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La ciudad mágica » Capítulo 15
Historia terminada La ciudad mágica (ATP)
Por adillita27
Escrita el Viernes 29 de Septiembre de 2017, 07:45
Actualizada el Miércoles 20 de Diciembre de 2017, 09:07
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Capítulo 15

−Si mama, ¿crees que será un invierno frio?

−Lo será, ya tu padre ha comprado más mantas y otras cosas para que no pasemos frio.

−No me gustan los inviernos, hace mucho frio y apenas podemos salir.

−La verdad es que si es un engorro, pero bueno es lo que nos toca.

−Sí. −Y suspirando por el mal tiempo que tenían siguieron cocinando.

Al día siguiente Hermione nada más llegar a su trabajo le dio la lista de la compra a su jefa. −Mi madre me ha pedido todo esto.

La dueña mirando la lista le dijo: −Esta tarde lo tendrás.

−Gracias, me voy a trabajar.

−Ves. −Y guardando la lista entre otras se puso a preparar otros pedidos, ellos como el resto de las tiendas de la ciudad no se libraban de preparar grandes pedidos para sus clientes.

Por la tarde Hermione pagaba la cesta que su jefa le había preparado y la llevaba a su casa.

Jane al ver que su hija traía todo lo que le había pedido sonrió y miro a su marido. −George ya tenemos los jabones, aceites y cremas.

−Estupendo, mañana me pasare por Paul para comprar pociones para el constipado y otras cosas.

−Compra crema para los labios. −Le pidió Hermione. −Me duelen cuando hace mucho frio.

−Lo comprare, duelen cuando se cortan.

−Por eso, ¿falta comprar algo más?

−No lo creo, ya lo tenemos todo igual este sábado volveremos a pasarnos por el mercado a mirar una vez más, prefiero que nos sobre comida a que nos falte.

−Tienes razón hijo. −Le dijo su padre. −Los inviernos son muy fuertes y apenas podemos salir de casa, ¿has comprado carbón?

−No, aun no lo han puesto a la venta. −El carbón era lo único que se vendía una vez al año y lo ponían a la venta casi cuando empezaban las nevadas.

−En cuando lo pongan, compra cinco sacos, para la chimenea va bien.

−Lo hare. −Y mientras cenaban siguieron hablando de las cosas que tenían que preparar para el invierno.

Unas semanas más tarde, la ciudad recibía la primera nevada, nada más despertarse por el canto del gallo Hermione se acerco a la ventana y vio el lugar blanco.

Vistiéndose con un vestido de invierno bajo al piso de abajo y antes de salir se puso una capa.

Al volver vio a su padre limpiando el camino de entrada.

−Buenos días papa.

−Buenos días Herms. −Le saludo dejando la pala. −¿Has cogido muchos huevos?

−Algunos, creo que a las gallinas no les gusta el invierno no se mueven.

−Eso siempre pasa, entra que desayunaremos y nos iremos a trabajar.

−Sí, no tardes. −Y dándole un beso entro en la casa mientras George seguía limpiando el lugar de nieve.

−Buenos días George. −Le saludo Chris que también había salido a limpiar la nieve de su camino.

−Buenos días, ya empiezan las nevadas.

−Por desgracia.

−¿Qué tal Emily?

−Muy bien, tus padres la han recibido con los brazos abiertos y está muy contenta.

−Nos alegramos de poder ayudar, cuando vuelva la primavera podrá buscar un nuevo trabajo.

−Sí que lo podrá hacer.

Tras terminar de retirar la nieve, George se despidió de su vecino y entrando se fue a la cocina donde ya estaban terminando de preparar el desayuno.

−Papa toma. −Le dijo Hermione dándole una taza de té caliente. −Para que entres en calor.

−Gracias hija. −Y cogiéndola con las dos manos para que se le calentaran se sentó para desayunar.

−¿Papa donde trabajaras este año? −Le pregunto Mark, tanto los pescadores como los que tenían trabajos al aire libre tenían que buscarse otros trabajos durante los meses de frio y nevadas.

−En la herrería. −Le dijo George. −Hare herraduras y otras cosas.

−Papa. −Le llamo Hermione.

El hombre cogiendo una tostada con queso se la llevo a la boca y miro a su hija. −Herms.

−¿Qué le puedo regalar a Draco por nuestra boda?

−Una espada. −Le dijo Mark. −Las espadas siempre van bien.

−Pero él tiene muchas.

−Sí pero ninguna se la has regalado tu.

−Tu hermano tiene razón. −Le dijo George. −¿Quieres que se la haga?

−Si papa. −Y le sonrió. −Gracias.

−De nada guapa.

−También le podrías regalar un colgante. −Le dijo su madre.

−Si mama. −Le dijo Hermione y le sonrió. −Gracias.

−De nada.

−Se lo hare también. −Le dijo su padre.

−Me gustaría que le pusieras un diamante arco iris de luna.

−Se lo pondré, pero me tienes que decir como lo quieres.

−Un dragón. −Le dijo Alex. −El animal protector de Draco es el dragón, así que seguro que el colgante que Hermione le está haciendo con todo su amor, le protegerá más.

−Mi hermano tiene razón. −Le dijo Sara y miro a su prima. −Un hermoso dragón.

−Si me gusta. −Y miro a su padre. −Papa quiero un dragón con un diamante arco iris, ¿ha sobrado alguno?

−Han sobrado muchos, llenamos una gran carreta, tenemos más de 50 piezas aun.

−Papa quiero un diamante pequeñito para el ojo del dragón.

−Lo tendrás, ahora termina de desayunar que tienes que ir a trabajar.

−Sip. −Y terminando de desayunar, miro a su abuelo. −Abuelito hoy para comer quiero estofado.

−Lo tendrás, ahora ves.

−Sí. −Y dándoles un beso se puso su capa y se fue a su trabajo.

Un rato después George antes de irse a su trabajo, pasaba por la tienda de magia más poderosa que había en la ciudad, ese sitio era caro pero por lo que buscaba no importaba.

Entrando vio a una mujer detrás del mostrador.

−Buenos días.

−Buenos días, ¿Qué busca?

−Quiero oro, plata e hierro bendecidos por los sacerdotes y cristales mágicos.

−5000 monedas. −Le dijo la dependienta tras prepararlo.

George contando el dinero se lo dio. −Aquí tiene.

La mujer contándolo le dio el paquete. −Espero que le vaya bien.

−Gracias. −Y cogiendo el paquete se fue a la herrería donde vio a su jefe y amigo.

−Buenos días George. −Le saludo el hombre y vio que llevaba un paquete. −Veo que vienes cargado.

−Sí. −Y se lo mostro. −Oro, plata e hierro bendecidos por los sacerdotes. −Y abriendo una pequeña bolsa saco unos pequeños cristales.

−¿Para qué es todo esto?

−Para el regalo de bodas de Herms para el rey, me ha pedido una espada y la hare con hierro bendecido.

−El hierro bendecido es un buen material no hay nada más poderoso que el.

−Por eso, y el oro y la plata para dos colgantes gemelos y los cristales son mágicos los pondré con los diamantes arco iris.

−Te debe de haber costado una gran cantidad.

−5000 monedas, pero no me importa, Hermione pronto será la reina de esta ciudad y no dejare que nadie la lastime, se de los cuchicheos de los nobles, muchos no están contentos de que Draco haya escogido a mi hija como su mujer y reina.

−Eso será una buena protección, ¿quieres que le haga una daga a tu hija?

−Si gracias, he traído mucho hierro.

−Cuando las terminemos les pediremos a los sacerdotes que las bendigan, con su bendición y con las cosas que les pondremos estarán seguros. −Y acercándose a una estantería cogió un pote de madera y otro de cristal. −Aceite e hierbas mágicas si las ponemos mientras las hacemos su magia dura para siempre.

−Te pagare. −Le dijo George. −Sé que eso cuesta dinero.

−No digas tonterías, es un regalo mío, ahora vamos a ponernos.

−Sí. −Y quitándose la camisa se acerco al fuego y empezó a trabajar, aunque fuera hacia frio allí dentro era como estar en el interior de un horno y no se necesitaba ropa al contrario cuanta más ropa vestías más molesto se volvía.

Unos días más tarde, George se acercaba de nuevo a la tienda y compro madera también bendecida por los sacerdotes.

Esa gente vivía a las afueras de la ciudad y no se juntaban con nadie, el único que tenía permiso para entrar a verlos era el rey, vivían en aislamiento total y la muerte era el castigo por la osadía de intentar verlos, su trabajo era el de proteger mágicamente la ciudad y nadie sabía cuántos eran o qué edad tenían.

Mientras los días pasaban y cada vez nevaba más y hacia mas frio, Sara seguía preparando los vestidos de Hermione.

Una tarde, Mark entraba feliz y los abrazo a todos.

−¿Mark y esa alegría? −Le pregunto George.

−Papa, Alana ha aceptado casarse conmigo, nos casaremos en el cuarto mes.

−Felicidades Mark. −Le dijeron las chicas.

−¿Papa me dejaras que me case con ella? −Le pregunto Mark, las leyes en su ciudad eran muy claras, el matrimonio entre dos personas tenía que ser aceptado por los padres, si no lo era no podían casarse.

−¿La quieres?

−Más que a mi vida.

−¿Ella te quiere?

−Mucho.

−Entonces te doy permiso, mañana iré a hablar con John.

−Gracias papa. −Y lo abrazo.

−De nada hijo, solo quiero que seas feliz.



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