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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 32: Intolerancia
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(III) Capítulo 32: Intolerancia

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)

Había dos personas que toleraban la presencia de Alice Longbotton. Una, Peter Greenwood, había decidido ser el salvavidas y flotador de Albus cuando este hubo vuelto a Hogwarts. Por tanto, no tenía apenas contacto con ella. Sabía que, de algún modo que Alice no llegaba a comprender, Peter ni siquiera se había enfadado con ella. Le había dicho algo como que sin ella no lo habrían rescatado. Pero Peter Greenwood veía más urgente cuidar el alma oscura que estaba forjando su mejor amigo.

La otra persona que podía llegar a entender a Alice Longbottom se había quedado en su casa cuidando a su familia. Echaba de menos a Scorpius Malfoy porque era el amigo que, hiciera lo que hiciera, siempre le apoyaría. Parecía extraño que personas tan diferentes como la impulsiva Alice y el racional Scorpius fuesen más amigos de lo que la mayoría imaginaba. Eran esa clase de amigos que se ayudaban sin pedir nada a cambio. Era cierto que Scorpius siempre preferiría a Rose y a Albus antes que a Alice por razones obvias. Sin embargo, jamás le vetaría un lugar en su círculo de amigos, incluso cuando supiesen que les había engañado y que seguía colaborando con el Ojo. Scorpius pensaría que lo haría por alguna razón.

Eso era lo que habían hecho. Rose y Albus no le hablaban. Tampoco era que entre ellos hablasen mucho. Alice sabía Rose, desde el rescate, se había vuelto una rata de la biblioteca y cuando no estaba con Albus, se iba con su prima Lily. Miraba a Alice con desdén, como una sucia traidora. Lo que era, ¿no?

Con Albus era más complicado porque estaban en la misma Casa y en las mismas clases. Se le había acabado el permiso de adaptación. Y era una persona totalmente diferente. A Alice le dolía verle, pues el muchacho la culpaba. O más bien, la acusaba a ella de todo lo que le había pasado en silencio.

Albus la torturaba, ya que, mientras que Rose la ignoraba y se alejaba de ella, el joven le miraba con desprecio e incluso le susurraba palabras dolientes.

En ese momento, Alice lo tenía justo en frente. Se había ido a la sección de todos de la biblioteca a estudiar, nadie salvaba a los alumnos de los exámenes finales. Cómo no, Albus se sentó en frente de ella. Solía seguirla, incluso.

-Para ti también será una tortura.- susurró la joven.

-Te estoy vigilando.- respondió simplemente. Claro que lo hacía, era su forma de asegurarse de que la traidora estaba quieta y de que no dañaría a nadie más. Alice sabía que había roto el corazón de Albus, que no solo la estaba odiando por engañarles, sino por engañarle a él concretamente.- Eres una persona despreciable, Longbottom.- añadió, volviendo a su libro.

Alice lloraba por las noches. ¿Qué podía hacer? Nada, la tenían pillada hasta el cuello. Aunque desde aquel día, Driggs no le había vuelto a decir nada más.

-Nadie salió herido.

La mirada de Albus fue tan asesina que incluso le dolió como si fuese un puñal.

-Mi hermano.

La joven sabía que su hermano estaba en un centro de entrenamiento en Estados Unidos para que le enseñasen a ser un hombre lobo no salvaje. Ella lo sabía por su padre. Ellos no, no podían saberlo porque era secreto. Porque en el momento que alguien se enterase de que ese centro existía, correría peligro: los hombres lobos aun asustaban a una gran parte de la población. Entrenarlos no era una idea bien acogida.

Otra cosa más que le ocultaba a Albus.

Ya había asimilado el hecho de que jamás la perdonaría.

Lo entendía.

-Tu hermano estará bien, Al.- le respondió.- Y lo sabes, fue como con Ted. -Se mordió el labio. Supo que aquello no le iba a reconfortar. Y que se iba a arrepentir de lo que estaba a punto de decir.- Intenté rescatarte antes.- susurró.

Y era cierto. Lo había intentado cientos de veces cada vez que la llevaban al castillo. Pero supuso que el Ojo sospecharía que lo haría. Por eso, siempre lo cambiaban de habitación. Y cuando la llevaban allí para tortúralos a ambos era con los ojos vendados. Aquello había acabado separándolos. Quizás era lo que el Ojo siempre quiso. Después del discurso que había dado el Ministro en el Gran Salón, supo que eso era lo que estaba haciendo el Ojo: separándolos.

-La de cosas que has podido evitar…- le espetó Albus. Alice sabía que su amigo iba al psicólogo, y que los avances que hacía eran sumamente lentos. Su padre le había dicho que el muchacho había madurado de pronto. Que su personalidad era tan distinta que quizás el Albus que ella conocía jamás volviese. Era una persona oscura ahora, sedienta de justicia. Era un héroe oscuro, como lo había denominado el propio Diggory. Ella había tenido una consulta con el mago, le había pedido que ayudase a Albus, que ella fuera la única que podía hacerlo. Aquel hombre sabía tanto y tan poco.- Podía haber sido feliz contigo.  

Aquello le rasgó el corazón. Era cierto. Antes de que fuese secuestrado, ellos habían sido felices. Más Albus que Alice, pues la muchacha tenía que lidiar con las amenazas que concernían a su familia. Y Alice sabía con absoluta certeza que jamás podría estar con una persona como había estado con Albus aquellos días.

-Puedes ser feliz, Albus. Sin mí.

La mirada que le dirigió el joven la destrozó por dentro y a la vez, por muy egoísta que aquello fuese, la reconfortó. Sintió un cosquilleo en su interior. Estaba nerviosa de pronto. Sabía que aquello estaba mal. Que no podía dejar que aquello ocurriese. Era demasiado egoísta. Pero el saber que él quería ser feliz solo con ella le dio más que esperanzas. No podía derrumbar de nuevo a Albus.

Los ojos de Albus se habían empañado levemente.

La había perdido.

Él creía que la había perdido. No era que la hubiese rechazado, sino que la había dejado marchar. Se había rendido. No soportaba que ella la engañase. Pero no la había apartado de su vida. Simplemente parecía que ya no podía estar con ella igual. Lo que había perdido eran aquellos días en los que ambos disfrutaron. Pero ella seguía siendo ella y, aunque él fuese un héroe oscuro, era Albus.

-Los momentos que marcan nuestras vidas son los que muestran como realmente somos.- citó el joven de algún escritor muggle.

-Y yo te salvé, fui a por ti.- le contestó Alice.

Albus la miró, pudo ver algo del antiguo Slytherin. Se rascó la cabeza,  estaba inquieto. Suspiró. Exhaló aire lentamente. Parecía estar reteniendo demasiados pensamientos a la vez, demasiados sentimientos.

-Y eso es lo que más me irrita del todo. -La muchacha se sorprendió ante aquella respuesta.- Una parte de mí quiere perdonarte, porque sabe que en realidad quisiste salvarme, que hiciste todo lo que pudiste para mantenerme vivo. Pero la otra, la otra me hace odiarte por todas las cosas podían no haber ocurrido y que tú sabías. Porque no eres valiente, o al menos eso es lo que esa parte creo. Y creo que quiero protegerme. De ti.

-Albus…

-Joder, sigo enamorado de ti. Después de todo lo malo que has hecho, ¡me abandonaste solo en esa sala! Confiaba en ti… Me han cambiado. Lo siento, Alice. Pero la parte de mí que quiere perdonarte… No la encuentro. Está perdida.

Dicho eso se fue. Estaba temblando. Lo vio alejarse con prisa, como si estuviese escapando de un incendio y ya se hubiese quemado. Alice también tembló. Porque ella también sabía que le había perdido. Y porque jamás cesaría de estar enamorada de él. Sentía un calor en su interior que agradeció unos segundos. Él seguía enamorado. Tenía que recuperarlo. ¿No lo perdería si se daba por vencida? Tenía que luchar. Demostrarle que ella era valiente. Que era tan noble que le estaba dejando la odiase solo para que pudiese seguir adelante.

Para su sorpresa, Rose Weasley apareció por el mismo sitio del que había salido Albus. No se había percatado de la presencia de Alice allí, por lo que tardó en darse la vuelta de sopetón al verla. Aquello le dolía igual. Rose era su mejor amiga. Y ella era aún más cabezona que Albus cuando quería.

Les había dividido.

-Longbottom.- conocía esa voz perfectamente. Renata Driggs se sentó en frente de ella. No había nadie en ese rincón de la biblioteca que pudiese delatarles. Aunque nadie lo haría, pues ya muchos creían que el hecho de compartir habitación las había unido.- Tengo noticias para ti.

-Sorpréndeme.

-Lo harás…Es de tu hermano.- la joven se sobresaltó. Miró a Renata con recelo.

 -¿Qué?- espetó sin pudor Alice.

Había descubierto que Renata Driggs no era la repelente niña bonita de Slytherin que siempre había creído. O sea, sí que lo era. Era molesta y, en muchas ocasiones, había llegado a odiarla fuertemente. De hecho lo seguía haciendo. Seguía siendo un perro fiel al Ojo. Pero había visto un haz de luz en ella. Renata había visto en Alice una especie de amiga. Al parecer, toda la amistad entre los jóvenes miembros del Ojo en Hogwarts era bastante forzada, muchos no se aguantaban entre sí. Renata no soportaba a ninguno, eran demasiado violentos y sádicos para su gusto.

-Oh, ha sido una estupidez por parte del Ojo…

-¿Te estás rebelando Driggs?

Ella se indignó.

-No. Eso no lo haré nunca, aunque a veces me entren ganas… Pero Gwendoline Cross sí lo ha hecho. No se sabe por qué, creen que se ha enamorado de tu hermano y se lo ha llevado a no saben dónde para rescatarlo de la muerte.

Aquello era mucha información que procesar.

-¿Iban a matar a mi hermano?

-Hizo que le expulsarán para venir a decirte que dejases de colaborar por él. Descubrió a Cross y… Hay muchos que creen que es potencialmente peligroso. Le están dando caza. A él y a Cross.

-¿Por qué me dices eso, Driggs?- el corazón de Alice se aceleró. Pensó en miles de situaciones en las que su hermano podía estar solo con Cross. Era muy peligroso.

-¿Por qué crees?

Le dirigió una mirada de comprensión. Y asintió, agradeciéndole aquello.

Si se lo decía a su padre, ponía en peligro a Renata Driggs y a su hermano, pues si ni el Ojo los había encontrado aún, él tampoco lo haría. Los aurores jamás la ayudarían. Y, de todos modos, ¿por qué ayudaría Cross a Frank? Pensó en personas que pudiesen ayudarle, pero solo pensaba en sus amigos. Aunque quizás debería dejar de emplear esa palabra para referirse a ellos, cuando no era correspondida.

Rose Weasley rugió para su interior. No sabía por qué. Sabía que Alice seguía colaborando con el Ojo. Pero, ¿qué era aquello? ¿Un hermano? ¿Desde cuándo Alice Longbottom tenía un hermano? Aquello le pareció surrealista.

Y si lo tenía, no quería entrometerse.

Alice ya había hecho demasiado daño.

Se arropó con la carta que estaba a punto de mandar. Sabía a quién tenía que mandarla exactamente. Lo acababa de reafirmar tras ver aquella escena en la que su amiga no sentía remordimientos al simpatizar con el enemigo.

La leyó por última vez antes de dirigirse a la lechucería.

"Señor Aaron P. Lennon,

Le escribo para comentarle un par de cosas que se han observado dentro del Castillo de Hogwarts y que veo necesario que le sea entregado a un periodista tan alabado como usted. Sé que El Profeta no es el mejor periódico al que enviar esta clase de información, pero confío en que usted sea el único de la redacción con la capacidad necesaria para alentar a la población. Creo que el Profeta es el periódico que mueve a la población, para bien o para mal. Esta vez espero que para bien.

Estamos rodeados de traidores. Y dentro del colegio, no diré si lo observo como profesor o como alumno, se han ido analizando una serie de sucesos de los que me veo obligado a comentar. ¿Hay alumnos miembros del Clan del Ojo dentro de los muros? Muchos. ¿Son los Badmood hijos de McOrez? Sí. ¿Por qué están siquiera en el colegio?¿Interesado por los miembros del Ojo? ¿Quiere que nombre a algunos? Zoe McOrez, Frank McOrez, Derrick Collingwood, Renata Driggs… Y se sorprenderá con el nuevo fichaje: Alice Longbottom.

Si le escribo es para que sean expulsados. Si la prensa sirve para algo, es para hacer presión en la política. Así, si estos alumnos son expulsados, aseguraremos la seguridad de nuestros alumnos.

Reúnase conmigo el último día de clase escolar de Hogwarts en las Tres Escobas. Última mesa a la derecha."

 



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