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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 26: Al gusto
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(II) Capítulo 26: Al gusto

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


La chimenea mostraba las cenizas de un fuego apagado. De la Red Flu candente. Ted se acababa de ir. Le había dado la noticia de la muerte de Hagrid. De la nueva aventura de sus primos. Ambos habían coincidido en que era algo que estaba a la altura de las expectativas que sobre ellos tenían. Meses antes, si se sinceraba, a Victoire Weasley aquellas noticias no le habían afectado tanto.

Sus primos habían organizado una maldita operación de rescate. Habían descubierto que había un asesino en el Colegio de Hogwarts. Y habían hecho frente a cuatro de ellos y a un licántropo. Sentía una mezcla de orgullo y temor. Sabía hasta qué punto se podía llegar con tal de proteger a alguien que se apreciaba. Ahora sí que lo sabía.

El año anterior, cuando sus primos protagonizaron la derrota del basilisco, aquello ocupó poco tiempo los pensamientos de Victoire Weasley. Como si fuera algo sin importancia. Ahora comprendía lo ingenua que había sido. Lo desconectada del mundo que estaba. Lo egoísta que era. Odiaba reconocerlo pero Willa Hegarty tenía razón. Y ya que sabía el peligro ante el que se exponían, solo podía aplaudir y celebrar la valentía de sus primos y sus amigos. Internamente deseaba haber sido ella así. Y quería remediarlo. Quería aportar algo para frenar aquellos tiempos oscuros. Quería ayudar a construir un mundo mejor para Remus Harry Lupin.

Sonrió para sí. Era un homenaje a los héroes de Teddy. Y era lo correcto. Su padre Bill había asentido con orgullo.

Victoire se paseó por el salón. Estaba limpio y reluciente. Y, entonces, decidió dar un paseo y disfrutar del aire.

Tras el encierro en una repugnante celda, adoraba estar al aire libre. Sabía que podía ser peligroso, pero la habían colmado a amuletos y encantamientos mágicos para que nadie con malas intenciones se acercara a ella. Sabía que su padre le había puesto vigilancia. ¿Significaría vigilancia también cuando saliera fuera de su casa?

La joven salió del antiguo piso de su padre. Miró la fachada y la embriagaron los recuerdos. Había sido su primer hogar. Fleur y Bill habían criado allí a su hija tras mudarse antes de mudarse a Francia hasta que Victoire cumplió doce años. Entonces, le cambiaron el expediente y comenzó a asistir a Hogwarts en lugar de a Beauxbattons. Aquella decisión fue tomada por sus padres. A ella le disgustó. Probablemente fue una de las razones por las que no hizo muy buenas relaciones de amistad, al estar siempre resentida con la elección del Colegio de Magia. Su alma francesa le impedía ceder ante los ingleses. Su acento la metió en un par de motes. Solo Teddy Lupin, el muchacho que frecuentaba La Madriguera en vacaciones, fue el único simpático con ella. Más tarde le confesaría que fue orden de la mismísima Molly Weasley.

Y unos años más tarde estaba embarazada y viviendo con él.

Sonrió.

Se percató, entonces, de que una mujer también observaba la fachada y reparó en ella. Era de mediana estatura, con la tez negra y los ojos saltones. Vestía unos vaqueros y una camisa de seda con volantes en el cuello, que le daban aires elegantes.

-¿Puedo ayudarla en algo? -preguntó Victoire hacia la mujer.

La desconocida se acercó a ella y le indicó que viniera a su lado.

-¿Victoire Weasley? -interrogó. La joven, confusa, asintió sin saber realmente si estaba actuando bien. Recordó todos los amuletos que tenía sobre ella, colgando del cuello. -Soy Charlotte Breedlove -le tendió la mano.

-Encantada -concedió Victoire. Aunque sonó, más bien, como una interrogación.

-Soy historiadora y… Me gustaría contratarla como ayudante. He oído hablar de usted.

La joven Victoire se extrañó.

-Creo que se ha debido confundir -le dijo con educación. -No tengo formación en la Historia…

La mujer le sujetó del antebrazo y la acercó a ella. Acercó sus labios al oído de Victoire.

-Vengo a ayudarla, señorita Weasley -le confesó. La joven se estremeció. -Vengo a proteger a Remus -añadió.

Victoire casi se desmayó.

Siempre esperó que los papeles fueran contrarios. Que fuese él el que llorara su muerte. Siempre esperó que fuera así, pues pensaba que nunca lograría soportar aquello. Sobre todo, teniendo que aguantar, al mismo tiempo, el peso del Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts sobre su cabeza. Tenía las bolsas de sus menudos ojos hinchados. Aquella muerte la había devastado.

Acarició la lechuza que procedía del Ministerio de Magia. Le ofreció un aperitivo. Y se recostó sobre el sillón. Contempló los retratos de todos los directores que la observaban con un silencio fúnebre. Si por ella fuera, colgaría el retrato de Rubeus Hagrid en el centro de todos. Nadie había hecho más por esa institución que su mejor amigo.

Acarició el papiro de la carta con sus dedos rugosos. El Ministro de Magia confirmaba su asistencia al entierro de Rubeus Hagrid que tendría lugar en unos días. Y que sería en Hogwarts. El hogar que había acogido a aquel semigigante que había robado el corazón de todos los alumnos.

La directora suspiró. Dar la noticia no había sido tarea fácil. Tenía que dar explicaciones sobre la verdadera identidad del Hagrid que habían conocido los alumnos aquellos meses. Pidió perdón por no haber podido hacer nada. Y pidió silencio en su memoria. No entró en detalles de cómo había sido asesinado. Ni de cómo había sido encontrado su cuerpo. Ella se negó a verlo. Tampoco facilitó a su alumnado los nombres de aquellos que habían ido a por él, tal y como le rogaron en cuanto los aurores los trajeron de vuelta.

Los alumnos implicados entraron lentamente al despacho. Temerosos. Esperando el peor de los castigos contra ellos. Se lo tendrían merecido. Minerva McGonagall les reconoció a James y a Albus Potter que, de no ser por ellos, no sabría el daño que hubiera podido hacer aquel asesino bajo sus propias narices en el castillo.

Les observó. A los siete.

Peter Greenwood había sido el que corrió a su despacho en busca de ayuda, suplicando saber la contraseña de la entrada y gritando ayuda. Acudió silenciándolo para no causar alarma. Facilitó a todos los aurores el camino hacia el Bosque Prohibido. Hacia el sitio donde estaban Weasley y Jordan guardando el traslador. Los tres muchachos ayudaron a los profesores a localizar e inutilizar el resto de trasladores que había por el Bosque. En ese momento, los tres miraban cabizbajos los cordones de sus zapatos.

-Peter Greenwood, Fred Weasley y Susan Jordan -les nombró con severidad. Estos alzaron la mirada, entornando los ojos y temiendo ser azotados con un reproche visual. -Me alegra de teneros como alumnos -un alivio sonó de ellos. El aire salió de sus pulmones con tranquilidad. -Pero han sido parte de una grave infracción… No sólo han ayudado a sus compañeros a salir de Hogwarts, sino que nos lo han ocultado…

-Directora -interrumpió rápidamente Susan Jordan. -Temíamos que hubiera alguien más infiltrado y…

-Lo sé -sentenció. -Pero podrían haber salido mal parados de esta situación, señorita Jordan. Sé que después de esto será difícil confíar en nosotros… Por lo que, por favor, tened cuidado.

Hubo un silencio incómodo.

-¿No estamos castigados? -preguntó tímidamente Peter Greenwood.

-Os podéis retirar los tres -Fred Weasley soltó una maldición en voz baja. Le dio un apretón en el hombro a James y, seguido de Greenwood y Jordan, abandonaron el despacho de la directora. Potter, Weasley y Malfoy. La directora McGonagall no pudo evitar sonreír. El retrato de Snape estaría arrancándose los pelos. -Vosotros -lo dijo como un suspiro. -¿Por dónde empiezo? -se llevó la mano al moño para ajustárselo. -Planean un rescate de un profesor, roban polvos flu de la cocina, utilizan un traslador ilegal en el Bosque Prohibido, salen de Hogwarts a una zona peligrosa y privada, se ponen en peligro, pierden la Capa de la Invisibilidad, utilizan la Aparición sin estar autorizado para ello y movilizan una operación de aurores para que les rescaten -la directora parecía leer una lista de una carta que había recibido donde se hacía una selección de todas las infracciones que habían cometido. -¿Algo que decir?

Albus Potter frunció los labios a modo de sonrisa de disculpa. Scorpius Malfoy se había ruborizado tanto que hasta las orejas las tenía coloradas. Rose Weasley se comenzó a morder las uñas. Y James Potter desafió a su directora con la mirada.

-No hemos empeorada nada, directora -aseguró James Potter. -Si no lo hacíamos nosotros, ¿quién se habría dado cuenta?

La directora ladeó la cabeza.

-No está autorizado para tomarse la justicia y la seguridad por su cuenta, señor Potter. Espero que lo entienda. Tiene usted catorce años.

El joven bufó. La anciana mujer entendía que estuviera enfadado con el mundo. Entendía que le estaban reprochando algo que ni siquiera había empeorado la situación. Lo sabía. Pero también debían ser precavidos y responsables de sus actos.

-Directora, lo de la Aparición fui solo yo…-asumió su culpa Scorpius Malfoy

-Sabemos que es una infracción grave -aseguró, interrumpiendo a Malfoy, Rose Weasley.- Igual que el resto… Pero hay excepciones como la fuerza mayor… Y saber con certeza que Hagrid podría estar en peligro y, con fundamento, desconfiábamos del resto… Creo que podría aplicarse en este caso.

-Solo queríamos solucionarlo… Y teníamos un plan sólido. Llamaríamos a refuerzos… Y ha funcionado, directora -añadió Albus. -No nos puede castigar por hacer las cosas bien. Por hacer lo que nadie haría.

Minerva McGonagall arqueó las cejas.

-Toda la culpa es mía, directora -reconoció James Potter. -Yo les convencí.

-No van a estar castigados -anunció la directora McGonagall. -Solo advertidos. Estamos en tiempos difíciles… Esta vez os ha salido bien… No penséis que esto se repetirá. No penséis que la próxima saldréis ilesos… Si estáis así es porque el Ojo lo ha querido. Quiero que os entre en la cabeza, ¿de acuerdo? Esto no es un ejemplo de cómo va a ser a partir de ahora. Esto es la excepción. Y me preocupa.

-¿Por qué? -quiso saber Rose Weasley.

Minerva les miró con ternura. ¿Qué sabrían esos niños de lo que les deparaba el futuro?

­-Pensadlo… Irrumpís en su hogar. Y no os hacen absolutamente nada. ¿Por qué creéis vosotros?

-Porque para nosotros tienen algo más preparado -concluyó con desesperanza Albus Potter.

 

 



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