los dormitorios de los chicos. Tonks y Cheryl compartían su habitación con sólo otras dos chicas de las que no eran amigas. Eran chicas agradables, sin embargo y jamás habían tenido problemas con ellas.

            Una vez en su pijama, Tonks saltó sobre la cama de Cheryl y se acostó a su lado, abrazándola.

            - ¿Qué te crees que haces? - su amiga rió.

            - Te extrañé Cherry Cheryl.

            - Y yo a ti - su amiga dijo.  Se quedaron en silencio. Las luz ya estaban apagadas, así que sólo era cuestión de segundos para que ambas cayeran dormidas - ¿Tonks?

            - ¿Uh? - mustió en respuesta. Los parpados le pesaban. Se movió de aplastar a su amiga y puso la cabeza en la almohada.

            - ¿Viste algo cuando… cuando el dementor subió al tren? - preguntó en voz muy baja. La metamórfomaga cuyo cabello seguía siendo violeta abrió los ojos de golpe. Tonks se rodó sobre su espalda para quedar boca arriba.

            - ¿Ver qué? - le preguntó, pero ya sabía a qué se refería.

            - Uh… no sé - calló. No dijo nada por largos segundos. Entonces suspiró -. Olvídalo.

            Pero su curiosidad era más grande como para hacer tal cosa.

            - ¿Tú viste algo?

            Cheryl no contestó. Minutos después era obvio que no obtendría una respuesta, por lo que se acostó de lado, dando la espalda a su amiga. No había visto nada, pero aún podía recordar lo desolada que se había sentido, sin mencionar los profundos pensamientos de disgusto contra el primo de su madre.

            - Tu cabello perdió el color - Cheryl habló de pronto -. Se puso gris… casi blanco… y muy lacio, plano…

            Este era el turno de Tonks de no decir nada por un rato. No se había dado cuenta de que eso había pasado.



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