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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Sábado 23 de Enero de 2021, 18:38
[ Más información ]

(II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)


Louis Weasley se sintió cohibido ante la atenta mirada de su hermana Dominique, la cual parecía culparle por haberle abandonado aquellos últimos meses. Y era cierto. Y se sentía culpable. Y también se sentía un imbécil por no haber hecho nada por evitarlo. Ni pensar en hacerlo. Su hermana ni siquiera le había devuelto el saludo. Intuía que estaba enfadada -pero no que lo estuviera tanto. ¡Nunca pensó que Nicholas Woods fuera hacer mella en su hermana de aquel modo! ¿Y por qué narices entonces seguía con él? Además él mismo tenía sus problemas y ella ni siquiera le preguntaba. Aunque, bueno, los problemas de ella los sabía todo el castillo. Si le preguntara, tenía la certeza de que encontraría más cosas de las que quería saber. Ya era demasiado tarde. Conocía a su hermana. Louis había tenido su oportunidad de preocuparse con ella y la había desaprovechado.

Chasqueó la lengua y su hermana cruzó las piernas. Molesta con él. Con su presencia. Desviaron la mirada y quedaron en silencio. Esperaban que Minerva McGonagall, la que les había llamado a su despacho, apareciera de una maldita vez. De otra manera, la incomodidad les mataría por dentro. O por fuera.

-Queridos míos -les saludó. Louis se extrañó. Jamás de los jamases había escuchado a la directora dirigirse hacia él con tanta efusión.

-Directora -su hermana se levantó de un salto y fue a saludarla con un asentamiento de cabeza.

Louis tuvo la sensación de que se había perdido algo de su hermana en aquellos últimos años. Era como si hubiera algo de ella que no le era familiar. Como cuando una persona se cortaba el pelo y tardabas en notarlo. Solo que no era algo físico. Intentó imitar a su hermana con vehemencia pero intuyó que su gesto le había quedado algo ridículo.

-Directora McGonagall -dijo su nombre, para apoyar su saludo.

Esta asintió y les señaló los sillones en los que estaban sentados previamente para que volvieran a ocuparlos. No dudaron en hacerlo. Una vez sentados, Louis intentó descubrir por el inescrutable gesto de aquella anciana mujer la razón por la que los había llamado. E intuía que era también la razón por la que Teddy había faltado a sus últimas clases. En su fuero interno, sabía que tenía que ver con su hermana Victoire. No obstante, no le dio importancia cuando nadie más le dijo nada. ¿No le habrían avisado si hubiera sido algo grave?

-Tengo buenas noticias, señores Weasley -les anunció con una expresión serena y seria. Como si, en realidad, no fueran buenas nuevas. Sintió que su hermana Dominique palidecía. Vio cómo agarró con fuerza la textura del sillón. ¿Sabía algo que él no?

-¿Cómo está? ¿Está bien? -se adelantó Dominique. Sintió cómo el corazón de su hermana palpitaba tan rápido que sus palabras habían salido a trompicones. -Minerva -le tuteó, ante la sorpresa de Louis. -Sé que le pasa algo. Dínoslo…

-Tranquila, hija -su voz sonó suave. Louis les miraba a las dos como si fuera un partido de tenis entre ellas. -Vuestra hermana está bien… Pero me siento en la necesidad y en el aprieto, por orden de vuestros padres… De informaros.

-¿Qué le ha pasado a Vic? -preguntó atónito Louis. O sea, que, fuere lo que fuera que le había pasado a su hermana había sido grave. Casi se  atraganta con su propia saliva. No pudo más que recordar los sucesos que acontecieron en Hogwarts el año anterior.

-No hay palabras que eviten alarmaros para poder contároslo… Sólo necesito que entendáis que vuestra hermana está sana y salva ahora.

-¿Qué? -Louis seguía perplejo. Jamás pensó que su familia pudiera estar en peligro. Creía que eso ya era un mito. Un lejano recuerdo de la juventud de sus padres. Y que tenía la entrada vetada a su vida. Su burbuja se desmoronó y sintió una presión en el pecho sin precedentes.

-Vuestra hermana, Victoire Weasley, fue secuestrada hace casi un mes por el Clan del Ojo y llevada a uno de sus cuárteles donde estuvo retenida durante unas semanas -anunció. Louis sintió cómo su mandíbula se desencajaba y sus ojos se empañaban. -Con suerte, un joven del Clan traicionó a los suyos y nos comunicó… Bueno, comunicó a Teddy Lupin… Aún no sabemos cómo… Dónde estaba Victoire y los aurores pudieron ir a por ella. Así que está sana. Y salva. Ted Lupin está con ella, por eso no va a clase. Vuestros padres me han solicitado permiso para que podáis acudir a verla. Si queréis, claro está. Espero que así sea. Vuestra hermana desea veros.

Louis enmudeció. No sabía qué decir. Se sintió miserable. Su hermana mayor había pasado por todo aquello sola y él, lejos de enterarse, ni siquiera le había dedicado un pensamiento en todo el mes. Sintió sus ojos humedecerse. Su garganta cerrarse. Observó a su hermana. Quiso ver su reacción para saber qué hacer. Porque él estaba sin palabras. Sin expresión. Sin color en su rostro.

Su hermana seguía aferrada al sillón e imploraba a McGonagall con la mirada.

-¿Está del todo sana? ¿Le hicieron algo? ¿Y las secuelas?

Louis quiso saber las respuestas y se giró hacia su directora. Esta desvió la mirada de su hermana hacia los cuadros de los directores que presenciaban aquel momento en completo silencio. Parecía que aquel interrogatorio le incomodaba.

-Está sana, Dominique. Estuvo en San Mungo para recuperarse, pero está bien… Solo que… Bueno, aún no queda claro qué va a hacer, pero… Vuestra hermana está embarazada de tres meses -anunció Minerva McGonagall.

La risa histérica de Dominique Weasley les pilló por sorpresa tanto a Minerva como al propio Louis. Frunció el entrecejo. ¿Aquella era la reacción de su hermana? Pero, ¿qué esperaba? ¿Qué pasaba con su familia? ¿Su hermana de dieciocho años embarazada?

-Va a abortar, ¿no? -fue lo único que pudo decir Louis Weasley.

La directora dio un respingo ante la ocurrencia. Vaya, como si fuera eso algo ilegal.

-Creo que deberíais hablar con ellos -sugirió Minerva McGonagall mostrándoles un objeto que, con total seguridad, se trataba de un trasladador.

Dominique soltó otra risa. Como cuando en una situación seria solo cabe lugar a risa, de manera inoportuna. Louis le recriminó con la mirada. No era el momento.

-¿Qué? -le espetó su hermana. Su hermana lanzó una bocanada de aire y se incorporó. Se acercó a su hermano y le tendió el brazo. -Vamos, al menos de una hermana deberías estar más pendiente.

-Dom… Lo siento…

Esta no le hizo caso y, con la mano de su hermano sostenida, se dirigió hacia la directora. No era el momento de remediar su relación con su hermana Dominique. Era cierto. Ahora debían centrarse en su hermana mayor. ¿Estaban en la obligación de decirle que abortara? Tenía dieciocho años… Por Merlín, ¿qué ocurría con Vic?

Los hermanos se acercaron hacia la directora y el objeto que les tendía.

-Espero que sepa lo que está haciendo, Minerva -advirtió su hermana a la Directora. Como si su hermana supiera algo que él no. Algo que, más bien, solo conocían ellas dos.

Definitivamente, Louis debía salir más veces de su burbuja.

O no salir del todo.

Porque si salía, no solo descubriría que el mundo estaba a punto de acabar. Sino que él mismo podría acabar con otros mundos.

Los muros se habían acostumbrado con rapidez a que algunos alumnos de Gryffindor esperaran a que las armaduras legendarias que custodiaban la Sala Común de Slytherin dieran paso a alumnos para forjar su amistad. Aquello debía ser historia. Aquello debía conmover los cimientos de los fundadores y hacerles recordar el origen de la magia. El origen de Hogwarts.

El muchacho de pelo azabache y ojos verdes como la piedra esmeralda sonrió al observar cómo sus amigos reposaban sobre el pasillo y se arremolinaron alrededor de él. Albus Potter se ajustó la corbata al observar la pulcritud de ambos jóvenes de cabellos dorados, cuyas alargadas figuras esbeltas abrazaron a la suya escuálida.

Entre risas, recordatorios de todo lo que tenían que hacer y apuestas sobre el partido de Ravenclaw contra Slytherin de aquel fin de semana, recorrieron el castillo conforme el sol se escondía tras las montañas.

-Espero que no te equivoques, Scorpius -pidió Albus, mientras removía su pelo y suspiraba. -Nos podríamos meter en problemas…

Peter Greenwood les indicó que se apresuraban a una de las salidas del castillo, conforme Albus sacaba de su mochila la Capa de la Invisibilidad con cuidado de que nadie la viera.

-Más bien nos meteremos en problemas con Alice como se entere de que estamos haciendo esto sin ella -reconoció Peter mientras se encogía de hombros despreocupado.

-Ya está en problemas… Tenemos que ser nosotros -recordó Scorpius, mientras se aseguraba de que nadie les veía cuando pasó por encima de sus cabezas la Capa de la Invisibilidad y se tornaban en invisibles para el resto de seres que pudieran pasar a su lado.

Cuando salieron a los terrenos del castillo, descubrieron que la noche se les había adelantado. Afortunadamente, la luz de la luna era suficiente como para iluminarles el camino y no depender de una linterna para guiarles a su destino. Después de todo lo que había ocurrido el año anterior, si Filch o algún profesor les pillaba, se llevarían un devastador castigo.

-Ojalá no tengas razón -pidió Albus.

-Estoy seguro, Albus -reiteró el joven Malfoy. -Cuando Alice iba a coger la galleta…-algo interrumpió el relato del muchacho.

Peter y Albus se percataron de que su amigo se había quedado anclado al suelo. Estos también se detuvieron. Observaba fijamente una figura que subía la colina desde la cabaña de Hagrid: Zoe McOrez.

Ninguno supo quién fue el primero en lanzar un suspiro nervioso. Albus se llevó la mano a la barbilla y la raspó, como si así se pudiera despojar de los nervios. Peter les apremió con gestos para que se retiraran del camino. Scorpius gruñó en su interior. Desde el pie del Bosque Prohibido observaron a Zoe McOrez proseguir su camino de vuelta al castillo desde la cabaña de Hagrid.

-No nos debería quedar ahora ninguna duda, ¿no? -sugirió Peter.

-Necesito más pruebas -insistió Albus. -No puedo culpar a Hagrid así como así.

Sus amigos asintieron con vehemencia.

Se volvieron a colocar la Capa de la Invisibilidad y comenzaron el descenso hasta la cabaña de Hagrid.

Cuidadosamente cruzaron el pequeño huerto que había quedado inutilizado desde el pasado otoño a su derecha. Temblorosos, aun sabiendo que no podían ser vistos por aquel artilugio mágico, se asomaron a través de la ventana de la que salía la cálida luz del hogar de Rubeus Hagrid.

Nada había cambiado. Dentro se encontraba el enorme y afable Hagrid. Caminaba de un lado hacia otro, haciéndose girones en su desordenada barba, inmerso en sus propios pensamientos. Albus se percató de que el interior estaba más ordenado de lo habitual, mas no le dio tanta importancia.

Entonces, sintieron un sonido ensordecedor y extremadamente agudo proceder del Bosque Prohibido. Se taparon los oídos con fuerza y entrecerraron los ojos como si así evitaran el dolor que comenzaron a sentir. Albus Potter entreabrió un ojo y observó que, como si algo hubiera despertado el interior de Rubeus Hagrid, este retiró de una patada a Fangs y abrió la puerta con ímpetu, haciendo tambalear a Peter, quien se había subido a un tronco para ver mejor.

Sin pensárselo dos veces, siguieron a Hagrid al interior del Bosque Prohibido. Scorpius les retuvo para mantener una prudente distancia entre ellos y el profesor de Cuidado de las Criaturas Mágicas. No obstante, el semigante iba a una velocidad tan rápida que tuvieron que empezar a acelerar el ritmo hasta correr siguiendo la estela de Hagrid.

Y, de pronto, desapareció en el aire.

Ya no estaba.

Albus Potter, Scorpius Malfoy y Peter Greenwood se miraron entre sí. Confusos.

-¿No te parece extraño que Hagrid desaparezca en mitad del Bosque Prohibido por la noche después de haber visto a Zoe McOrez? -cuestionó Scorpius.

Albus terció el gesto.

-Creo que deberíamos volver al castillo. No es seguro estar aquí -dijo simplemente.

El joven no quería aceptar que la teoría de su amigo Scorpius pudiera ser cierta. ¿Hagrid? ¿Su Hagrid uno de los encapuchados que le atacaron el año pasado en el Bosque Prohibido? Era cierto que todos los indicios apuntaban a que fuera así: las galletas envenenadas de Alice, el encuentro con McOrez y que despareciera en mitad del Bosque…

-Seguiremos cogiendo más pruebas, no te preocupes -aseguró Peter. -Quizás sean solo coincidencias.

Se ajustaron la Capa de la Invisibilidad. Peter le dio una palmada en la espalda, como señal de apoyo. Scorpius le lanzó una mirada seria.

-No tiene por qué ser lo que creemos -razonó.

No cabía lugar a dudas de que eran sus mejores amigos.

Aquel era su momento y nada se lo iba a arrebatar.

Ni nadie.

Después de tantos años luchando con sangre y sudor por su lugar en el mundo, por fin lo había conseguido. Finalmente tenía la legitimidad de mirar por encima del hombro. Ya era su hora de dar órdenes con autoridad. Unas órdenes inquebrantables e irrefutables. No eran de última instancia, mas era suficiente para Loring. Era lo suficientemente práctico como para entender que jamás lograría ascender más allá de lo que su sangre le permitía.

Estaba todo en perfecto orden. Había reorganizado el despacho. Lo más importante se lo había llevado de allí. Intuía que no a todo el mundo el Ministerio de Francia le gustaría aquel cambio, por lo que los documentos que podían comprometer su posición los había derivado a su habitación en el Palacio de Hielo. Particularmente, después de la intrusión del auror inglés en sus terrenos, la seguridad se había reforzado.

Lo que había dejado en el despacho no era más que simple burocracia y blanqueo de su verdadera actividad. Y limpieza. Pulcritud. No se había encargado él de ello. Si no miembros inferiores del Ojo con el cometido de pasar desapercibidos de en ese momento en adelante. Pese a su inferioridad, Loring coincidía con sus superiores en que debían ser extremada y radicalmente leales a la causa, en tanto que de ellos dependían las primeras raíces que echaran sobre el telar de las relaciones internacionales. Y de forma legítima.

Loring estaba realmente entusiasmado con la idea de ser él la fachada del Clan del Ojo para ello. Sabía que era un precio alto: su vida. En el momento en el que aquello saliera a la luz, que daba por sentado que así sería; su rostro estaría en la mente de su enemigo y sabrían dónde encontrarle. Era un sacrificio. La cabeza de turco que él mismo había aportado. La suya.

El hombre bajó la cabeza conforme sonreía y mostraba su pico de viuda. Su olor a eucalipto embriagó a los presentes. Con elegancia, como si fuera un gesto de su vida diaria, tomó la pluma estilográfica que reposaba sobre la mesa del despacho y grabó sobre un papel que se postraba ante él su firma.

Enseñó sus dientes cuando los flashes de los periodistas le cegaron. Por primera vez en mucho tiempo, su semblante estaba relajado y sincero. Dejó la pluma al lado del papel y se giró hacia el hombre con expresión sombría que guardaba su espalda. Loring le estrechó la mano.

Los fotógrafos no dudaron en inmortalizar aquel momento.

Loring se acababa de convertir en el Ministro de Magia de Francia con la simple firma de un papiro.



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