Historia al azar: Oh! Eso Es Amor?
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La Tercera Generación de Hogwarts » Bermejo
La Tercera Generación de Hogwarts (ATP)
Por Carax
Escrita el Martes 6 de Junio de 2017, 16:59
Actualizada el Miércoles 27 de Enero de 2021, 11:55
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Bermejo

Capítulos
  1. (I) Prefacio: Rumbo a Hogwarts
  2. (I) Capítulo 1: Inicios
  3. (I) Capítulo 2: La bienvenida
  4. Bermejo
  5. Tendencia a las alturas
  6. (I) Capítulo 5: El fuego nunca dice basta
  7. Bala perdida
  8. Negligencias
  9. Como pez fuera del agua
  10. Orgullo y perjuicio
  11. El baile
  12. Amarga victoria
  13. << ¿Quién es el mejor Potter?>>
  14. Invencible
  15. El poder de la ambición
  16. <<I.D.>>
  17. Las desventajas de amar
  18. Caída en picado
  19. Con los ojos cerrados
  20. No es fácil ser un Malfoy
  21. Luto
  22. Criaturas fantásticas
  23. Nyneve
  24. Emboscada
  25. Estúpidos e imprudentes
  26. Epílogo: Resurgir de las cenizas
  27. (II) Prefacio: Casus Belli
  28. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  29. (II) Capítulo 1: Al pie de la letra
  30. (II) Capítulo 2: De facto
  31. (II) Capítulo 3: Tomar al lobo por las orejas
  32. (II) Capítulo 4: Se aprende mientras se enseña
  33. (II) Capítulo 5: Erróneamente perdido
  34. (II) Capítulo 6: Abrupto
  35. (II) Capítulo 7: La sed de Ares
  36. (II)Capítulo 8: Delirium
  37. (II) Capítulo 9: Entre libros
  38. (II) Capítulo 10: Fuera de las murallas
  39. (II)Capítulo 11: Paz con esclavitud
  40. Capítulo 12: Vox populi
  41. (II) Capítulo 13: Lo que haya que cambiar
  42. (II) Capítulo 14: Testigo del tiempo
  43. (II) Capítulo 15: Caín
  44. (II) Capítulo 16: Noctámbulo
  45. (II) Capítulo 19: Torpeza propia
  46. (II) Capítulo 20: Inter arma
  47. (II) Capítulo 21: Culpa de los infortunios
  48. (II) Capítulo 22: Deus ex machina
  49. (II) Capítulo 23: Dorada mediocridad
  50. (II) Capítulo 24: Cogito ergo sum
  51. (II) Capítulo 25: Conoces la hora que vives, no la hora a la que morirás
  52. (II) Capítulo 26: Al gusto
  53. (II) Capítulo 27: Habeas corpus
  54. (II) Capítulo 28: Memento finis
  55. (II) Capítulo 29: Hacia lo profundo
  56. (II) Capítulo 30: Sine die
  57. (II) Epílogo: La suerte está echada
  58. (III) Prefacio
  59. (III) Capítulo 1: El conocimiento es poder
  60. (III) Capítulo 2: Luchar con todos los huesos rotos
  61. (III) Capítulo 3: La peor parte es decir adiós
  62. (III) Capítulo 4: El tiempo es una pistola cargada
  63. (III) Capítulo 5: La felicidad duele como una bala en la cabeza
  64. (III) Capítulo 6: Un precio que pagar
  65. (III) Capítulo 7: Sensación de impotencia
  66. (III) Capítulo 8: Verdades y Mentiras
  67. (III) Capítulo 9: Latidos
  68. (III) Capítulo 10: Lo que está muerto no puede morir
  69. (III) Capítulo 11: Nieve cálida
  70. (III) Capítulo 11 bis: El baile
  71. (III) Capítulo 12: Un paso atrás
  72. (III) Capítulo 13: Y si no hay cielo.
  73. (III) Capítulo 14: En el andén.
  74. (III) Capítulo 15: Turbulencias.
  75. (III) Capítulo16: Delirium
  76. (III) Capítulo 17: La suerte está echada.
  77. (III) Capítulo 17: Grata sorpresa
  78. (III) Capítulo 18: De las palabras a los golpes.
  79. (III) Capítulo 19: Crueldad incansable
  80. (III) Capítulo 20: Ad astra
  81. (III) Capítulo 21: Per aspera
  82. (III) Capítulo 22: La unión hace la fuerza
  83. (III) Capítulo 23: Non desistas
  84. (III) Capítulo 24: El fuerte puede caer pero nunca rendirse
  85. (III) Capítulo 25: El lobo ataca con el diente
  86. (III) Capítulo 26: Por la valentía se conoce al león
  87. (III) Capítulo 27: In fraganti
  88. (III) Capítulo 28: In memoriam
  89. (III) Capítulo 29:
  90. (III) Capítulo 30: Criaturas fantásticas y dónde encontrarlas
  91. (III) Capítulo 31: Sin esperanza, sin miedo.
  92. (III) Capítulo 32: Intolerancia
  93. (III) Capítulo 33: De vez en guando, incluso el genial Harry se equivoca
  94. (III) Capítulo 34: El águila no caza moscas
  95. (III) Capítulo 35: Circo de niños
  96. (III) Capítulo 36: Nadie puede escapar de la muerte
  97. (III) Capítulo 37: En igualdad de circunstancias
  98. (III) Capítulo 38: Criaturas fantásticas y cómo huir de ellas
  99. (III) Capítulo 39: Sangre de mi sangre
  100. (III) Capítulo 40: Alter ego
  101. (III) Epílogo: Y por los siglos de los siglos
  102. (IV) Prefacio
  103. (IV) Capítulo 1: Resquicios
  104. (IV) Capítulo 2: Carpe Diem
  105. (IV) Capítulo 3: Fraternidad
  106. (IV) Capítulo 4: Errando se corrige el error
  107. (IV) Capítulo 5: Homo homini lupus
  108. (IV) Capítulo 6: Beatus Ille
  109. (IV) Capítulo 7: Ex libris
  110. (IV) Capítulo 8: Quo vadis
  111. (IV) Capítulo 9: La naturaleza de las cosas
  112. (IV) Capítulo 10: La mentira oculta
  113. (IV) Capítulo 11: La ira es una locura breve
  114. (IV) Capítulo 12: Un alma sana…
  115. (IV) Capítulo 13: Alma mater
  116. (IV) Capítulo 14: La inexistencia del término medio
  117. (IV) Capítulo 15: Todo ser humano es mentiroso
  118. (IV) Capítulo 16 : Lealtad
  119. (IV) Capítulo 17: Fidelidad
  120. (IV) Capítulo 18: Persona grata.
  121. (IV) Capítulo 19: La insoportable levedad de lo imposible
  122. (IV) Capítulo 20: Ensayo y error
  123. (IV) Capítulo 21: El número de los imbéciles es infinito
  124. (IV) Capítulo 21: Lección de una madre
  125. (IV) Capítulo 22: La verdad engendra odio.
  126. (IV) Capítulo 23: El ruido de la miseria en silencio
  127. (IV) Capítulo 24: Abrir las alas
  128. (IV) Capítulo 25: De leyenda a promesa
  129. (IV) Capítulo 26: Los fuegos artificiales de Susan Jordan
  130. (IV) Capítulo 27: Los verdaderos héroes de la historia
  131. (IV) Capítulo 28: A veces hacer lo correcto no lo parece
  132. (IV) Capítulo 29: Lo que se dice
  133. (IV) Capítulo 29: Lo que no se dice
  134. (IV) Capítulo 30: Lo que no hace falta decir
  135. (IV) Capítulo 31: Dejar ir
  136. (IV) Capítulo 32: El tiempo en la palma de la mano
  137. (IV) Capítulo 33: La sede del Temple
  138. (IV) Capítulo 34: Sobre lo perdido
  139. (IV) Capítulo 35: En la Casa de los Gritos
  140. (IV) Capítulo 35: Modus operandi
  141. (IV) Capítulo 36: Con un poco de ayuda de amigos
  142. (IV) Capítulo 37: Incontrolable
  143. (IV) Capítulo 38: Draconiano
  144. (IV) Capítulo 39: Herir, matar o salvar.
  145. (IV) Capítulo 40: Leopold
  146. (IV) Capítulo 42: La sinfonía de la guerra
  147. (IV) Capítulo 43: Al otro lado del espejo
  148. (IV) Capítulo 43: En la superficie
  149. (IV) Capítulo 44: DestrucRose
  150. (IV) Capítulo 45: Sobre lo que les pasa a los licántropos
  151. (IV) Capítulo 46: El sol no luce para todos
  152. (IV) Epílogo: La libertad inunda todo de luz
  153. (V) Prefacio
  154. (V) Capítulo 1: Hacia los nuevos misterios
  155. (V) Capítulo 2: La Asamblea del Temple
  156. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  157. (V) Capítulo 3: La guarida del lobo (I)
  158. (v) Capítulo 3: La guarida del lobo (II)
  159. (V) Capítulo 4: Las coincidencias no existen
  160. (V) Capítulo 5: Tropezar dos veces con la misma piedra
  161. (V) Capítulo 6: Una nueva forma de vida
  162. (V) Capítulo 7: El problema de los prejuicios
  163. (V) Capítulo 8: Ser el héroe del día
  164. (V) Capítulo 9: Carne de mi carne
  165. (V) Capítulo 10: Sangre de mi sangre
  166. (V) Capítulo 11: Permiso indirecto
  167. (V) Capítulo 12: Lo bien aprendido, para siempre es sabido.
  168. (V) Capítulo 12: Explosión mental (I)
  169. (V) Capítulo 12: Explosión mental (II)
  170. (V) Capítulo 13: Cómo salvar un alma
  171. (V) Capítulo 14: La pesadilla
  172. (V) Capítulo 15: Espíritu Slytherin
  173. (V) Capítulo 16: El boggart
  174. (V) Capítulo 17: La promesa de Luperca
  175. (V) Capítulo 18: Nadie escapa al destino
  176. (V) Capítulo 19: Alfa
  177. (V) Capítulo 20: Deseos mundanos
  178. (V) Capítulo 21: Sobre el peligro del amor
  179. (V) Capítulo 22: Una bruja corriente
  180. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (I)
  181. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  182. (V) Capítulo 23: Los perjuicios de la Navidad (II)
  183. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (I)
  184. (V) Capítulo 24: La elegancia de los Malfoy (II)
  185. (V) Capítulo 25: Un pensamiento contra natura
  186. (V) Capítulo 25: Pensamiento contra natura (II)
  187. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (I)
  188. (V) Capítulo 26: Sobre secretos inefables (II)
  189. (V) Capítulo 31: Escrito en las estrellas (I)
  190. (V) Capítulo 27: Escrito en las estrellas (II)
  191. (V) Capítulo 28: 14 de febrero
  192. (V) Capítulo 29: El dolor es inevitable
  193. (V) Capítulo 30: Otra ronda más
  194. (V) Capítulo 31: Acción y reacción
  195. (V) Capítulo 31: Acción y reacción (II)
  196. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados
  197. (V) Capítulo 32: La independencia de los soldados (II)
  198. (V) Capítulo 33: Siempre en la memoria
  199. (V) Capítulo 34: Las posibles posibilidades
  200. (V) Capítulo 35: El tiempo es oro.
  201. (V) Capítulo 36: Cruce de caminos
  202. (V) Capítulo 37: En la Casa de los Gritos, otra vez.
  203. (V) Capítul 37: En la Casa de los Gritos, otra vez (II)
  204. (V) Capítulo 38: En el momento oportuno
  205. (V) Capítulo 39: Naturalidad
  206. (V) Capítulo 40: Amantes de la ira.
  207. (V) Capítulo 41: Lo que vence a la oscuridad
  208. (V) Capítulo 42: Furiosamente
  209. (V) Capítulo 43: La ignorancia protege y daña
  210. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (I)
  211. (V) Capítulo 44: Otro secreto más (II)
  212. (V) Capítulo 45: Impulsos (I)
  213. (V) Capítulo 45: Impulsos (II)
  214. (V) Epílogo: Y te sacarán los ojos
  215. (VI) Prefacio
  216. (VI) Capítulo 1: Mal que no tiene cura
  217. (VI) Capítulo 2: En ruinas
  218. (VI) Capítulo 3: Hogar es un lugar seguro
  219. (VI) Capítulo 4: Los estorbos que se quedan atrás
  220. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  221. (VI) Capítulo 5: Amor no correspondido
  222. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (I)
  223. (VI) Capítulo 6: Pequeños grandes detalles (II)
  224. (VI) Capítulo 6: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (I)
  225. (VI) Capítulo 7: Lo que pasa en Hogwarts se queda en Hogwarts (II)
  226. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (I)
  227. (VI) Capítulo 8: No hay descanso para los héroes (II)
  228. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (I)
  229. (VI) Capítulo 9: Más allá de tu oscuridad (II)
  230. (VI) Capítulo 11: La sala que viene y va (I)
  231. (VI) Capítulo 10: La sala que viene y va (II)
  232. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (I)
  233. (VI) Capítulo 11: Lo que hemos sido, lo que somos, lo que seremos (II)
  234. (VI) Capítulo 11: Lo que somos, lo que hemos sido, lo que seremos (III)
  235. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones
  236. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  237. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  238. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (II)
  239. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (III)
  240. (VI) Capítulo 12: La sutileza de evitar confrontaciones (IV)
  241. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  242. (VI) Capítulo 13: Mediadores
  243. (VI) Capítulo 13: Mediadores (III)
  244. (VI) Capítulo 13: Mediadores (IV)

Bermejo

Poco después de acabar el exquisito banquete que las cocinas del castillo les tenían preparado, los prefectos de cada Casa indicaron a los recién seleccionados que era el momento de conocer lo que sería su hogar durante los próximos siete años. El estupor que mostraron ante las instalaciones mágicas del castillo siempre dejaría siempre en el corazón de los prefectos una extraña sensación de empatía y nostalgia.

Los alumnos de primero cuya Casa asignada había sido Slytherin siguieron diligentemente a al prefecto: Greg Zabini. Alice Longbotton contempló los pómulos marcados de aquel muchacho, cuyos ojos marrones inclinados parecían estar demasiado sorprendidos ante la presencia de la hija del profesor de Herbología y, sobre todo, de Albus Severus Potter. Por lo que su padre solía contar, el padre del prefecto, Blaise Zabini, había resultado ser bastante vanidoso y tener fuertes prejuicios hacia los mestizos y los muggles. Según los rumores, su familia era sumamente rica porque la abuela de Greg Zabini era una bruja famosa por casarse hasta siete veces con magos muy ricos, todos muertos en extrañas circunstancias dejándole a ella todo el oro que tenían en sus bóvedas de Gringotts.

Alice Longbotton suspiró. El mundo se movía a base de prejuicios y, si era así, ella y su tedioso compañero de Casa, Potter, habían logrado que cada persona que había presenciado la Selección de aquella noche, se replantease de nuevo todos los esquemas que se habían instaurado.

A su padre no le había sorprendido que su hija fuera Slytherin. De hecho, en más de una ocasión, le había advertido que la personalidad no se ve determinada por la familia. Siempre le ponía el ejemplo de un tal Sirius Black. Ella, al parecer, había resultado ser todo lo contrario. ¿Era un chasco para su familia? ¿Se vería obligada a abandonar su hogar como el héroe de la juventud de su padre? Alice volvió a resoplar. Contempló a las niñas con las que compartiría habitación, todas parecían estar muy orgullosas de haber sido seleccionadas en aquella Casa. En especial, Renata Driggs, quien parecía conocer de antemano a algunos de los miembros de Slytherin y quien repudiaba con la mirada a Potter y a ella. Debería ir acostumbrándose a ello.

-Longbotton -la llamó Potter.- ¿Ya estás eligiendo a tus amigas serpientes?

-No pienso hablar con nadie de esta Casa -respondió con un bufido.

-¿Tendré el honor de disfrutar de tu indiferencia? -comentó con tono burlón Potter. La joven ni se dignó a mirarle.- ¿Sabes? Nuestros padres deben creer que nos llevamos bien… Así no estarán preocupados de que no hayamos hecho ningún amigo aún.

-La cosa es, Potter, que nuestros amigos no tienen por qué ser de esta Casa.

La Sala Común de Slytherin estaba ubicada detrás de la entrada, escondida en las mazmorras, cuyas ventanas proporcionaban una luz verde que procedía de las profundidades del lago de Hogwarts.

Greg Zabini estaba contando la historia de aquella Casa, ¿o quizás enseñando las instalaciones? Fuera lo que fuere, Alice estaba demasiado distraída con lo que ofrecían aquellos ventanales que no escuchó ni una palabra de lo que su prefecto decía. Recordó que una vez su padre le confesó que para él la mejor Sala Común era la de Slytherin: a través de sus ventanas se podían ver las criaturas marinas que nadaban cerca del castillo. A veces, los alumnos veían al calamar gigante nadando rápidamente.

-Cada mes se cambia la clave para poder ingresar a la Sala Común.- advirtió Greg Zabini a todos los alumnos.- Este mes es : <<Severus Snape>>.

Alice entornó los ojos hacia Potter.

-Estabas destinado a esta Casa, Severus Potter -le susurró, haciendo irritar a su compañero.

-Fue un director de Hogwarts decisivo para que ganara mi padre -le contestó por lo bajini con cierto mal humor el aludido.

Alice sonrió con suficiencia. Ella también se sabía la historia. Por suerte o por desgracia, su padre se encargaba de contársela en numerosas ocasiones. Afortunadamente, al haber vivido en el mundo muggle por insistencia de su madre, no tenía que aguantar las miradas de reconocimiento, y desde aquel momento de decepción, que se había ganado sin hacer absolutamente nada. Sí, su padre fue un héroe. Pero no podían esperar que por arte de magia su hija fuera una copia idéntica de Neville Longbotton.

La joven alzó su mirada al techo que simulaba el de una mazmorra (pues, al fin y al cabo, lo era), iluminado con lámparas verdes y muebles del mismo tono, con vidrios que permitían que la luz de la luna se filtrara por las ventanas, formando diversas formas en la Sala, ya que se encontraban debajo del Lago Negro, reflejando el agua.

La voz de Greg Zabini fue interrumpida al abrirse la puerta de la Sala Común. La comitiva se dirigió hacia una joven figura que aparecía con una sonrisa torcida en los labios. Había visto a aquella muchacha en la mesa comiendo y le había llamado la atención porque todos parecían tenerle un respeto incuestionable. No era muy alta, pero su mirada imponía más que su figura. Su pelo dorado oscuro y sus facciones suaves contrastaban fuertemente con la fiereza de su expresión. A Alice se le removió el estómago, pues había dirigido su mirada justo donde estaba ella.

-¡Qué sorpresa! -Exclamó con cierto sarcasmo.- ¿Quién nos iba a decir que tendríamos el honor de tener a la hija de nuestro profesor y el hijo del mismísimo Harry Potter en nuestra amada Casa? -todos los alumnos se removieron entre sí. Incluso Greg Zabini, quien debía de ser mayor que ella, parecía incómodo. -¿Acaso el estúpido de tu padre no te ha enseñado buenos modales? -inquirió hacia Albus Severus Potter conforme se iba acercando a él.

Alice temió que Potter soltase algo imprudente, pues se había percatado de que aquella joven estaba sacando la varita de la túnica.

-No vuelvas a insultar a mi padre -espetó Albus Potter, frunciendo el ceño y mostrando una expresión desafiante.

La muchacha sonrió como si hubiera querido justo aquella reacción. Alice Longbotton vio como movió su varita y susurraba algo hacia Potter. No supo qué hechizo había conjurado, pero Potter cayó de bruces al suelo.

-¡ARGH! -sollozó de dolor cogiéndose con fuerza el pie, como si así le doliera menos lo que fuera que le había hecho aquella joven.

-Bienvenido a Slytherin, Potter -sus palabras resonaron en toda la sala.- Que tu estancia en Hogwarts sea tan horrible como tu presencia.

Dicho aquello, se retiró a los dormitorios femeninos. Fue entonces cuando Greg Zabini retomó la palabra y siguió explicando las normas de la Casa. Alice Longbotton se quedó boquiabierta. ¿Albus Potter estaba herido y no iba a hacer nada al respecto? ¿En serio nadie iba a reportar aquella?

Ayudó a que Potter se incorporara y vio en su mirada que en lugar de miedo, destilaba odio. Alice tragó saliva y se unió a la comitiva. Imitó a sus compañeros e hizo como si aquello no hubiera pasado: no quería recibir el mismo castigo que Albus Severus Potter.

-Se llama Gwendoline Cross -comentó Renata Driggs hacia Alice con el mismo entusiasmo que cualquiera tendría al encontrarse por primera vez con Harry Potter. Alice sintió un escalofrío.

Aquello no era lo que esperaba.

-Baja la voz, Fred -le rogó James a su primo.- Que seamos invisibles no significa que no nos puedan oír.

-Pues habrá que inventar algo al respecto -opinó el pelirrojo mientras andaba a velocidad vertiginosa bajando las escaleras y procurando que no la Capa de la Invisibilidad le tapara por completo.

El plan, que habían ido maquinando de camino a Hogwarts y del que Jordan se había desentendido al considerarlo peligroso, consistía en entrar en la Sala Común Slytherin para dejar claro cuál era la mejor Casa de Hogwarts, pese a que en ese momento estuviera manchada por el apellido Malfoy entre sus miembros.

Las armaduras que custodiaban la puerta se abrieron, dejando salir a un muchacho de primero que, seguramente, se dirigía al baño o, en caso de ser astuto como decían en su himno, para dirigirse a las cocinas y robar comida que había sobrado del banquete.

Fred Weasley y James Potter aprovecharon para entrar. Aunque jamás rechazarían la Sala Común de los leones, tenían que reconocer que el lujo abundaba en aquella Sala y que los reflejos del agua eran hipnotizantes. James le dio un codazo a Fred: había que centrarse en la misión.

En el sofá del centro estaba sentada, cual diosa, Zoe Badmood. Era una muchacha menuda, con nariz respingona y pelo rizado de color platino, no muy agraciada y con una constante expresión sádica en su rostro. Estaba rodeada por su habitual séquito, al cual James y Fred conocían bien, ya fuera por el Quidditch o por, simplemente, ser enemigos declarados. Así, se encontraban Derrick Collingwood, Isabella Zabini, la hermana pequeña del también presente Greg Zabini, Edgar Gibson y Guy Helman. Echaban de menos a Gwendoline Cross, pero preferían aquella estampa sin más peligro para ellos. También estaban presentes algunos alumnos de primero y segundo que desconocían, y varios que se agrupaban en sillones alrededor. En definitiva, una Sala Común repleta a punto de contemplar el poder de Gryffindor.

El joven Weasley sacó de uno de sus bolsillos del pantalón dos frascos de color rojo bermejo, como el color de su pelo, y le dio uno de ellos a James. Ambos anduvieron con suma cautela hacia el sofá donde se encontraban sus futuras víctimas. Lanzaron con fuerza los frascos al suelo y corrieron hacia la puerta de la salida con el fin de contemplar su obra maestra a distancia.

La magia tardó poco en hacer efecto.

De pronto, un humo de color rojo llenó la Sala cual veneno y los alumnos comenzaron a toser, entre exclamaciones al respecto. Fred escuchó a varios de ellos hacer hechizos de contención y sonrió con suficiencia, pues su padre había diseñado aquella poción para que fuera inevitablemente efectiva. De hecho, la poción tenía un objetivo bastante claro, cuyas víctimas estaban a punto de descubrir.

Conforme el rojo bermejo se iba aplacando, comenzaron los primeros gritos de horror.

-¡NO! -Se lamentó Guy Helman -¡Soy pelirrojo!

Desde la puerta, Fred y James contemplaron con orgullo como todos y cada uno de los miembros de la Casa Slytherin que allí se encontraban se convertía en pelirrojos.

Zoe Badmood se levantó con ímpetu del sofá y buscó por toda la Sala a los culpables sin éxito. Apartó a su séquito de su paso y se dirigió a la puerta de salida, sin llegar a cruzarla, por lo que estaba en primer plano para James y Fred, quienes lloraban de la risa al no poder contenerla. La temible Zoe Badmood era tan pelirroja como cualquier otro Weasley.

-James Sirius Potter, esta es una declaración de guerra.

Poco podía hacer Scorpius Hyperion Malfoy para contener la ira que se avecinaba por parte de su padre. No quería ni imaginársela. Sabía que sería peor si dejaba que los rumores fueran los que le contaran la noticia, en lugar de él mismo. Le entró un escalofrío solo de pensar en lo que le diría su abuelo Lucius en la cena de Navidad.

Se relamió los labios. Se encontraba en la Sala Común, que había quedado desierta, y prefería su acogedor sofá a las miradas escépticas de sus compañeros de cuarto. Tenía pensado escribirle una carta para pedir perdón a su padre por criar a un hijo que había salido valiente y noble. Sabía que en el fondo su madre estaría orgullosa de aquello. No paraba de decir que los valores que constituían el pilar básico de la familia Malfoy eran retrógrados. Scorpius resopló. Su madre sí que era valiente.

Iba a empezar a dirigirse a su padre, cuando una presencia le cohibió.

-¿Qué haces, Malfoy? -preguntó sin más miramientos Rose Weasley, como exigiendo explicaciones. La joven vio que tenía un pergamino y una pluma.- ¡Qué coincidencia! Yo vengo de enviarle una lechuza a mi padre con las buenas nuevas. Veo que tú estás haciendo lo mismo. -le dijo con tanto sarcasmo que hizo que Scorpius tuviera que mirar hacia otro lado.

-No todos tenemos la suerte de ser tan predecibles -le espetó de mala gana.

Albus Severus Potter había sido lo suficientemente agradable con él como para considerarle la única persona que merecía la pena en aquel castillo. No obstante, la constante presión de Rose Weasley le hacía replantearse si aquella familia era incluso peor que la suya. Para la sorpresa de muchos magos, Draco Malfoy había intentado criar a su único hijo sin prejuicios que le limitaran a la hora de enfrentarse a la realidad de Hogwarts. Por desgracia, todos los prejuicios que le faltaban a Scorpius los tenía Rose Weasley.

-¿Sabes? Aún estás a tiempo de pedirle a McGonagall que te cambie de Casa… Además, allí está mi primo Albus y, según lo que vi en el tren, estáis hechos el uno para el otro. -un retintín insoportable volvió a impregnar las palabras de la joven.

-Me resulta incoherente que la hija de Hermione Granger, conocida por cambiar los cimientos del mundo mágico, contenga tanta ira hacia una persona inocente que es juzgada simplemente por lo que hicieron sus antecesores. -Le concedió Scorpius con una media sonrisa de suficiencia.- Veo que eres exactamente igual que tu padre.

Se formó un silencio incómodo entre ambos.

Rose Weasley prácticamente le asesinó con la mirada.

-La próxima vez que insultes a mi padre, será la última vez que alguien te dirija la palabra en esta Casa, Malfoy. -le advirtió Rose Weasley. -No estás en posición de andar creyéndote alguien que no eres.

Scorpius Malfoy sonrió con desgana.

-No esperaba menos, Weasley. Pero, ¿sabes qué? Espero que tu padre no se enfade contigo cuando te haya superado en todas las asignaturas. Si tienes los genes de Ron Weasley para todo… Será pan comido.

La joven Weasley hiperventiló y sacó la varita. Una mano hizo que su batuta bajase lentamente. Una muchacha pelirroja mayor que ellos les miró con detenimiento y con cierto desafío en la mirada.

-No me gustaría quitaros puntos en vuestra primera noche.

Una joven de rasgos redondos se puso entre ambos, intentando parar aquella especie de competición y rivalidad familiar.

-Lucy, ha insultado a mi padre -le dijo a su prima, la segunda hija de Percy Weasley con cierta brusquedad.

Ella se encogió de hombros, se dirigió hacia el joven Malfoy y le dedicó una sonrisa sincera:

-No todo tiene que ser como antes, Scorpius Malfoy. Confío en que tú nos hagas creer en ti.

-¡Lucy! -Le riñó su prima pequeña.- ¡Su padre fue un defensor de la sangre pura!

La joven puso los ojos en blanco y le quitó la varita a su prima.

-Aprende a superar el pasado, Rose. No todo es rojo y verde. -su prima bufó. Cuando Scorpius Malfoy se hubo ido ante la atenta mirada de las pelirrojas, Lucy cogió a Rose Weasley del hombro.- Lo digo en serio, Rose.

Rose Weasley la miró de forma escéptica, pues desconocía por completo la amistad de su prima Lucy Weasley con el hijo de Theodor Nott, quien, además de Slytherin, era descendiente de familia cuya alianza con Voldemort había sido determinante. A través de su amistad con Christopher Nott, Lucy había descubierto que casi nadie en el mundo mágico había superado las diferencias que hicieron que la guerra fuese más dura de lo esperado.

Ni siquiera el mismísimo Argus Filch sabía que estaba allí. Era la primera noche y nadie en su sano juicio se atrevería a pisar el Bosque Prohibido. Las advertencias relativas a las peligrosas criaturas que habitaban aquel lugar y que podían suponer la revelación de su identidad eran infinitas. Sin embargo, no temía esas estupideces. Su varita ya había probado la sangre humana y la sangre maga… Una criatura mágica no se resistiría tan fácilmente a su oscuro poder.

Abrió el sobre negro que habían depositado allí solo y exclusivamente para la única persona que se hallaba entonces en el Bosque Prohibido.

En cuanto leyó lo que Montdark le obligaba a hacer, sus manos comenzaron a temblar. Nunca habría imaginado tener que llevar a cabo una misión así. Respiró hondo. Recordó porqué estaba allí y destruyó el sobre.

No decepcionaría a sus superiores. No si quería salir de aquel estúpido lugar donde lo único que enseñaban del Arte Oscuro era a defenderse de él, no a controlarlo.

Un error que les costaría incontables vidas. 



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