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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 21: Per aspera
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(III) Capítulo 21: Per aspera

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)

Se había cortado con la cuchilla de afeitar. No solía hacerlo. Pero estaba algo alterado. Confiaba plenamente en Harry Potter. Había descubierto que no era el increíble e indestructible mago que todos decían. Era una persona normal. Sí, contaba con hazañas increíbles, todas ciertas. Pero su día a día era tan similar al suyo que debía sentirse abrumado por la rutina. Y, ¿confiaba el mago más influyente de Inglaterra en él? Estaba empezando a dudar de ello.

Entró en su despacho. El hombre de ojos esmeralda no se percató del corte de su barbilla, porque no era una persona observadora. De hecho, no lo encontraba inteligente, sino valiente. Había una gran diferencia entre ambos calificativos. Había acudido a su llamada, porque parecía importante y porque, además de su dependencia hacia Lebouf, cuya presencia escaseaba desde la amenaza del Ministro, y hacia él mismo, el extravagante Ed Whitehall,  era conocida en el Departamento.

Le miró con ojos nerviosos. Últimamente lo hacía muy a menudo. Suponía que era algo normal cuando su hijo había secuestrado por unos terroristas que atentaban contra la seguridad global. Debían de estar todos cagados hasta las trancas. Pero hacían ver que no estaba pasando nada en absoluto. Porque, ¿qué era exactamente lo que sabían de lo que estaba pasando? Nada en absoluto. Rio para sus entrañas mientras se saludaban cordialmente.

-¿Puedo antes preguntarte algo, Potter?- preguntó, sentándose cómodamente en el sillón que ya era prácticamente suyo.

-Dispara.- Ed Whitehall obvió la expresión anticuada del británico.

El auror americano arrugó su frente.

-He estado vigilando la casa de Cayo McOrez. Está en un distrito muggle londinense alejado de las cámaras de seguridad, pero en una calle que hace esquina hay una cafetería con una cámara. La verdad es que no se ve una puta mierda, pero con un informático mago que me he traído de Washington hemos podido hacer maravillas y tener plena visión de lo que ocurre en su portal. Es curioso, ¿sabes? Porque parece que todos los visitantes entran con polvos flú. Pero hemos encontrado algo bastante… Interesante. ¿Tiene algo que ocultarme de los McOrez? ¿Alguien que conozca que, bueno, los conozca?

Soltó un suspiro. Miró a Harry. Seguramente sabía a quién se refería.

-Pensé que no era importante.

Ed Whitehall procuró moderar su expresión.

-Bueno, podría habérmelo dicho.

-Pansy Parkinson puede casarse con quien quiera. Sí, la conocíamos de Hogwarts, pero eligió el camino opuesto a Draco y… Bueno, no podemos acusarla como tampoco podemos acusar a su marido. Es cierto que muy poca gente conoce que ella es la esposa prácticamente oculta de Cayo McOrez, pero igual es mejor así.

Hablaba con pura sinceridad y se le notaba en los ojos. Quizás Ed no debía contárselo. Quizás no era el momento. Por ahora, Harry Potter no sabría que Ginevra visitaba a los McOrez. Y él no se haría cargo de ir extendiendo el rumor. Se lo guardaría.

-De acuerdo, sí, tiene sentido. Aun así seguiré vigilando esa casa… Una nunca sabe lo que puede encontrarse.- carraspeó y se estiró.- ¿Para qué me querías?

Harry Potter seguía nervioso. Estaba de pie, y rara vez ocurría aquello en una reunión con él. Se acercó a él y le incitó a levantarse. Acto seguido se dirigió a la puerta de su despacho.

-Vamos. -Ed tardó en reaccionar y seguir los pasos del jefe del Departamento.- ¿Te acuerdas de la carta que interceptamos? La que iba para mi hijo.

-La de Lola Morgan. Sí, era interesante, la verdad.- Harry le miró con reproche.- ¿Qué? La autora es una adolescente que bebe alcohol y se droga, ¿esperas que la crea al cien por cien?

El hombre pareció algo ofendido. Ed bufó. Había miles de casos así en Estados Unidos: niños que creían en la magia y que decían haber visto hechizos. Resultaban ser falsas alarmas la inmensa mayoría. Era algo común en la adolescencia creer en lo imposible. Dejarse llevar por la ilusión de que uno puede volar. A él le había pasado. Su tío le ocultó el mundo mágico para protegerle. Pero la carta de la Academia Mágica fue inevitable.

-Hay más pruebas, hemos estado investigando, Whitehall.- dijo mientras se dirigía a la sala de interrogaciones, anticuada y sacada de aparentemente principios del siglo XX.- El doctor Morgan es un médico impoluto, pero uno de sus antiguos alumnos, el doctor Finn Reagan, ha declarado que desde que trató a la paciente Imogen Smith, su comportamiento ha cambiado mucho. La sacó del centro clínico cuando solo ocurre en casos de evacuación. Eso es importante. Y también el hecho de que no hemos encontrado ninguna información de Imogen Smith, solo que su supuesto hermano la trajo a principios del verano pasado… Y en cuanto a Lola, déjeme decirle que fue amiga de mi hijo durante mucho tiempo y la he tratado personalmente. Su abuela se murió hace un año o algo así por un infarto, pero en su primera declaración, la nieta confesó que vio al asesino desaparecer en el aire. Sí, puede ser que beba y que se drogue, pero sus padres murieron cuando ella era un bebé y, después de su abuela, solo tiene a un tío abuelo… así que puede perdonársele.

-Son problemas, sí, pero no son problemas que atenten contra el mundo mágico. -repitió Ed.

Harry Potter seguía andando por el pasillo.

-Cámaras de seguridad, Ed. Tú las has usado. Nosotros también. Londres está repleto de ellas. El día que el doctor Morgan sacó a su paciente del centro clínico, ¿sabes dónde lo llevó? Al andén nueve y tres cuartos. Es la misma muggle que ocultó McGonagall, según la corazonada que me ha confirmado Madame Pomfrey…. - Ed tuvo que pararse en seco. No se esperaba aquello. Harry Potter lo miró de reojo.- Creo que sí atenta con la seguridad del mundo mágico. Aparecieron en el andén justo el día del ataque a King's Cross. Sí, quizás fuese coincidencia. Pero esa muggle sabía la entrada al mundo mágico. Y se la ha enseñado a ese muggle. Y eso es un delito.

Ed asintió, cuando ambos se detuvieron ante una puerta de interrogatorio. Aun no entendía del todo por qué lo había llevado allí. Quizás tenía que atender a una cita con la justicia y no tenía tiempo para hablar con él.

-Pues habrá que borrarle la memoria.

Entonces Harry le miró con una expresión de extrañeza.

-Está aquí.

Abrió la puerta de la sala de interrogatorios.

Imogen Smith estaba allí. Supo que era ella porque era la única que desentonaba entre dos aurores de negros y ellos. Tenía la tez casi tan pálida como las paredes blancas. Y su cabello platino se confundía con su abrigo beige. Les miraba con unos ojos claros temerosos.

-Tú eres Harry Potter.

Ed Whitehall supuso que todos los presentes sintieron un escalofrío. O quizás un sudor frío. Era una muggle que conocía el mundo mágico. Una muggle sin registro. Una completa desconocida que incluso se había colado en Hogwarts.

-Encantado.- dijo sin rastro de burla el aludido. Se sentó en frente de ella y la examinó.- Ahora dime cómo sabes eso.

Ella se encogió de hombros. Como si aquel interrogatorio fuese parte de la vida diaria. Tenía una expresión que parecía propia de una paciente de un centro psiquiátrico. Igual estaba loca. Igual era una demente y se estaba quedando con todos ellos.

-Me hablaron de ti.

-¿Quiénes?- preguntó Ed, casi al instante.

-Les llamáis el Clan del Ojo.

Ed Whitehall soltó una risa sarcástica.

-Claro que fueron ellos.- se acercó a ella, la que miraba intensamente a Harry Potter.- Dime, rubia, ¿cómo demonios los conoces? ¡No los conocemos ni nosotros, joder!

Volvió a encogerse de hombros.

-Me secuestraron y me tuvieron encerrada años… Olivier Onlamein me ayudó a escapar cuando rescataron ustedes a Victoire Weasley. Me llevó a Hogwarts, pero eso ya lo sabéis. Hasta que el hijo de McOrez me llevó a un centro psiquiátrico. Me hechizó para decir la verdad, así que irremediablemente me tomaron por loca. Tuve que demostrarle que la magia existía para poder salir de allí. Y aquí estoy.- suspiró, cansada, como si hubiese dicho aquel discurso cientos de veces.

-¿Sabes por qué estás aquí?- preguntó Harry Potter, con cierto escepticismo.

-Sé que es un delito descubrir la magia, y más aún mostrarla…

-¡Puedes estar inventándotelo todo!- exclamó exasperado Ed, sin creerse una palabra de aquella joven. No podían haber dejado entrar a una muggle en Hogwarts. - ¿Cómo lograste entrar? ¿Cómo?

-Minerva lo sabe. Pueden preguntárselo. Y a Madame Pomfrey.

-Minerva está muerta, señorita Smith.- sentenció bruscamente Ed Whitehall.

Por primera vez, la joven cambió su expresión y bajó la cabeza tristemente.

-Madame Pomfrey puede decir que estuve allí. Y Rose Weasley. Y la novia de Ted Lupin también. Y Ted Lupin. Me han visto. Me han visto prisionera.

-Es usted un peligro para el mundo mágico.- dijo Harry Potter seriamente.

-¿Por qué?- preguntó inocentemente Imogen Smith.

-Porque le ha mostrado a un muggle el mundo mágico, y los muggles son envidiosos. Se lo habrá dicho a alguien. También se lo ha contado a su sobrina nieta. Y ella lo está diciendo. Y está viva, que es lo más importante. Lo que significa que ellos le quieren viva. Y eso es peligroso. Para todos nosotros.

-También está usted poniendo el mundo mágico en peligro secuestrándome, el doctor Morgan vendrá a por mí. Sabe cómo entrar en el mundo mágico. Sabe muchísimas cosas que todos vosotros desconocéis…

-Cuéntanoslas, joven.- dijo con autoridad Ed Whitehall.- Puedes empezar diciéndonos si sabes algo de Ivonne.

Dio un respingo.

-¿Por qué?

Estaba asustada. Ed Whitehall podía oler su miedo.

-Digamos que tenemos que encontrarla para salvar vidas importantes.- le contestó Potter.- Así que, sí, demuéstrenos que no está usted loca y cuéntenos que sabe de Ivonne.

-No.- negó ella, con una expresión de horror en el rostro.- Nos matará a todos.

-¿Qué sabes de ella?-insistió tenazmente Potter.

-Muy poco.- susurró.- Y no quiero saber más. Solo sé que la necesitan. Y que cuando la tengan… Cuando la tengan moriremos todos. Es peligrosa. Es mejor si nunca se encuentra. Ellos saben que se volverán dioses, y si ahora les teméis… Cuando Ivonne esté en sus manos, no tendréis posibilidades contra ellos.

Harry Potter tragó saliva lentamente. Aunque eso también lo habían dicho de Voldemort, ¿no? Suspiró y miró a aquella amenaza para la seguridad mágica. Si la dejaba allí encerrada, el doctor Morgan descubriría el mundo mágico al resto del mundo para intentar rescatarla. Y si la dejaba salir, ella lo haría.

-Colaborarás con nosotros. -sentenció Ed Whitehall.- Es la única forma que tenemos de mantenerte vigilada y que no te quejes, ¿no?

-No creo que pueda… Aún me vigilan y me obligan a contarle todo lo que sé- dijo ella.

-Mi ahijado, Ted Lupin, se encargará de ti al principio. Has dicho que lo conoces.- La joven asintió. -¿Tienes algo más que contarnos?

Murmuró algo.

-Puede… Puede que sepa algo más de Ivonne.- dijo, captando la atención de toda la sala.- Tuvo contacto con la familia Morgan. Creo que… Creo que puede estar muerta.

 

"Tengo esperanza en que eduques a nuestro hijo como una persona tolerante y amable. Quiero que sea lo que la gente vea de nosotros, no nuestro pasado. Quiero que Scorpius se sienta orgulloso de cómo su padre ha cambiado, Draco. Y tengo la esperanza de que puedes hacerlo."

Y lo había conseguido.

Draco Malfoy no podía mover nada de su cuerpo. Estaba cubierto por halo de luz verde. Estaba muerto. Su rostro estaba envuelto en esa verdina mortífera. Sabía que podía pestañear. Había perdido la capacidad de hablar. Y su corazón latía lentamente. Parecía como si en sus últimos días el proceso se ralentizase.

Había acelerado, se lo había dicho todo el mundo. Lo que al principio iba a ser un año de esperanza, se trataba ahora de horas.

Había visto a Daphne Theia. Y se había enamorado de ella.

Era igual que Astoria. Tenía unos profundos ojos marrones redondos. Unas mejillas sonrosadas. Y un cabello castaño algo rizado. Tenía incluso la nariz respingona de su mujer. Sin embargo, se desprendían rasgos afilados y la palidez de su piel era completamente Malfoy.

Y se alegraba de que fuera como Astoria. Quería que su hija heredase el carácter pasional, tolerante y sabio que había garantizado a su hijo Scorpius un futuro brillante. Sin ella, Scorpius habría sido igual que el joven Draco que medio Hogwarts repudiaba. Sin ella, su hijo jamás le habría hecho sentir un orgullo inmenso. Y sin ella, por absurdo que pareciese, no habría conocido el amor.

Amaba a Astoria. Al principio, le costaba adaptarse a su personalidad abierta, amable y hospitalaria. Parecía que aquella niña tenía una predilección por las causas perdidas. Por él. Ella le amó antes que él. Le guio por un camino que para él no existía. Se mostró cariñosa con él cuando él jamás lo había sido. Y tuvo esperanzas en él.

Aquellas palabras que ahora recordaba era una súplica de Astoria hacia él. Cuando se quedó embarazada, Astoria tuvo miedo de que su hijo fuese la diana de todo el odio hacia la familia de su marido en Hogwarts. Le hizo prometer que lo educaría de forma diferente.

No solo fue Scorpius, como Harry Potter creía, lo que hizo cambiar a Draco. Fue Astoria. La que en ese momento aguantaba las lágrimas sosteniendo a su hija en frente de él. Le miraba con infinito amor a sus ojos, sabía que era el único órgano que respondía. Se odiaba por tenerle que hacer pasar por aquello. Si hubiese sabido aquello… Hubiese sido siempre una buena persona por ella. Astoria lo hubiese merecido más que un desgraciado inútil y prejuicioso marido al que tuvo que educar. Más que un moribundo padre de sus hijos al que se le escapaba la vida en cuestión de segundos.  La amaba. Y admiraba la tenaz mujer en la que se había convertido, a pesar del desgaste que sufría por el parto y la situación que presenciaba.

Eran los últimos minutos de Draco Malfoy.

Su último momento.

Scorpius estaba allí. No quería mirarle. Y su padre sabía por qué. Sabía no quería dejarle la imagen de un hijo perdedor y débil, sino la de un hombre fuerte y con coraje que sabía que era, aunque se derrumbase ante los demás  en ese momento. Le dirigía miradas de miedo. Porque ningún joven podía tener más miedo a perder a su padre que él. Al contrario que su madre, y obviando la expresión consternada del joven, gozaba de un aspecto increíble. Figura alta y atlética y un rostro atractivo, la mezcla perfecta de los rasgos de la familia Malfoy y Greengrass. Harry le contó que estaba haciendo todo lo posible por recuperar a Albus, más que cualquier auror del Departamento. Que era un alumno destacado y que le recordaba al propio Malfoy jugando al Quidditch.

Jamás dejaría de enorgullecerse por su hijo.

Estaban solo ellos cuatro en la habitación. Y sabía que Harry y el Weasley que, muy a su pesar, le había salvado la vida durante esos días, se encontraban detrás de la puerta.

Esperando a que soltase la última bocanada de aire.

Solo ellos sabrían que había muerto como un héroe. ¿Quién se lo iba a decir al Draco Malfoy de quince años? ¿Quién le iba a decir que estaría eternamente agradecido a Harry Potter? ¿Quién le diría que acabaría siendo un padre ejemplar y educando a un Gryffindor excelente? ¿O que moriría por proteger muchos de los valores que atacaba antes?

Moriría como un héroe, evitando que su familia sucumbiese de nuevo al mal. Impidiendo que se dejasen llevar por la ambición y el poder. Dejándolos seguros en un mundo hostil lleno de buenas personas. Porque al final, las buenas personas eran las que ganaban, y no porque fuesen héroes, sino porque eran más poderosos. La luz era más acogedora. Y los momentos en los que uno se daba cuenta, eran los que más te rasgaban el alma. Los más oscuros.

Una lágrima salió de su ojo izquierdo.

Scorpius fue el primero en darse cuenta y acudió a su regazo. Se la limpió con sumo cuidado. Pudo observar sus labios fruncidos y sus ojos llorosos.

-Te vengaré, padre.- susurró.

No. Draco no quería que le vengase. Se odió por no poder decírselo. Que la venganza era nociva para el alma. Que le corrompería por dentro y cambiaría por completo. No podía dejar que su hijo se convirtiese en él.

-Scorpius, no.- murmuró Astoria. -Lucha por él.

Astoria había visto los ojos asustados de Draco seguramente, y, como siempre, hasta el último momento de su vida, le ayudaría. Astoria Greengrass. ¿Por qué no se enamoró de ella antes?

Scorpius rompió a llorar.

Draco Malfoy había cerrado los ojos.

Se apagaba el alma de otro héroe.

 



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