Historia al azar: ella no es como las demás,
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Desde siempre DM/HG (Venerable Coincidencia) » Capítulo 3. Draco L. Malfoy
Desde siempre DM/HG (Venerable Coincidencia) (R15)
Por ashleyadri
Escrita el Viernes 16 de Junio de 2017, 21:16
Actualizada el Viernes 16 de Octubre de 2020, 03:51
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Capítulo 3. Draco L. Malfoy


Les dejo un nuevo cap., espero que les guste.


¡Por favor! no se olviden de dejar sus comentarios, es difícil saber si lo estoy haciendo bien, hacía tanto que no escribía.


Saludos a todos!



CAPITULO 3. DRACO L. MALFOY

 

- Adelante - indicó a la persona que llamó a la puerta.

- ¿Me llamó usted Sr. Malfoy? - era la mucama.

- Si… ¿cómo se portó Cissy? - indagó Draco.  

- Pues… - dudó un momento - Se negó ducharse y no quería dormir - dijo al fin.

- ¿OTRA VEZ? - preguntó molesto - Retírate - le ordenó.  

- Si Sr. Malfoy - obedeció la mujer.

 

El rubio se dejó caer en su sillón de cuero negro, sorbió un gran trago de whisky de fuego y suspiró, era la centésima vez que eso sucedía; hacía casi tres años que Astoria había fallecido y criar a su pequeña hija solo, no resultaba nada fácil. Bebió lentamente el resto de su copa, suspiró nuevamente, a continuación, se levantó para dirigirse a la planta alta y subió las escaleras con pesadez.

Abrió una de las puertas sigilosamente, sacó su varita, - lumus - murmuró para iluminar la habitación… la cama se hallaba vacía, pronto comenzó a recorrer el resto de la habitación en busca de su hija, pero no estaba. Salió alarmado de ahí para dirigirse a la recamara principal, apenas encendió la luz, la vio.

Sobre su cama, que permanecía tendida, descansaba una pequeña de alrededor de cinco años en pijama y con las pantuflas rosadas aún puestas, cuyo cabello rubio, lacio y tez pálida eran iguales a los de su padre. Suspiró aliviado, meditó un momento, pero decidió no llevarla a su habitación; se acercó para mirarla, apartó un mechón platinado de su frente y la besó, le quitó las pantuflas, dejando sus pequeñitos y pálidos piecitos desnudos, con unos movimientos de varita sacó una frazada del armario para arroparla. Después de eso, se deshizo del traje de gala, se colocó el pijama con lentitud, fue al baño a hacer lo propio y se recostó a su lado…

 

Sus ojos castaños miraban el techo de su habitación, trataba de analizar lo sucedido la noche anterior, Ron no era el mismo de antes, últimamente bebía demasiado y con cualquier pretexto, sus celos eran enfermizos y ahora… se había atrevido a lastimarla, nunca lo había hecho. De no haber sido por Malfoy… sí, Malfoy… no podía creer que fuera precisamente él quien la defendiera, después de todo lo que había pasado entre ellos, lo mal que se llevaban en Hogwarts, pero… las circunstancias suelen cambiar a lar personas. Hasta donde sabía, Lucius y Narcisa habían fallecido, en condiciones que nadie sabía a ciencia cierta, poco después de la guerra, no sin antes pactar el compromiso de Draco con Astoria Greengrass y obligarlos a casarse y, para acabose, un par de años después Greengras había enfermado dejando a su joven esposo viudo. Que difícil debió ser eso para su antiguo némesis, lo compadecía, más aún después de ver lo mucho que había cambiado y lo que había hecho por ella.

 

- ¡Osh! - se quejó al darse cuenta que una lechuza gris se posaba en su ventana, se calzó las pantuflas y se levantó de la cama - ¿Qué rayos quieres Eines? - preguntó como si la creatura pudiese contestarle y a continuación abrió la ventana.

 

Tomó el pergamino que el ave traía consigo, por supuesto, era de Ron. Lo desdobló y comenzó a leer torpe caligrafía de su aun pareja.

 

Amor

Lamentó mucho lo que sucedió anoche, por favor dime que estas bien, de verdad estoy arrepentido. ¿Te espero para comer en el Callejón Diagon?

 

Envíame la respuesta con Eines.

 

Te amo

Ronald B. Weasley

 

- ¡Pequeño bastardo! - murmuró por lo bajo - Ahora sí muy arrepentido ¿no? - hizo una mueca.

 

Dudó un momento, de verdad no le apetecía verlo aún, estaba sumamente molesta y ofendida, además su brazo seguía adolorido y se había puesto morado. La lechuza permanecía ahí, esperando la respuesta, la miró y a continuación se dirigió a la cocina, volvió con un pequeño bocadillo que ofreció al ave. Después tomó un pedazo de pergamino de su buró y, un único y rotundo, "NO" fue su respuesta, dobló el papel.

 

- Toma - se lo extendió a la lechuza - Y por tu bien… es mejor que no vuelvas - le advirtió antes de que emprendiera vuelo…

 

El rubio se levantó temprano como de costumbre, su hija aún dormía plácidamente. Se dirigió al armario, sacó algo de ropa y después caminó hacia el baño para ducharse. Minutos después se hallaba en el enorme comedor de la Mansión Malfoy leyendo "El Profeta".  

 

- ¡Buenos días papi! - lo saludó de pronto una pequeña rubia.

- ¡Buenos días Cissy! - respondió él antes de dejar el diario sobre la mesa - ¡Por Merlín! - se sorprendió apenas vio - ¿Siquiera cepillaste tus dientes Narcisa? - indagó.

- No - contestó ella como si nada, mientras se sentaba a la mesa.

- Pues, anda a hacerlo… lávate la cara y cepíllate los dientes - le ordenó.

- No quiero - replicó la niña.

- Es una orden… obedece - le dijo, pero ella no daba señales de querer hacerlo - GERTRUDE… GERTRUDE - comenzó a llamar a la mucama.

- Si Sr. Malfoy - de inmediato apareció la mujer.

- ME QUIERES EXPLICAR ¿QUÉ COJONES SIGNIFICA ESTO? - inquirió refiriéndose al aspecto de su hija.

- P-p-pues… - tartamudeaba la mujer - I-i-intente prepararla, p-p-pero… Cissy no paro de correr por la habitación - le explicó.

- Quiero que tú me ayudes - expresó la princesa Malfoy cuando su padre la miró interrogante.

- Para eso esta Gertrude aquí - dijo más tranquilo - Anda con ella hija… ¡por favor! - pidió.

- No, no quiero… quiero que me ayudes tú - repitió.

- Cissy ¡por favor! - suplicó su padre.

- ¡Que no! - cruzó sus pequeños brazos - Si no vas conmigo tampoco comeré - amenazó.

- Esta bien - accedió al fin - Anda… vamos - dijo derrotado.

 

A continuación, se puso de pie y levantó a su hija en brazos, ambos subieron las escaleras con dirección a la habitación de la niña. Era su antigua habitación, sin embargo, las sombrías paredes verde esmeralda se habían convertido en murales con fondo rosado y decenas de criaturas mágicas pintadas, había una pequeña cama con dosel al centro, un buró con una lámpara dorada en forma de unicornio a cada lado y un pequeño tocador a juego en el frente, repleto de cremas y fragancias de niña, así como adornos para cabello, un armario y cientos de juguetes se hallaban distribuidos de forma impecable en la habitación, en una de las esquinas permanecía una silla mecedora con tapiz de flores donde solía sentarse Astoria todas las noches después de arropar a su hija.  Draco colocó a Cissy sobre la cama, sacó su varita y con algunos movimientos comenzó a sacar ropa del armario, posteriormente la tomó de la mano y se dirigieron juntos al baño propio de la habitación.

 

- Te ducharás de una vez - advirtió el joven mientras abría las llaves de la bañera - Gertrude me dijo que anoche no quisiste hacerlo.  

- ¿Me ayudarás tú? - sus ojos, también grises, se clavaron en él esperanzados - ¿Estarás aquí hasta que termine?

- Por supuesto que si - la miró con ternura - Anda vamos… ¿acaso crees que me gusta tener una hija apestosa? - sonrío y a continuación la ayudó a desvestirse.

- A que si… apestosa como Trol - reía la pequeña mientras entraba a la bañera.

 

Apenas estuvo lista, bajaron nuevamente al comedor y se dispusieron a desayunar, no hubo más incidentes mientras lo hacían…



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