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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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(III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)

Oía algo parecido a un burbujeo. Parecía como proveniente de un tubo. Como si estuviese buceando y su oxígeno se escapase por las bombonas de aire. Sintió un escalofrío. Estaba helada. Podría decir que estaba temblando, pero lo cierto era que no sentía ningún ápice de su mente. Le costaba abrir los ojos. ¿Estaba drogada? ¿Era esa la sensación? También podía notar cómo sus músculos estaban agarrotados y estaba aprisionada en su propio cuerpo. De pronto, la angustia la embriagó y sintió la necesidad de correr.

Entornó los ojos y un fogonazo de luz blanca la cegó por completó.

Se oyó así misma murmurar.

¿Dónde demonios estaba?

Quizás esa era la pregunta correcta.

No podía decir si estaba tumbada, de pie o a saber cómo. Oía susurros, que se fueron haciendo más audibles a medida que su cuerpo parecía volver en sí. Un hormigueo recorrió todo su cuerpo. Estaba despertando. Y, al parecer, los dueños de los susurros lo habían previsto porque los oyó cada vez más cerca. A un ritmo desacelerado.

-Sie wachte auf…Haben Sie ihn genug Morphium gegeben?Sie sollten nicht wach sein! Keine Ergebnisse wird erfolgreich  sein!- era una lengua áspera. Y el corazón de la muchacha se encogió. No entendía a ese hombre, pero sabía que se referían. Estaba enfadado. ¿Con ella? O con el otro portador de susurros.

Volvió a entornar los ojos, esta vez con algo más de éxito. Dónde quiera que estuviera era un lugar espantoso. No había sido que se hubiese cegado con un flash de luz, sino que todo aquel lugar era blanco. Un laboratorio. Su pulso se aceleró cuando se dio cuenta de que colgaba del techo. De que los tubos de burbujas que escuchaba eran vías que salían de todos los rincones de su cuerpo. De que los que allí se encontraban eran científicos.

O no.

Reconoció la mirada sagaz de uno. Devman Kumar. Sabía su nombre porque era entrenador y capitán de Hufflepuff. La miraba con fastidio. Como si el hecho de haber despertado no estuviese en sus planes. Sintió su cara enfriarse cuando se acercó a ella con aspecto amenazador.

El hombre que se encontraba a su lado, el que había hablado, tenía un aspecto demacrado y unos ojos con un brillo extraño de placer oscuro. 

Respiró con fuerza. Las burbujas aumentaron. Miró a sendos lados.

Estaba rodeada de una decena de personas que se encontraban colgadas del techo como ella. Con vías que se interconectaban. No podía deducir cuales eran las personas vivas y cuáles eran las muertas. Todas tenían esa palidez extrema en su piel. Todas tenían una mirada perdida y sin vida.

Incluso la muchacha que se encontraba a su lado. A ella también la conocía. Por supuesto que lo hacía, pertenecía a la familia más famosa de la Inglaterra mágica. Molly Weasley. Su pelo rojizo húmedo se pegaba a su piel, su rostro estaba encogido y sus labios temblaban. Sus pestañas dejaron paso a sus ojos poco a poco. Se estaba despertando.

Kumar y su acompañante se alteraron. Se dirigieron a unas estanterías blancas a toda prisa, buscando algo que seguramente las volviese a dormir.

Escuchó las burbujas de Weasley aumentar como lo habían hecho las suyas cuando despertó.

Cruzaron una mirada.

-Jordan.- susurró Weasley hacia la muchacha, con un tono de voz impregnado de terror.

La joven aludida alzó las cejas con sorpresa. Hasta ese momento había creído que aquello era una visión de las que creía tener. Hacía tiempo que las tenía. Tenía visiones sobre que la secuestraban por la noche. Que le hacían pruebas. Pero nunca se dirigían hacia ella. Y Molly Weasley lo había hecho. La prima de sus mejores amigos que casi a menudo estaba internada en enfermería.

Fue entonces cuando se dio cuenta de que quizás aquello no era una visión. Era la realidad. Estaba drogada, no eran alucinaciones. La habían dormido. Por Merlín, quiénes eran esas personas y que les estaban haciendo.

Devman Kumar se acercó a la pelirroja y le inyectó algo en el cuello. La joven Gryffindor palideció y su cuerpo se encogió con una postura extraña. Al momento, le siguieron las convulsiones.

El otro hombre se acercó a la joven que miraba aquel momento expectante. Asustada. Aterrorizada. La sangre de su cuerpo ardía. Tenía una necesidad extrema por salir de allí. Se sacudió en el aire. Y gritó desconsoladamente. Oyó todas las burbujas de los demás cuerpos aumentarse. Sintió como cientos de agujas se clavaban en su cuerpo. Pero ella seguía gritando. Las agujas querían inmovilizarla. Era una Maldición que procedía de la varita que empuñaba el presunto científico. Se encogió sobre sí misma, gritando y llorando a la vez. A ella se le sumaron los gritos de aquella decena de cuerpos que habían sido despertados. Algunos aullaban. Rugían. Incluso había una voz que parecía lanzar encantamientos en susurros.

Sintió como le inyectaban algo en la nuca.

Y todo el caos que se había formado desapareció en un segundo.

Al principio, oía los restos de aquellos gritos de lejos. Pero después se fueron callando hasta toparse con un silencio ensordecedor.

Duró horas.

Ella seguía despierta encerrada en su propio cuerpo. No recibía ningún estímulo exterior. Volvía a estar drogada, o quizás peor. ¿La habían matado? Y si no, ¿debía acusar a Devman Kumar de algo? ¿De qué exactamente? ¿La apoyaría Weasley?

Sus pensamientos la enturbiaron durante horas. O quizás años. Se sintió una eternidad. Vagó desde dónde estaría en aquel momento, hasta teorías sobre quiénes eran aquellos. ¿El Clan del Ojo? ¿Y estaba experimentando con alumnos de Hogwarts? Recordó los rostros de sus compañeros de sufrimiento. No conocía a ninguno. Es más, algunos rozaban los cuarenta y otros tenían el cuerpo cubierto de arrugas.

De pronto, escuchó un pitido. 

Era continuo. Una constante. Ojalá hubiese aprendido algo de física cuántica, como decía su madre que se hacía en los colegios muggles.

Supo, en un momento que pudo haber sido cien años después de su último despertar, que podía abrir los ojos. Un olor familiar y acogedor le embriagó. Sintió ganas de llorar. Aun pensando que aquello que había vivido era una visión. Tenía que serlo.

Entornó un ojo con cuidado. Una tenue luz de atardecer la calmó. Reconoció los ventanales de la enfermería. Y abrió los ojos del todo con cuidado.

Suspiró.

Había sido una visión. Tenía que serlo. Se había asustado demasiado. No quería que fuese real.

Rose Weasley estaba a su lado. ¿Rose? ¿Qué hacía ella allí? ¿No debían estar James y Fred como siempre?

Su ceño fruncido pareció ser comprendido por la pelirroja.

-¿Qué… Qué ha pasado?- preguntó Susan Jordan, nerviosa por la respuesta.

Rose Weasley frunció los labios.

-Te encontró un prefecto de Hufflepuff desmayada en un pasillo.- respondió con preocupación.

Sue sintió un escalofrío. No pudo evitar recordar que Devman Kumar era un prefecto de Hufflepuff. Tuvo que asentir para no preocupar a la joven. Realmente podría tratarse de una mera casualidad. ¿Qué era lo último que recordaba haber hecho? Además de despertar en una pesadilla. Tenía que buscar a James y a Fred. Ambos tenían que buscar polvos flú. Iban a rescatar a Albus. Todos.

-¿Cuánto tiempo llevo aquí?- aunque para ella habían sido diez años, quizás eran solo unos días y ya habían rescatado al joven Potter.

La joven Weasley pareció extrañarse de aquella pregunta.

-Acaban de avisarme. Llegarías hace unos minutos… -sintió una tos en la camilla de su izquierda.

Molly Weasley. Molly Weasley también estaba en la enfermería. ¿De verdad era una casualidad? Su pulso se aceleró.

-¿Jordan?- preguntó entornando los ojos y familiarizándose con el lugar.- ¿Tú también?

Susan no sabía qué responder. ¿Ella también qué? ¿También había sido fruto de una alucinación peligrosa? ¿Daban droga en Hogwarts? Por Merlín, ¿estaba en peligro su vida?

Rose cogió el brazo de Susan.

-Me voy ya.- dijo algo impaciente.- Deberías descansar, Sue. Tus entrenamientos son muy duros y puede que no hayas comido demasiado.

No, no era cierto.

-De acuerdo.

Rose Weasley suspiró. Pobre muchacha. Su primo Fred le había dicho que la atase a la camilla si oponía resistencia, pero le pareció tan frágil y perdida que debería haberle ofrecido un paseo para que le diese el aire. A ella también le ocurría aquello a veces. Pero no se lo decía a nadie porque era demasiado fuerte, tal vez. O porque cuando se mareaba por comer poco -estaba secretamente a dieta-, afortunadamente nunca había nadie cerca.

Despejó aquellos pensamientos.

Tenía que buscar a Scorpius Malfoy y a Peter Greenwood.

Habían tenido suerte al robar polvos flú con la esperanza de no tener que aparecerse a la vuelta y tener el mismo problema que tuvieron el año anterior. Rose era amiga de algunos elfos de las cocinas y Scorpius Malfoy y James Potter habían podido hacerse con algunos. Solo algunos, mientras eran distraídos. Eran solo para cuatro personas. Realmente con la cantidad que habían cogido podría ser para toda la Madriguera, pero como era una distancia larga, querían asegurarse.

Tenían un buen plan.

Gracias a que el año anterior fueron, Scorpius Malfoy podía recordar el sitio. No a la perfección, pero les bastaba. Además, habían pedido ayuda a Hugo. Rose había intuido que su hermano estaba buscando medios para hacer volver a Albus. Con Hugo descubrieron algo que les hizo sentirse más seguros: utilizar los polvos flú sin necesidad de chimenea. Hugo Weasley habría sido de gran ayuda el año anterior. Les instruyó en el arte primigenio de aquella sustancia mágica: el viajar para aquellos que no podían aparecerse. Por lo visto, para controlar aquello (ya que se suponía que había que tener licencia para aparecerse y para tener trasladador), lo sometieron a la Red Flu bajo un encantamiento. Los libros, finalmente, habían dado sus frutos. Hugo Weasley les había preparado a todos polvos flú ilegales.

Rose se sintió estúpida en su momento por no poder aparecerse como Brooks o Malfoy para tener que depender de los polvos flú y su ilegalidad creada por la eminencia de su hermano. Hugo dijo que quizás era la presión, pero sabía que en realidad era porque ella no era tan buena como todo el mundo esperaba. De Scorpius Malfoy se lo habría imaginado. Y, por supuesto, también de Brooks.

James y Fred habían ido a por polvos flú a las cocinas. Querían polvos flú de sobra. Al principio, iban a ir simplemente Scorpius Malfoy, Fred Weasley y James Potter. Peter Greenwood había pedido quedarse para avisar a los aurores en caso de alarma -lo cual causó burla por parte de Rose Weasley que, en vista de la peligrosidad de la misión, no fue secundada. Volverían a utilizar el método Patronus- dragón de Scorpius Malfoy. Habían decidido, días después, que Rose Weasley y Susan Jordan también eran necesarias. Aunque Susan no acudiría a su cometido. A Hugo no se lo permitió Rose. Y Cornelia Brooks se negaba a ir, por alguna razón que a Rose le parecía sospechosa. O quizás razonable.

La unión estaba haciendo la fuerza.

Pero también la inteligencia.

Seguían con un Plan B arriesgado. Que implicaba castigos y riñas de por medio.  El mismo que el año anterior. No eran tan poderosos como pensaban, eso lo daban por sentado. Necesitaban apoyo superior. Por eso, Peter Greenwood era el encargado de comunicar a Neville Longbotton que sus amigos habían ido a rescatar a Albus. Tendrían apoyo de aurores, y, por fin, el Departamento de Seguridad Mágica haría algo útil para rescatar al joven Potter.

 Hugo Weasley les había dicho la razón por la que aún no habían actuado en el Palacio de Hielo, al que ya habían ido varios aurores y que podían volver: necesitaban algo sospechoso para entrar. Es decir, no podían entrar allí sin motivo alguno porque era delito de allanamiento de modarada en virtud de la inviolabilidad de domicilio en territorio extranjero, según el Código de Justicia Mágica. Y, además, el lugar estaba vetado -según creía Hugo- a los magos exteriores, que en la mayoría de los encantamientos políticos de aquel tipo, tan solo incluía a los magos que podían hacer magia fuera de un territorio protegido. Aquello significaba que, en aquel momento, los menores de diecisiete años no tenían tan difícil la entrada.

Bien podría ser una trampa, eso también les advirtió Hugo Weasley. Y Brooks en su momento. E incluso Scorpius Malfoy titubeó a última hora. ¿Por qué era que los tres cerebros más privilegiados eran los más reticentes en esa operación de rescate? Aquello no era buena señal, desde luego.  

Rose Weasley se había reunido con Scorpius Malfoy en el puente cubierto de madera.

No estaba solo.

Alice Longbotton estaba con él, con una mirada sagaz y, por primera vez en mucho tiempo, valiente.

-¿Qué hace ella aquí? ¡No sabe el plan!

Scorpius Malfoy miró a Rose con el mismo fastidio.

-¿Y tú no podías dejarte a tu prima atrás?

-¿Qué?- inquirió Rose sin comprender.

Miró hacia dónde dirigía la mirada Scorpius.

Lily Potter la había seguido. La joven estaba demasiado en sus pensamientos como para haberse dado cuenta de que una sombra pelirroja se había pegado a ella. Lily los miraba con rencor y odio.

-¿Qué plan?- quiso saber mirando al trío fijamente.

-Es peligroso, Lily.- dijo rápidamente Scorpius.- Haz el favor de volver al castillo.

-¿En serio?- dijo incrédula la joven.- ¡No es justo!

-¡Lily, por favor, no tenemos mucho tiempo!- le vociferó Rose.

La joven le miró con cierto odio.

-¿Y ella por qué va?- preguntó señalando a Alice Longbotton. Rose también deseó una respuesta para aquello. Ambas miraron inquisitivamente a Scorpius.- No creo que ella sea la adecuada para rescatar a Albus.

Alice bajó la mirada avergonzada. Se armó de valor y les plantó cara.

-Soy más útil de lo que pensáis. Y tengo tantas ganas de salvar a Albus como vosotras.- sentenció con autoridad.

Scorpius suspiró.

-Solo hay polvos flú para tres. Lily, por favor, vete.

-¡Oh, vamos, el que faltaba!- espetó Rose con desprecio.

Desde el otro lado del puente, podían ver a una figura elegante y alargada. Frank McOrez los estaba observando con una sonrisa traviesa en su rostro. Scorpius se tensó de repente. Rose se adelantó a plantarle cara. Alice y Lily compartieron un sentimiento de temor.

Rose se acercó al muchacho que le sacaba varias cabezas. Miró hacia atrás para encontrarse con el apoyo de Malfoy y de las otras dos jóvenes que le habían seguido hacia el extremo del puente que daba  a la linde del bosque.

-¿Queréis más polvos flú ilegales? Yo tengo.- comentó desvergonzadamente. - Sé que es de mala educación entrometerse en las conversaciones ajenas… Pero la vuestra era verdaderamente interesante.

-No queremos polvos flú de ti, McOrez.- espetó Rose, haciendo uso de su verdadero apellido.- Márchate antes de que te arrepientas.- amenazó con seguridad. Malfoy le tomó del antebrazo para calmarla.

-Vámonos.- susurró Malfoy.

-Yo os puedo llevar a casa del bastardo - les ofreció enigmáticamente.

Scorpius cogió a Alice del brazo. Miró a Lily con autoridad señalándole con los ojos el castillo. Se palpó la túnica para sacar la varita.

-Vámonos.- volvió a susurrar.

Rose tensó los músculos, preparada para correr. Alice se dio cuenta en ese momento del improvisado plan de Malfoy.

-Lo cierto es que sé hasta en qué habitación se encuentra vuestro querido amigo…

-Petrificus Totalus- convocó Malfoy hacia McOrez. Los cuatro se quedaron un segundo parados. Frank McOrez solo pudo mover sus ojos, con los que les miró de forma asesina. Alice se quedó petrificada en el sitio. Rose tuvo que cogerla de la mano para separarse de aquel lugar.

Los tres que debían partir en busca de Albus huyeron rápidamente de aquel lugar. Los aurores que vigilaban el castillo no tardarían en llegar. Rose dirigió la marcha por el bosque intentando encontrar un claro en el que pensar con claridad hacia donde iban a ir para no confundirse con el destino que marcaban los polvos flú.

Lily se había quedado rezagada. En frente de McOrez, no había polvos flú para ella. Y no era estúpida, no iba a estropear el plan de los amigos de su hermano por un sentimiento egoísta. Se había quedado mirando fijamente a Frank McOrez quien parecía tener ganas de matarla. ¿Tendría de verdad polvos flú «ilegales»? Había hecho cantar a Hugo y le había confesado que eran los únicos con los que podía ir  al lugar:l Palacio de Hielo de Loring. Habían cambiado a su hermano de sitio desde la última vez que lo vio. Si Frank McOrez tenía polvos flú allí, podía quitárselos. A ella no le harían daño. Era Frank McOrez el que estaba destinado a matarla después de todo. Y estaba petrificado en aquel momento.

Con cautela, Lily se acercó a Frank McOrez. Cuando vio que el joven no podía hacer ni un gesto y que la vigilaba paso a paso solo con sus ojos; comenzó a registrarle. En primer lugar, miró en el bolsillo de la capa. En el otro. Descubrió que tenía una varita. La cogió sorprendida. ¿Había dado por vencida la varita que ella misma tenía escondida en su capa? La tiró lejos de su vista. Buscó, con algo de rubor en sus mejillas, los polvos flú en sus pantalones. Encontró una bolsa turquesa de terciopelo. La abrió con sumo cuidado.

Polvos Flú.

Sintió un golpe duro en su nariz que la echó para atrás y que tiró en el movimiento varios polvos al suelo. Frank podía volver a moverse. Se horrorizó y corrió colina abajo. Frank la persiguió. La agarró por la espalda y la tiró al suelo. Frank cayó de bruces encima de ella. Lily fue rápida y tiró los polvos flú al suelo.

Antes de formular Palacio de Hielo de Loring, observó cómo un séquito de aurores se había formado entorno a ellos.

Demasiado tarde.

Un frío helador  azotó su cuerpo. Se encontraba rodeada de gélida nieve. Frank había aparecido unos pocos metros a su lado. Notó cómo sangre le brotaba de la nariz. Examinó el lugar. Era un jardín de hielo. Tétrico. Escalofriante. Tembló. De frío y de miedo.

Miró hacia atrás.

Un gigante palacio de hielo se imponía ante ella.



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