Historia al azar: ¿Le perdonará?
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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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(II) Capítulo 24: Cogito ergo sum

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)


-Que quede claro, ¿vale? Esto no significa que seamos amigos -aclaró Fred Weasley.

Aquella afirmación era una verdad universal. Se extendería hasta el fin de los tiempos. Decían que la genética no se entrometía en las relaciones de amistad, mas ellos eran la excepción que confirmaba la regla. Y también eran un variopinto grupo de personas con intereses comunes y personalidades contrapuestas que debían reunirse en la Sala de los Menesteres, pues en cualquier sitio público habrían causado más de un altercado. Curiosidad. Interés. Sospecha. Justo lo que pretendían evitar.

La idea de utilizar la Sala de los Menesteres como reunión había salido de forma natural. Allí había nacido el Ejército de Dumbledure. Estaban destinados a fraguar su destino en esa cambiante habitación. Que, en aquel instante, había tomado la forma de un salón acogedor. Era curioso: la sala era más acogedora que la gente allí presente.

Y, no obstante, ninguno había dudado de que en el momento en el que se convocara aquella reunión, hubiera ninguna falta. Aunque la hubo. Alice Longbotton no se presentó. Aquello causó revuelo en cuanto estuvieron todos. Rose pidió ir a por ella. Albus la excusó de forma que todo el mundo intuyó que la joven no estaba en condiciones para hacer frente a una amenaza de aquella talla.

Bueno, no era la única.

En cuanto Albus le contó un día que sospechaban que Hagrid podría estar en una situación comprometida -¡supuestamente había intentado envenenar a Alice y ella tenía que hacer como que no lo sabía!-; y, días más tarde, su primo James le decía que sabían que Hagrid era un impostor -¡encapuchado!- con la poción multijugos… Fue su primer ataque de ansiedad. El cual sufrió en soledad. En su cuarto. Y sin avisar a nadie porque no podía. ¿Cómo le explicaba al mundo que todo tenía sentido? Eso se sumaba a la amenaza que predicaba Imogen de que un Weasley iba a morir.

Claro, si hacían aquella misión, ya había dos Weasley en peligro. Ella misma estaba en la línea de fuego. Aunque podía evitarlo. Podría utilizar su ingenio para inhabilitarles a los dos. Para, a la hora de la verdad, estar a salvo y ser los indicados para llamar a los aurores en busca de ayuda.

Lo tenía todo pensado. Y por eso estaba allí. De otra manera, estaría en la Madriguera llorando a sus padres y temiendo su muerte.

-Tranquilo, Weasley, estamos aquí por lo mismo que tú -dijo con una sonrisa Peter Greenwood.

Aquello transmitió una sonrisa de Greenwood, pasando por Malfoy a su primo Albus. Era como si los tres vivieran en una simbiosis continua desde el pasado verano y a la que habían sucumbido aquel año. Desde luego, los que mejor llevaban la estancia en Hogwarts eran ellos.

Sin darse cuenta, Rose también sonrió.

Susan Jordan tomó la palabra al ponerse en el centro del círculo que se había formado.

-Aunque en este grupo faltan mentes femeninas…-Oh, cuánta razón, sólo estaban ella y Rose. No sería suficiente para contener tanta testosterona en revolución. -Aún falta mi amiga Cornelia Brooks, que no ha venido porque se ha desmarcado como colaboradora independiente, ¿vale? Solo quería decir eso… Que somos más de los que estamos aquí.

-Alice no nos va a ayudar -añadió Albus. -Y que nadie le insista… Ha pasado por un momento malo y creo que podemos hacer esto sin ella.

Todos asintieron. ¿Sabrían sus primos y Jordan lo que le pasaba a Alice? ¿O confiaban en el criterio de Albus? No es que ella hubiera desconfiado, aunque definitivamente habría querido saber más sobre su situación. Tampoco es que ella misma supiera si entre esos tres había también traumas internos. El más indicado para tenerlos era su primo James, tras el artículo demoledor… Lo cual se correspondía con la serenidad que mostraba en aquel momento.

-Bien, pues nos reuniremos cada cierto tiempo con ideas para ver cómo perfeccionamos el plan de seguir al Hagrid falso y que nos lleve hasta el Hagrid verdadero y traerlo de vuelta a casa sano y salvo. Y sin ninguna baja por nuestra parte -anunció James. -Sé que el plan está repleto de lagunas… Muchísimas… Por eso tenemos que atar bien todos los cabos.

Rose Weasley suspiró.

-Podríamos concertar las reuniones en el entrenamiento de Quidditch… Es el momento en el que Malfoy, James, Fred y yo coincidimos y podemos hablar entre nosotros sin levantar sospechas -propuso Rose.

-Tiene sentido -concedió Fred. -Pero si mi hermana, nuestra capitana, me ve hablando con Malfoy no servirá para nada, Rose.

La joven se puso los brazos en jarras.

-Bueno, yo puedo ser la mensajera -sugirió de nuevo Rose. -James, tú y yo seguimos hablando en los entrenamientos… Y últimamente paso algo de tiempo con Albus, Greenwood y Malofy, por lo que, aunque suena antinatural, sería mantener el ritmo de la última rutina que llevo siguiendo…

No pudo evitar avergonzarse ante sus primos mayores. Sobre todo, después de todo lo que blasfemó acerca de esos dos muchachos el año anterior. Estos simplemente arquearon las cejas sorprendidos. Y se encogieron de hombros. No le dieron más importancia. Quizás porque en ese momento era útil. En cualquier otra circunstancia, la habrían quemado en la hoguera por traición. Ojalá no se lo contaran a su padre. Era el único deseo que les pedía.

-Me parece bien - cedió James.

-He pensado que yo podría encargarme de los suplementos que nos pueden suministrar los elfos de las cocinas… -la propuesta salió de Perry Greenwood como si hubiese estado ensayándola un tiempo. Todos se giraron hacia él un tanto curiosos y con diversión en sus expresiones. -Me llevo bien con ellos y creo que estarían dispuestos a ayudar -añadió de forma solemne.

A James y a Fred se les escapó la risa. Albus y Malfoy tampoco la pudieron aguantar.

-Tienes un serio problema con la gula, Perry -le dijo Rose.

-¿Qué? Ahora puede ser útil…

-Bien, yo puedo encargarme de vigilar a Hagrid -aquella idea vino de Susan Jordan. Se encogió de hombros ante la advertencia de sus amigos. -Soy la mejor alumna de la clase y me puedo ofrecer a ayudarle con las curas de algunos animales, ¿qué os parece? Se lo propuse a Brooks, pero ella tiene otra cosa en mente.

-¿El qué? -quiso saber Fred.

-Ya sabes, es Brooks -dijo señalando a su cabeza. -Está obsesionada con la Adivinación y los libros…

-Yo le puedo ayudar -se ofreció Rose.

Susan le sonrió. Pero ni le dijo que sí ni le negó nada. Tendría que hablar ella con Brooks. Su última cooperación con ella fue bastante bien.

-Vaya, pues, yo no he pensado en nada que pueda hacer… -confesó Albus Potter. Rose posó su mano en su hombro para tranquilizarlo. -¿Puedo vigilar a Zoe? Está en mi Casa… Soy el único Slytherin de aquí… Creo que puedo hacer eso.

-Bueno, creo que es lo más peligroso de todo, así que no sé si deberías hacerlo tú solo -comentó su hermano mayor.

Albus pareció ofendido.

-Puedo hacerlo -replicó.

-Además, Albus tiene la Capa de la Invisibilidad -aportó Malfoy. -Es el más indicado para hacerlo.

Compartieron un choque de puños y James rodó los ojos.

-¿Y tú qué vas a hacer, Malfoy? -le espetó James.

Este se encogió de hombros.

-Yo pensaba aprender hechizos de Defensa Contra las Artes Oscuras y enseñároslos… Y también ayudar en la Biblioteca -se encogió de hombros. -Soy el mejor de la clase -añadió, como si fuera una información necesaria.

Rose apretó sus nudillos. ¿Aquello lo decía en serio o era por fastidiar? Su primo James y su primo Fred desviaron la mirada a Rose para contemplar su reacción. ¿Una bomba de relojería en ese instante? En efecto. ¡Creía que habían sobrepasado la competición entre ellos!

-Bueno -cortó la tensión Jordan. La muchacha seguía en medio. Se interpuso entre el choque de miradas de Rose y Malfoy. ¿Por qué tenía que ir Malfoy y estropear la paz que estaba reestableciéndose? -¿Nos queda claro a cada uno lo que vamos a hacer? Fred y James van a contactar con Teddy Lupin para informarse más acerca de los encapuchados y para que, en el momento clave, vengan a ayudarnos… Todos tenemos una misión…¿Entendido?

Nadie dijo ni una palabra pero todos asintieron.

-¡Se acaba la clase! -dijo Fred saliendo disparado por la puerta, seguido por James y Susan. Como si ciertamente fuera una clase y quisiera ir al recreo.

Albus y Peter pasaron por delante de Rose, dejando a Malfoy detrás de él. Weasley y Malfoy seguían asesinándose con la mirada.

-Vamos, Malfoy -le apremió Albus, lanzándole una mirada de disculpa a Rose.

El joven se acercó rápidamente a Rose. Si las miradas fueran hechizos, Rose le estaría lanzando un Avada Kedavra letal y mortífero. Le dolían los ojos de tenerlos tan tensos mirando hacia Malfoy. Albus y Perry abandonaron la Sala de los Menesteres. Quizás deseando que la Sala solucionara los problemas de ambos por sí solos.

-Weasley, ha sido sin querer… Se me ha escapado y no pensaba en que decir que soy el mejor de la clase puede ofenderte… Porque tú también eres la mejor de la clase. Perdón por la arrogancia -se disculpó. Se mordió el labio. Y aguantó el silencio sepulcral de la joven.

Era cierto. Y eso era lo que más le dolía a Rose Weasley. Scorpius Malfoy era mejor que ella. Se lo había demostrado varias veces. Era excepcional. Le molestaba porque ella quería destacar por encima del resto. Siempre. Tenía un ansia inherente a su naturaleza humana por impresionar a los demás. Y que esa persona fuese mejor que él -¡encima Malfoy! -la destrozaba. Porque demostraba que, si no era la mejor, entonces no la admirarían. ¿Para qué valía ella si no era para los libros? ¡Hasta en el Quidditch podía destacar perfectamente en dos posiciones mientras que ella se mataba por seguir su ritmo! No le gustaba sentirse inferior a nadie. Nunca lo había sentido. Era un peso de realidad que siempre había evitado. Y que le caía como un muro derrumbado sobre su espalda.

-No pasa nada, Malfoy -dijo a regañadientes.

Aquello causó estupor en el joven. Tanto que le agarró del antebrazo. Solo se habían tocado en Quidditch. Jamás fuera.

-¿Estás bien? -le preguntó, más preocupado de lo que Rose creía que Malfoy podría estar.

Se le hizo un nudo en la garganta.

¡Pues claro que no! ¡Estaban a punto de morir! ¡Un Weasley iba a morir! Estaba segura de que eso era cierto. Y allí estaba ella, ayudando a que aquello se cumpliera. ¿Desde cuándo era tan irresponsable? ¿Por qué no habría acudido a sus padres?

Tenía ganas de llorar.

Se quitó la mano de Malfoy de un tirón.

-No me pasa nada.

Si a Rose Weasley no le gustaba mentir, era porque se le daba rematadamente mal.

Las notas de una música distante y brusca. La voz de una cantante tan potente que reinó sobre el antro durante más tiempo que un eco habitual. La ópera de Copenhagen, pese a su moderna estructura, tenía la capacidad de crear un viaje en el tiempo a los espectadores.  A las épocas barrocas y retorcidas en las que fueron escritas las grandes obras que allí tenían lugar. Los allí presentes estaban eclipsados con las notas altas. Los deslices que hacían las diferentes voces. El trama oscuro que les absorbía.

En el palco más alejado del lugar, unos jóvenes parecían estar viendo una obra distinta a la del resto de clientes. No parecían asombrados. Como si aquello fuera parte de su rutina habitual. Conversaban en voz baja. Y con rostros tan serios que hacían que las facciones cuadradas del joven hombre se marcaran aún más y que la cola de caballo de la muchacha pareciera aún más estirada.

Miraban la ópera de reojo. Como si fuera el telón de fondo de lo que verdaderamente allí se cocía. El joven llevaba un esmoquin. Y, al lado del voluminoso vestido de la joven, parecía un simple adorno a su lado. Mas, sin embargo, ella era una simple chiquilla y él lo más similar a su jefe.

Ella no estaba nerviosa. Aunque tenía la presión de deber aparentar más edad en aquel momento, sabía que con cualquier hechizo lo remediaría en un instante. Había salido aquel día de su encierro en el castillo de Hogwarts para disfrutar de la sociedad danesa. Bajo el pretexto de una reunión con Octavio Onlamein. El miembro del Ojo más atractivo y seductor. Y la había elegido a ella para ser su acompañante en la ópera. Reconocía que no podía ser mera casualidad. Que no era la elegida por su interés en ella. Sino, más bien, en su posición como miembro del Ojo del mismo nivel que él, unos diez años más joven e infiltrada en Hogwarts. Tener quince años había sido una desventaja si aquel cometido se observaba como un encierro.

-Así que la Piedra Filosofal, ¿eh? -torció una sonrisa. Gwendoline Cross sacudió su vestido. -Ya no se andan con tonterías.

Unos años atrás, se habría tomado la afirmación de Octavio Onlamein como una broma. Mas, conforme pasaba el tiempo, las profecías menores se iban cumpliendo. Y el comienzo de la guerra estaba tan cerca que no le extrañaba en absoluto que fueran a por artilugios de tal magnitud.

-No sabes cuánto tiempo he estado esperando este momento -reconoció Octavio. -Es una pena que mi hermano haya tenido que fastidiarla para no poder saborearlo por completo.

Gwendoline Cross dejó escapar una leve risa. El fracaso de los Onlamein. Jamás lo habría pensado. Aquello era motivo de burlas argumentadas. Y fastidiaba a Octavio. Lo sabía. Y también sabía que no podía hacer nada por evitarlo. Se lo tenía buscado. Y él, el gemelo que quedaba vivo, era el que debía pagar las consecuencias. Había escuchado que su madre habría mandado asesinar a la muggle. Cross sonrió y se llevó la botella de vino a los labios y sorbió un trago. ¿Quién prefería la copa teniendo la botella?

-Te conseguiré la piedra… Y a la muggle. Si a cambio consigues sacarme de Hogwarts -le tendió la botella de vino francés. -¿Trato?

El joven la observó.

Todo el mundo sabía que Gwendoline Cross podía cumplir sus promesas. Era sanguinaria. Despiadada. Tenaz. Ella estaba segura de que conseguiría las dos cosas a toda costa, con tal de salir de aquel castillo lleno de sabandijas y niños que le hacían replantearse si verdaderamente tenía quince años.

-Sabes que si sales de Hogwarts irán a por ti… O te meterán en otro encierro… Es lo que tiene ser una niña y poder sumergirte con ellos.

-Me da igual -la joven insistió. Le tendió la botella.

Octavio Onlamein la cogió. Le dio un trago.

-Trato -La joven Gwendoline Cross sonrió satisfecha. Le gustaba saber que, mientras que con el resto de personas Octavio Onlamein era un solitario y silencioso asesino, con ella podía llegar a tener una conversación algo más humana y negociar interesantes cuestiones. Sabía que era así porque Cross imponía respeto. Siempre se habían llevado bien. Ambos eran iguales. Silenciosos. Solitarios. Reservados. Y asesinos. -¿Para qué querrán la Piedra Filosofal?

Le robó la botella y le dio un trago. Se encogió de hombros.

-Para tener más poder, ¿no? Cuanto más poder, mejor… O quizás sea para los experimentos estos… ¿Quién sabe? -hipó y soltó una risa. Llevaba más de media botella ella sola. Y desde las vacaciones de Navidad sin probar el alcohol. Sí, tenía quince años, pero por suerte o por desgracia era una sustancia que ya había probado antes. -Espero que se lo dejen a Loring… Es lo más inepto que existe como jefe. Ojalá Tristán McOrez lo quite de en medio… ¿Quién mejor que Tristán para ser el Ministro Francés? -miró a Octavio con las mejillas encendidas.

El  despiadado asesino le arrebató la botella de vino. Le dio un trago. Se limpió las gotas que cayeron por su barbilla y dejó la botella en el suelo.

-Ya has bebido suficiente, Cross -fue más un reproche que una orden.

La joven refunfuñó.

Ante los espectadores inmersos en la ópera, en el palco más alejado, Gwendoline Cross se levantó y se asomó a través del palco. Aspiró el aire de la efímera libertad. Miró hacia Octavio quien miraba su espalda y no la obra.

Se giró hacia la obra.

Y despareció.

Las farolas tintineaban y exhalaban sus últimos tragos de luz. Tan solo dos figuras se alzaban en la oscuridad. Llevaban puesto un traje elegante. Como si atendieran a una ocasión especial en una calle que parecía estar deshabitada. Una de ellas sacó una varita.

Cuando aquella pareja de magos se acercó al número 12 de Grimmauld Place, sabían su ubicación. Por esa razón, pareció empujar sus casas vecinas, el número once y el número trece, fuera del camino como aparecía entre ellos. Un conjunto de escalones delanteros desgastados se revelaron. Conducían a una puerta principal maltratada. En la puerta, había una aldaba plateada con forma de serpiente retorcida, sin orificios, manijas o cualquier otra cosa que indicara que era una puerta, pues solo se abría por magia.

-Veinte años después y no ha cambiado en absoluto, Harry -comentó Ron Weasley a su mejor amigo.

Este asintió con una triste mirada. Se adentraron en el hogar ancestral de la Familia Black. La antigua sede la Orden del Fénix. La antigua residencia de Sirius Black. Su padrino. Y, en aquel momento, de su propiedad.

La puerta principal se abrió a un largo pasillo, iluminado con lámparas de gas y una gran araña de techo. Fue completada con retratos de Sirius Black, de Remus Lupin, de Nymphadora Tonks, de Fred Weasley, de Alastor Moody,… Aquel lugar era un homenaje a los Caídos. Ya no era la sombría residencia de los Black.

Fleur salió del comedor apresuradamente a abrazarles. Les indicó que le acompañaran donde se encontraban todos los que habían sido llamados por él mismo, a petición de su ahijado.

El comedor contenía una larga mesa de madera con sillas y lámparas colgantes que estaban, casi todas, ocupadas en aquel instante. La habitación era de bastante gran tamaño y podía soportar la presencia de todos ellos.

Molly Weasley, con manoplas en las manos y una tarta de manzana que traía de la cocina, les saludó con una sonrisa, mientras la posaba sobre el sitio de su marido, Arthur Weasley, quien se olvidó de la entrada de su yerno e hijo ante la llegada del postre. Ocupaban justo el lado opuesto de la mesa en el que se encontraban los recién llegados.

Al lado de ellos, se encontraba Neville Longbotton junto con Hannah Longbotton conversando animadamente con Charlie Weasley y Percy Weasley, probablemente sobre un conocimiento que se escaparía del saber de Harry y Ron. Audrey y Angelina Weasley discutían sobre algo mientras George Weasley y Alexander Moonlight intentaban poner los cubiertos alrededor de la mesa. Luna Scarmander enseñaba unos artilugios chispeantes a Ginny Potter, por lo que Hermione Weasley hacía cambiar de sitio a Victoire Weasley para alejarla de su vieja amiga y acercarla a su cuñado Bill, quien la acogía con los brazos abiertos y le indicaba un asiento al lado de su tía Gabrielle.

Harry Potter sintió un calor en su interior que esperó que durara mucho tiempo.

Una mano se apoyó sobre su hombro, haciéndole sobresaltar.

-¡Has llegado, tío Harry! -saludó efusivamente Teddy.

Su tío le sonrió y le dio un abrazo. Cogió sitio al lado de Luna y en frente de George y buscó con la mirada a Ginny para otorgarle una sonrisa. Ya tendría tiempo de saludar al resto, cuando se hubieran comido el festín de Molly.

-¡Ya estamos todos! -anunció con cierta felicidad Victoire Weasley. -Puedes empezar, Harry -le pidió su sobrina, tomando asiento.

El hombre casi se atraganta con su propia saliva. ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Debería haberse preparado algún discurso? Tragó saliva y decidió improvisar, pues toda la mesa le observaba inquisitivamente. Con los ojos muy abiertos. Era su discurso y después la comida, debía ser rápido.

-Hola a todos -todos sonrieron, impacientes. -Al llegar aquí, he reparado en todos los retratos de todas las personas que también están aquí hoy con nosotros… Así que… ¡Hola a todos! -Sonrió nervioso. Buscó a Ginny. Esta asintió. -Si estamos aquí hoy, es para celebrar que estamos a salvo… -Carraspeó. Miró la mirada atenta de Victoire Weasley, como si él fuera su profesor. Y la preocupación de Teddy posando sus ojos sobre ella. Y la inquisitiva mirada de Moonlight, de Charlie y de Hermione. Vaya, el Ministerio también estaba ahí. -Y debemos seguir estando a salvo… Los rumores son ciertos… El basilisco de Hogwarts, secuestran a Victoire… -Las miradas bajaron del entusiasmo a la seriedad en poco tiempo. -Nuestros propios hijos saben de esto. ¡Que mataron a un basilisco! ¡Que están pensando en luchar! De alguna forma, nuestra familia está de nuevo implicada en esta lucha, y debemos ponernos a salvo.

Se percató de que Victoire Weasley se rascó la nuca y buscó la mano de Teddy para apretarla con fuerza. El resto, en cambio, le miraban como si hubiera proclamado la guerra.

De hecho, Hermione se levantó de la silla.

-¿Qué? ¿Quieres poner a nuestros hijos en peligro? -se llevó la mano a la cabeza. -No pienso volver a pasar por lo del año pasado -sentenció, acusando con el dedo a Harry. Haciendo una clara referencia a sus súplicas con respecto al cierre del Colegio y la búsqueda de sus hijos por toda Inglaterra y Escocia.

-Lo llevan en los genes -suspiró Neville Longbotton.

De pronto, todos querían dar su opinión. Incluso si eran comentarios absurdos.

-Debéis reforzar el Departamento, Harry -rogó Bill.

-Si me necesitáis… -añadió Percy.

-¡Ni siquiera sabemos qué es lo que está ocurriendo! -interrumpió Ginny.

-¿Y por qué le han hecho daño a mi Victoire? -les cuestionó a todos Fleur.

-No -se le adelantó Victoire Weasley. -Son mucho más poderosos de lo que creéis. Nosotros no somos su objetivo… Es algo mayor. Lo sé…Siento que haya tenido que ser yo quien han cogido… Si hubiese sido de cualquier otra familia lo habríais pasado por alto…

Hubo un silencio que hizo que la joven aludida suspirara impaciente.

-Debe ser una razón que ahora mismo se nos escapa -razonó Charlie.

-Hay que proteger a nuestros niños -pidió Audrey.

-¿Y dónde van a estar mejor que en Hogwarts? -sugirió Arthur.

Los comentarios se elevaron, hasta el punto en que nadie oía lo que decía el otro. Harry alzó las manos para detenerlos con intención de calmarles y dar su opinión, en base a la información que ya tenía.

Ted dio un fuerte puñetazo en la mesa que hizo que temblara por un instante. Los mandó callar a todos.

-Joder -maldijo. -¿Es que no lo veis? Nos ha tocado a nosotros y punto… No tiene nada que ver con esta familia -sentenció. -Cada generación ha tenido su lucha… Bueno, pues mi generación, la de todos vuestros hijos, nos ha tocado algo que todavía no sabemos de qué se trata y muy probablemente no tenga nada que ver con ninguno de nosotros… ¿Y qué? ¿Quién os obligó a la mayoría de vosotros a haceros los héroes? ¿Os lo impidieron acaso? ¡No! -interrogó entre un incómodo silencio.

-No teníamos otro remedio, Teddy -reflexionó Ginny.

Ted ignoró a la mujer que le había criado. Miró a Victoire y esta simplemente asintió.

-Si os he pedido que vengáis hoy no era para anunciaros que sea lo que sea que está ahí fuera vuestros hijos y yo estamos dispuestos a hacerle frente y no nos los vais a impedir…No… No estáis preparados para esa conversación -negó con la cabeza. -Os he pedido que vengáis a todos los que siempre he considerado mi familia, mis amigos… A lo más parecido que tengo a unos padres… Para anunciar que hemos decidido tenerlo.

Victoire se incorporó.

Se tocó la barriga y causó una ovación. Todos los allí presentes sabían que ella estaba embarazada. Pero aún no habían decidido si abortar o no. Y la decisión había sido difícil. Pero Victoire se lo debía. La vida que mantenía en su interior era lo que la había salvado a ella. Ya pensaría en su futuro. Un futuro que ni siquiera tenía claro.

Asintió para sí.

Y les miró a todos, con una sabiduría y un coraje que solo una madre en tiempos de guerra podía tener.

-Yo no quiero que mi bebé crezca en mitad de una guerra. Ni que nazca justo en mitad de una -le acarició la mano a Teddy. Él había sido ese bebé una vez. Suspiró. -Si para que sea feliz tengo que luchar contra lo que se me ponga delante… Lo haré.

-Vosotros tenéis que entenderlo mejor que nadie -razonó Ted. -Da igual lo grave que sea la amenaza… Lo importante es asegurarle un futuro -A los presentes le sorprendió oír la seguridad en Ted. Apretó los puños y alzó la mirada. Tenía los ojos empañados. -Ahora, mejor que nunca, comprendo a mis padres.



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