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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 11: Nieve cálida
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
[ Más información ]

(III) Capítulo 11: Nieve cálida

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)

 La importancia de un secreto solía depender de las personas a las que no puede ser revelado, de las que tiene que ser guardado.  Ese fue el primer pensamiento que Alice Longbotton tuvo cuando Renata Driggs asomó su cabeza por el marco de la puerta del baño, donde la muchacha se estaba peinando. Su compañera de cuarto era una extraña devota de los libros de Encantamientos Prohibidos, según rezaban los libros que siempre tenía sobre su mesita de noche, y que en ningún momento pretendió esconder a Alice. Era más bien como una amenaza de lo que era capaz de hacer. ¿Quién mejor que alguien a la que Alice temía como para guardar sus secretos?

Tenía varios que temía que sus amigos descubriesen. La existencia de su hermano. Su traición al regalarle al Clan del Ojo la piedra filosofal. Su actual colaboración. La maldita información que conocía pero que no le era permitido revelar.

Su tediosa compañera de cuarto se encargaba de que Alice se sintiese culpable. Iban a matar a la directora Minerva McGonagall y ella era incapaz de impedirlo. Jamás se perdonaría así misma. Si Rose se enterase, la tacharía de traidora. Pero le dirigiría la palabra porque entendería, de algún modo, su situación. Al igual que Peter Greenwood, que, era más, ya se lo había dejado claro. Él era, con suma certeza, el único que la perdonaría. Estaba tentada a revelarle su secreto. A pesar de que solo lo conocía desde hacía dos años, era la persona en la que más confiaba para ello. Emanaba tranquilidad y tolerancia necesaria para la turbulenta mente de Alice. A Scorpius Malfoy quizás lo destrozaría. Esas personas estaban matando a su padre. ¿Y ella colaboraba con ellos? Por Merlín, se avergonzaba de seguir hablándole. No quería pensar en la reacción de Albus. Sería demasiado devastadora. La persona más rencorosa que conocía -en lo que al trato con Alice se refería.

Sabía por qué la había escogida a ella. Ellos la habían elegido. No le costaba admitir -para sí misma- que era la más débil de todos. La más vulnerable. La más cobarde. La que temía que todo se fuese al traste. Y que acababa pasando. Sin duda, una gran elección. A veces se consolaba pensando que no era un acto dejado llevar por el egoísmo. ¡Una amenaza contra la seguridad de su familia! Alice quería demasiado a Frank. Y a sus padres. Por encima de cualquier cuestión política. Era o McGonagall o su hermano.

Renata Driggs cerró la puerta del baño, encerrándose con Alice dentro. Esta le lanzó una mirada inquisitiva de reojo. No se acostumbraba a que Driggs le hablase como si fuesen algo más que compañeras de cuarto.

-Por lo visto será en el baile que ha organizado.- comentó como si se tratase de un tema trivial.- Parece que les ha salido perfecto: estarán todas las personas importantes de Inglaterra…

-¿No era solo McGonagall?- su alarmada pregunta causó satisfacción en la sonrisa de Driggs, que formaban sus frondosos labios y ensanchaban su nariz chata.

-Por desgracia, solo sé lo que tú sabes… Aunque no me extrañaría que quisiesen llevarse por delante a Potter también.- Alice suspiró. Se odiaba a sí misma. El padre de Albus. Si tocaban un pelo al padre de Albus, estaría perdida. Porque se delataría. No podía dejar que aquello fuese tan lejos teniendo medios para solucionarlo. Su mirada brilló con un furioso fuego verde.- No tocaremos a tu padre…- ella se incluía. Por supuesto. Driggs y muchos más se consideraban miembros activos infiltrados como alumnos. - Así que ni se te ocurra hacer ninguna estupidez… Por si se te olvida, mira.

La muchacha le tendió una fotografía. Antes de verla, ya se le había encogido el corazón a la joven Longbotton. En una cafetería muggle, un muchacho estaba sentado de forma despreocupada tomándose una Coca-Cola. Tenía el pelo desordenado, los ojos azules y una barba que le comenzaba a crecer. Sonreía de forma socarrona. Provocando a la muchacha de cabellos platinos que se encontraba en frente. Esta reía. Pero su risa era más tensa que la del joven. Menos real.

Frank Longbotton estaba tomándose un refresco con Gwendoline Cross. Tenían que asegurarse de que Alice colaboraría mediante una amenaza real a lo que más le importaba. Sus manos temblaron mientras observaba la felicidad que parecía hallarse en los ojos de su hermano. El pobre idiota no sabía lo que su hermana era capaz de hacer por él. La familia era un valor muy importante para Alice. Estaba justo en el escalón superior a la amistad.

-Cómo le haga daño…Juro que la mataré.- sentenció la joven lanzándole a Driggs una mirada asesina.

La aludida pareció obviar el comentario y optó una postura más cómoda, apoyándose en la pared, sintiéndose más alta que la menuda compañera de cuarto que había dejado el peine en un cajón y la miraba expectante. Quizás esperando a que se marchase.

-¿Sabes si tu amigo Potter está libre para ir al baile…?

La muchacha ni la miró. Le dio de lado y salió del baño. Ninguna de sus otras dos compañeras estaba en el cuarto. Algo que no se salía de lo normal. Al principio, creía que era porque temían a Renata -su dura reputación se había fortalecido tras juntarse con McOrez. Con el paso del tiempo, se dio cuenta de que ni Mortensen ni Rybner estaban interesadas en las actividades clandestinas y peligrosas de Driggs. Aunque la segunda le hubiese amenazado en más de alguna ocasión.

Bajó a la Sala Común con la esperanza de distraerse leyendo algún libro. No era mucho de leer. Pero se sentía terriblemente mal cuando estaba con algunos de sus amigos. Últimamente era muy callada. Rose solo hablaba de lo que odiaba la idea del baile. Una tontería, pues Alice intuía que era porque su mejor amiga conocía la regla de ir con pareja. Y Rose y el sector masculino aún era un tema de conversación que no habían llegado a tener. Peter Greenwood había anunciado a todos que iría con Kyle Keegan, un alumno dos años mayor de Hufflepuff. Causaría revuelo, cierto; pero más que el que produjo cuando anunció aquello con naturalidad delante de Albus y Scorpius no podría ser. Alice estaba infinitamente alegre por cómo Greenwood se tomaba todas aquellas retrógradas reacciones. En cuanto a Scorpius, el baile era un tema que evitaba. Como si no fuera de importancia. Que no lo era, claro. Pero incluso rechazó su oferta de ir juntos. Albus estaba ausente. Seguramente iría con alguna Hufflepuff. Solo esperaba que tuviese pareja, ya que a él no le importaría ir con la belleza morena de Driggs.

Su amigo salió de los dormitorios masculinos y se dispuso a salir de la Sala Común. Alice corrió tras él. Le costó alcanzarlo en el pasillo a causa de los pasos rápidos de este. Llevaba la capa, una bufanda e incluso guantes. Estaban a mediados de diciembre. Pero solo hacía frío si salías del castillo. Y aquel día era martes y en dos horas tenían clase de Historia de la Magia.

-¡Albus!- el muchacho se giró al verla y descendió el ritmo.- Hola.

-Hola.- repitió él sin prestarle mucha atención.

-¿Vas a ir al baile?

Le respondió una mirada curiosa.

-No.- Alice titubeó tras aquella respuesta.

-¿Por qué?

-Pues porque no tengo pareja. Realmente no me veo yendo con nadie al baile.

La joven rio un tanto incrédula. Eso parecía imposible. Era cierto que Albus era apuesto, pero que había alumnos de su edad que destacaban más por su belleza - Malfoy y Greenwood; mas sabía de primera mano que muchas le habían pedido ir con él al baile.

-Deberías ir.- se arrepintió al segundo de decir aquello. Si Albus no iba al baile, quizás estuviese a salvo de cualquier cosa que pudiese pasar. Sería salvarlo. Aunque siempre estaba el hecho de que Driggs le invitase. -¿Realmente no te ves con nadie en el baile? - la muchacha se aclaró la garganta para aquello que estaba a punto de decir. Era salvarlo, ¿no?- ¿Sabes? Creo que podríamos ir juntos…- por primera vez, Albus la miró de verdad y sonrió con suficiencia. Como si supiese que aquello iba a pasar.- A ver, no como pareja, pero si como amigos. No es un baile al que haya que ir con una verdadera pareja. Somos amigos que van juntos al baile que ha hecho la directora en honor a sus padres. ¿Qué te parece?

-¿Tenemos que ir con corbata y vestido a juego?- preguntó, divirtiéndose de la situación en la que se encontraba Alice.

-Rotundamente no.- la joven le miró molesta.- Realmente no me imagino yendo a ese baile con otra persona que no seas tú.- se dio cuenta de lo que podía interpretarse justo después de decirle. Sus mejillas se enrojecieron. Albus volvió a sonreír con suficiencia. Olvidando aquello lo antes que pudo, se dio cuenta de que había seguido a su amigo en un pasillo que comunicaba con el exterior del castillo.- ¿Dónde vas?

Albus se encogió de hombros y se mordió el labio, como si estuviese algo avergonzado. Se rascó la nuca y se despeinó en el acto.

-Al lago.

-¿A qué?                                                      

-A nadar.

El joven observó la divertida mueca que hizo Alice como reacción.

-¿Tú eres tonto? El agua está congelada.

Pero la joven no se detuvo y lo siguió cuando salió del castillo.

-No está tan fría como piensas, créeme.

-¿Y por qué te ha dado ahora por nadar, si puede saberse?

Albus rio y la miró como si hubiese dicho algo estúpido.

-Llevo haciéndolo unas semanas. Me relaja.- se encogió de hombros como si esa respuesta lo explicase todo. Se percató de que Alice le miraba con incomprensión.- Estoy nervioso, como lo de Scor, lo de Rose… Que ya mismo es Navidad… No sé, siento que nadar me despeja.

-Eso explica por qué últimamente pareces tener efectos retardados…- musitó Alice ante la mirada interrogativa de su amigo.- Se te han congelado las neuronas, Albus.- su seriedad le hizo gracia.

Habían cruzado un poco el bosque y habían topado con una pequeña cala en el lago. El agua se asomaba en un semicírculo bordeado por piedras grises. La serenidad les transportaba a un entorno pacífico. El sonido de las gotas fundiéndose con la orilla se amoldó en su cómodo silencio. El paisaje que se observaba desde aquel rincón era espectacular. Ante ellos las montañas se abrazaban y, entre ellas, se apreciaba el castillo. Parecía un lugar entrañable.

-¿Has venido a ver cómo nado o vas a probar el agua?

Alice asimiló la situación en apenas unos segundos. Realmente no sabía qué hacía allí. Estaba aburrida, quizás era eso. Entendió entonces por qué Albus iba tan abrigado. Después de un baño allí, necesitaría ropa que le diese calor. Y ella solo llevaba la falda, unos leotardos y el fino jersey que dejaba entrar el helador frío de invierno.

El joven le sostenía atento la mirada.

Comenzó a quitarse la capa, la bufanda, los guantes. Los zapatos. El jersey. Cuando se fue a quitar los pantalones, Alice se ruborizó y se dio media vuelta.

-Mejor me voy…

-Si es porque temes verme en calzoncillos, te aviso de que llevo bañador.- oyó su voz más cerca. Albus estaba detrás de ella en bañador. Su torso pálido dejaba ver su cuerpo delgado y atlético. Sus huesudos omoplatos. Una cálida sonrisa le acompañaba.- ¿Por qué no te metes?

-Porque no tengo bañador.- contestó algo dudosa Alice.

Albus sabía que a la muchacha le gustaba nadar. Siempre lo decía. Desde pequeños. Sabía que le había gustado la cala de Albus y que algún día - con un clima que no augurase nieve- volvería.

-Quítate el jersey nada más. Y los zapatos y los leotardos. - Le dijo señalando sus prendas.- Yo después te dejo mi capa. Podemos ir corriendo de vuelta al castillo y así no nos resfriaremos mucho.

El agua tranquila parecía tentarle. Estaba deseando adentrarse en la espesura del agua.

-¿Y qué me dices del pulpo?

-Esta parte está controlada, créeme. Le pregunté a tu padre antes de hacer nada.- Alice ladeó la cabeza. Insegura.- Yo voy a meterme porque me estoy congelando. Tú decides. - le retó con la mirada. Ambos sonrieron con un aire travieso.- Te espero dentro.

Mientras Alice se preparaba, Albus introdujo sus pies en el agua. Había aprendido que cuanto más rápido se metía, menos doloroso era el frío que se clavaba como agujas. Nadar realmente le relajaba. Le gustaba la sensación de agilidad que adquiría bajo el agua. Disfrutaba dando brazadas. Sintiendo la inmensidad que le rodeaba y teniendo la certeza de que estaba seguro.

Sin darse cuenta, había avanzado tanto que la menuda figura de Alice ya estaba dentro del agua y le seguía a duras penas. Aunque la chica siempre había sido una persona activa, carecía de forma física.

Se detuvo hasta que su rostro se distinguió entre las oscuras aguas. Albus se había dejado las gafas en la orilla. Y apenas veía a dos metros de distancia.

Alice tenía el pelo pegado al contorno de su rostro. Sus ojos parecían más verdes y más grandes de lo normal. Su rostro pálido destacaba entre la oscuridad y la niebla que les rodeaba. Sus labios frondosos habían adquirido un color algo violeta y temblaban de frío. Bajo el agua se podía observar su camisa blanca ciñéndose a su menudo y curvilíneo cuerpo, sobresaltando su femenina figura. Sus piernas se agitaban para mantenerse a flote.

-¿Contento?- inquirió la joven cuando se acercó más a Albus. El corazón del muchacho latía a una velocidad que no lo hacía normalmente bajo aguas heladas.- Estás loco, ¿lo sabes?

Albus no pudo evitar reírse ante su ocurrencia. Por supuesto que lo estaba. Pero ella lo estaba más por haberle hecho caso. Por muy impredecible que pudiese ser su amiga.

-Te he engañado con lo del pulpo. En realidad, puede rozarnos en cualquier momento.- la cara de Alice se ensombreció ante la noticia que su amigo había dicho muy serio. Se llevó la mano a la boca y se agarró fuertemente al brazo de Albus. Le miró con miedo. Albus estalló en una risotada que causó eco en la niebla.- ¿Cómo puedes ser tan inocente?

-¡Serás capullo!

Le propinó un codazo que quedó amortiguado por el agua. Albus lo paró con su mano y tomó el brazo de Alice para que le fuese más cómodo mantener el equilibrio. Para ello se aproximaron más. Albus sentía la respiración cálida de Alice en sus mejillas.

Los ojos de la chica le buscaban. Aún estaban enrabietados. Y tenía los labios fruncidos. El corazón de Albus volvió a acelerarse. Y no lo pudo evitar.

Con la mano que tenía vacía, acarició la nuca de Alice atrayendo su rostro y pasando sus dedos por su pelo mojado. Buscó desesperadamente sus labios, los que parecían estar predispuestos al apasionado beso que Albus le robó. Los finos labios del joven aprisionaron con fuerza los de la muchacha. La mano que sostenía el codo de la joven se paseó por la parte inferior de la espalda, aproximándola hacia él. Ella le respondió con dureza al beso, por lo que el joven se sorprendió.

Los ojos de ambos se abrieron a la vez. Se despegaron lentamente, como si no quisiesen romper el momento. Aun sentían el latir del otro. El rojo inundó sus pálidos rostros.

-Esto nunca ha pasado.

-Me has robado las palabras de la boca.

-¿Sólo las palabras?- la mirada socarrona que le lanzó Albus, movió las entrañas de Alice.

La nieve comenzó a caer.

 

El calendario mostraba las pocas semanas que quedaban para el gran momento. Iba a ser madre. Madre. Sonaba más impactante cuando se lo oía decir a otras personas. Porque nunca había pensado ser un madre veinteañera. Era tan absurdo para los muggles. Se daba cuenta de que muchos la miraban de reojo. "Tan joven". ¿Es que hay una edad exacta a partir de la cual se pueda tener un hijo? Eran prejuicios fruto de una sociedad en vías de acostumbrarse a desentenderse de la paternidad. O al menos, eso le gustaba pensar. Muchos decían que aquello le cambiaría la vida. ¿Y qué si ese cambio iba a mejor? Si hubiese sido una persona con claras ambiciones, las cuestiones a plantearse serían diferentes.

Era inútil. Las lágrimas la habían aprisionado en su mente cientos de veces solo con pensarlo.

Ted era profesor. Con carisma. No abandonaría su puesto en el colegio y seguiría los primeros pasos de su hijo. Se cultivaría en los libros de Hogwarts. Terminaría de madurar. Se codearía con personas prestigiosas. Y su hijo estaría en un futuro orgulloso del éxito laboral de su padre.

-¿Ya te vas?- le preguntó a Ted, quien estaba dando los últimos sorbos a un café recién hecho. El joven asintió. Miró el reloj. Iría tarde. No le importaba hacer esperar a sus alumnos si como recompensa veía más a Victoire. - Que no se te olvide pasar por el ginecólogo para recoger los resultados de la última revisión.

-Fui ayer… Perdona, se me olvidó decírtelo.- No era cierto. Cuando llegó a su acogedora casa, la joven estaba hecha un ovillo en el sofá. Tenía los ojos adormilados y un sueño profundo tras sus pestañas. Cenó rápidamente tras haberla acompañado a la cama. Se abrazó a ella y a su vientre. Le susurró palabras tiernas y cayeron en los brazos de Morfeo.- Están en el mueble de la entrada.- Victoire se levantó de la silla y anduvo hacia la entrada. De espaldas, parecía una persona mucho mayor de lo que sus apenas veinte años podrían indicar. Le costaba mantenerse en pie. No tenía demasiada barriga, pero era extremadamente delgada.

Lo que ponía en los resultados era la fecha de nacimiento de su hijo. 21 de Diciembre.

Se le saltaron las lágrimas. La llegada de su hijo.

Había sido idea de Charlotte Breedlove  obtener la fecha para que así Ted y su familia estuviese ese día con ella y no repartida por Merlín sabía dónde. Grandes avances muggles que a sus padres aún les costaba digerir.

-Al fin veremos si tiene mis ojos…- comentó Ted de forma divertida, cambiando su iris a colores extravagantes. Victoire rio. Sonrió de forma nostálgica. - Me tengo que ir, Vic. - se aproximó a ella para darle un dulce beso en la frente. - Te veo esta noche, llegaré algo tarde porque…Bueno, ya sabes, mañana es 20 y el 21 es el Baile de McGonagall… ¡Y el cumpleaños número 0 de mi hijo!- besó el vientre de Victoire.- Te veo entonces, pequeño.

El corazón de Victoire estuvo en proceso de derretirse durante los segundos en los que Ted tardó en marcharse. Suspiró. Lo quería. Ojalá pasase el día entero con ella. Observaba cómo Ted se hacía mayor todas las noches, cuando la miraba como si fuese la persona más bonita del mundo. Como si sus ojos solo funcionasen cuando descubrían los de la joven, y para todo lo demás fuese ciego. Como si fuese la mujer de su vida. Porque Ted estaba enamorado de ella. Era un sentimiento que el joven no solía mostrar, excepto por aquel brillo en la esquina de sus ojos. Quería mantener una imagen de tipo duro y jovial. No de un joven que se moría por llegar a casa para abrazar a su chica. Aún no estaban casados. Victoire nunca le había preguntado a Ted que si pensaba hacerlo algún día. Se sentían tan bien en ese momento que no se dejaban llevar por estupideces que suponían formalizar algo que todo el mundo conocía ya.

La joven se dispuso a fregar los platos del desayuno. Hizo las camas. Ventiló la habitación. Sacó un libro de la estantería repleta de novelas que había coleccionado desde pequeña. El Cuento Número Trece. Un relato que le compró su tía Hermione hacía ya muchos años. Perfecto para ambientar un día de lluvia londinense.

Tocaron a la puerta.

Charlotte Breedlove se encontraba, ataviada en su gabardina beige y con un paraguas enorme tras la puerta franqueada por el aspirante a auror. Su sonrisa brilló aquella mañana nublada. Se acercó a Victoire y le dio un tierno abrazo.

-Buenos días, niña.- la acompañó al salón.- Espero no haberte levantado.- dijo mientras se acomodaba en un sillón que había hecho suyo, y que ni Ted ni ella utilizaban.

-No, no se preocupe. Me levanté temprano para despedir a Ted.

La mujer de tez morena y ojos chispeantes miró con dulzura a la joven que ante ella se encontraba. Una delicada muchacha que no tenía ni idea de lo que se acercaba.

-Su hijo está apunto de saludarnos, por lo que veo.- comentó con una sonrisa divertida.- Bueno, comencemos. Llevamos mucho tiempo sin vernos.

-La última vez me contaste la vez en la que conociste a Ivonne. - Dijo con interés.- Me he informado mejor sobre esa mujer. Lo que he podido, la verdad. ¿Sabía que su nombre fue escrito sobre el cadáver de mi prima y de otros que lo sucedieron?

-Sí, desgraciadamente eso le forjará cierta reputación- argumentó con una tristeza que Victoire fue capaz de entrever.- Pero hoy no vengo a hablarte de ella. Ya habrá días para ello. Aunque sé que, ahora mismo, sólo quieres saber cosas sobre Ivonne. Te lo advierto: Todo lo que aprendes conmigo es muy peligroso. De hecho, no me extrañaría si Roxanne Weasley murió por saber algo que a la Sociedad del Ojo le interesaba. Sé que toda tu familia cree que fue un ataque con lo que representan… Pero a ellos no les suele importar los motivos políticos como las oposiciones que surgen.

- Eso no me tranquiliza.

-No esperaba que lo hiciera, pequeña. - Charlotte Breedlove suspiró. Había tantas cosas que aquella muchacha desconocía que le era muy difícil transmitirle todo aquello que debía saber. Estaba jugando en terreno peligroso que supondría la desaparición de todo aquello que conocían.- Hoy te hablaré sobre la educación de Hogwarts. Sobre cómo el Mundo Mágico es un régimen totalitario basado en la búsqueda de la magia más poderosa.

Victoire titubeó.

-En realidad, tengo una pregunta que hacerle.- se aclaró la garganta.- De hecho, rondó por mi cabeza hace bastante tiempo, pero no se me ocurrió que usted quizás podría ayudarme. El año pasado mi embarazo fue revelado cuando el Clan del Ojo me secuestró. Al principio, pensaba que era un atentado contra mi familia, por lo que no le di tanta importancia. Sin embargo, tras el asesinato de Roxanne y de todo lo que se ha acontecido después… Ha vuelto esa inquietud. Ellos sabían que mi bebé era un niño, cuando yo ni siquiera sabía que estaba embarazada. Supuse que tenía algo que ver con la magia, y que tampoco era un gran misterio…Pero querían hacerle daño a Remus, yo les daba igual. ¿Entiende? Quizás es que se activó mi vena materna, pero… Creo que me secuestraron por mi hijo. Y acabas de decir que el asesinato de Roxanne no fue a causa de la amenaza que puede representar mi familia. ¿Sabe usted algo?

Por primera vez, aquella muchacha la sorprendió de verdad. Se quedó sin palabras. No sabía qué responderle. Ese momento llegaría de un día para otro. Aunque nunca pensó que fuese tan pronto. Antes necesitaba contarle muchas otras cosas que la ayudarían a entender lo que ocurría. Como por ejemplo, porque había sido Victoire Weasley la elegida para contarle todo aquello.

-No te engañaré. Sí sé.

La joven se quedó expectante a una extendida explicación, pero solo le recibió un prolongado silencio.

-Espero que entienda que necesito saber eso.

-Es complicado, Victoire.

-Se trata de mi hijo, señora Breedlove.- respondió con un sentimiento de impotencia creciendo en su garganta.- Necesito saberlo.

Le agarró la mano y miró aquellos profundos ojos. Le suplicó con su expresión.

Charlotte Breedlove la miró de forma tan serio que incluso llegó a asustarse.

-Su hijo será una persona muy importante.

-¿Cómo puede saberlo?

La mujer cerró los ojos. Aguantaba un peso y un secreto demasiado grande.

-Hay una profecía. Y el Ojo la conoce.

-¿Sobre Remus?

Charlotte Breedlove asintió solemnemente.

-"Cuando el fruto del amor entre dos descendientes de aquellos que acabaron con Tom Sorvolo Ryddle, el momento se acercará… El pájaro estará a punto de abrir las alas… El metamorfo será el que nos guíe… … El único que sabe cómo acabará todo y cómo todo puede cambiar… El único dotado de esa sabiduría nacerá justo cuando otra vida se acabe…"

Los ojos de Victoire se desorbitaron. Se levantó en un ímpetu y la señalo acusadoramente con el dedo.

-¿Por qué no me lo ha dicho antes? ¿Sabía eso todo este tiempo y no me lo iba a decir? ¡Ya no sé si quiero confiar en ti! ¡Es MI HIJO!- sus manos temblaban. Una lágrima se escapó de la cornisa de sus ojos.- ¡No tiene derecho a haberme ocultado eso!

-Tranquilícese… Se lo explicaré todo.

-Más le vale…

-Tenía claro que usted iba a ser la madre del niño, pequeña… Desde que fue a Hogwarts. Su relación con Lupin siempre ha dado que hablar. Y…No es que la haya estado vigilando, pero sí que velo por su seguridad constantemente. Cómo le he dicho, su hijo será una persona importante. No entiendo la parte de la profecía en la que habla de un pájaro, pero supongo que es el símbolo de esta sociedad. Según esta profecía, tu hijo nos señalará el camino correcto para derrotarles. Esperan a algo poderoso. Y Remus sabrá qué es, sabrá cómo vencerles.

-Y nacerá el día en el que muera alguien. ¿Quién? ¿Lo sabe?

-Lo que te voy a anunciar ahora no se lo puedes revelar a nadie, por mucho que te duela. - Victoire asintió, aun sintiendo algo de recelo. Aún de pie ante ella. Le miraba con fiereza. Como una madre que protegería a su hijo frente cualquier peligro.- Hay muchas personas en este mundo que ya conocen quien morirá el día 21 de diciembre. Y nadie podrá impedirlo, porque lo dice una profecía. No se preocupe si teme que será usted. Victoire, piense, usted lo sabe. ¿Qué ocurre el 21 de diciembre?

-Es el baile que McGonagall ha celebrado en honor a… ¡Por Merlín! ¡No puede tratarse de Minerva!- se enfureció.- ¡Tiene que haber un error en la profecía…O debe de estar mintiendo!

Charlotte Breedlove negó tristemente. Se levantó para estar a la misma altura que la joven, cuyas lágrimas brotaban rápidamente. Por desgracia, todo lo que aquella muchacha tenía que sufrir aún no había comenzado. La mujer de tez morena se mordía el labio para no soltarle todo de sopetón.

-Minerva McGonagall sabe que va a morir, pequeña. De hecho, fijó ese día ella misma.

-¿Conocía la profecía?

-Había oído hablar de ella.

-¿Cómo?

-Era su destino y alguien se lo dijo…Hace mucho tiempo. Y Minerva siempre ha esperado este momento. Antes de Voldemort y de las Guerras que la convertirían en la mujer que es ahora… Antes de todo a Minerva se le reveló su destino…Y ella no va a desobedecerle, claro está -dijo aquello con cierta irritación.

 -¿No va a desobedecer  a Ivonne Donovan?-se aventuró Victoire con fuego en su mirada. La señora Breedlove asintió. -¿McGonagall la conoció?

-Esa es parte de la historia que aún te tengo que contar, preciosa…- respondió en un suspiro la mujer. Se sentó en el sofá y cogió el brazo de la joven para que la acompañase.- Hay mucho que aún debes conocer para que puedas entenderlo todo.

-¿Cómo va a ser mi hijo el guía si es un bebé?

La mujer sonrió enigmáticamente.

-Eso sí que es un misterio.- adoptó una posición cómoda y entonó la voz que siempre usaba en sus relatos.- Hoy te iba a contar cómo es la educación en Hogwarts… Pero he decidido hacerte en un resumen de cuestiones importantes que han convertido al Mundo Mágico en un sistema totalitario del que nadie parece poder salir. Tu tía Hermione es una persona muy revolucionaria, ¿sabes? El hecho de introducir en el mundo mágico los avances muggles es algo que solo tiene lugar en Inglaterra. Donde es aún impensable para muchos. A pesar de que ella se esfuerce, jamás conseguirá derrocar esta sociedad de castas. Existe desde Merlín, que parece ser una buena persona por erradicar la tortura de Muggles, cuando en realidad, lo hizo para hacerlos subordinados a él. Hay partes de la historia que siempre se nos oculta. Como iba diciendo, la pirámide social siempre la han liderado personas de sangre pura, seguida de una burguesía mestiza, después la clase obrera hija de muggles y más abajo los squibs. Todos son humanos. Solo que unos poseen más magia  que otros.

-Eso no es cierto, mi tía Hermione y toda mi familia está luchando contra eso.

-¿De verdad lo crees? Sí, están luchando… ¡Pero solo en Inglaterra! Y no han conseguido nada seguro. Los niños siguen diferenciando los nacidos muggles de los que siempre han sido muggles. Por no hablar de los squibs… Ser squib no es una enfermedad, dios Santo. - la mujer pareció enervarse y recobró la compostura.- ¿Y qué me dices de los Ministerios de Magia? Se controla absolutamente todo. Por mucho que McKing haya querido dar un aire renovador…¡Es imposible! Bancos, escuelas, leyes y la prensa… El Ministerio maneja todos los aspectos de la vida social. ¡Aún no han hecho nada para que exista un libre mercado!

-Nunca había pensado en poner en duda las decisiones del Ministerio...- dudó Victoire. Se sentía como una ciega a la que le estaban abriendo los ojos. Aunque ese proceso fuese duro y lento de digerir. - Además, es cierto que no hay elecciones para el Ministro de Magia como tienen los muggles… Y tampoco hay límites en el mandato. - la joven se estaba horrorizando ante aquella realidad puesta boca abajo.

-Oh, por supuesto que no hay nada de eso… ¡Todo el mundo está acostumbrado! Esa es la excusa. Pero es que tampoco pueden ver nada más fuera del Mundo Mágico. Es culpa de la educación que recibimos en Hogwarts. En nuestro currículo se nos requiere cinco años de Pociones y Herbología… ¿Dónde están la Economía, Matemáticas, Ciencias o alguna clase de educación cívica? ¡Estamos lamentablemente preparados para la mayoría de las profesiones! Nos reímos de los muggles, siendo estos más cultos que nosotros. Nos mantienen en una comunidad aislada que nos dificulta la inserción en la sociedad no mágica.

-Qué me va a decir… No tengo ningún título ni ninguna base para ningún trabajo decente en Londres. Y obtuve muy buenas notas en mi currículo. - La joven asentía a todo lo que decía.- ¿Sabe usted que está cuestionando un sistema muy sólido? Es decir, podrían denunciarla por su discurso. Por cuestionar el método del Ministro. Es aún más revolucionaria que mi tía Hermione.

-Ese miedo es el que tenía mi padre en Cuba, ¿sabe?- le recordó con cierto sarcasmo.- Cuando salís de Hogwarts tenéis muy pocas carreras que elegir. Todos los trabajos lucrativos parecen ser lo que entrega el gobierno: auror, agente de la ley, periodista o burócrata. Que normalmente son para familias magas reconocidas o con una pureza de sangre digna. Créeme que tu tía hace mucho por evitar eso, pero… ¿Y el resto? ¿Crees que está de acuerdo completamente? Los malos hábitos son muy difíciles de eliminar. El resto ocupan puestos como chofer de bus, tren, tener una tienda, curanderos o trabajos de limpieza. A no ser que seas excepcional y te conviertas en una celebridad. -Charlotte Breedlove negó todo su discurso con indignación.- La economía es lo peor. El sueldo mensual no le importa a casi nadie… Ahora que vives en el mundo muggle sí que lo hace, ¿verdad? Y a tus tíos, los Potter y los Weasley… Viven en el mundo muggle porque han sido muggles antes. Porque saben cómo funciona este mundo. Seguro que a Ginevra y a Ronald les costó muchos sudores adaptarse.

-Yo tampoco me acostumbro a los avances muggles… Me costó todo el año pasado. Sinceramente, creo que los muggles son muy inteligentes. Si tuviesen magia serían unos prodigios.

-¡Esa es la actitud!- Charlotte Breedlove sonreía de oreja a oreja.- Como iba diciendo, el Mundo Mágico es una cultura donde todos los bienes y servicios son mágicos. Una estupidez que parece ser la rutina de todos. Tienen una economía funcional prácticamente nula. Tienen un maldito banco lleno de bóvedas con monedas de oro que sirven para los artículos escolares o una cerveza de mantequilla… Los magos bien podrían pagar incluso con papeles de colores, a menos que estén invirtiendo en un mercado de valores como los muggles. - La mujer suspiró.- Lo que quiero decirte con esto, es que los magos vivís aislados de los muggles. Son mundos diferentes. Apartados. Tratáis a los muggles como si fuesen inferiores. Como subordinados. La magia es lo más importante que conocéis.

Victoire imitó su suspiró.

-Voy a necesitar un tiempo para asimilar lo que me ha dicho, Charlotte Breedlove.

Ella asintió.

-Por supuesto. Solo una cosa más… ¿Sabes quién estableció este sistema? Y hablo de unos cuatro o cinco siglos en el pasado. O quizás más. - La joven negó.- El Ojo.

-Eso no puede ser cierto, el Ojo es una sociedad hasta ahora secreta que…

-Te equivocas por completo, pequeña.- dijo con cierto misterio.- El Ojo es lo que está detrás de todos los gobiernos que existen. Es el organismo más poderoso de todos los tiempos. Están esperando el alzamiento de lo que la profecía denomina el "pájaro" para consolidar finalmente el sistema en el que llevamos viviendo desde que Merlín fue encerrado por Nimue.



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