Historia al azar: La propuesta de Malfoy
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La Tercera Generación de Hogwarts » Como pez fuera del agua
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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Como pez fuera del agua

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)

Capítulo 8: Como pez fuera del agua    

Cuando pasaba como una flecha por delante de las llamativas tiendas de golosinas de las calles de Candem Town, Hugo Weasley chocó con un grupo reunido a la puerta de la Librería Atenea.

-¡Perdón! -se excusó, apartándose de la señora mayor a quien había atropellado para estamparse contra un hombre fornido que calzaba botas de hacer escalada. El hombre agarró a Hugo antes de que se cayera al suelo y lo puso de pie.

-Cuidado -dijo el hombre-. Si vas así por el mundo acabarás haciéndote daño.

Clavado en el centro del círculo de gente, Hugo Weasley murmuró sus disculpas y todos pararon de hablar y lo miraron con educada preocupación. Hugo vaciló, incapaz de abandonar el grupo para adentrarse en la librería. Aquella gente le había hecho llegar un eco de lo que uno podía sentir si era rodeado por las gaviotas del río Támesis.

-¿Te ocurre algo? -le preguntó el hombre, frunciendo el ceño.

-No, no, perdone -se apresuró a responder Hugo, sacudiéndose de su parálisis.

Se estaba comportando como un estúpido. Evidentemente, aquellos muggles no se percatarían de nada si él pedía un libro de hechizos. Sus expresiones revelaban que no habían sentido nada especial por parte de él, nada salvo vagas dudas sobre su cordura. Así pues, abrió la puerta de la librería.

No obstante, al adentrarse no pudo evitar echar un vistazo a todos los demás clientes de la librería, sintiéndose vigilado. Estaba equivocado: nadie lo miraba. Estaban todos ensimismados en las estanterías hojeando sus futuras adquisiciones.

-¿Estás buscando la sección infantil? -preguntó una mujer fornida de tez negra y ojos saltones, cuya tarjeta identificadora indicaba que su nombre era Mistress Breedlove.

El niño negó con la cabeza y enrojeció. Se enfundó en valor y sacó pecho, según sus novelas así uno se volvía valiente más fácilmente. 

-Estoy buscando el Libro Estándar de Hechizos, grado 6 -pidió Hugo Weasley de sopetón -, escrito por Miranda Goshawk en la editorial Merge Publications.

Esperó que aquella mujer alzara las cejas con sorpresa, que se sintiera incómoda por haber pedido un libro cuyo nombre estaba prohibido entre muggles o que, al menos, mostrara admiración por el hecho de que aquel joven que no tenía edad para ir a Hogwarts. Sin embargo, aquella mujer asintió con suma naturalidad.

-Por supuesto -le concedió con su voz profunda mientras Hugo camuflaba su escepticismo con una sonrisa nerviosa. -Sígueme, lo tendré en la trastienda. -La mujer se dirigió hacia una cortina que escondía la posible trastienda, situada justo detrás de la caja registradora. -Michael, ¿te importaría ocuparte de la tienda un segundo? -le pidió a un joven delgaducho, cuyo uniforme de librero le quedaba tan grande que apenas podía dibujarse su figura. Hugo se detuvo ante la cortina, notaba una sensación que le daba escalofríos. -Detrás de esta cortina no hay nada que no hayas visto ya -le aseguró Mistress Breedlove.

El Libro Estándar de los Hechizos se trataba de una colección de libros elaborada por Miranda Goshawk, una famosa autora de libros de hechizos y encantamientos, cuyas obras se requerían para los cursos de Hogwarts. La serie incluía siete tomos que se asignaban a cada año escolar del Colegio de Magia y Hechicería y cubría los hechizos que los alumnos debían aprender. Hugo Weasley se había interesado por el Libro Estándar de los Hechizos, grado 6, a través el cual los alumnos aprendían la conjuración de los hechizos no verbales.

Sus padres nunca se habían preocupado de prohibir a su hijo leer libros de hechizos, pues sabían con certeza que no podría realizar ninguno sin varita. Aquello no era del todo cierto. Cuando Hugo se quedaba solo en casa, lo cual solía ser muy a menudo, aprovechaba para realizar magia y practicar. ¿Con qué varita? Con la primera varita de su padre: forjada en madera de fresno, centro de pelo de unicornio y 30.48 centímetros de longitud. Su padre se la había enseñado varias veces y la guardaba como un tesoro en su despacho, pese a no haber sido la autora de sus mejores momentos. Entre otras cosas, fue usada por Gilderoy Lockhart para intentar borrar la memoria de Harry y Ron, pero, al estar rota, fue aquel profesor quien sufrió heridas permanentes en su memoria olvidando todo.

Hugo Weasley sabía las reglas de las varitas y conocía la regla de que para ganarse la lealtad de una varita debía arrebatársela de las manos de su dueño. Lo hizo sin problemas cuando su padre se la enseñó sin saber que su hijo tenía intenciones de usarla en su beneficio.

Al joven Weasley le había costado bastante reparar la varita mágica de su padre. Sabía que no podía juntarla con métodos muggles, como había hecho su padre de pequeño. Tampoco podía usar él magia sobre ella, al encontrarse sin varita. La única solución que halló fue rogarle a su padre que la reparara y que la mandara a la tienda de Garrick Ollivander, funcionando como un consejo para preservar su varita.

Una vez con la varita recién reparada, Hugo empezó a practicar los hechizos que se encontraban en el primer tomo de los libros escritos por Miranda Goshawk, exhibidos en la estantería de su madre. En un año, había logrado realizar con éxito todos los hechizos que aparecían en los tres primeros tomos; y eso que aquella varita no era precisamente poderosa. Fue en verano cuando escuchó decir a su padre que los hechizos no verbales se encontraban en el sexto grado de dificultad y que él mismo los estaba practicando por aquel entonces. Hugo se había relamido los labios y había fijado su próximo objetivo.

La trastienda de Mistress Breedlove era aparentemente normal. No obstante, Hugo Weasley podía decir que el olor a magia se desprendía de los libros que se habían apilado allí. Descubrió, entre un montón, el Monstruoso Libro de los Monstruos, cuya apariencia era más que llamativa dado su color verde jade con grabados dorados.

Estuvo a punto de posar su mano sobre él cuando Mistress Breedlove lo detuvo con ímpetu.

-¡Perdón! -excusó Hugo su imprudencia conforme volvía a enrojecer.

-Es un libro peligroso -anunció la mujer con cierto misterio que hizo que un escalofrío recorriera la espalda del muchacho -, no por el conocimiento que aporta... Sino por lo que el libro te puede hacer.

Hugo Weasley asintió alejándose de aquel tomo y volvió su vista a Mistress Breedlove, quien, en aquel momento, estaba buscando su pedido en una estantería. Aquella mujer era atractiva y Hugo Weasley, pese a sus nueve años, lo pudo ver. No era el exótico físico lo que podía atraer, teniendo en cuenta que aquella mujer rondaba fácilmente los setenta años o incluso más, sino el aura de conocimiento y magia que traía consigo. Seguramente era como si alguna vez se encontrase con Albus Dumbledure.

-Si no tiene el libro... -dijo un tanto nervioso Hugo.

-No te preocupes, lo tengo aquí mismo. -le aseguró la mujer. -Es solo que no me lo suelen pedir mucho, ¿sabes? Normalmente quien viene aquí ya ha finalizado sus años académicos en Hogwarts... Aunque por lo que puedo apreciar, usted ni siquiera los ha empezado.

-Es un encargo -mintió el niño mientras miraba hacia otro lado. Aquella bruja podría haberle leído el pensamiento y no tenía por qué saber que él estaba allí porque su cerebro necesitaba información para defenderse cuando fuese a Hogwarts. Y no precisamente dos años más tarde.

Mistress Breedlove sonrió.

-Nunca había conocido a un joven como tú... Y eso que llevo viviendo en este mundo más de medio siglo -le guiñó el ojo y le tendió el libro que estaba buscando.

-¿Cuánto es? -preguntó sacando un par de libras de su bolsillo.

La librera negó con la cabeza.

-Considéralo un regalo por adelantado -Hugo frunció el entrecejo.- Sé cuándo un poderoso mago se cruza en mi camino, Hugo Weasley.

Su abuelo había sido un mortífago. A su padre siempre se le relacionaba con  Voldemort solo por el linaje al que pertenecía. No obstante, su padre jamás hizo un movimiento en favor del Lado Oscuro, por lo que no tuvo lugar ningún juicio en su contra. Las consecuencias de ello las podía ver desde el primer momento en el que Christopher Nott pisó la Sala Común Slytherin: era repudiado. Su padre, un hombre solitario a quien la política le interesaba bien poco, sufría el rechazo de todos sus antiguos compañeros Slytherin solo por haberse casado con el objeto de burlas de sus amigos durante todos sus años en Hogwarts: Susan Bones, una bruja de sangre mestiza que había sido seleccionada en la Casa Hufflepuff y cuya familia había sido asesinada por los seguidores de Voldemort a lo largo de las dos guerras mágicas.

La historia, para muchos sorprendente, que surgió entre sus padres era un claro ejemplo de la lucha por superar los prejuicios. Susan Bones había tenido que dar testimonio en numerosas ocasiones en los juicios contra mortífagos, dado que varios miembros de su familia habían sufrido las consecuencias de las varitas oscuras. También se ofreció a dar testimonio en contra de todos los alumnos Slytherin, proceso que se llevó a cabo cuando ésta era la prometida de Justin Finch-Fletchley. Gracias a ella, Draco Malfoy y Gregory Goyle tuvieron que ayudar de forma obligatoria a la reconstrucción del Mundo Mágico, para lo que lo sustentaron con sus fondos económicos y con mano de obra propia. De hecho, se rumoreaba en el Mundo Mágico que Draco Malfoy había cambiado de actitud y aquello le había ayudado a criar a su hijo de una manera diferente a la que había sido criado él, lo cual se podía ver claramente tras la selección de su hijo Scorpius en la Casa Gryffindor. Volviendo a la historia que entrelazó las vidas de Theodore Nott y Susan Bones, ésta también tuvo que testificar y dar su valoración frente a un Theodore Nott sentado en el banquillo de los acusados de crímenes de guerra. Ésta le absolvió y confesó que creía fielmente que Nott jamás había sido partícipe de abusos o mociones contra otros alumnos; incluso no sentía repulsión hacia los alumnos hijos de muggles como había sido el caso de Hermione Granger. Aquella era la primera vez que alguien hablaba bien y defendía a Theodore Nott sin conocerle. Se convirtió en la primera razón por la que se enamoró de Susan Bones.

Theodore Nott sabía que conquistar a Susan Bones era algo imposible. Sobre todo cuando su propio padre era uno de los culpables de la muerte de su tía Amelia. No obstante, no se rindió. Volcó todo su patrimonio económico en la reconstrucción de Hogwarts, acogió en su casa a elfos domésticos que habían huido de la esclavitud de su hogar y los trató como a parte de la familia y se incorporó a una investigación de medimagos en la búsqueda de pociones para curar los estragos de la guerra que habían sido marcados en sus cuerpos, dada su gran habilidad en este campo mágico. En definitiva, se convirtió en una de las figuras más respetadas entre los líderes. No obstante, los prejuicios para con él y su familia seguían vigentes, y muchas familias seguían sin aceptarlo en la Comunidad Mágica. Susan Bones sí que lo aceptó. De hecho, también se enamoró de su constancia, de su valor y de su coraje, rasgos que había conseguido gracias a ella. Fue entonces cuando decidió casarse con él.

Christopher Nott había nacido, para una gran parte de la comunidad mágica, como una urgente necesidad de su padre de demostrar que no era un mortífago teniendo un hijo con una de las víctimas de la guerra. Aquello no era cierto. Y Chris lo sabía. No obstante, el mundo que sus padres habían intentado reconstruir era mucho más complicado.

En los cuatro años que llevaba en Hogwarts, no había conseguido forjar ninguna amistad con ningún compañero de Casa. Todos lo veían como un eslabón débil e Isabella Zabini en concreto le había dicho que su padre había decepcionado a todos sus antiguos amigos. Él simplemente se encogía de hombros. Por otro lado, Susan Nott, su madre, no había perdido a su antigua mejor amiga: Hannah Longbotton, la esposa de su profesor de Herbología, quien en más de una ocasión había llenado el tiempo libre que pasaba en solitario. No obstante, el resto de Hufflepuff, Gryffindor y Ravenclaw no parecían tener tanto apego a él.

Solo había una excepción en todo Hogwarts: Lucy Weasley. Cursaban el mismo año académico y eran tan diferentes que él seguía sin comprender por qué aquella muchacha se había dirigido hacía un año hacia él y le había invitado a ir con él a la biblioteca. Siempre había tenido dos teorías y, en muchas ocasiones, pensaba que ambas podían ser ciertas. La primera era que a Lucy Weasley le daba pena que Christopher Nott estuviera solo, considerando la labor de sus padres para con el mundo mágico. La segunda era que Lucy Weasley quería un tutor en Pociones para obtener un "Supera las Expectativas", logro que consiguió con eficiencia y por lo que se ganó un puesto en el Club de las Eminencias.

Su amistad consistía en que quedaban para estudiar juntos en la biblioteca, en sesiones en las que su mejor amigo y primo, Louis Weasley no tardó en unirse. Desde que conoció a Louis, Chris se sintió muy identificado con su personalidad, pues ambos eran algo tímidos, reservados y solitarios. Y lo único que les hacía no sentirse solos era, precisamente, Lucy Weasley.

Christopher Nott, con el paso de los años, no pudo nada más que apreciar la similitud que veía entre la historia de sus padres con la de él con Lucy. Incluso en el físico era parecido. Él, cuyos genes procedían de la familia Nott, era un joven alto, delgaducho, de pelo azabache y ojos esmeraldas. Ella, en cambio, era tan pelirroja como lo era Susan Nott. Y él también se había acabado enamorando de ella. Algo que jamás reconocería, pues no quería romper su amistad por ello y así perder también una de las pocas razones que hacían de Hogwarts un lugar agradable.

Todo aquello se había asentado en la mente de Chris Nott aquel día, mientras intentaba memorizar la guerra de los gigantes. A su lado, Louis Weasley hacía deberes atrasados de Aritmacia con continuos bostezos y comentarios que sugerían salir de allí. Lucy Weasley le intentaba ayudar, pero, al parecer, estaba comenzando a cansarse.

-Es que si pusieras un poco más de tu parte... -le recriminó Lucy Weasley con una mirada de suficiencia no aceptada por Louis.

-Quizás el problema es que Aritmacia no es interesante -se excusó Louis. Lucy le regañó con la mirada. Chris Nott observaba con diversión aquella escena que se había repetido a lo largo de aquellos años. -Preferiría estudiar en Beauxbattons... Mi tía Gabrielle dice que allí no dan estas asignaturas.

-¡Estoy deseando que llegue el día en el que te vayas! -exclamó con cierta desesperación la joven Weasley. -Mientras tendré que aguantarte. ¿Por qué no lo dejas por hoy y me dejas ponerme al día con Historia de la Magia?

Louis Weasley miró hacia Nott, quien bajó la mirada rápidamente para no entrometerse entre los asuntos de los Weasley.

-¿Te vienes? -le preguntó Louis Weasley. Christopher Nott negó con la cabeza. Llevaba toda la tarde distraído y quería acabar de estudiar.

-Te veo mañana en Encantamientos, Weasley -le dijo Nott, mientras volvía a leer.

-Hasta mañana, empollones -se despidió con cierta molestia el joven Weasley y les dejó solos en la mesa de la biblioteca.

Christopher Nott asintió. Volvió a la página por la que se había quedado e intentó concentrarse. Percibió cómo Lucy Weasley recogía su cabello en un moño. Miró de reojo y la muchacha le pilló mirándola.

-¿Te pasa algo? -le espetó.

Sintió cómo se ruborizaba sin querer. Se mordió el labio.

-Nada -respondió simplemente.  Lucy Weasley se encogió de hombros y fijó su vista en el mismo libro que él pretendía aprenderse.- En realidad sí me pasa algo... Más o menos. -La joven alzó la vista hacia él, esperando impacientemente. -¿Por qué eres mi amiga?

Aquella pregunta pareció sorprender a la joven. Esta vez fue ella la que enrojeció.

-No sabía que me considerabas tu amiga, Nott -respondió ella realmente sorprendida por su pregunta. -Creía que sólo éramos compañeros de biblioteca... Ya sabes, los amigos hacen más cosas además de quedar y estudiar juntos.

-Bueno, creo que después de un año y medio se puede decir que somos amigos de biblioteca. -insistió Nott. -Además, los tres hemos ido a Hogsmeade juntos. Eso es algo más que una quedada en la biblioteca para estudiar.

Christopher Nott esperó atentamente su respuesta. Lucy miraba hacia él, como desafiándole. Segundos más tarde volvió a fijar su vista en el libro, ignorando por completo la pregunta que le había hecho Nott. El joven soltó un suspiro y giró su vista hacia el libro, algo derrotado.

Comenzó con la línea en la que decía que los gigantes fueron una vez abundantes en todo el mundo, pero que el conflicto era inminente porque no se suponía que fueran capaces de vivir juntos, no eran capaces de una convivir al ser seres puramente violentos y sus encuentros solían derivar en asesinatos entre sí.

-¿Vas a ir al baile de McGonagall? -preguntó Lucy Weasley. El joven alzó la vista. Se refería al Baile que año tras año celebraba la directora antes de Navidad, al que podían asistir todos los alumnos que quisieran, en conmemoración a los Caídos en la Guerra en el que invitaba a muchas de las figuras más importantes de la comunidad mágica al Gran Salón con el fin de que todos recordasen lo que en aquel lugar se había combatido. -Nunca he visto que fueras al Baile, por eso te lo he preguntado -se excusó al no recibir respuesta de Nott.

-No creo que deba ir -respondió el joven.- Ningún Slytherin suele ir... Es como un acto hecho para tu familia nada más.

En parte era cierto. Christopher Nott nunca había ido a ese baile porque se sentía fuera de lugar. Y ningún Slytherin iría porque así evitaban las miradas de odio que los demás dirigían. Era un baile para el bando vencedor. Y, desgraciadamente, aún existían los prejuicios suficientes como para que se aceptaran gratamente a personas como los Zabini, Collingwood o incluso Badmood. A ninguno le apetecía ver a Harry Potter dando un discurso que alentaba a la unión que seguía siendo difícil de conseguir.

Pero también era cierto que muchos de los que iban a ese baile no tenían nada que ver con la guerra, y ni siquiera conocían a los invitados de McGonagall. Es más, cada vez más alumnos jóvenes de Slytherin cuyas familias eran mestizas o muggles iban y no eran en absoluto discriminados.

-Podrías venir -le invitó la joven Weasley.

El muchacho rio y puso los ojos en blanco.

-Sería difícil encontrar pareja -respondió Nott como excusa. Una de las razones por las que muchos alumnos se echaban atrás era porque una de las condiciones indispensables era ir con una pareja al baile.

-Yo siempre voy con mi primo Louis -comentó Lucy. Se mordió el labio y le miró de una forma que hizo que Nott tuviera que apartar la mirada. -Podrías invitarme.

Se formó un silencio incómodo para Nott. Él quería decir que sí, pero el rubor que había coloreado sus mejillas parecía que le impedía articular palabra.

-Eh... Eh... Yo... -tartamudeó para diversión de la Weasley.- Soy un Nott.

-¿Y qué?

-Ya sabes lo que dicen de mi familia.

Volvió a surgir un silencio incómodo. Esta vez Nott se estaba muriendo por dentro de vergüenza y arrepentimiento.

-¿Sabes lo que dicen de la mía, Nott? Que somos muy testarudos. Así que ya puedes estar consiguiendo un esmoquin porque vas a ir al baile. Conmigo -sentenció Lucy Weasley. Chris Nott tragó saliva. Lucy se mordió el labio y cambió su determinación a cierta duda.- Es decir, si quieres ir... Claro.

-Claro, sí, claro -respondió Nott rápidamente.

-Esto es... No quiero obligarte -susurró Lucy, como si su confianza en sí misma se hubiera esfumado de sopetón.

A Chris se le escapó una sonrisa.

-Iré encantado, Weasley.

-No hace falta que vayas con tanta prisa, Albus -le comentó Rose Weasley mientras seguía sus pasos hacia la cabaña de Hagrid.

-Quiero volver para la hora de la cena y que no se nos haga de noche.

Ambos habían decidido visitar de nuevo la cabaña de Hagrid para observar la evolución del dragón que estaba cuidando el semi-gigante antes de que su tío Charlie se lo llevara a Rumanía. Aquel era un caso excepcional y nadie en el castillo debía enterarse, para que así no llegara a los oídos de McGonagall y tuvieran que ponerla en un aprieto. Por eso, Albus no se lo había dicho ni a Malfoy ni a Greenwood ni, por supuesto, a Alice, quien podría decírselo a su padre sin dilación.

Al salir al montículo desde donde se veía el humo salir de la chimenea de la iluminada cabaña de Hagrid, ambos sintieron un escalofrío al ver, de tan cerca a unas horas tan cercanas a la noche, el Bosque Prohibido.

Se encaminaron por el sendero que conducía al hogar del semi-gigante. De pronto, Albus Potter se detuvo en seco.

-¿Qué haces, Albus? -exigió saber su prima molesta. El primo le tapó la boca y le dijo con un gesto que mantuviera silencio.

Albus Potter señaló un punto en el Bosque Prohibido que Rose Weasley no pudo distinguir bien dada la oscuridad que impregnaba aquel lugar. Sin tener que ponerse de acuerdo, se dirigieron a la linde del bosque. Estaban llenos de curiosidad, pero también tenían un mal presentimiento.

Fue entonces cuando Rose Weasley vio a una melena dorada en el interior del bosque. Giró su mirada hacia Albus, quien asintió, pues él también había visto aquello. Aunque sabían que sus padres habían entrado y salido de aquel Bosque cuando eran niños con suma facilidad, después de la guerra las medidas que concernían la entrada al Bosque Prohibido se habían endurecido. Estaban estrictamente fuera de los límites de los estudiantes de Hogwarts, excepto para la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas o las detenciones.

Se trataba de un espeso conjunto de árboles: hayas, robles, pinos, maleza con espinas... Sabían que fuera de los senderos era casi intransitable y, en caso de desviarse de éstos, podrían encontrarse a Acromántulas, entre otras criaturas que lo convierten en un bosque peligroso.

-Creo que deberíamos entrar -determinó Rose Weasley. Albus negó con el cabeza, visiblemente asustado. -¡Piénsalo! ¿Y si es alguien peligroso?

-¡Con más razón para no ir! -respondió Albus Potter.

Rose negó con la cabeza y se adentró en el bosque, siguiendo la estela invisible de la figura que había captado su interés.

Albus lanzó una maldición por lo bajo y siguió a su prima. Si alguien los pillaba se ganarían una reprimenda inigualable. Había oído a Teddy decir que una vez pillaron a su amiga Savannah en el Bosque y tuvo que ayudar en las cocinas de los elfos domésticos a fregar platos durante todo el curso escolar. Y si se negaba, sería expulsada de Hogwarts.

La figura de cabellos dorados se detuvo y se desvió del sendero. Rose no se lo pensó dos veces y siguió su camino. Albus Potter, en cambio, tuvo que cerciorarse de que no había ninguna acromántula a la vista para seguir a su prima. Al menos ella sabría cómo defenderlos a los dos, porque él aún no sabía conjurar muy bien los hechizos.

Su prima lo apartó contra el tronco de un árbol de repente. Albus se quedó sin respiración.

Una luz que surgía de una varita iluminaba aquel lugar y ellos no podían ser descubiertos o las consecuencias serían nefastas.

No obstante, lo que vieron superaba con creces sus expectativas.

La alumna más temida de Slytherin, Gwendoline Cross, estaba en el foco de la luz junto con la figura de un encapuchado cuyo rostro eran incapaces de ver.

-Cross -la llamó aquella figura mientras los corazones de los dos jóvenes latían a la velocidad de la luz. -Lo más fácil ya está hecho... Ahora necesitamos que mi pequeño actúe. -Se produjo un leve silencio.- ¿Te ha seguido alguien? -preguntó. Albus y Rose rogaron en su fuero interno que ninguno sintiera su presencia.

-No, Montdark -respondió Cross.

-Bien -dijo el hombre de voz rasgada y grave con escepticismo.- Recuerda quiénes son los objetivos: los hijos siempre son una debilidad.

Albus Potter y Rose Weasley se quedaron petrificados. Albus deseó con todas sus fuerzas haberse traído la Capa de Invisibilidad que le había dado su padre. Se mordió la lengua para no hacer ningún ruido. ¿Ellos eran el objetivo de Cross? ¿A qué se referían? ¿Qué estaba pasando? ¿Cómo era que McGonagall no había notado la presencia de aquel encapuchado en el Colegio?

-Por supuesto -sentenció Gwendoline Cross.



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