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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 28: Memento finis
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 13 de Enero de 2021, 10:53
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(II) Capítulo 28: Memento finis

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)


El crepúsculo era su parte favorita del día. Particularmente por los colores naranjas que teñí el cielo de púrpura, índigo y negro. Faltaban unos pocos minutos para que la oscuridad reinara en los terrenos que cubrían el paisaje que se extendía ante ella. Sobre el alfeizar de la ventana se sentía segura. Apoyada en el grueso cristal. Miró al suelo. ¿Y si saltaba? ¿Qué diferencia había entre estar envenenada o no? Ahorraría cientos de problemas al resto.

Dejó que una bocanada de aire saliese de su boca.

-No me pasa nada, de verdad -repitió. Sus ojos de color oliva ni siquiera le habían mirado aún.

-No te creo para nada -le dijo Peter Greenwood. Estaba apoyado sobre el muro con la cabeza reposando en la piedra y sus pies cruzados. -Parece como si te hubieras olvidado de nosotros, Alice. ¿Es que tu Sala Común es el mejor lugar del castillo?

El joven buscaba una sonrisa que no alcanzó a conseguir por parte de su amiga. Alice sabía que Albus les había contado aquel incidente. Y por eso le habían dejado tranquila durante el tiempo que sucedió a aquel momento. No obstante, por mucho que les dijera que no le pasaba nada -incluso a Albus -seguían insistiendo en acompañar sus silencios.

En ese momento, se sentía una niña perdida. No sabía que excusa poner aquella vez. Se le habían acabado todas con Albus. Él ya no le creía, pero al menos había mantenido una prudente distancia con ella. Rose Weasley también y aquello podía ser preocupante -¿o decepcionante? Scorpius Malfoy parecía haber llegado a un acuerdo con Peter Greenwood para turnarse en asegurarse de que Alice Longbotton no estaría sola.

Parecían haber extremado su estrategia desde la noticia de la muerte de Hagrid. Alice no era tonta. Sabía que, aunque ninguno le hubiera dicho nada y McGonagall hubiera mantenido en secreto la operación de sus amigos, sus amigos habían sido los protagonistas de aquello. La evidencia era tal que explicaba perfectamente la pelea de los Potter con los McOrez hacía unos días.

Peter Greenwood aún esperaba una respuesta. ¿Lo estaba haciendo bien? No lo sabía. ¿Llegaría a saberlo alguna vez? Estaba cansada. Decepcionada con ella misma. Pero, lo que más le dolía, era saber que tenía amigos, quienes la extrañaban. Y ella no iba a hacer nada.

-Supongo que lo de ser Slytherin y no valiente hace que tarde más en recuperarme de que hayan intentado tirarme por una ventana -fue ruda. Lo supo por los ojos caídos de Peter.

Bajó la cabeza a la vez que Peter. Estaba dando la imagen de debilidad e inseguridad. De testaruda. Pero quizás Peter aun no había descubierto que la cualidad que más ocupaba la personalidad de Alice era su necesidad por proteger a los demás. No la había descubierto porque ni ella misma sabía que la tenía hasta hacía poco. Por ahora, les había dicho que estaba mal por aquello. ¿Les sería suficiente para el resto de su vida? Ella no quería una amistad basada, en parte, en mentiras.

Peter deslizó sus pies hacia ella. Pensaría que sería más fácil sacarle información a través de Albus. Eran los mejores amigos. Peter no sabría cómo manejar a una Alice a punto de estallar. Y, aun así, allí seguía. Custodiando el silencio de Alice. Supuso que aquello era amistad. Una amistad más madura. Otro tipo de amistad.

-Alice …Solo queremos que tengas cuidado -le advirtió. Supuso que intentaba hablar por todos. Lo hacía y lo veía en sus ojos. En sus palabras estaba la preocupación de Rose, de Scorpius y de Albus. Y la suya. Por mucho que hubiese pensado al principio que Peter Greenwood era un muchacho simple con poca gracia… Se había convertido en uno de sus indispensables. -Puedes confiar en nosotros para lo que sea… ¿Has hablado con Rose? Podrías hablar con ella, supongo que entre mujeres esto es más fácil…-sugirió con torpeza.

Ella sonrió ante la ocurrencia. Se giró hacia Peter y lo vio bien por primera vez desde que se acercó a ella antes del crepúsculo. Las luces de las antorches iluminaban todo el pasillo. Los ojos azules de Peter eran dos pupilas negras que habían cogido todo el espacio de su iris.

Tartamudeó. No encontraba las palabras.

-No puedo, Peter.

Aquello sorprendió a su amigo. La joven se ruborizó. Era el primero al que lo confesaba. Y sin decirlo.

-¿Por qué?

Ella negó con la cabeza. No iba a volver a hablar. Se recostó en el frío cristal y observó la oscuridad con cierto temor. Se resguardó en su silencio y cerró los ojos. Esperó a que Peter comprendiera que quería estar completamente sola. Después de todo, era lo que se había buscado.

Había garabateado la dirección en un trozo de papel. Lo llevaba en sus delicadas manos. Sus pesarosos ojos repararon en que no era un sitio exacto. Era, simplemente, cerca de la parada de metro de Notting Hill. Quizás aquella extraña mujer que demostró saber más de ella que ella misma hacía una semana vivía en aquella zona. No le extrañaría en absoluto que fuera la dueña de una de aquellas estrafalarias tiendas de Portobello Road.

Se acomodó el pañuelo violeta que rodeaba el cuello para así evitar cualquier soplo de aire frío que pudiera producirle un resfriado y complicar el embarazo. Quizás exageraba, pero quería cuidarse lo máximo que pudiera. Si no podía hacer otra cosa. E intuía que aquella mujer iba a cambiar su carencia de objetivos.

Acarició su barriga. Aun no la notaba tanto, el médico lo había asociado a su delgada figura. Pero le gustaba ponerse vestidos voluminosos que exageraran aquello un poco más. El embarazo le sentaría bien. Sentía su piel más radiante y su cabello más sedoso. Sí, tenía constantes nauseas. Pero valía la pena.

Se dejó apoyar en una de las barandas de las casas victorianas que daban al sótano donde antes habitaban los criados. El blanco de la zona le produjo un escalofrío. Miró de reojo el número de la puerta para asegurarse de que era allí su punto de encuentro con Charlotte Breedlove. Volvió a analizar los turistas y residentes que pasaban por su lado. Hasta que no transcurrieron unos diez minutos, la mujer de cabello negro y voluminoso no se presentó ante ella.

Recordó que aquella mujer no le había dicho si era bruja. Mas tenía la certeza de que así era. Incluso si ropa era contemporánea al siglo muggle -algo no muy común entre los magos de Inglaterra. Los oscuros ojos de la mujer se toparon con los de Victoire Weasley. Dibujó una sonrisa de disculpa en sus labios.

-Me alegra ver que estás bien -la saludó. Rozó sus dedos con el brazo del vestido de Victoire Weasley. Esta formó una media luna en su rostro y se mordió el labio inferior. No había avisado a nadie de aquel encuentro. Y, sin embargo, su instinto le decía que había hecho bien. -Ven, entremos, el señor Goshawk me ha prestado su casa para nuestra pequeña reunión.

-Buenos días, señora Breedlove -dijo ella, quizás asegurándose de que estaba con la persona indicada.

La señora Breedlove se apartó un mechón de la cara mientras sacaba las llaves de aquella casa victoriana. Victoire Weasley miró a sendos lados de la calle. Parecía mentira que hubiera sido secuestrada meses atrás y siguiera a una desconocida sin ningún reparo. Sujetó su barriga silenciosamente. La joven obedeció el gesto de la señora Breedlove para entrar en la casa. Oyó el tintineó de las llaves al cerrarlas por dentro. Le señaló el salón decorado de forma simple. Con muebles que no parecían pertenecer a aquel lugar. Como si hubieran sido traídos de una destartalada tienda de antigüedades cuyo mobiliario no tenía coherencia entre sí.

Victoire Weasley se sentó en el sillón orejón bajo la orden de la mujer. Bajo sus pies, se extendía una alfombra de motivos asimétricos y colores cálidos. Miró la puerta, con la llave echada, de reojo. Su plan de escape. La llave estaba puesta en la puerta. Victoire consiguió llegar a una postura confortable, pues creía que se hundía demasiado.

-Dime, ¿pudiste aprender algo del Clan del Ojo cuando te retuvieron? -preguntó enigmáticamente la mujer, mientras se sentaba en el sillón opuesto al de ella.

¿Qué? Las palabras salieron como un balbuceo.

-¿Cómo sabe usted eso? -preguntó perpleja.

La mujer soltó una breve risa. Como si fuera esa justo la reacción que esperaba de ella. Se giró para alcanzar el maletín que llevaba con ella. Lo puso sobre sus rodillas. Buscó algo dentro, con cierta diversión. Sacó una carpeta amarilla y se la tendió.

Era una carpeta que ponía su nombre en ella. La abrió. Eran documentos del Departamento de Seguridad. Había fotos de ella.  Escritos. Autorizaciones. Que giraban en torno a ella. No quiso ver más. Cerró la carpeta y exigió una explicación con la mirada. Las palabras se le habían atragantado.

-Tengo buenos contactos -fue su respuesta. -Es una joven especial, ¿sabe? Poca gente puede verlo…

-¿Qué quiere de mí? ¿Es usted del Departamento de Seguridad Mágica?

Charlotte Breedlove negó con diversión. Como si aquella acusación fuera de lo más extravagante. En ese momento, Victoire Weasley sintió una punzada de culpa en su estómago. Se había metido en aquella situación ella solita.

-Es solo una copia de su expediente… No nos dejaron llevarnos el oficial, claro está -dijo como si fuera algo obvio. Victoire arqueó la ceja. -Hay personas interesadas en usted, señorita Weasley -dijo aquello como una advertencia. Siguió exigiendo una explicación. -Ha sobrevivido al Clan del Ojo. Quizás no lo sepa, pero… Es una gran hazaña… Tanto que dudo que ellos quisieran que usted pereciera en esa celda…Siguen tras usted, señorita Weasley. Por eso debe tener cuidado.

La joven sintió que su estómago se cerraba. Si aquello era cierto, estaba haciendo justo lo contrario a lo que debería hacer.

-¿Cómo sé que puedo fiarme de usted? -le cuestionó, apretando sus manos sobre sus muslos. Se levantó de pronto y titubeó. -Esto ha sido un error…

La mujer volvió a reír.

-¿Crees que esto es un error? Bien, señorita Weasley… -volvió a su maletín y sacó otra carpeta. -¿Por qué no se fía de mí?

-No sé quién es. No sé si lo que me dice es cierto…

-Puedes avisar a tu familia cuando quieras, señorita Weasley. Ha visto que la llave está puesta. Ahí tiene unos polvos flú y una chimenea conectada a la Red Flu -le indicó la bolsa de mimbre donde se encontraban las sustancias mágicas. Victoire suspiró. -Manda un Patronus… No la estoy reteniendo, señorita Weasley. Solo estoy aquí porque soy una guardiana de la paz.

Le tendió la nueva carpeta. La curiosidad mató a Victoire por dentro.

Aquella carpeta no tenía nombre. Era mucho más densa. Tuvo que cogerla con las dos manos. Mentiría si dijera que no estaba nerviosa.

Al abrirla, por poco la cae al suelo.

Ante ella tenía fotografías tomadas en la clandestinidad de Loring, el Ministro de Francia, el hombre que la había secuestrado. Y hablando con otro hombre. Un hombre que también aparecía en cientos de fotografías. Reconoció a otras figuras. Figuras que había visto en su celda y que se codeaban con personas de la política internacional famosas. Con familias adineradas. Vio una foto del que se llamaba Octavio, el hermano del joven que le salvó la vida, junto con jugadores de Quidditch en el mundial. Vio la foto de una mujer con su tío Charlie. Y a uno entregando el Premio Barnabus Finkley de Hechizos Excepcionales a Albus Dumbledore.

-Dios mío, ¿son…?

-¿Miembros del Clan del Ojo? -completó la señora Bleedlove. -Sí, señorita Weasley. Los llevo vigilando décadas…

-¿Cómo no ha entregado esto a las autoridades? -interrumpió, indignada.

-¿No lo ve? ¡Ellos son la autoridad! -Victoire retiró la carpeta y la puso sobre las rodillas de la señora Breedlove.

-¿Y qué tengo yo que ver con todo esto? -le inquirió.

-Se lo he dicho antes, señorita Weasley, la dejaron vivir por alguna razón… Y necesito protegerla. Es una de las pocas personas que han sobrevivido al Clan del Ojo. Y debo protegerla. A usted y a su hijo.

-¿Mi hijo?

La mujer se recostó en el sofá.

-Ahora no -dijo simplemente. -Señorita Weasley, me gustaría contratarla como ayudante -anunció, como había hecho al conocerla. -Ha visto que manejo información, ha visto que el Departamento de Seguridad Mágica, en el cual perfectamente puede estar el Clan, sigue tras usted… Conmigo estará a salvo. Y aprenderá a protegerse sola.

Victoire Weasley titubeó. ¿Qué hacía? ¿No se suponía que no debía hablar con desconocidos? ¿Por qué motivo su intuición quería seguir aprendiendo de aquella mujer?

-Tengo condiciones si quiere que sea su ayudante…

-No esperaba menos, señorita Weasley.



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