Historia al azar: Ron y Hermione
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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Jueves 21 de Enero de 2021, 20:22
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(III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones

Se trataba de una sala del Ministerio Mágico que jamás había visto. Era una sala de interrogatorios especial, pues era muchísimo más acogedora que aquella en las que se juzgaban a los presuntos criminales. Aquella tenía un sillón mullido en el que Albus Potter se sintió en la gloria y un ambiente familiar que se creaba gracias a la calidad luz de una bombilla. El auror que le acompañaba no lo conocía en absoluto. Quizás era mejor así, sabía que sería muy distinto si estuviese su padre, su tío o algún miembro del séquito de su familia.

Era un hombre de avanzada edad, con el pelo cobrizo y una prominente barba que le daba un aire entrañable. Le observaba a través de unos bondadosos ojos de color avellana y esperó unos cinco minutos para hablar.

-Me llamo Amos Diggory.- dijo suavemente, tratando de no causar ninguna molestia a Albus.- Conocerás por las historias a mi hijo, Cedric Diggory, un héroe…- musitó.- Trabajaba hace mucho tiempo en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, así que quizás te preguntes qué hago yo aquí. Por lo visto, conoces a todos los aurores disponibles del Departamento y tu padre ha pedido alguien de confianza, disponible y sin ningún tipo de ataduras políticas declaradas. Parece ser que he sido el elegido.

El joven Potter le tendió la mano.

-Encantado, señor Diggory. Le agradezco lo que sea que esté haciendo por mí.

El hombre sonrió, y procedió a sacar varias hojas que tenía dentro de una carpeta. Miró de reojo a Albus. El ambiente era tan pacífico y tranquilo que el muchacho creyó que se encontraba en un sueño con un fantasma.

-Me han dicho que te lea varias cosas y que te haga una serie de preguntas que constan aquí.- dijo señalando el papel.- Pero puesto que eres muy joven y yo muy viejo, y tampoco quiero hacerte sufrir demasiado… Vamos a hacer un pequeño resumen. ¿Qué te parece?- Albus asintió, encantado de que fuese él el que le interrogase sobre lo que había pasado. Entendió perfectamente la decisión de que no fuese alguien conocido, pues había cosas que entre le avergonzaba contar y temía que sufrieran por él.- Te leeré esta parte, creo que esto es un proceso oficial… No voy a pasarme de listo.- añadió con una sonrisa tranquilizadora.- "Dada la importancia y el impacto que el delito de secuestro tiene para la sociedad y la tranquilidad familiar, este interrogatorio tiene como finalidad recopilar, con su valiosa participación, información de gran utilidad para la elaboración de un diagnóstico objetivo y un mejor conocimiento de ese ilícito."- pausó para observar a Albus. Este se había encogido visiblemente. ¿Estaba preparado para declarar todas sus torturas? Había tantas lagunas y tantos momentos borrados de su memoria forzosamente que no sabía si aquel era el momento adecuado.

Le habían dejado en una habitación-dormitorio que tenía el Departamento para momentos así. Al parecer, no querían que la vuelta a su rutina fuese brusca. Por lo visto habían pasado muchas cosas y hasta que no pasase por aquel interrogatorio no iba a poder saber nada. No sabía nada de su hermano, y ya habían pasado días desde aquel Patronus. Ni de su hermana, ni de sus amigos. Ni de su familia que le había sacado de allí.

-Siga, por favor.- le pidió al señor Diggory, quien asintió, comprendiendo que quizás el muchacho ya estaba preparado.

-"Se trata de un tema que trastoca la tranquilidad de la vida cotidiana de las familias, por lo que su participación es decisiva para combatir con mejores herramientas la comisión de tan infame delito, su contribución es invaluable para frenar y atacar frontalmente el fenómeno.  Toda la información que amablemente nos proporcione en el interrogatorio será absolutamente confidencial y es por ello que no se solicitan datos personales, ya que su seguridad es una de las prioridades que se garantizan en la elaboración de las preguntas.  El interés institucional se centra en los aspectos que contribuyen al objetivo de conocer y prevenir que otras personas sean víctimas de este delito, afinando las estrategias de inteligencia basada en información confiable.Por lo anterior, es muy importante que responda todas las preguntas que le procedo a interrogar."- retiró aquella hoja y miró atentamente al joven.- ¿Preparado?- dejó que Albus asintiese.- ¿Cuándo comenzó el secuestro?

- El 22 de diciembre.- contestó sin llegar a dudarlo.- No sé cuánto tiempo exactamente he estado secuestrado.

Amos Diggory tragó saliva y asintió con la cabeza.

-Aproximadamente tres meses y medio, muchacho.- Albus asintió, realmente no se imaginaba que fuese tan poco. Para él ya hacía un año o más. El tiempo pasaba tan lento.- ¿En qué lugar fue privado de su libertad? -El joven alzó las cejas, sin entender muy bien aquella pregunta. El hombre lo notó.- ¿Dónde fue secuestrado?

Albus se lo tuvo que pensar, pues exactamente no sabía el lugar. Una aproximación, tal vez.

-A las afueras de Londres. En la campiña.- se rascó la barbilla.- Donde tuvo lugar el accidente del tren que nos traía de Hogwarts.- El señor Diggory asintió, seguramente toda esa información era rutinaria, pues todo el mundo lo sabría de antemano. Observó por primera vez una pluma a la izquierda del hombre moverse sola a cada palabra que los dos decían. E incluso cuando callaban. Tan solo había visto eso en algunas entrevistas que le hacían a algunos miembros de su familia.

-¿Recuerda algún rasgo físico del secuestrador? - Aquella pregunta era complicada. No había un solo secuestrador, Albus recordaba los rasgos físicos de todas las personas que habían entrado a su habitación.- Dado que conocemos al sujeto, podemos saltarnos esa pregunta.- Seguramente el buscaba una descripción de Graham McOrez, quien sabía que había sido quien lo había cogido, pero en ese momento Albus estaba inconsciente y nunca más se había vuelto a topar con él. -¿Cuánto tiempo transcurrió hasta  que los secuestradores establecieran el primer contacto siendo secuestrado?

-No lo sé.- respondió al segundo.- Fueron ellos los que me despertaron… Pudieron haber sido días o quizás una semana.

-¿Con quién se realizó ese primer contacto?

-Octavio Onlamein y Theodore, al que todo el mundo lo conoce por el licántropo.

Recordó con cierto escozor aquel primer momento. Amos Diggory asintió.

-¿Con qué frecuencia se dan o dieron los contactos?

-Al principio fueron muy esporádicos, al final eran cada dos o tres días.- respondió simplemente.

-¿Cuál fue la exigencia o petición inmediata que hizo el secuestrador?

Albus reflexionó cautelosamente su respuesta.

-Datos sobre Harry Potter y personal del Ministerio Mágico.- se sintió algo nervioso. También le habían torturado para sacarle información sobre Carla Marín, pero no sabía si aquello sería adecuado para el Ministerio. Podía hacerse el despistado. Había sido secuestrado, tendrían piedad con él por ello.

-De haber existido, ¿en qué consistieron las amenazas?- El señor Diggory pudo ver cómo Albus se estremeció.

-Tortura física y psicológica.- su tono de voz fue casi inaudible.

-¿Quién le indujo la tortura?

-Octavio Onlamein, Theodore, Tristán McOrez y… no recuerdo quién más.

Sí que lo hacía. Maldita sea, recordaba perfectamente a Alice, su tortura fue de las peores. Y recordaba a Frank McOrez, pero sabía que si le pasaba algo a él, su hermana estaría indirectamente en peligro, y por muy a su pesar, no podía revelar la identidad de este.

-¿En qué condiciones y en qué lugar fue liberado?

-Me liberaron… Alice Longbottom, Ronald Weasley y Bastien Lebouf. Supongo que las condiciones quedaron reflejadas en el chequeo médico.

-Creo que las preguntas que vienen a continuación puedo comprobarlas entonces gracias a los informes de los aurores. Lo digo en serio, muchacho, puede marcharse.- le dijo con sinceridad.

Albus se quedó un tanto vacío. Esperaba un interrogatorio detallado de su secuestro. En qué habían consistido las torturas, quién había hecho quién, si había sido nutrido o le habían muerto de hambre, las condiciones de su habitáculo… Esperaba recordar aquello de forma vivida. No se planteó que fuese así de sencillo.

-¿Eso es todo?

-No, Albus. Pero es suficiente por hoy. No pretendo saturarte ni hacerte sentir una víctima muy grave, lo cual eres. Debes volver a tu rutina poco a poco. Esto sirve para confirmar que eres consciente de tu situación. - el joven asintió conforme.- En unas semanas, podrás volver a tu colegio y  a tu rutina con una justa condición: seguiremos viéndonos. Iré a Hogwarts tres días por semana y tendremos sesiones de una hora. Nos introduciremos en tu mente poco a poco para comprobar que no hay daños emocionales palpables. Las lesiones psicológicas son mucho más complicadas que las físicas. Tu personalidad ha cambiado por completo y necesitarás un apoyo neutro en tu vuelta a la realidad… Albus, cuando salgas por esa puerta, todo va a cambiar. Ya no eres el Albus de antes. Este Albus nuevo tiene otras prioridades, otros valores, notarás más fortaleza pero a la vez tu debilidad se acentuará.

-Gracias.- dijo, verdaderamente agradecido por tener a esa persona.

-No sé quién es, Albus, pero debe de ser muy importante para ti.

Sintió un escalofrío. Y no pudo evitar apartar la mirada.

-¿Cómo dice?

-Tu debilidad, Albus. Ocultas a alguien, y no sé si es para algo malo o bueno, pero por lo que intuyo es peligroso. Ten cuidado.

Albus asintió, sin poder evitar sentir un leve rubor en sus mejillas. Sabía perfectamente que se estaba refiriendo a la hija del director de Hogwarts. Es más, quizás incluso lo había intuido. Aquello era confidencial, ¿no? No le estaba permitido sacar información de lo que parecía ser su terapia. Y no le gustó en absoluto saber que acabaría hablando de Alice porque sinceramente tenía planeado olvidar su existencia -aunque era algo difícil cuando estaba en todas sus malditas clases y su corazón se aceleraba al verla. Pero les había traicionado a todos. No podía dejar que ella fuese su debilidad. No era un blanducho. Era Albus Potter y tenía que demostrar su coraje.

Al instante también pensó en otra posibilidad de lo que podría estar ocultando: Julie Morgan. No había dicho su nombre y, por tanto, había mentido deliberadamente en el aspecto de cuál era la verdadera razón de por qué había secuestrado. Al Ojo no le daba miedo su padre ni su familia, eso ya lo tenía muy claro. Lo único que querían de Albus era la aparente valiosa información que tenía por casualidad, aunque pensaba a considerar si aquella coincidencia fue una decisión de la propia mujer misteriosa. Si lo había ocultado era, sencillamente, porque aquel hombre del espejo, al que Theodore llamó Celius, se había horrorizado cuando Albus confesó que le torturaron por ella. No sabía por qué, pero su instinto le había dicho que confiase en aquel joven enigmático. Y ello conllevaba ocultar información de vital importancia, que seguramente ninguno de los aurores entendería.

Al salir de la puerta, solo pudo ver a una persona que captó toda su atención. La persona más leal que jamás conocería. Su mejor amigo. Scorpius Malfoy. Albus fue directo a abrazarle con fuerzas que sacó de su interior más cariñoso. Incluso se le escapó una pequeña lágrima cuando Scorpius apretó sus brazos para acoger a su amigo con más fuerza. Sin lugar a dudas, era y siempre sería su mejor amigo. Porque había cosas que jamás cambiarían.

-Te he echado de menos.- confesó Albus con una gran sonrisa en su rostro, correspondida por la sonrisa nerviosa de su amigo. Entonces la realidad le abofeteó. Scorpius estaba en el pasillo de las salas de interrogatorios del Departamento de Seguridad Mágica y solo estaban allí los que habían participado en un ilícito contra el Ministerio de Magia. - ¿Qué demonios haces aquí, Scorpius?- Se percató de que un hombre le tenía cogido del antebrazo y le vigilaba atentamente. Estaba siendo custodiado. -¿Qué habéis hecho? ¿Y Rose y Peter?

El joven se encogió de hombros y soltó una risa nerviosa. Entonces vio que el brazo que tenía libre estaba vendado y manchado parcialmente de sangre, tenía varios puntos de sutura en el labio que se había hinchado considerablemente y un moretón en el ojo derecho. Sabía que Alice no había ido sola, pero no sabía que Scorpius acabaría en aquellas condiciones. Y siendo interrogado.

-Nos están haciendo preguntas a todos los que fuimos a por ti, o tuvimos la intención… Creen que sabemos más que ellos y nos dicen que compartamos la información que tenemos. -al decir aquello estaba mirando de reojo al auror que lo tenía cogido, como mostrando claramente su inocencia. El auror seguramente ya le tenía tirria por ser un Malfoy,  sentimiento que no era una minoría en aquel departamento.

Albus frunció el cejo, extrañado por aquella medida que había tomado su familia. ¿Desde cuándo interrogaban a menores? Solo si habían confirmado que sus amigos sabían algo, procederían a aquello. No podían estar tan desesperados. Además, ya le tenían a él... ¿O es que había algo más implicado que ni él sabía? ¿Se habrían dado cuenta del peligro que suponía aquella secta para el mundo -tanto mágico como muggle? De pronto, miles de preguntas le vinieron a la mente sobre qué habían hecho sus amigos, cómo se encontraban... No podía decirlas todas a la vez.

-¿Cómo están todos? ¿Quiénes fueron?- se sentía terriblemente culpable por las heridas de su amigo y por todo lo que podía haberle pasado a los demás.

-Me van a interrogar a mí ahora, que ya ves cómo estoy… Tu prima Rose se ha quedado conmigo en mi casa, porque al parecer toda tu familia está patas arriba, y, bueno, tiene más o menos un aspecto parecido al mío. Nosotros escapamos juntos, y de los demás no sé absolutamente nada. Nos retienen en casa sin contarnos nada hasta que pasemos por el interrogatorio. No sé si también habrán traído a Peter, que fue quien avisó a los aurores…Supongo que así creerán que no nos sentiremos influenciados por nada que hubo pasado después de salir de aquella ratonera. -Suspiró.- También vino Alice, desapareció en otro lugar, así que no sé qué ha sido de ella.- Albus asintió. Él sí lo sabía. De hecho, era la única que sabía que estaba sana y salva. Pero no quiso decir nada, sabía por la mirada de Scorpius, cabizbaja y con un tono de voz diferente, que él sabía que Alice no les había dicho la verdad cuando les dijo que habían cesado las amenazas de unirse al Ojo.-…Y creo que Lily también fue al Palacio, porque McOrez ha aparecido antes por el pasillo. - McOrez. Frank McOrez. También asintió porque tuvo el recuerdo de ese joven trayendo a Lily para verle. No sabía a qué estaba jugando exactamente, pero sí que daba por sentado que jamás confiaría en él.- Y me temo que no sé nada de tu hermano James ni de Fred.  Como ya he dicho, no sabemos nada.

-Mi hermano James había sido atacado por un hombre lobo, Brooks mandó un Patronus.- las cejas de Scorpius se alzaron.- Espero que a mí me informen en cuanto salga de aquí.

Scorpius asintió con una sonrisa en el rostro. Albus, instintivamente volvió a abrazarle hasta que fue separado por el auror que se apartó de la puerta que cerraba con su cuerpo. De aquella habitación salió su hermana pequeña Lily.

Parecía haber desarrollado una fortaleza extraordinaria debido a la actitud que transmitía. Su largo pelo rojizo estaba apartado de la cara y se podían observar varios rasguños en la cara, pero nada grave. Albus se sintió aliviado para sus adentros. Impulsivamente la abrazó y la levantó en el aire. Le besó la coronilla y repetidamente sus mejillas. No fue hasta que la dejó quieta cuando Lily se abalanzó al cuello de Albus y sollozó en su hombro.

-No me vuelvas a dejar.- susurró, con la voz entrecortada.- Albus, te quiero mucho.- repitió mientras apretaba el agarre de su hermana. El joven se quedó algo patidifuso ante aquella exagerada muestra de cariño. Entonces, fue consciente de que su hermana lo había visto medio moribundo en su primera prisión y que su estado había cambiado considerablemente. Además, era su hermana, entendía que el amor de hermanos era incuestionable por muy indiferentes que parecían considerarse entre ellos. Amaba a su hermana y ella a él.

Entre tanto, Scorpius ya había entrado en la sala. El auror se quedó fuera. Les indicó una dirección del pasillo que ambos tomaron. Lily cogió la mano de su hermano mayor con fuerza y caminó pegada a él, como pretendiendo quedarse con su esencia para siempre.

-¿Cómo se te ocurrió ir, Lily? ¡Por Merlín!

Ella le miró algo cabizbaja.

-Lo sé, Al. -Confesó sorprendentemente.- Pero es que no podía dejar que fallasen, quería asegurarme de que te recuperaríamos de una vez por todas. Además, soy la que menos daño ha sufrido, por lo que me ha dicho mamá.

-Gracias  a Merlín.- suspiró aliviado Albus, volviendo a besar su coronilla.- Volvamos a casa.

Ella asintió mientras se encontraban con su tía Hermione al final del pasillo.



-Es hora de que os despidáis de James.


 


 




Desde la primera vez que se topó con el mundo mágico, se había considero una extraña en un mundo que difería enormemente del suyo, teniendo en cuenta que su pequeño pueblo no es que estuviese a la orden del día en cuanto a los avances de las ciudades muggles más revolucionarias. Había descubierto que el mundo en el que había crecido escondía otro secreto en su interior: el mágico. No era Oz ni el País de las Maravillas que se encontraba separado del mundo normal y que solo se podía entrar a través de extraordinarios portales. No, existía puerta con puerta en la actualidad de su mundo.  Pronto había descubierto, gracias sobre todo a Olivier, que aquel mundo tenía normas y reglas muy diferentes a las que ella estaba acostumbrada. Por no añadir la ostentosidad del Ojo en el que se había visto envuelta. Una de las cosas que al principio le había llamado más la atención eran las imágenes y los cuadros que podían moverse, y que en Hogwarts incluso podían desplazarse y visitarse.


En aquel momento, Imogen podía ver con claridad que el mundo mágico carecía de la tecnología que ayudaría en el mundo muggle a facilitar el trabajo en una comisaría. La habían llevado allí para un interrogatorio, pero al parecer estaban muy liados con algo que había pasado y que, obviamente, se negaban a compartir con ella.


Quizás era lo mejor para ellos, pues Octavio Onlamein le obligaba a contarle todo lo que ocurría. Así le había sonsacado que la abuela de Lola Morgan había muerto. ¿Por qué querían saber aquello? Fue entonces cuando supo que su internamiento en aquel psiquiátrico no fue casualidad. Que ellos lo quisieron así. Que ellos querían al doctor Morgan y a su sobrina. Y que, puesto que no podían arriesgarse a llamar la atención en el mundo muggle, la tenían a ella.


Afortunadamente, aquello los aurores no lo habían descubierto. No la trataban como una traidora, pero la mayoría sabía que era muggle, y por lo tanto, no merecedora de aquel mundo. Se creían que eran tolerantes, pero lo cierto es que tan solo lo eran en la distancia.


Como nadie le daba conversación y tan solo estaba sentada en una silla de madera en una esquina de aquel pasillo interminable sacado de los años 50, pudo observar el ambiente y a todos los aurores que por allí pasaban. Ninguno tenía teléfono móvil. Aquella observación parecía evidente, pero es que ninguno de los magos tenía un móvil. Claro, para ellos era inútil, pues con un hechizo podían transmitir a la distancia que les placiese cualquier mensaje.  Tampoco tenían electricidad, las luces se encendían por arte de magia. Y aquello era un misterio que Imogen aún no había resuelto.


A veces sí que había tecnología en aquel mundo, pero no exactamente un calco de la de los muggles. Tenían tecnología que no funcionaba en el mundo mágico, por ejemplo: la cobertura, Internet o los datos de Internet en el móvil que le había proporcionado el doctor Morgan para comunicarse con él y con su sobrina nieta. Pensó en ponerse en contacto con él, para avisarle de que había ido con sus amigos magos -no sabía que en realidad el gobierno le había parcialmente secuestrado por ser peligrosa para ellos. Pero resultó que era como estar en un mundo en el que no había conexiones inalámbricas. Y así era, aunque había escuchado que las estaban intentando habilitar para facilitar el almacenamiento de información. O quizás ya lo habían hecho y era confidencial.


Imogen se había dado cuenta de que la magia en aquel mundo era un poder que los magos y las brujas eran capaces de controlar gracias a una habilidad innata. Cuando lo hacían, el hechizo estaba acompañado de luces, destellos y sonidos y lo hacía un momento espectacular. Según  le había explicado Olivier una vez, la magia era un proceso de conversión, ya que convertía la materia o la energía en otra materia o energía. En cualquier mundo, al parecer, la energía no se destruía sino que se transforma. Era alguna ley de termodinámica que había aprendido en la universidad, en caso de que el destino le hubiese dejado.  Eso explicaba por qué muchos aparatos electrónicos no funcionaban en el mundo mágico: la energía funcionaba de un modo diferente allí, por lo que si se pretendía usar un ordenador o un móvil, explotaría o se disolvería en el espacio.  Así que los únicos aparatos que tendrían una mínima oportunidad de sobrevivir a ello serían muy pequeños y con baterías pequeña, de modo que no cogiesen la interferencia mágica.  Pero, a la vez, según esas mismas leyes, los magos podían disminuir la frecuencia de la magia, pues sabían controlarla a la perfección una vez instruidos, y unir a la tecnología un componente mágica. Se crearían dispositivos óptimos. Y no solo móviles u ordenadores, sería un gran avance para la física. Sería un gran avance unir ambos mundos para una cooperación mutua.


Miró a su alrededor. Todo aquel que pasaba por allí le miraba de reojo, con escepticismo, algunos con algo de desprecio. Se sentía el elefante en la sala. Se sentía tan incómoda que tuvo la necesidad de escapar de allí, lo cual era imposible, entre varias razones porque para salir de allí tenía que ser con una persona de aquel mundo, y porque no sabía dónde estaba la salida. Sí que podía ir al baño, que un auror le había indicado amablemente dónde se encontraba.


Se levantó, aprovechando que no tenía ninguna mirada sobre ella que le vigilase intimidantemente en ese momento. Se dirigió hacia la derecha. Las puertas eran de madera suave y el interior del baño parecía estar sacado de una película de época. El espejo era majestuoso, con remates rococós y volutas en las lámparas que iluminaban la estancia.  Se miró en el espejo. Era más menuda de lo que recordaba. Su cabello rubio platino estaba perfectamente peinado y alisado hacia un lado de su rostro, enmarcando sus delicados rasgos suavemente. Sus ojos azules eran tan neutros que podía deberse al tiempo que había pasado en el psiquiátrico mirando a la nada y recordando todos los detalles de su vida. Su mirada parecía tener arrugas.


No se inmutó cuándo vio una sombra alargada tras ella. Es más, se lo estaba esperando. Había pasado demasiado tiempo desde que algún miembro del Ojo le hacía una visita para avisarle de que por mucho que se creyese libre, de algún modo siempre le pertenecería a ellos. Siempre sería su prisionera. Era una tortura psicológica de la que jamás podría escapar. Sobre todo, cuando el que venía a verla era el vivo reflejo de Olivier.


Le costaba pensar en el nombre del gemelo del que había sido su ángel de la guarda, como era la creencia en su pueblo natal. Octavio. Su nombre se debía probablemente al primer emperador romano de la historia, conocido por su tenacidad y su autoridad irrefutable. Quizás no habían aspirado tan alto al bautizarlo con aquel nombre. Claro estaba que aquel Octavio era mucho más cruel. Además, su aspecto era perturbador para Imogen, pues al principio siempre vería en sus rasgos a la persona que había amado y no al monstro que realmente estaba detrás de ella, sonriendo socarronamente. Tenía que admitir que su belleza era incuestionable, y que, si no fuese porque lo conocía y sabía de las barbaridades que era capaz de hacer, caería rendida ante él como si se tratase de un dios griego. En cambio, su fama de temible asesino le precedía. Y estaba temblando sin querer debido al temor que suponía volver a estar encerrada en una de sus tétricas prisiones.


-Has mejorado desde la última vez que nos vimos.- comentó, en voz baja. A Imogen le llamó la atención cómo había podido entrar en el Departamento de Seguridad Mágica, que era, seguramente uno de los lugares más seguros. Octavio rio brevemente. Se le había olvidado que aquel hombre leía los pensamientos descaradamente.- Soy un auror de Dinamarca, aunque no lo creas. Tenemos carta blanca en los Departamentos de Seguridad Mágica de todos los países. Sí, los magos son tan ineptos…- Se acercó a ella y la olió.- Hasta te han abierto las puertas a ti.- Lo dijo con desprecio, ya había aprendido que para la mayoría de los magos, los muggles eran criaturas inferiores que no merecían su tiempo.


Imogen tragó saliva. Carraspeó y miró hacia sus ojos a través del espejo, con todo el coraje que logró reunir de su interior.


-¿Qué quieres esta vez?- preguntó, con un deje de cansancio que no pudo evitar. No era que estuviese en el culmen de la felicidad en aquel momento, pero había logrado una estabilidad que le hacía creer que por fin había vuelto a la normalidad, aunque aquello implicase vivir con su antiguo psiquiatra y su sobrina nieta adolescente mientras estaba siendo vigilada constantemente por el Ministerio Mágico del que no podía nombrar su existencia a las personas de mayor confianza.


-Asegurarme de que estás viva.- dijo con calma.- Mis superiores te quieren sana y salva por ahora. Mi hermano tenía razón… Eres una muggle asquerosa, pero especial. No habrá muerto en vano.- La joven se estremeció.


-¿Qué significa eso? ¿Me vais a dejar ya en paz?- le respondió una mirada clara y concisa. No la iban a dejar en paz, simplemente iban a darle algo de libertad por alguna razón que se le escapaba. - ¿Para qué me quieren viva?


-Me temo que eso es una sorpresa que ni yo mismo sé… ¡Así que imagínate si debes ser importante!... Maldita sea.- gruñó, no conforme con las órdenes de sus superiores.


-¿Has venido para avisarme, pues?


-Y para decirte que a quién le cuentes todo lo que estés dispuesta a contarles en el interrogatorio estará en peligro. Depende de la información que le cuentes, tendrá la soga alrededor del cuello… Esperemos que sea un auror conocido y así nos lo quitamos de en medio, ¿no te parece? Hay tantos estorbos… Por lo tanto, es un aviso.


-Sigo sin creer que esa sea la razón por la que vienes. ¿Es para torturarme con tu presencia? Lees los pensamientos… Ese truco ya no te funcionará más.- sentenció.


Al darse la vuelta para encarar a Octavio, este ya había desparecido. Perfecto. Suspiró.


Se le habían pasado las ganas de ir al baño. Volvió rápidamente hacia dónde se encontraba el banco en el que antes estaba sentada. Había un hombre allí sentado. Conforme se fue acercando se dio cuenta de que aquel hombre, que no era auror porque no vestía de negro, era más joven de lo que creía.  Llevaba una chupa de cuero marrón y tenía un pelo muy voluminoso de color negro azabache, que se mezclaba con su predominante barba. Estaba sentado mirando hacia el suelo, con desgana, y cuando miró hacia ella pudo ver unos ojos marrones rasgados y una media sonrisa triste. Parecía un joven adulto que no estaba pasando por su mejor momento. Imogen sabía quién era porque lo había visto antes: Ted Lupin.


-Buenos días, Imogen.- le dijo.- Siento la espera… Me han llamado a mí porque no hay aurores disponibles para ti.- Se levantó y le indicó con la mano la puerta que se encontraba justo en frente de ellos. Antes de entrar recordó las palabras de Octavio: que a quién le cuentes todo lo que estés dispuesta a contarles en el interrogatorio estará en peligro. No le apetecía que aquella persona fuese en especial aquel joven que una vez le salvó la vida. Entró detrás de él y se topó con una sala pequeña y con tan solo una mesa de madera comida por las polillas y dos sillas en las mismas condiciones.- En realidad, ninguno de los demás aurores se veía dispuesto a interrogar a una muggle que estuvo dentro del Clan del Ojo… O simplemente a una muggle. -frunció el entrecejo mientras leía por encima unas hojas de papel escritas que tenía en la mano. - En fin.


-Me dijeron que me iban a adjudicar a ti.


Ted Lupin la miró como si estuviese descifrando el significado de aquella frase. Acto seguido, asintió aun sin parecer haberse aclarado un par de dudas que le rondaban. Se sentó y suspiró, como si aquello fuese una tarea que le habían mandado para distraerle de algo peor. Imogen sintió curiosidad, seguro que era por lo que todos los aurores parecían tan nerviosos.


-No sé qué esperan que me cuentes exactamente si ya se lo habrás contado todo a ellos.- dijo con cansancio.- Pero bueno, Harry querrá mantenerme ocupado… A todo esto, dijiste que los Morgan habían conocido a Ivonne, ¿cómo lo sabes? El auror que te interrogó me dijo que no lo explicaste muy bien.- añadió mirándola atentamente. Él no era como los demás, que la interrogaban inquisitivamente como si fuese un peligro que acechaba su valioso mundo secreto. Había escuchado que era profesor, quizás eso era una técnica.


-Sí, bueno, en realidad… Fue la sobrina nieta del doctor Morgan, quien me está acogiendo. Supongo que ya lo sabe. No hablo mucho con ella por razones que no tienen importancia…- Claramente era porque Lola no solía dirigirle la palabra, o si lo hacía, era con desprecio. Y si estaba de buen humor era porque venía algo bebida o drogada. - Una vez me dijo que no pudo ir al funeral de su abuela porque en no reconoció su nombre. Es decir, la niña creía que el nombre de su abuela era uno, pero en realidad constaba en el registro de defunción como Ivonne Donovan y jamás le explicaron por qué.


Ted Lupin se atragantó con su propia saliva. ¿No estaría acostumbrado a revelaciones de aquel tipo? Era información que estaba preparada para decir y que no tenía que ver con el Ojo, ¿no? Es decir, que Lupin supiese aquello no lo ponía en peligro.  Era algo que podía saber perfectamente al revisar el censo muggle. Al menos eso pensaba Imogen.


-¿Estás diciendo que, según la nieta de Morgan, Ivonne Donovan ha muerto? ¿Qué demonios? Bueno, puede ser que sea otra Ivonne Donovan… ¿Sabes quién es Ivonne? Y no me refiero a su identidad, sino a su… Aura de misterio.- hizo un movimiento algo extraño con las manos para simular un aura de misterio sin mucho éxito. Imogen se encogió de hombros. Como él había dicho podía tratarse de otra Ivonne. Pero recordó algo que había hecho que pensase que era esa Ivonne.


-También me dijo que cuando se encontró a su abuela muerta, escuchó algo en la planta de arriba… Y vio desparecer a alguien en el aire. A una figura. Nadie la creyó y todos pensaban que había sido por el estrés postraumático… Si fue un mago quién la mató, pudo haber sido Ivonne.


Lupin carraspeó.


-Puede ser… Sí, pero no creo que fuera así de fácil. Además, ¿quién le dijo a esa niña que su abuela se llamaba Ivonne Donovan? ¿Y cuándo fue eso?


-La abuela fue asesinada o murió de un ataque al corazón, me han dicho que muchos ataques al corazón de personas importantes en la historia en realidad fueron un Avada Kedavra… A mediados de junio del año pasado, un par de días antes de que acabase el curso escolar en Hogwarts. - Lupin dio un respingo.- Me he enterado de que por aquel entonces un familiar suyo también fue asesinado en Hogwarts.- Esperó a que Lupin siguiese procesando aquella información. - Y la persona que se lo digo… Me dijo que se lo contó una anciana que estaba en el mostrador del tanatorio cuando fue a buscar dónde era el funeral de su abuela. Una tal Charlotte Breedlove que, al parecer, había sido la amante de su abuela de joven…


Lupin abrió los ojos como platos. Como si hubiese dicho algo impensable. Imogen se calló. Pensó que quizás Lupin se había sorprendido porque Ivonne Donovan estaba muerta y que había tenido familia muggle. En cambio, Ted estaba asimilando el hecho de que la mujer que visitaba a la madre de su hijo estaba más metida en aquel laberinto de problemas de lo que creía.






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