Historia al azar: Rosa y chocolate
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Reyes de Slytherin » 7. Dolor
Reyes de Slytherin (R15)
Por tiffany_malfoy
Escrita el Sábado 12 de Agosto de 2017, 02:03
Actualizada el Lunes 22 de Febrero de 2021, 18:18
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7. Dolor

Aquel sábado era la primera visita a Hogsmeade pero Draco no podría ir pues Snape lo había castigado solo a el por salirse de aquella reunión sin permiso. Igual no le interesaba mucho, nada podía interesarle.

Solo podía golpearse mentalmente por dejarse llevar con sus sentimientos. Olive no tenía culpa de no quererlo como el había logrado quererla en tan solo unos días. Ella quería a Theo o eso pensaba Draco pues sólo los veía mas cercanos cada vez con mas fuerza. Los únicos momentos donde no estaban juntos era en los que Olive ayudaba a los chicos de otras casas con sus patéticas tareas.

Y cada vez veía a la chica mas feliz, pero el no era el motivo y eso le dolía aunque lo evitará. Cada noche revivía su momento a solas en el baño de prefectos. Cada noche recordaba lo perfecto de sus movimientos, y cada noche se lamentaba por lo cruel de sus palabras.

Siempre con un deseo en su mente, pedirle perdón y que aquella sensación horrible abandonará su cuerpo. Que la felicidad lo inundara.

Odiaba sentirse así, más odiaba que alguien lo hiciera sentir así cuando debía concentrarse completamente en matar a Dumbledore.

Golpeo la pared a su lado, debía aclarar su mente. Debía eliminar cualquier rastro de sentido. Sin embargo, cada vez que lo intentaba, se sentía mas miserable. Pensaba que si tan solo pidiera perdón aquello cambiaría y con suerte podría retomar su vida sin necesidad de tener a Olive con el. Joder ¿porque no tenía un poco de felicidad?

Se detuvo unos segundos para poder calmarse, si lo pensaba bien era imposible sentir amor por Olive, se sentía encaprichado por algo que solo ella le brindaba y lo deseaba de una manera tan desesperada que su corazón había tergiversado sus sentimientos. Volvió a repetirse aquello en la cabeza una y otra vez: No amo a Olive, amo como me hace sentir.

Sin embargo, cada que la frase se reproducía en su mente otra oración aparecía, como que amaba ver sus ojos centellando cuando ganaba puntos para Slytherin, o el como su nariz se arrugaba cuando estudiaba pociones, o cuando se relamía los labios al comerse una rana de chocolate.

En ese instante Draco ya no podía más, por cada contra aparecía un pro, se había pasado la vida observandola sin darse cuenta y ahora esos pequeños gestos le invadían la cabeza impidiéndole pensar.

-¡Es suficiente! -exclamó contra la pared dando un nuevo golpe que lastimo su piel dejando una herida poco profunda.

-Draco ¿Estas bien? -preguntó Theodore Nott entrando sin avisar a la habitación-. Pareces molesto.

-¿Tu crees idiota? -respondió sardonicamente hacia su mejor amigo. Estaba molesto con el por acaparar a Olive.

-Escuche un golpe -Dijo una voz femenina detrás de Theo. Pansy trataba de ver sobre el hombro del chico para encontrar al generador del ruido.

-¿Acaso mi maldita habitación es una plaza? -Draco estaba cada vez más molesto.

-Muy bien que estés en tus días, cariño -Pansy no soportoba los berrinches de Draco-. Pero, no hay necesidad de gritar como una jodida loca. Theo ya está todo listo abajo.

-Eres un encanto -Theo beso la cabeza de su amiga-. Te veré ahí.

Pansy desapareció con una sonrisa a la par que le enseñaba a Draco su dedo de enmedio.

-Otra maldita cosa de que preocuparme -Draco se echo a su cama exasperado-. ¿Qué hiciste en la sala común?

-Una pequeña sorpresa, es cumpleaños de...

-No me interesa -interrumpio Draco, no deseaba lidiar con el ni con ninguna Serpiente-. Largate y procura no hacer ruido.

Con una mueca de desagrado se despidio Theo saliendo en silencio. Lo que más le gustaba a Draco de ser el Rey Serpiente era el control que poseía sobre los demás. Si deseaba cualquier cosa sus compañeros la hacían por el.

Abrió un cajón de su cómoda sacando una botella con escénica de Dictamo. La aplico sobre su mano herida hasta que desapareció completamente cualquier rastro de haberse herido.

Miro su reloj, si se apuraba podría desayunar antes de su castigo. Sin embargo, sentía el estómago revuelto, hacía días que no lograba comer algo sin vomitarlo después. Otra cosa que odiaba era la sensación caliente de la bilis subiendo por su esófago, quemando su garganta en busca de salida. Quería creer que aquello se debía a él estrés por lo que intentaba hacer a Dumbledore. Tampoco se atrevía a ir a la enfermería, siempre se recordaba que no podía perder tiempo, aunque era lo que más deseaba; tener tiempo. No para matar a Dumbledore, tiempo para salvarse y salvar a todos los que amaba.

Respiro profundamente tragando saliva para evitar agravar su estado. Debía comer para tener fuerzas.

Bajo hacia la sala común que se encontraba decorada con globos y serpentinas de los colores de Slytherin, sobre una mesa había una docena de paquetes; Regalos de cumpleaños. Un gran tumulto que se arremolinaba sobre dos personas. Quería ignorarlo pero le era imposible con aquel coro alabando lo que hacían las personas del centro.

Draco entendió que aquellos tortolos estarían dando una demostración de amor pública. Inmediatamente después recordó quien había organizado aquella reunión. La única persona por la que se preocupaba Theo más que el mismo era Olive. Y muy seguramente la estaría besando frente a todos para demostrar lo felices que se hacían el uno al otro.

La cólera lo invadió nuevamente, no quería creer que Olive tuviese un gran impacto rn su vida. Tomó del cuello a Crabbe y Goyle alejándolos del tumulto para que lo siguieran. Cono sus fieles amigos y guardaespaldas lo hicieron sin protestar.

-Muy bien, simios -Habló Draco cuando estuvieron lo suficientemente alejados de las mazmorras-. Escuchen con atención porque no quiero repetirlo, cuando ustedes estén en Hogsmeade irán a comprar la cosa más estúpidamente cara y espantosamente grande, lo envolveran en un paquete bonito y lo dejaran el montón de regalos que recibió Hawk. Vayan a mi habitación y tomen el saco de galeones que esta en mi cama.

-¿Le ponemos alguna tarjeta con tu nombre? -pregunto Goyle rascándose la cabeza.

-El punto es que no sepa quien lo envió, idiota.

Ambos asintieron con dudas pero no querían que Draco los siguiera catalogando como imbéciles. Sin preámbulos dieron media vuelta con dirección a la sala común, Mientras que Draco seguía caminando solo hacia el Gran Comedor. Al llegar a las puertas se alizo la túnica y acomodó su corbata.

La mesa de Slytherin se encontraba casi vacía, los niños de primero y segundo se encontraban en uno de los extremos de la mesa. Los demás seguramente festejaban a Olive, se sintió un idiota por no quedarse con ellos pero no tenía cara para ver a Olive a los ojos sin salir corriendo a su encuentro, esa semana había sido dura solo le quedaba aguantar el resto del año.

Mordisqueo una tostada muy a su pesar, con solo sentir la textura sobre su lengua le produjo náuseas, definitivamente no podría comer sin vomitar al instante así que su ida al Gran Comedor había sido en vano. Se levantó rápidamente sin mirar a ningún lado y corrió hacia los baños. Al estar ahí se dejó caer sobre el vater expulsando todo a través de su garganta. Pasaron dos minutos hasta que se sintió mejor, en realidad era que no le quedaba nada más en el estómago que pudiese regresar. Definitivamente esa era su peor semana.

-Deberías ver a un doctor Draqui -dijo una voz extrañamente irritable.

-Este no es tu problema Myrtle -contestó Draco aún sentado en el suelo del baño mientras se deshacía de la túnica, la corbata y abría un poco los primeros botones de su camisa, se sentía empapado en sudor.

-Claro -chilló Myrtle flotando a escasos centímetros de el-. Nunca es el problema de la chica fea, apuesto que si fuera ella me harías caso sin problema.

-¿Ella? -preguntó el chico confundido.

-Por quién te has estado lamentando estos días -contestó la fantasma con celos-. La chica por la que regresas todo lo que comes.

-Largate de aquí.

Myrtle lo miró enfadada y dolida, rápidamente se colo por las tuberías de los lavabos dejando tras ella un llanto ensordecedor.

Draco se levantó con pesar, tocó su cara evidentemente el sudor lo inundaba. Se sentía más débil en ese momento pues su cuerpo ya no contaba con las proteínas que necesitaba. Era momento de abandonar su orgullo e ir a la enfermería, quizá así Snape se apiadase de él y no tendría que cumplir con su castigo.

Salió del baño con desicion, sin embargo Snape lo esperaba fuera para arrastrarlo a su despacho.

-¿Queriendo escabullirse señor Malfoy?

-No, señor -dijo Draco, sorprendiendose a sí mismo con su tono débil-. Necesito...

-Usted no necesita hacer nada más importante que su castigo.

-Pero, señor...

-Camine o tendré que usar magia para que lo haga.

Draco trago saliva, era imposible tratar de razonar con su profesor y no podría ir a la enfermería sin que Snape lo detuviera. Así que sólo camino al despacho de su profesor sintiendo cada vez más las gotas de sudor resbalar por su cuerpo y el frío calar sus huesos, era seguro que tenía fiebre.

Al llegar al despacho se dejó caer en la primera silla que vio sin esperar a que Snape le dijiese que podía hacerlo. Cada vez perdía más fuerza y sus párpados se iban cerrando a pesar de sus esfuerzos por mantenerlos abiertos.

-Muy bien señor Malfoy -Habló Snape tranquilamente-. Parece que está enfermo.

El asintió con pesar, no quería hacer ningún otro movimiento.

-Debe saber que no dejaré que se vaya hasta que mi mensaje le quede completamente claro.

El chico volvió a asentir, no sabía a qué se refería pero si se trataba sobre no volver a faltar estaba dado por hecho que no lo haría, si eso hacía que lo dejase ir a ver a Madame Pomfrey diría que si a todo.

-Escucheme bien -la voz de Snape se torno aún más fría-. Se que a usted le gusta romper corazones, se cree inalcanzable pero se metió con alguien con quien no debía meterse.

Draco se extraño, ¿A que iba aquello? ¿De quién hablaba?

-Supuso qué sería divertido jugar con ella ¿no es así? -Snape se acerco demasiado a él hasta juntar su ganchuda nariz con la fina de Draco-. Si la señorita Hawk vuelve llorando a este despacho diciendo que usted la lastimo yo mismo le cortare el cuello ¿Queda claro?

El rubio ya no entendía nada y antes de poder asentir sintió el peso de sus párpados ganar.



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