Historia al azar: La Noche Librada
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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 20: Inter arma
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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(II) Capítulo 20: Inter arma

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)


El Lago Negro retrataba el eterno reflejo del castillo sobre sus aguas calmadas, más abundantes tras una temporada de lluvias. Desde algunas ventanas de aquella antigua fortificación se podía observar su penumbra y ser recibido con el enorme espejo que albergaba aquel valle. No obstante, uno jamás se encontraría en sus aguas. Algunos, cuyo reflejo habían buscado tanto como el mito de Narciso, habían desistido y volvían su vista de nuevo a la realidad, al pasillo de Hogwarts. Amarse a sí mismo era encontrar un equilibrio complejo. Si uno lo hacía con constancia podía pecar de narcisismo. Si uno nunca había experimentado el amor propio sufriría, gradualmente, de inseguridad, desconfianza y anhelo. Si a uno le aborrecía su propia persona, podría incluso herirse a sí mismo.

No ayudaba, por ejemplo, que hubiera circulando por los alumnos un periódico que sacara los trapos sucios de muchos de ellos. Incluso fuera cierto o no, ¿qué sabían aquellos que a sí mismos se denominaban periodistas lo que podían provocar en los afectados? ¿Y si por su culpa lo pasaban mal? Probablemente aquel era el objetivo. El único problema quizás llegara cuando lo allí plasmado no se correspondiera con la realidad.

Desdichadamente estaban más que bien informados.

Pero, claro, nadie pensaría en que el orgullo de James Sirius Potter era algo frágil aquellos días. Tampoco es que el joven diera señales. No quería ni que sus amigos intuyeran que el equilibrio entre su amor propio y el odio hacia a sí mismo estaba en conflicto constante. Había llegado a la conclusión de que era algo propio de la edad. Incluso reflexionó que podía tratarse de un rasgo de madurez, pues, al fin y al cabo, ¿no debía ceder atributos para conformar una personalidad que con la que su antiguo ser no estaría de acuerdo?

Negó con la cabeza ante sus propios pensamientos que parecían sacados de un ensayo de filosofía muggle que jamás habría leído de no ser por las recomendaciones de su mejor amiga muggle. Entró sin devolver ni un solo saludo a la Sala Común de Gryffindor.

Tal y como esperaba, era viernes, hacía buen tiempo y estaba casi vacía. Era raro que la Sala estuviera vacía. Era como si la magia del lugar quisiera que nunca ningún alumno se sintiera completamente solo. Bueno, quizás había ocasiones en las que sí que la soledad era ansiada. Como aquel. Y, sí, para ello estaban las habitaciones. Pero sabía que si se quedaba en su cuarto solo, entonces todo el mundo pensaría que algo malo le pasaba por aquella cabecita de él.

Ni siquiera reparó en quién estaba con él. Sacó el objeto que le quemaba desde que lo cogió del comedor de su capa y lo puso a su lado en el sofá. Lo miró de reojo. Como si James fuera un forense y el arrugado periódico el primer cuerpo sin vida que debía examinar. Y fuera el de un asesino que lo había intentado asesinar. Bueno, quizás no era buena metáfora, pues aún tenía capacidad para rematarle.

Su amiga Susan ya le había avisado de que no leyera el artículo cuyo título tenía el honor de llevar su nombre. ¿¡Cómo no iba a hacerlo!? No sólo tenía la imperiosa necesidad de leerlo por el motivo de que con grandes rótulos rezaba «James Sirius Potter: Rompecorazones en paro»; sino porque desde que el artículo salió, los alumnos no paraban de mirarle con algo de recelo. ¡Necesitaba saber qué decía sobre él y qué había hecho supuestamente! Era lo único que no había podido leer. Como si necesitara tiempo para hacerlo. Y reestructurar su cabeza. Sentía que lo que decía iba a ser cierto. Y que no le iba a gustar. Que su ser no le iba a gustar. Pero necesitaba leerlo. Necesitaba no gustarse. Para poder mejorar. Y sabía que no estaba preparado para ello. Creía que tenía demasiado amor propio, pero, en realidad, estaba lleno de inseguridades.

Estaba acostumbrado a que la gente le mirara. Desde pequeño. Siempre le había gustado cazar a las personas robándole su perfil y guardándoselo para ellos, sabiendo que era el hijo de Harry Potter. Porque a ellos les hacía sentir bien. Y a él le hacía sentir mejor. Recibía de los desconocidos el reconocimiento que no percibía de su familia. Los desconocidos se reían con él. Sonreían. Y no le castigaban, le ignoraban o hacían oídos sordos a las historias que se inventaba. Cuando llegó a Hogwarts, fue el culmen de su victoria para con aquellas miradas de empatía. De comprensión hacia él. James siempre había sentido que los demás lo entendían.

No fue hasta aquel año cuando se dio cuenta de que lo que buscaba era la aprobación en ellos. La aprobación que no había recibido de su padre. Y eso, aquel día, había cambiado. Por aquel maldito periódico.

Le dedicaban ojos entornados. Con desdén. Con desprecio. Con desaprobación. Por eso quería leer aquel artículo. Para volver a ganarse aquellas miradas que le arropaban. Antes de hablar con Fred quería recuperar aquello. Fred Weasley siempre había sabido lo que le ocurría a James. Necesitaba de la fama para sentirse bien consigo mismo.

James le había prometido que, después de leer aquello, se olvidaría del resto del mundo.

Era cierto. Ya sólo le importarían sus amigos. Y su familia. Antes también lo hacían, pero sus decisiones también giraban en torno a lo que pensarían el resto. Fred le había puesto sobre relieve que daba igual lo que hiciera, el mundo encontraría siempre motivos para odiarle si así se lo proponía.

Carraspeó.

Quizás ya sí que estaba preparado para hacer frente a las críticas hacia él.

«James Sirius Potter: Rompecorazones en paro.

Desde que llegó a Hogwarts, se convirtió en uno de los más deseados. Lo tenía todo, ¿no? Hijo de héroe. Jugador de Quidditch. Fantástica figura. Pelo desordenado. Incluso un proyecto de héroe él mismo. ¡Parecía ser el chico de oro del castillo! ¡Qué suerte parecía tener nuestra preciada Trust!

Y, sin embargo…Ha pasado de héroe a cero.

No nos gusta que a nuestra Trust se le trate como una novia trofeo. Las novias deben ser tus mejores amigas. Tus diosas. Lo que haga pierdas la noción del tiempo y del espacio. Lo que haga que te transformes en una planta carnívora y devores a cualquier persona que se meta con ella. Muy bien, James. ¡Fallaste! ¡No es tu hobby! ¡No es tu pasatiempo entre entrenamiento y tiempo con amigos! ¡No es una cita más en tu calendario! QUE SE OS QUEDE GRABADO EN LA CABEZA, TROGLODITAS DE HOGWARTS.

Después de saber que James Sirius Potter no es más que otro hombre que se deja llevar por los cánones antiguos de las relaciones que primaban en Hogwarts… Las chicas nos hemos alejado prudentemente de él. ¡Mil puntos para las mujeres hetero!

Al igual que cuando te echan del trabajo porque tienes un currículum desactualizado a estos tiempos, James Sirius Potter está en paro porque tiene que ponerse al día con las nuevas tendencias… ¡Y no sólo a lo que se refiere en cuanto al amor! ¡Estamos en el siglo xxi! Los héroes es muy medieval… ¡Y ya no hay gente famosa! ¡Ni Elegidos! Por favor, James Potter… No lo intentes tanto. No te necesitamos. Nadie te lo ha pedido. Mataste a un basilisco… ¿Y? En serio, podrías hacerte daño.

Te dejamos una serie de consejos para que dejes de estar en paro:

-Acéptalo: no eres tu padre.

-Acéptalo: no necesitas novia para ser guay. Tampoco eres Teddy Lupin. Ni tu abuelo.

-Acéptalo: no necesitamos que vengas a salvarnos a todos. De nuevo, no eres tu padre.

-Acéptalo: eres una persona normal.

Quizás alguien te acepte a ti siendo normal.

Nos vemos pronto,

Bárbara Coleman»

James Potter no pudo hacer más que hacer una bola con El Diario del Castillo y lanzarlo sobre el suelo con tanta rabia que los nudillos le crujieron al hacerlo. Un sonido gutural salió de su garganta sin querer. Tenía la mandíbula apretada. Sus dientes rechinaron unos con otros.

Ahora entendía por qué sus amigos no querían que leyera ese artículo. Y para colmo lo había escrito la mejor amiga de su ex.

Aspiró aire y lo dejó escapar mirando fijamente a la bola de papel que había lanzado al suelo.

¿Y ahora qué se suponía que debía hacer? Todo Hogwarts pensaba que era un niñato. Se había prometido no pensar en la opinión ajena, mas no podía evitarlo. Especialmente cuando tenía razón. Era todo verdad. Y le dolía reconocerlo.

Crujió los nudillos y miró a su alrededor. Las personas que lo acompañaban en su miseria ni siquiera se habían percatado de su ataque de rabia. James ladeó la cabeza con alivio. ¿Y ahora qué se suponía que debía hacer? El artículo le recomendaba que se comportara como una persona normal. Creía que era lo que estaba haciendo todos aquellos días.

Alguien le tiró la bola del  maldito periódico de vuelta.

-¿No te han enseñado a reciclar? -Reconoció la voz y se tensó.

Cogió la bola de papel antes de que volviera a caer al suelo. Miró hacia la joven que, con los brazos en forma de jarra, se acercaba a él. James se encogió sobre sí mismo. Se mordió la lengua. Temía decir algo que fuera a condenarle para siempre. Y, no obstante, sabía que su obligación era, precisamente, decirle algo a aquella muchacha.

-Lo siento mucho, Camrin -le concedió. La joven alzó las cejas. Como si aquello no se lo esperara en absoluto. Se giró para ver cómo nadie estaba pendiente de aquella conversación. Sinceramente, ¿les habían tocado las personas más desinteresadas en la Sala Común? -No sabía que me estaba comportando tan mal contigo…

-¡No te preocupes! -contestó ella, realmente despreocupada, tomando la parte restate del sofá para ella. -Aunque eso dice bastante de ti, ¿sabes? -James frunció el entrecejo. Perfecto, lo había empeorado. -Es decir, que es normal… No te culpo… No todo el mundo tiene una educación más abierta y… Tampoco es que fuera horrible. Me lo pasé bien… Sólo que… Bueno, supongo que busco algo más… Comprometido y, al mismo tiempo, algo que me haga yo misma. ¿Me entiendes? Contigo era como… Como decirlo… Como jugar a los Sims.

-¿Los Sims?

-Sí, como forzado…

-Ah, bueno, yo me lo pasé bien.

-Sí, yo también.

-¿Entonces cuál era el problema? -preguntó James, incluso después del artículo y, reconociendo todos sus fallos, seguía sin saber qué había pasado con Trust. Ni una pelea. Y no la trataba como un trofeo. No lo entendía. No entendía las palabras más allá de que, sí, probablemente no era el mejor novio, pero… ¿Tan malo era?

Camrin Trust le lanzó una mirada de compasión que le quemó por dentro.

-Los sentimientos… O la falta de ellos, James -el joven lanzó una bocanada de aire. -Era como si todo lo que hiciéramos fuera por demostrar al mundo que tenías novia… Y… estoy segura de que no sentías nada. Yo tampoco, ¿eh? No podíamos pedir que sintiéramos nada de lo poco que nos conocemos. ¡Sabemos muy poco el uno del otro! ¡Lo superficial! Y yo, pues… No quiero eso, ¿sabes? Además, tengo doce años… Y simplemente quería probar qué se sentía… Pero supongo que no se puede forzar.

-Yo sí sentía, Camrin -musitó James en un avergonzado hilo de voz.

-Lo dudo… Y me refiero a sentimientos… No a…Otra cosa…-el rubor alcanzó rápidamente las mejillas de la joven y tuvo que apartar la mirada.

-Pero es cierto. Me gustabas o me gustas… Me caes bien.

-Por esa regla… ¿También te gusta Jordan? -inquirió. James se rascó la barbilla. Se encogió de hombros.

-Es diferente. Sue es casi como mi hermana…

-Lo que quiero decir, James, es que cuando desarrolles sentimientos por alguien sabrás a lo que me refiero… Y sabrás qué era lo que fallaba con nosotros.

-¿Tienes sentimientos por alguien para poder decir eso? -preguntó el joven, con una mirada curiosa. Si era así, no estaría celoso. Simplemente sentiría envidia por no poder experimentar aquello que le disiparía las dudas que le nublaban la comprensión de aquello que parecía ser sumamente complejo.

-No, no -negó con la cabeza y con una sonrisa sincera. -Pero he leído mucho a Jane Austen… Quizás deberías hacerlo tú también.

Dicho aquello, se incorporó, se acomodó la falda del uniforme y se dispuso a marchar.

-Muchas gracias por la recomendación, te prometo que lo leeré.

La joven se rio.

-Si lo haces, se te acumularán las ofertas de trabajo…¡Dejarás de estar en paro para siempre, señor Darcy Potter!

Los colmillos se clavaron como cuchillas afiladas en su torso. El dolor vino acompañado de un amargo alivio al pensar en que al ser él un licántropo no sufriría del veneno una dolorosa transformación o la muerte porque su propia maldición lo compensaría. No obstante, aquello dolería a rabiar y tendría que curarlo, pues también podría morir desangrado.

El plan de Harry Potter no había funcionado como su jefe esperaba. Tal y como él mismo había vaticinado. Mas, ¿qué hacía? ¿Le llevaba la contraria para seguir alimentando su mala reputación? No podía hacer eso cuando su posición en el Departamento de Seguridad Mágica pendía de un constante hilo de aprobación por parte de sus superiores y el único que parecía defenderle a toda costa, además de Ronald Weasley -y ya estaba retirado -era, para su disgusto, Harry Potter. Era cierto que contaba con el respaldo del Ministro de Magia y con otras figuras relevantes en el plano político, pero, en su ambiente de trabajo, solo los que acumulaban horas de oficina en el Departamento eran los que tenían voz y voto.

Al principio, todo parecía haber ido bien. El recuerdo del lugar era exacto. Groenlandia. Costa. Un Palacio de Hielo. Cerca de un pueblo abandonado. Incluso las coordenadas eran acertadas. Ahora bien, la hora quizás no había sido la más acertada. O quizás alguien habría filtrado la misión. Cuando Alexander Moonlight se hubo aparecido, todo estaba desolado. Solo tenía que recorrer el terreno. Hacer unas fotografías. Y pirarse.

Y solo pudo dar dos pasos hasta encontrarse con el licántropo que le esperaba con las garras abiertas y salivando hacia él.

La bestia no era un licántropo como él. Parecía un mutante sangriento. Sus ojos, inyectados de sangre. Su pelo abundante y negro. Mientras que Moonlight se pudo convertir en lobo y sobrepasar el estado de licantropía en el que se mantenían la gran mayoría de criaturas; aquella era un monstruo singular que, con la fuerza de una transformación completa, mantenía la figura de un hombre.

Pensó en huir, pero en cuanto clavó sus garras sobre él, tuvo que enzarzarse en una pelea entre zarpazos, colmillos y garras que le llevó a aullar y rugir en su fuero interno intentando zafarse de él y poder aparecerse en un lugar seguro sin que él pudiera seguir su estela.

Moonlight comenzó a preocuparse cuando su pierna dejó un rastro de sangre considerable. Se encontraba débil. No podría hacer frente aquella bestia. Sobre todo si aquella noche ni siquiera había dormido bien por haber hecho guardia en el antiguo piso de Charlie Weasley para proteger a Teddy y a Victoire. Por supuesto, Potter no podía dejar aquella misión para otro momento. Era su deber y él lo había elegido, ¿no?

-¡AAARGH! -Se sacudió de dolor cuando el licántropo clavó sus colmillos en la pierna que sangraba.

Era hora de salir huyendo de aquel lugar.

La bestia le empujó contra el suelo y se deslizó sobre la nieva varios metros.

Aprovechó aquel momento para desaparecer en el aire.

Al aparecerse, aplastó varias sillas que estaban apiladas en el centro de una taberna cuyas luces se iban apagando conforme la noche llegaba al pueblo de Hogsmeade.

Seguía siendo un licántropo.

Y, no obstante, la muchacha que portaba una escoba y la enfrentaba al intruso quedó aliviada al verle. Incluso si era un licántropo que olía a carne humana.

La aparición lo había dejado agotado. Tanto, que no sabía si podría volver a transformarse.

La joven se acercó a él. Sacó un frasco de su delantal y roció el líquido que contenía dentro sobre el licántropo. Tan solo se tomó unos segundos para que el licántropo retomara la forma humana. Y desnuda. Gimió de dolor. Señaló la pierna. Casi deforme, llena de sangre, estaba sobre un charco de sangre que rápidamente cubrió todo el suelo de madera.

Alexander Moonlight apoyó su cuerpo desnudo sobre el suelo y se acurrucó sobre sí mismo. Intentó ocultar sus miembros íntimos.

-Oh, ¿ahora te da vergüenza? -comentó con sorna Willa Hegarty. -Como si fuera la primera vez, Alex…

Rápidamente se agachó hacia él y comenzó a sacar utensilios de primeros auxilios de una caja de latón que había obtenido de debajo de la barra de la taberna. Sacó alcohol desinfectante y lo echó sobre la pierna.

-¡AARGHHH! -El cuerpo de Moonlight tembló y se tensó, luchó por no sacudirse y patalear para que así Willa pudiera seguir curándole.

Con una gasa, fue al origen de la herida: tres garras marcadas y los colmillos señalados. Habían abierto una brecha tan grande que ocupaba gran parte de su gemelo. El cuerpo de Moonlight seguía temblando. Cogió una venda y la ató sobre la herida. Conjuró algún hechizo con su varita.

Acto seguido, sacó otro frasco.

Se acercó al rostro del joven auror cuyo rostro compugnido le removió el estómago. Abrió el frasco y lo acercó a sus carnosos labios. Le obligó a beber.

-Es una poción reabastecedora de sangre, esto y el hechizo que me dijiste aquella vez deberá funcionar -le explicó.

El joven reposó su cabeza sobre el cuerpo de la muchacha y asintió con la cabeza.

-¿Tienes algo de chocolate?

Una barrita de chocolate era justo lo que necesitaba en aquel instante. Era medicina mágica, después de todo. Y a los licántropos siempre les funcionaba. La joven aspirante a auror buscó en su delantal y le ofreció una que la devoró en un santiamén.

-Me alegra verte a ti también, Alex -replicó la joven con cierto retintín.

-Lo siento, Willa, no sabía dónde aparecerme y…

-No pasa nada… Pero ha pasado un año… Sé que me has mandado alguna que otra carta… Pero podías avisar para la próxima visita -pidió la joven que tenía en brazos a un auror herido, desnudo y recién transformado de licántropo a humano.

-Es por tu bien, Will…-gimió de dolor al intentar incorporarse, por lo que siguió tumbado sobre el suelo frío de la taberna de Cabeza de Puerco. -¿Se habrán dado cuenta? -pregunto refiriéndose a los dueños de la taberna.

-Muy probablemente…-Suspiró. -No creo que les extrañe. Además, sabrán que eres tú… Y como saben que eres auror ahora… No querrán problemas con la justicia. ¡Já! ¿Te lo puedes creer? ¡Tú has conseguido ser auror! ¡Y yo me he quedado aquí!

-Mereces algo mejor que ser auror, Will -le dijo Moonlight de corazón. -Mira lo que puede pasarte -advirtió señalando su pierna.

-No me metería en tus líos, Alex.

El joven auror se mordió la lengua. Por un lado, ansiaba motivar a Willa para que cumpliera su sueño de ser auror -el cual era muy probable que lograra cuando consiguiera el mejor expediente de Hogwarts. Sin embargo, sabía que, en aquel momento, ser auror era lo más peligroso que podía elegir para su amiga. Ya había evitado que fuera el camino de Teddy. ¿Cómo lo hacía para que Willa se retractara?

-Se acercan tiempos turbios -confesó, quizás destapando más información de la que debería. -Probablemente una guerra y…

-Lo sé -interrumpió cortante ella. -Te recuerdo que trabajo en Cabeza de Puerco, donde Trelawney formuló la profecía de la derrota de Voldemort -aclaró. -No se fragua una guerra en el mundo mágico sin que aquí se sepa sobre ella, Alex.

Intrigado por lo que su amiga pudiera saber, Moonlight se incorporó y buscó en sus ojos una pista sobre aquello que pudiera haber ocurrido en aquel antro que acogía en aquel momento a un auror del Ministerio de Magia y miembro de una comunidad internacional de licántropos. Cogió su mano. Ojalá tuviera la capacidad de adivinación de los centauros.

-¿Qué sabes tú, Willa?

Esta sonrió con cierta picardía.

-No quiero meterte en más líos.



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