Historia al azar: El Misterio de los Números
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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo16: Delirium
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(III) Capítulo16: Delirium

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Molly Weasley observó que los zapatos de Derrick Collingwood, aquel muchacho de Slytherin que nunca le había caído bien, estaba lleno de barro. Y de nieve.

Frunció el entrecejo.

Se encontraba en las últimas mesas de la biblioteca. Que estaba a veinte minutos andando de la entrada de Hogwarts que daba al Bosque Prohibido, el único sitio donde podía ensuciarse los zapatos de barro. Era finales de enero. Llevaba tres o cuatro días sin nevar. Hacía un sol que había derretido toda la nieve.

Era imposible que Derrick Collingwood dejase un rastro de barro y nieve por donde pasase. En primer lugar, porque no había nieve fuera. Y, en segundo lugar, porque el barro no habría durado hasta llegar a la biblioteca, incluso si cogía un atajo.

Molly Weasley seguía mirando fijamente sus zapatos. Intrigada. ¿De dónde había salido? No tenía que ser muy lista para pensar que aquel muchacho había hecho algo ilegal como salir del castillo. ¿No sería eso imposible con la presencia de dos aurores de prestigio patrullando los pasillos? Correría un gran riesgo. Eso significaba que aquel muchacho de mirada penetrante estaba detrás de algo. Y Molly Weasley no podía dejar que se saliese con la suya. Después de todo, había sido la prefecta más correcta que Gryffindor jamás había conocido.

Le siguió.

Dejó los libros abiertos. Como si fuese a buscar otro libro y volviese en seguida. Siguió sus pasos por varios pasillos hasta que salió de la biblioteca. Tuvo que detenerse en varias ocasiones para que no oyese su rastro. Su respiración aumentaba. Sus manos comenzaron a sudar. No estaba acostumbrada a esa clase de adrenalina. Había sido un impulso.

Derrick Collingwood se detuvo ante una pared.

Y la joven Weasley supo qué era lo que iba a pasar.

Siempre había una primera vez para entrar en la Sala de los Menesteres.

Había escuchado todas las historias de su familia que se desarrollaban en aquella sala. Sin lugar a dudas, un misterio más del castillo. No tardó en seguir los pasos de Collingwood antes de que las puertas de la Sala desapareciesen. No sería capaz de invocarlas ella misma. Al entrar, cesó de respirar durante un segundo. Se escondió tras el primer armario que encontró. Solo en ese momento se planteó realmente qué estaba haciendo. ¿Siguiendo a un Slytherin? ¿Tan prejuiciosa era? Por muchas pruebas que tuviese en contra de él. ¿Estaba haciendo lo correcto? ¿Y si la descubría? ¿Qué excusa se inventaría?

Oyó un click a unos veinte metros de ella. Y de pronto, la respiración entrecortada y los pasos pesados del muchacho se desvanecieron. Solo entonces se atrevió a mirar hacia donde estaba Collingwood. Pero, como en el fondo esperaba, el Slytherin no estaba allí. El sonido procedía de una puerta gótica de madera que se encontraba en el centro.

No tardó más de cinco segundos en acercarse a ella.

Los objetos mágicos solían transmitir unas vibraciones que los artilugios no encantados no poseían. Era como un cierto cosquilleo que aseguraba que aquel objeto era especial de algún modo. Y aquella puerta que no llevaba aparentemente a ningún lado, es decir, al otro lado de la sala, si abrías y cruzabas, ofrecía aquella sensación.

Al girar el pomo, una película azul cubrió toda la puerta. Sintió un frío helador procedente del otro lado. No dudó en entrar. Sus pies cambiaron del estable suelo de mármol a un espeso barro cubierto de nieve en los rincones. Era de allí de donde venía Collingwood.

Era un pasillo oscuro con varias puertas de acero a lo largo de este. Solo al final había una puerta blanca que parecía no encajar allí. Detrás de aquella puerta solo había oscuridad. Pero acababa de cerrarse, por lo que Collingwood había entrado allí.

En ese momento reaccionó. Había salido de Hogwarts. Estaba en un lugar desconocido. Su instinto le decía que volviese por aquella puerta de madera que aún no había desparecido. Que aquello era peligroso. Sabía que era peligroso. Que seguramente era de aquellos encapuchados que se ensañaban con la mayoría de los magos. Los culpables del atentado que ella misma sufrió. Su única forma de demostrar que Derrick Collingwood formaba parte de aquello y que ella lo había descubierto. Su respiración se aceleró. ¿Estaría allí encerrado su pequeño primo Albus?

Se dirigió a las puertas blancas.

Al cruzarlas, su cuerpo despareció en las penumbras casi instantáneamente. Penetró en la negrura con las manos estiradas hacia delante. El resplandor de luz del pasillo, de unas luces cálidas y tenues, no ayudaba mucho. Sería lo mismo caminar con los ojos cerrados. Un olor muy desagradable comenzó a aparecer.

Molly escuchó un chirrido y una cosa que crujía más hacia delante. Sintió un escalofrío por su espalda. Continuó caminando a ciegas hacia delante. Sus ojos se habían adaptado un poco a la oscuridad: lo que antes era una penumbra infinita, ahora eran sombras. Seguía desorientada y avanzando sin pensar. Buscando a Collingwood para que se cumpliese justicia. Si Gwendoline Cross había matado a McGonagall, habría más cómplices dentro del castillo.

Otro crujido se escuchó en la habitación.

Molly chocó con algo.

Duro. Tenía una forma extraña. Era como si fuese tela mullida.

De pronto, se escuchó un click. La sala se iluminó con tubos fluorescentes que cegaron a Molly momentáneamente. Frotándose los ojos, se alejó del bulto con el que había tropezado y se topó con otra forma rígida. Le dio un empujón para alejarlo de sí.

La joven entornó los ojos. Ya podía ver con claridad. Se obligó a mirar la escena de horror que la rodeaba. A lo largo de lo que era una amplia habitación, había por lo menos una docena de personas suspendidas del techo. Colgadas por el cuello. Las cuerdas se enroscaban y retorcían a través de la piel hinchada cuyo color se había convertido en violeta. Los cuerpos tiesos se mecían suavemente de un lado a otro, con las lenguas rosadas colgando de los labios. Todos tenían los ojos abiertos, vidriosos y sin vida. Parecía que llevaban allí horas, debido al estado de su cuerpo.

Ahogó un grito.

Trató de no mirar a ninguno de los cadáveres. Se dirigió lentamente hacia la entrada, con la idea de salir de aquella sala con cuerpos colgantes. Como una sensación repentina, sintió que la desesperación amenazaba con hacerle perder el control. Se le hizo un nudo en el estómago.

¿Qué demonios era aquel sitio?

El hedor volvió a golpearle. Los cuerpos morados e hinchados colgaban del techo como presas de caza puestas a secar. Los ojos sin vida de los cadáveres la observaban fijamente.

Un hormigueo nauseabundo le llenó el estómago y le provocó ganas de vomitar. Cerró los ojos durante un segundo y logró calmar sus entrañas.

Una mano salida de la nada le agarró el cuello y la atrajo hacia atrás. Un susurro la dejó helada.

-Molly Weasley, te he estado esperando.

Reconocería aquella voz al igual que tenía la capacidad de reconocer todas las voces. Devman Kumar . Hufflepuff. Leal. ¿Leal? ¿Cómo podía ser leal y estar allí? Sabía que era una persona inestable y algo egoísta…Pero, ¿con ellos? No podía ser cierto.

-¿Qué haces, Kumar?- sollozó. Aún podía ver todos aquellos cuerpos mirándola.

Una afilada aguja se clavó en su nuca lentamente.

-Sabía que acabarías viniendo...- le dijo.- ¿Verdad, Collingwood? Dejamos demasiadas pruebas como para un cerebro como el tuyo se diera cuenta- comentó hacia una figura que Molly no podía ver, pero cuyos zapatos llenos de barro apreciaba desde un rincón de su ojo. Este soltó una breve carcajada.- Solo hace falta que colabores.

-¡NUNCA! ¡TENÉIS A ALBUS!

Era lo único que pudo llegar a decir.

-Sí, bueno, tenemos a mucha gente como puedes comprobar…- inquirió señalando con la mano con la que tenía la aguja los cadáveres colgantes.- Cuando lo entiendas, te darás cuenta de que todo esto es por el bien de todos.

-¿Quiénes son?

-Muertos, por supuesto.- dijo simplemente Derrick Collingwood.

-¿Por qué están así?- preguntó, rindiéndose por salir del agarre, la muchacha.

-Son experimentos… ¿Has pensado mezclar alguna vez la magia y la ciencia, Weasley?

La joven gruñó. La aguja volvió a introducirse en su nuca.

Un hombre vestido con una bata de científico apareció entre una fila de cadáveres. Era relativamente joven. Tenía una barba prominente, unos ojos marrones y rasgados, y un cuerpo algo delgado. Examinó atentamente a Molly con la mirada. Con la misma con la que observaba a los cadáveres. La joven sintió un escalofrío y se le erizó el vello de la piel.

-Al fin me la traéis. - Suspiró.- Soy el doctor Schneider. Siento que nos hayamos conocido así, pero me temo que no vendrías aquí voluntariamente.

-¿Qué? ¿Qué quiere de mí?

-Oh, solo un par de análisis de sangre…

-¡NO!- bramó. El doctor alzó una ceja. Leo Livingston la inmovilizó. Derrick Collingwood se le acercó con una jeringuilla y pinchó una vena en su antebrazo.- ¡DEJÉNME! ¡NO HE HECHO NADA!

Se sacudió e intentó zafarse de aquella tortura.

-Aún no has hecho nada, señorita Weasley. Usted será de gran ayuda para el desarrollo de esta etapa histórica.

-¿DE QUÉ ESTÁ HABLANDO?- exigió saber, entre confusa y aun aturdida por la situación extraña que estaba viviendo. Su antebrazo sangró cuando Collingwood retiró la jeringuilla.

-¿Cree en la reencarnación, señorita Weasley?- la joven volvió a sacudirse entre los brazos de Devman Kumar. Traidor. Traidor. Traidor. Derrick Collingwood la derribó y la inclinó hacia el suelo. - Espero que no, sería algo muy estúpido por su parte.- Collingwood retiró su pelo de la nuca. Molly comenzó a sollozar y a gemir.- Pero, ¿qué pasaría si mezclamos los medios científicos con la magia? ¡Qué de distintos serían los progresos!

-¡SUELTAME!

Derrick Collingwood la agarró del cuello.

-Lo siento, Molly. -Musitó Kumar.- No te va a doler si te dejas.

-Oh, por favor, Devman- dijo el doctor Schneider.- Lo dices como si esto fuese un martirio… ¡Está haciendo historia! ¡Si funciona con ella… ¡

Molly no escuchó lo siguiente.

Derrick Collingwood insertó todo el contenido de otra jeringuilla de color azul en su nuca. Cayó de bruces al suelo. No tardó en ver borrosa la escena. Los pies. Los piel colgando de los cadáveres. Ya no sentía el frío suelo.

-Pss, pss.

Abrió los ojos.

Estaba en la biblioteca.

Tenía los libros abiertos por la misma página que hacía unos diez minutos. Antes de que…

Había sido un sueño. Una pesadilla, más bien. Miró a su alrededor. Ni rastro de cadáveres. Ni de Derrick Collingwood. Ni del doctor alemán con cara de depredador.

Devman Kumar estaba en frente de ella.

-Oh, hola.- susurró.

-No sabía que tú podías quedarte dormida estudiando…

Molly se levantó de pronto. Aquella sensación de angustia y repugnancia que sintió en el sueño aún seguía en la realidad.

-Voy al baño, ahora vengo…

Corrió fuera de la biblioteca. Cruzó varios pasillos. Entró en el baño de las chicas. Abrió el primer aseo. Levantó la taza del váter. Expulsó un líquido espeso que seguramente era su desayuno.

Por. Merlín.

Qué imaginación podía llegar a tener.

Se secó los labios con la mano. Echó de la cisterna. Cerró la puerta. Se dirigió al lavabo. Evitó mirarse al espejo. Seguramente tendría un aspecto horrible.

Al lavarse las manos, comenzó a sentir un escozor en el brazo. Frunció el entrecejo. Subió la manga.

Una marca roja diminuta en el antebrazo. Como si le hubiesen clavado una aguja.

Como acto reflejo, se palpó el cuello en busca de… Le escocía. Le dolía terriblemente.

Vio su rostro pálido en el espejo.

Su grito inundó el cuarto de baño de las chicas.

Había sido real.

 

No podía creérselo. Tenía la Snitch dorada en sus manos. Sentía su vibración. Su deseo incontenible de escapar.

No pudo demostrar su euforia de otra forma que dando vueltas con la escoba por el cielo y vitoreando su propia victoria mientras enseñaba de diente a diente su sonrisa triunfal.

Las gradas se habían quedado estupefactas. ¿Hufflepuff ganando - o más bien, aplastando- a Slytherin? Las nutrias tenían los ojos desorbitados. Cuando el equipo acogió y rodeó a Lyslander Scarmander en el cielo para felicitarle por tal victoria, el público comenzó a reaccionar. Primero fue el rugido de guerra de los Hufflepuff, aquellos que se creían más pacíficos habían demostrado una gran estrategia en el partido. Le siguió Ravenclaw, que aplaudió sin cesar aquel inesperado cambio en un historial en el que aquella Casa a duras penas ganaba alguna vez a las serpientes. En esa grada, Lorcan Scarmander, el hermano de la protagonista del día, sonreía satisfecho encontrado su mirada con su melliza. Gryffindor no tardó en unirse al vitoreo. Su fuerte aplauso ahogó a Lyslander. La joven no esperaba reacción del equipo vencido, por lo que sus cejas se alzaron al recibir aplausos de algunos de sus alumnos: David Morrit, amigo del redactor jefe del periódico del colegio, Claire Jenkis, una de las alumnas Slytherin que Hogwarts jamás había conocido, o incluso Beatrice Kirkpatrick, cuyo círculo de amigos se encontraba en su totalidad en la casa del equipo que había obtenido la victoria.

Lyslander se había sorprendido muchísimo al llegar a Hogwarts. Había escuchado historias sobre las rivalidades entre las Casas que le hacían cuestionarse si realmente no podía tener amigos que durmiesen en la otra ala del castillo. Se dio cuenta de que aquello había cambiado por completo. Que las bufandas mezclaban sus colores en los descansos. Que las victorias del Quidditch eran celebradas por todos. Que incluso los Slytherin que eran tan temidos y repudiados tenían su lado más tierno. Aquel improvisto panorama no había calado del todo en Lyslander, quien sentía cierto recelo hacía aquella nueva red de relaciones. Sobre todo cuando su entrenador, Devman Kumar, sabía de antemano las estrategias de los Slytherin porque tenía amigos allí. Sí, Lyslander admitía que todos se merecían una oportunidad, pero se había percatado de lazos de amistad un tanto extraños. Aunque había hecho muchos amigos aquel año, se había prometido no confiar plenamente en ninguno hasta que le demostrasen qué era lo que escondían. No había sido idea suya. Había sido Lorcan quién le había avisado de que su extremadamente abierta actitud podría causarle problemas, habiendo visto que Gwendoline Cross, antigua alumna del colegio, había sido la asesina de su directora. Nunca había prejuzgado a nadie, pero solo confiaba en los suyos.

Y en ese momento, se sintió completamente traicionada por ellos.

No se había dado cuenta de que su mejor amiga, Lily Potter, no se encontraba entre las gradas para disfrutar con Lyslander de su primer partido y, por consiguiente, de su primera victoria. A saber dónde estaba. Llevaba tener una conversación de verdad con ella desde principios de curso. En primer lugar, su postura evasiva ante todo el mundo había conllevado que la Hufflepuff decidiese no hacerle caso hasta que se le pasase lo que fuera que le estaba ocurriendo. Por otro lado, desde que su hermano había sido secuestrado aquella aislación había ido a más. Sabía que Lily iba a clase porque coincidía con ella, pero nada más. La echaba de menos. Llevaba sin verla sonreír demasiado tiempo. Y, a pesar de que la ignorase, estaba preocupada por ella. A veces, dejaba a la que se había convertida en su sombra en su Casa, Inés Alicea, para ir a buscar a Lily. Porque lo necesitaba. Porque cuando sentía que estaba perdiendo a Lily quería que aquella pérdida no durase para siempre. La necesitaba. Eran tan distintas que necesitaba un ancla que no le hiciese subir demasiado a las nubes. ¿Qué era Lyslander sin Lily? Se preguntaba a menudo. Con su amiga era la positividad, la alegría, era la balanza perfecta para una niña con facilidad para enojarse. Sin ella, su positividad no tenía fuerza. Lyslander era una persona que necesitaba a alguien a quien ayudar, era eso. Necesitaba sentirse rodeada por personas. Al contrario que sus padres y su hermano, a Lyslander le costaba abstraerse del mundo. No lo solía confesar, pero en su casa se sentía un tanto discriminada por no ser tan excéntrica.

Había otra persona que a Lyslander le faltaba aquel día: Hugo Weasley. Se dio cuenta en el momento en el que no lo vio al lado de su hermano. Sintió como su vacío se agrandaba. Siempre había supuesto que el joven pelirrojo siempre estaría allí por ella, igual que también lo estaba para Lily, para su hermana, para su familia. Completamente traicionada. Rugió para sus adentros y frunció el entrecejo.

-¡Scarmander, no pongas esa cara!- le gritó Kumar mientras la acompañaba hasta el vestuario.- ¡Hay que celebrarlo! ¡Bien hecho! ¡Hemos aplastado a los Slytherin!- le gritó con un entusiasmo algo forzado.

La joven asintió, aun pensando en encontrarse con Hugo para plantarle cara y exigirle explicaciones. Lyslander nunca se enfadaba. No le gustaba hacerlo. Pero lo de Hugo le había dolido.

-Claro, entrenador.

-Sabía que no me defraudarías… ¡Ha sido como si  Frank Badmood te hubiese dejado coger la Snitch!

-¿Cómo? ¡No! ¡He luchado por ella!

Se mordió el labio con fuerza haciéndose daño. Dejó su escoba en la taquilla. Se quitó las gafas que le ayudaban a prevenir el viento contra su cara. Se quitó con rapidez la equipación de Quidditch y se puso el uniforme. Era finales de enero. Se acomodó un gorro y una bufanda. Del campo de Quidditch al aula de Defensa Contra las Artes Oscuras tardaría más de quince minutos a la intemperie del frío helador.

Era sábado, pero todos los alumnos de primero tenían aquel fin de semana clases extras impartidas por Theodore Nott. Lyslander tenía ganas de aquella clase. Le habría encantado ir con la euforia de su primera victoria. Pero el hecho de estar enfadada con Hugo, con quien tendría que compartir aquella clase, menguaba su entusiasmo.

Durante su camino hacia la clase, se encontró con su amiga Inés Alicea. La estaba buscando, de hecho, al salir de las gradas para atender a clase. Inés era algo particular. Para Lys, encajaba a la perfección en Hufflepuff. Si bien Lyslander era sumamente leal y trabajadora, últimamente se dejaba llevar por los prejuicios. Inés era aquella persona que todo el mundo esperaba en un Hufflepuff. Era muy simpática, tenía siempre una sonrisa afable en su redondo rostro enmarcado por numerosos rizos. Su risa era contagiosa y su acento de origen puertorriqueño la hacían una persona que difícilmente pasaba desapercibida. Además, había pocos alumnos con acento inglés americano en Hogwarts lo que la hacía destacar. Era muy trabajadora, siempre hacía todos los deberes la primera, aunque no sobresalía en ninguna asignatura. Y, ante todo, era leal. Conocía a Lys tan bien, que le costaba sorprenderse de lo que hacía.

La abrazó ahogándola en sus rollizos brazos.

-¡Es que sabía que ibais a ganar! Estaba cantado… ¡Dios mío, qué bien! Ese momento en el que has cogido la Snitch… Casi me distraigo con la belleza de tu entrenador, el año que viene me apunto al Quidditch… ¡Oh, mierda! No está él… Tendré que buscarme otro buenorro para no aburrirme demasiado en los partidos, no te ofendas, pero verte en ocasiones se me hace eterno…

Si no fuese por la rapidez de los pasos de Lyslander, hubiesen tardado horas en llegar.

Al entrar al aula, Lyslander se dirigió directamente a una cabellera rojiza distraída en el centro de un grupo de Gryffindor. Estaban todos los miembros que cursaban primero pertenecientes a todas las Casas. Theodore Nott, desde una pequeña tribuna, esperaba a que el número total de alumnos que le habían dicho entrase en la clase para comenzar la lección. El pobre profesor, si no tenía suficiente con pociones, también le habían encasquetado refuerzo.

Lyslander se situó a la derecha de su amiga, que parecía no haberse percatado de su presencia. Inés se puso algo más delante, debido a que su menuda estatura y su entusiasmo por aprender en ese momento ganaban las ganas de estar cerca de su amiga, que parecía tener cuentas pendientes con Lily Potter.

-Gracias por apoyarme hoy en el partido.- le susurró sin ocultar su enfado.

-Enhorabuena por el partido, Lys.

-Cómo si lo hubieses visto…

-No hacía falta, sabía que ganarías.

A Lyslander se le encogió por un momento el estómago y miró a Lily. Parecía realmente pendiente de lo que estaba haciendo el profesor Nott.

-¿Cómo lo sabías?

La joven frunció el entrecejo y miró a Lyslander como si en ese momento se hubiese dado cuenta de que estaba allí y antes solo había estado hablando sin sentido.

-¿Qué?

-¿Cómo sabías que iba a ganar?

Se llevó la mano a la barbilla y se la rascó alzando la cabeza de forma pensativa.

-Era evidente, Lys. - musitó. Se aclaró.- Yo diría que sin entrenar, un buscador pierde su fuerza… Y Frank Badmood no ha entrenado en todo el curso. En cuanto al equipo, carecían de estrategias y de preparación adecuadas: su entrenador y capitán, apenas está, y por muy eficiente que pueda llegar a ser Collingwood, no tiene ni carisma ni la inteligencia. El equipo no se compenetraba, por muy buenos que sean. Una dinámica conjunta es importante para ganar. Es por eso que esperaba que ganaseis ante unos desgastados jugadores.

La joven se quedó con la boca abierta. Sabía que a su amiga siempre le había encantado el Quidditch. Y que entendía de estrategia. Precisamente por esa razón, creía que les uniría aquello más.

-¿No crees que ha sido porque soy buena buscadora?

Lily Potter bajó la mirada. Había cometido un error siendo tan extremadamente sincera con Lys, a quien no iba a mentir, pero podría haberle dado más mérito del que le había quitado.

-Eres buena buscadora, Lys. Si no fuese así, no habrías cogido la Snitch. Siento si te molesta mi opinión, pero es que…

-¿Qué has estado haciendo para no ir a verme?


"Todos los viernes por la tarde, Vivian Bridges, la vieja loca, no se pierde nuestro encuentro con una cerveza en Cabeza de Puerco".

La taberna no era lo que había sido hacía unos meses. Por fuera, el fuego había hecho mella en su fachada, destrozándola y alterándola creando una tétrica puerta casi deteriorada por la cual entraban aquellos clientes que no querían perder la tradición por dichosas guerras que siempre dañaban al que no era culpable. Por dentro, el panorama empeoraba drásticamente. El antiguo tabernero, Sullivan Hegarty, se había sumido en una tristeza profunda tras la muerte de su sobrina. Solo entonces habían llegado los rumores del verdadero lazo familiar entre Willa Hegarty y el dueño de Cabeza de Puerco a Hogwarts. Escucharon a un vecino que la difunta joven en realidad se llamaba Willa Lebouf, su verdadero origen. Nunca se lo habían ocultado, al parecer. La joven estaba orgullosa de que uno de los mejores amigos de su padre la hubiera acogido de niña. Aunque separándola de su mellizo, quien se quedó en Francia y destacó como el mago más joven en alcanzar el título de auror.

 "Willa es más interesante de lo que esperaba. Sí, tiene pinta de típica superficial y materialista que sale en las películas que ve Lucy en Navidad. Pero ayer estuvimos hablando. ¿Qué tiene de malo hablar con una camarera? Pensarás. Bueno, esta camarera me ayuda a salir al mundo muggle todas las semanas. Tienen un portal en el sótano, es un gran armario que dice que perteneció hacía mucho tiempo a un tal Digory Kirke. No me voy de las ramas.  Hemos hablado de la familia. Ella ama a Sullivan.

-Ya que tenemos que tenemos que confiar plenamente la una en la otra, te contaré un secreto a voces. Sullivan no es mi tío.

Tenía sentido, ¿no? O sea, a veces respondía a Hegarty. Pero todo el mundo sabía que era adoptada. Te lo resumo brevemente, Monique. Te voy a llamar Monique porque este diario iba desde el principio para ti. Aunque el objetivo ha cambiado con mis misiones para McGonagall, pero cuando se me vayan acabando las páginas te revelaré qué es lo que tengo que decirte. Y es de suma importancia que lo sepas.

Willa es la hija de Guillaume Lebouf. Ni puta idea de quién es. Ni tú tampoco, no te intentes hacer la lista como siempre. La historia de este hombre es bastante interesante. E impresionante. Su mujer, Chloè, fue una auror de prestigio que se enamoró de un muggle. Pero que murió dando a luz a mellizos. Que no te extrañe que muriese, fue en pleno campo de batalla mientras ayudaban a rebeldes de alguna zona perdida de por ahí, donde hace menos de una década se pegaban tiros los muggles, ya sabes. Yugoslavia probablemente. Por lo visto, eran periodistas o algo así. El caso es que, aparentemente, la madre de Willa había tenido problemas con una Organización secreta que estaba echando raíces en la política de  Francia (¿te suena?). Por lo que hasta ahora sé (y sabe McGonagall), había sido la primera persona en infiltrarse en el "Clan del Ojo". Espero que no llegues a saber de esta secta, porque cada persona que sabe de ella, muere. No había obtenido ninguna información cuando la pillaron, huyó al mundo muggle, se quedó embarazada de un periodista en el camino y le dijo que llamase a Sullivan Hegarty. Por aquel tiempo, las reformas mágicas estaban en proceso, y la posible amenaza de algo exterior era ignorada por los gobiernos. Hegarty le ocultó a Guillaume el mundo mágico y le proporcionó al padre de los hijos de su amiga cobijo en un apartamento en París. El Clan del Ojo no tardó en enterarse de que el amante de una auror que podía conocer más información de la debida, estuviese con vida. Pasaron diez años hasta que Guillaume Lebouf fue asesinado al salir de una panadería y su cuerpo desapareció. Según Hegarty, no sabía nada del Clan del Ojo. Ni siquiera sabía nada sobre la magia, había rechazado -considerando una broma- la carta de Beauxbatons.

Así, Willa Lebouf fue enviada a Hogwarts, habiéndose saltado un curso y bajo el apellido de su "tío", aunque en ocasiones se le escapaba el verdadero; y su hermano, Bastien Lebouf fue enviado a Beauxbatons. Para despistar al Clan del Ojo. Pero, por supuesto, los Lebouf tenían ansias de venganza. Por un lado, no creo que conozcas a Bastien Lebouf, pero le adelantaron varios cursos y coincidió en la academia de aurores con Gabrielle Delacour como profesora. En Francia todo el mundo lo conoce, yo lo sé por mis primas. Y Willa se encargó de hacerle saber a McGonagall que conocía el Clan que ella parecía haber olvidado y que deseaba hacerles pagar sus penas. Le dijo que tuviese paciencia, que hasta que no encontrasen a Ivonne "ellos" siempre serían más poderosos. Y aquí llegué yo, como su salvadora. 

Porque Monique, soy yo la persona que tiene que encontrar a Ivonne.

Ni Willa ni yo sabemos quién es. Simplemente nos han dicho que busquemos. Nos van contando a cuenta gotas todo lo que saben, porque dicen que si nos lo cuentan todo nos matarán. No ellas, sino "ellos".

La directora no nos ayuda casi nada. Sinceramente, creo que no sabe tanto. Parece como si para ella todo fuese un vago recuerdo de su juventud que ha querido olvidar.

Por otro lado, todos los viernes por la tarde, Vivian , la vieja loca, no se pierde nuestro encuentro con una cerveza en Cabeza de Puerco. Te confesaré algo. A Willa y a mí nos está empezando a dar miedo. A Willa siempre se lo ha dado. Dice que al principio es un encanto, que con McGonagall parece una abuela, pero que después se le va la olla y parece una arpía o un monstro o a saber qué. A veces, cuando me coge de la muñeca, las marcas de sus uñas me duran días. Willa me ha dicho que no confiemos plenamente en ella.

Una lástima. Ella es la que más información tiene. Y parece que le oculta algo a McGonagall o a nosotras, depende del día. Creo que tiene psicosis. Si alguna vez la ves, la reconocerás fácilmente por unos ojos violetas que parecen saberlo todo. Todo sobre ti. Y por un pañuelo de flores que le tapa el pelo gris, creo que tiene algo de complejo por eso. Tiene Parkinson. Y debilidad por la cerveza de mantequilla. Siempre se pone en la misma mesa. La tercera de la última fila pegando a la pared de la parte izquierda de la barra conforme entras."

Sonrió a Owen Hegarty, sin recordar que Monique sí sabía quién era pero que el tabernero probablemente solo sabía que la joven era una alumna de Gryffindor que se aventuraba a entrar en Cabeza de Puerco, cuyo aspecto interior te dejaba un nudo en la garganta. El incendio había servido para subir la clientela, paradójicamente. Los vecinos y los más solidarios del mundo mágico, acudían allí para paliar la pérdida económica del tabernero.

Era viernes por la tarde. Había hombres robustos con grandes jarras de cerveza. Dos alumnos Slytherin que la miraron con curiosidad. Uno de Ravenclaw que examinaba con escepticismo algún licor. Vecinos de Hogsmeade que se sentían algo incómodos bajo el tétrico y calcinado techo de la sala. En la tercera mesa de la última fila pegando a la pared de la parte izquierda de la barra conforme entraba, se encontraba una anciana menuda.

Monique Jordan sintió su sangre acelerarse.

Llevaba un pañuelo de flores violetas sobre su pelo gris que se escapaba por la parte de la nuca. Sorbía, lo que supuso que era cerveza, de una delicada taza de té blanca. Sus delgadas y arrugadas manos temblaban visiblemente. Sonreía a la nada. Sus ojos se cruzaron con los cálidos de Monique. Vivian sonrió, como si hubiese estado esperando durante siglos aquel momento.

-Siéntate, querida.- le dijo, claramente dirigiéndose a la joven Jordan.- Tenemos que ponernos al día.

La había estado esperando. Aquello hizo que sintiera ganas de vomitar.

"Hoy he descubierto algo.

Me ha dado la pista Vivian. Dice que ha sido un error que me lo dijese, porque McGonagall quería ocultarlo. Pero sin ello no podría haber descubierto varias cosas.

Ivonne Donovan.

Ese es su apellido.

Donovan.

Hay miles de registros de Ivonne Donovan. Aunque normalmente el nombre se escribe Yvonne. Lo único que nos habían dicho es que Ivonne huyó al mundo muggle en 1967. El Clan del Ojo no sé qué hizo, o qué hizo ella, porque la ponen como una Santa; que se enfadó muchísimo y la persiguió brutalmente, creando escenarios sangrientos por allá dónde fuese.

Saben que uno de sus escondites fue la Europa del Este en los años 70. ¿No es un lugar precioso para ser asesinada? Dicen que no la mataron los soviéticos, pero eso es arriesgarse a que tuviese mucha suerte. O incluso el Clan del Ojo avivaría la llama asesina de la época. ¿Serán nazis los del Clan del Ojo? Ya sabes, querían una raza aria igual que estos querrán sangres pura. Eso es desvariar, Monique. Qué cosas tienes.

Estaba embarazada.

Realmente lo que se le escapó a Vivian la semana pasada fue:

-¡Encuentra Ivonne! Tampoco es tan difícil buscar a una cría de diecisiete años embarazada en los 60… Había tan pocas niñas de esa edad con bebés, ¡era una vergüenza! Yo la hubiese matado con mis propias manos…- ahí se le fue la olla bastante y se dio cuenta de lo que acababa de decir.- No. A ella no, la quiero mucho. Y la quiero devuelta. Tráeme a Ivonne Donovan.  

Luego me dijo que no le comentase aquel arranque de locura a la directora. No lo hice porque me dio miedo. Y aún me duele la muñeca.

Lo que ellas no saben es si abandonó al bebé o no, si abortó, si se lo quedó… Creo que Vivian cree que abortó. Pero. No tienen ni idea, ¿por qué esperan que yo lo haga?

Muy bien, te diré por qué.

Internet.

Gracias a mi padre, más bien a mamá, que el abuelo era muggle… Sé qué es Internet. Y hay miles de archivos, de censos, de registros muggles, que no existen ni por asomo en el mundo mágico -por muy superiores que nos creamos.

Y sí, he descubierto algo importante que no les pienso contar. Ni a Willa.

Ivonne Donovan dio a luz a su hija.

Rodeada de monjas. Da risa ahora, pero en los 60 las adolescentes que daban a luz a sus hijos tenían que hacerlo en estos sitios para guardar anonimato: era algo de discriminación social dar a luz siendo adolescente. O ser madre tan joven. En los hospitales pedirían un historial médico que Ivonne no tendría, si había huido de las autoridades del mundo mágico estoy segura de que su historial médico (contando con que no fuese muggle, y aun así) no era lo primero que cogería. Y estoy por apostar que creció en el mundo muggle porque solo así podría saber el asunto de las monjas. No contaba con que las monjas vendían por aquella época a los bebés. O sí lo hacía y por eso lo hizo.

¿Cómo he descubierto esto?

Primero, informándome. Segundo, buscando a Yvonne Donovan en registros de monjas entre el año 1967 y 1968 en Reino Unido. Es fácil deducir esto, pues si huía del mundo mágico, no podía utilizar magia para escapar. Y si estaba en Hogwarts como dijo un día Vivian, no pudo haber llegado muy lejos. Contacté con varios conventos por todo el país. Así, fue como Philomena Lee, se puso en contacto conmigo. Es una autora de prestigio que se conoce por un libro en el que relata cómo perdió a su hijo. Dice que si yo me siento interesada es porque algo debe de haberme ocurrido a mí. Le dije que quería encontrar la historia de mi abuela: Yvonne Donovan. Su sonrisa se ensanchó.

Ella tenía dieciocho años cuando dio a luz en la abadía de Sean Ross en Irlanda, un lugar para mujeres solteras. Estuvo hasta los 22 años con su bebé hasta que tuvo que dárselo a las monjas. Recordaba a Ivonne Donovan. Una chica inglesa de la capital que huía de un "padre furioso y poderoso" que hacía todo lo posible por matar a su bebé. La historia de aquella joven la conmovió y jamás olvidaría a aquella muchacha de cabello castaño y ojos celestes.

Ivonne Donovan dio a luz a una niña sana. Y ambos desparecieron después. ¿La dio en adopción? ¿La vendió? ¿La mató? No se sabe aún.

No se lo diré a nadie, Monique. Hasta que no encuentre a Ivonne, no se lo diré a nadie. Estoy empezando a pensar que Ivonne es muy importante para el mundo mágico, por eso no quieren que sepa quién es exactamente.

Y cada vez desconfío más de Vivian."

-Soy… Soy Monique Jordan.

-¿Crees que no te iba a reconocer, pequeña?- le hizo un amago para que se sentara en frente de ella. Sorbió cerveza. Definitivamente era cerveza. Monique reprimió una mirada de sorpresa.- Y bien, ¿cómo es que te has decidido por fin venir aquí?

Monique Jordan frunció el entrecejo. Se mordió el labio. Según Roxanne, aquella mujer era demasiado avispada como para no dejar escapar detalles.

-¿A qué se refiere?

-Tienes su diario, ¿no? El diario de la Weasley. De tu mejor amiga.- respondió rápidamente forzando una sonrisa y pestañeando fuertemente. La joven asintió algo temerosa.- ¡Estupendo! ¿Y ya sabes qué descubrió Roxanne?

La joven puso todas sus fuerzas en mantener una expresión de desconocimiento. No se lo diré a nadie, Monique. Hasta que no encuentre a Ivonne, no se lo diré a nadie. Estoy empezando a pensar que Ivonne es muy importante para el mundo mágico, por eso no quieren que sepa quién es exactamente. No iba a traicionar a su amiga. ¿Y si ya había encontrado a Ivonne y por eso había muerto? ¿Sabría McGonagall que Vivian acudiría a ella? Era obvio que supusiese que era su mejor amiga la que tenía el diario.

-Roxanne no descubrió nada, señora.- contestó suavemente.

-¡Mentira!- dijo dando un golpe seco en la mesa, llamando la atención de los clientes cercanos a ella.- ¡No puedes decir que Gryffindor no gana siempre, cielo!- dijo ahuyentando la curiosidad de los demás, lo que hizo formar una incomodidad en el estómago de Monique Jordan.- No puedes pretender que me crea que la niñita Weasley no descubrió nada y fue asesinada igualmente… ¡Willa dijo que la cría sabía dónde estaba Ivonne!- le espetó con mirada asesina.

-No lo sé, señora, no habré llegado a esa parte del diario…

-¡Mentira! Si has venido aquí es porque quieres que te lo cuente todo, ¿no es así? ¡Oh, qué desgracia! ¡Ha muerto una niñita! -musitó imitando un tono agudo. - ¡Bobadas!- espetó con fuerza. Agarró la muñeca de Monique con fuerza, clavando sus uñas.- Dime dónde está Ivonne.

-¡No lo sé, señora!

Las uñas se clavaron con más fuerza.

-Está en las últimas páginas de su diario, por eso la asesinaron.- la piel de Monique se abrió y brotó sangre.- Tráeme su diario o iré yo a por él.

Monique Jordan retiró con fuerza el antebrazo de aquella anciana. Le miró con temor y observó las gotas que caían al suelo desde su muñeca. Echó varios pasos hacia atrás bajo la atenta mirada de la anciana que parecía que la estaba torturando con la mirada.

-No lo haré.- sentenció la joven.

-Descubriré lo que pasó aunque tenga que matarte, entonces.- susurró Vivian, con alegría mientras removía la cerveza como si se tratase de té. -Por cierto, te diría que no le dijeras nada a McGonagall, pero… Pobre anciana…

Monique huyó a contrarreloj. Se tardaba muchísimo en volver al castillo, a los terrenos de Hogwarts. Y tenía miedo. Su corazón palpitaba a mil por hora. Sentía cómo aquella anciana se había metido en su mente y su mirada no cesaría de acecharle. Jadeó debido a la velocidad con la que se dirigía de vuelta al colegio. No había nadie en el camino, lo que le hizo sentir un escalofrío. Se mordió el labio. Y siguió huyendo. ¿En qué demonios pensaba Roxanne? ¿Cómo pudo ponerse en peligro de aquella forma? ¿Y cómo era que McGonagall no veía en Vivian una clara amenaza?

Sintió el enorme peso del diario de su amiga en el bolso que llevaba colgado. Parecía que ardía. Cuando se aseguró de que estaba bajo la protección de Hogwarts, sabiendo que había aurores que la protegerían si gritaba, se paró en seco y buscó un sitio en el cual sentarse. Unas raíces de un árbol parecían un buen lugar. Se sentó vigilando el bosque desde el rabillo del ojo.

Abrió el diario por dónde se había quedado.

-¿Qué haces aquí?

Una fornida figura de un hombre se irguió ante ella. Monique Jordan le miró con temor. Kingsley Shacklebolt alzaba una ceja ante ella.

-Buenas tardes, señor Shacklebolt.

-No son tiempos para que una joven ronde por aquí sola. Vuelve al castillo, señorita.

-Creía que el territorio de Hogwarts era seguro.

-En luna llena las criaturas de la noche se vuelven oscuras. Sería mejor que no le pillase el anochecer, son las ocho de la tarde.- le tendió un brazo para incorporarse. Al levantarse, la joven sintió una mirada de preocupación sobre ella.- ¿Puede dejarme su brazo para examinarla?

A Monique casi se le cae el diario. Su brazo seguía sangrando.

-Ha sido con unas ramas cuando me he caído hace un rato.

La mirada que le dirigió el antiguo Ministro fue de claro escepticismo. Este olió su muñeca.

-Escarabajos machacados, bilis de armadillo… Y raíz de jengibre cortada. Dime, señorita, ¿tan difíciles son hoy los T.I.M.O.S como para inyectarse una poción Agudizadora del Ingenio?

Monique Jordan enrojeció.

Y de hecho surgió efecto.

Vivian  había jugado con ella. Y con Roxanne. Les inyectaba cada vez que clavaba en ellas su uña aquella poción para dar con mejores resultados. Porque a una anciana maga jamás le harían caso si investigaba en el mundo muggle. Vivian quería que Monique Jordan acabase el trabajo que, según ella, Roxanne no había acabado.

Monique supo, en ese instante, que había cogido el rebelo.

Que tenía que buscar a Ivonne.

 





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