Historia al azar: La Segunda Navidad
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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 19: Torpeza propia
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Lunes 25 de Enero de 2021, 16:18
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(II) Capítulo 19: Torpeza propia

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)


Harry Potter se instaló en la cabina telefónica. Sintió aquella sensación extraña que solía inundarle cuando esta le transportaba de una manera un tanto estrafalaria -como solía ser todo lo británico- hasta el Ministerio de Magia de Inglaterra. Observaba cómo las personas entraban y salían de los diferentes accesos al mundo mágico. Aquello se había convertido en parte de su rutina de forma tan rápida que rara vez asimiló lo extraordinario que le resultó la primera vez que lo contempló por primera vez. Hacía veinte años él mismo se había hecho pasar por un hombre más para infiltrarse. Quizás, en otras circunstancias, otra persona desearía robar sus pertenencias para colarse en su Departamento. No era un secreto que añoraba aquella adrenalina. Nadie le había advertido de las horas que uno debía pasar confinado en un despacho, envuelto en burocracia.

El ascensor estacionó en la primera planta. Un hombre algo deteriorado por la edad y un joven auror entraron. Harry le dedicó una sonrisa sincera que no fue correspondida. Se guardó la sonrisa para sí mismo. Sabía la reputación del joven Alexander Moonlight. Teddy le había pedido paciencia. Era un muchacho complejo y complicado. Y Harry Potter podía no ser el mejor jefe. No obstante, seguía defendiéndolo frente al resto de aurores fuera él consciente o no. Lo necesitara él o no.

Recordó que el propio Moonlight le espetó hacía pocos días que lo hacía por la propia reputación de Potter. Desde entonces, no le devolvía los saludos. Sí, era un hombre complicado. No podía desear que todos los licántropos fueran Lupin.

       Al llegar al Departamento de Seguridad, Harry Potter le indicó con un gesto al joven auror que le siguiera.

-Moonlight- le nombró, haciendo uso del nombre que el mismo utilizaba, cuando el resto de superiores utilizaban su apellido que él tanto repudiaba.- Necesito hablar con usted en mi despacho.

Se dirigieron hasta el despacho que le habían otorgado a Harry. Al abrir la puerta, el semblante serio del hombre de ojos verdes  y pelo azabache se relajó, pues aquel sitio era tan agradable como su hogar, con las fotos cambiantes de sus seres más queridos. Esperó que aquello también transmitiera calidez al joven auror. Sin embargo, este ni se inmutó.

-¿Para qué me necesita?

-Es solo un favor… Y necesito a alguien de confianza -El joven puso los ojos en blanco. Harry Potter podía reconocer que quería ganarse la confianza de aquel muchacho. Sólo que no lo diría en voz alta. Era un joven con talento. Y lo necesitaba en su bando. -Es un poco peligroso… Tenemos poca información al respecto… La poca que se ha filtrado de las Altas Cámaras de este Ministerio -señaló hacia arriba con cierto desprecio. Por supuesto, haciendo clara referencia a la brecha que se estaba abriendo entre los bandos políticos que se estaban polarizando en el Ministerio. -Me toman por loco, Moonlight, pero estoy seguro de que hay una amenaza grave sobre nosotros…

Una sonrisa burlona apareció sobre su rostro. Harry Potter quiso pensar -y se forzó en hacerlo -que aquella sonrisa le daba la razón, que se reía de la imprudencia del resto.

-Por supuesto, señor Potter. ¿Es una misión de reconocimiento de una zona, cierto?

Harry Potter estrechó el ceño. ¿Acaso sabía él más que el propio Harry?

-En efecto… Solo que la zona es el lugar donde recogimos a mi sobrina Victoire Weasley… Un lugar cerrado… Necesito que te aparezcas fuera de ese lugar… Tendrás todos los recursos que quieras… Y no te hagas el valiente…

-Señor Potter -le interrumpió. -Me lo pide a mí porque soy licántropo y tengo más posibilidades de salir vivo de eso, ¿verdad?

El Jefe de Departamento de Seguridad enmudeció. Bajó la mirada y suspiró.

-Señor Moonlight -respondió. -Cuando usted juró su mandato, juró proteger a la población. Juró poner su vida en riesgo. La novia de su mejor amigo fue secuestrada y llevada a un lugar desconocido al que pudimos acudir gracias a unas vagas referencias de un muchacho que probablemente esté muerto. Probablemente sea un simple cuartel. Pero, si logramos saber dónde está, es un paso más hacia el conocimiento de a qué nos enfrentamos. Usted es un soldado en esta guerra, señor Moonlight. No le he elegido a usted por ser licántropo. Le he elegido a usted porque es su deber. Y porque, en vistas de su lealtad a la causa y a su mejor amigo, confío en que será responsable con la información que recaude. Usted ha sido elegido porque ha sido usted el que ha elegido este deber.

Se solía decir que la lluvia acompañaba los momentos más fúnebres. Un entierro con barro era un buen presagio. Significaba que el cielo también sufría una pérdida. Que el ambiente recordaba la melancolía de un día triste. Más los cínicos traían a colación el simple hecho de que la primavera y el agua eran inherentes. Y, aquel día, pese a que la muerte de Olivier Onlamein quedaba reciente en la memoria de sus familiares, ni siquiera se celebraba su entierro.

Las luces de las farolas acababan de encenderse incluso cuando eran las cuatro de la tarde, pues la niebla era tan densa que se necesitaba de una luz artificial que hiciera distinguir las sombras que comenzaban a salir de la nada.

Empapado, con el cabello dorado goteando en sus hombros, Octavio entró en la casa de sus padres en silencio. Tan solo su madre parecía esperarle sentada en el mullido sillón, con las manos reposando sobre su regazo y con los ojos tan abiertos, que parecía estar en vigilia y ser ese su cometido. Octavio se negó a pensar que su madre sentía algo de lástima por la muerte de su hermano. Sería una deshonra para el Clan si quiera imaginarse que su propia también se dejaría llevar por la debilidad que había consumido a su hermano. Sí, era su hijo. Pero no había estado a la altura. Era la mejor solución. Ni siquiera había tenido que sufrir. ¿Por qué su madre iba a estar guardándole el luto a un miserable traidor?

Por eso Octavio estaba allí. Para asegurarse de que su madre no caía en el valle de amargura.

-Madre -la llamó. Esta no se inmutó. Seguía con los ojos inundados de un negro azabache observando a las sombras emerger de la niebla y deambular por la marea blanca que cubría la ciudad danesa. -No merece la pena que estés así por él… -le espetó.

Cogió una silla que componía una armonía con un conjunto mobiliario y se puso justo en frente de su madre, como si se tratara de su futura víctima. De una presa más. Suspiró. ¿Habría obtenido él la genética de su padre? Tenía en la cabeza las palabras de este al llamarle hacía unos instantes e informarle de la situación inamovible de su progenitora. Su padre no podía permitirse que toda su familia estuviera manchada de debilidad. Octavio, en su fuero interno, sabía que tan sólo había una solución para aquello. Dar ejemplo.

Pero el Señor había considerado que aún no estaban de lleno en la guerra. Debían mostrar un poco de misericordia.

-Nunca lo vas a entender, hijo -el hilo de voz de su madre salió como si se tratara de un fantasma hablando por ella. -Soy consciente de la traición de mi hijo… Pero no deja de ser mi hijo…Y tengo derecho a sufrir por él -sentenció.

Octavio se levantó con ímpetu y, sin pensárselo dos veces, cruzó la cara de su madre con la palma de su mano.

El chasquido sonó tan fuerte que cubrió el silencio de toda la habitación.

Una lágrima surcó la mejilla de la mujer.

-No te lo puedes permitir, madre -insistió su hijo. -A un traidor no se le llora -Octavio sacó un objeto de su abrigo y se lo mostró. -Te han privado del uso de tu varita y de tu libertad transitoria… ¡Lo siguiente es la muerte! ¡Deja de tener respeto por un traidor, madre! ¡Devuélveles el cuerpo de Olivier! ¡Él sabía a qué se enfrentaba cuando nos traicionó! ¿O es que acaso te hechizó antes de que le matara?

La mujer tragó saliva. Miró a su hijo. Octavio supo que su madre no sentía temor hacia él. Jamás lo había tenido. Después de todo, ella era la que lo había creado así. ¿Por qué se retractaba de esa forma? ¿Qué le había hecho cambiar de opinión con respecto a sus propias ideas?

-Nunca lo entenderás, Octavio… Tu hermano se enamoró y tú, criatura mía,… no tienes capacidad para amar…

Soltó una bocanada de aire, como si la llevara aguantando un tiempo y así disipara sus pensamientos. El joven se mofó de aquello. Qué estupidez más grande.

-Cómo si esa muggle le hubiera podido hechizar, madre… Quién te escuchara…

-Octavio -le interrumpió con serenidad. -El amor es mucho más poderoso que cualquier magia que jamás puedas conjurar… Hará que muevas el mundo por él, que otros maten por él, que tú mates por él y que incluso mueras por él… No hay nada en el mundo más poderoso que el amor…

-Pero a mi hermano no lo hizo poderoso, sino débil, madre.

-Precisamente, una muggle, sin nada de magia en su sangre, logró que un mago sanguinario muriera por él… Lo doblegó. Lo hizo sumiso. Octavio, debes vengar a tu hermano… No repudiarle…Si pudiera, destrozaría el corazón de esa muggle con mis propias manos delante de sus ojos para que sintiera el mismo dolor que siento yo…

Octavio sonrió.

-Haré tus deseos realidad, madre.

La diferencia entre correr y caminar deprisa radicaba en el ridículo que pretendía no hacer por los pasillos de Hogwarts. Y en la atención que pretendía no llamar. A pasos pequeños, decididos y acelerados, Rose Weasley se disponía a buscar por todo el castillo a su mejor amiga. Quizás caminar deprisa justo después de zamparse dos manzanas no era la mejor decisión del día. Janet ya se lo había advertido, pero Rose Weasley era conocida por su cabezonería, ¿por qué evitarlo en ese momento?

Por lo menos no iba a un entrenamiento de Roxanne, que, gracias a Merlín, se había pospuesto por la lluvia. Desde luego, aquel año iba a adelgazar por una razón o por otra. Entre los entrenamientos, que no por dureza, sino por su propia competición interna contra Malfoy; las incansables e infinitas clases que había tomado para secretamente impresionar a su madre que parecía no sorprenderse con nada (¡sobre todo cuando su hermano Hugo recibía tutorías de McGonagall!); y los problemas políticos exteriores e internos que afectaban directamente a los suyos… Había conseguido que incluso llegara a perder un poco el apetito. ¡Perdería las defensas!

Lo que más la perturbaba era el hecho de que Alice Longbotton no hubiera acudido a clase el día anterior. Y de que Albus no soltara prenda. Jamás recurriría a Perry, ni, naturalmente, a Malfoy, si antes podía averiguarlo por sus propios medios. Aunque aquello supusiera rastrear todo el castillo en busca de su mejor amiga.

Y el último sitio que le quedaba, al cual no había acudido por auto-convicción, era la Enfermería.

Al abrir la puerta de madera de roble, se encontró con la bóveda que daba cobijo a la hilera de camas en las que esperaba no encontrar a su mejor amiga. Encontró una figura al fondo, que, por su constitución, supo que no era Madame Pomfrey. Se dirigió hacia ella conforme el juego de luces que procedía de las vidrieras iluminaba su pelo rojizo.

La muchacha que parecía atender a un joven de Hufflepuff, se tornó hacia ella y dio un sobresalto. Rose entornó los ojos. Nunca había visto a aquella muchacha que llevaba el traje de enfermera en el castillo. Debía ser una nueva incorporación.

-Hola, Weasley, ¿buscas a Potter? -le saludó el joven de Hufflepuff. -Le dieron el alta a tu amiga ayer… -le informó.

-¿Alice estaba aquí?

-¿Eres una Weasley? -le preguntó la nueva enfermera con un acento de lo más extraño.

-Sí -respondió, escéptica. Genial, de nuevo su reputación familiar por delante. - ¿Me podría decir que le ha pasado a Alice Longbotton? Es mi mejor amiga… La llevo buscando todo el día…

-Creo que le han dicho algo de intox…

-Me temo que por motivos profesionales, no se puede dar información de los pacientes -le respondió la nueva enfermera. ¿Pero dónde se creía que estaba? ¿En un hospital muggle? ¡Que en Hogwarts eso se lo pasaban de toda la vida por el forro!

-Pero es mi amiga -explicó. -Mi mejor amiga -reiteró, insistiendo en su historial de amistad con ella.

La enfermera suspiró y le sonrió. Se encogió de hombros y se retiró hacia otras camillas vacías. Como huyendo. Esta muchacha no sabía a quién se enfrentaba. Rose la siguió.

-Lo siento, señorita Weasley… Pero es mi trabajo asegurarme de que se cumplen las normas… Además de hacerme cargo de los pacientes.

-¿Usted sabe quién soy yo? -Si las normas de Hogwarts no funcionaban, siempre le quedaría acudir a su dichosa reputación familiar.

Ni siquiera recibió una mirada de admiración ni de reconocimiento. Rose Weasley se fijó mejor en la joven de cabellos rubios largos y cuerpo esquelético. ¿De qué cementerio la habría resucitado Madame Pomfrey?

-No sé quién es usted… Y he oído hablar de su familia… Pero, que yo sepa, no le da ningún privilegio -respondió sabiamente. O sea, privilegios como tal nunca había tenido… Pero la gente solía mostrar cierta flexibilidad…

-Es que temo que mi amiga esté en peligro, ¿sabe? -susurró. O, pero la gente adoraba las teorías de conspiraciones, ¿no? -No se lleva muy bien con los de su Casa… Y, bueno, digamos que hay tensiones fuera de Hogwarts y personas que pueden haberse infiltrado para hacer daño a los hijos de personas importantes… Yo soy una de ellas… Y mi mejor amiga también claro… Aunque a usted eso le da igual, por supuesto…

-¿Habla del Ojo? -musitó la enfermera cogiéndole del antebrazo y con los ojos desorbitados.

A Rose Weasley casi se le escapa el corazón del pecho.

Retiró rápidamente el agarre y se separó de aquella enfermera.

La miró de soslayo.

Ambas estaban asustadas la una de la otra.

-¿Qué quiere? -le espetó Rose.

Quizás si hubiera reaccionado de forma más inteligente, se habría ido, habría avisado a la directora y la habrían echado. Pero Rose Weasley era torpe. Supo que su madre lo habría hecho mejor. Pero ella, al fin y  al cabo, era también hija de Ronald Weasley. Y no tomaba las mejores decisiones. Y, en ese instante, debía de hacer frente a esas consecuencias.

-Yo…-la enfermera miró a su alrededor, quizás buscando un silencio protector que arropara el ataque sobre Rose. Esta se dispuso a morir. -Me llamo Imogen. Estoy aquí gracias a Madame Pomfrey y McGonagall y estoy escapando del Ojo y… ¿El Ojo está aquí?

Vaya.

Vaya cambio en el guion.

-Bueno, no exactamente… Yo… ¿McGonagall dices? -se alejó un poco más de ella. Evidentemente no se fiaba ni un pelo.

-Soy muggle -susurró.

Rose Weasley no supo hacer otra cosa que entrar en un pánico interno poco práctico. Su cerebro no llegó siquiera a asimilar cómo una muggle podía estar frente a ella, tan segura de sí misma. Sin magia. En Hogwarts. Que no debía estar allí. Incluso esbozando el atisbo de una sonrisa.

-Creo que… Debería irme

La joven enfermera la retuvo. Le lanzó una mirada que parecía querer transmitir un poco de paz. Sin éxito. Aquello no lo conseguiría ni el mejor mago en ese instante.

-No temas, señorita Weasley, no puedo hacerte daño. No tengo ni varita… Soy de los tuyos -Aquella frase hizo que Rose Weasley sintiese un escalofrío por la espalda. ¿Los suyos? ¿Quiénes eran los suyos? Por Merlín, que tenía 12 años y aún le costaba recordar su signo del horóscopo. -Respóndeme, señorita Weasley, ¿puedo confiar en ti? Porque necesito ayuda.

Nunca en su vida se había desmayado y, en aquel momento, sintió que se desvanecía. Su color se escapó de su piel. Ella sólo quería ver a su amiga. No quería formar parte de los desvaríos de una enfermera que supuestamente era muggle, que sabía algo del Clan del Ojo y que, al parecer, quería su ayuda.

Los ojos de la joven enfermera ¿Imogen? la buscaron instándole a otorgarle una respuesta. ¿Pero aquella mujer era demente? Muy probable, sí. ¿Y qué se suponía que debía responder ella?

-¿Por qué? -acertó a decir.

Rose Weasley se asustó al observar cómo Imogen tembló y miró por encima de su hombro. Suspiró y se metió un mechón de pelo por detrás de su oreja.

-Porque si saben que estoy aquí… Que lo sabrán… Entonces estoy en peligro, y cuando yo lo esté empieza… Y… La profecía… La profecía dice que ya mismo empieza todo… Con la muerte de un Weasley.

Nunca en su vida se había desmayado.

Hasta ese instante.



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