Historia al azar: La vuelta
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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Jueves 21 de Enero de 2021, 20:22
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(III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones

Un aullido rasgó la noche y, como un agónico lamento, se elevó hacia la luna llena que presidía el cielo estrellado. Un aullido estremecedor que parecía cargado de tristeza, miedo, dolor y odio. El extranjero se detuvo al oírlo y lo escuchó con suma atención, como si pudiera comprender su mensaje. Había sonado muy cerca, pero esto no pareció asustarle. Cuando la voz de la criatura se extinguió, el hombre sonrió levemente y, alzando la varita o, se desvió de su camino para acudir a su encuentro.

Sabía que era un intruso en aquella tierra sagrada, pero había atravesado todo aquel bosque sin prestar atención a las advertencias que traían los aullidos de los lobos. Aquel, sin embargo, era diferente, y el hombre lo sabía. Y, aunque el tenebroso lamento no volvió a repetirse, esto tampoco pareció importarle. Intuía la presencia de la criatura acechando en la penumbra, pero nada en su actitud demostraba que la hubiese detectado.

 

Cuando, finalmente, el lobo saltó sobre él con un gruñido triunfal y los ojos hinyectados de sangre, el hombre reaccionó con calma, rapidez y precisión, alzando las manos y pronunciando unas palabras mágicas que conocía como la palma de su mano, acompañadas del movimiento de su varita.

 

Hubo un fogonazo de luz y gañido de dolor, y el enorme lobo se vio lanzado hacia atrás y cayó al suelo. Aún trató de incoporarse y plantó cara al hombre, gruñendo amenazadoramente. Pero la descarga se repitió, y el lobo aulló de dolor y se derrumbó en el húmedo suelo, inconsciente.

 

El hombre de pelo azabache y ojos de color esmeralda permaneció quieto durante unos instantes, observando a la criatura con una mezcla de curiosidad y fascinación que jamás cesaría. Cuando, finalmente, se aproximó unos pasos, la temblorosa luz de su varita no iluminó el cuerpo de una bestia, sino el de un joven esbelto, de enmarañado cabello castaño cobrizo. Yacía boca abajo sobre la hierba, desnudo, pero el hombre pudo ver su rostro. Asintió, como si lo hubiera estado esperando. Los rasgos de su semblante eran muy similares a los suyos, sus ojos, en cambio, eran alargados y marrones. Además de su aspecto salvaje y desaliñado, lucía una sombra de barba que indicaba el final de su niñez y el comienzo de su adultez.

 

Harry Potter se quitó la capa y cubrió con ella el cuerpo desnudo de su primogénito. Después de eso, se sentó a esperar. Cuando el joven abrió los ojos, una alegre y cálida hoguera crepitaba junto a él. Reaccionó deprisa, se puso en cuclillas y lanzó una hosca mirada a su acompañante, que lo contemplaba tranquilamente desde las profundidades de sus pensamientos. El muchacho gruñó y se dispuso a saltar sobre él, pero el padre señaló el cielo con calma. El otro miró en la dirección indicada y solo vio la luna llena, blanca, redondeada, perfecta. Instintivamente gimió y se cubrió el rostro con los brazos, tratando de protegerse de su suave resplandor.

 

Sin embargo, se detuvo de pronto y contempló sus brazos sin vello, sus manos que no eran garras, sus dedos, finos y largos. Harry Potter sonrió al verlo mirar, incrédulo, la luna llena y sus propias manos, una y otra vez.

 

-Verás, el conjuro no durará mucho. - dijo con suavidad, sobresaltando a James, quien quizás había estado demasiado tiempo sin tocar su humanidad. Se volvió de forma cautelosa para mirarlo.- No tardarás en volver a ser un lobo, así que espero que tengamos tiempo de mantener... una civilizada charla... Antes de que te lleve de vuelta a casa.

 

El joven lo miró largo rato, tratando de comprender lo que estaba sucediendo. Al principio, todo iba bien en Luperca, se había integrado a la perfección en la manada e incluso admiraban su madera de líder. Había estado casi dos meses y medio en forma de lobo. Lo sabía porque se lo habían dicho, pues para él no existía el tiempo. Era feliz rodeado de lobos que podían comunicarse con él sin tener que adoptar de nuevo la forma humana, un proceso que ni quería llegar a imaginar de lo doloroso que podía llegar a ser. Además, a los lobos jamás les heriría. Se había dado cuenta de lo peligroso y descontrolado que podía llegar a ser y temía por su familia, por sus amigos, por cualquiera sin los medios necesarios para detenerle.

 

Se había prometido aquella noche no volver jamás con los humanos. Él sería un licántropo que ayudaría a otros en su forma de lobo. Había un lobo, Willow, que era así, pues el olor de la sangre humana era demasiado fuerte y atrayente para él. La líder de Luperca había decidido que aquel era su destino. Conocía su historia. Tras abandonar el centro, volvió a su pueblo muggle, pero en las siguientes lunas llenas atacó a todo su barrio. Los magos tuvieron que borrar la memoria de las familias de las víctimas y aquel hombre jamás volvió a ser el mismo.

 

James quería que le recordarsen por cómo había sido. No por lo que se había convertido. Admiraba a Teddy, sabía que él lo había sobrellevado a la perfección, por genes, decían los demás. No como había pasado con Moonlight. Conocía su historia, no la que narraba cómo transformó a su casi hermano, sino por la cual se volvió el protegido de McGonagall y la muerte de treinta personas que le hubiesen llevado a una larga y torturosa vida.

 

-¿Te he hecho algo?- preguntó al fin. Su padre debía saber que no iría con él de vuelta a su hogar. No estaba preparado. Jamás lo estaría.

 

-Me has atacado en la oscuridad y te he devuelto a tu forma humana.- contestó como si aquello no tuviese importancia.- No te preocupes, James, no ha sido nada grave.

 

El muchacho alzó la cabeza. El fuego se reflejaba en sus rasgados ojos, que en aquel momento, no tenían mucha humanidad. Aunque no podía ver el rostro de su padre, sabía que estaba sosteniendo su mirada. Finalmente, bajó de nuevo la cabeza y exhaló un ligero suspiro.

 

-He matado a un hombre, padre. Así que no, no volveré a casa y pondré en peligro a mis hermanos y a madre, no estoy preparado. Ya no soy como vosotros. - dijo; su voz era la de siempre, pero había en ella cierto tono amenazador y salvaje—. Soy un licántropo.

 

-Ya lo había notado -observó su padre.

 

James pudo ver cómo el que siempre había sido su protector evitaba hacer referencia al hecho de que tenía las manos llenas de sangre debido a que, aquella misma noche en la que se había propuesto abandonar la civilización para siempre, había matado a un hombre. Se sentía incómodo y débil en su desnudo cuerpo humano.

 

-Me has devuelto mi verdadera forma -replicó James, con cierto aire enfadado. -. ¿Se ha roto la maldición?

 

-Me temo que no. Como te he dicho, se trata de un conjuro de duración limitada. Solo te protegerá temporalmente de los efectos de la luna llena. Tres horas, probablemente; aunque para entonces ya estará a punto de amanecer.

 

Supuso que debió de haber estado más atento en las clases de Cuidado de las Criaturas Mágicas. Tristemente pensó al segundo que jamás iría a ninguna de aquellas, y que, por ende, jamás serían las clases de tercero que le había dado Hagrid el año anterior, antes de haber muerto protegiéndole... ¿Para qué? ¿Para ser ahora un asesino? Era despreciable.

 

-Ojalá hubiese muerto.- deseó el joven, quizás dañando el corazón de su padre.

 

-James, no has matado a nadie.- En la mirada de James apareció un brillo de desconfianza.-Ni le has convertido. La sangre que tienes y por la que huyes es simplemente de un rasguño en el abdomen... Que quizás haya tenido que ir a un centro médico, pero eso es irrelevante... Porque, James, no le has matado.

 

-He conocido a otros lobos como yo que mataron a personas en sus primeras lunas llenas y sé que ha pasado, padre. No hace falta que me engañes para hacerme sentir mejor.- recalcó, acompañando su comentario con un gruñido gutural.

 

-En eso tienes razón -admitió el mago. - No te voy a engañar, todos creyeron que le matarías... ¡Pero demostraste que eres especial, James! Rechazaste herirle incluso cuando estabas en tu peor momento como licántropo...¡Todos fueron en tu búsqueda para felicitarte! No podemos cambiar el hecho de que heriste a una persona, pero el que tengas fuerza de voluntad incluso sin amuleto o sin persona que te ayude... ¡Es un gran...!

 

-¡No!- gruñó.- Le herí, con eso basta... Nadie puede felicitar a alguien por rasgarle y destrozarle el abdomen, ¿y si me pasa algo parecido con Lily? Prefiero prevenir cualquier cosa similar...

 

-James, James... Si vas a Hogwarts estará todo controlado, si vas a casa, Ted y Alex estarán pendientes de ti... Y, además, confíamos en ti.

 

-¿Por qué has venido? No se supone que puedas venir hasta que sea oficial.

 

- Tengo una oferta que hacerte, y sospecho que te interesará. Pero antes necesito comprobar que realmente eres James y que todo esto no te ha cambiado lo suficiente.- James permaneció en silencio, pero su mirada hosca y suspicaz fue lo bastante elocuente. El joven dejó escapar una seca carcajada que sonó casi como un ladrido. Harry sonrió. -¿O prefieres que deshaga el hechizo para que puedas volver a rondar por aquí como un lobo hambriento? - James palideció y se estremeció violentamente. -Intuyo que prefieres charlar.- comentó satisfecho su padre. Sin embargo, el muchacho no dijo nada.- Sé por tu mirada que estás arrepentido... Y te conozco, hijo, quieres volver a casa, ¿verdad? No importa cuantas veces te lo niegues a ti mismo pensando que es la opción correcta, pero uno jamás podrá renegar de su propio hogar. Por mucho que me odies ahora mismo por retenerte en tu huida, acabarás haciendome caso.

 

James le disparó una mirada llena de antipatía y se envolvió en la capa; se dio cuenta entonces de que se trataba de la capa de su padre, y de que esta era la única prenda que lo cubría. No obstante, eso no pareció importarle.

 

-Uno nunca puede desobedecer a Harry Potter, ¿no?-replicó el joven, de mal humor.

 

El auror rió con suavidad y se retiró el pelo de la cara. Las llamas, que servían para que el cuerpo de su hijo no se enfriase, iluminaron las facciones de un hombre de mediana edad que, sin embargo, parecía consumido prematuramente. Su cabello negro caía a ambos lados de su rostro seco de finos labios, nariz recta y ojos verdes, alentados por un extraño brillo.

 

-Hay alguien que te necesita... Y no se trata de Lily, ni de tu hermano, ni de mi ni de tu madre. -James miró a su padre a través de las llamas.- Pero antes debes saber que la situación ha cambiado radicalmente desde que te fuiste. La del país, digo. Y, bueno, la del mundo. Ha habido varios muggles que han entrado en contacto con el mundo mágico, como ya sabes, y que el Departamento de Seguridad Mágica se encargó de ellos, cogiendo la información necesaria hasta que el Ministro nos arrebató a nuestros testigos a su merced, alegando que nuestras acciones no habían sido expuestas ante la ley. Por otro lado, los esbirros, por llamarles de algún modo, del Ministro francés han violado un piso franco protegido por el Departamento con aurores para herir brutalmente a tu prima Victoire. Entre eso y otros múltiples ataques a civiles a lo largo de estos últimos años... Me he visto obligado a declararle la guerra al Estado Mágico Francés.- sentenció con cierto orgullo que James no había visto nunca en el rostro de su padre.

 

El muchacho suspiró. Supuso que en la Guerra su padre habría sido así, el líder que tomaba las decisiones con autoridad, creyendo estar siempre en lo cierto. Su madre decía que, entre otras cosas, siempre lo había admirado por ello. Cuando James era más niño, se prometió ser como su padre en tal aspecto; en cambio, en aquel instante, viendo la llamarada de un orgullo que distaba de ser sano, lo dudó. Después de todo, había vivido otra clase de liderazgo que le afectaba más directamente, el de la Alfa que gobernaba sabiamente aquella manada. Mientras que su padre optaba por una decisión que salía tan solo de él, Wakanda estaba siempre al tanto de lo que opinaban todos y cada uno de ellos para que la decisión fuese unánime.

 

Había aprendido muchas cosas al desarrollar su nueva naturaleza y se estaba dando cuenta de que todo lo que en su momento admiró eran nada más que mitos desmoronándose de su infancia. Se había convertido rápidamente en una persona racional, y hasta él mismo podía verlo, aunque sabía que los demás seguirían viéndolo como una persona fácilmente manipulable.

 

-Querrás decir que el Ministro McKing le ha declarado la guerra a Francia.- corrigió él. No era tan ingenuo como para no saber cómo funcionaba la política correctamente, es decir, cómo las declaraciones de guerra solo podían ser llevadas por la cabeza del Ministerio, aunque su intuición le dijese que en aquel caso no había sido así.

 

-Hay mucha gente que me prefiere a mí como Ministro, James.- contestó su padre con determinación. El muchacho exhaló una bocanada de aire, asintiendo sin llegar asintir realmente, como si quiesera darle la razón cuando sabía que no la tenía. Su cuerpo seguía agarrotado por el conjuro y su mente humana a veces se difuminaba.- Es lo que muchos querían, pero su Ministro...- James le miró, esta vez algo desconfiado. ¿Acaso Richard McKing había dejado de ser Ministro por un golpe de estado de su padre?- McKing no quería declarar la guerra por considerar ese acto como imprudente. ¡Imprudente!

 

James volvió a asentir, ya que no podía llevarle la contraria a su padre, no en ese momento cuando él estaba conteniendo su ira lobuna y Harry estaba avivando la justicia que se había tomado por su mano. Él estaba de acuerdo con McKing, incluso cuando no lo consideraba el mejor Ministro que podían tener, él también consideraba declarar la guerra como un gesto imprudente. Entendía la razón por la que su padre lo hacía, pero tenía claro que su padre no llegaría a ser un buen Ministro, pues su grandeza se quedó atrás cuando le tocó ser un joven héroe, que era el único con el poder de derrotar a Voldemort. Aquello ya había acabado, ahora era el tiempo de la estrategia y de la unión de todas las fuerzas que pudiesen juntar. Tenían que comportarse como una manada o se condenarían al fracaso.

 

-¿Cuál era la oferta? ¿Qué quieres, padre?

 

Harry le miró con aire de suficiencia, lo cual fastidió un tanto a James, pues le recordó a aquellos días de su niñez en los que le era imposible debatir el castigo de su padre porque el era su padre y era indiscutible. Quizás era la rebeldía propia de la adolescencia lo que estaba causando aquel repentino distanciamiento con su padre, o quizás era él mismo juzgando a su padre sin más reparos.

 

-Es un breve permiso para salir de Luperca.

 

-Creía que habías dicho que me llevarías a casa.

 

-A Londres, claro. Pero no a nuestra casa, sino al Ministerio.- James bufó ante la simple mención de entrar en aquel lugar que nunca le había transmitido un sentimiento acogedor. ¿No entendía su padre que su cuerpo estaba a un segundo de romper en un estallido licántropo?- Necesito que me ayudes en algo.

 

Al joven no le dio tiempo a negarse.

 

Su padre le cogió del antebrazo y sintió cómo formulaba un hechizo para desaparecer y aparecer segundos después en el Ministerio, más concretamente en el despacho de su padre. Se percató de que seguía desnudo envuelto en una capa y su padre pareció no haber olvidado aquello. Al estar ambos de pie, se dio cuenta de que con catorce años ya había alcanzado la altura de su padre... Y era probable que se debiese a su licantropía.

 

Harry abrió un cajón de su estantería y sacó una camiseta de lino negra y unos vaqueros, como si hubiese estado esperando a que su hijo llegase desnudo allí. Sin calzoncillos, objetó en su cabeza James, aunque quizás no le importaba. Las veces que había estado en su forma humana en Luperca y eran muy pocas había estado desnudo, sin importarle que las mujeres lobo y los hombres lobo que acababa de conocer le viesen, entre ellos había una conexión que dejaba el pudor mucho más lejos de lo que pudieran imaginar. En el caso de que le diesen algo de ropa, siempre olvidaban la ropa interior, por la simple razón de que estorbaba a la hora de volver a convertirse en lobo. Por lo tanto, andar por el Ministerio sin ropa interior no era un problema para él.

 

Cuando se hubo vestido, miró a su padre, intentando descubrir qué era exactamente lo que quería de él. Este, sin embargo, no contestó ni dijo palabra alguna, sino que dirigió a su hijo fuera del despacho y lideró el camino hacia el ascensor que comunicaba la planta del Departamento de Seguridad Mágica con las demás oficinas del Ministerio.

 

-¿No me vas a decir exactamente qué hago aquí? Me has dicho que me beneficiaría... Si me lo dices puedo ir pensando en los beneficios que puedo obtener para...

 

La puerta de la planta que había pulsado su padre les recibió: la planta del Ministro McKing. Aquello le resultó algo extraño, ¿era cierto, entonces? ¿Su padre era ahora el Ministro de Magia?

 

Dos aurores franqueaban las puertas del ascensor.

 

-Lo siento, señor Potter, me temo que usted no tiene permiso para entrar aquí.

 

James alzó las cejas hacia su padre, quien volvió a mostrar una amplia sonrisa de satisfacción.

 

-Pero mi hijo, James Sirius Potter, sí. Su novia, Lola Morgan, se encuentra prisionera aquí y él cuenta como uno de los posibles visitantes que la muggle ha solicitado. Simplemente le estoy acompañando. Si son tan amables, podrían guiarle a donde se encuentra la pobre chica.- dicho esto, sacó a su hijo del ascensor y el pulsó la planta de la cual venía. Acto seguido, las puertas del ascensor se cerraron y James se quedó solo con dos aurores que parecían tener constancia de la nueva condición del hijo de Potter.

Un fuego se desató en el interior de James. Se sintió usado y sucio. Su padre le estaba utilizando para ganar su estúpida guerra. ¡Y encima utilizaba lo poco que sabía de su hijo! ¡El novio de Lola! ¿En serio su padre aun creía aquello? ¿O era que lo había utilizado también para hacer su entrada más fácil? Rugió en su interior.

Permanecieron callados todo el camino hacia Lola. James no sabía qué pensar de aquella situación. Recordó las palabras de su padre: "Ha habido varios muggles que han entrado en contacto con el mundo mágico, como ya sabes, y que el Departamento de Seguridad Mágica se encargó de ellos, cogiendo la información necesaria hasta que el Ministro nos arrebató a nuestros testigos a su merced, alegando que nuestras acciones no habían sido expuestas ante la ley." Traducido aquello, podría significar su padre había interrogado su amiga y que no había conseguido nada... O que sí que lo había hecho pero el Ministro había decidido tenerla mejor bajo su poder. En aquel momento no sabía en quién confiar ni qué pensar de aquello. Por suerte, en Londres ya hacían horas que la Luna Llena había desparecido.

 

Uno de los aurores abrió la puerta, sin llaves ni nada, como las habitaciones del Departamento de Seguridad de su padre. Aquella era la primera vez que pisaba aquella importante planta del Ministerio, y quizás la comodidad de no ir en calzoncillos no era tan cómoda.

 

-Tienes diez minutos, Potter.- le avisó el auror, mientras le empujaba dentro de aquella sala y le encerraba por fuera.

 

Examinó aquel habitáculo. No se lo esperaba así en absoluto. Al contrario que las austeras y tristes habitaciones que tenían habilitadas su padre y su tío en plantas inferiores, aquella eran tan acogedora que incluso se asustó. Una moqueta con motivos florales decoraba el suelo y las paredes estaban empapeladas con flores similares. Había estanterías repletas de libros que parecían ser enciclopedias mágicas y algunas vitrinas en las que descansaban juegos de té. Una gran mesa redonda presidía aquella estancia rodeada de majestuosas sillas que te evocaban a tiempos palaciegos británicos.

 

En una de ellas estaba Lola Morgan, mirando a su nuevo invitado con cierta duda. Seguía siendo la joven que había ido ver aquel año, con el mismo pelo castaño y unos grandes ojos marrones, que, en aquella ocasión, estaban acompañados de unas profundas ojeras.

 

-Tú.- sonaba demasiado cansada como para ir a abrazarle, lo cual James agradecía, pues no estaba en condiciones de oler sangre humana tan fresca.- Te lo tenías bien callado, ¿eh?- El joven sonrió, probablemente un error en aquella situación tan seria. Aunque para él no podía ser seria si lidiaba con Lola Morgan.

 

-Créeme, me hubiese encantado decírtelo.- confesó sinceramente el muchacho, a la par que intentaba que su voz no sonase demasiado... licántropa. Aquello era un reto que aun no le habían enseñado a perfeccionar.

 

El joven se sentó en una silla en frente de ella, y pudo ver cómo su vivaz expresión había desaparecido por completo. ¿Qué demonios le habían hecho a su amiga?

 

-¿Qué haces aquí, Gandalf?- preguntó, evocando a un mago de una saga histórica que la joven había venerado desde que nació.

 

-¿La verdad? No tengo ni idea.- el joven suspiró y acercó su mano a la de Lola para apretarsela.- Siento por lo que estás pasando...Yo... No sabía nada.

 

La joven retiró su mano con brusquedad.

 

-Ah, ¿no? ¡Pues fue tu padre el que nos obligó a venir aquí! ¿Qué digo obligó? ¡Nos trajo él! Con una panda de tíos que parecían salidos de Matrix... ¡Y desde entonces ni he visto a mi tío! ¡Llevo sola más de un mes! Me interrogaron con algo raro, con una poción mágica supongo... Y me hicieron revelar cosas horribles de la muerte de mi abuela, revivirlo, James... Fue horrible.- Sus ojos se empañaron de lágrimas, era la primera vez que el joven veía así de vulnerable a su amiga y no le gustó para nada.- Pero no les bastó con eso, querían más...¡Querían destripar todo lo que sabía, como si yo les estuviese ocultando algo! Cosas demasiado personales de mi abuela...De la muerte de mis padres… ¡Y me negé! Así que me torturaron, no tanto físicamente, sino más bien psicológicamente... Haciéndome recordar momentos horribles de infancia y de ahora... ¡Eso no será ni legal, James! Pero yo seguí negándome, no podía permitir que me tratasen así, ¿sabes? Siempre creí que tu padre trabajaba en un concesionario de coches, joder, y es un puto agente de la Inteligencia Mágica. ¡Podrías haberme avisado!- James tenía el ceño fruncido, la mandíbula bien apretada y miraba intensamente a Lola. Quizás no había sido buena elección ir a verla y probablemente su parte loba estaba más presente de lo que le gustaría. Lola dejó de parecer enfadada con él.- Lo siento, quizás no sabías nada de verdad.

 

James intentó calmarse. Inspirar y exhalar varias veces, destensar su puño cerrado. Y ver a su amiga que parecía disculparse por echarle todo el marrón a él.

 

-No tenía ni idea, Lola.- dijo sonando más gutural de lo que pretendía. ¿Creía su padre que su amiga no le contaría nada de su faceta como torturador? ¿Tan ingenuo creía que era?- ¿Y cómo es que ahora estás aquí?

 

Entonces, ella sonrió tímidamente. Algo que despertó de nuevo la sospecha en James. Si Lola estaba allí, no era porque se hubiese topado casualmente con el mundo mágico. Si Lola estaba allí, tenía que ser por algo realmente gordo, pues, ¿por qué razón entonces se pelearían el Ministro y su padre por ella?

 

-Fue tu tía Hermione.- Dijo ella, desapareciendo su enfado de antes.- Solo la vi una vez en tu casa, ¿sabes? Pero es de esas personas que recuerdas por lo que transmiten. Supongo que una parte de mí supo en ese momento que esa mujer era importante.

 

-¿Mi tía Hermione?- Siempre había creído que lo que decidía una parte del famoso Trío de Oro era apoyado por ellos tres por igual. Lo cierto era que se alegró internamente al saber que su tía se había negado a aquella atrocidad que no perdonaría de su padre. Y también secundaba su opinión al respecto. Se preguntó si su madre también lo hacía, si es que sabía algo de aquello. Lola asintió.- ¿Te ha hecho algo ella?

 

-Todavía no. Quiero decir... Fui yo la que dije que pedí que me entrevistase ella.- James le preguntó con la mirada al respecto.- Yo sabía el nombre de tu tía antes de que, bueno, supiese que de verdad la magia existe... Porque, bueno, me lo dijo mi abuela, ¿vale? Pero me dijo expresamente que solo podía contárselo a ella, así que lo siento si...

 

-No, no me cuentes nada, Lola.- Pidió James mirando hacia otro lado, cerrando los ojos. Comprendiendo por primera vez qué hacía allí.- Mi padre me ha traído aquí para que me lo cuentes. Porque soy tu amigo o tu novio, más bien ex, cree que a mí me lo contarás todo, y que entonces él sabrá más que mi tía o algo así... No sé todavía no estoy al tanto de lo que pasa realmente. Así que, Lola, no me cuentes nada.

 

-Entonces, ¿qué le dirás a tu padre? No sé cómo es contigo, pero, joder... ¡Cómo se puso cuando rechacé su oferta de "me lo cuentas todo y te dejo libre"! ¡Ya no puedo volver a ser libre!

 

-Claro que sí, yo te ayudaré a salir de aquí cuando... Bueno, digamos que yo ahora tengo un pequeño problema.- Lola frunció el cejo, pidiendo una aclaración.- Es bueno, una cosa que les pasa a algunos magos a veces, cuando... Están en peligro pero logran sobrevivir.

 

-¿Has resucitado? ¡La leche!- Exclamó la joven, volviendo a la viveza que le caracterizaba, lo cual agradó a su amigo, por lo que no pudo más que soltar una pequeña carcajada.- ¿Y Jesucristo era mago entonces? ¡Qué pasada!

 

-¡No, por Merlín, no!

 

La expresión de Lola cambió bruscamente de sorpresa a intriga. Miró a James como si a este se le hubiese escapado algo que no debiera decir. De pronto, soltó una risita.

 

-Es gracioso, dices..."¡Por Merlín!"- James sonrió y asintió, algo cohibido por nunca haber pensado en ello, pues era algo demasiado natural para él. - Te he echado de menos, niño pijo.

 

-Te sacaré de aquí, Lola, lo prometo.

 

-Y entonces no recordaré nada, ¿no? Me borrarás la memoria como los Men in Black, será lo normal...¡Y viviré en la ignorancia, sin saber que existe la magia! Sois un poco elitistas, ¿eh?

 

-Eh, no me culpes a mí. Yo no pongo las reglas del mundo mágico... Además, depende de lo que le cuentes a mi tía Hermione. Si ve que eres interesante, igual te lo perdona.

 

Ella bufó.

 

-Si lo que le cuento a tu tía Hermione le resulta interesante, entonces creo que estaremos en peligro y no me lo perdonará, sino que dejará que lo sepa para protegernos a todos. James, sea cual sea tu problema, créeme... Hay otro mucho peor.

 

-Soy consciente de la guerra que está a punto de desatarse en el mundo mágico.

 

-¿Guerra? ¡No sabía que ya había guerra, joder, James!- exclamó Lola, aunque sin llegarse a sorprenderse del todo- ¿Sabes? Creo que tu papel en esa guerra que dices va a ser muy importante.

 

-Creo que te equivocas de Potter, Lola.

 

Pero, entonces, pudo ver en la mirada de su amiga un brillo de conocimiento que le asustó. Ella sabía algo que él no. Y está sumamente seguro que, dijera lo que dijera a Hermione, no le contaría lo que Lola Morgan sabía sobre James Sirius Potter. Es más, James supo que aquello jamás saldría a la luz.

 

-Los diez minutos han acabado, Potter.



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