Historia al azar: Horcruxes
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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 27: In fraganti
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(III) Capítulo 27: In fraganti

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)

Tarde o temprano, aquello estaba destinado a pasar.

Dejó su expresión atormentada atrás y la cambió por una más serena que logró forzar tras una larga respiración profunda. El corazón podía serle arrancado de tantas formas que sintió la necesidad de buscar un antídoto para aquella sensación. Se apuró en acomodarse la chaqueta que colgaba holgadamente sobre sus hombros y se levantó con un falso ímpetu del trono que, para bien o para mal, le había sido impuesto. Carraspeó unas palabras para alejar de su voz aquel tono derrumbado.

Habían llamado a su puerta justo en uno de los instantes que marcarían el futuro transcurso de su vida. Pese a que podía rechazar, como tantas otras veces, aquella constante y persistente conversación que solía ser aplazada; supuso que necesitaba cambiar de aires. Aunque aquel aire fresco fuese la mismísima Rita Skeeter.

No le deseaba ningún mal, pero no era la persona a la que más aprecio tuviese. Recordó cuando Hermione descubrió que Skeeter era un animago no registrado que adoptaba la forma de un escarabajo para buscar entrevistas, y cómo su vieja amiga la encerró en un frasco con la orden de no transformarse y pasó a renunciar a su empleo, bajo la amenaza de que si no lo hacía la delataría al Ministerio y sería enviada a Azkaban. Aquella mujer que destripaba con la mirada se quería mucho más a sí misma que a su empleo, por muy mal parada que saliese tras enfrentar el paro. Aquello le ayudó a crear cierto recelo hacia la joven Gryffindor y sus ideales, quizás por eso escribió un libro despotricando la vida de Albus Dumbledure, hombre al que la muchacha admiraba. Su final, como muchos otros seguidores de su propia salvación, fue compartir la paz con todos los demás ciudadanos que habían luchado con sus vidas por ella. En ocasiones, trabajó para el Departamento de Seguridad Mágica, quien le pidió -algo extraoficialmente- que utilizase su habilidad de animaga para luchar contra el Clan del Ojo. Aquello le dio prestigio en el Ministerio y Shacklebolt no dudó en recomendarla como modelo para los alumnos de Transformación de Hogwarts.

Cuando Neville Longbottom le abrió la puerta de su despacho, sabía que aquella presencia en los pasillos de su Escuela de Hechicería, traería sus consecuencias. Y ahí estaban. Probablemente todas las que le tendía en un cuaderno de notas de color carmín.

-Debe ser un honor poder ver el rostro de un hombre tan ocupado.- dijo con cierto sarcasmo. No necesitó el permiso de Neville para entrar y acomodarse sobre un mullido sillón que secretamente reservaba para él mismo. La observó. Era como si no hubiese cambiado nada desde sus años de Hogwarts. Su cabello rubio seguía extrañamente rígido y rizado gracias a cualquier modificación mágica que habría salido en las últimas décadas. Seguía con sus cejas delineadas y al entre abrir la boca podía apreciarse sus tres dientes de oro. Sus masculinas manos con uñas pintadas de rojo le tendieron el cuaderno sin abrir, mientras le examinaba bajo unas gafas de diamantes. Neville cogió el cuaderno. Al abrirlo, se familiarizó con los trazos de su pluma mágica de color verde ácido. - Considero que debería leer atentamente ciertas anotaciones que he ido haciendo a lo largo de mis esporádicas estancias en el castillo. Puesto que ya cuenta con aurores que protegen a sus alumnos del exterior, le recomendaría que empezase a proteger a sus alumnos de… Ellos mismos. Estoy segura de que no sabe ni la mitad de lo que se cuece en el interior de sus aulas, director Longbottom. Por eso me he tomado la libertad de hacérselo saber. Lo tiene delante de usted, léalo.- ordenó, como si Neville fuese un hombre sin ambiciones que tenía que acudir a la ayuda de aquella indeseada mujer. El hombre sabía que aquella antigua periodista, en la opinión de los más sabios, desprestigiada, haría lo que fuera por sacar los trapos sucios de todos los que habitaban aquel lugar. Incluso los suyos propios, si hacía falta. Además, ya lo había hecho con uno de los directores más amados de la historia, él sería para ella un necio suplente.

-Me temo que esto es violar la privacidad de mis alumnos, señora Skeeter.

-Señorita.- corrigió, a pesar de que ambos sabían que rozaba los sesenta años. - Por favor, Neville.- pidió, suavizando su tono.- No me podrá negar que no le pica la curiosidad. Es un elaborado informe. Ya sabe que he trabajado con notables resultados para el gobierno… Simplemente léalo.- sentenció con una sonrisa forzada.

-El documento será destruido en cuanto lo haga, se lo advierto.

-¿Cree que no tengo una copia de seguridad en mi cerebro? - Le retó, mientras le insistía con gestos que comenzase el informe.- En voz alta. -añadió. Neville puso los ojos en blanco. Esa mujer tenía el autoestima por las nubes.

No tenía pinta de ser un informe. Neville lo calificaría como un diario de una adolescente en el que se dispone a sacar todos los secretos más íntimos de sus compañeros de clase. Por su puesto, era mucho más que eso. No pudo negar que temía que su hija tomase un lugar importante. Pretendió no parecer nervioso. Desvió sus pensamientos de Alice. Cambio de aires, se recordó.

-"…No hay nada como los pasillos de Hogwarts para esconder los secretos más oscuros de los alumnos. Mientras el castillo volvió a acogerme para impartir unas clases magistrales sobre la Transformación, no pude resistirme a saber qué se cocía en aquel horno de secretos. La magia de este lugar no podía defraudarme. Podía haber empezado por cualquier otra familia, pero lo cierto es que los Potter y los Weasley siempre dan que hablar. Con Albus Potter desaparecido, sus hermanos estaban más intranquilos de lo normal. ¿Son los angelitos que la prensa nos presenta? ¡En absoluto! James Sirius Potter es un líder nato y ha movido a varios alumnos en la búsqueda de su hermano: Rose Kárate Kid Weasley, Draco Malfoy 2.0, Fred Gruñón Weasley y el Repelente Hugo Weasley, con la colaboración especial de Susan Jordan y la Sabelotodo Cornelia Brooks. ¿Alice Longbottom, el claro affaire de Albus Severus, se queda atrás? Está muy ocupada escabulléndose a los pasadizos de Hogwarts con Renata Mata Driggs para salir de Hogwarts a escondidas de su bonachón padre…" Eso es ridículo.- comentó Neville sin que la expresión de deleite ante las propias palabras de Skeeter cambiase.- "¿Y qué hay de Lily Potter? Sin duda su mal humor ha hecho mella, pero tengo la fiel teoría de que no solo se debe al triste y trágico secuestro de su hermano, sino a que Frank Badmood abusa un poco de su autoridad como abusón y la amenaza con el futuro de su hermano… Sí, ellos también salieron de Hogwarts. Y antes de pasar al bando de los que desparecen de Hogwarts, sigamos con los episodios que he podido percibir de la demás rama Weasley: Lucy Weasley está deprimida o amargada y busca consuelo en la sección prohibida de la Biblioteca en lo que esconde los pantalones de Tim Marrs, su aparente archienemigo, ¡eso debe estar penado como mínimo! Louis Weasley ha contactado con Beauxbatons para cambiar su expediente… Cuando su amado Chris Nott ha despertado de un coma extraño. Hay que añadir que Fred Weasley ha sido acusado de pegar una paliza a algún miembro de Slytherin en secreto, y está siendo amenazado con la inmediata expulsión de Hogwarts, por lo visto, no le dejarán pasar una más… Y llegando a las senior, Molly Weasley es secuestrada por las noches por Devman Kumar y ambos abandonan Hogwarts, en ocasiones con Susan Jordan y Derrick Collingwood. No he podido sacar nada más al respecto, pues tienen mucho cuidado a la hora de las apariciones secretas. Y, por último, Dominique Weasley va con demasiada frecuencia al Bosque Prohibido para tener contacto directo con criaturas mágicas con el fin de conseguir la ayuda que concede el Ministerio de ofrecer unas prácticas en este ámbito. Debe recordársele que el contacto con animales del Bosque Prohibido así como la entrada en él está terminantemente prohibido y penado con la expulsión. Más comportamientos que merezcan la pena mencionar es, por ejemplo, el secretismo que  Monique Jordan ejerce en torno a un diario y encuentros furtivos con una antigua paciente del Centro de Salud Mental de Edimburgo; el comportamiento sospechoso que Annie Gallagher hace en torno al hijo del Ministro y su aparente chantaje al Sombrero de Elección… Y por supuesto, el hecho de que todo el mundo sabe que Zoe Badmood es en realidad McOrez y tanto ella como sus amigos pertenecen al Ojo. Espero que pueda contestarme, Neville Longbottom"…Señora Skeeter, soy consciente de mucho de los casos que usted menciona pero para enfrentarlos hace falta tiempo y medidas judiciales que usted no entendería. - Respondió con fiereza.- Así que si no le importa, deja de entrometerse en la vida de mis alumnos.

-Roxanne Weasley fue asesinada por Zoe McOrez según Fred Weasley, pero nadie le ha hecho caso. ¿Eso también le parece un caso que puede aplazarse? Por no mencionar el daño que le hace Frank McOrez a Lily Potter o… ¡La colaboración de su propia hija con el Ojo! ¡Estoy muy segura de que es también consciente de ello y de…!

-¡Basta!- le gritó Neville mirando de forma amenazante a Rita Skeeter. -¡Haga el favor de salir por esa puerta y dejar esa clase de asuntos a los profesionales!

-Si el país se va a la mierda es por líderes ineptos como usted…- siseó Rita Skeeter en un impulso que fue castigado por la concisa mirada de Neville.

-La más estricta justicia no creo que sea siempre la mejor política, dejemos que esos niños acarreen con las consecuencias sobre sus propios hombros hasta que haya algún medio para salvarlos… Mientras tenemos que confiar en ellos, señora Skeeter.

-Eso mismo pensaron de Tom Ryddle… Y se llevó la vida de tus padres, si bien creo recordar.

Rita Skeeter abandonó el despacho con un aire de impotencia marcado.

Neville se dirigió a su sillón, que tenía impregnado un apestoso perfume empalagoso. No tenía fuerzas de hacer un hechizo que disolviera aquel aroma. De hecho, no tenía ni fuerzas para pensar. Aquello había sido un golpe bajo. Y le había dolido demasiado. Tenía una pequeña tradición en la que todos los domingos visitaba la tumba de sus padres y les contaba qué tal le había ido. Lo hacía desde pequeño, influenciado por su abuela, quien no quería que el pequeño Longbottom perdiese sus raíces o el recuerdo de sus padres. Aquella tradición se había visto truncada por la guerra, por los años difíciles en los que su hijo Frank nació y por aquellos días en su despacho en Hogwarts. Sus padres eran los únicos héroes a los que no dejaría de admirar. Habían muerto para prometerle un futuro mejor. Y no permitiría que aquella vieja metomentodo ensuciase su nombre y su honor. No podía dejar que le acusase de tomar medidas que podían matar a personas. O juzgarle como un símil de asesino indirecto de sus padres. Eran circunstancias diferentes y había medidas de seguridad muy dispares. Por supuesto que a Neville le encantaría expulsar a todos los alumnos que tenían algo que ver con el Ojo, y sabía cuáles eran, sabía todos sus nombres. Y solo los sabía él. Sabía lo que eran capaces de hacer o lo que harían, para lo que tenía las profecías de Ivonne. Y sabía que si estaba arriesgando todo el peligro que causarían no era solo porque estaban vetados políticamente por algún infiltrado en el Ministerio, sino porque estaba protegiendo a su hija Alice. Si expulsaba a todos ellos y los sometía a juicio, también tendría que hacerlo con su hija, pues o había justicia para todos o simplemente no existía. Era la decisión más arriesgada que fue a tomar en su vida, estaba poniendo a tantas almas en peligro. Él había visto sus muertes en las bolas de cristal. Él tenía el poder de detenerlas, ¿no? A no ser que se tratasen de profecías irretractables, entonces estarían todos condenados.

Se percató de que alguien estaba a punto de entrar en la su despacho. Había olvidado por completo su segunda cita del día. A la que más temía. Para la que él no estaba preparado. Se le quebró el corazón cuando su hija entró en el habitáculo, con una expresión de aparente inocencia que siempre engañaría a la razón del director.

-¿Querías verme, papá?- preguntó, conforme se fue acercando a él y sin mirarlo directamente a los ojos se sentaba en el sillón de enfrente. El que dejaba para ella cuando quería que le contase la semana, cuando no sabía que probablemente todo lo que decía era mentira.

La examinó, aquella vez viéndola con los ojos de un padre que conocía la traición de su hija. No podía ser cierto. Él quería que no lo fuera. Pero sus miradas escondidas y su respiración a trompicones eran suficientes como para delatarla.

-Alice.- dijo, con un tono que jamás usó con ella. De reproche. Tenía que admitir que con ella jamás se había enfadado. Que era su ojo derecho y probablemente su debilidad. Que si hubiese sido Frank le habría mandado al infierno en seguida. - ¿Qué has hecho, Alice?

Él mismo podía contestar la pregunta. Pero quería que ella no le engañase. Quería que se descubriese ante él para poder perdonarla.

Alice alzó la mirada y pudo ver la acusación en la expresión de su padre por primera vez. Neville percibió cómo su hija se derrumbó por dentro en un segundo. Realmente jamás pensó que la descubrirían. ¿Era por eso por lo que era una Slytherin? No quiso recordar la decepción que sintió cuando el Sombrero la adjudicó en aquella Casa. Su mujer le dijo que no le extrañaba. Fue entonces cuando empezó a considerar que tenía una imagen de su hija muy dispar a la realidad.

-Me estás preguntando algo que ya sabes.- dijo con algo de dureza en su voz. Ella no quería aquel momento. Él tampoco. Pero tenía que sacar algún motivo, a parte de la familia, por el cual defenderla.- Me amenazaron, en un principio con matar a Albus. - Neville se removió en el asiento, sabía que no diría quién pero podía imaginárselo.- Eso fue el año pasado.

-¿Cuándo robaste la piedra de la Resurreción?

Hubo un silencio ensordecedor.

Alice suspiró. Neville seguía expectante a una respuesta.

-Sí.

-¿Sabes lo que le has dado? ¿Sabes lo peligrosos que los has hecho? ¡ALICE, PODÍAS HABER PEDIDO AYUDA! ¡NOS VAS A MATAR A TODOS!

-No podía dejar que matara a Albus… Vi lo que le hicieron a Roxanne… Y… No podía, ¿vale? -sus ojos se emborronaron en lágrimas.

Aquella vez, fue Neville el que echó un largo suspiro. Podía llegar a entenderla. No era valiente. Alice no era valiente como él lo había sido. O como Frank lo era. O como sus padres. Toda su familia. Alice era una cobarde. Le dolió pensar aquello pero era la verdad. Se había rendido. Igual si hubiese peleado, Albus hubiese acabado muerto. Y Alice sería un alma errante. Pero si hubiese peleado, ellos no tendrían un arma peligrosa que usar en contra de ellos.

-¿Y por qué seguiste con ellos?

Alice bajó la mirada.

-Gwendoline Cross es la Gwen de Frank, papá. Lo tienen bajo vigilancia, bajo constante amenaza. Tanto para utilizarme a mí como para hacerlo contigo. Saben qué harías lo que fuera por protegerle. Y saben que yo también. Por eso sigo con ellos, porque no quiero que mi hermano muera.

-Por Merlín…- musitó Neville. Se llevó la mano a la boca. Su hijo. Frank. Recordó su sonrisa inocente. Él sí era un inocente. No quería saber nada del mundo mágico ni de lo que le ocurría a su familia en él. Él sí era valiente. El Ojo podría jugar hasta con el secreto más guardado de su familia, que solo sabía él y Hannah. - Hay que sacar a Frank de aquel lugar.

-Le seguirán, papá. Le siguieron en Navidad y le seguirán siguiendo hasta que consigan lo que sea que quieran de nosotros. Creía que solo era la piedra de la Resurrección, pero ahora pienso que lo hacen para dividirnos entre nosotros, ¿sabes? Eso de divide y vencerás lo aplican contra nosotros porque a vosotros siempre os unió la fuerza de estar todos juntos.

-Alice, tienes que dejar de estar con ellos. Si quieres que todos sean castigados, sal de esa red de influencia sobre ti. Quítatela. Ahora que sé lo de Frank, podré protegerlo…

-No puedo.

-No digas estupideces, Alice, claro que puedes… ¡Estás ayudando a una secta terrorista, maldita sea!

-¡No puedo, papá! Se aseguraron de que no dejaría de ayudarles…

Neville le lanzó una mirada de infinita preocupación. Alice comenzó a sollozar.

-¿A qué te refieres?

-Claro que quiero dejar de estar con ellos, son horribles… No sabes las cosas que hacen… Pero… Pero me amenazaron con matar a Albus en su celda… ¡No te imaginas lo demacrado que estaba! ¡Y Frank! ¡Podían matar a Frank en cualquier momento! Sobre todo después de ver cómo Gwendoline Cross mataba a McGonagall delante de todos nosotros…

-¿Qué has hecho, Alice? - preguntó, aquella vez sin saber la repuesta.

La muchacha apartó la mirada bruscamente y sollozó de nuevo. Cuando se hubo calmando susurró unas palabras que Neville no quiso escuchar, pero que oyó perfectamente.

-Un juramento inquebrantable.- Alice miró a su padre, con tristeza.- Prométeme que no se lo dirás a nadie… En el contrato expresaron que solo mi propia sangre podía ser consciente del juramento. Por favor, papá, no puedes decir nada a nadie.

El rostro del director de Hogwarts quedó petrificado.

Si su hija incumplía aquel contrato mágico, moriría.

 

-Remus, ¿te has hecho caca? - preguntó Victoire dulcemente.

El bebé pareció negar con la cabeza, aunque era imposible que hubiese entendido a su madre. Ella conocía la respuesta y el pequeño Remus no podía negar la evidencia. Las señas eran inequívocas: un bulto sospechoso en el pañal que le hacía colgar más de la cuenta y un leve hedor saliendo del menudo pantalón a modo de nubes tóxicas.

Victoire soltó una risa cantarina que no tardó en contagiar a la inocente sonrisa de su hijo.

Podía culpar al azar, o quizás era un desliz, pero se había convertido en madre. La naturaleza la había dotado a mansalva del instinto maternal con la finalidad de preservar la especie. Si no fuera por eso, lo que ella haría a ver a aquella criatura minúscula y frecuentemente llorona, a la que estaba a punto de cambiar el pañal, sería arrojarla. Sin embargo, y gracias a ese instinto, miraba a su hijo embobada, le parecía que era el bebé más precioso del mundo y se obligaría a cuidarlo hasta que cumpliese como mínimo los 21 años. Ser madre le había hecho considerar que sonar narices y cambiar pañales podía llegar a ser más noble que terminar los estudios, triunfar en una carrera o mantenerse delgada -cosa que hacía sin problema alguno. Era ejercer aquella vocación sin descanso, siempre pendiente de que se acostase temprano, de que tuviese el pañal limpio, de darle de comer y que tuviese los nutrientes necesarios para un crecimiento adecuado.  Estaba entregando su amor y su tiempo sin esperar que Remus se lo agradeciese.

Había otras personas, en cambio, que sí que podían agradecerle todo el sacrificio que estaba haciendo por su hijo. El padre, por ejemplo. Ella había hecho reducir su horario, y por tanto salario, en el despacho de la doctora Brooks porque Ted tenía que trabajar. Obviamente su trabajo era más importante. Como todo lo que Ted hacía. Ted era profesor en Hogwarts. Ted era hombre lobo y metamorfo. Ted podía interrogar a gente en el Ministerio sin tener licencia. Ted podía hacer que Vic cuidase de Remus cuando a él no le viniese bien. Ted podía ignorar lo que Victoire quería. Incluso tenía el apoyo de sus propios padres. Ted era huérfano, pobrecito. Ted no tiene a nadie, pobrecito.

Antes se hubiese odiado a sí misma por pensar aquello. En cambio, la convivencia muestra lo peor de cada uno. ¿Era ella envidiosa? Sí. ¿Era ella ambiciosa? Sí. ¿Era ella, después de todo, una buena madre? ¿Sí? ¿Amaba a Ted?

Hubo un silencio en su mente. Sacudió la cabeza y sonrió hacia su hijo. Este junto sus delicadas manos y las dirigió hacia la comisura de los labios de la joven. Había achinado sus ojos y despertado un brillo en ellos. Un brillo tan parecido al de Ted que Victoire tuvo que apartar la mirada.

Dejó a su hijo en la cuna de madera azul pastel de su habitación, cantando una tierna nana francesa en voz baja. Le tocaba un pequeño descanso después de haberle dado de comer. Y a ella también. Se giró para buscar la mecedora y sentarse en ella. Pero se llevó un susto de muerte.

-He visto que hay seguridad más oficial de la cuenta y no he querido arriesgarme a pasar por allí…

-¿¡CÓMO TE ATREVES A BURLAR MI SEGURIDAD?!

-Oh.- dijo con algo de sorpresa Charlotte Breedlove, meciéndose con serenidad.- Veo que estás en la fase en la que vuelves a desconfiar de mí.

-No tienes derecho a venir aquí cuando a usted le plazca… ¡Sin saber siquiera si lo que dice es cierto!

-¿Por qué te mentiría, Victoire?

-Podrías ser el Clan del Ojo.

-Podría.- contestó ella.- Pero si fuese del Ojo ya estarías muerta, querida. Y no habrías conocido a tu hijo.

-¿Qué quieres?

-Veo que has empezado a trabajar. ¿Te va bien en la clínica? He escuchado que la doctora Brooks puede ser muy estricta.

Victoire la miró, incrédula.

-Usted conoce a la doctora, ¿por qué no le pregunta a ella? O, mejor aún, ¿por qué no deja de mentir?

-Si vamos a empezar a dejar de ocultar cosas, podrías empezar tú, cielo.

La joven enmudeció por un momento.

-Yo no tengo nada que ocultar.

-Victoire, sé que me has traicionado. O, al menos, lo has intentado.-acusó la mujer hacia una joven que echó la mirada hacia un lado.- Le diste mis huellas a la señora Brooks.

-¿Y? Seguro que lo ha arreglado y nunca conseguiré los resultados.- Charlotte Breedlove rio con aire de suficiencia.- ¡Sabía que usted era el Benefactor!

Los labios de la mujer de color se tensaron.

-Me temo que no, querida.

-Ha dicho que dejásemos de ocultarnos cosas…- recalcó Victoire.

-Muy bien. ¿Quieres saber la verdad? El Benefactor no soy yo. Ni Ivonne, por si te da por pensarlo. De hecho, el Benefactor para el que trabaja la doctora Crawford es anónimo por razones obvias.

-No la entiendo.

-Quizás no me quiere entender. -le indicó a la joven que se sentara en una silla que había cerca de la mecedora. Ella obedeció y miró con preocupación sincera hacia la mujer. Podía estar mintiéndole. Pero sabía que lo que estaba a punto de decirle era verdad. Igual que cuando le dijo que su hijo Remus estaba en peligro. Era una intuición que seguramente estaba mezclada con magia para asegurar su eficacia.- No sé si estás preparada para saber esto, pequeña Weasley.

- Nada de ocultar, ¿no?- dijo con seguridad en su tono de voz.- Puedo soportar las consecuencias.- añadió bajo una mirada de advertencia.

-El Benefactor es Graham McOrez.

Se hizo un silencio y un nudo extraño en la garganta de Victoire.

-¿Qué? ¿QUÉ? ¡NO PUEDE SER! ¡¿ESTOY TRABAJANDO PARA GRAHAM MCOREZ?!- se levantó de la silla con ímpetu y se alejó de la mujer que la miraba con cierta preocupación. La señaló con el dedo.- ¡ME HAS HECHO TRABAJAR PARA ÉL! ¡POR MERLÍN! ¡TED TENÍA RAZÓN!

Charlotte Breedlove la miró con comprensión. Victoire se separó aún más de ella. Echó un vistazo hacia Remus, para asegurarse de que aquella mujer no lo tuviese en su campo de visión.

Al segundo, se sintió tan estúpido que sintió unas ganas inmensas de llorar. Ted había tenido razón todo aquel tiempo y ella se odiaba por no haberle hecho caso. Quizás todo el favoritismo hacia el padre de su hijo no era en vano. Era ella la que estaba estropeada. La que se había dejado exponer ante una mujer envuelta en un halo de misterio tan ambiguo que cuando más creía que podía ayudarla, más la estaba traicionando.

La joven miró de reojo la expresión de preocupación que había ocupado el rostro de Charlotte. No parecía arrepentida de haberle dicho aquello, como si meramente no quisiera ocultarlo. Más bien parecía estar esperando con miedo al momento en el que Victoire estallase en pedazos de cristal.

-Victoire.- la llamó Charlotte.- Déjame que te lo explique.

Se debatió entre seguir escuchándola o callarla y olvidar todo aquello. Ya que estaba allí, no perdía nada en volver a oír sus historias, las cuales, en aquel momento, le parecían todas falsas. Y sí que perdía si no la oía. Perdía el trabajo, pues se negaría a seguir trabajando para el asesino más despiadado de la historia del mundo mágico.

-Prométeme que dirás la verdad.- se sintió tan estúpida al decir aquello que tuvo que morderse el labio. Tenía miedo.- Haz lo que sea para que deje de trabajar para él. No quiero seguir con esto. No quiero seguir ocultándole a mi familia que puedo ser una traidora…

Charlotte cerró los ojos, como armándose de paciencia.

-Victoire. Tranquila.

La joven arrugó la frente.

-¡No! ¡No soy tu marioneta! ¡No soy el Clan del Ojo!

-Oh, por favor, Victoire, yo tampoco lo soy. - le contestó sagazmente.- Dentro de poco me creerás. - añadió.

-Si no eres el Clan del Ojo, por qué razón el Benefactor es Graham McOrez… ¡Es como mi jefe! Seguro que él sabe quién soy yo… ¿Entonces la doctora Brooks también es miembro del…? Oh, dios mío.- se tapó la mano con la boca, sin poder creerse aquello. No podía estar ocurriendo aquello. La había cagado. Y no solo por hacerle caso a una vieja loca, sino por algo más que había hecho confiando en la privacidad de aquella clínica. Tenían el ADN de su hijo y de Ted. Fue en una duda imperial que le surgió a raíz de un momento de tensión con el joven. Quería asegurarse de que era el padre. Y ahora el Clan del Ojo tenía todos los datos necesarios para no sabía hasta dónde podía llegar con aquello. Miró a Charlotte y vio que parecía estar esperando a ser escuchada.- Cuéntamelo todo y podré creerte.- La mujer asintió. - Y ve al grano.

-Debo remontarme más allá de lo que tú deseas saber para que lo entiendas todo…

-No tengo todo el tiempo del mundo.- aquello era una mentira sucia, y sabía que Charlotte la pasaría por alto. Y también que haría lo que le viniese en gana.

-No puedo permitirme que me vaya y que te queden dudas de por qué todo esto.

-Adelante.

-Tu hijo Remus es muy especial. -Dijo enigmáticamente.- Ya te dije que el Clan del Ojo lo quería en su poder para cumplir una profecía a su favor, y lo cierto es que aún no sabemos cómo acabará eso. Y tú eres su madre, por lo que eres la persona que está más dispuesta a salvarle de eso, ¿no es cierto? - La joven asintió al segundo.- Por eso acudí a ti en primer lugar. Al ser la madre de una criatura tan poderosa, harías lo que fuera por protegerla, aunque solo seas casi una adolescente… Vine a ti para ayudarte, aunque no me creas… Debes saber que en el segundo que ellos tengan a Remus, estaremos todos muertos. - Victoire tragó saliva.- Te voy a contar una historia que viene a explicar por qué trabajas para quién trabajas, y necesito que me prometas que no dejarás de confiar en mí después de eso.

-Lo intentaré.

-Me vale con eso- suspiró Charlotte. Se volvió a sentar en la mecedora y Victoire tomó asiento al lado de la cuna de Remus. - Ivonne también era una niña muy especial… Tan especial como Remus, desde luego. Cuando llegó a Hogwarts solo con doce años tras un primer año en Francia, había gente que ya la estaba esperando. El Sombrero no tardó en colocarla en Hufflepuff, aunque te extrañe. Yo la veía desde la mesa Slytherin, donde era repudiada por la mayoría por, además de ser sangre sucia, hablar el inglés con un acento extraño. Te puedes imaginar la que se armó cuando Ivonne vino a abrazarme o, simplemente, estaba conmigo. Los magos eran y son tan clasistas que no pueden consentir la mezcla de ideales. A pesar de que Ivonne era una niña adorable, no hizo casi ningún amigo. Se ganó el corazón de Minerva McGonagall, y el de una niña con problemas mentales, Vivian, creo recordar. Si te soy sincera, envidiaba la facilidad que tenía Ivonne para codearse con gente extraña. Al contrario que yo, que solo le dirigía la palabra a un Slytherin: Graham McOrez. - Charlotte bajó la mirada ante la ojiplática Victoire Weasley.- Por supuesto, nadie podía enterarse de que yo era amiga del hijo de uno de los magos más importantes del Norte de Europa. Pero eso yo no lo sabía entonces. Tampoco sabía qué era el Clan del Ojo. Ni que mi amigo Graham estaba allí para secuestrar a Ivonne. Se escandalizó cuando supo que yo era su hermanastra. Dejó de hablarme durante semanas. Puedes imaginarte el odio que desarrollé hacia la hija del que empezaba a considerar mi padre. Era una adolescente enamorada de un chico demasiado guapo que se había fijado en mí desde el primer momento. Intentó reclutarme. Fue el quién me contó casi todo lo que sé del Ojo. Hubiese caído ciega en sus mentiras si no hubiese sido por unos hermanos rebeldes que nos escondieron a mí y a Ivonne del Ojo durante años. Graham se enfureció, fue entonces cuando desató toda su rabia con los asesinatos más brutales vistos en el mundo mágico. Enloqueció. Buscó a un doctor para castigar convirtiendo en un monstruo a uno de nuestros salvadores. No solo había fracasado en su misión de coger a Ivonne, cuyo padre la había escondido desde el día en que nació, sino que también me había perdido para siempre.

-¿Estaba enamorado de usted?

-Me gustaría pensar que no, pero me temo que solo el amor puede volver a alguien rematadamente loco.

-¿Intentó matarla? ¿Le vio después de aquello?

Charlotte suspiró.

-Fingí un accidente en el que moría para estar muerta para el Ojo y separarme para siempre de Ivonne y que ella tomara su propio camino. Incluso un miembro se atribuyó mi asesinato. Mandaron miembros del Ojo a verificar el cadáver de una persona muy parecida a mí. Fue Graham McOrez quien determinó que estaba muerta.

-Eso es imposible.

-Eso pensé yo… Hasta que un día recibí su visita. Me pilló por sorpresa. Estaba cabreado, llevaba décadas buscando a Ivonne y creía que yo sabía dónde estaba. No era así, por desgracia.

-¿Y qué hizo?

-Descuartizó a todos los conocidos que había creado en mi nueva vida. Era una especie de venganza, supuse. Pero me di cuenta de que jamás volvería a entender las decisiones que tomase. No me delató al Ojo. Nunca lo ha hecho. Sé que en el fondo de su oscura alma, soy la única persona que le recuerda a sus tiempos de cordura.- volvió a suspirar.- Mi misión, como te dije en un primer momento y por muy cuestionables que sean mis decisiones, es la paz.

-¿Recuperar a Ivonne?

-En eso no puedo ayudar mucho, aunque sepa algo de ella… Ella no quiere saber nada de mí… Hemos tenido nuestras disidencias… Ivonne no es perfecta, ¿sabe? Yo tampoco, claro está… Pero no piense, en ningún momento, que sabe cuál es el objetivo de Ivonne Donovan... Ella aún no ha hecho nada y temo lo que pueda hacer… Yo me dedico a evitar que las peores profecías se cumplan…

-¿Cómo qué?

-Hacer fracasar los pequeños objetivos del Ojo. Como por ejemplo, evitar que consigan a Remus.

-¿Por qué Remus?- preguntó con profunda preocupación Victoire.

-Es una profecía, con eso les basta.- Charlotte se acomodó en el asiento.- Hace tiempo, me enteré de que el Ojo había comenzado a dirigir una clínica que trabajaba en el campo de la genética para sus propios propósitos… A saber lo que tiene entre manos Schneider…Debía de pararles… O, al menos, estar al tanto de lo que hacían.

-¿Con la doctora Brooks?

Charlotte Breedlove le concedió una mirada enigmática.

-Es una muggle interesante, ¿sabe? El destino quiso que se especializara en genética mucho antes de saber de aquello… Por razones que ahora no nos conciernen… Yo la conocía y era perfecta para el puesto…

-¿Ella sabe que el Benefactor es McOrez?

-Sí, sí que lo sabe… Aunque no es del Ojo, si eso es lo que preguntas… Ella quiere ayudarme a mí y a ella misma. Es buena persona, Victoire. Puedes confiar en ella… Verás, he ido recolectando soldados invisibles a lo largo de mi vida cuyo objetivo es conseguir la paz… Tú eres uno de ellos.

- ¿Y yo qué pinto ahí exactamente?

-Estás ahí por varios motivos. En primer lugar, el mérito que presuntamente se ha ganado el Ojo al reclutarte indirectamente la clínica, lo que a ellos les encantan, pues creen tener a todos bajo su control. En segundo lugar, estás de infiltrada en una misión del Ojo que aún no sé para qué sirve y confío en que tu instinto te ayude a resolverlo. Y, por último: estás destinada.

-¿Soy un soldado invisible de Ivonne? ¿O soy el peón que tú utilizas?

Charlotte sonrió.

-Oh, Ivonne puede que sepa lo que estás haciendo… Pero, más bien, eres uno de mis ángeles de la guarda. Tú, por supuesto, tienes tu propia profecía, Victoire. Por ahora, estamos en camino de romperla…

-Debe entender que la debo saber -exigió ella.

-Sólo la madre puede evitar que el guía sucumba a la Oscuridad.- A la joven se le erizó el vello y echó un vistazo para observar el estado de su hijo.- Yo no he decido qué es lo que tienes que hacer. Fue el destino. Los antiguos cánticos… Pero, Victoire, las profecías se pueden romper… Tú decides si lo hacen.



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