Historia al azar: No me quiero enamorar
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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)

Dominique Weasley miró alrededor, extrañada, pues no había ni rastro del joven que supuestamente debía estar allí.  Llevaba nada más que un día en Hogwarts después de haber pasado una larga temporada en Luperca y se daba cuenta de lo poco que se sentía atada a aquel castillo. Se corrigió mentalmente. No estaba atada a nadie en aquel lugar, sin embargo, sí que se sentía parte del lugar en sí, es decir, había sido su hogar durante siete años. Y aquellos dos días serían sus últimos allí. Estaba desolada por no poder acudir a ver a los centauros, desde que Neville se lo prohibió por su propia seguridad.

Al llegar, sin ganas de irse, sino con las de volver; nadie pareció haberse percatado de su ausencia. Sus compañeras de cuarto no le preguntaron sobre su ausencia, hecho que no le importaba pues les habría mentido dada la confidencialidad que aquel lugar requería. Los profesores ni se molestaron en avisarle sobre la materia que caería en sus exámenes aquellos días para los que había vuelto. Suponía que ya estaban avisados que sacase la nota que sacase la dulce chica Weasley ya había encontrado una futura posición, la cual todos supondrían que sería algo sencillo y humilde.

Quien sí que se había acordado de ella era Nicholas Woods. Suspiró con algo de frustración. No es que le molestase su existencia, sino que no le apetecía estar con él y su indeseable humor, por mucha culpa que tuviese ella de haber desatado a un Woods violento. Y, además, sabía que el joven tenía esperanzas porque ella misma se las había dado, cuando volvió a sus musculosos brazos en varias ocasiones en las que no soportaba estar con su familia tras el nacimiento de Remus. Llevaba desde Pascua sin saber nada de su familia, cosa que, secretamente, agradecía. El único que le mandaba cartas era Nicholas Woods, quien, por desgracia, no se había tomado seriamente su ruptura.

Hacía una hora se había encontrado una carta encima de su cama, medio abierta, lo que le dio a pensar que quizás su compañera de cuarto Kelley Herrman, quien era demasiado cotilla, la había leído. O sino, habría sido Lesley Goodman, quien todo el mundo creía que era cleptómana.

"Nicki, sabes que yo quiero seguir. Por favor, dame una oportunidad para demostrarte que valdría la pena. Reúnete conmigo en el banco."

No había remitente. Y no hacía falta. Sabía que había sido él por numerosas razones, y sobre todo por el apodo que había empleado para referirse a ella. Nicki. Dominique. Nique. Nicki. Nick y Nickie. Habían sido tan patéticos que le daba vergüenza ajena en ese momento, aunque tenía que admitir que le gustaba que la llamasen Nickie y no Minnie. Por otro lado, estaba el "banco" en el que tenían que reunirse, que no podía ser otro que el improvisado banco que estaba en las orillas del lago en la otra punta de los terrenos de Hogwarts desde donde se podía ver el castillo iluminado por la noche y donde se habían dado el primer beso.

En su fuero interno le había fastidiado que fuese allí, pues conocía a Nick y sabía que creería que el lugar la enamoraría de nuevo. Error. Ella nunca había estado enamorada. Si iba allí era para aclararle que jamás volvería a estar con él. Tenía que dejárselo claro. Tenía que romperle el corazón. Y estaba un poco asustada por su reacción, a solas, a miles de metros del resto de personas.

Para su sorpresa, llevaba diez minutos allí y no había rastro de su ex novio.

Siguió sentada en el banco un rato más, con la nota en la mano, escuchando con atención.

Nada.

Finalmente, recogió la chaqueta que llevaba con ella y enfiló uno de los senderos que la sacarían de aquel recoveco del Bosque Prohibido y la conducirían hasta el castillo. Era su camino a los centauros. Aquello le asustó por un momento. ¿Lo habría descubierto Woods?

La joven regresaba al castillo pensando que quizás Nicholas todavía estaba por allí, en alguna parte, mientras ella caminaba sin prisa. Igual debería intentar encontrarlo para decirle de una vez por todas que la dejase en paz, que no volvería con él. Se sentiría tan libre que consideró aquella idea tentadora de volver al banco y esperarle admirando las vistas.

Suspiró, recordando el modo en el que Nicholas actuaría, a gritos exigiendo explicaciones que no tenían por qué especificarse tanto. Ya no le gustaba el que había sido su novio demasiado tiempo. Ni su rostro regio, ni sus pómulos prominentes.

Avanzó hacia el sur y bordeó el límite de la frontera con el territorio de los centauros hasta llegar a la orilla septentrional del lago, que quedaba frente a un saliente rocoso. No sabía cómo, pero el caso era que había oscurecido. Dominique nunca se sentía insegura en el Bosque Prohibido, aunque, a decir verdad, nunca había paseado por ese lugar sola y de noche. Nerviosa, alzó la vista al cielo, que había pasado del azul intenso al añil con una celeridad asombrosa. La quietud del lugar le resultaba fantasmagórica. El silencio era total. Un velo finísimo de neblina se posaba en el suelo y barría en espirales el sendero que se extendía ante ella. Aceleró el paso hasta casi echar a correr.

La superficie del lago, a su derecha, era una inmensa balsa de aceite negra, tan quieta que lo reflejaba todo a la perfección, como un espejo. Su intención era bordear la orilla hasta llegar al extremo oriental, en cuyas inmediaciones se encontraba el puente que comunicaba con el castillo. Una vez allí, estaría protegida por los muros de Hogwarts.

No había llegado muy lejos cuando unos gritos rasgaron el aire de la noche, espeluznantes, terribles. Dominique se detuvo en seco, escuchando aquellos chillidos agudos que parecían proceder del centro del lago.

-¡Eh!- gritó, temerosa.- ¡Eh! ¿Necesitas ayuda?

Una cacofonía de chapoteos desesperados alcanzó sus oídos a modo de respuesta. Dominique echó a correr en dirección a la fuente del sonido. Intercalado con  los gritos horrísonos que habían llamado su atención llegaba ahora un sonido más grave, una especia de jadeo, puntuado por chapoteos frenéticos, como si alguien se agitara, presa del pánico. Como si alguien estuviera ahogándose.

O, más bien, "algo". Dominique se detuvo en la orilla al advertir, sobresaltada, que en aquellos ruidos había algo que no era humano. Entrecerró los ojos y distinguió un punto del lago en que el agua se volvía blanca de espuma. De pronto, algo se agitó con violencia en el centro del remolino. El corazón de Dominique latía cada vez con más fuerza, y entonces vio la cabeza de un caballo que embestía en la oscuridad.  Las patas delanteras del animal pisoteaban el agua como si intentara elevarse por los aires, pero luego se hundía de nuevo. El agua volvió a cubrirle la cabeza, amortiguando sus relinchos de pánico. Dominique miró alrededor, desesperada.

-¡Ayuda!- gritó, esperando que algún auror que vigilaba los alrededores la escuchase, pero su voz se perdió en la noche. Se volvió de nuevo hacia el lago, inquieta, y vio que el caballo asomaba a la superficie cada vez más, forcejeando, perdiendo el fuelle.

 La mera idea de que un animal se ahogara en su presencia le resultaba insoportable, de modo que soltó la chaqueta, se quitó la bufanda y los zapatos y se arrojó al lago describiendo una breve parábola.

Aunque era junio, el frío aire de una noche escocesa del Norte del Reino Unido no era nada comparado con la temperatura del agua. Al entrar en contacto con ella, y durante un breve e infernal segundo, Dominique pensó que el corazón iba a dejar de latirle. Cuando salió a la superficie, segundos después, tomó aire y gimió.

El caballo volvió a relinchar, más débilmente. Dominique apartó el punzante frío de sus pensamientos y empezó a nadar con brazadas poderosas. Cuando estuvo a unos metros de la aterrada criatura, se detuvo, temerosa de que aquellas pezuñas que se agitaban, mortíferas como martillos.

-Tranquilo, tranquilo...-Dominique se esforzaba para que el frío no le hiciera castañear los dientes.- Buen caballito... caballito...-intentó calmarlo.-... Vamos, ya está, amigo.- El animal meneaba la cabeza sin control, ponía los ojos en blanco y abría mucho los ollares. -No pasa nada, no pasa nada.- Dominique alargó una mano y se acercó un poco más. El agua estaba tan fría que parecía al borde de la congelación. Sabía que, si no lograba sacar pronto del lago a aquel pobre animal, tendría que desistir de su empeño. Los dedos de los pies empezaban a entumecérsele.- Todo irá bien. Yo estoy aquí y voy a ayudarte.

Extendió más la mano y, con la yema de los dedos, le rozó la piel aterciopelada del hocico, deseando que no le mordiese. Pero el animal no lo hizo, sino que acercó el morro a su mano, le empujó los dedos con suavidad y echó sobre ellos un aliento tibio. La joven volvió a calmarle con su voz y dio otra brazada para acercarse más, cuidándose de no quedar frente a las patas delanteras del animal.

Se decidió a sacarlo de allí.

Hundió las manos en el agua y le palpó los flancos para ver si descubría cuál era el problema. El caballo no parecía herido, pero sus poderosos cuartos traseros no se movían como era debido para mantenerse a flote. Hundió un poco más la mano, en dirección al trasero del animal, y por un segundo le pareció notar algo frío y duro, casi pegajoso, algo parecido a unas escamas de pez.

Al momento apartó la mano.

¡No era un caballo!, pensó perpleja, creyendo que el frío le estaba afectando al cerebro imaginando cosas raras.

Alargó las manos de nuevo, y palpando, notó que había una red de algas resbaladizas enredadas a la grupa del animal. Debía de ser aquello lo que había tomado por escamas. Dominique tiró de las cintas de vegetación, pero eran fibrosas y resistentes, y no logró que ninguna se desprendiera. Se le resbalaban entre los dedos, cada vez más agarrotados por culpa del frío. Gimoteando de impotencia, miró hacia atrás y constató que el caballo ya ni siquiera forcejeaba. Se limitaba a mirarla con ojos pesarosos. Los ollares, muy abiertos, apenas sobresalían del agua.

Iba a ahogarse.

Tenía que actuar con determinación. Se separó un poco del flanco del animal para hacer acopio de las pocas fuerzas que le quedaban, inspiró profundamente tres veces, para llenar sus pulmones al máximo del aire helado de la noche, y se sumergió en el agua. Buceó lo más profundo que pudo, y se agarró con fuerza a las aguas, que habían echado raíces en el lecho del lago. Ojalá los animales que vivían allí en el Lago Negro, el calamar gigante y una colonia de selkies y grindylows, la salvasen en caso de no conseguirlo. Plantó los pies en el lodo y dobló las rodillas, se enroscó las cintas vegetales alrededor de sus manos y tiró de ellas con todas sus fuerzas, cediendo poco a poco.

Se rompieron.

Dominique volvió al caballo bajo el agua y se asustó, estaba girada hacia ella mirándola intensamente. Sus ojos le devolvieron un brillo oscuro que removió sus entrañas. La joven, que estaba agarrada a sus crines, se subió a su lomo para dirigirlo hacia lo orilla. Sintió el vello mojado del animal bajo sus piernas y miró hacia la lejana orilla. Le dio unos toquecitos en el lomo para que avanzase, pues tendría que hacerlo tras haberle zafado de aquellas algas que le tenían retenido.

Sin embargo, el caballo no respondió a su orden.

De hecho, el caballo tembló en su interior y se sumergió poco a poco. Dominique soltó un chillido al darse cuenta de que el "caballo" que había salvado sabía trotar bajo el agua. Intentó salir de su lomo, pero ya era demasiado tarde.

Dominique se sumergió por completo sobre aquella criatura, que había enfilado un trote hacia las profundidades del lago. Intentó con todas sus fuerzas salir de aquel agarre sobrenatural que le impedía volver a la superficie, la cual estaba cada vez más lejana. Su cerebro perdía oxígeno por momentos, y ya veía estrellitas delante de sus ojos. Meneó la cabeza mientras observaba como la oscuridad la envolvía. Una nube de burbujas abandonó su cuerpo por la boca y la nariz: era el último aire que quedaba en su interior.

Entonces oyó un grito amortiguado, lejanísimo, y le pareció que veía un movimiento extraño detrás de ella, violento, que avanzaba a toda velocidad detrás de ella y el caballo. Otra criatura mágica. El caballo relinchó con violencia y sacudió sus patas traseras para embestir a aquella figura llena de pelo que iba detrás de ella, sin saber si iba en su rescate o se peleaba por una cena humana.

El animal que había aparecido embistió con todo su cuerpo a la criatura que dirigía a Dominique hacia las profundidades del Lago Negro y lo desestabilizó.  Con las pocas fuerzas que tenía la muchacha, logró separarse de la criatura que la había atrapado bajo sus pies y nadó alejándose de ella. Por desgracia, no le quedaba suficiente oxígeno y el agua había llegado a sus pulmones.

A su vez, la criatura que parecía haberla salvado, rugió ferozmente a la otra criatura que no debía de ser un caballo. Mientras el caballo daba marcha atrás para volver a embestir a su enemigo, este nado furiosamente hacia la joven que flotaba en el agua inconsciente. Sus alargados músculos le ayudaban a impulsar con más velocidad de la que había cogido la otra criatura que iba detrás de él. Cogió a la joven en su carrera hacia la superficie con una violenta delicadeza mientras nadaba a forzadas brazadas, impulsándose con las piernas.

Al llegar a la superficie, el cuerpo de la criatura salvadora dejó de ser tan alargado, su vello disminuyó y su transformación lo convirtió en un hombre joven. Sujetó con serenidad la barbilla de la joven con una mano y con la otra metió los dedos hasta garganta, mientras la postraba sobre su pecho para darle estabilidad y que no se volviese a sumergir.

-Vamos, echa el agua que llevas dentro, pequeña.- le urgió con un sonido gutural, a la vez que sentía un temblor en el agua que seguramente procedía del galope de la criatura mágica en su búsqueda.

De pronto, el cuerpo de la joven se sacudió. Comenzó a toser, devolviendo el agua que se había instalado en sus pulmones. Con un rápido movimiento, el hombre volvió a convertirse en una criatura mágica y cogió a la muchacha que volvía poco a poco en sí en sus brazos. Nadó ayudándose de nuevo de las piernas, las cuales le daban una estabilidad parecida a la que sentía cuando corría transformado en licántropo.

El temblor del agua y un chapoteo furioso salieron a la superficie a muy pocos metros detrás de él. La criatura estaba a punto de cogerle. Cogió mucho oxígeno y llenó sus pulmones para darle fuerza. Acogió toda su parte loba en su seno interno y nadó a una velocidad estrepitosa, dejando una estela burbujas que perseguía sin cesar aquella criatura.

Al llegar al saliente rocoso por el que había saltado Dominique, un joven con uniforme de Gryffindor les estaba esperando. El licántropo elevó a la muchacha en el aire, tendiéndosela al joven, que se apresuró a postrarla sobre una roca lisa, algo alejada de la orilla del Lago Negro. El licántropo agarró con una mano el saliente y miró hacia atrás.

La criatura mágica que le perseguía estaba justo debajo de sus pies.

Afortunadamente, fue lo suficientemente ágil como para salir de allí sin que el bocado que aquel animal dio en el aire le atrapase. Ambas criaturas mágicas se desafiaron con la mirada. El licántropo postrado en la roca que sea alzaba ante el Lago donde aquella criatura estuvo a punto de cometer un asesinato.

 El licántropo volvió a transformarse en humano, dio la espalda a aquella inmensa y peligrosa masa de agua negra y acudió a la ayuda de los jóvenes. Dominique seguía tosiendo y el joven no hacía nada más que ayudar a que la muchacha soltase toda el agua. Cuando el licántropo se acercó, Nicholas Woods le miró con escarmiento.

-¿Podrías ponerte algo de ropa?

Alexander Moonlight ignoró aquella pregunta, se acuclilló ante la joven con suma preocupación y la miró atentamente. Efectivamente, el joven auror estaba completamente desnudo, tan solo cubierto por un montón de tatuajes que tapaban su pecho, hombros y costados. Ni se molestó en cubrir sus miembros inferiores ante los que Nicholas Woods se sentía incómodo.

Ante la visible irritación del Gryffindor, éste incorporó a la joven para que se sentase, de modo que no se atragantase con el agua que estaba echando. Estúpido Woods. La joven ya no tosía más, pero respiraba entrecortadamente y sacudía su pecho con fuerza. Su camisa blanca se ceñía en su delgado pero fibroso cuerpo y algún resto de heridas la habían manchado de rojo y suciedad del barro que había cogido, no solo de aquel suelo, sino del agua del lago.

Los ojos azules oscuros se encontraron con la atenta mirada de Moonlight.

-Imayna Kashanki?- preguntó, aún con el resquicio gutural que le dejaba la transformación de licántropo. La observaba con cuidado.

-Kashani Waliq- respondió ella.

Moonlight sonrió satisfecho. Ella apartó la mirada, pues se sentía algo incómoda. Solo entonces se había percatado de que su salvador estaba completamente desnudo. Para no mirar a la zona incómoda, se fijó en cada uno de sus tatuajes en aquel silencio incómodo. Unas máscaras de teatro en el pecho derecho con un número, una bandera del Reino Unido, un cuervo, una esquina del Big Ben...

-¿Podrías ponerte algo de ropa?- repitió Nicholas Woods, cortando aquel silencio.

Moonlight miró hacia él como si fuese un mosquito que le molestase. Acto seguido se dirigió hacia Dominique.

-No deberías haber hecho eso.

Ella tragó saliva, la cual sabía a barro. Ladeó la cabeza, cogiendo un vistazo del lago y rememorando con un amargo sabor lo que acababa de ocurrir.

-Creía que era un animal en apuros.- dijo ella casi en un susurro, sin estar convencida todavía de que aquella criatura fuese malvada. Tenía unos ojos tan puros.

Nicholas Woods rio con sorna, como si la joven fuese tan estúpida que se hubiese dejado matar. Moonlight le gruñó. Volvió su mirada a la joven, cuyos labios temblaban, tanto de frío como de miedo.

-Pequeña Weasley, era un Kelpie.

-¿Qué es un Kelpie?- preguntó Nicholas Woods, intentando llamar la atención de Dominique, quien miró con horror a Moonlight.

-Ya sabes, esos demonios de agua en forma de caballo que seducen a sus víctimas para que los monten y los llevan al fondo del lago, donde los devora y deja que las vísceras floten hasta la superficie.- Lo dijo con calma, como si él mismo no se hubiese enfrentado a esa criatura hacía unos instantes.- Pero tú has tenido suerte.- le guiñó el ojo.

-Creía que en Hogwarts no había ningún Kelpie.- confesó con cierto temor Dominique.

-Bueno, al parecer alguien...

-Tenemos aurores tan incompetentes que dejaron entrar hasta a un basilisco.- interrumpió bruscamente el joven Gryffindor.

Dominique miró hacia abajo, como disculpándose por lo que había dicho el joven, mientras que el aludido suspirada, volviendo a ignorar a Woods.

-Hablemos de por qué Dominique estaba aquí, ¿te parece bien, Woods? Porque a mí lo que me parece es sospechoso que la cites aquí, justo al lado del Kelpie y tú decidas acudir a mí porque te has dado cuenta de que quedar aquí con ella es un error y crees que está en peligro...- se dirigió a la joven.- Yo es que te acusaría de intento de asesinato.- afirmó sin tapujos. Sin sentirse avergonzado por estar desnudo, sino con más seguridad. Dominique suspiró.- Y también lo relacionaría con el Ojo, pues son los únicos que conocen hechizos para despistar a los aurores que no deberían preocuparse por que un alumno sea incompetente  y deje que esos asesinos traigan a un demonio de agua para cautivar a una joven que saben que siente demasiada atracción por las criaturas mágicas.

Dejó un clima incómodo entre Nicholas Woods y Dominique. El auror ayudó a la joven a levantarse, la cual evitaba mirar a Moonlight. Ésta suspiró. Se apartó del licántropo y se acercó a Woods. Su fuero interno ahora había desarrollado un sentimiento que jamás había presenciado: ira.

-¿¡Qué pretendías!?- le cruzó la cara de un bofetón. El agredido giró la mirada, claramente avergonzado. Dominique no pudo más que abrir la boca con sorpresa.- ¿Tiene razón, Nicholas? ¡¿Me has mandado aquí para que un demonio me mate!?

-¡No!¡Claro que no!- respondió negando con la cabeza horrorizado.-¡No se suponía que te pasase nada, Nickie!

-¿¡Qué!? ¿Qué cojones has hecho, Woods?- le exigió saber ahora con un enfado superior a ella. Le volvió a cruzar la cara de un bofetón. -¿El Clan del Ojo? ¿En serio? ¿¡En qué estabas pensando!?- Puso los ojos en blanco y exhaló aire para calmarse.- Pensaba llegar aquí y decirte que no, que no valdría la pena volver contigo en absoluto, ¿sabes? Y que me dejases en paz, que no quería verte nunca más porque si he de ser sincera nunca me has gustado, y mucho menos he estado enamorada de ti.- Esta vez suspiró.- ¿Y qué me encuentro? ¡Mi ex novio quiere matarme! ¡Y le pide ayuda al Clan que mató a mi prima Roxanne, a McGonagall, a Hagrid; que secuestró a mi primo Albus....! ¡Y ahora a mí!

-¡No, Nickie!- exclamó éste, mirando hacia Moonlight, odiando su presencia como observador interesado.- Les pedí ayuda para que volvieses a mí, me dijeron que te darían como una poción mágica de amor o algo así, y yo a cambio les ayudaría en lo que quisiera... Creía... Que al ser poderosos podrían hacer que me amases como yo te amo.

-¡Eso es ridículo! ¡Jamás lo haré! Y menos después de que colaborases para que me matasen.

-Nunca haría eso.

-Bien, pues lo has hecho. Y a partir de ahora olvídate de mí y jamás pienses en echarme una poción amorosa porque te juro que jamás funcionará conmigo.

Woods apretó la mandíbula y se dirigió hacia ella de forma amenazadora.

-Veo que sigues encaprichada en Ted Lupin como cuando eras una cría, Weasley.- le espetó.

-¿A quién del Ojo le pediste ayuda?- preguntó Moonlight sin acercarse a los jóvenes. Dominique había olvidado su presencia y de pronto un rubor se encendió en su rostro, había escuchado que ella estaba enamorada de Ted Lupin. Por Merlín.

-A ti no te lo pienso decir.- le bufó.- ¿Sabes? Hay muchos que opinamos que las bestias como tú deberían de estar encerradas en jaulas en Azkaban.

Moonlight asintió sin perder los estribos, pues seguramente era lo que aquel joven estaba esperando. Además, no era la primera ni la última persona que le diría algo por el estilo. Estaba acostumbrado a lidiar con aquellos insultos a su especie, que siempre evitaba que fuesen dichos delante de Ted Lupin, a quien aún le costaba asimilar aquellas espantosas opiniones.

-No tienes por qué decírmelo a mí, se lo dirás a mi séquito de aurores que te juzgarán como juzgaron a los cómplices de mortífagos que ahora están en Azkaban, ¿me entiendes? Lárgate.- le ordenó con autoridad.

-Me largaré cuando yo quiera.- miró a Dominique, desafiándola una vez más con la mirada.

-Ni se te ocurra volver a cuestionar mis órdenes, te recuerdo que mis garras de hombre lobo pueden partirte el pecho en dos, y hace poco me he hecho la manicura lobuna, así que no quiero estropearla en rascar la carne fofa de cierto gilipollas. No pienso decírtelo dos veces, así que, o te largas por tu cuenta, o te vas castrado. - Le enseñó su uña, la cual convirtió en un dedo de licántropo, hecho que se conseguía con mucho entrenamiento.- ¿Me entiendes?

Acto seguido, se giró bruscamente y desapareció entre los árboles que escondían el sendero. Sus pasos ya se escuchaban lejanos, y Dominique y Moonlight seguían en la misma posición.

-Creo que yo también debería irme.- sugirió la joven.

-Eh, no, tenemos que hablar de lo que ha pasado, ya sabes, tengo que reportar a los demás aurores, y a tu padre, seguramente de lo que ha pasado. Además,... Oye, Weasley, me siento incómodo hablándote si me das la espalda.- La muchacha se mordió el labio.

-Lo cierto es que yo estoy más cómoda si te doy la espalda.- le confesó, no le apetecía contemplar su desnudo.

-Oh, sí, la ropa...-dijo con una sonrisa.- Estás en shock con lo de que has estado a punto de morir y... bueno, esto, te resultará aún más intimidante de lo normal. -Recuperó los pantalones de una roca y se los puso.- Ahora pensarás que te he tenido que pegar a mí cuando estábamos en el agua, pero... Bueno, era eso o morir.

-¿Estás intentando hacerme sentir aún más incómoda? Dame un respiro, ya sabes, he estado a punto de morir y eso.- Se dio la vuelta al escuchar la cremallera del pantalón.

-Lo siento, creo que tuve que rasgar la camiseta así que...Tendré que estar sin camiseta, lo cual también es intimidante, pero mucho menos.- añadió con una sonrisa socarrona.

-Me gusta...-dijo ella sin pensarlo.- Quiero decir, me gustan tus tatuajes.

Él entrecerró los ojos.

-Claro.- le pidió con un gesto que se acercara a ella, y ésta obedeció un tanto a regañadientes, pues su presencia seguía siendo un tanto incómoda.- Así que estás enamorada de Ted Lupin, tu cuñado, el novio de tu hermana Victoire, el padre de tu sobrino Remus...

-¿Y si olvidas eso y nos centramos en que un demonio de agua me ha intentado matar?

-De no ser por mí, claro.- Dominique le miraba seriamente.- No es que vaya olvidar esa confesión, es decir, debe ser duro. Además, yo siempre lo había intuido.

-¿Cómo?- dio un respingo y tuvo que mirar la divertida expresión que había causado su reacción.

-Oh, venga, pequeña Weasley. De pequeña siempre le seguías a todas partes y tus ojos hacían chiribitas cada vez que te alagaba por algo. Y, después, aquí en Hogwarts... Siempre iba con él, ¿crees que no me daba cuenta de que le mirabas demasiado de reojo? Sabía que estabas con ese fantoche por... No me explico por qué, pero no era por amor. Acabas de decírselo. E incluso él lo sabía, por Merlín...Lo que no sé es si tu hermana Victoire lo sabe, seguro que sí, debe de encantarle que estés colada por su novio...

-Creo que quieren matarme porque sé lo de Luperca.- dijo cambiando de tema drásticamente.- No se me ocurre otra cosa... Ya mataron a Roxanne para dañar a mi familia...

-No, no es así cómo funciona. Mataron a Roxanne porque estaba al tanto de lo que ocurría con Ivonne y sabía algo, me lo dijo Willa antes de que las dos muriesen, claro. Y a tu primo Albus lo secuestraron para matarnos a nosotros cuando fuésemos a por él, porque estorbamos en su camino a lo que se proponen. No quieren matarte por dañar a tu familia, es porque quieren quitarte a ti de en medio.

-Pues eso, creo que es por lo de Luperca.

-Entonces también tendrían que matar a todos los que han estado allí, y sinceramente, no creo que sea por eso.

-¿Entonces?- preguntó algo exasperada.- Realmente no he hecho nada, te lo juro. Y, además, lo sabrás... Si hubiese hecho algo, Wakanda lo hubiese descubierto en mi mente y lo sabríais todos.- añadió, refiriéndose a la manada que compartía toda la información en Luperca.

-Verás, te contaré algo que casi nadie sabe de los nuestros. Considera esto como un secreto de Luperca, ¿vale? Por ahora lo estás manteniendo bien y Wakanda confía en ti, así que yo estoy obligado sobrenaturalmente a hacerlo también.

-Aun así, puedes confiar en mí. Te aseguro que no hay nadie en el castillo...

-No me refiero a tus amigos o lo que sean, digo que no se lo puedes decir ni a tu hermana, ni a tus padres, a nadie, ¿de acuerdo?- La joven asintió.- Te hablaré un poco de política, creo que no estás al tanto de que Harry Potter le ha declarado la guerra a Francia.

-Querrás decir que el Ministro...

-No.- dijo él con algo de irritación.- Harry Potter en su persona y porque le ha salido de sus...Su varita. Me alegra que tampoco te haya gustado esa decisión a ti.- Moonlight suspiró, nunca había tenido que contarle eso a nadie, y, lo cierto, es que no estaba interesado en la política, por muy metido que estuviese en ella.- Hay una especie de guerra civil en el Ministerio. Por un lado, como supondrás, Harry Potter y todo su Departamento con todos aquellos fieles seguidores del Niño Que Vivió. Supuestamente yo me encuentro en ese bando.

-Supuestamente.-le miró con recelo.

-Ellos...Bueno, mi supuesto bando cree que solo tienen que hacer frente a Hermione Granger-Weasley y al Ministro. Pero no es para nada cierto. Porque Lebouf, Whitehall, Shacklebolt, Neville Longbottom y el profesorado de Hogwarts también les apoyan. Además, también tienen el apoyo de Rolf Scarmander, que como sabrás es muy influyente en el sector de las criaturas mágicas... En el que sí que me incluyo, debido a mi conexión con Luperca. En fin, esa explicación era necesaria para que entiendas que no se lo puedes decir a nadie.- La joven volvió a asentir, esperaba que no la tuviese allí mucho tiempo, pues se sentía débil y cansada.- Una de las cosas en las que más confía el Clan del Ojo y por las que, cómo decirlo, se mueve hacia su objetivo desconocido, son profecías recitadas hace milenios.

-¿Y yo aparezco en una y por eso quieren matarme? ¿Haré algo que les impida llegar a su objetivo desconocido?- imitó el tono teatral que ponía Moonlight, cosa que al joven auror le hizo gracia.

-Bueno, no sé si exactamente apareces en una profecía... Pero se me ocurre que sí que puedes aparecer y, no sé, hacer algo que cabree a esos psicópatas.

-¿Cómo qué?

Moonlight se mordió el labio, y por un momento, parecía indeciso.

-No debería decirte esto, y Wakanda me regañará, pero te ha visto potencial... Y con potencial me refiero a que cree firmemente que te unirás espiritualmente a un licántropo y que serás aun más poderosa que ella.

-Ella es una licántropo alfa y yo soy una simple humana...No puedo ser más poderosa que ella, es estúpido pensar eso.

-Te corrijo, Weasley. No eres una simple humana... Eres una criatura semi-mágica, ¿o es que te has olvidado de tu parte veela que me salvó aquella noche?- Dominique abrió la boca con sorpresa, porque creía que él no había sido consciente de aquello.- Sé que solo eres mitad veela, pero eso es igual de poderoso que nosotros, que somos mitad lobo. Se dice que cuando las veelas se enojan, se transforman en algo más parecido a una harpía, sus rostros se convierten en algo parecido a la cabeza de un ave y picos muy largos y filosos, y le salen plumas que nacen de sus hombros. Pueden lanzar bolas de fuego de sus manos...Y eso combinado con una conexión mental con un licántropo, es muy muy peligroso.

Dominique lanzó una risa cantarina y le miró con algo de pena.

-Yo no sé hacer nada de eso, Moonlight...Aunque te aseguro que me encantaría. Pero, bueno, también podría ser mi hermana.

-Tú tienes la parte veela mucho más desarrollada. Además, si Wakanda te pidió que fueras a Luperca, es porque sabe que serás alguien, no fue ni tu tío ni tu padre quien te envío allí. Fuiste invitada. Y los lobos y muchas criaturas mágicas han notado que eres especial... No había una veela guerrera desde Jelka de Serbia. De hecho, Wakanda se refiere a ti como Kutiy Jelka, que significa algo así como la nueva Jelka.

-¿Y han usado a un Kelpie porque saben que estoy conectada por la naturaleza?

-Sí, y porque es fácil que el Kelpie entre por el río, ya sabes, adopta la forma de la criatura que quiera... Pero bueno, estás a salvo, y es lo que importa.

-¿Quién será el licántropo?- preguntó realmente interesada, cosa que hizo esbozar una sonrisa traviesa a Moonlight.

-¿Piensas que será Teddy? Te diré una cosa, si Ted nunca le ha dicho nada a tu hermana sobre esa posibilidad de los hombres lobos, es porque no quiere que le pase nada malo... Ted es, aunque no lo creas, muy orgulloso. De hecho, no lo sabrás, pero ya no siguen juntos, y tu hermana está... Bueno digamos que ya no hay dudas de que tú eres la Weasley más bonita de todas. -Aquello hizo enrojecer a Dominique.- Todos lo dicen.-añadió él. Se levantó y le indicó que la acompañase por el camino al sendero hacia el castillo.- Y de ninguna manera sería James Potter.

-¿Entonces? Tenéis la conexión mental esa... ¿No hay nadie que se haya sentido conectado conmigo?

Moonlight hizo un silencio y se detuvo, pensativo. Le echó un vistazo de reojo, observando que su camisa seguía ceñida a su cuerpo mojado, que el pelo rojizo le caía a ambos lado de su cara, enmarcando un rostro que exigía una respuesta. No llevaba zapatos, pero parecía no percatarse de aquello. Se sentía en conexión con la naturaleza y ella no lo sabía.

-Lo cierto es que sentí una cierta conexión aquella noche, ¿te acuerdas? La noche del asesinato de McGonagall me dieron una poción para descontrolarme y tú me devolviste a la forma humana.

-Pero eso fue porque tenía miedo y lo de ser veela funcionó por mi miedo, había oído que se puede hacer cosas con la voz...

-No, Dominique, un licántropo desenfrenado, ¿sabes de lo que es capaz? No te lo imaginas, sino hubieses sido tú, habría asesinado a alguien. Me salvaste.

-Y ahora lo has hecho tú, porque Woods no sabe nadar y...

-Antes de que llegase el fantoche ese porque te había escuchado gritar, yo ya sabía que estabas en peligro y estaba viniendo a por ti.

-Eso son tus sentidos de licántropo.- dijo con una risa incómoda.- Yo no siento ninguna... Conexión contigo.

Moonlight cambió su expresión por una de burla. Y después soltó una leve carcajada.

-Vale, pequeña Weasley, veo que no quieres tener nada conmigo. Asumiré la derrota, te he enseñado todo el armamento y aun así me rechazas... -Dominique se ruborizó.- Pero iba en serio, Weasley, aunque igual, como tú dices, es tu parte veela seduciéndome. Veo que la licántropa no hace efecto.- dijo acercándose a ella con sorna, sabiendo que la joven aún estaba algo incómoda por haberlo visto desnudo y ahora semidesnudo.

-Sé que esto te entretiene, pero te recuerdo que aún queda un buen trecho hacia el castillo y yo estoy bastante débil.- sentenció ella, intentando acabar con la actitud de Moonlight, la cual la ponía demasiado incómoda.

-Acabo de encontrar tu profecía.- Moonlight volvió a pararse en seco y miró a Dominique con una mirada extraña. Ésta puso los ojos en blanco, cansada.

-¿Y bien?

-El bello pájaro se ahogará en el agua negra a los lomos del caballo.

-¿Con lo de bello pájaro se refiere a mi parte veela?- preguntó ella sin entender la mirada de euforia del joven auror.

-¡Hemos roto una profecía!



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