Historia al azar: "Tiempo"
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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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(III) Capítulo 1: El conocimiento es poder

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)


Lo que parecía un despacho infranqueable era, en realidad, una puerta fácil de abrir con un simple Alojomora. Bajo la superficie de estabilidad que simbolizaba la gigantesca puerta, quizás el aspecto que esta escondía aquella mañana del 29 de septiembre era algo extraño. Aparentemente estaba todo bien acomodado en su sitio habitual. Sin embargo, la presencia de la delgada figura que se paseaba entre archivo y archivo clasificado no era usual en aquel despacho. La única persona que guardaba el despacho de McKing no era precisamente el Ministro Mágico de Inglaterra.

Las hebras de su cabello se encontraban peinadas meticulosamente hacia un lado de su rostro. El ceño lo tenía tan fruncido que no se percató de los golpes que comenzaron a sonar tras la puerta. Sus facciones juveniles transmitían un aire de intriga y de misterio mientras sostenía un archivo de páginas gastadas.

El título le había atraído tanto que no se dio cuenta de que se había sentado encima de un antiguo baúl. Era exactamente lo que estaba buscando. O al menos eso pensaba, absorto en las primeras líneas de su lectura:

"Informe criminológico sobre el fallecimiento de Richard Julius McKing.

Según fuentes bibliográficas que explican el comportamiento de los basiliscos, estos atacan mortalmente por orden externa, a menudo de lo que se denomina un "adiestrador". Las víctimas que quedaron paralizadas fueron, por lo tanto, daños colaterales del objetivo principal: el asesinato del sujeto a causa del enfrentamiento directo, como apunta el informe forense.

Los motivos que atañen este atentado son claramente políticos: vulnerar la estabilidad emocional del Ministro de Inglaterra a través de la pérdida de su primogénito. Cabe mencionar la futura protección directa del hijo menor de la víctima pasiva: Sebastian Marcus McKing. Al ser la futura toma de poder el propósito del agresor, este podría tratarse de una figura política, tanto nacional como extranjera, que amenaza la seguridad del Ministerio.

El auror francés, Bastien Lebouf,…"

De repente, el papel se encogió en sí mismo, siendo arrugado por algo que le quitó el valioso documento de las manos. A Sebastian le bastaron tan solo cinco segundos para comprender la situación que acontecía.

Había utilizado la llave, la única copia en todo el mundo, del despacho del Ministro Mágico de Inglaterra. El día anterior, había cocinado unos hongos que le permitían tomar la apariencia de cualquier persona. Su padre. La eficacia de su pequeño plan le había sorprendido cuando entró en el Ministerio. Aparentemente, su padre era un hombre de pocas palabras, ya que nadie le dirigió ni una en su trayecto al despacho. De hecho, le hacían un pequeño vacío. Como si nadie quisiese interrumpirle de un extraño trance en el que parecía estar siempre. 

El propósito era buscar información, confidencial para el joven, entre los documentos archivados del hombre con más poder político e intelectual de su país. Resultaba tan complicado que fastidiaba decir que había sido pan comido.

O quizás, esta vez se equivocaba.

-¡¿Se puede saber qué haces, Sebastian?!- le gritó el hombre, mientras tiraba el papel al otro extremo de la habitación.

Sebastian dudó un segundo antes de contestar pausadamente:

-Buscaba lo que me pertenece. ¡La verdad sobre la muerte de mi hermano!

El rostro de su padre se endureció y acto seguido cerró los puños, alejándolos del muchacho. Como si así evitase impulsos violentos contra él.

-¡Sal de aquí y no vuelvas a entrar jamás!- cogiéndolo del brazo lo llevó a la puerta- ¡JAMÁS!- repitió echando a su hijo del despacho y cerrando la puerta con tanta fuerza, que creó un estruendo que sonó por todo el pasillo, provocando que todos los magos que allí se encontraban, sintieran lástima por el hijo pequeño del líder de aquel lugar.

No sabían que, de hecho, la lástima era un sentimiento adecuado en ese momento. Desconocían el hecho de que el Ministro no le dirigía la palabra a su hijo menor desde el homicidio de su primogénito. Sebastian McKing estaba siendo ignorado por su familia. Su madre, después del divorcio, se había limitado a unas cuantas cartas al mes. Había delegado la custodia que le pertenecía del verano a su padre. Como si no pudiera soportar la responsabilidad de acogerle en las vacaciones. A su hijo. Y su padre parecía estar más de lleno en su trabajo que nunca. Las únicas personas que parecían tenerle en cuenta eran los aurores que recomendaron su futura protección en el informe.

Tendría que buscar el modo de contactar con Bastien Lebouf.

 

Quedarse dormido encima de todos los informes esparcidos por el escritorio de su minúsculo despacho en un rincón de la sección de seguridad del Ministerio no era un hecho fuera de lo habitual. Al principio, Alexander Moonlight se sorprendió de no ser despedido por conducta despreocupada. Por su mal humor. Su temperamento. Sus discrepancias con Harry Potter. Argumentaba que él no tenía la culpa de que la mayoría de las operaciones que le atribuían tuviesen un desarrollo más fructífero por la noche. También se escudaba en su condición. Alexander Moonlight era un licántropo.

El pomo de la puerta se giró cuidadosamente, como si aquella persona tuviese miedo de que la bestia interna del dueño del cubículo se despertase ferozmente. Sin embargo, la sonrisa de oreja a oreja que se asomó tras la puerta gritó para que el hombre lobo que escondía Alexander rugiese fuertemente:

-¡MOOOOOOOOOOOOOOOOONNIE¡

Los ojos del auror se abrieron y su cuerpo en seguida se tensó y, dos segundos más tarde, se encontraba abalanzándose contra el que creía que era su enemigo. Sus extremidades se alargaron y sus músculos aumentaron, a la par que un vello facial apareció en un rostro de rasgos cambiantes. Su presa sufrió un cambio parecido que hizo parar el empuje de Alexander.

El joven reaccionó en ese momento al darse cuenta de que su presa era tan inofensiva como él. Es más, su presa era su mejor amigo.

-Joder, me cago en la leche, Ted.- se separó de él y lanzó un manotazo al aire.- ¡Podría haberte matado, descerebrado!

Como si hubiese contado la mejor broma de la historia, el joven Lupin soltó varias carcajadas, provocando en Alexander un suspiro de resignación. El pelo de Ted cambió a un azul turquesa, incluido la prominente barba que había dejado crecer aquel verano.

-No puedes convertirte Temible Alexander Greedy conmigo. Lo siento, han sido demasiados años juntos- volvió a reírse, mientras su viejo amigo ponía los ojos en blanco. La broma que ambos compartían se remontaba a los inicios de Alexander como auror unos años atrás, cuando decidió cambiar su apellido Greedy por Moonlight, de forma que pudiese crearse una prestigiosa reputación en el futuro, que no se viese dañada por su apellido.

Alexander miró a su viejo amigo de reojo y, acto seguido, se fundieron en un abrazo de esos que hacían cerrar los ojos sin querer.

-¿Cómo está Victoire?- preguntó el joven haciendo un gesto con las manos que redondeaban una barriga de embarazada invisible. - ¿Cómo de gorda está?

Se encogieron los ojos de Ted como respuesta, a causa de la sonrisa azorada que las comisuras de sus labios estaban formando.

-Creo que ya ha llegado a su límite de expansión- respondió, dejando un rastro de felicidad tras sus palabras.

El joven del pelo turquesa se sentó en el asiento que el despacho tenía en frente del escritorio. Alexander le imitó acomodándose en la butaca que en numerosas ocasiones le servía de cama.

-¿A qué has venido, Teddy?

Ted dejó escapar un breve suspiro. Cada año, los dos viejos amigos tenían un día de reencuentro, puesto que desde que Alexander acabó Hogwarts un año antes que Ted debido a la edad, se encontraba muy ocupado siendo, o al menos entrenándose para ser, auror. De este modo, si alguna vez se visitaban fuera de ese día señalado, significaba que era algo importante. Esto había sucedido cuando el padre de Alexander murió, cuando Ted entró como profesor en Hogwarts y cuando se enteró de que iba a ser padre.

Aquel 30 de septiembre no era un día de encuentro indicado en el calendario de estos viejos amigos.

-No vengo como Ted Lupin, tu amigo.- su expresión se tornó más seria conforme hablaba.- Vengo como Edward Remus Ted Lupin, profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras del Colegio de Magia y Hechicería, Hogwarts.

- ¿Te has dado cuenta de que hacer el título más largo no te hace más especial?

-Minerva me manda para encomendarte una pequeña tarea, que no es precisamente…oficial.- Ted asomó una sonrisa burlona.- De hecho, oficialmente estoy aquí como tu amigo. No debes de informar de esto a nadie. Y con nadie, obviamente, y para mi futura seguridad, me refiero especialmente a Harry Potter.

-Entendido, Lupin. Ningún problema con eso, tranquilo.

Ted suspiró.

-Minerva va a ser asesinada.

-¿QUÉE?- interrumpió, afectado por esa simple frase el joven auror.

-¡No me interrumpas! Y…, por las barbas de Merlín, ni se te ocurra volver a gritar.

Alexander adoptó una mirada de recelo.

-No se lo puedes decir a nadie. ¡Esto podría salvarle la vida! Tiene a un par de profesores protegiéndola día y noche, entre los que me incluyo, desde que nos advirtió de eso hace una semana.

-¿Y qué es lo que yo tengo que hacer?

-Pues pasearte de vez en cuando por Hogwarts, ya sabes, hacer rondas por el Bosque Prohibido - el ceño de Alexander Moonlight se frunció.- No preguntes por qué. Aunque seguramente tendrás las mismas sospechas que yo…

-¿El Ojo quiere asesinar a McGonagall y me quiere a mí de perro guardián?

 

Sus rizos negros caían como una oscura cascada enmarcando su rostro de tez morena. La gravedad hacía que las lágrimas que se asomaban cayesen sobre la hierba que predominaba en el suelo de aquel hogar para corazones que habían dejado de latir. Numerosas tumbas ordenadas cuidadosamente, en las que reposaban las vidas de seres queridos a los que, viendo el aspecto de las flores que sobre ellas descansaban, se apreciaba quienes eran los que más se echaban en falta.

La tumba más querida, probablemente, era la que joven tenía bajo sus pies. Rastros de rímel corrían colina abajo en sus mejillas, emborronadas, dejando un aspecto tan triste a la joven, que cualquier persona podría hacerse una idea de lo devastador que podía ser el sentimiento de perder a una mejor amiga.

Moniqueue Jordan sintió, por primera vez en su vida, el sentimiento de vacío que se acoplaba en su corazón del que su padre le había hablado cuando relataba las muertes que la Batalla de Hogwarts había dejado. Sin embargo, sabía que aquellas muertes se escondían bajo el propósito de Lord Voldemort de acabar con todos  sus opositores. Roxanne Weasley había sufrido una muerte despiadada sin razón justificable, aparentemente.

La joven la había estado llorando todo el verano, tratando de encontrar, como toda la familia de la víctima hacía, una simple respuesta. Quizás Moniqueue tenía algo que los Weasleys no poseían: el diario de Roxanne. La mayor de las Jordan decidió quedárselo, con el permiso de Angelina Weasley, porque ambas sabían que lo que la joven recogía en él era todo lo que había vivido con su amiga en aquellos años. Roxanne había desarrollado un pequeño y secreto placer por la escritura, del cual podrían burlarse fácilmente su hermano y su padre. La joven, bajo su apariencia de tenacidad y dureza, escondía una extraña sensibilidad en sus palabras.

El enorme lomo del libro que escondía su diario había empezado a ser leído por Moniqueue en aquel triste y desolado lugar. De aquella forma, la joven podría sentirse más cerca de su amiga. Como si aún estuviese viva a través de sus frases largas y de su forma directa de decir que «creo que a los Weasleys más que un tornillo, nos falta la caja de herramientas».

Los aurores de la familia de la joven fallecida le habían consolado diciendo que el atentado contra su amiga era, en realidad, contra el poder que simbolizaban ellos, los héroes de la ya pasada guerra. De este modo, Moniqueue Jordan y todos los que conocían a Roxanne sabían con certeza que era una víctima inocente de la guerra que se auguraba en las tazas de té. Moniqueue leía tranquila, sin esperar nada que hiciese a su amiga no tan inocente. Hasta aquella mañana de finales de septiembre.

«…Me estoy empezando a hartar de que siempre tenga que ser yo, y no Freddy, la que tenga que ir a Weasleys' Wizard Wheezes a ayudar a mi padre. Solo porque Fred sea el pequeño no significa que tenga menos mano con los clientes que yo. O sea, por supuesto que yo tengo mejor mano con ellos. Pero él también lo puede hacer.

Aunque, días como hoy son los que me hacen pensar que merecen la pena. ¡Qué locos están estos magos! Ha venido una vieja como de incógnito. Tipo películas de los años setenta. Con un pañuelo en la cabeza y gafas de sol. Así menuda de estatura… ¡Y menudo bolso de marca que traía la abuela!

Se ha ido directa a la sección de Filtros de Amor, lo cual tenía que comprobar. ¿Y si se hubiese perdido? ¿A que abuelete querría conquistar?

En cuanto me ha visto aparecer se le ha puesto una sonrisa en la cara que parecía que iba a estallar. Entonces es cuando pensé: Roxanne, efectivamente se ha equivocado.

Sin embargo, me dijo otra cosa:

-Espero que seas una Weasley.- y le dije que sí, que por supuesto que lo era, que si no sabía que la mayoría de los Weasley éramos pelirrojos.- Muy bien, querida. Yo soy Vivian. Vengo a avisarte de algo: Tu familia está en peligro.

Mi familia estaba en peligro. Jajajajajaja. Bueno, eso es lo que la mayoría del país piensa desde la guerra, ¿no?

-Cuando pase algo fuera de lo normal en tu colegio, pequeña, entonces, todo habrá empezado. Cuídate, Roxanne.

¡Se sabía mi nombre! Aunque claro, todo el mundo sabe mi nombre si ha ido más de una vez a la tienda. Mi padre no hace nada más que repetir: "Roxane, traéme eso…" Bla bla bla.

Es por eso por lo que pienso que Freddy debería ayudar en la tienda,…"

Moniqueue en seguida revisó la fecha del pasaje. 23 de Agosto de 2016. Hacía cuatro años alguien sabía que algo malo iba a pasar. Aunque quizás, como pensaba Roxanne en aquel año, solo era una abuela que se había quedado encerrada en el pasado.

-Buenos días, Moniqueue- saludó Angelina Weasley con un ramo de peonias en sus manos.- Me alegra ver que no dejas de visitar a mi hija. Te lo agradezco.

La joven seguía algo paralizada por el pasaje que había dejado a la mitad, así que tardó algo en responder con un abrazo a la madre de su amiga.

-Buenos días, señora Weasley.

-¿Qué tal llevas el verano, Moniqueue? ¿Mejor?

-Sí, bueno, no. -Monique se levantó del césped y se aclaró la garganta.- Es decir, puedo llevarlo. Preparándome para mi último año, supongo. ¿Y Fred? ¿Cómo está él?

Angelina dejó que sus ojos se posasen en el suelo tristemente.

-No lo sé. - miró a Monique con algo de esperanza.- ¿Sabes si tu hermana, Susan… sabes si habla con él?

La joven se mordió el labio.

-No, la verdad es que no. De hecho, está bastante preocupada por él.

-Nosotros también, y James, y toda la familia.- admitió suspirando la mujer.- Tan solo sabemos que duerme a veces en casa.

-Os dije que, a pesar de que estéis utilizando medidas para obtener información de forma involuntaria, no ibais a hacer que os relatase todo lo que .- explicó tranquilamente Minerva McGonagall.

Se encontraba firmemente sentada en una butaca de madera en el centro de una sala circular. Su cabello, cuidadosamente peinado, dejaba ver algunas zonas en las que la alopecia había hecho mella. Su rostro, poblado con arrugas, era sereno a la vez que derrochaba un aire de seguridad en sí misma.

A su alrededor, se alzaba el héroe de aquel país, el antiguo alumno de la persona que estaba siendo interrogada. Harry Potter mostraba rabia, ira y, sobre todo, impotencia. Creía que la directora de Hogwarts colaboraría en la tarea de poner a salvo a su familia y a sus allegados con la información que admitía tener, pero que se negaba a donar.

-Al menos,…al menos dinos qué es lo que nos quieres ocultar.- suplicó esta vez el hombre, cuyos ojos se escondían tras dos pares de cristales.

Los demás miembros del interrogatorio tenían la misma sensación que Harry Potter poseía. Eran apenas cinco personas en total. La confidencialidad de este acto tan solo se encontraba disponible para Harry Potter, Ronald Weasley, Charlie Weasley, Bastien Lebouf, auror francés, y Edward Whitehall, auror norteamericano.

-El asesinato de Roxanne Weasley era un aviso para mí, Potter.- dijo Minerva.

-¿Cómo lo sabes?- preguntó, escéptico, Lebouf.- ¿Cómo puedes saber eso? ¿Acaso te llamas Ivonne?- añadió haciendo alusión al nombre pintado en el vestido de la víctima.

Minerva soltó una breve risa.

-No, joven, no me llamo Ivonne. Mi nombre es Minerva.

Edward Whitehall se acercó a ella:

-¿Entonces? ¿Quién es Ivonne?

-Veo que por fin estáis haciendo las preguntas correctas.

Los presentes se miraron entre sí, todos empuñando aquella clave que había sobresalido sin querer.

-¿Quién es Ivonne, Minerva?- preguntó Ronald.

-Una antigua alumna- respondió dócilmente Minerva. En seguida, los cinco hablaron entre sí en susurros. Charlie Weasley fue el que se dispuso a abandonar la sala. Antes de que aquello ocurriese, Minerva McGonagall volvió a intervenir.- Desgraciadamente, no hay rastro de su expediente. Y ningún alumno de su época es capaz de recordarla. Nadie.

-¿Y cómo es que sí que sabes quién es?- preguntó con retintín Lebouf.

-Oh, querido. Yo fui su amiga.- el rostro de Harry Potter se crispó.- Y mi deber es protegerla. Que vosotros sepáis quién es supondrá un peligro para todos. El conocimiento, en numerables ocasiones, es poder. Y el poder, en manos inexpertas, es peligroso. Así que, podrán matarme que no os diré nada más.

-Joder, Minerva.- maldijo Ronald.- ¡No puedes dejar que haya más muertes! ¡Ha muerto mi sobrina! ¡Joder, Minerva!- comenzó a maldecir su nombre y tuvo que ser calmado por Harry.

-¿Quién más lo sabe?- inquirió Ed Whitehall.- Usted no puede ser la única, eres un blanco distintivo siendo directora de Hogwarts, ¿a que sí? ¿Quién más lo sabe?

-Personas poderosas… Personas que están en peligro.

-Supongo que no nos dirás sus nombres.

-Supones bien, Charlie.- la anciana se aclaró la garganta.- Creo que ya he tenido suficiente. Así que, si me lo permitís, tengo un colegio que dirigir.

Harry Potter le cogió del brazo y la miró a los ojos inquisitivamente.

-¿Es Ivonne buena? ¿O pertenece al Clan del Ojo?

-No sabría qué responder, querido.- Minerva le devolvió la mirada.

 



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