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La Tercera Generación de Hogwarts » (III) Prefacio
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(III) Prefacio

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Rozaban las dos de la madrugada cuando un estruendo rompió el silencio que se había acomodado plácidamente en una casa adosada a las afueras del torbellino de luces y ruidos que azotaban la rutina de la ciudad de Londres. Un golpe seco que desencadenó un efecto dominó, el cual hizo temblar el suelo.

El oído más avispado de aquellos que dormían se despertó en seguida y todo su cuerpo se tensó en apenas un segundo. Sus músculos fueron más rápidos que su adormilado cerebro. Sacudió con fuerza al cuerpo que yacía en un incómodo sueño a su lado.

-Ron- le llamó en un grito ahogado. Había aprendido a que la cautela siempre era ventaja cuando un enemigo se descubría por algún despiste.

Mientras Ronald Weasley se retorcía entre las sábanas y escondía la cabeza bajo la almohada para no ser molestado, con cierto mal humor; Hermione abrió el primer cajón de su mesita de noche y sacó el único objeto, que junto con sus gafas de leer, estaba allí depositado. Agarró con fuerza su varita. Un escalofrío azotó su espina dorsal. Hacía tiempo que no sentía adrenalina.

Sus pies tocaron silenciosamente la cálida moqueta que cubría el suelo. Se dirigieron hábilmente hacia la puerta sin encender ninguna luz. Miró hacia atrás para asegurarse de que, como imaginaba, su marido seguía en la cama durmiendo al compás de su tranquila respiración. Quizás los pensamientos que azotaron su mente con violencia no eran los apropiados. La estaban ahogando.

Giró el pomo de la puerta cuidadosamente, sin apenas hacer ruido alguno. Cuando asomó la cabeza para examinar la oscuridad del pasillo, un silencio ensordecedor fue intercambiado por el viento que empujaba con dureza las paredes de la casa. Tal vez había sido algún objeto precipitado al suelo debido alguna ventana abierta que su marido se hubiese dejado. Sin embargo, aquella sencilla hipótesis no le quitaba a Hermione la preocupación que se había acomodado en su pecho. Se trataba de una falsa conjetura. Desde el macabro asesinato de su inocente y atrevida sobrina, jamás olvidaban cerrar ventanas o puertas. En ningún momento dejaban de cerciorarse de que su casa estaba lo más protegida posible ante el anónimo peligro. Habían alzado una barrera contra el exterior, contra aquello que desconocían. Contra aquel ruido que la había despertado.

Unos pasos se hicieron audibles en la planta inferior. Bastó tan solo un segundo para que el espíritu de heroína que yacía en uno de los rincones en desuso de Hermione, rugiese en busca de devorar aquello que amenazaba a su familia.

La puerta de su dormitorio se quedó entreabierta tras la sombra de la mujer. Era capaz de ver gracias a la tenue luz que se escapa entre las cortinas del pasillo, procedente de las farolas de la calle. Las escaleras comenzaron a crujir bajo sus pies descalzos que acariciaban la moqueta. Cuando llegó al pie de la escalera, la luz que emergía del sótano se hizo visible.

Esta vez, Hermione bajó las escaleras que se encontraban bajo las que subían hacia arriba con rapidez. Como si desease encontrarse cara a cara con el peligro para acabar en seguida con él. A la par que descendía a su pequeña biblioteca, cientos de hechizos de tortura corrieron en su mente a la espera de haber un elegido.

En contraste con la escena que la mujer esperaba, un villano envuelto en una capa apuntando con su retorcida varita a alguno de sus hijos; la escena con la que se encontró hizo que toda la tensión acumulada se esfumase a través de un rugido:

-¡HUGO!

El nombre del niño retumbó en todas las paredes de su hogar. E incluso causó el desvelo nocturno que sacudía en contados momentos el sueño de Ronald. Este bajó apresuradamente, en paños menores, con la intención de proteger a su hijo menor ante su temible mujer.

También fue sorprendido por una peculiar escena que hizo rememorar la infancia que la mujer que empuñaba la varita tuvo. Con una cariñosa y burlona advertencia, Ron le quitó la varita a Hermione. Acto seguido, volvió la vista hacia su hijo.

Bajo la mesa que presidía aquel despacho, una montaña de libros abiertos ascendía, camuflando la mesa y, a la vez, sumergiéndola en libros, hasta la cima en la que se encontraba su hijo, a punto de tocar la lámpara con la cabeza. Las estanterías habían quedado casi vacías, volcadas en la mesa, causa probable del origen de la montaña del conocimiento. Hugo Weasley coronaba la obra de arte sentado sobre libros de pasta gruesa. En sus manos, reposaba abierto un libro de Encantamientos Avanzados, del cual parecía haberse roto la magia con la aparición de su madre. La expresión del niño era de timidez. Probablemente rozando la culpabilidad. Su mata de pelo caoba se arremolinaba en torno a su rostro, en el que unos ojos avellanas y una nariz respingona se encogían por la torcida sonrisa que asomaba en la comisura de sus labios.

-¿Se puede saber qué demonios haces?- su padre se acercó a la montaña de libros  y alzó la mano hacia su hijo, tendiéndosela para ayudarlo a bajar. Hugo cerró el libro y cogió, algo temeroso, la mano de su padre.- ¿Cuántas veces hay que decir en esta casa que no se juega con los libros?

-Pero, papá,…. Que me los estaba aprendiendo…- replicó en vano.

Cuando sus pies tocaron suelo firme, Hermione se abalanzó hacia él y lo estrujó entre sus brazos dándole un beso en su despeinada coronilla.

-¿Por qué, cariño?- le preguntó su madre, sin rastro alguno de la ferocidad que soltó hacía unos segundos.- Ya tendrás tiempo para aprender todo este año en Hogwarts.- añadió en busca de calmar la intrépida mente de su hijo.

Hugo miró azorado a sus padres y se mordió el labio.

-Pero es que yo quiero saberlo todo.- el rubor de sus mejillas se disparó.- He estado aprendiendo muchos hechizos, y pociones… ¡E incluso he hecho algunos de los que me enseñaba McGonagal y funcionan a la perfección!- exclamó con algo de rabia, pero a la vez orgullo. Probablemente sus padres estarían pensando que aquello no había sido tan buena idea.- que el segundo año aprendemos muy poco… Y yo quiero estar preparado. Si me aprendo todos los de la directora, seré mejor mago. - su voz descendía poco a poco y lo último que dijo fue tan solo un susurro:- Y podré protegeros.

Hermione apretó el agarre que tenía sobre su hijo y observó a su marido con complicidad. Ronald, que estaba detrás de su mujer, alargó la mano para despeinar aún más el cabello de Hugo:

-Hugo, nosotros te protegeremos, no hay de qué preocuparse…

El niño no dejó acabar la frase de su padre. Un fuego surcó el iris de Hugo mientras se enfrentaba cara a cara a sus padres.

-¡Sí!- exclamó- ¡Sí hay de qué preocuparnos! Vosotros no estáis en Hogwarts para protegernos.- les señaló con un dedo acusador.- Sino… ¿por qué se murió Roxanne?

La pareja evitó mostrar un rostro de profunda y cansada tristeza, mientras las lágrimas salían a borbotones de los ojos de su hijo. Afortunadamente, lo único que el pequeño sabía era que Roxanne Weasley había muerto. Nadie, en ningún periódico, en ningún discurso, se le ocurrió mencionar las circunstancias en las que aquella joven perdió la vida. La mayoría de las personas mayores conocían el hecho de que fue asesinada. Los alumnos de Hogwarts, los profesores, los aurores y los familiares adultos de la joven eran los únicos que habían visto el cuerpo en busca de la razón oculta de aquel brutal homicidio.

Hugo Weasley no intentaba averiguar la razón de la muerte de su prima. El niño sabía más que lo que sus padres podrían llegar a entender, a aquello que nadie sabía nombrar pero todos temían.

-Hugo, vuelve a la cama.- ordenó Ron zanjando el tema con brusquedad.

-Espera -le interrumpió su madre. Fijó la mirada en uno de los libros y lo cogió. Los hechizos del príncipe de los Encantamientos, de Myrddin Emrys. Hugo tragó saliva e hizo como si no supiera exactamente lo que acababa de pasar por la mente de su madre. -¿De dónde has sacado esto?

La respuesta, naturalmente, la tenía preparada.

-Me lo ha dado Minerva McGonagall, mamá -asintió con una sonrisa mientras lo decía.

-No -negó su madre. Naturalmente, era imposible mentir a su madre con eso. -¿De dónde has sacado este libro, Hugo?

Levantó el libro hacia él.

Hugo se encogió de hombros.

-De McGonagall -repitió. Si cambiaba su historia, intuirían que estaba mintiendo.

-Hugo… Este libro es uno de los libros quemados en el incendio de la Biblioteca Imperial de Costantinopla… No quedó ningún ejemplar. ¿Por qué tienes uno, Hugo? -las palabras de su madre le asustaron. -¡No me mientas!

Hugo se separó con rudeza de ella.  

El niño corrió escaleras arriba hacia su cuarto, danzo ruidosas zancadas que pretendían dar a conocer su enfado, su rabia, su niñez. Cuando se arropó entre sus sábanas, los engranajes de su cerebro maquinaron historias de cómo aquel libro había llegado a sus manos.  Hugo Weasley  había dedicado todo el verano a conocer todos los hechizos y pociones posibles que le enseñó ese libro. El propósito era la defensa de sus seres queridos. Charlotte Breelove le había avisado de profecías, de los peligros y de su destino.

Hugo sabía que por su edad, por su aparente inocencia, el resto de adultos no le contaban la verdad. O la verdad era contada a medias. Comenzaba a estar harto de la existencia de secretos entre su propia familia. Sabía con certeza que todos los Weasley guardaban un secreto. Él mismo guardaba sus pequeñas misiones bajo llave. También mantenía a salvo aquel libro, hasta aquel instante. No se escapaba nadie de su familia. Algo había ocurrido aquel año, y por consiguiente, aquel verano. Había hecho cambiar a todos y cada uno de sus familiares.

El asesinato de su prima Roxanne.

Podía hacerse el inocente y el preocupado. El intrigado. Pero él sabía perfectamente que su prima había sido asesinada por el Ojo. Y también sabía que aquello no debía ser en vano.

Ya no sentía nervios por empezar Hogwarts.

Uno de los secretos de Hugo Weasley era sabía su destino. Y su destino era protegerles a todos.



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