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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
[ Más información ]

(III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)

-Ve, ¿a qué estás esperando?

¿A qué estaba esperando?

Su corazón latía a mil por hora, se le desbocaría en cuestión de segundos. Tenía el indicio de lágrimas en el rincón de sus ojos. Las manos temblorosas. Sudor en la frente, bajo el flequillo moreno; en el cuello y en las manos. Tenía tanto calor que, mientras que todo el mundo se encontraba abrazando al invierno con jerséis y bufandas, él estaba en una fina camiseta de manga corta arrugada.  No tenía a esa persona especial que le hubiese gustado que le acompañase en el mayor momento de tensión y angustia que tendría a lo largo de su vida. A pesar de que ya había perdonado su ausencia, en el fondo le culpaba por no tener alguien a quien aferrar con fuerza durante esas horas cruciales. Sí, tenía a personas a su alrededor que le habían visto crecer y que eran como su familia. Molly y Arthur Weasley. Los afables abuelos de Victoire, quienes acogían al desfavorecido con tanta naturalidad que a veces pensaban que existían solo para ello. Fleur y Bill Weasley, los ansiosos padres de su chica que le miraban con ojos nerviosos, como si su espera fuese la misma. También se encontraba allí Gabrielle Delacour, cuya pacífica tranquilidad intentaba paliar el carácter crispado del joven. Hasta Percy Weasley estaba en esa atestada pequeña sala de espera.

Sin embargo, Ted Lupin estaba solo. Y las personas que necesitaba simplemente no pudieron aparecer allí. Quizás por eso eran sus lágrimas. Se preguntó si Harry sintió lo mismo. Ser huérfano hacía más complicada la paternidad. Necesitaba un sabio consejo de Remus Lupin y el cálido apoyo de Nymphadora Tonks. Desesperadamente buscaba en la sala a sus padres. Porque, maldita sea, los echaba de menos. Estaba solo y las únicas personas cuya compañía deseaba estaban muertas. Aquel era uno de esos momentos en los que se daba cuenta de lo duro que era no tener el amor de unos padres entregados a sus hijos. O simplemente amor paternal. Iba a tener un hijo y no había podido decirles a sus padres nada.  Sus tumbas nunca hablaban.

Ted Lupin estaba esperando a que sus padres llegasen para que le viesen abrazar a su hijo por primera vez. En ese momento no le importaba que le llamasen egoísta por un deseo imposible. Era algo con lo que no podía evitar soñar.

Fleur Delacour le miraba esperando a que fuese a por su hija y a por su recién nacido nieto. Le instaba y parecía estar obligándole con unos penetrantes ojos claros. El joven recién estrenado padre se levantó, acaparando la atención de todos los presentes. Se dirigió inseguro hacia la sala de la que procedían los anteriores gritos. Ted no había visto nacer a su hijo porque estaba demasiado nervioso. Porque ver a Victoire llena en un baño de sangre y sufriendo como nunca era una imagen demasiado violenta para un joven inexperto.

La sangre inundaba la habitación.

Había una luz que procedía de la camilla. O quizás eran imaginaciones de Ted.

Victoire estaba más bella que nunca. Una sonrisa que contagiaba todo su rostro, por muy agotada que estuviera. Mantenía a la criatura más frágil del mundo en sus brazos. Las piernas de Ted temblaron. Era su hijo. Remus Harry Lupin. Tan menudo como la palma de su mano. Una cabecita en la que unos ojos oscuros entreveían el nuevo mundo al que había llegado. Unos dedos que se aferraban fuertemente a Victoire. Como si supiese que ella era su madre y no quería escaparse de ella. Tenía el cuerpo acurrucado perfectamente en el regazo de la joven.

No había nadie más aparte de Victoire, Ted y el pequeño en la habitación. No escuchaban los pitidos que mantenían los corazones de la madre y el pequeño a flote. No sentían el ajetreo de los Sanadores y de la matrona moviéndoles de un sitio para otro. O los comentarios sobre el estado del bebé y de Victoire. Tenía el oído taponado y solo podía oír la perfecta respiración de su hijo y la suave voz de la madre:

-Cógelo.

Nunca algo le había dado tanto miedo.

-¿Y si se me cae? - miraba atentamente a la pequeña criatura que estaba tan sumamente a gusto con su madre. ¿Querría conocer a su padre?

-Estoy segura de que no dejarás que se caiga.- contestó dulcemente Victoire, tendiéndole con sumo cuidado al pequeño.

Los ojos de Ted se encontraron con los de Remus. Y entonces supo que, pasase lo que pasase, no dejaría de amar jamás a su hijo. Aquella primera mirada en la que le prometía amor eterno, le recordó a su padre. A Remus Lupin. Y lo vio en un resquicio de la habitación, orgulloso de su hijo, mientras abrazaba a Nymphadora Tonks. Ambos esperando a que su hijo acogiese a su nieto entre sus brazos y le besase en la frente con infinita ternura.

Ted lloró. Sus lágrimas iban por tantas razones que se resumieron en la felicidad que suponía el primer contacto con Remus. Acurrucado entre sus brazos, mientras se apagaba en un sueño. Lloraba porque Victoire le estaba diciendo que lo quería. Que le amaba. Lloraba porque aquella sensación de Remus, cuyo cuerpo desnudo encajaba a la perfección con su mano, le embriagaba. Lloraba porque sus padres habían desaparecido de la habitación, ya que nunca habían estado allí. Lloraba porque necesitaba llorar.

Los que esperaban hacía unos instantes en la sala decidieron entrar. Contemplaron al bebé desde lo lejos hasta que los padres se lo ofrecieron. Remus no lloraba, era tan tranquilo que prometía no darles una dura paternidad primeriza a sus progenitores. Fleur también lloró. Y a Molly se le saltaron las lágrimas cuando vio el surco que procedía del lagrimal de Ted. Harry Potter llegó en ese momento. Lo primero que hizo fue enterrar a Ted en un abrazo. Rio y cantó que era padre. Ginny también estaba allí. Y Ron y Hermione, quienes acudieron a la madre para felicitarla y acogerla en un tierno abrazo. También Charlie Weasley que sonreía y palmeó la espalda de su hermano mayor, como cuando Victoire hubo nacido. Tras la puerta también apareció Louis Weasley, quien tenía lágrimas en los ojos y que parecía evitar que vieran. Fue el primero de los más jóvenes en coger a su sobrino. Dominique Weasley, que estaba vestida en ropa de deporte sucia y con la cara llena de barro, que se emborronaba con las lágrimas, optó por no coger a su sobrino para ensuciarlo. Aunque sí que abrió sus brazos a su hermana mayor y le dijo que la quería. Y lloraron juntas.

-Dominique, tengo que preguntarte algo.- susurró Victoire en voz tan baja que la joven Weasley tuvo que hacer un esfuerzo para escucharla. Esta asintió, mientras tragaba saliva para aliviar sus confusos sentimientos y fuertes emociones que aquella noche había sentido. - ¿Quién ha muerto hoy?

La cara de Dominique se descompuso. Nadie se percató de ello. Por suerte.

-¿Qué?- contestó. Como si no supiese a qué se refería su hermana. Que acababa de dar a luz. ¿Cómo no podía estar tan agotada que lo único en lo que podía pensar era en su hijo?

-Tan solo dime el nombre.

-Vic, acabas de tener un bebé.- susurró, con algo de miedo y temblor en su voz.- Disfruta.

Alexander Moonlight irrumpió en la habitación con un estruendo. Estrujó con una ancha sonrisa a su mejor amigo y ambos estallaron en risas por algo que solo ellos escucharon. Cogió con cuidado a Remus y le besó cuidadosamente en la frente. Después de todo, él iba a ser el padrino.

Dominique se quedó mirando a su hermana seriamente.

-Mi hijo está en peligro, Minnie.- murmuró para que solo la aludida lo escuchase. - Tan solo dime el nombre. Y prometo seguir disfrutando este momento. Pero necesito saber quién ha sido.

Su hermana no la entendía. Victoire Weasley estaba agotada. Estaba extasiada. Tan solo quería abrazar a su hijo y saber que estaría seguro aquel día. Temía que la persona que estaba profetizado que fuese a morir aún no se hubiese consumido. Temía que las predicciones que había hecho Charlotte Breedlove fuesen falsas. Tenía miedo de que aquella persona fuese Ted. O sus padres. O alguien de su familia.

No estaría tranquila hasta que la profecía que hablaba de aquella noche se cumpliese. Porque necesitaba disfrutar de la torcida y apenas visible sonrisa de Remus sin temor a que no pudiese verla jamás. Había sido un parto fácil, según la matrona. Había dolido. Había sufrido. Y había muerto de amor al ver la cabecita de su hijo asomar por fin.

-Ha sido McGonagall.- sentenció Dominique en el oído de su hermana. Esta asintió. Simplemente asintió. Tenía una expresión de quien había sido sentenciada a morir. Porque si se había cumplido la muerte de McGonagall, también era cierto el deseo de aquellos asesinos por capturar a su hijo. -Ahora disfruta, Vic.

La joven rompió su sonrisa.

Se echó a llorar.

Todos a su alrededor creían que lloraba por ser madre. Por la felicidad por la que también había llorado Ted. Este la estrechó en su torso para calmarla.

-Te entiendo- le confesó en el oído.

 Ted no podía entender su reacción. Ninguno de los presentes, ninguno sabía que le pasaba por la mente.

Su hijo nunca estaría a salvo. Ellos querían arrebatárselo. A saber qué querían hacer con él. Con aquella pequeña e inocente criatura. Se aferró a la camiseta sucia de Ted cuando su llanto pareció calmarse por un momento. Atrajo su rostro a sus ojos. Los demás ignoraron el momento. Creían que era uno de esos instantes románticos.

-Ted.- habló de pronto muy seria. El joven dio un respingo.- Prométeme que le protegerás. Prométeme que no dejarás que nadie le haga daño. -le apretó el brazo tan fuerte que le hizo daño.

El joven asintió, sin saber a qué venía el miedo que se cruzó en los ojos de Victoire.

-¡Mirad! ¡Es metamorfo!- gritó Louis, mientras su padre sostenía al bebé, cuyos cabellos pelirrojos cambiaron de pronto a un color castaño.- ¡Como tú, Ted!

El joven tío se reía mientras transmitía su alegría al pequeño.

Todos dejaron escapar su felicidad en forma de sonrisas.

Todos excepto Dominique.

Mantenía un rostro sombrío en un rincón de la habitación mientras todos compartían ese mágico momento. Salió del habitáculo sin decir una palabra. Su hermana le había preguntado quién había muerto. Ella sabía algo antes de aquello. Algo del Ojo. Algo de aquella asociación de la que su tío Charlie le había prometido no especular. Y estaba segura de que sus padres y sus tíos también lo sabían. Desde luego, sabía que  Moonlight lo hacía. ¿Pero Victoire? ¿Su hermana? Sí, la habían secuestrado el año anterior y aquello era inevitable. Pero, ¿cómo había sabido que alguien iba a ser asesinado aquella noche? Lo había dicho con temor. Si su ahijado estaba en peligro nada más nacer, ¿qué podía hacer para protegerlo?

-¿Te acompaño al castillo?

Alexander Moonlight le había seguido. Se había cambiado de ropa y había escogido el conjunto oscuro de auror. No había rastro del hombre lobo que había en su mirada hacía dos horas.

-No.

-Voy a llevar a tu hermano en unos minutos. Deberías volver también. -Dijo contestando a su negativa.- De hecho, creo que debes volver. - la joven simplemente asintió. Seguía con rostro oscuro, porque aún no aceptaba que todos estaban en peligro. Y que la mayoría ya lo sabía. Maldita sea, debería estar eufórica al haber despertado a su veela y al haber nacido su sobrino.- Escucha, siento haberte asustado con lo de esta noche y eso.

-Vale.

-¿Puedo preguntar si estás bien?

-Claro.

-¿Estás bien?

Dominique le miró algo irritada.

-Llévame.

Moonlight asintió y se acercó rápidamente hacia a ella. Le agarró la mano.

-A sus órdenes, señorita. - Tras un breve mareo, aparecieron en la Sala Común de Gryffindor. Dominique le miró agradecida y cansada. No había nadie allí. Todo el mundo estaba demasiado cansado como para huir de la protección de una cama bien arropada.- ¿Desea algo más?

Tan pronto como negó, Moonlight desapareció.

La joven se arrastró al sofá. Se sentó en el borde. Enterró su rostro en las manos y suspiró. Miró a un punto fijo durante demasiado tiempo. Pensaba en qué estaría ocurriendo tras los muros exactamente. Qué era lo que su hermana sabía y cómo lo sabía. ¿Por qué Remus? Pensó también en la juventud perdida de Roxanne. Pensó en la familia destrozada que habían sido los Weasley desde entonces. Y que el único momento de verdadera y pura felicidad había sido aquella noche, cuando Remus vino al mundo. Pero aun así, no estaban del todo felices. Tenía miedo. De ella, de su naturaleza. Y de la naturaleza del mundo que la rodeaba.

-¿Dominique? ¿Estás bien?

La joven alzó la mirada para ver a Nicholas Woods. La estaba observando, mientras se acomodaba la corbata para que no le apretase tanto. Seguramente examinaría sus horribles pintas. Su desordenado pelo envuelto en una maraña que pretendía funcionar como moño. Su ropa de hacer deporte emborronada y llena de algo de sangre. Su expresión de frustración. Dada la noche que había acontecido, Nicholas Woods tenía motivos para preocuparse por la que había sido su novia durante mucho tiempo.

-Sí.- respondió simplemente.

Nicholas Woods podía ser una persona detestable en ese momento. Indeseable. Pedante. Exigente. Pero no dejaba de ser el mismo Nicholas Woods que aún amaba a Dominique. Y quizás no la conocía del todo bien. Pero sabía que en ese momento algo iba mal. Y, por muy mal que se portase con todos los demás, su debilidad siempre sería la muchacha de ojos claros y graciosos movimientos que parecía estar derrumbada en el borde del sofá.

El joven se sentó a su lado.

Acarició su mejilla. Tomó su rostro y la besó intensamente.

Ella respondió.

Porque necesitaba sentir lo que Nicholas siempre le transmitía justo allí, en ese instante. Falsa inestabilidad. Quizás a la mañana siguiente se arrepentiría de volver a romperle el corazón al joven.

 

No era fácil aceptar que corrían tiempos difíciles.

Cuando creían que una guerra había acabado, uno se daba cuenta de que las guerras eran tan solo la cumbre de conflictos con los que todo el mundo topaba todos los días, situaciones que salían a la luz, pero que siempre habían estado allí. Sobre todo, era duro de aceptar cuando el blanco era alguien cercano. Cuando uno sabía que la guerra se llevaría por delante a alguien de su familia. O, cuando ya se había llevado a alguien, el certero saber de que se iban a ir más.

-¿Debo suponer ahora que soy el que está a cargo de Hogwarts?- preguntó dejándose llevar por la frustración. Miró con desesperación a su compañero de conflictos.- Si sabía que iba a morir, al menos podría haber dejado a quién nombrar como director, ¿no crees? Porque yo si lo creo… ¡Odio los papeleos con el Ministerio! Si fueses tú, las cosas serían coser y cantar…

-¿Yo?- inquirió Harry con incredulidad.- Yo no he sido profesor en Hogwarts. Ni tengo experiencia dentro de los muros del castillo como personal docente. Además, estos últimos años tú has sido su mano derecha. Eres inteligente, Neville. Te eligió a ti. Lo sé.

-Aunque me hubiese elegido a mí… ¡No existe ningún documento que lo afirme! Los del Ministerio no querrán que alguien tan joven como yo lidere este frente… Porque, admítelo, Harry… Hogwarts no es solo un colegio de magos y brujas, sino un bando político. Y muy poca gente me ve como líder. Solo vosotros.- suspiró y bajó la mirada.- Me limitaré a enseñar Herbología.

-Dime la verdad, ¿quieres ser Director?

Un fuego surcó los ojos del agobiado profesor de Hogwarts. Era un hombre que ya había luchado antes y que estaba preparado para enfrentarse a cualquier peligro en aquel momento. Su valentía jamás le flaquearía.

-Quiero ganar esta guerra.- sentenció.- Y no quiero que dirija este castillo un títere político, por muy benévolo que sea McKing… Tiene que ser una persona que nunca piense de forma egoísta, a quien le importen los costes de las victorias… Que sea sabio y experto pero no por ello viejo. Quiero que esta guerra la gane una persona con un corazón de oro. Un héroe. Y por eso creo que el indicado eres tú, Harry. Dirígenos de nuevo.

-Neville, amigo, tú eres esa persona. -El aludido discrepó claramente y negó con la cabeza.- No hay otra persona que se ajuste tan bien a tu descripción de héroe. Es McKing quien decide quién es el director. Por lo que a mí respecta, él te admira. Te admira, Neville, y no cómo la gente me admira a mí. Yo soy una leyenda y tú eres real. ¿Entiendes? Las leyendas pueden no ser del todo ciertas. Mis actos más heroicos fueron impulsados por los ánimos de los demás. En cambio, tú, tú nunca necesitaste a nadie que te dijese que hacer. Hagas lo que hagas siempre decides lo más noble y lo correcto. Confío en que serás un gran director de Hogwarts.

El hombre suspiró. Sintió de pronto cosquillas en el estómago. Se mordió el labio por dentro. Sabía que Harry tenía razón. Y que acabaría siendo el Director. Una de las personas más excelentes e importantes del mundo mágico. Necesitaba estar con su familia para celebrarlo. Su investidura sería una de las más conocidas de la historia debido a su temprana edad. Y al asesinato de McGonagall. Algo que no contaría a Harry que había sabido desde hacía tiempo.

-Necesitaré tu ayuda.

-Y mi protección, Neville. Me encargaré más de que estés a salvo que de desviarte. - Sonrió afablemente.- Como director, te informaré de todo lo que ha estado ocurriendo y que no te he podido decir antes.

Neville formuló un conjuro para mantener en secreto su futura conversación.

-Lo cierto es que soy yo el que te ha estado ocultando cosas, Harry.

Su compañero sonrió.

-Creo que sé lo que me vas a decir. Sabíamos que McGonagall iba a morir. Y sabemos que ella conoció a Ivonne y otras muchas cosas más que tienen que ver con la sociedad del Ojo. Y supongo que tú conoces todo ello.

Neville sonrió con la misma sonrisa de conocimiento superior que había esbozado su viejo amigo hacía un instante. Negó con la cabeza levemente.

-Sé más que eso.- aquello causó estragos en la expresión de Harry que quedó petrificada.- Desde antes de que naciésemos, McGonagall sabía que alguien iba a morir ayer. Existen profecías, Harry, profecías a las que nadie nunca ha hecho caso. Auguran una guerra mucho más oscura que la del Señor Tenebroso. Tan complicada, que cada profecía habla de un peón diferente. Si no te he dicho nada de esto antes, es porque no creía que lo que contaba nuestra querida Minerva fuese cierto.  He oído muchas. Algunas me las sé de memoria. Tú puede que hayas oído versiones de otras. Y solo he sido capaz de acertar una. Y no porque soy inteligente, sino porque ocurrió ayer. Dice así: "Cuando el fruto del amor entre dos descendientes de aquellos que acabaron con Tom Sorvolo Ryddle, el momento se acercará… El pájaro estará a punto de abrir las alas… El metamorfo será el que nos guíe … El único que sabe cómo acabará todo y cómo todo puede cambiar… El único dotado de esa sabiduría nacerá justo cuando otra vida se acabe…"- suspiró de nuevo. - Adivina de quién habla.

-No la entiendo… ¿El metamorfo? El día en el que nació Ted nadie murió. - dijo con algo de miedo tras sus palabras.

-No, aquel día no. Pero el día en el que nació su hijo sí. Nació Remus Harry Lupin y murió Minerva McGonagall. El fruto del amor de dos descendientes de los héroes. Victoire y Ted. Su hijo. Predijeron su amor mucho antes de que tú o yo naciésemos. ¡La profecía es una traducción del galés antiguo! Antes de que supieran que iban a acabar con Ryddle… Y así un millón más de profecías.

-Necesito poner protección sobre el bebé, Neville. ¿Cómo les guiará siendo un bebé?- el profesor se encogió de hombros.- ¡El único dotado de la sabiduría! ¡¿Cómo?! ¿De dónde has sacado estas profecías?

-Sybill Patricia Trelawney.  Las trajo aquí cuando Roxanne murió. Al día siguiente. Estaba llorando y más loca de lo que jamás la he visto. Decía que Cassandra tenía razón. Las profecías  las había ido recogiendo su abuela, Cassandra Trelawney, Harry. Una de las videntes más poderosas de todos los tiempos. Dijo que esos milenarios augurios coincidían con alguna de las visiones que ella misma había tenido. Dedicó su vida a recopilarlas por todo el mundo… Son historias que han estado en todas las culturas… Es impresionante, Harry. Pero las guardó todas y las transcribió en cuadernos. Ninguna de estas aparece almacenada en el Salón de las Profecías. Quien sepa alguna de estas profecías… Bueno, es porque está relacionado con el Ojo.

-¿Trelawney también? -inquirió Harry.

Neville torció el gesto.

-Cassandra Trelawney… McGonagall cree que sí. Creía. Y nos lo confirmó Sybill… Su tarea fue por orden del propio Ojo…

-¿Y cómo es que Sybill tenía una copia?

-Bueno, su abuela hizo varias copias para asegurarse de que no solo el Ojo las conociera…

-¿Cuántas copias? -cuestionó Harry.

Neville suspiró.

-Tres… Hizo tres copias. La que está en el despacho de McGonagall. La que tiene el Ojo. Y la que desapareció cuando Trelawney murió.

Se hizo un silencio. Neville estaba nervioso por informar de aquello a Harry. Dudaba que su viejo amigo supiera que hacer. Mas si iba a dirigir un Colegio como Hogwarts, no podría ocuparse de todos los asuntos que le llamaban con urgencia.

-¿Hubo una profecía para Roxanne?

-No sé si los Weasley están preparados para saberla.

-Yo sigo siendo Potter.

Neville aspiró aire.

-"…la que busca a Mordred bajo las órdenes de sus ancianas amigas será la primera en causar verdadero terror. Su imagen será roja como la sangre, como sus cabellos, como su vestido que cuelga de un árbol…" ¿Reconoces la cruel escena que la caracteriza? Por supuesto, lo que impacta es que la supuestamente inocente Roxanne estuviese buscando a Mordred…. McGonagall me dijo que Mordred seguramente se refería a Ivonne, el nombre escrito en su cadáver y en el de la antigua alumna que fue asesinada en Hogsmeade. Harry, estas niñas sabrían sobre Ivonne mucho antes que nosotros siquiera pudiéramos pensar en que se acercaban tiempos oscuros…

Harry se encontraba petrificado. Su dulce sobrina. Sabía más cosas que él. Murió por el conocimiento del que Minerva le avisó.

-McGonagall sabía que Roxanne iba a morir…

-No, Harry, Minerva me dijo que no sabía nada de lo que hacía Roxanne.  Nunca hubiese dejado que le pasase nada  a nadie.

- ¿Sabes que averiguó?

Neville negó con la cabeza.

-Minerva me daba siempre la misma negativa que a ti.

-¿Cuál es la peor profecía de todas?

-No, Harry, dejemos la tortura para solo uno de los dos.

-¡Necesito saber las profecías! Mi familia estará allí.

-¡Es muy difícil saber quién es quién! Ya te lo he dicho.

-Tan solo dime la peor…

-Todas son crueles, Harry. Es por eso por lo que las trajo todas. Ni siquiera McGonagall supo decir cuál era la peor.

-¡Quiero verlas!

-Harry, es el legado de Minerva para mí. Créeme si te digo que es más una maldición que otra cosa. Si Minerva hubiese querido que las leyeras, ya lo hubieses hecho. Y yo voy a mantener su promesa. Así que te ruego que no me obligues a darte más de una negativa al respecto. Para que te quedes tranquilo, te diré una que me sé de memoria. Porque quizás fue la que más me impactó, o la que creía interpretar mejor. Y espero equivocarme, Harry. Y espero que tú también te equivoques cuando la oigas: "…Y aquellos que nacieron sin el don de la magia conocerán, por fin, el mundo que se les oculta…"

- No puede ser.

-Es la más clara de todas, y, quizás por ello, esperemos que sea la que peor interpretamos.

 

Todos estaban nerviosos sentados en sus compartimentos. Compartiendo la vuelta a casa con los que de verdad importaban. Muchos habían optado por ir a la cabina de su familia, porque, al fin y al cabo, era Navidad. Y, sobre todo, confiaban más en un hermano mayor para ser protegidos. Para estar sanos y salvos. Porque todos tenían miedo. Habían visto con sus propios ojos el horror del asesinato de su querida directora. Sería un momento que desde aquel momento marcaría sus vidas para siempre. Querían hacerse los fuertes, pero eran todos vulnerables. Ninguno estaba lo suficientemente preparado para hacer frente a aquella visión. La persona que creían más poderosa del mundo mágica asesinada a sangre fría por una antigua compañera de clase.

Lily iba en el compartimento con Lys, Lorcan y Hugo. A pesar de haber tenido un comienzo que los había separado a los cuatro por igual, supieron que jamás dejarían de ser amigos. Y por ello, decidieron arroparse en aquel difícil momento.

Lyslander Scarmander había dado de lado a sus amigas de Hufflepuff, a sus compañeros de Quidditch y a algunos compañeros de otras casas con los que también se llevaba genial. Era la niña favorita de Primero. Su alegría aun perduraba incluso cuando había sido perturbada por la noche anterior. Quería estar con aquellos a quienes consideraba familia. Lorcan supo que no podía rechazar la invitación de sus tres amigos de toda la vida por los excéntricos Ravenclaw de los que parecía estar unido de por vida bajo los muros del castillo. Se sentía identificado con ellos, para qué mentir. Pero necesitaba sentir la cálida sensación familiar que solo aspiraba con ellos. Sus compañeros de aventuras. Hugo, ante los ojos de estos, parecía pletórico de poder reunir a sus amigos al fin. Estaba harto de los amigos de Lorcan y no quería fingir más que se entretenía con ellos. Ellos dos funcionaban bien. Aunque quizás estaba pletórico de poder volver a su Biblioteca favorita. Por último, Lily sabía que si sus amigos no aceptaban su idea, iría sola. Sus hermanos tenían a sus amigos y si ella no había hecho ninguno era su culpa. Y lo admitía. Así que por primera vez en meses, podría decir que estaba feliz. A pesar del miedo que había pasado la noche anterior, encerrada durante horas en el baño de las chicas con sus hermanos, primos y los amigos de estos. Fueron los prefectos de Hufflepuff los que se percataron de los gritos, cuando se les ordenó patrullar los pasillos de la segunda planta.

-¿Por qué eres conocida como Silly Potter, Lily? -preguntó inocentemente Lorcan.

La aludida bufó.

-Digamos que nos ha sorprendido a todos este año con su carácter, hermanito.- respondió dócilmente. Miró a Lily.- Te queremos igual…

-¡SALID TODOS DE LOS COMPARTIMENTOS!- se oyó un alarido.

De pronto, una fuerza sobrenatural tiró hacia atrás el tren. Los cuatro amigos se encontraban en uno de los últimos vagones. Hugo ayudó a Lys a salir del compartimento. Lily les perdió de vista cuando imitó a Lorcan levantándose. Antes de poder salir del compartimento, sintieron una sacudida que les hizo caer de bruces al suelo. No pudieron mover ni un músculo. Los últimos vagones se salieron de las vías e hicieron una curva. Daban muchísimo botes debido al terreno sobre el que se encontraban. Los vagones sufrieron otra sacudida. Esta vez, cogió más velocidad y se ladeó. Esto conllevó que todos los alumnos que se encontraban en los vagones sufriesen una dura caída. Los gritos eran la banda sonora de aquel momento. Lily se sentía angustiada. Estaba en un remolino de golpes y creyó estar a punto de perder la conciencia. Cuando el vagón pareció estar estabilizado, se asomó temblorosamente a la ventana.

Los últimos vagones se habían desligado y se dirigían a toda velocidad hacia la otra parte del tren.

Lily observó cómo varias figuras encapuchadas andaban y se introducían en los vagones del tren.

-¡LORCAN, CORRE!

Tenían que salir de aquel compartimento, que era el que más cerca estaba de la inminente colisión, cuanto antes.

Lorcan logró salir. Y cuando tendió la mano a Lily para ayudarle, el vagón se estrelló con la otra parte del tren creando una cruz. Debido a la velocidad que llevaban ambos la colisión taponó los oídos de todos los pasajeros. La inercia hizo que ambos móviles se desplazasen cientos de metros desde las vías durante casi un minuto. Se oían gritos y personas gritando los nombres de las personas más queridas.

Cuando el choque cesó, se hizo un silencio ensordecedor.

Lily buscó, tirada en el suelo, a Lorcan. Lo encontró a sus pies, con una brecha enorme en su cabeza. Había perdido el conocimiento. Su vagón había salido disparado y se encontraba lejos de todo el alboroto.

-¿Estáis bien?- una alumna de Hufflepuff de sexto, Sally O'Brien, observó horrorizada el estado del joven Scarmander. En seguida, sacó un pañuelo del bolsillo de su falda y se agachó para socorrerlo.- ¡Busca ayuda! - le gritó desesperada.

La joven Potter aún estaba en shock. De hecho, se mareó un tanto al incorporarse del todo. Al salir al corredor, vio la parte arrancada del vagón que daba a un prado. Decidió salir por allí para alcanzar a los primeros vagones, sin tener que atravesar las partes inaccesibles del tren.

Vio el caos que se presentaba ante ella. Observó las luces de hechizos dentro del tren. Gritos de terror. Llantos. Alaridos.

Corrió a los primeros vagones, olvidando su exposición ante aquellos encapuchados que la observaban desde arriba. Tampoco se percató del hombre lobo que rugía en busca de sangre que acababa de entrar en escena.

A Lily se le escaparon las lágrimas cuando se dio cuenta de que el hombre lobo corría hacia ella. Gritó para buscar fuerzas con las huir de él más rápido. Sus pies parecían responder con seguridad a su cabeza. Pero los de aquella cruel criatura corrían más rápido.

Justo cuando sintió su presencia y su aliento en su nuca, fue derribado hacia un lado. Soltó un rugido. Lily se atrevió a mirar hacia atrás. Una alta y esbelta figura con una capa de Slytherin miraba seriamente a la bestia.

-¡Dije que a Potter la mataría yo!- bramó.

Cuando pudo ver sus rasgos, Lily sintió demasiado miedo y sus piernas temblaron.

Frank McOrez le miraba con un aspecto de asesino experto.

La bestia se acercó a él y le rugió. Sus babas caían a ambos lados del suelo. Lily observó la escena con miedo. Estaban demasiados pendientes el uno del otro.

La joven se dio lentamente media vuelta y volvió a correr porque su vida dependía de ello. No tardó en ser derribada al suelo por Frank. Los golpes que antes había sufrido volvían a doler demasiado.

El hombre lobo saltó sobre ellos. Cogió con sus garras a Frank y lo alzó en el aire. Este no cambió de expresión y buscó su varita en la túnica. Lily pudo ver cómo aquello era en vano. Su varita residía a varios centímetros de donde yacía ella. La cogió y la escondió en su túnica, mientras se levantaba.

Frank McOrez comenzó a rugir y a gritarle al hombre lobo, cuyos ojos inyectados de sangre no prestaban atención a sus órdenes. De hecho, Theodor aprovechó para dar un zarpazo sobre el torso del joven, abriendo una herida al instante. Lo tiró con desprecio en el suelo y le dio otro zarpazo.

El despiadado joven de ojos asesinos sufría. Lily intuía que aquel momento era el apropiado para huir y buscar a los aurores que estaban llegando.

Expelliermus!- las palabras brotaron de los labios de la joven antes de plantearse si realmente deseaba salvar a Frank McOrez. El hombre lobo salió disparado por el aire.

Frank McOrez, que se mordía el labio para evitar gritar, miró a Lily Potter que corría hacia él. Esta le levantó a duras penas, el joven tenía la herida en el torso demasiado abierta. Ambos miraron hacia donde el hombre lobo estaba a punto de levantarse y volver hacia ellos. Lily miró con ojos llorosos a Frank, en busca de que se le ocurriese una buena idea. `

A pesar de que ese joven quería matarla.

A pesar de que ese joven era su enemigo, y ella lo sabía.

A pesar de que estuviesen a punto de morir.



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