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La Tercera Generación de Hogwarts » (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Domingo 17 de Enero de 2021, 16:45
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(II) Capítulo 14: Testigo del tiempo

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)


El murmullo se había convertido en un vocerío. Tras la puerta de su minúsculo despacho, se podía oír numerosas lamentaciones. Distraían la mente de Alexander Moonlight, quien tenía los zapatos sucios y zarrapastrosos apoyados sobre el escritorio mientras hojeaba un informe que debía rellenar junto al montón de informes que el resto de aurores le dejaban a él por ser el nuevo. Y el licántropo. El resto de aurores no hacían aquello. Le dejaban las peores misiones. Y las que eran un poco más emocionantes eran las que más molestaban a Moonglight: las reuniones con Aurel para el mantenimiento de las relaciones pacíficas. No podía oponerse, Khala, la líder de la manada en Luperca, le había obligado acudir en calidad de representante de su comunidad.

Se dispuso a parar el alboroto en cuanto se dio cuenta de que su activa mente no le iba a dejar concentrarse hasta que no supiera de qué iba aquello. Dejó los informes tal y como estaban. Quizás un poco de barro de sus botas sobre algunos. Se encogió de hombros. Pensaba volver segundos después, nadie lo vería.

Abrió la puerta del despacho. Por mucho que detestara aquel lugar, estar en el seno de la Seguridad Mágica era algo gordo. Le daba entre escalofríos y respeto. Era el mismo despacho que había utilizado Nymphadora Tonks. Siempre lo recordaría. La madre de su amigo. En ese cubículo. Qué falta de respeto por ser metamorfa. Quizás a los bichos raros del Departamento siempre los ponían allí.

Cuando salió del despacho, un hombre que juraría que no era de este Departamento, le propinó un golpe en el pecho.

-¡Bové era un buen tipo! ¡Estúpidos franceses! ¡Seguro que lo llevaban planeando un tiempo! -Le había golpeado con un periódico. Parecía estar terriblemente enfadado por lo que fuere que los franceses le habían hecho al pobre Bové.

Atónito, el joven logró desenvolver el papel de tinta negra e imágenes movedizas. Sólo con ver la portada supo por qué había tanta exasperación por sus compañeros. Y eso, que no sabían ni la mita. Vio que la papelera estaba llena de periódicos de El Profeta hechos un canuto. Se podía ver cómo el Ministro de Magia de Francia, Jean-Luc Bové, se mostraba sonriente, pero la foto era de hacía años.

Moonlight se dispuso a leer el artículo.

«Despedida a Jean-Luc Bové: ¿Conspiración contra el Ministro de Francia?

A las diez y treinta de la noche de ayer, el Secretario del Ministro, Laurent Offrett, halló inerte sobre el suelo del despacho a nuestro querido Ministro de Francia Bové. Según un testigo del Ministerio que se encontraba allí en trabajos de mantenimiento, lo habrían encontrado en posición fetal y no descartaba que pudiera tratarse de un asesinato.

Los aurores franceses de la Comisión Forense han emitido un informe sobre la existencia de un fenómeno particular en el cadáver: La Garra de la Muerte. Se trata de un gesto, habitual sorprendentemente, en el que la víctima agarra algún objeto en su último aliento. En este caso: un anillo con un ojo labrado en él.

Ante esta anomalía, el ahora Ministro Francés, Laurent Offret, asegura que se trata de un símbolo de poder que han llevado los políticos más relevantes de la historia y que tiene motivo, además, familiar.

No obstante, el auror francés Bastien Lebouf, ante la súplica de la población arremolinada ante el Ministerio, ha declarado: «Investigaré sobre el anillo… Y si no resulta ser lo que Offret dice… Será destruido». Los rumores entre los más conspirativos no han hecho nada más que empezar.

Al otro lado del Canal, en Inglaterra, aún esperamos las declaraciones de nuestro Ministro.

Informando para El Profeta.

Aaron P. Lennon»

Tiró el periódico a la basura.

Rugió por dentro.

Se fue corriendo a ver a McKing.

Corría hacia el Sauce Boxeador, donde le esperaban sus amigos. Había recibido una carta urgente de su madre en la que le decía (o suplicaba) que tuviera mucho cuidado y que no se metiera en líos. Quizás debía decírselo a su hermano en lugar de a él. Suponía que sería por el asesinato del Ministro de Francia. Sus amigos estaban seguros de que había sido el Ojo.

Cuando hubo llegado, le reprocharon que hubiera llegado tan tarde. Seguramente se estarían congelando de frío en la intemperie. Se encaminaron hacia la cabaña de Hagrid, quien les había pedido que acudieran allí para la merienda. En el camino, Alice bostezó ruidosamente y se estiró. Dio un saltito para soltar los músculos y siguió caminando al ritmo de Peter Greenwood, el más activo con diferencia de sus amigos. Scorpius les seguía a ritmo frenético. Rose, algo más retrasada, caminaba junto a Albus, quien estaba cansado por no haber pegado ojo en toda la noche. Por mucho que no quisiera admitirlo, estaba preocupado por el acontecimiento francés.

-¡Tenéis un buen día! ¿Eh? -les gritó Albus con cierta ironía, evidenciando la distancia que habían dejado tras ellos.

Alice se giró para sacarle la lengua con burla. Optó por ignorarle. Mientras se paraba en seco, retó a sus dos amigos de Gryffindor.

-¿Una carrera hasta la cabaña?

A modo de respuesta, Peter echó a correr. Scorpius le cogió de su capa y lo echó hacia atrás para impulsarse él hacia la meta. Alice los adelantó fácilmente mientras dejaba salir de su pecho risas que la ahogaban.

-Si Alice no tuviera vértigo, sería buena buscadora… Mejor que tú -confesó Rose con cierta ironía.

-Eso habría que verlo… Por desgracia para todos, no va a ser así -se lamentó teatralmente el joven. -Tendría que estar haciendo todos los trabajos atrasados de Estudios Muggles… y, sin embargo, voy a merendar con Hagrid. No me lo puedo creer, lo que podéis hacer con mi fuerza de voluntad.

-También se necesita fuerza de voluntad… -Advirtió llegando a la escalinata de la cabaña donde les esperaban todos. -Estar con vosotros -musitó para acabar.

Albus alzó la vista hacia la pequeña cabaña de madera situada fuera del Castillo de Hogwarts, en el borde del Bosque Prohibido. Hagrid les abrió la puerta con una sonrisa y un balanceo de barriga feliz.

El joven entró en la cabaña. Solo había un espacio interior, con jamones y faisanes colgando del techo. También había una chimenea donde, la mayoría de las veces que lo habían visitado, había un caldero para hervir agua. No aquella vez. En la esquina se encontraba su cama con una enorme colcha de retazos sobre ella. También olía a ingredientes para cocinar repostería y los elementos que utilizaba para impartir sus clases. Albus se fijó en una pequeña maleta que había en una estantería. Nunca la había visto allí. Y le causó curiosidad. ¿A dónde iría Hagrid? Pensó en sus contrabandos de criaturas mágicas y no pudo evitar sonreír.

Se giró hacia sus amigos. Hagrid sonreía ante la expresión horrorizada y teatral de Scorpius quien se llevaba las manos a la cabeza como si una tragedia acabara de ocurrir. Rose se reía a carcajadas junto con Peter Greenwood. Alice estaba atiborrándose a las cinco galletas que tenía preparadas… Y que se las comió ella sola.

-¡Alice! -le riñó Peter entre carcajadas. -¿Cómo has podido?

-¡No me dio tiempo a almorzar! ¿Vale? -se excusó con comida en sus dientes.

-Pues nos hemos quedado sin merienda -se lamentó Albus, mientras se le escapaba una sonrisa.

-¡Pero… Deja de comer! -suplicó Scorpius acabando en una carcajada.

Hagrid les interrumpió con un suspiro de cansancio.

-Déjala, Scorpius. Si le gustan…que coma.- razono el semi-gigante.

Albus sintió por el rabillo del ojo a Rose, quien no articulaba palabra. Probablemente habría recordado la multitud de leyendas que existían sobre la repostería y la comida del semi-gigante. Su padre le había advertido que bajo ningún concepto humano comiese en la Cabaña de Hagrid.

-Alice… ¿Te encuentras bien?-preguntó, algo indecisa, la pelirroja.

Alice logro articular una palabra, a la vez que digería todo lo que se acababa de zampar.

-Estupendamente- confirmó, asintiendo y uniéndose a las risas de sus amigos.

-¿¡Hay alguien?! -gritó Olivier Onlamein desde la entrada de la casa.

Se levantó con una celeridad portentosa y corrió hacia ella, incluso si él llevaba días malherido. Ella le dio un abrazo. Olivier no se lo esperó en absoluto. Era la primera vez que aquello ocurría. Que la muggle que se había negado a matar le mostraba ese afecto. Que Imogen Kress y Olivier Onlamein se abrazaban, aunque fuera por un segundo, desde que toda aquella locura comenzó. No duró mucho, pero lo suficiente como para darse cuenta de que siempre habían querido estar así.

-¿Quién nos sigue? -dijo Imogen a Olivier.

-Mi hermano y el resto de cazadores del Ojo -respondió.

Olivier vio cómo se le saltaban las lágrimas a Imogen y decidió, sin siquiera pensárselo dos veces, protegerla de todo lo que él mismo había creado. Se armó con el mismo valor que le acompañó en las torturas y en la elección que hizo meses atrás. Se dijo a sí mismo que no fallaría. No esta vez. La protegería como fuese y haría lo que hiciera falta por ella. Sin dudarlo ni un segundo más, cogió la mano de ella.

-A mi lado no te ocurrirá nada.

Incluso si se habían escapado con la poca magia que le quedaba a Olivier de la escena que les dejó paralizados, las sombras habían comenzado a aproximarse y distinguieron a lo lejos siluetas macabras de distintos tamaños entre la oscuridad de la noche.

-¡Sígueme! -gritó Imogen, después de todo, estaban en Edda, el pueblo noruego del que procedía la muggle y del que la habían abducido hacía años.

Corrieron hacia el lago huyendo de las sombras, rodeando la vieja casa que había sido el hogar de la joven hasta que la capturaron. Sortearon un pequeño tramo de árboles que los separaba del lago y llegaron a la horilla, donde había varias embarcaciones de madera.

-Ayúdame a empujarla -dijo Olivier, mientras se esforzaba por arrastrar una de ellas hacia el agua.

Se montaron en la barca de un salto cuando ya flotaba lo suficiente. Rápidamente, Olivier comenzó a remar con todas sus fuerzas, al ver que las siluetas se aproximaban hacia ellos.

Se adentraron en el lago y, cuando estuvieron a escasos cien metros de la orilla, vieron a las siluetas reunirse al borde del agua y quedándose inmóviles contemplándolos bajo la luz parpadeante de la alejada ciudad.

En aquel instante, ambos se sintieron por fin a salvo. Era un lago mágico. Un lago que neutralizaba los poderes de la magia. Estaban seguros allí, pero por un tiempo, no iban a quedarse allí para siempre.

Se dieron cuenta, entonces, junto a quién se encontraba. No habían tenido tiempo de pensar en ello. Ni de asimilarlo. Olivier había soñado varias veces con su encuentro: en un mundo paralelo, por supuesto. Ahora que sentía a Imogen tan próxima, por la que remaba con todas sus fuerzas, supo que no habría una mejor manera de verse con ella. Dejó de importarle la huida conforme se alejaban de la costa, y con cada golpe de remo, la luz perdía la fuerza con la que iluminaba el rostro de Imogen, quien continuaba respirando de forma entrecortada.

Durante más de diez minutos, Olivier no dejó de remar, sin pensar en nada más que alejarse de la orilla, bajo la atenta mirada de una Imogen absorta en su esfuerzo. Remó con el ímpetu con el que se había escapado de aquel Clan, hasta el punto en el que la ciudad estaba tan lejos que lo único que les iluminaba era el cielo estrellado. En ese instante en el que no se percibía nada, Olivier paró y ambos permanecieron callados durante unos instantes en la oscuridad.

El corazón de Olivier estaba desbocado y también el de Imogen, que se oía latir en el silencio de la barca. No ya por el esfuerzo, sino por la impresión de saber que se encontraban el uno en frente del otro. Aunque apenas se veían, Olivier la sintió moverse, haciendo tambalear su embarcación ligeramente a estribor. Él se levantó instintivamente, intentando controlar el vaivén y en aquel silencio, unas manos delicadas encontraron su rostro, acariciándole el mentón y haciéndolo sentir como nunca antes había estado en su vida. Olivier continuó unos instantes más disfrutando del tacto de su caricia y, sin dudarlo, la cogió por la cintura en la oscuridad con la determinación de no dejarla ir.

Sin decir una palabra más, se besaron en la oscuridad, con la lejanía de las luces de la ciudad encantada de Edda y con el cielo cubierto de constelaciones.

Se abrazaron durante un rato en silencio, sabiendo que las palabras no dichas significaban mucho más que las que pudieran decir y deseando que aquel momento durase para siempre. Olivier sintió la respiración relajada de Imogen, la presión de su cuerpo contra el suyo, el tacto suave de su mano, el calor de su piel y, con una claridad asombrosa, la fuerza de un amor condenado.

-Bucearemos al amanecer hacia la orilla del Norte -anunció en voz baja. Solo para ellos dos. -Te llevaré a un lugar seguro, Imogen.

-¿Te llevaré? -inquirió, asustada y apretándolo con fuerza, como si así jamás se pudiera alejar de ella. Al joven se le partió el alma. -¿Te irás sin mí?

Olivier suspiró, entre el cansancio y el alivio. Pero sabiendo que las próximas palabras serían las más difíciles de pronunciar de su vida. Las que le habían costado el exilio, sangre, lágrimas y muertes a su costa. Eran las palabras que sabía que sentía desde el primer instante en que la vio. Desde que sus ojos se posaron sobre ella en aquella celda del Palacio de Loring. Cuando le anunciaron que se habían equivocado de persona, que no les servía y que debían deshacerse de ella. Olivier, quien tantas vidas había arrebatado sin el menor ápice de duda, se resistió. Se rindió ante su fragilidad y, a la vez, fortaleza. Sabía que el Ojo quería que fuera el quien la matara. Antes o después. Y confiaban en él. Más ninguno supo qué era lo que estaba cambiando en el alma del joven.

-Te quiero, Imogen.

 

Breve nota del autor:

Queridos lectores y lectoras,

Espero que estéis disfrutando del relato. Me alegro de que cada vez seáis más los que os animáis a mostrar vuestra voz y transmitirme vuestras ideas. Estoy encantada con eso.

Más, me paso por aquí simplemente para consultar una duda. Estoy subiendo, poco a poco, esta historia a la plataforma Wattpad -en caso de que os resulte más cómoda- os facilitaré el enlace si así lo queréis. No obstante, seguiré subiendo los capítulos aquí.

Como habéis podido comprobar, estoy actualizando diariamente. Siento si, en un futuro cercano, no podré mantener el ritmo; pero ya están muchos capítulos escritos, por lo que estáis de suerte.

Espero seguir leyéndoos y que vosotros disfrutéis de mis palabras.





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