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La Tercera Generación de Hogwarts » Tendencia a las alturas
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
[ Más información ]

Tendencia a las alturas

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)

Capítulo 4: Tendencia a las alturas

Los días de septiembre iban llegando a su fin y, con ellos, el entusiasmo que surgía a raíz del primer día, cuando todos los niños cogían el Hogwarts Express con el lugar que se convertiría en su hogar durante años como destino. Para quien sentía el vacío de aquellos afortunados que estarían en aquel momento aprendiendo conjuros con sus varitas, la espera se hacía angosta. Era fácil para ellos, pues el castillo no les daba ni un respiro para acordarse de la familia que había dejado atrás. Era horrible para Lilith Luna Potter, más conocida como Lily.

Ella tenía que hacer frente a sus últimos años de colegio sola, sin la ayuda de sus hermanos, sin sus risas, sin sus juegos. Ella tenía que pasar dos años sin sus hermanos. Reconocía abiertamente que al que más echaba de menos era a James, no porque llevaba más años sin su convivencia, sino porque ella se sentía más unida a él que a Albus. Lo decía sin tapujos y, pese a no encontrar un argumento que lo justificara, sus padres parecían entenderla.

No obstante, Lily sentía una extraña necesidad de proteger a su hermano Albus. Sobre todo, después de la primera carta que envió, la cual tenía guardada en el cajón con el objetivo de enseñársela a James en Navidad para pedirle explicaciones. ¿Cómo podía tolerar que trataran a su hermano así? ¿Los profesores no hacían nada al respecto? Lily conocía a su hermano y sabía con certeza que lo que ponía en aquella carta era un eufemismo de lo que estaba pasando.

<<Querida familia:

Soy Slytherin.

Sí, lo habéis leído bien. Pertenezco a la Casa que dirigió Severus Snape, cuyo nombre llevo siempre conmigo. Y, aunque nunca me ha gustado esta elección del Sombrero que siempre ha sido posible, tengo que confesar que no está nada mal. Soy astuto y ambicioso.

Sé que a vosotros no os importa. A Lily puede que tampoco. De hecho, James es la única persona de Gryffindor que parece no quererme desde entonces, sobre todo desde que mi único amigo aquí se llama Scorpius Malfoy. Pero ya sabemos cómo es James. Se le pasará o tendrá que aprender a vivir con ello.

No soy bien recibido en mi Casa. Alice tampoco. Ya sabéis que últimamente no nos llevamos muy bien, pero tendemos a evitar nuestras diferencias para poder soportar juntos al resto de Slytherin. En mi cuarto no estoy tan mal. Richard McKinsey, el hijo del nuevo Ministro, está en el cuarto conmigo. Es muy reservado, pero es el único que no me mira como si fuera un intruso, como mis otros dos compañeros, Ethan Binns y John Collins. El resto de Slytherin es mucho peor. Hay alumnas que parecen haberla tomado con el apellido Potter.

Aun así, no os preocupéis. Sé cuidarme solito. Solo necesito la Capa de la Invisibilidad para protegerme… Y me gustaría que James me la devolviese.

Os quiere,

Albus Severus Potter>>

La hermana del remitente de aquella carta suspiró. La rivalidad entre sus hermanos era innecesaria. Esperaba ansiosamente el día en el que ambos madurasen lo suficiente como para entender que los hermanos no eran el contrincante, sino el aliado.

En el colegio donde se encontraba en aquel instante, demasiado ensimismada en sus pensamientos, todos eran contrincantes. O al menos así lo veía ella. A pesar de que en su familia fuera una niña dulce que nunca se metía en problemas, sus profesores solían castigarla por si mal genio y la tachaban de "demasiado madura", como si aquello fuera algo malo.

Lo cierto era que no soportaba en absoluto a sus compañeros de clase. Ya no solo por el hecho de que la insultaran por su color de pelo, lo cual era suficiente como para que les amenazara con una muerte dolorosa; sino también, el hecho de que le desesperaba que fueran unos críos. Y sí, ella tenía nueve años, pero no era tonta.

Lily Potter se había metido en peleas con niños mayores que ella. Había estado castigada semanas sin salir al patio del recreo. "Traviesa" no era el mejor adjetivo para definirla, el cual solían utilizar los profesores cuando se lo contaban a sus padres, quienes culpaban a la genética de haber heredado el mal genio de Ginnevra. Más bien era "susceptible". No era una niña mimada, sino alguien que odiaba que la sacaran de sus casillas, lo cual se había convertido en entretenimiento puro para los niños de su colegio. También esa era una de las razones por las que quería que su carta de Hogwarts llegara cuanto antes. Era la "agridulce" Lily, como la había llamado una vez su abuela, cuando su madre le contó la última pelea.

-Pelo zanahoria -la llamó con malicia su compañero de pupitre. -La profesora te está llamando.

En efecto, vio las lentes de Mistress Seberg apuntando directamente hacia ella.

-Y bien, Miss Potter, ¿sería tan amable de decirnos que mantenía tan ocupados sus pensamientos? -inquirió, mientras el rubor de las mejillas de Lily alcanzaba una gama de color tan rojo que podía competir perfectamente con su cabello. -Bien, sigamos por la página 45…

Las compañeras de cuarto de Rose Weasley no eran lo que ella había esperado. Tal y como las había descrito en la primera carta a sus padres eran <<seres unineuronales cuya única función era mantener activo el radar de "magos guapos">>. La primera vez que intentó mantener una conversación con ellas, y la última, se sintió tan fuera de lugar que se planteó pedirle a McGonagall un cambio de habitación. Se llamaban Camrin Trust y Barbara Coleman, también estaba la tímida Janet Rossen, que no articulaba palabra sin tartamudear, pero cuya sonrisa era suficientemente agradable como para sentarse a su lado en las asignaturas que no compartía ni con Alice ni con Albus. Porque, por supuesto, Scorpius Malfoy quedaba descartado.

-Te vas a atragantar -le dijo Malfoy en el desayuno, mientras Rose Weasley luchaba por masticar la magdalena a la vez que bebía zumo.

Ella bufó y el muchacho lo encontró divertido. Al parecer había encontrado en Peter Greenwood, el nieto de sus vecinos, un aliado perfecto en contra de ella. Estaba claro que el hecho de no conocer la historia de la Magia había sido un beneficio para Malfoy, pues no sabía que el rubio estaba fuera de lugar. Además, para más inri, no solo habían descubierto que meterse con ella era un divertido pasatiempo, sino que en aquellas clases en las que no estaba Albus, se sentaban juntos. A Rose Weasley le molestaba demasiado que le privara de la presencia de su primo. Por suerte, Alice Longbotton le seguía siendo fiel.

-No metaz tuz narices donde no te llaman -le contestó Rose con la boca llena de comida. Se limpió las migas de magdalena que manchaban su cara y le dirigió una mirada asesina.

Albus Severus Potter corrió hacia Scorpius Malfoy, con Alice Longbotton siguiéndole los talones, quien cambió de dirección hacia Rose en el último momento. Cuando se sentó a su lado en la mesa de Gryffindor, Rose le miró con cierto escepticismo. Albus y ella habían venido juntos, y eso jamás de los jamases pasaba desde que hacía dos años se habían peleado por algo que Rose seguía sin saber.

-¿El dúo Al-Ali ha vuelto a zuz pantallaz? -le cuestionó en voz baja mientras se metía otra magdalena en la boca.

La aludida se encogió de hombros y le cogió una manzana del cuenco. ¿Manzana? ¿Con todos los dulces que tenía en frente de ella? Definitivamente a Alice Longbotton le pasaba algo.

-No exactamente -respondió, algo cohibida.- Digamos que hemos decidido hacer una tregua por nuestro bien… Ya sabes cómo se comportan los Slytherin con nosotros.

Rose se llevó la palma de su mano a la frente teatralmente.

-O sea que Malfoy me quita a mi primo y… Ahora que tú y Albus sois tan inseparables como antes… Yo me quedo sin amigos.

-Oh, yo no diría que somos "inseparables", digamos que es… Como una Guerra Fría, aparentemente no llevamos bien, pero en realidad no. -explicó Alice con una sonrisa que seguía sin convencer a Rose.- Además -la joven Slytherin le cogió de las manos mientras Rose seguía masticando y mirando detenidamente a Alice - nosotras somos amigas, Rose. Aunque estemos en Casas diferentes. Severus y yo siempre hemos tenido más cosas en común que contigo, tú estabas muy ocupada leyendo libros y estudiando hechizos…

-Mi madre me decía que mi inteligencia os intimidaba. -Alice esbozó una sonrisa sincera.- Y desde luego… ¡Tenéis muchas cosas en común! Solo hay que ver en qué Casa estáis los dos…

Aquello lo dijo como si ambos le hubieran traicionado. Rose Weasley reconocía en su fuero interno que le había decepcionado bastante que sus dos amigos estuvieran en Slytherin y no en Gryffindor con ella. Intuía que Alice sabía aquello y que por esa razón aprovechaba todos sus descansos para escaparse con ella. No era que Rose Weasley fuese reacia a ser amigos… Simplemente no le gustaban las opciones que se le presentaban.

-Por esa regla… Tú también tienes cosas en común con Scorpius Malfoy.- rio Alice, sabiendo que su amiga saltaría encolerizada por tremenda comparación.

Sin embargo, no tuvo tiempo. Albus Potter se dirigió a las dos y anunció:

-¡Nuestra primera clase de vuelo juntos!

A Rose Weasley no le hacía gracia. Significaba que si cometía algún error, los insoportables nuevos amigos de su primo Albus estarían más cerca para reírse de ella. Ser inteligente y el cerebro más prodigioso de aquel lugar comenzaba a tener muchas desventajas.

-Perfecto -dijo en tono sombrío Rose.- Justo lo que siempre he deseado. Hacer el ridículo sobre una escoba delante de Malfoy.

Rose nunca había creído que pudiera existir un muchacho al que detestara más que a Peter Greenwood, pero eso era antes de haber conocido al nuevo mejor amigo de este, Scorpius Malfoy.

-Sabes volar perfectamente -le recordó Alice, seguramente haciendo referencia a los partidos de Quiddicht que habían jugado en el campo de sus abuelos y de los que Alice había estado presente, sin participar.- De todos modos, Severus me ha contado que Malfoysiempre habla de lo bueno que es en Quidditch, pero seguro que es pura palabrería.

La joven Weasley recordó la conversación en el tren de camino a Hogwarts. Y muchas otras más que había escuchado a lo lejos, pues Malfoy estaba en todas sus asignaturas y en su Sala Común. Y sí, la verdad era que Malfoy hablaba mucho sobre volar. Albus y él se habían quejado varias veces porque los de primer año nunca estaban en los equipos de Quidditch como lo habían estado sus respectivos padres, algo que Peter Greenwood parecía no entender. Rose estaba segura de que aquel muchacho se iba a estrellar con la escoba. Algo que estaba deseando ver y que si no pasaba, lo forzaría ella.

En cuanto a Alice Longbotton, no había tocado una escoba en toda su vida, porque sus padres no se lo permitían. Todos pensaban que era lo correcto, dado que, si Alice había heredado algo de su padre, era la torpeza.

Alice y Rose, al acabar de desayunar, bajaron corriendo los escalones delanteros, hacia el parque, para asistir a su primera clase de vuelo.  Había amanecido un día claro con una brisa norteña que raspaba la piel. La hierba se agitaba bajo sus pies conforme andaban por el terreno inclinado en dirección a un prado que estaba al otro lado del Bosque Prohibido, cuyos árboles se agitaban tenebrosamente en la distancia. Habían llegado al campo de Quiddicht.

Albus Potter, Scorpius Malfoy y Peter Greenwood ya estaban allí, junto con el resto de Slytherin y Gryffindor de primer año. A su lado, unas dos docenas de escobas se encontraban alineadas cuidadosamente en el suelo. Su primo James, buscador nato del equipo Gryffindor, le había advertido que algunas escobas del colegio comenzaban a vibrar si uno volaba muy alto,o que siempre volaban ligeramente torcidas hacia la izquierda.

La profesora Hooch hizo su aparición. De baja estatura, pelo canoso y ojos amarillos que recordaban a un halcón, puso sus manos en jarras y desafió a todos los alumnos.

-Pero bueno, ¿a qué estáis esperando? ¡Cada uno al lado de uno escoba! ¡Vamos! ¡Rápido!

La escoba que Rose Weasley tenía a sus pies era tan vieja y con ramitas de paja que sobresalían formando ángulos extraños, que echó de menos las escobas de sus primos y tíos.

-¡Lo que daría por la escoba de mi padre! -exclamó Scorpius Malfoy.

-¿No nos ponen un equipo de seguridad? -preguntó alarmado Peter Greenwood, haciendo reír a más de uno.

-Extended la mano derecha sobre la escoba -les indicó a señora Hooch -y decid: <<¡Arriba!>>

-¡ARRIBA! -gritaron todos.

La escoba de Rose saltó de inmediato en sus manos, pero fue una de los pocos que lo consiguió. No cabía lugar a dudas de que Albus Potter y Scorpius Malfoy eran los hijos de Harry Potter y Draco Malfoy, quienes se miraron entre sí orgullosos de haber superado tan fácil prueba. La escoba de Greenwood no hizo más que rodar por el suelo y la de Alice no se movió en absoluto.

Su tía Ginny les había contado que había que tratar a las escobas como caballos: sabían cuando les tenían miedo.

Cuando todos lograron, a excepción de Alice Longbotton, coger la escoba; la señora Hooch les enseñó cómo montarse, sin deslizarse hasta la punta, y recorrió la fila, corrigiéndoles la forma de sujetarla.

-Tú tendrás que dar clases particulares para familiarizarte con tu escoba, Longbotton…-escuchó cómo le decía la profesora a su amiga Alice.- No me apetece llevarte a enfermería por una fractura en el brazo como le pasó a tu padre la primera vez.

Rose Weasley vio cómo su amiga palidecía.

-Tranquila, Alice.- le susurró.- Yo me ofrezco voluntaria a ayudarla.

La profesora Hooch ladeó la cabeza dubitativa.

-Preferiría que lo hiciera alguien de su misma Casa para no se solapen los horarios del resto de asignaturas… ¿Estarías dispuesto, Potter? -la señora Hooch no le dio tiempo a contestar, cuando el muchacho ni siquiera sabía a lo que tenía que estar dispuesto, pues enseguida dio las indicaciones necesarias para alzar el vuelo. -Ahora cuando haga sonar mi silbato, dais una fuerte patada. Mantened las escobas firmes, elevaos un metro o dos y luego bajad inclinándoos suavemente. Preparados… Tres… Dos… Uno…

Rose alzó el vuelo con determinación. Echaba de menos volar, sin lugar a dudas, y sabía hacerlo a la perfección, como había adelantado Alice. En frente de ella, Renata Driggs la miraba desafiante a dos metros de altura. La Slytherin subió aún más alto de lo permitido y uno de sus compañeros se unió. Parecían reírse de ella y de Albus, quien estaba a su lado. Rose tembló enfadada. ¿Les estaban retando?

-Yo no les haría caso -comentó Malfoy razonablemente.

-¿Cómo se sube la potencia de este bicho? -les preguntó Peter Greenwood un metro abajo.

Su primo Albus y Malfoy se mofaron de él. Rose Weasley puso los ojos en blanco. La joven vio cómo Renata Driggs, quien la miraba de reojo mientras hacía piruetas en el aire conquistando a todos, volvía a desafiarle con la mirada.

-¡Vamos a jugar a un juego! -Anunció la señora Hooch -Se llama Quiddicht y estamos justo en el campo adecuado… Ahora voy a soltar la Snitch para que se esconda, mientras os explico las reglas…- dijo mientras soltaba la bola alada de color dorado.

Rose Weasley, que estaba atenta a los movimientos de Driggs, recibió una mirada desafiante definitiva cuando la joven Slytherin cayó en picado del cielo en busca de la Snitch. Rose Weasley era más competitiva que racional, por lo que su escoba se movió antes que su mente y no dudó en perseguir a Renata Driggs por el cielo.

-¡Rose! ¿Qué haces? -gritó su primo Albus, siguiendo su estela.

-¡Os he dicho que después de que os explique las reglas…!- bramó la señora Hooch.- ¡Veinte puntos menos para las dos Casas!

A ninguno de los tres les importó. El juego había comenzado. Y había suficientes alumnos que sabían jugar como para desperdiciar aquel primer encuentro entre Slytherin y Gryffindor. Rose Weasley tuvo que dejar su posición de buscadora para guardar la portería, que había quedado desprotegida frente a varios Slytherin que habían cogido una Quaffle para ganar puntos mientras Renata Driggs encontraba la Snitch. Fue Scorpius Malfoy el que decidió coger un bate para repeler las Bludgers. Y, sorprendemente, el buscador definitivo era Albus Potter, que luchaba contra su propia Casa.

La señora Hooch tuvo que llamar a alumnos de sexto año para detener el partido.

Semanas habían pasado desde que todo el colegio de Hogwarts se enteró de que James Sirius Potter y Fred Weasley habían dado la bienvenida al año académico tiñendo de rojo a los Slytherin que todos los alumnos temían. Los dos primos se habían convertido en una especie de leyenda y los rumores de la venganza de Zoe Badmood parecían traerle sin cuidado.

A Lucy Weasley y a Louis Weasley los rumores les preocupaban demasiado. No era en vano, pues el mejor amigo de ambos, Christopher Nott, estaba en la misma Casa y año que la temida Badmood. Su amistad con Nott había nacido gracias a Lucy Weasley. Ella había sido quien se había acercado un día en la biblioteca para pedirle perdón por el comportamiento de todos sus primos y amigos de Gryffindor. De hecho, su padre no es que fuera conocido por ser un fiel seguidor de Voldemort como otros mortífagos. Pero el hecho de estar relacionado con ellos era motivo suficiente como para ser repudiado por los hijos de los héroes.

Para Lucy Weasley aquello era completamente injusto. Sentimiento que había transmitido con facilidad a su primo Louis, quien no pretendía separarse de ella para nada. De hecho, Louis se llevaba sumamente bien con Nott, y éste último había aprendido que merecía la pena estar con ellos. No obstante, el precio de intercambiar palabras con los primos Weasley era ser rechazado definitivamente por los miembros de su Casa.

-A saber qué es lo que les tiene preparado.- se lamentó Louis, mientras observaba cómo Zoe Badmood se acercaba a lo lejos hacia donde se encontraba su primo James, quien parecía estar a punto de entrar en la clase de Pociones.

-¿Es que tenemos que estar de niñeros? -exigió saber Lucy, incorporándose del suelo, pues temía que aquel fuese un peligroso enfrentamiento, más que una mera casualidad.

-Yo no puedo hacer nada…-comentó Nott.- Ya visteis qué pasó el año pasado… Y desde entonces mi padre no hace más que recriminarme que la culpa es vuestra.

-Oh, por favor… ¡La culpa es de nuestro primo James y de su estúpido orgullo adolescente!

Louis se encogió de hombros. Lucy le dirigió una mirada de reproche, sacó su varita y se dirigió al inminente encuentro de Badmood y Potter.

-¡Potter! -hizo la llamada Zoe Badmood hacia James.

Este se giró, sin mostrar un ápice de sorpresa y sonrió burlonamente.

-Vaya, veo que has decidido volver a tu tono natural de pelo.

-Estás muerto -rugió Zoe a la vez que sacaba suvarita y apuntaba hacia James.

El joven no pareció esperar aquello, por lo que se encontraba indefenso ante una muchacha que era conocida por recitar las maldiciones que conocía y amenazar con ellas a los alumnos que la molestaban.

-¿No podemos arreglar esto como personas civilizadas? -preguntó James entornando los ojos e intentando buscar su varita en el fondo de la túnica.

-¡SECTUMSEM…!

-¡PROTEGO! -conjuró rápidamente Lucy Weasley, interrumpiendo la maldición de Zoe Badmood antes de que tuviera efectos.

-¡CINCUENTA PUNTOS MENOS PARA SLYTHERIN! -bramó el profesor Slughorn que había salido del aula de Pociones al escuchar tanto revuelo -No me obligues a llevarte ante McGonagall -amenazó hacia Badmood. Acto seguido se dirigió hacia Lucy Weasley. -Le espero la semana que viene en el Club de las Eminencias.

Se trataba de un hombre no muy alto pero demasiado gordo, de cara redonda con el cabello grisáceo, con un bigote de morsa y una barba pulcramente cuidada. Lucy Weasley había sido digna de pertenecer a su Club de las Eminencias desde el segundo año, cuando consideró que, pese no haber incluido a ningún Weasley desde la entrada de Ginny en sus años de Hogwarts, era el momento indicado de incluir a la prometedora Lucy entre sus otros compañeros: Marc McLaggen, hijo de un importante funcionario del Ministerio e hijo del antiguo miembro del Club, Cormac McLaggen; Nicholas Wood, hijo del famoso y retirado jugador de Quidditch; Derrick Collingwood, perteneciente a una familia maga poderosa; Cornelia Brooks, la mejor alumna de su clase y Monique Jordan, excelente en Pociones desde primer año.

Muchos se preguntaban la razón por la que James Sirius Potter no pertenecía a ese Club, pero el motivo era sumamente simple: era el peor estudiante de su historia como profesor en esa asignatura. 



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